Varios meses habían pasado desde el primer mareo de Sakura. Últimamente había tenido demasiadas nauseas y perdidas de concentración, tropezándose con cualquier cosa que no recordaba en su lugar. Tomaba pastillas para las ganas de vomitar y dormía las horas que le tocaban para descansar completamente, pero aún así, esos síntomas no cesaban. Sasuke le decía una y otra vez que dejará que alguna enfermera le examinará, pero como es tan tozuda siempre se negaba a ayudas exteriores repitiendo una y otra vez que ella como curandera, no le pasaba nada.
Así que ahí se quedó la cosa. No discutieron ni hablaron mas de ese tema. La casa se había por fin acomodado a gusto de Sakura. Pintaron las paredes de los dormitorios, cambiaron las moquetas de los salones y compraron nuevos electrodomésticos para la cocina, dejando a un arruinado Sasuke
Para festejar la remodelación, decidieron hacer una pequeña fiesta con sus amigos mas cercanos.
—Sasuke-kun, ¿crees que la sopa de miso sería un buen plato para esta noche? — preguntó Sakura desde la cocina.
—Cualquier plato sirve, no vamos a servirles comida de marqueses. — Estaba poniendo pequeños adornos por el comedor cuando el timbre empezó a sonar. Escuchó varios ruidos de la cocina y maldiciones de su novia. —Voy.
Cruzó el comedor, el gran pasillo, y cuando ya estaba en mitad del recibidor, varias risas y gritos traspasaban la cerrada puerta. Se pensó varias veces en abrirla, pero cuando escucho la tímida voz de Hinata contestando una de sus estupideces, la abrió puerta con pesar.
—¡Sasuke! — gritó el rubio saltando hacía él.
—¿No habíamos quedado a las diez? — enfatizó la última palabra mientras intentaba despegarse de su amigo.
—Si, pero Hinata-chan se ofreció a venir antes y ayudar a Sakura-chan. — miraron ambos a la pelinegra, quien enseguida cogió un color rojizo al tener toda su atención sobre ella. Sasuke suspiró y de un fuerte empujón logro colocar al rubio de nuevo al lado de su novia.
—Sakura esta en la cocina. — cogió la chaqueta de la ojiblanca y se puso a un lado para que pudiera pasar.
—Comida, comida. — balbuceaba Naruto, tirandole la chaqueta en la cara al pelinegro, siguiendo con un hilito de baba a su novia.
—¿Donde crees que vas? — le preguntó con una venita en la frente agarrándole del cuello de la camisa.
—Pero Sasuke... — se quejó poniendo un puchero. El nombrado hizo caso omiso de sus intentos de convención y arrastro a su amigo al jardín trasero. —Oh, ya veo. — rió mostrando todos los dientes y se desabrocho un poco la camisa que se había puesto para esa ocasión. Ante esto, el Uchiha sonrió de lado y se remango el jersey hasta los codos.
—Procura no destrozar nada, baka. — se puso en posición de combate y activó el sharingan.
Por otra parte, Hinata ya llevaba un delantal, ayudando a hacer rollitos de primavera mientras miraba a Sakura de reojo. La pelirosa le había mantenido al tanto de los síntomas que estaba teniendo, ignorando también sus intentos de llevarla al médico. Estaba intentando girar una tortilla, a punto de preguntarle a Sakura por su condición, cuando escucho un quejido. La ojijade estaba a la otra punta de la encimera tapándose la boca y sujetándose como podía con la otra mano. Hinata corrió a su lado y le hizo sentar, ofreciéndole un vaso de agua.
—Sakura-san...
—No te preocupes Hinata. — le cortó antes de que siguiera ese rumbo de la conversación. — Es algo temporal, se me pasará. — le sonrió a pesar de seguir teniendo esas inmensas ganas de vomitar y volvió a ponerse de pie. — Vamos, tenemos una cena que preparar.
Y así hicieron. Miles de platos con diferentes condimentos estaban alineados en la pequeña mesa de la cocina. Sakura cortaba los ingredientes e Hinata se encargaba de freírlos y colocarlos en el plato. La gran mesa del salón ya estaba colocada. Copas de vino, cubiertos de plata, platos de porcelana y servilletas de encaje estaban alineados y perfectamente colocados para cada invitado. El vino junto con las demás bebidas, estaban apilados en una pequeña mesita al lado del anfitrión de la mesa.
—Ha quedado genial. — admiraba aquel salón con un trapo sobre el hombro mientras metía las manos en los bolsillos con una pose relajada.
—Ahora solo tenemos que guardar los platos y arreglarte. — Tras decir esto, Hinata volvió a la cocina enfundando los platos en papel albahal. Sakura suspiró, miró el reloj del salón y la cara se le empalideció.
—Hi...Hinata... — llamó con voz titubeante.
—¿Sí?
—Solo queda media hora para que lleguen los demás.
—¿Estas nerviosa? — cuestionó poniéndose a su lado.
—¡No he elegido que ponerme! ¡Ni que peinado llevar! — agarró a la Hyuuga de los hombros y comenzó a zarandearla. — Soy la anfitriona de la fiesta y debo de estar presentable. — sentía su corazón latir a mil por hora y la respiración faltandole.
—Calma. — agarró las manos de la pelirosa y las apretó fuertemente. — Estarás hermosa. — su sonrisa le pareció como la de un ángel, ya que en cuanto las comisuras se doblaron para sonreirle se puso a llorar. — ¿Por que lloras? — rápidamente le ofreció un pañuelo y le abrazo.
—E...s que, pareces tan segura de ti misma. — los mocos se le escurrían y las lagrimas cada vez eran mas y mas. — Soy un desastre, no merezco como esposa. — Enterró la cabeza en el cuello de Hinata y sepultó sus sollozos. Ante esto, la ojiblanca solo podía acariciarle el pelo y susurrarle cosas relajantes. Sorprendida sobre su comportamiento, ya que Sakura nunca era de las que se desmoronan fácilmente o tienen esta actitud tan dramática.
Después de esta escena y de haber guardado todos los platos, subieron al segundo piso. Sakura rebuscaba profundamente en los armarios lanzando la ropa por los aires, gritando que no tenía nada que ponerse. Estaba tan desesperada en encontrar el modelo que quería, que no se dio cuenta cuando lanzó por los aires una tela roja, parándose en las rodillas de Hinata.
Era un bonito vestido rojo. Era ceñido hasta la cintura, ya que después caía en volantas con unos elegantes encajes. Era de palabra de honor, ya que desde el pecho hasta los hombros, la tela era transparente con cosidos dibujos. Era sencillamente perfecto. Se imaginó a Sakura puesta en él y miles de peinados que podría hacerle si no estuviera tan histérica.
—Sakura, creo que he encontrado lo que buscabas. — puso el vestido delante de sus ojos jade, pero en vez de recibir el gesto de felicidad que se esperaba, vio como hacía una pequeña mueca y suspiró.
—Hinata, este vestido es de hace dos años, no creo que me entre.
—Pero no lo sabrás hasta que no te lo pruebes.
—No entrará.
—Sakura...
—He engordado.
—Pero...
—Tengo michelines.
—¡Sakura-san! — gritó enfadada. Arrugó la frente y calmo su respiración. — Deje de comportarse como lo esta haciendo hasta ahora y asuma sus papel de mujer. Va a probarse este vestido y no quiero oír mas excusas. — le ofreció la tela y se sentó en la cama esperando a que la otra se moviera.
—Hinata... — estrujo el vestido entre sus manos y lo dejo en su tocador, dirigiendo sus manos hasta la polera que llevaba puesta, luego, también se saco la pequeña camiseta que llevaba debajo quedando solo en sujetador. Hinata miró, lo que debía ser su plano vientre encontrandoselo ligeramente hinchado.
—¿Has engordado? — preguntó inocentemente, provocando un gran sonrojo en Sakura quien se tapó rápidamente.
—¡Te lo he dicho! — se puso el vestido. Por suerte, cubría parte de su estomago, por lo que no se notaría que tenía unos "kilos de más".
Ya vestida, Hinata le hizo sentar en el taburete del tocador, probando varios peinados hasta dar con el adecuado. Una trenza medio desecha caía por un lado de su hombro. Como tenía el pelo ligeramente largo, los mechones que no logró atar los rizo un poco. Le puso un tono de color muy claro para sus mejillas y le pintó suavemente la raya de los ojos. Para los labios le obligó a que se pusiera un tono de rosa a penas visible junto con el brillo. Y para acabar, unos tacones color salmón que se ataban como si fueran zapatos de bailarina.
Cuando se miro al espejo no podía creerse lo que estaba viendo. Estaba ella, contemplando su reflejo con una cara incrédula. Parecía una de esas muñecas de porcelana que coleccionaba cuando tenía doce años. Miró a Hinata ligeramente sonrojada, esta le devolvió la sonrisa y le condujo hasta la puerta, alegando en que Sasuke también debería verla.
Ellos aún estaban con sus puñetazos y patadas, olvidando el tiempo que les quedaba para estar presentables en la cena. Sasuke aún no estaba arreglado y Naruto había perdido cualquier elegancia nada mas recibir el primer golpe.
—Chi... — Hinata salió la primera para anunciar la salida de Sakura, pero en cuanto vio el estado de los dos, se comió sus palabras. — ¡Naruto-kun! — le llamó justo antes de lanzarle un kunai a Sasuke.
—Hinata, ¿puedo salir ya? — susurró nerviosa mientras jugaba con uno de los volantes de su vestido. La nombrada paseo la mirada de la escena de los chicos a la persona de Sakura. — ¿Qué pasa? — preguntó cuando vio esa extraña mirada. No espero respuesta ya que salio a la vista de los hombres.
Un Sasuke magullado y lleno de tierra por todas partes, Naruto con la camisa rota y los pantalones chamuscados. Sasuke al verla se le iluminaron los ojos, pero antes de que pudiera decir nada, una gran roca salió a su encuentro. Naruto por otra parte, estaba teniendo una lucha interna en no encontrarse con los ojos de su novia. Hinata podía ser muy tranquila, pero tratándose de esa ocasión y lo emocionada que estaba, su lado maligno estaba saliendo.
—Yo no sé porque Sakura se ha enfadado tanto. — El rubio y su pareja estaban en la habitación de invitados. Por suerte, Sasuke aún había conservado la ropa de su padre y hermano, y con ello los trajes que se ponían para momentos especiales. Estaba poniéndose los pantalones de Itachi mientras Hinata intentaba domar sus cabellos rebeldes.
—Últimamente ha estado muy rara... — caviló, sin darse cuenta que estaba hablando en alto.
—¿Qué tan rara? — preguntó forcejeando con el cierre.
—Su estado de animo no es el de siempre. Tiene cambios muy repentinos, es como si estuviera muy inestable. — dejó el peine a un lado.
—Sakura-chan nunca ha sido estable. — bromeó el rubio. Al segundo ya estaba quejándose del coscorrón que le había proporcionado Hinata. —Hina-chan... — lloriqueó.
Sakura y Sasuke estaban en el dormitorio principal, sólo faltaban cinco minutos para la fiesta y el pelinegro todavía estaba desabrochándose sus pantalones. La ojijade se estaba retocando lentamente mientras miraba de reojo a su novio.
—¿Qué?
—Eres muy lento... — se giró hacía él.
—No hay prisa. — Intentaba sacar el botón del agujero pero siempre se le escurría el dedo.
—¡Sólo faltan cinco minutos y tú aún no estas listo! — pero no recibió respuesta, solo el sonido del botón y sus dientes crujir. Maldijo internamente y le obligó a que se pusiera de pie. —Uchiha para nada. — se agachó a la altura del cierre del pantalón, oyendo como rechistaba su novio y como ponía leves pucheros sonrojado.
De un momento a otro la puerta se abrió. Naruto sonriendo y al segundo sonrojado mientras Hinata se tapaba los ojos con la mano. Sasuke estaba de espaldas a ellos con el pantalón por las rodillas y Sakura agachada frente a el con la cara a la altura de su "amiguito".
—¿Pero que hacéis? — gritó el rubio mientras cerraba la puerta del golpe. — Ya tendréis otro momento para hacerlo, pervertidos. — farfullaba desde el otro lado de la puerta. — Y encima con gente en casa... ¡que vergüenza! — su voz cada vez se iba haciendo mas y mas lejana.
—¿Qué ha sido eso? — preguntó la ojijade con un leve tic en la ceja.
—No lo sé. — su semblante era serio y sin expresión, se quitó del todo los pantalones y en un rápido movimiento se entubo los otros negros. Se puso la camisa y desordeno un poco el pelo. — Listo.
Camisa ligeramente abierta. Pelo desordenado como siempre. Los dobladillos de las mangas sin arreglarse y el pantalón por debajo de la tela blanca. Parecía un Dios griego a los ojos de Sakura, quien tuvo que apartar rápidamente la mirada si no quería lanzarse sobre él ahora mismo.
—¿Vamos? — preguntó Sasuke con la puerta abierta. La chica asintió con la cabeza y cuando iba a pasar a un lado de él, este le agarró de la cintura, teniéndola de espaldas. — Estas preciosa. — le susurró en el oído. Justo cuando acabo la frase el timbre sonó y varias voces se acumularon en el piso de abajo.
Pero eso no frenó el que Sakura se girará, tuviera que alzarse un poco -gracias a los tacones- y le rozara los labios en un tierno beso. El Uchiha le agarró de la cintura para profundizarlo más, pero antes de que las cosas se pusieran mas calientes, la pelirosa le separó con un levé empuje.
—Esta noche seguiremos. — le guiñó un ojo y salió de su agarre, caminando frente a él moviendo las caderas seductoramente hasta perderse por las escaleras.
La primera pareja en venir habían sido Ino y Sai, quienes llevaban varias macetas de flores alegando en que debían de tener al menos un pequeño jardín. Ino comentaba lo bonita que estaba Sakura mientras que su novio miraba con curiosidad el lugar en donde estaban. Luego se presentó Shikamaru solo, explicando que Temari tenía una misión y debía volver a la Villa de la Arena. Chouji ya había avisado en que no vendría, junto con Shino; ahora nada mas faltaban Lee, Ten-Ten y Kiba.
Después de saludarse y acomodarse en los sofás, los chicos estaban comentando sus técnicas y misiones, fardando de quien era el mejor y el mas fuerte; las chicas, por otra parte, habían decidido hacer un pequeño recorrido por la casa comentando que tan bonita había quedado. Al final decidieron hacer una pequeña parada en el gran balcón del piso de arriba.
—Tenéis unas vistas estupendas. — comentó Ino mirando con ojos brillantes la iluminada aldea. Sakura sonrió ante este comentario pero no dijo nada.
—Sakura-san, no le he podido preguntar antes pero... ¿de verdad que esta bien? — Hinata estaba a un lado de ella e Ino en el otro. Ambas pusieron las miradas sobre la pelirosa; una con preocupación y otra con confusión.
—¿Qué te pasa? — cuestiono la rubia mirándola fijamente. — ¿Soy tu mejor amiga y no me cuentas tus problemas? Eres lo peor... — se cruzó de brazos e hincho los mofletes.
—No es eso, Ino-san. — intentó tranquilizar el ambiente pero entre las pocas ganas de hablar de Sakura y lo insistente que era la ojiazul, era imposible.
—No tengo nada grave, pero igualmente te lo contaré. — se giró hacia ellas con mirada decidida. Hinata guardo silencio en toda la explicación, asimilando una vez mas los síntomas que le había contado en su ocasión asociándolos con algún tipo de enfermedad, como la gripe u otra cosa parecida. —... y por eso Hinata y yo estamos tan perdidas, por que no sabemos lo que es.
Ino tenía una ceja levantada, mirando a las dos con cara de desconcierto. Solo con haberle nombrado "mareo" y "nauseas", lo había relacionado todo. Se rascó la cabeza intranquila. Quizás si decía lo que pensaba no se lo iba a tomar bien, pero sabiendo lo cabezota que era su amiga, no se daría cuenta hasta que no estuviera hinchada como un globo.
—Sakura... —la nombrada le miró fijamente. — Esos síntomas son de embarazo...
Hinata grito de la impresión, y entonces cayó en cuenta. Sus cambios de humor, su inestabilidad... ¡claro! Estaba embarazada. Ambas amigas miraron a la Haruno con preocupación, ya que agacho la cabeza ante esta confesión.
—No... no puedo esta embarazada. — susurraba haciendo puños sus manos sobre sus piernas.
—Sakura-san...
—Sí que lo estas, y te apuesto a que te lo debías de oler desde un comienzo, por eso no quería ir a hacerte la prueba al hospital. — dio unos cuantos pasos hacia ella. — ¿Te da miedo tener un hijo? — le agarró por los hombros y le obligo a subir la cabeza, encontrándose con aquellos orbes verdes cristalizados. — Sa...
—¿Y si Sasuke-kun no quiere tener hijos? Además, todavía no esta confirmado, sin la prueba de embarazo no se sabrá nada.
—¿Te preocupa eso? ¿Qué Sasuke-kun no quiera un hijo? — la soltó con rabia. — Si Sasuke no quiere tener un hijo contigo, entonces te deberás replantear si de verdad es el hombre de tu vida.
—Ino, no deberías...
—No, Hinata, es la verdad. ¿Acaso estaréis así toda la vida? ¿Como dos amantes que solo se pueden amar en la cama? No Sakura, si él no quiere formar una familia ahora o en un futuro, entonces es que ni merece tener a una pareja como tú.
—Baka, voy a buscar a Sakura. Casi es la hora de la cena. — se levantó del sofá bajo la atenta mirada de todos. — Shikamaru, vigila que este estúpido no le ponga la mano encima a la comida. —Espero a que el Nara asintiera y se encaminó hacía el piso de arriba.
Buscó por todas las habitaciones, cruzando pasillos que ni se acordaba que existían. Estaba a punto de entrar en la habitación que llevaba al gran balcón cuando escucho voces desde el interior. No es que fuera un cotilla, pero los gritos de Ino le decían que no debía interrumpir justo ahora, esperaría a que acabaran. Estaba con la mano en la perilla esperando el momento para entrar cuando escucho un grito fuerte y alto de parte de Sakura.
—¡¿Y qué si estoy embarazada?!
Las manos le empezaron a sudar. El corazón no le producía la suficiente sangre para todo el cuerpo y empezó a empalidecer. La boca se le secó y la vista se le nubló.
—¡Pues haz lo que quieras! — Ino abrió la puerta de golpe, encontrándose con un pálido -mas de lo normal- Sasuke. — Oh, vaya... — susurró al ver el estado de este. — Hinata, no tenemos nada que hacer aquí. — La llamada y Sakura giraron sus miradas hacia la rubia, encontrándose con un inmóvil pelinegro.
—Sasuke... — arrastró su nombre, temerosa de que haya escuchado toda la conversación. Las demás se apresuraron a salir de la habitación dejándolos solos.
—E... estas embarazada. — la voz le salía ronca y tartamudeaba. Se acercó lentamente a ella hasta pararse a un metro.
—Sasuke—kun, yo... — bajo la cabeza y empezó a llorar en silencio. — To... todavía no es seguro, pero... — cogió aire antes de seguir. — … lo mas probables es que sí. — lo escucho tragar hondo. Cerró los ojos con fuerza conteniendo las lágrimas. — Yo me haría cargo de él, lo cuidaría... — le dio la espalda, mirando a través del balcón. — No te preocupes, no te pediré nada, así que tranquilo. — le tembló el labio inferior, mordiéndoselo para que las ganas de gritar a llorar se mezclaran con el dolor. — Así que... hasta aq... — unos fuertes brazos le rodearon el cuello sintiendo como su hombro derecho se lee humedecía.
—¿Pero qué dices? — preguntó roncamente. — Yo... yo quiero tener una familia. — Esto pilló desprevenida a Sakura, haciendo que el corazón se le acelerase tanto hasta salirse del pecho.
—Pero yo pensaba que ahora querías dedicarte a hacer misiones y subir de rango. — intentaba mantener los mocos en la nariz y las lagrimas en los ojos.
—Es cierto que quería esperar un par de años mas hasta estar completamente establecido en la Hoja... — esnifo el perfume de su novia. — Pero ahora que tengo la oportunidad de empezar a resurgir mi Clan no la voy a desaprovechar, y menos, abandonar a mi futura mujer e hijos.
La chica giró su cuerpo para quedar cara a cara con el pelinegro. Este tenía un pequeño sonrojo y los ojos cristalinos que junto con la luz de la luna, le hacían verse de un color gris muy clarito. Su respiración estaba descompasada y el agarre hacia ella se estaba haciendo mas y mas fuerte.
—Sasuke-kun... — ambos se miraron fijamente. Sakura aun tenía la cara empañada de lagrimas. El maquillaje se le había corrido ligeramente, así que el Uchiha aprovecho, y con ayuda de sus dos pulgares, le limpio ese rastro. — Te quiero. — fue acortando distancias hasta sentir su respiración y luego sus fuertes labios contra los suyos.
No se sabe lo que paso después, pero la cena se cancelo. Ino había echado a los invitados diciendo cosas sin sentido. Hinata arrastraba a Naruto, quien estaba haciendo pucheros y quejándose de ese cambio de planes tan repentino. Shikamaru solo respondió con un levantamiento de hombros, y junto con Sai, caminaron fuera de la mansión, dejándola completamente vacía y silenciosa.
—¿Como podías pensar que te iba a abandonar con un hijo mio? — preguntó con un chasquido de lengua mientras peinaba con sus dedos el pelo destrenzado de Sakura.
—No lo sé. — alzó la mirada hacía la onix. Luego miró hacia las estrellas acomodando su cabeza encima del regazo del pelinegro.
Sasuke estaba sentado en la pared de afuera del balcón mientras acurrucaba a Sakura en su regazo. Acariciaba su pelo, luego su brazo, deteniéndose cerca de su estomago.
—Espero que de verdad estés embarazada. — acarició la tripa por encima del vestido rojo. — Por que si no, has ganado un poco de peso. — bromeó palpando su hinchada barriga.
—¡Calla! Seguro que lo estoy. Nunca he comido de más y entreno todos los días. — Hinchó sus mofletes, pero se le fue el enfado al ver la cara de entusiasmo del pelinegro. — Mañana iré a hacerme las pruebas.
Y con una cara de satisfacción, ambos se quedaron hablando un poco mas mientras contemplaban las iluminadas estrellas, custodiando aquella luna llena que iluminaba sus caras con un manto blanquecino.
—Te lo dije. — comentó Ino mientras miraba una hoja garabateada. — Te dije que estabas emba... ¿Sakura? — La pelirosa estaba mordiéndose el labio inferior mirando a su amiga fijamente. — ¿Qué?
—¿De cuánto? — preguntó emocionada mientras se subía y bajaba la camiseta.
—A ver... — revisó con la mirada todas aquellas frases innecesarias. — Vaya... estas de tres meses. — miró la tripa de su amiga con recelo. —Eso no esta lo suficientemente hinchado para los meses que llevas.
—No te preocupes. Algunos fetos cogen el tamaño a mitad del embarazo. — se colocó bien la sudadera y se sentó sobre la camilla.
—No hace falta que te diga lo que debes hacer, ¿no? — vio como se colocaba de nuevo los zapatos y se dirigía a la puerta sin contestarle.
Estaba tan emocionada y concentrada en su camino hasta encontrar a su novio, que a varias enfermeras no le devolvió el saludo ni se dio cuenta del llamado de la quinta, quien tuvo que ir rápidamente Ino a explicarle el motivo antes de que entrara en cólera.
Cruzó varias calles de la Hoja hasta dar con la parada que quería: Ichiraku. Podía diferenciar varias espaldas. Una era de un color oscuro hasta el cuello, y la otra completamente azul con el símbolo Uchiha en toda la espalda. Todos ya sabían del presunto embarazo de la ojijade, así que estaban igual de intrigados en saber la respuesta.
—Sasuke-kun. — llamó Sakura desde el medio de la calle. El llamado se giró de golpe, observando la gran sonrisa que llevaba su novia en la cara. En seguida captó el mensaje y saltó rumbo a ella, agarrándola de la cintura y dando vueltas juntos
—¿En serio? — le preguntó una vez que la dejo en tierra. Ella asintió animadamente con la cabeza y la abrazó. La abrazó tan fuerte que podría partirle cualquier hueso. — Lo siento. — la soltó rápidamente al recordar en la situación en la que estaba. La Haruno empezó a reírse por el comportamiento de su novio.
—¿Qué pasa? — preguntó un rubio que había contemplado la escena desde el taburete.
—Naruto, vas a ser tío. — informó el Uchiha todo orgulloso.
—¡¿Qué?! ¿En serio? — se le formaron estrellas en los ojos. Estaba a punto de lanzarse para darle un abrazo a Sakura, cuando una palma de la mano se le cruzo en toda la cara.
—¿Donde crees que vas? Sakura no puedo recibir movimientos bruscos, y sabiendo como eres tú, estarás alejado de ella por lo menos a un metro. — advirtió el pelinegro mientras arrastraba al rubio a la distancia que había dicho.
—Sasuke, creo que estas exagerando... — susurró la ojijade con una gota en la cabeza.
—Debes tener un embarazo sano. — le contesto mientras forcejeaba con el rubio.
—Vamos, teme, ¡solo quiero felicitarla!
—Puedes hacerlo desde aquí.
Y así estuvieron un par de minutos hasta que Sakura se cansó de la situación y la vergüenza que le estaban haciendo pasar, y les dio varios coscorrones finalizando la escena.
Desde unos arbustos, alejados de ellos pero lo suficiente cerca para oír, unos ojos albinos miraban a la pelirosa con hambre mientras se relamía los labios y ofrecía una sonrisa torcida.
—Embarazo, ¿eh?
Próximamente: Eligiendo nombre.
