Capítulo 4
Quiero borrar mi alma cobarde, ya no soy solo un niño, así que no temo de lo que puedas decir.
—Last Moment. De: SPYAIR.
Hacía frío, sabía que el lugar estaba tan helado que sus dedos se habrían entumecido, pero no tenía frío, se sentía hasta cómodo en aquel lugar, había una gran ventisca a su alrededor que limitaba su vista, pero no le importaba porque aún sin poder ver sabía exactamente a donde se dirigía, no estaba seguro de si quería llegar a ese lugar en realidad, pero aun así iría.
Por cada paso que daba podía sentir como su cuerpo se volvía más y más pesado, finalmente no pudo seguir soportando su propio peso y cayó sobre la nieve.
Ahí sin fuerzas para continuar ni la voluntad siquiera para ponerse de pie otra vez, se quedó tendido en la nieve, sintiendo como se acumulaba sobre su cuerpo. Iba a ceder al cansancio y solo dormir esperando lo inevitable, sin embargo, algo lo perturbaba y no lo dejaba rendirse, no podía describir el sentimiento de otra forma sino como un terrible presentimiento de algo muy malo a punto de ocurrir, algo peor que la muerte.
Levanto tanto como pudo su cabeza tratando de mirar al frente, se arrepintió, admiró su reflejo en unos ojos rojos sedientos de sangre, su sangre. Con la poca fuerza que aún conservaba se puso de pie como pudo y encaro a la criatura dispuesto a pelear, pero la criatura desapareció en la nada.
Entonces sintió un gran dolor por todo su cuerpo y todo se volvió negro una vez más.
Despertó agitado y desorientado, su mente era un tornado confuso de recuerdos sueltos tan caótico que sintió estaba a punto de vomitar, luego de poner sus manos sobre su boca tratando de controlarse escucho una puerta abrirse.
Puso su atención en el recién llegado y como si de oprimir el botón de reinicio de una computadora se tratara, todo en su mente se calmó y recordó todo hasta ese punto, donde se hallaba despertando en un cuarto destruido de un edificio que podría estar en igual o peor condición que el mismo cuarto.
—Veo que ya estás consciente.
Fue el saludo que ese hombre de cabello castaño le dio, quiso responderle, pero no tenía palabras en su mente.
—Aún debes estar aturdido, no te preocupes es normal, en unos días estarás por completo recuperado —Sonrió de forma vacía.
—Yo... Vi algo... ¿Qué fue... lo que vi? —pregunto lo mejor que pudo, las palabras se atoraban en su garganta.
—Viste el pasado y la razón del que estés aquí ahora —le respondió tan natural, como si hubieran tenido ya esa misma conversación.
—No lo puedo entender.
—Ten paciencia, Ginjō, todo se hará claro con el paso de los días, solo sigue caminando hasta llegar al lugar y lo sabrás todo.
Esas palabras le helaron la sangre al pelinegro, recordó lo que había vívido en su sueño y el miedo que lo invadió el ver a Aizen tan tranquilo frente a él, le produjo el mismo sentimiento indescriptible que tuvo cuando estuvo tirado en la nieve temiendo a lo desconocido.
—No te preocupes, no te haré nada, Ginjō, aún estas a salvo, ahora descansa —Fue lo último que dijo antes de salir y dejarlo solo una vez más.
Ginjō se quedó ahí sentado en ese viejo colchón sin saber realmente como procesar todo lo que estaba pasándole.
Mientras dejaba a un confundido Ginjō tratando de ordenar sus recuerdos, Aizen dejo el deteriorado edificio con total tranquilidad, había comprado ese sitio casi en ruinas en una zona apartada y marginal de ciudad Naruki para situaciones como esa dónde necesitaba algo de "privacidad".
Era fácil mantener la seguridad en ese lugar, solo debías saber hacer tratos con las personas adecuadas y cómo pagarles. No solía ser muy difícil dado que raras veces querían o aceptaban dinero, lo usual era que pidieran: drogas, mujeres u hombres, incluso alcohol era suficiente pago. Y gracias a sus negocios conseguir cualquiera de esas cosas no significaba un problema.
Tenía controlada toda el área que rodeaba aquel punto a 3 km a la redonda, la precaución nunca esta demás, llegando a una esquina diviso a uno de sus hombres que cuidaban el edificio, le hizo una señal para que se acercara.
Era un hombre joven, tenía
el cabello gris y ojos cafés, delgado y algo bajo, llevaba una camiseta un poco gastada con el número 16 estampado.
—Di Roy, deje a alguien muy importante en el edificio, quiero que lo cuiden y no dejen que salga hasta que yo les de autorización para dejarlo salir —ordeno con calma.
—Lo que diga —respondió de forma seca, haciendo un muy leve gesto de inclinación con la cabeza.
—Veo que aún te falta aprender modales —menciono Aizen con cierto desinterés.
El castaño metió su mano dentro de su chaqueta y saco una pequeña bolsa con polvo blanco, la sostuvo frente a Di Roy quien cambio su postura al instante de notar esa bolsita.
La admiraba con desesperación y deseo, temblaba de manera involuntaria, observo a Aizen a los ojos y comprendió. Entonces se enderezó para hablar.
—Lo siento mucho, señor Sōsuke, y–yo, yo le diré al líder. Lo cuidaremos bien —Hizo una pequeña reverencia más formal hacia el mayor.
—Eso está mejor, recuerda que si me son fieles y cumplen todas mis órdenes, tendrán todo cuanto quieran —hablo de manera condescendiente mientras sonreía arrogante y le hacía un gesto a Di Roy para que extendiera sus manos.
Así procedió a colocar la bolsa en las manos del joven y marcharse tranquilo hacía el automóvil que hacia unos minutos lo estaba esperando para llevarlo de regreso a su edificio cede.
En cuanto perdió de vista el automóvil del hombre mayor, Di Roy se aseguró de esconder bien su "pago" y corrió hasta donde había un grupo de adolescentes quienes no tenían muy buen aspecto.
—¿Dónde está el jefe? —inquirió con su respiración algo agitada.
—Está en su lugar, esperando órdenes del tipo rico —respondió uno de ellos con voz perezosa.
Di Roy entonces emprendió su camino con paso rápido para llegar a una pequeña casa a tres calles de distancia de donde estaba. La casa no destacaba mucho de las otras que había en la zona, salvo por el hecho de que había varias personas custodiándola, algunos incluso poseían armas.
Cuando llego se cercioró de que observaran bien su rostro para que lo reconocieran, un tipo fornido lo acompaño al interior de la casa.
El lugar estaba lleno de hombres y mujeres, bebiendo, drogándose y seguramente más de uno había perdido el sentido luego de tantos excesos.
Más atrás en un gran salón cuidado por un grupo de guardias armados, el hombre que lo acompaño les hizo una señal y luego se fue, los otros se limitaron a apartarse y abrirle la puerta.
Al Entrar lo primero que vio fue un hombre atado a una silla con la cara desfigurada debido a una gran cantidad de moretones, a un lado se encontraban los causantes del lamentable estado del tipo y más haya de ellos, estaba el hombre que necesitaba ver.
—Jefe, traigo una orden del señor Sōsuke —dijo rápido tan pronto lo advirtió.
El hombre era alto, cabello rojo peinado en un mohawk, ojos verdes y piel blanco.
Tenía mal carácter y era muy poco tolerante con los demás a su alrededor. Era conocido por el nombre "Bazz B" era el líder de una organización criminal a la que llamo "The Heat" conformada por adictos, ex convictos, adolescentes rebeldes o huérfanos, él los recibía a todos, los trataba bien, los ayudaba siempre y cuando cumplieran sus órdenes y mientras no lo hicieran enojar podían conseguir el cielo con él, tal como se los prometía.
—Bien ¿qué es lo que quiere ahora? —hablo con voz fuerte para que Di Roy hablase, odiaba perder el tiempo.
—Quiere que cuide a un hombre que dejo en su edificio, solo hay que mantenerlo bien y no dejarlo salir hasta que nos diga que podemos dejarlo salir —respondió el peli gris con algo de temor temiendo por el explosivo temperamento de su jefe.
—¿No te dijo cuento tiempo podría ser? —interpelo recibiendo como respuesta una negativa de Di Roy.
—Eso suena a mucho dinero, bien —pronunció para sí mismo con felicidad. Eso ayudo a que Di Roy se relajara un poco, le señalo la puerta y añadió—: Vuelve a tu sector y a tu puesto de vigía.
Bazz B hizo un ademán con su mano derecha para que uno de los hombres presentes le pasara su teléfono, debía hacer unas llamadas rápidas para no arriesgarse a perder los jugosos ingresos que recibía de ese hombre adinerado tan peculiar, ese sujeto era una mina de oro para The Heat y por eso no se arriesgaba ni en lo más mínimo para no jugar con la paciencia de ese temible hombre, mientras él siguiera pagando The Heat le serviría sin importar que.
Ciudad Kamino
Un hombre de cabello blanco daba vueltas, pensativo y algo preocupado en su pequeña oficina, aunque habían pasado casi un mes desde aquel día y que incluso acepto hacerlo y ahora se preparaba para irse en poco más de una semana, todavía no podía creerlo, pero ya era tarde para retractarse.
Cansado de su encrucijada mental en la que llevaba gran parte del día se sentó en la silla frente a su escritorio para tratar de distraerse con algo de trabajo.
Su paz no duro mucho debido al insistente sonido de golpes en la puerta de su oficina.
—Adelante —respondió con su típica voz tranquila, aunque estaba cansado y no quería ver a nadie por los momentos.
Se sorprendió por la hora que era, ver a la persona que estaba tras la puerta. Se trataba de Yachiru, su esposa, ella usualmente iba por las tardes para asegurarse que estaba bien y que no se esforzara demasiado, también se aseguraba que el lugar estuviera limpio debido a que él tenía cierta facilidad para enfermarse desde joven, aunque rara vez era grave si era una molestia para su vida diaria.
—Yachiru ¿a qué debo tu visita tan temprano? Aún faltan unas horas para el té.
—Bueno, me gustaría decir que era para ver como te estaba yendo —aclaró la mujer de cabello negro con una pequeña sonrisa, pero por su voz se notaba que estaba algo incómoda y añadió—: En realidad es porque tenemos un problema... uno pequeño con ojos violetas y muy activo.
Jūshirō puso su mano derecha en su rostro y suspiro para luego enderezarse y pedirle a su esposa que pasara junto al "problemita" que seguramente estaba molesta detrás de ella.
Yachiru entro a la oficina y luego observo la puerta unos segundos, entonces decidió aclararse la garganta. En respuesta a su acción escucharon un "está bien" algo tímido que extraño a Jūshirō.
Entonces lo supo de inmediato porque su esposa estaba molesta, su hija que debía estar recibiendo clases a esa hora, tenía la ropa sucia con hojas y ramas por todos lados incluyendo su cabello el cual sin dudas era la razón principal por la que Yachiru la había llevado con él.
El cabello de Rukia que antes llevaba por debajo de los hombros, ahora apenas llegaba a cubrir sus orejas, pero el verdadero problema era que su cabello negro, ahora era de un color blanco puro igual al suyo propio.
Jūshirō estaba atónito, lo único que pudo hacer en cuanto vio el nuevo aspecto de su hija fue cubrir su boca con su mano derecha, no daba crédito a lo que veía, poso su vista en su esposa buscando alguna clase de explicación de su parte para entender lo que pasaba y ella sólo le dio una negativa meneando su cabeza ligeramente de lado a lado.
El hombre se aclaró la garganta, tomo una pluma y la golpeo un par de veces contra el escritorio para llamar la atención de su esposa e hija hacía él.
—De acuerdo comencemos con el juicio —hablo para tratar de averiguar lo que su esposa no pudo respecto a la nueva imagen de Rukia.
—La abogada hablará primero, luego la acusada y finalmente daré mi veredicto —sentencio tranquilo.
Yachiru sonrió y decidió seguir con el teatro que Jūshirō estaba armando.
—Su señoría, la pequeña Rukia esta acusada de haberle mentido a sus maestros para saltarse sus clases —comentaba en un tono algo risueño tratando de sonar seria—, Salir sin permiso, y debe explicar por qué ahora es albina.
—Entiendo, ¿la acusada niega alguno de los cargos? —interrogó a Rukia quien sin despegar los ojos del suelo como si este fuera la octava maravilla del mundo pronuncio un seco "no".
Los mayores se miraron entre sí extrañados, aun así Jūshirō decidió continuar con el juego.
—Muy bien en ese caso, la hermosa abogada puede proseguir con su caso —dijo guiñándole un ojo a Yachiru quien se sonrojó, no hubo reacción por parte de la menor.
Aún algo sonrojada la mujer continuó.
—Estaba volviendo del trabajo y creí que podría arreglar que Rukia se saltara un par de clases para tener una salida juntas —Hizo una breve pausa para ver a la menor que solo se limitó a agachar su cabeza y fijar su vista en otra parte lejos de su mirada.
—Cuando llame a su maestro me dijo que ya había hablado conmigo sobresaltarse las clases de hoy, al entrar a la casa vi como Rukia trataba de entrar por una ventana —finalizo su relato con un claro tinte de enojo en su voz al descubrir la mentira de su hija.
—Entonces esto es un caso de reincidencia —señalo también algo molesto el cabeza de la familia agregando una pregunta más—: ¿Algo más que agregar antes de proceder?
—No su señoría —respondió ella con serenidad.
—Ahora es su turno de exponer su caso señorita, Rukia —notificó serio pero tratando de sonar tranquilo, de verdad quería que su hija se relajara.
Este era un juego que había inventado cuando Hisana tenía 10 años, era para lograr que confesara sus faltas y ver si realmente se arrepentía de algo o pudieran aclarar las cosas, así podían castigarlas o no de acuerdo a lo que hubieran hecho y ellas no protestaban, ya que tenían la oportunidad de defenderse.
Parte de la finalidad del juego era tranquilizarlas cuando estaban alteradas o animarlas y darles más confianza para ser honestas con ellos, sin embargo, en esta ocasión le estaba costando lograr un cambio de ánimo en Rukia, en otras circunstancias solo el inicio del juego habría bastado.
Rukia sin poder levantar la mirada del suelo no sabía como explicar lo que había hecho, no tenía idea de por donde empezar, aun así trato de hacerlo.
—Su señoría yo... —Las palabras se le atoraban en la garganta—. Yo no tengo como explicar esto —Con un gesto se señaló completa.
—Han pasado muchas cosas en tan poco tiempo y yo solo... —levanto su rostro del suelo despacio para ver a sus padres—. No lo sé, quería escapar de todo y tener tiempo sólo para...
Tenía problemas para ordenar sus pensamientos y elegir sus palabras.
—Quería pensar las cosas y terminé desahogándome de esta forma —finalizó volviendo a inclinar su rostro.
—¿Por qué le mentiste a tu maestro en lugar de hablarnos? —indagó su padre.
—Crei que sería lo mejor, aún ahora es difícil para mí explicarlo.
—¿Podrías decirnos por qué ahora te ves así? —Esta vez pregunto su madre.
—Yo bueno. Yo estaba, tratando... —Se enredó con sus palabras.
Su madre le hizo una señal para que respirara hondo y pudiera seguir hablando.
Rukia dudo si decir la verdad o no al respecto, estaba aterrada por lo que sucedió y tenía miedo de las reacciones de sus padres a eso, por eso escogió decirles una media verdad.
—Mi cabello, me estaba molestando estos últimos días entonces pensé en cortarlo cuando salí —Se detuvo unos segundos para mirar las reacciónes de sus padres y poder continuar—. En aquel lugar vi a otras chicas arreglándose, estaban tiñéndose el cabello y creí que podría hacer lo mismo. Como un cambio de imagen antes de mudarnos, no lo pensé mucho y solo lo hice.
Su madre recuperó su semblante molesto y su padre estaba confundido por esa vaga explicación.
—¿Qué pensaste que pasaría cuando te viéramos? —cuestionó su madre con voz severa, cosa que la asusto e hizo que diera un pequeño brinco en su sitio.
Con voz algo temblorosa dijo
—S–su señoría, ella n–no puede hacer preguntas sin permiso... ¿O si? —lo último lo pregunto en voz baja y temerosa.
Yachiru y Jūshirō se miraron entre ellos unos segundos, uno con un gesto más suave y la otra con disgusto.
—La acusada tiene razón —sentencio el hombre—. Pero lo permitiré dado que es una pregunta de interés para mí también.
Una vez más temerosa de decir toda la verdad solo revelo una parte de ella.
—En realidad no lo pensé, fue un impulso al ver a esas chicas tan felices juntas —Esa parte era cierta, en realidad deseaba poder tener amigos con quienes llevarse bien y hacer de todo con ellos—. Me preocupa no poder encajar con otros chicos de mi edad.
Un pequeño silencio se formó entre los tres, cada uno sentía el ambiente de forma diferente, para Jūshirō era uno cargado de culpa porque se sentía responsable de los temores de su hija. Yachiru por su lado era golpeada con fuerza por ese silencio haciéndola sentir que era una terrible madre culpándose por haber guardado a su hija menor del mundo sin tener en cuenta sus sentimientos.
Finalmente, Rukia era sofocada por ese incómodo momento que la asfixiaba y la ponía más nerviosa de lo que ya estaba.
Luego de los 2 minutos más largos de su vida, Rukia escucho a su padre aclarar su garganta y golpear con la pluma el escritorio.
—De acuerdo, dadas las circunstancias del caso creo que lo mejor será que la acusada —Vio a Rukia quien parecía esperar una sentencia a muerte—. Cumpla sentencia sin celular, televisión o computadora hasta nuevo aviso.
Volviendo a verla y esta vez observando que su semblante angustiado se relajaba un poco.
Yachiru le hizo una pequeña señal con sus manos que entendió de inmediato y no tardo en cumplir.
—Como este es un caso especial, hoy podrás cenar lo que quieras —Golpeo por última vez su pluma contra el escritorio para dar por finalizado el juego.
—¿De verdad? —pregunto la menor sin poder creerlo.
—Si —respondió su madre—. Después de todo con ese cabello sin dudas llamarás la atención a donde vayas —termino con una pequeña risa que luchaba por contener.
Después de todo no era que le quedara mal, sino que era un color muy llamativo para pintarse el pelo y considerando la timidez que la oji violeta había desarrollado, seria suficiente castigo las explicaciones que debería dar constantemente en cuanto se mudaran.
Rukia fue la primera en salir de la pequeña oficina de su padre con rumbo a su habitación para poder quitarse todas las ramitas y hojas del cabello, dejando a sus padres solos.
—La mudanza es en menos de dos semanas, ya está todo listo incluso los arreglos para la escuela de Rukia —comunicó Yachiru con algo de sorpresa—. Parece que están muy comprometidos con esto.
—¿Crees que tomé una buena decisión? —pregunto él.
—Creo que sólo lo sabremos una vez estemos allá.
—Temo estar cometiendo un grave error, esto es... Más grande que yo —dijo con pesadez y algo de temor.
Yachiru se acercó a él y lo abrazo por un costado tratando de darle apoyo.
—Sea o no un error, estamos en esto juntos, lo único que debería preocuparnos es asegurar nuestra seguridad, la de los tres —apoyo la mujer.
Gracias al apoyo de su esposa, tranquilizo sus nervios y se permitió relajarse.
—¿Estarán bien Hisana y Byakuya? —pregunto él para cambiar el tema.
Yachiru rio mientras se separaba de él.
—Estoy segura de que lo están, Byakuya es un buen hombre e Hisana se ha convertido en una gran mujer fuerte e inteligente.
Luego de unos minutos si esposa también Salió de la oficina dejándolo solo con sus pensamientos.
Aún estaba algo nervioso por todos los cambios que venían sobre él y su pequeña familia, seguía sin creer como lo convencieron de todo aquello y temía por la seguridad de todos. Trato de recordar de nuevo aquel día que le dio un giro de 180 grados a su vida mientras sostenía la pluma que casi podía decir era la culpable de aquello.
"Estaba cansado, se quedó despierto hasta tarde leyendo la noche anterior y ahora se encontraba casi corriendo a un pequeño edificio de tres pisos que le pertenecía, era donde organizaba con mayor cuidado todo el papeleo relacionado con sus empresas de importación y exportación.
Cualquier otro día habría tomado la decisión de quedarse a trabajar en casa o tomarse el día, aunque era una idea tentadora, ese día en la mañana tuvo el presentimiento de que lo mejor era no ceder a sus deseos de pereza y allí estaba, desvelado, cansado y atrasado en sus labores.
Luego de algunas horas de trabajo, al final logro tomar ritmo y esperaba no llegar muy tarde a casa estaba a punto de fantasear con lo que cenaría cuando unos golpes en la puerta lo devolvieron a la realidad.
—Señor, su cita de las 2 pm está aquí.
Anunció la voz de un hombre que trabajaba como su secretario y a veces asistente. Era alto, de cabello negro y piel tostada, tenía barba y se notaba que se ejercitaba.
—Muy bien Sentarō diles que pueden pasar —contesto tranquilo como siempre.
Casi de inmediato dos hombres vestidos de traje entraron por la puerta con semblante serio, el peli blanco pensó que tal vez estaban nerviosos por lo que los invito a tomar asiento antes de comenzar a hablar de los negocios.
—Supongo que son el Señor Hitsugaya —Dirigiendo su vista al hombre rubio—. Y el señor Kurosaki —Volvió su mirada al hombre de cabello negro.
—Así es Señor Ukitake, muchas gracias por recibirnos —saludo devuelta Isshin Kurosaki, hombre de cabello negro, ojos cafés, piel algo bronceada, alto y con una mirada cálida.
—Y díganme ¿qué clase de negocio tienen en mente, caballeros?
Los dos hombres se vieron entre sí y luego asintieron para regresar su atención al peli blanco frente a ellos.
—Seré directo señor, queremos ofrecerle seguridad y una sociedad con nosotros para garantizarla —hablo el rubio.
—Wow eso, eso sí que fue directo —Jūshirō estaba sorprendido y algo confundido—. Pero no logro entender que clase de protección quieren ofrecerme.
—Bueno esta es la parte difícil, dígame señor Ukitake ¿tiene conocimientos de mitología? —pregunto Isshin.
Jūshirō dudo unos segundos en responder, no era para nada una pregunta habitual en una charla de negocios.
—No mucho en realidad —confesó algo nervioso, ese tema no era de su agrado.
—De acuerdo señor, tal vez debamos tener una charla al respecto para que pueda comprender lo que le ofrecemos.
Jūshirō se tensó un poco, pero asintió y estuvo dispuesto a escuchar a estos hombres hasta el final antes de determinar si estaban locos o si él mismo estaba enloqueciendo.
Pasada una hora y luego de terminar de escuchar el relato de Isshin y Kisuke, nombres que ya no podría olvidar, Jūshirō estaba estupefacto por la cantidad de información que acababa de recibir que para empeorar las cosas no sabía si creer o no.
¿Podía siquiera confiar en esos dos hombres?
Kisuke observó con atención las expresiones de Jūshirō y adivinando lo que debía estar pensando hablo.
—Sabemos que no nos cree, o no del todo señor, pero todo es real y podemos probarlo.
—Entonces por favor háganlo —El mayor hizo su mejor esfuerzo por mantener la calma, no obstante su voz salió en un tono más grave de lo que esperaba.
Kisuke se levantó de su silla quitándose el saco en el proceso y colocándolo en el respaldo de la silla, a remango su camisa y levanto su mano derecha con la palma hacia arriba, inspiro profundamente y mientras exhalaba en su mano comenzaba a formarse una delgada pero apreciable capa de hielo.
Jūshirō observó con asombro y algo de miedo como la mano del rubio se llenaba de hielo incluso se levanto de golpe de su silla aún sin creer lo que veía.
—Es–eso ¿es un truco o algo así? —pregunto aturdido.
—Te dije que debiste venir con Arisawa, él es mejor que yo en esto —comento Kisuke a Isshin mientras trataba de descongelar su mano.
—Tonterías tú fuiste el que me convenció —respondió el pelinegro con alegría y poniéndose de pie.
Isshin hizo unos movimientos con su mano derecha en el aire y casi al instante se género una corriente que provocó que varios papeles en el escritorio de Jūshirō comenzaran a girar en el aire, lentamente se detuvo, pero no sin antes levantar la pluma del peliblanco casi haciéndola flotar hasta quedar en manos de Kisuke quien capto el mensaje silencioso de su compañero.
Con la pluma en sus manos tomo aire y soplo suavemente para congelarla y dejarla en el escritorio frente a su dueño.
—Solo queremos ofrecerle protección a usted y a su familia señor Ukitake.
Jūshirō trataba de asimilar todo lo mejor que podía, lo cierto era que creía en ellos, no podía negarlo, sin embargo confiar ciegamente a su familia en ellos era algo que aún no lo convencía.
Los dos hombres volvieron a sentarse siendo imitados por Jūshirō.
—Esta bien tendré que admitir que creo en lo que acaban de decirme y lo acabo de ver —Hizo una pausa para tomar aire—. Por favor díganme ¿ustedes tienen familia?, ¿hijos? —Quería saberlo.
—Estoy casado y tengo un hijo, al igual que Kisuke. Créame señor Ukitake nosotros comprendemos la situación en la que lo hemos puesto, y por eso no lo presionaremos para que acepte —expreso Isshin con notable preocupación en su voz—. Solo queremos que sea consciente del posible peligro que pueden correr.
—Mi hija mayor se casará muy pronto y se irá a vivir lejos con su esposo, ¿qué planean hacer por su seguridad? —inquirió arriesgándose un poco al revelar ese detalle de su vida privada.
—No se preocupe por eso, señor, si acepta ya lo tenemos todo cubierto para Hisana y Byakuya —respondía Kisuke con suma tranquilidad mientras Isshin lo veía con una mirada algo alarmado por sus palabras—, Aunque claro como son adultos sugerimos que hable con ellos sobre el tema y si aceptan tendrán el mismo nivel de protección que usted, su esposa y su hija menor.
Jūshirō estaba impresionado de toda la información que poseían de él.
—Puede que esto sea demasiado para un día señor Ukitake —comento Isshin ya sabiendo que el hombre frente a él apenas y podía seguir el hilo de la conversación a esas alturas—, Si lo permite tal vez lo mejor sea que continuemos hablando de este tema otro día y luego le daremos tiempo para que nos de su respuesta.
Jūshirō apenas pudo asentir cuando recibió la tarjeta de manos del peli negro. Contra todo pronóstico de parte de su lado coherente el peli blanco acordó otra cita con ellos, pero esta vez con su esposa presente, misma reunión que tuvieron que dejar a medias.
La siguiente y ultima vez que se reunieron fue con la presencia tanto de Hisana como de Byakuya. Aclararon muchas cosas y terminaron de colocar los puntos sobre las íes llegando a un acuerdo.
Jūshirō, Yachiru y Rukia, se mudarían de forma temporal mientras durase su "periodo de prueba" para ver con sus propios ojos si realmente podían confiar en ellos.
Al finalizar ese tiempo Jūshirō y Hisana lo decidirían; si seguirían recibiendo su ayuda y si permitirían que el joven matrimonio también fuera vigilado por ellos."
Volviendo a la realidad. Jūshirō suspiro frustrado rogando al cielo estar tomando la decisión correcta.
Habían acordado ambos matrimonios no decirle nada de lo que pasaba a Rukia por seguridad, no querían terminar arruinando la vida de la más joven por algo tan fantástico que casi gritaba ser una mentira, pero que ellos habían creído.
Aunque en parte también se les había sugerido eso por parte de Hitsugaya y Kurosaki, les afirmaron que muchas veces el resultado solía ser mejor cuando los jóvenes no se enteraban realmente de lo que ocurría hasta el último momento, les ayudaba a socializar mejor entre ellos.
Finalmente, decidió que era hora de dejar de martirizarse por ese día, salió de su pequeña oficina para asegurarse que todo estuviera listo para su mudanza.
Continuará...
BlackAngelN: espero estén disfrutando esta historia, aprovechando llegaron hasta aquí, ¿qué tal un comentario o un fav?, todo es bien recibido.
Aclaración: Las "citas" al principio de cada cap, son fragmentos de canciones de Bleach, debajo están el nombre de la canción y luego la banda en negrita.
Fecha de subida a fanfiction: 22/12/2022
Fecha de subida a Wattpad: 03/12/2021
