¡Buenas! Uh, cuanto tiempo sin pasar por aquí. Siento mucho la tardanza... Vaya... de casi un año. De verdad que lo siento mucho mucho, pero aquí estoy de nuevo. Con un capitulo algo mas corto porque me ha costado mucho seguirlo después de leérmelo de nuevo. Prometo que las actualizaciones serás mas rápidas. ¡Espero que os guste!
Empezó a abrir los ojos lentamente, intentando clavarlos en algún punto para que la vista borrosa se esfumara. Un terrible olor a moho y a agua corrompida le hizo poner una mueca de asco. Miró a su alrededor. Todo estaba oscuro menos en una parte donde un pequeño halo de luz se colaba por una grieta. Se acercó a esta arrastrándose; el dolor y pinchazos que sentía en su barriga le incapacitaban para hacer movimientos como el levantarse. Se apoyó varios ladrillos destrozados, y haciendo uso de estos, logró recomponerse un poco, lo suficiente para que uno de sus ojos vieran a través del agujero.
Dos hombres; uno de mediana edad y otro joven, de aproximadamente de la edad de ella, estaban sentados en una pequeña mesa. El mayor, daba vueltas en círculos murmurando cosas mientras que el joven, jugaba con el filo de una cuchilla.
—¿Crees que va a salir bien todo esto?— Preguntó al hombre de pie mientras se paraba en la otra punta de la mesa y se sentaba en esta.—
—No tienes de que preocuparte, nuestro jefe es muy cuidadoso para estas cosas.— Contestó el mas joven. Clavó la daga en la mesa y se levantó de su sitio para dirigirse a un gran armario y sacar del cajón un sobre. Volvió a la mesa y abrió el contenido, esparciendo varias fotos sobre esta.
—Si el plan va tal y como lo hemos pensado...— Miró al contrario con una sonrisa, cogiendo una foto y riendo levemente.
—Sí... Tendremos lo que siempre nos merecimos; un heredero del clan Uchiha.
La pelirosa, quien estaba escuchando todo, empezó a temblar. ¿Qué era todo eso? ¿Y quienes eran ellos? Pero mas importante, ¿por qué querrían a su bebe? Se acarició la barriga frunciendo las cejas. Sea lo que sea no lo iba a permitir. Iba a alejarse de la pared cuando volvieron a hablar.
—Bien, ya hemos cumplido una de las dos cosas mas importantes.— Sacó un frasco de su bolsillo, el mismo que ella tenía con aquellas pastillas para su presunta enfermedad. El otro hombre empezó a reírse.
—No me puedo creer que haya caído en eso. La verdad es que esa parte ha sido lo mas fácil de plan; ni hemos tenido que insistir.— Cogió el bote de la mano de su compañero y lo zarandeo un poco— Esto no le va a causar daños al bebe, ¿no?— Alzó una ceja a la par que le tiraba de vuelta el frasco.
—Para nada, esto solo hace que se acelere el proceso de embarazo. Si a alguien le tuviera que pasar algo, sería a la madre.— El joven se sentó de nuevo, sacando un reloj de bolsillo.
¿Qué había hecho? Se frotó la barriga con lagrimas en los ojos. Había escuchado de esas pastillas y de lo que producían, por eso se prohibieron en casi todos los países. Se tapó la boca para reprimir sus sollozos, dejándose arrastrar por la pared. "Estúpida", se repetía mentalmente, aunque estaba un poco aliviada al saber que a su bebe no le pasaría nada. Tenía que salir de ahí y encontrar a Sasuke como sea.
Quería volver a casa. Sentarse en su cómodo sofá mientras su novio le acariciaba un brazo y conversaban sobre trivialidades. Quería volver para enfadarse con el pelinegro cada que hacía algo mal en los quehaceres. Quería envolverse en sus brazos. Lágrimas incontrolables caían en cascada desde sus ojos.
—Que he hecho... — Susurró.
Por otra parte, Sasuke no estaba en muy buenas condiciones tampoco. Desde hace unas horas había empezado la misión y aquel extraño señor no paraba de mirarle desde atrás. Un tic salía de una de sus cejas a cada paso que daba, pero estaban solos, así que debía de concentrarse en la misión y acabarla de una vez.
Estaban saliendo de un frondoso bosque cuando el movimiento repentino de un matojo de arbustos lo puso en guardia. Preparó su mano, posándola en el mango de la katana y acercándose lentamente. Estaba a punto de apartar unas cuantas ramas cuando, de estas, una pequeña familia de conejos huían temblorosos de aquel lugar. Suspiró, dejando caer el brazo tenso.
—Oh, vaya, que linda familia de conejitos— Comentó aquel hombre, quien estaba a un lado del pelinegro. No se había dado cuenta de su presencia, e interiormente había pegado un pequeño bote, pero no lo iba a mostrar.— ¿Tiene usted familia, joven?— Preguntó con una voz demasiado armoniosa para lo que él había venido a hacer aquí.
El Uchiha respondió con un "hmp" y prosiguió el camino. No tenía ganas de hablar, y menos con aquel señor al que tenía que custodiar e investigar. Pero claro, si tenía que investigar tendría que hablar. Un tanto molesto por aquello, se aclaró un poco la garganta y se acercó al señor, quien lo miraba con una gran sonrisa.
—Tengo a alguien esperándome en casa.— Contestó, mas avergonzado que de costumbre. Hablar de esas cosas no eran su fuerte, mas que nada porque no estaba acostumbrado.
—Oh, ya veo. Es muy afortunado, joven... — Mientras hablaban, se iban acercando a lo que parecía ser un acantilado y posiblemente la tumba de aquellos que se habían acercado lo suficiente para ver el final de este.— Luego de la masacre de su clan pensé que renegaría de la vida y acabaría con la suya.— El tono de voz del contrario iba cambiando mediante decía aquella frase.
Todo paso muy deprisa. Aquel hombre se transformó adquiriendo una cara demasiado conocida pero que no lograba asociar con ningún nombre. Varias cicatrices cruzaban su cara, siendo casi paralelas. De un saltó, se alejó de este, desenfundando su katana.
—Nos has hecho un favor. ¡Un gran favor!— Empezó a reírse estruendosamente, mostrando todos los dientes.— Nos has ahorrado el encontrar tu cuerpo, y mas que eso, ¡nos has dado un hijo!— Alzó las manos al cielo mientras se acercaba a este dando tumbos.
—¿Hijo? ¿Cómo sa-— Y entonces la imagen de la pelirosa apareció en su mente.— Que has hecho con Sakura.—Su semblante se volvió mas serio, activando el sharingan. Ya estaba preparando mentalmente unas cuentas muertes cuando el hombre empezó a mover las manos despreocupadamente, restandole importancia al asunto.
—La cosa es lo que has hecho tú.—Caminó a su alrededor, colocándose las manos entrelazadas por detrás de su espalda.—Dejar a tu mujer sola, indefensa, nunca sabes lo podría ocurrir.—Ante esto, y de un golpe, el Uchiha cortó por la mitad a aquel extraño, pero en cuanto le rozó, su cuerpo de convirtió en pequeñas agujas. —No sé si te acordarás... Eras muy pequeño...—Continuó hablando desde la rama de un árbol mientras jugaba des interesadamente con un kunai.—Tu clan y el nuestro eran muy cercanos. Teníamos varios tratos y siempre nos apoyábamos. Hasta que... —Clavó con fuerza en cuchillo entre la madera—¡Hasta que el estúpido de tu padre nos traiciono!
El pelinegro no lograba entender nada, ¿quién era ese sujeto y como conocía a su padre? Pero no le iba a preguntar aquello, tenía que preguntar una cosa mucho mas importante. Guardó su arma y se plantó bajo la rama donde estaba aquel hombre.
—¿Donde está Sakura?—Volvió a preguntar, a duras penas, ya que apretaba los dientes con tanta fuerza y odio, que casi ni lograba vocalizar.
—Tu padre, tu padre... —Negó con la cabeza, poniéndole demasiado actuación.—Era un buen hombre. Tenía sus puntos claros desde joven y eso impulsó a nuestro clan a montar una rebeldía.—Sasuke alzó una ceja. ¿Rebeldía? ¿De qué estaba hablando? Se estaba empezando a impacientar por no recibir respuesta a su pregunta, así que haciendo uso de su chidori, logró hacerlo volar.—Hasta que apareció aquella mujer...—Volvió a posarse en otra rama, riéndose por la expresión que el joven había adquirido tras decir aquello.—Sí, estoy hablando de la zorra de tu madre.
Y sin mas, volvió a recibir otro ataque ahora mucho mas cargado de rabia. Sacó su katana y activó el sharingan. Quizás, matándolo ahora y volviendo rápidamente a la Hoja podría encontrar a su mujer antes de que le sucediera nada.
—Las mujeres siempre lo estropean todo...—Susurró.—Pero son buenas contenedores, solo mírate.—Lo señaló con una gran sonrisa—¡Vas a ser papa! —Aplaudió como si hubiera ganado un premio para luego parar de golpe y agachar la cabeza, ocultando su cara.—Lastima que no lo vayas a conocer...—Y con esto último, desapareció, volviendo a dejar en su lugar varias agujas.
No tardó ni varios segundos en reaccionar y volver por el camino que había estado atravesando. Muchos pensamientos se mezclaban en su cabeza y no podía ordenarlos. Sakura, clan, padres, señor raro. Pero ahora mismo solo le importaba una única cosa o mejor dicho, persona. Como no sea así juraría que rodarían cabezas y no precisamente las de ajo.
Volvió a despertar. Uno de los brazos le dolía por haber dormido en una mala posición. ¿No había sido un sueño? No, las paredes mugrientas y el suelo mohoso le volvieron a la realidad. ¿Cuanto tiempo había pasado? Quizás horas. ¿Se habrán dado cuenta de su ausencia? Volvió a sentarse apoyando su espalda contra la pared. Los dolores no cesaban y se iban incrementando; aguantando los gritos y el dolor para no ser detectada por sus raptores.
¿Que pasará en el momento en el que de a luz? ¿Le quitaran a su hija? No, no, no lo iba a permitir, lucharía aunque sea con uña y carne. Se volvió a retorcer de dolor. Una capa de sudor estaba pegada en su frente mientras respiraban irregular. No, no ahora. Intentó aguantar esos dolores, se mordió el labio y agarró una pequeña piedra que no tardó ni varios segundos en ser destruida.
—¿Eh?—Sentía como algo se escurría entre sus piernas. Se metió la mano entre ellas para luego volver a sacarla con un liquido que conocía bastante bien.—No, por favor, ahora no.—Lloriqueó mientras gemidos leves salían de su boca.—
—¡Oh! ¡Jefe!—Escuchó desde su posición, parecía que otra persona mas había aparecido en aquella sala.
—¿Cómo ha ido? ¿Lo has matado?—Los ojos de la pelirosa se abrieron de golpe, escuchando una risa siniestra desde el otro lado.
—No... No lo he hecho.—Escuchó el trinar de una silla arrastrandose y luego escuchar un golpe en seco.—Lo he... dejado vivo.
—¿Sabe las consecuencias que eso llevará, no?—¿De qué estaban hablando? Intentó recomponerse para mirar de nuevo por aquel agujero, pero solo conseguía incrementar su dolor.
—No te preocupes, no podrá hacer nada mientras los tengamos.—La respiración de la chica iba volviéndose cada vez mas fuerte, hasta el punto en el que no podía aguantar los gritos.
—Esperemos que el proceso sea mas rápido de lo esperado y nos deshagamos de ella cuanto antes.
¿Deshacerse? ¿De quién? No logró pensar mucho. Se agarró a las paredes y haciendo uso de toda su fuerza logró levantarse. No, no sería en aquel lugar. Con una mano guiándose por las paredes, y a otra agarrando su barriga, logró llegar a lo que parecía el pomo de una puerta; pero como no, estaba cerrada. Le dio varios empujones para ver si cedía, pero nada. Sabía que era un caso perdido emplear toda la fuerza que le quedaba para hacer añicos esa puerta. Volvió a respirar fuerte tras otro pinchazo y volvió a sentarse en el suelo, a un lado de la puerta; lo suficiente mente lejos.
Y tan rápido como se sentó, tan rápido se abrió la puerta para que, tres siluetas que sabía muy bien quienes eran, se miraran entre ellos con una gran sonrisa.
—Ya esta preparada—Logró reconocer la voz del mas joven. Uno de ellos se acercó a esta, alargando sus brazos hacía ella para intentar cogerla. De un rápido movimiento de manos le estampó uno de sus puñetazos en la cara, lanzandole un par de metros atrás. Pero esa felicidad no duro mucho cuando se vio sujetada por otras cuatro manos, inmovilizándola.—¡Vamos, rápido! Está a punto.
Ya cansada, se dejo alzar por los fuertes brazos de aquel que le pegó el puñetazo, saliendo de aquella mugrosa celda. Cegándole la luz del exterior.
—Llévala a la habitación de las operaciones, voy a buscar unas cuentas cosas.—Ordenó la voz que momento antes había entrado a la sala de al lado.
—Que vais a hacer con mi hijo...—Logró balbucear la chica entre mareos y dolores. La vista se le había nublado y sentía cada parte de su cuerpo tensarse.
La recostaron en una camilla algo sencilla. Varios taburetes estaban a su alrededor. No había nada mas aparte de un par de estanterías y muebles destrozados. Se agarró por impulso a los barrotes que estaban a cada lado de ella y empezó a gritar con fuerza. La vista le iba volviendo a ratos para fijarse en las dos personas que estaban a cada lado mirándole con una gran sonrisa, para nada reconfortante.
La puerta se abrió y varios pasos se acercaron a ella. Intentó cogerle una de las piernas pero la chica la apartó bruscamente a lo que el contrario sonrió. Sacó una aguja de su bolsillo y sin pensárselo dos veces se lo clavó en el pie.
Sus sentidos quedaron paralizados. Solo escuchaba voces a sus alrededor que no paraban de susurrar cosas que no lograba entender. El dolor había desaparecido y con ello su angustia. Parecía que estuviera flotando por una nube; pero todo eso se acabó cuando una voz le empezó a pedir que empujara. Y como si fuera una mandada, empezó a hacerlo. ¿Dónde estaba? ¿Quién era? ¿Qué estaba pasando? No entendía nada. Solo escuchaba las ordenes de aquel personaje que no paraba de gritarle.
