Capítulo 7
Esta rapsodia está repleta de las emociones que siento día a día, Es para la gente que me apoya siempre, Deja que mi aprecio te alcance. Gracias por todo, muchísimas gracias, No importa dónde estés, te estoy agradecido.
—Thank You. De: HOME MADE Kazoku.
Los días habían pasado y tal como acordaron se reunieron para entrenar juntos en Seireitei, ese lunes practicaron con Orihime todo el día según lo planeado, y descubrieron que Orihime adoptaba muchas características de los animales en que se transforma, como cuando convirtió sus piernas en las patas de un conejo y salto casi 5 metros en el aire.
—¡Increíble! —grito Yūshirō eufórico al verla saltar tan alto.
—Tu habilidad es asombrosa, Orihime —dijo Uryu asombrado.
—Wow tengo mucho que entrenar, si no quiero que Blitz sea más veloz que yo —bromeaba Ichigo.
—¡Ahora tenemos a alguien más para competir! ¡Es grandioso! —exclamó Yūshirō por la emoción.
La rutina para esa tarde fue competir de diferentes formas en contra de la peli naranja para poner a prueba su resistencia, tanto para ver que tan rápido podía cambiar, así como para ver cuanta fatiga podía soportar sin que fuera grave. Claro que eso también significo que cada uno se esforzara igual que ella, aunque la mayoría desconociera por completo el efecto adverso que todo ese ejercicio les causaría.
Al día siguiente casi ninguno del grupo asistió siquiera a la escuela, se habían excedido con el esfuerzo físico y no fueron capaces ni de salir de sus camas, salvo por Tatsuki y Tōshirō, quienes estaban algo más acostumbrados al ejercicio extenuante, pero no estaban exentos del todo a sentir algo de dolor al moverse de manera brusca, por lo menos no estaban tan mal como los otros.
—¿Crees que estarán bien? —preguntó Tatsuki.
—Sí —contesto Tōshirō sin mucho interés—, Pero seguro que se deben estar sintiendo morir justo ahora.
—Eso es seguro, sobre todo Uryu—comentó la pelinegra conteniendo una carcajada.
Cuando llego el miércoles y ya todos estaban recuperados, aunque un poco adoloridos, decidieron continuar con el orden acordado. Así que ese día se centraron en Uryu, el cual término el día con una gran jaqueca producto del uso continuó de su habilidad, pues no solía hacerlo por periodos largos de tiempo y menos en varias ocasiones.
—No quisiera repetir esto —dijo Uryu con sus palmas sobre sus ojos.
—Relájate un dolor de cabeza, no te matará —hablo Tōshirō entregándole una toalla húmeda al de lentes.
—Qué bueno que hoy no tuvimos que movernos mucho ¡Aún estoy exhausto del lunes!
—Sí, no pensé que sería tan agotador —comentó Orihime.
—Necesitan hacer más ejercicio —hablo Tatsuki con tono severo.
Para no excederse más de la cuenta, ese día decidieron centrarse en las habilidades más pasivas del de lentes, como poder saber en donde estaban sin ver o tratar de disminuir el tiempo que le tomaba convertir su aura en energía física
Al final, el grupo decidió practicar algunos ejercicios de calentamiento y así evitarse repetir el malestar general que les provoco el primer entrenamiento, de paso su mejor rendimiento físico ayudaría para hacer más creíble la historia que inventaron para sus padres.
—Ayer sentí que moriría en cualquier momento por el dolor —contaba Ichigo mientras se estiraba en el suelo para tocar los dedos de sus pies, con ayuda de Yūshirō.
—Yo sigo sintiendo que podría hacerlo —añadió Orihime haciendo estiramientos a los lados imitando a Tōshirō.
—Tienen mala resistencia, pero se acostumbraran o se enfermaran, de eso no hay duda —comento Tatsuki que tenía los brazos entrelazados con los de Uryu de espaldas para ayudarlo a estirarse.
—Gracias por esas palabras de aliento, Tatsuki —le respondió el peli negro irritado.
El jueves todos se sentían agotados cuando llegaron a Seireitei, no pensaron que sería tanto trabajo, incluso Yūshirō se veía apagado, pero no podían dejar eso a medias luego de tantos preparativos, sin contar el dolor del martes, no querían rendirse así que siguiendo el plan se dedicaron toda la tarde a entrenar con Ichigo, quien, para suerte de Tōshirō, se sentía tan exhausto que ni siquiera hizo una tan sola broma en todo el día.
—Estoy... muerto... —hablaba Ichigo tirado en el suelo tratando de calmar su agitada respiración.
—Ja, ¿no eras tú el que decía "Puedo seguir TODO el día"? —se mofaba Uryu del fatigado Kurosaki—, Aunque debo admitir que resististe más de lo que creí.
—Y puedo hacerlo, Inazuma... solo deja que recupere... él... aliento —Se esforzaba por hablar el pelinaranja.
—Ni siquiera puedes sentarte, Ichigo, no podrías dar dos pasos antes de caer —interrumpió Yūshirō con un tono juguetón común en él, estaba tratando de aprovechar el momento para irritar a Ichigo que era por lo general el más difícil de provocar.
—Sería gracioso de no ser porque tú no estás mejor, Yūshirō.
Renegaba Tōshirō, pues él peli morado se apoyaba en él para poder caminar, había quedado rendido luego de ser el rival de Ichigo en varias carreras donde más que probar distintas formas de usar la habilidad del mayor, se dedicaron únicamente a competir por saber quien era más rápido. Lo único que lograron con eso fue descubrir que Ichigo posee una gran resistencia para utilizar su habilidad durante horas antes de comenzar a sentir alguna clase de efecto adverso.
—Es increíble que puedas usar tus habilidades tanto tiempo, Ichigo.
—No lo halagues, Orihime, le darás alas para presumir y estoy muy cansada para tener que aguantarlo.
—Déjala, aunque quiera hacerlo, dudo mucho que pueda en este momento, solo míralo —Tōshirō señalo a Ichigo que aún respiraba agitado en el suelo y dejaba a Yūshirō sentarse en una banca.
—Es una lástima que no pueda ser así siempre —Uryu sonreía con la sola idea de que Ichigo ya no lo molestara con sus bromas.
—¡Oigan!, no estoy muerto... puedo oírlos —reclamaba Ichigo que ya comenzaba a respirar más tranquilo.
—No recuerdo haber corrido tanto en mi vida, ¡tenemos que volver a hacerlo!, ¡fue muy emocionante!
—¿Cómo puedes tener energía aun? —pregunto el peli naranja incrédulo.
—Ese es mi secreto, Ichigo, tengo energía siempre, ¡soy incansable!
—Sí, tan incansable que no te puedes levantar —Tōshirō bajo al moreno de su nube de ego, provocando sin intención que todos rieran.
Luego de un rato entre risas, y aprovecharse de que Ichigo no podía defenderse de las bromas, el grupo decidió que volverían a sus casas más temprano, pues no tenía caso quedarse más tiempo si el Kurosaki no podía seguir.
Todos decidieron que se irían juntos en el mismo auto para aprovechar algo más de tiempo para molestar al exhausto Ichigo.
De forma similar a un par de semanas atrás, dentro del auto solo quedaban Tatsuki y Tōshirō los cuales estaban algo nerviosos por llegar a su destino.
—¿Y bien?
—¿Y bien, qué? —pregunto la pelinegra de vuelta.
—Ya sabes, ¿él no se ha dado cuenta de nada?
—Creo que no, por ahora —En su voz se notaba la preocupación.
—¿Qué hay de ti?, ¿ella sospecha?
—Yo... —se removió incómodo en su asiento y sintió un escalofrío recorrer su espalda—, Quiero pensar que no.
—Si llegan a enterarse, estaremos muertos.
—No debimos hacer esto, ¡fue una mala idea! —Tōshirō gritaba en voz baja, preocupado.
—Ya es muy tarde para arrepentirte, todos estamos en esto —Tatsuki trataba de sonar autoritaria, pero su voz la traicionaba y hacía evidente su temor— Y ya casi llegamos.
Los adolescentes observaron casi aterrados la casa del menor sin intenciones de bajar del vehículo, no querían encarar lo que fuera que les esperara en el interior del lugar, ambos tenían cientos de pensamientos acerca de los posibles escenarios que encontrarían adentro y ninguno era bueno o al menos tranquilo haciendo crecer más su ansiedad junto al deseo de pedir al chofe regresar a Seireitei con ellos. Estuvieron postergando el momento de entrar quedándose en el auto, pero finalmente bajaron, En parte creyendo que el chofer se lastimaría la garganta por forzarla tanto al toser en un intento por hacerlos bajar de forma "educada".
Una vez frente a la puerta se tomaron algunos minutos antes de que Tōshirō abriera la puerta intentando tomar algo de valor para lo que fuese que los estuviese esperando adentro de la residencia Hitsugaya, tan pronto como entraron su temor se esfumó al no ver a nadie en el recibidor.
Respiraron aliviados hasta que el sonido de un golpe seco proveniente del comedor los puso en alerta, se apresuraron al sitio de donde venía aquel ruido y apenas entrar al comedor de la casa, se toparon con una escena ya algo conocida por ambos, pero igualmente algo incómoda de presenciar.
En la mesa estaban, Kisuke, el padre de Tōshirō junto a Ryuji, el padre Tatsuki, ambos jugaban vencidas y el golpe que escucharon no era otra cosa más que el sonido de sus brazos al impactar la mesa, el de Kisuke siendo más específicos.
Ryuji es un hombre alto, apenas unos centímetros más bajo que Kisuke, de piel clara, cabello negro igual que su hija, ojos de un color marrón tirando a rojo, suele ser muy serio y tener cara de pocos amigos, siendo la única excepción cuando está con su familia donde lo normal es que tenga siempre una gran sonrisa como en ese momento.
—¡Ah, niños! —saludo con ímpetu a los más jóvenes— Al fin llegan, creí que tendría que ir a recogerlos. ¿Y qué son esos modales, no piensan saludar? Saben que no deben olvidar sus modales.
Ambos se enderezaron como si fueran militares para saludar a sus padres.
—Buenas noches, Padre, tío Kisuke —Tatsuki saludo primero.
—Buenas noches, Papá, tío Ryuji.
—Excelente, siempre pongan en práctica lo aprendido, en especial tú, pequeño Tōshirō, no quiero que te vuelvas un debilucho como esta vergüenza que es tu padre.
—Sabes, Ryuji, aún estoy aquí y todavía sostienes mi mano, je, je —Se hizo notar Kisuke algo ofendido y nervioso porque Ryuji aumentaba la fuerza que ejercía en su mano derecha.
—Está bien, Kesuk, pero ya es hora de que te pongas en forma —dijo Ryuji pronunciando mal apropósito el nombre del rubio mayor para burlarse de él.
La interacción de ambos era observada con incomodidad por sus hijos, que no sabían que hacer ante esa peculiar situación, a pesar de que ciertamente era algo que solía pasar a menudo.
El pelinegro no era un hombre descortés en lo más mínimo, pero cuando se trataba de Kisuke sacaba a relucir su lado infantil e indisciplinado.
—Detente ya con eso, Ryuji, pareces un niño y avergüenzas a Tatsuki cuando lo haces —señalo uniéndose al grupo la madre del rubio menor.
En cuanto la vieron, ambos jóvenes la saludaron y se apresuraron a tomar asiento junto a sus respectivos padres. Puesto que Suì traía consigo la cena.
—Lo siento, mèimei, es solo que no soy capaz de tolerar que Hitsugaya sea tan débil —Señalo a Kisuke con desgano mientras evitaba verlo—, ¿Cómo te podría proteger a ti o al pequeño Tōshirō si algo pasa y no estoy?, no puedo confiar en él para algo tan importante.
El pelinegro exageró sus palabras al levantarse de la mesa, fingiendo indignación hacia Kisuke para luego volver a sentarse.
—Gège, ya han pasado más de 20 años, debes superar tus celos con Kisuke —pidió con voz suave y un tono algo cansado por todas las veces que habían peleado ya por lo mismo desde mucho antes de casarse—, Es demasiado no poder tener una sola reunión familiar sin uno de tus episodios de celos.
—Vamos, vamos, no es algo tan grave, Suì —interrumpió Kisuke de manera calmada—, Ryuji solomente se preocupa por ti y Tōshirō, además su forma de actuar es la típica de un hermano mayor protector.
—Kisuke, a veces eres muy indulgente —respondió Suí haciendo un gesto de negación con la cabeza en señal de derrota.
Ryuji observo con algo de arrepentimiento a Suì, decidió por esa noche fingir que Kisuke le agradaba por el bien de la cena que estaban teniendo y sobre todo para darle gusto a su hermana de tener una reunión pacifica.
—Dejaló, mèimei, ya no hare bromas, lo prometo.
—Asombroso —dejo escapar Tatsuki por la sorpresa de ver a su padre ceder.
Sintiéndose el centro de atención de inmediato se tapó la boca con ambas manos mientras su rostro se coloreaba de un leve tono rosa. Quería morirse ahí mismo, su padre le había dicho, cientos de veces, que no debía demostrar sus emociones de ese modo, pero el presenciar como su padre perdía una discusión, era tan extraño que ni siquiera pudo procesar sus palabras hasta después.
—No soy invencible y tampoco infalible, ya te lo he dicho, ¿no? —le sonrió cálidamente.
Ella solo asintió y volteo a ver a su tía que también sonreía, eso la reconforto lo suficiente como para poder respirar con tranquilidad otra vez.
El resto de la noche transcurrió sin contratiempo alguno, entre risas de parte de los cinco y algunos comentarios que llenaban de pena a los más jóvenes que no podían hacer otra cosa sino guardar silencio y fingir demencia.
Los adolescentes consiguieron escapar de sus padres cuando estos decidieron cambiar el comedor por la sala de estar y seguir conversando, momento que ambos aprovecharon para salir al jardín con la excusa de jugar con Ryu.
—Creo que por ahora aún podemos estar tranquilos —dijo Tatsuki luego de verificar que los adultos estaban concentrados en su plática.
—Sí, avisa a Ichigo, no hará falta fingir demencia para evitar ser castigados —pidió mientras se sentaba y llama a Ryu.
Luego de enviar un mensaje al peli naranja Tatsuki se sentó al par de Tōshirō para poder acariciar al perro que en ese momento se veía muy dócil.
—Es difícil creer que esta enorme bola de pelos pueda ser un muy agresivo guardián —mencionó sin dejar de frotar las orejas del can—, Solo míralo, es un cachorro grande.
—Sí, un cachorro con entrenamiento militar y problemas para obedecer —comento irónico mientras le pasaba a Tatsuki la pelota de Ryu.
—Mañana es el día, ¿piensas poder hacerlo?, no tienes que hacerlo, si no te sientes preparado, podríamos saltarte e ir directo a Yūshirō.
—Estaré bien, quiero hacerlo —hablo tranquilo y con voz baja—, He estado pensando mucho en todo lo que me dijiste y todo el drama que montaron hace días.
Recordó sonriendo un poco mientras veía a Ryu ir y venir por la pelota que Tatsuki no dejaba de lanzarle.
—Desde ese día es en lo único en mi mente —Giro su rostro para verla, estaba atenta a todo lo que decía —. Me hace sentir mal y creo que es porque tienes razón, quiero agradecerte por eso. Y para disculparme con todos, tal vez lo mejor será seguir con esto.
—Me alegra escucharte decir eso, parece que al fin estás creciendo "Shiro" —se burló la mayor haciendo que el menor se pusiera rojo de furia.
Tōshirō sin perder tiempo golpeo a Tatsuki en el hombro mientras le reclamaba por llamarlo de esa forma, a pesar de que esa acción solo logro que la pelinegra riera con más fuerza.
Pasado un rato entre bromas y conversaciones más triviales, llego la hora de que Tatsuki y su padre se fueran. Cuando los Arisawa se marcharon, el rubio subió a su habitación tratando de pasar desapercibido para sus padres, cosa que casi logra, pero su madre subió detrás de él y lo detuvo en la puerta.
—¿Te sucede algo?
"Tan directa como siempre", pensó el rubio mientras volteaba a verla con cierta confusión por su pregunta.
—No sé, dé que hablas, no me sucede nada solo... Estoy algo cansado —Se esforzó por sonar tranquilo y mantener una postura relajada, a pesar de que estaba entrando en pánico.
—Has estado volviendo a casa muy cansado toda la semana, ¿es solo por el ejercicio que haces con tus amigos en Seireitei?
—Eh, sí, es que corremos mucho y la mayor parte del tiempo terminamos tratando de atrapar a Yūshirō —Su pulso se aceleraba con cada palabra rogando al cielo, que su madre creyera que solomente eran cosas de jóvenes normales—, Ya sabes que él es como un correcaminos, entonces nos arrepentimos después.
Suì se quedó observándolo unos pocos segundos, buscando alguna señal en su rostro de que estuviera mintiendo, centro toda su atención en él hasta que lentamente poso su vista en la puerta de la habitación del menor. La puerta tenía un dibujo hecho directamente sobre la madera del rostro de un tigre, su mente divagó brevemente en el recuerdo de aquel día en que esa imagen fue plasmada en la madera, suspiro con calma, beso la mejilla de su hijo deseándole buenas noches y se fue.
El Hitsugaya menor estaba algo desconcertado, podría jurar que su madre lo acusaría de mentirle o algo peor, pero simplemente se limitó a darle las buenas noches, estaba mudo ante lo ocurrido y temiendo llamar la mala suerte se apresuró a entrar de una vez a su cuarto.
Tras hablar con Tōshirō, Suì volvió a la sala donde Kisuke la esperaba, sentado en el sofá junto a Ryu que estaba a su lado.
—Ryu, guard Tōshirō —ordeno la mujer al perro al mismo tiempo que alzaba su mano derecha con su dedo indice apuntando hacia arriba.
El can al verla y escucharla emitio un suave gruño, acto seguido subió a toda prisa las escaleras con dirección clara a la habitación del más joven.
—Oye, Suì, ¿por qué a veces haces señas cuando le das órdenes a Ryu?
—Trato de que asocie los gestos con las órdenes que recibe.
—Si te preocupa algo de Tōshirō y los otros niños, puedo revisar las cámaras —señalo con su mano derecha en dirección a su pequeña oficina en la planta baja—, Ya sabes que puedo controlar el "Eje X" desde aquí.
—Si, me preocupa, pero no por lo que hace con sus amigos, no ahora.
La mujer tomó asiento a un lado de su esposo, recostó su cabeza en el respaldo del sofá y contemplo el techo como si este pudiera darle las respuestas que buscaba.
—¿En qué piensas? —pregunto el rubio mientras tomaba una pluma y una libreta.
—Hay que comprar más comida para Ryu, revisar el armario de Tōshirō para saber si necesita ropa nueva, donar la ropa vieja que esté en buen estado... Necesitas nuevos trajes también.
Al escuchar lo último Kisuke se detuvo en su labor de anotar los pendientes que su esposa le dictaba para verla con ojos suplicantes y a la vez confundidos por lo recién anunciado.
—Pero ya tengo trajes, aún me quedan bien y no están en malas condiciones —Trato de argumentar.
—Son muy viejos ya, aunque estén en buenas condiciones, es tiempo de comprar otros, pensé en dárselos a Shirō, pero la diferencia de altura es aún es problema, por eso los donaremos.
—Pe–pero no es necesario, en verdad no necesito nuevos —Intento rogar.
—No puedes usar siempre los mismos y podemos aprovechar la oportunidad para comprarle uno a Shirō.
Kisuke solo acepto lo dicho y termino de escribir la lista de pendientes, no tenía caso discutir si su esposa ya había decidido lo que haría, por su parte Suì coloco su mano derecha en su rostro para cubrirlo mientras meditaba. El rubio la vio curioso, pocas veces la veía tan... frustrada, era poco frecuente que se agobiara por algo, casi sin importar lo que fuera.
—Sé que talgo te está molestando, últimamente estás más pensativa y se que tiene que ver con Tōshirō —Kisuke se sentó derecho para ver con detalle como reaccionaba la mujer.
—Me preocupa que no confíe en nosotros—respondió tras enderezarse en su asiento.
Su respuesta fue directa, igual que ella, eso lo hizo pensar que en ese momento Suì estuviese repasando cientos de motivos en su mente por los cuales Tōshirō podría desconfiar de ellos y quiso tranquilizarla.
—Es un adolescente, es normal que haya cosas que no quiera contarnos, yo mismo tuve una fase rebelde —admitió un poco avergonzado y riendo—, Él es un chico muy considerado con los demás, no creo que se meta en problemas, ¿qué es lo peor que podría hacer?
Ella lo miro con extrañeza al principio, pero luego suspiro para recostarse de nuevo sin ver al rubio directamente.
—Tú te escapaste de casa —acuso preocupada.
Kisuke se quedó de piedra unos segundos, esa afirmación lo había tomado desprevenido y no estaba seguro de que responder al respecto.
—Yo... Mi situación era diferente, tenía muchos problemas en casa con mi padre —Esos recuerdos eran molestos para Kisuke, era consciente que no fue su mejor momento—, Además que de no ser por eso, no te habría conocido y eso es suficiente para que no me arrepienta de nada.
Suì le sonrió, se acercó para besar su mejilla con gentileza antes de decirle:
—Lo siento, no pensé bien lo que dije, no era mi intención, traerte malos recuerdos.
—Sé que es cierto —Sonrió de oreja a oreja viendo su oportunidad de librarse de una tarea muy complicada—. Pero, si en verdad lo sientes, puedes ayudarme con "eso".
Suì arrugo el rostro ante la sugerencia de Kisuke, pero termino aceptando, sabía que en realidad era solo una forma de asegurarse que se quedara en casa por más tiempo y en esta ocasión, aunque sea una tarea que le desagradaba, estaba dispuesta a realizarla contal de quedarse más tiempo.
—¿Cuándo deberían llegar? —cuestiono ella.
—Ya llegaron de hecho.
Afirmo él sorprendiéndola, algo difícil de lograr, pero no dijo nada y nada más dejo que Kisuke la pusiera al tanto de todo.
—Pero no se nos unirán oficialmente sino hasta la próxima semana... aún tienen sus reservas —Suspiro cansado—, Todo ha sido muy complicado. Isshin me aviso hace algunas horas que llegaron ayer y tengo mucho por hacer.
—Tenemos —lo corrigió mientras se levantaba y caminaba en dirección a la oficina para comenzar a trabajar seguida por él.
(*)
—¡Di Roy! —llamo molesto.
En respuesta al llamado, el joven se apresuró a llegar con su jefe tan rápido como pudo.
Bazz B tenía la reputación de ser hombre muy educado, considerando lo que hacía y quien era, de no ser por su apariencia extravagante, cualquiera podría pensar que era un importante hombre de negocios, pero su limitada paciencia se encargaba de mostrar al sujeto iracundo y violento que podía ser, y era eso precisamente a lo que sus diez acompañantes le temían.
—Señor —contesto con respeto y temor.
—¿Estás seguro que esos enanos te dijeron que a esta hora llegaría? —preguntó fastidiado, refiriéndose a los adolescentes que, hasta esa mañana, cuidaban a Kugō en el edificio donde se encontraban.
—Sí, señor, muy seguro —contesto con voz temblorosa.
Los diez hombres, sin contar a Di Roy, que hacían de escoltas para su líder se mantenían tensos rogando para que no tuviese ningún arranque de furia, no importaba que fueran 10 contra 1, era un hecho que no saldrían muy bien parados si se veían en la necesidad de contener a su jefe.
—Malditos hombres ricos, creen que por su dinero están por encima de todos los demás, ese idiota tiene suerte de ser tan influyente o hace tiempo lo habría matado.
—Veo que sigues tan enérgico como siempre, Bazz B.
Al escuchar su voz todos los presentes, incluido el pelirrojo recién nombrado, sintieron una gran presión sobre ellos, un silencio abrumador los envolvió en cuanto notaron la presencia del hombre que acaba de aparecer caminando tranquilamente por las escaleras.
Bazz B se quedó helado unos segundos, completamente estático, pero su orgullo lo hizo desobedecer a su sentido común, no debía mostrarse débil ante sus compañeros y no le daría el gusto al castaño de verlo amedrentado por su sola presencia.
—Usted tampoco cambia, Aizen.
—¿Dónde está Kūgo?
—Detrás de esa puerta —A punto con la cabeza una puerta fuertemente asegurada por fuera que estaba al final del pasillo—, Espero que haya traído el pago.
El castaño sonrió mientras chasqueaba sus dedos para que un joven rubio, bajito y delgado de ojos violetas que lo acompañaba le extendiera un papel y un pequeño maletín al líder de The Heat quien en lugar de aceptarlo complacido, lo recibió con una mueca de molestia en su rostro.
—Di Roy, lárgate y dale esto a Yylfordt.
Extendió molesto el maletín al joven peli gris, y observó sin cambiar el gesto en su rostro el papel que tenía escrita una dirección, luego se centró en el castaño frente a él.
—¿Qué es esto? —Señalo al lugar por el cual Di Roy había desaparecido—, ¿Qué significa este papel? —Apunto el papel en su mano.
Sōsuke con mucha calma, giro su rostro para comenzar a caminar hasta el punto donde Ginjō se encontraba, dejando a su joven acompañante atrás para que lidiase en su lugar con el pelirrojo.
—El señor Aizen quiere recompensar su buen trabajo como es debido, mañana a las 5 pm en el sitio indicado —Señalo el papel que Bazz B aun sostenía—, Podrá recoger el resto del pago y un pequeño obsequio de su parte.
Tras explicarle al hombre lo que debía hacer, camino para alcanzar a su jefe quien estaba tocando la puerta, el castaño le dio instrucciones de quedarse junto a la puerta mientras él entraba.
Pasado un minuto aproximadamente del interior de aquella habitación escucharon una voz algo ronca diciendo:
—Al final si volvió por mí eh, estaba pensando en largarme si no aparecía.
Ignorando las palabras de Kūgo, Sōsuke ingreso a la habitación, abriéndose paso a través del desorden para poder encender la luz, al hacerlo dejo a plena vista el desastre en el que se había convertido la habitación.
—Veo que te mantuviste ocupado, eso es bueno. ¿Qué decidiste? —pregunto parado en el centro de la habitación.
Kūgo lo observo fijamente durante al menos un minuto sin emitir sonido alguno o siquiera moverse, luego se levantó con lentitud de la vieja y destrozada cama para quedar frente a frente con el castaño.
—Me decidí... Por mi única opción, Señor Aizen —Hizo una reverencia al castaño antes de agregar—: No soy lo suficientemente estúpido para ir en contra del hombre que me dio esto —Alzo su mano derecha y chasqueando sus dedos, creo una flama que luego disperso por su mano creando algo similar a un guante—, Y estoy seguro de qué esto no es lo único que este poder me permite hacer.
—Excelente. Entonces ven conmigo Kūgo, y no me decepciones —Se dio la vuelta para salir del sitio, pero giro un poco su rostro para ver a Kūgo antes de avanzar y decirle—, No te preocupes por tus sueños, si vienes, todo tendrá sentido a su tiempo.
Kūgo se sorprendió por las palabras de Aizen, pero lejos de asustarlo o intimidarlo, eso solo lo motivo más a seguir al castaño, él estaba dispuesto a todo con tal de poder ser el quién viera a todos desde su hombro ahora, no importándole lo que tuviera que hacer para conseguirlo.
Continuará...
BlackAngelN:
Llegar hasta aquí no es fácil, comenta o pregunta sovra cualquier duda, esas cosas motivan a escribir.
Espero que la extensión de los capítulos compense la lenta actualización.
Notas:
Gège: hermano mayor, en chino.
Mèimei: hermana menor, en chino.
Kūgo tiene sus poderes de Fullbring, solo que me tome la libertad de darle todo el abanico de poder básico que un Fullbringer tiene, como se ve en las novelas de Bleach: Can't Fear Your Own World.
Pd. ¿Han notado las referencias que he puesto en algunos capítulos?, ¿pueden comentar alguna si es así?, los leo con gusto.
Fecha de subida en Fanfiction: 25/12/2022
Fecha de subida en wattpad: 15/05/2022
