Capítulo 8
La campana del destino está sonando, ¿deletreará de nuevo el color del mañana? Felicidad o tristeza, son decisiones que no podemos tomar, aun si cada lágrima y sonrisa adornamos con flores.
—Anima Rossa. De: Porno Graffitti.
Kūgo siguió al hombre de cabellos castaños con determinación mientras salían de aquel lugar destartalado, con olor a humedad y lleno de moho. Vaya que estaba feliz de por fin salir de ahí, no iba a extrañar nada en absoluto de su nada placentera estancia en ese sitio.
Mientras seguía a su jefe fuera del edificio tratando de evitar que la luz de la mañana lo cegara, se percató, algo tarde, del "niño" rubio que caminaba al lado del castaño, lo observo con algo más de interés, notando que el traje que llevaba era muy caro, demasiado, pero aun así, le quedaba un poco grande. Extraño, tomando en cuenta lo costoso que debía ser.
Se concentró en la vista de perfil que tenía del menor, había algo en su expresión vacía y distraída que no lo dejaba tranquilo. Su insistente mirada sobre el rubio llamo la atencion de Sōsuke, solo basto ver por unos segundos a Kūgo para saber lo que pensaba y hablarle.
—Su nombre es; Wonderweiss —Soltó sin más, sorprendiendo a Kūgo por responder su pregunta no formulada—, Es mi protegido y suele trabajar como mi asistente, aunque su trabajo es algo escaso.
—Ya veo —El chico que ahora sabía se llamaba Wonderweiss, le causaba mucha curiosidad, sentía que lo conocía, pero no sabía exactamente de dónde o por qué.
—No te preocupes por él, no te lo toparás muy seguido.
La reciente información obtenida no fue de mucha ayuda para olvidarse del chico rubio. Pero decidió pasar de largo todas sus inquietudes con el fin de concentrarse en salir de ahí y volver a su departamento. Tenía la esperanza de que todo hubiera sido un mal sueño.
No volvieron a cruzar palabra, sino hasta que estuvieron dentro del auto que los llevaba al centro de la ciudad, donde se encontraba el edificio principal de la prestigiosa transnacional "Las Noches" de la que Aizen era dueño.
—Debo preguntar ¿cuándo volveré al trabajo?, ¿cuánto tiempo estuve ahí?, ¿qué día es hoy?
Aizen rio un poco por sus preguntas, sabía que haría esas preguntas en algún momento.
—En cuanto Tsukishima esté listo, quiero que lo acompañes a llevar a cabo un trabajo de suma importancia —Se acomodó mejor en su asiento y sin mucho interés le respondió—, Estuviste en The Heat cerca de un mes y hoy es viernes.
¡UN MES!, debía ser una broma, el pelinegro estaba en shock, ¿cómo pudo perder de esa forma la noción del tiempo?, el resto de la información recibida paso a segundo plano mientras él aún analizaba todo el tiempo que había estado fuera. Hasta que algo en su mente hizo "clic", enderezo su postura y observo a su jefe antes de preguntarle.
—Espere un momento, ¿trabajar con Tsukishima?, ¿qué pasa con mi trabajo en las montañas? —cuestionó confundido.
Sōsuke sonrió con sorna ante las dudas de Kūgo.
—Tú ya cumpliste tu labor al encontrar el lugar que pedí. Gin hará el resto —contesto con calma—, Por eso, ayudarás a Tsukishima en lugar de Gin.
—¿Tsukishima será mi superior ahora? —pregunto sin esperar una respuesta, y con expresión confundida añadió—: Suena como si me hubieran degradado.
Aizen volvió a sonreír al escucharlo.
—Nada de eso, solo tienes que ser el refuerzo. Y en cuanto hayan terminado ese trabajo, les asignaré sus nuevas labores.
Fue difícil para Kūgo mantenerse tranquilo el resto del viaje, no solo no sabía como interpretar las palabras de Aizen, también sumaba el hecho de que podía sentir como por momentos "el chico perturbador" lo observaba con ojos vacíos, carente de cualquier emoción y lo peor de todo era que esa sensación se sentia extrañamente familiar.
Al llegar a Las Noches, Aizen bajo acompañado de Wonderweiss, pero cuando Kūgo estaba por salir, Aizen lo detuvo.
—Tú, esperarás aquí a Tsukishima que se asegurará, vayas a casa.
Kūgo bufo molesto, no estaba en sus planes que alguien más lo llevara a su departamento y menos que esa persona fuera Shūkurō.
—Señor, con todo respeto puedo ir... —Ginjō fue incapaz de terminar su frase, su garganta se secó en cuanto Aizen lo vio fijamente, sin expresión en su rostro.
—Espera aquí, él vendrá a acompañarte —sentencio con voz neutra, pero con un gesto severo.
Kūgo se limitó a dar un gesto afirmativo con la cabeza, conteniendo un gemido de temor, había cometido el error de pensar que el hombre frente a él le estaba dando la opción a elegir, pero en realidad era solo un aviso. No tenía otra opción más que esperar que su, para nada deseada, compañía llegara.
Contemplo por la ventanilla desde su asiento como el castaño se perdía de su vista al subir en elevador del estacionamiento, en ese momento reparo que perdió por completo de vista al chico perturbador. Trato de buscarlo con la mirada por todo el lugar, pero ya no estaba, eso no hizo más que ponerle los nervios de punta, en verdad que deseaba llegar a su cama para dormir todo el tiempo que le fuera posible.
Ginjō se rescostó un poco en su asiento tratando de olvidar esas espantosas pesadillas que lo atormentaron durante su estancia en aquel barrio marginal de Naruki, en un principio creyó que eran extraños sueños producto de la fatiga o quizá un efecto secundario de las drogas que usaban para sedarlo cuando enloquecía, cosa que descarto tan pronto como noto que cada vez usaban menos cantidades, pero esos sueños se mantenían igual de espantosos y cada vez los sentía más y más vividos, aun si no podía recordar nada.
Lo poco que recuerda solamente lo confunde más, recuerda; castillos, montañas, ríos, un lago enorme, bosques y praderas hasta donde alcanzaba su vista, el pasar de las estaciones... Pero no solo recordaba parte del entorno, sino también que el lugar estaba lleno de "gente" muy extraña, al igual que de animales. De un tiempo al presente todo eso empezó a estar cubierto de rojo, podía recordar con total claridad las voces tranquilas de la gente volviéndose gritos desgarradores para luego convertirse en silencio.
Esos terribles escenarios que su mente insistía en mostrarle, lo torturaban aún despierto, Ginjō lo único que quería era poder descansar de todo eso y poder olvidar la sensación de opresión en su corazón cada vez que esas imágenes tan vividas volvían a su mente.
Sin darse cuenta su acompañante, llego, estaba tan distraído que no lo noto hasta que Shūkurō poso una mano en su hombro, provocando que Ginjō se sobresaltara y golpeara su cabeza con el techo del auto.
—Eso fue más productivo de lo que esperaba —hablo el recién llegado como si fuera un saludo.
—Bastardo —respondió Ginjō con una mano en su rostro debido al dolor.
—También es bueno verte.
Shūkurō solo sonrió mientras entraba al auto y le hacía una señal al conductor para que los llevase al departamento de Ginjō.
—Seguro que el jefe ya te lo menciono, pero tú y yo estaremos a cargo de un trabajo —Observo por la ventana con expresión melancólica—, en extremo delicado.
Su expresión llamó la atención de Ginjō, pero prefirió ignorarla, la vida de Shūkurō no era de su incumbencia.
—¿Delicado? —Esa palabra en específico extraño a Ginjō, era como una clave, solo la usaban para referirse a negocios poco honestos—, Eso suena más a un trabajo para los matones de The Heat.
—Créeme —Regreso su vista al interior del vehículo—, Este no.
Ginjō estaba confundido por la falta de cierto cinismo, gesto presuntuoso o alguna sonrisa fingida en su interlocutor. Shūkurō tenía un gran ego que era imposible de ocultar o al menos eso creía hasta ese día.
—Bien, no es como si mi opinión cambiara algo. Después de todo trabajo es trabajo —No quería pensar demasiado en esas cosas, aun si lo inquietaba, había otro tema del cual quería hablar—, Oye, ¿tú conoces a ese niño que esta con Aizen?, ¿Wonderiss? ¿Wanderwos?...
—Wonderwiss —lo interrumpió Shūkurō—, lo conozco, por supuesto, es una piedra en el zapato —El rostro de Shūkurō se mostraba bastante serio, tanto que casi lograba ser un gesto de enojo, algo impropio de él.
—Ese niño, ¿en verdad trabaja para Aizen?
Shūkurō miro a Ginjō con una expresión de asombro como si acabara de salirle una segunda cabeza.
—¿Ginjō, tú... no conocías a Wonderweiss? —pregunto esperando que su compañero no fuera tan idiota como estaba pensando.
Ginjō respondió negativamente con un movimiento de cabeza, dejando incrédulo a Shūkurō. El más delgado solo suspiro en respuesta a eso.
—Wonderweiss es su protegido, y ese "niño" como lo llamas, es su espía —Sus palabras salían con claro desprecio hacia el menor—, como tal, su trabajo es vigilar a todos los que gozamos de cierta confianza de parte del propio Aizen y notificarle personalmente si cree que algo no anda bien —Vio a Ginjō con una mirada gelida, pero a la vez con un rastro de melancolía que provoco un gesto de confusión en este—. Y si el jefe da la orden... él mismo se encarga de deshacerse de los problemas.
Fue esa última frase la que hizo que Ginjō se congelara por unos segundos procesando lo escuchado, ¿sería posible que un niño como ese fuera alguien tan peligroso?, o lo que era peor, ese mismo niño llevaba más tiempo que él trabajando con Aizen, realizando un trabajo tan sucio por años sin que lo notase nunca.
—No creí que hubiera alguien más sigiloso que Gin, y menos que fuera un niño —hablo con voz apenas audible mientras recuperaba la compostura.
Esta vez Shūkurō lo vio con una sonrisa ladina adornando su rostro, como era más común en él.
—En verdad, eres un idiota, Ginjō —dijo con neutralidad, pero sin borrar su sonrisa.
Ginjō, ahora molesto por el comentario, estaba a punto de reclamar a su interlocutor con claro enojo, hasta que el vehículo freno y el chofer toco el vidrio un par de veces, notificando así que habían llegado a su destino.
—Antes de irme, ¿por qué tuviste que venir conmigo?, sé que tienes mejores cosas que hacer y que Aizen tiene a cientos de personas más que pudieron haberme traído —interrogó con algo de fastidio en su voz y sin apartar su vista de Shūkurō.
Shūkurō suspiro en señal de cansancio.
—Vine para cerciorarme yo mismo, de que no perdieras tan fácil la compostura y comenzaras a destruir todo como un animal salvaje.
La ligereza con la que hablo, dejo a Ginjō confundido.
—No voy a destruir nada, ¿por qué lo haría? —cuestiono por instinto.
—Luego de recibir estas peculiares habilidades —Saco un libro que llevaba consigo y empezó a hojearlo mientras hablaba—, a muchos se les sube el poder a la cabeza, solo esperan la más mínima oportunidad para tratar de atacar a Aizen —Tomo el separador y jugo con este antes de seguir hablando—. Mi trabajo de hoy era asegurarme de acabar contigo si ese llegara a ser tu caso.
La frialdad en los ojos de Shūkurō al confesar, heló la sangre de Ginjō quien también comenzó a temblar sin darse cuenta.
—¿Cómo determinaste que no lo haría? —Su voz había sonado bastante más tranquila de lo que él mismo esperaba.
—Tus reacciones —Lo señalo con su separador —, En otras circunstancias algún imbécil muy crédulo ya habría tratado de arremeter en mi contra —Guardo el separador en su libro con cierto desgano antes de explicar—. Pero en vista de tus preguntas y reacciones, en definitiva no eres tan estúpido como creía, tienes sentido común al saber que aun con todo ese poder no eres rival para él.
Ginjō quedo atónito por lo recién escuchado, nunca habría imaginado que estuvo más cerca de morir en ese momento, que cuando sintió que lo haría por el dolor que sufrió durante su cautiverio en The Heat.
—Ve y descansa, tendrás que estar en tu mejor condición para cuando te necesite —Le abrió la puerta a Ginjō y puso su mano en el hombro de este como gesto de despedida.
Tras que Ginjō bajara, el automóvil comenzó su camino de regreso a Las Noches, Tsukishima observo como Kūgo entraba a su apartamento antes de perderlo de vista, se quedó unos minutos en silencio observando el interior del vehículo, meditando en lo ocurrido hasta que unos cuantos golpes en el vidrio que separaba al conductor de los pasajeros llamo de inmediato su atención.
—Fuiste muy blando, ¿estás seguro de que no se volverá loco? —preguntó con voz monótona desde el asiento del copiloto cierto joven rubio de ojos violetas mientras bajaba el vidrio.
Tsukishima lo vio sin ninguna expresión distinguible antes regresar su vista al asiento antes ocupado por Kūgo y contestar:
—Tiene un carácter más que explosivo y eso lo sabes bien —Lo observo con molestia—, De creer él mismo que tenía una oportunidad. No habria dudado en tratar de matarme, apenas nos alejamos lo suficiente de Las Noches.
Wonderweiss sostuvo la mirada de Tsukishima unos segundos antes de voltear al frente y levantar el vidrio de nuevo, dándole al pelinegro algo de privacidad con la que este se dio el lujo de suspirar levemente.
Sintiéndose por fin libre de la inquisitiva vista del oji violeta, Tsukishima se perdió en sus recuerdos mientras veía los autos pasar por la ventana, y su subconsciente lo hacía recordar de forma vivida la voz de un joven demasiado enérgico que lo llamaba con emoción y admiración, una lágrima solitaria fue detenida por su mano derecha en cuanto se dio cuenta de que estaba llorando.
Cerro los ojos un momento tratando de calmarse y recordarse el porqué seguía trabajando con aquel hombre tan inhumano como era Aizen y teniendo que soportar a su protegido, Wonderweiss, sobre todo lo demás.
Durante el resto del trayecto de vuelta a las oficinas no hubo ninguna otra interacción entre los pasajeros, hasta que finalmente llegaron al lugar y se vieron frente a frente ya fuera del vehículo.
Tsukishima veía con recelo al joven que solo devolvía una mirada vacía en respuesta.
—Notificaré al señor Aizen tu decisión —hablo sin romper el contacto visual y usando su usual tono monótono—. Espero no sea un error de tu parte, sabes bien cuáles serán las consecuencias.
—Haz lo que quieras, Wonderweiss, me tiene sin cuidado lo que pienses de mí —Se inclinó un poco para estar más cerca del rubio—, En cuanto a Aizen, él ha podido ver por sí mismo que tan bueno es mi juicio.
Se irguió y comenzó a caminar al interior del edificio sin voltear en ningún momento, dejando solo al oji violeta que mantenía su semblante neutro.
Cuando Tsukishima entro al elevador y este se cerró, el joven ojivioleta saco un paquete de cigarros de sus pantalones, tomo uno antes de guardar los demás, los sujeto con su dedo indice y pulgar derecho mientras lo encendía para luego con una sola inhalación, sin mucho esfuerzo, lo fumaba todo de una vez, dejando salir lentamente una pequeña cantidad de humo. Se acercó al basurero cercano al elevador para lanzar el filtro a la basura.
Aizen siempre le repite que debe demostrar su educación en todo momento y que eso incluye ser responsable de la basura que genera, incluso la más pequeña, como el filtro de los cigarrillos. Tranquilamente, comenzó a caminar hacia el elevador, debía hablar con Aizen lo sucedido y esperar por su nueva encomienda.
(*)
—¿Estás listo? —preguntó Orihime preocupada.
—Eso creo
—¿Cómo que "eso creo"? Debes estar seguro —regaño Ichigo.
—Cállate, nunca había hecho esto con gente a mi alrededor.
—Solo Tranquilizate, yo estoy aquí por si las cosas se descontrolan, nada malo va a pasar —aseguro Tatsuki.
El rubio lo pensó unos segundos antes de suspirar de forma ruidosa, viendo los rostros de todos sus amigos que esperaban, muy ansiosos, que el joven Hitsugaya se decidiera a iniciar con la práctica del día.
Estaba nervioso, una cosa era demostrar lo que podía hacer, pero otra muy diferente era el usar su "talento" con sus amigos, no quería arriesgarse a lastimarlos de ninguna manera o algo peor...
Luego de algunos minutos más en los cuales el grupo continuo animando al Hitsugaha menor, este término cediendo, de mala gana, para practicar el manejo de sus habilidades con el hielo.
Decidieron utilizar el campó de baseball, creyeron que sería el mejor lugar para entrenar con Tōshirō gracias a que era un espacio grande sin muchos obstáculos, dejaron al rubio en el centro del diamante y los demás se colocaron a diferentes distancias a su alrededor y cada quien llevaba consigo un banderín rojo.
—¡Escuchen! Nunca he sabido hasta donde puedo extender el hielo —explicaba intranquilo—, Así que cuando los alcance, pongan el banderín en el suelo y aléjense.
—ESTAREMOS BIEN, COMENCEMOS YA —gritaba con energía el más joven del grupo, lastimando los oidos de Tōshirō, pues el oji dorado era el más cercano a él, estando a 5 metros de distancia.
—Bien, está bien —Hizo gestos con las manos para que se calmara un poco—, ¿Estás lista, Tatsuki?
Luego de recibir un pulgar arriba como respuesta, Tōshirō se agachó y toco el suelo con sus manos, respiro profundo y el hielo comenzó a salir de sus manos y expandirse a su alrededor de forma algo irregular.
—Cinco metros —anuncio Yūshirō a la vez que dejaba su banderín en el suelo y se alejaba hasta estar al lado de Uryu.
El hielo de Tōshirō lo había alcanzado en menos de un minuto, Uryu era el que se encontraba a mayor distancia, siendo esta de treintay cinco metros.
Casi tan rápido como Yūshirō llego junto a Uryu se escuchó el grito de Ichigo.
—Diez metros.
El peli naranja imitó las acciones tomadas por el menor y llego junto al par más alejado enseguida.
—Es mucha distancia —comento Ichigo.
—¿Crees que alcance a Orihime? —pregunto el de lentes a Ichigo.
—Sí, seguro que lo hará.
Unos segundos más tarde, Orihime también alzo la voz para indicar que el hielo ya cubría un área de veinte metros alrededor de Tōshirō. Repitiendo las acciones de Ichigo y Yūshirō, ella dejó su banderín en el suelo y de dos saltos llego donde estaba la mayoría del grupo.
—Blitz, ¿podrá llegar el hielo de Seir hasta Fuego?
—No lo sé, parecía que avanzaba más lento.
—Está tardando mucho en llegar a Tatsuki —dijo Yūshirō viendo preocupado a Tōshirō que parecía estarse esforzando mucho.
En ese momento Tatsuki comenzó a gritarle algo molesta al rubio.
—¡Deja de concentrarte en contenerlo!, ¡solo deja que fluya, no pasara nada malo aquí!
Tōshirō la observaba con cierto temor en el rostro luego de sus gritos, pero ella le devolvía una mirada seria y determinada junto a un movimiento afirmativo con la cabeza.
Aun asustado, tomo algo de aire y lo dejo salir lentamente apreciando su propio aliento frío se dejó llevar y en ese instante se escwucho: veinticinco metros.
Tatsuki corrió hasta llegar con los demás, pero a diferencia de los otros, al llegar a la marca que le tocaba al pelinegro, Tatsuki tomo la bandera de entre sus manos y la clavo al suelo sin que el hielo hubiera llegado, después como pudo los empujo a todos para retroceder mucho más haya de esa marca.
—¿Qué sucede? —pregunto el más joven.
—Es por seguridad, su hielo recupero velocidad, aunque no sé que tan lejos llegue.
El grupo se mantuvo observando el hielo extenderse hasta que se detuvo finalmente, dejando a Tōshirō sentado en el suelo y jadeando.
No logro alcanzar la marca de los treinta y cinco metros, a pesar de que estaban seguros de que lo haría, solo llego a treinta y dos.
Yūshirō no perdió el tiempo y comenzó a deslizarse sobre la enorme capa de hielo recién formada.
—¡Creí que seria hielo muy delgado! —Grito mientras iba de un lado a otro con una gran sonrisa—, ¡Es lo bastante grueso para deslizarse!
Ichigo se unió al menor comenzando a hacer algunos intentos de acrobacias bastante simples, Orihime alagaba a ambos mientras Tatsuki solo los observaba con una sonrisa y de vez en cuando veía a Tōshirō que aún trataba de recuperar el aliento.
A diferencia del resto, Uryu se acercó al borde del hielo, se inclinó y pego su rostro en el suelo, inspeccionando la plancha de hielo, dándose cuenta del grosor de esta, aproximadamente 5 o 6 centímetros, pero no era la misma medida en todo el hielo, pues el borde era tan delgado que pudo romperlo sin mucho esfuerzo con su mano.
—Es asombroso, aunque me sorprende más el que no se haya comenzado a derretir–menciono el pelinegro.
—Es por Tōshirō —comento Tatsuki mientras lo señalaba—, Mientras este consciente y mientras así lo quiera, este hielo no se derretirá.
Uryu la vio con gran sorpresa.
—No puede ser.
—Hablo en serio.
—¿Cómo lo sabes?
—Ja, solo digamos que si juegas con fuego también puedes congelarte —declaró con vergüenza de hablar de lo ocurrido varios años atrás, sin dar más detalles.
—¿Siempre fue así?
—No del todo, debe concentrarse en derretirlo o dejar que se derrita solo.
—Impresionante, es algo realme...
Fueron interrumpidos por un grito de Yūshirō.
El menor había perdió el equilibrio mientras corría y cayó deslizándose hasta chocar con Ichigo, este último trato de evitar el golpe corriendo hacia un costado, pero no logro hacerlo a tiempo, el resultado fue que ambos resbalaron hasta salir del hielo y cayeron golpeando fuertemente el hielo.
Justo en el momento que ambos cayeron a tierra se escuchó otro grito del peli morado seguido de la desesperada voz de Ichigo.
—¡Yūshirō! ¡Rápido, necesito ayuda!
Esas palabras de auxilio dejaron a Tōshirō en shock, acababa de ponerse en pie justo cuando vio a Yūshirō caer y llevarse a Ichigo por delante. Estaba aterrado, sentía que el mundo giraba a su alrededor y sudaba mucho.
—Maldición... —susurro Tatsuki sujetando su cabeza y alternando su mirada de Yūshirō a Tōshirō, este último se había puesto pálido.
Apenas unos segundos después, todos corrieron con Ichigo, y Yūshirō que seguía recostado en el suelo, respiraba muy rápido y mantenía los ojos cerrados.
Orihime estaba por preguntar que le sucedía al oji dorado hasta que fue claro para todos lo que tenía, Ichigo levanto una de sus manos que estaban sujetando la cabeza del menor. Estaba cubierta de sangre y el suelo se cubría cada vez más de esta.
—Llamaré al doctor, ¡no lo muevan!—ordenó Uryu para luego correr a una pared con un intercomunicador.
—Esto es mi culpa, esto fue una terrible idea y–yo no volveré, es lo mejor para todos y... —una voz suave interrumpió el balbuceo de Tōshirō.
—No —repitió Yūshirō aun sin abrir los ojos, tratando de ignorar el dolor—, No fue tu culpa. Yo quise correr usando mi velocidad, perdí el control —Abrió despacio los ojos viendo a Tōshirō y a Ichigo—, Lo siento, perdónenme los dos.
—Tranquilo Yu, fue un accidente —Ichigo trato de calmarlo.
Tōshirō estaba tan nervioso que había comenzado a temblar, los recuerdos de su incidente más grave lo golpeaban sin parar, quería salir corriendo de ahí y podría haberlo hecho, podría haber escapado de no ser por una mano en su hombro.
Por instinto volteo el rostro, encontrándose con Orihime que lo veía con tristeza.
—Solo fue un accidente, lo entendemos, sabemos que tú nunca harías nada para lastimarnos a propósito —lo consoló y lo abrazo.
En ese momento el rubio se tranquilizó y respondió el abrazo, agradeciéndole a la peli naranja. Entonces Uryu regreso diciendo que el doctor tardaría unos minutos, asustados por la condición del menor, Orihime e Ichigo fueron a buscar toallas para tratar de detener el sangrado.
Tatsuki observo todo el hielo de alrededor y sin dejar de hacer presión en la herida del moreno, llamo a su primo.
—Debes derretir el hielo, si no lo haces podríamos meternos en problemas.
El Hitsugaya la vio aterrado y pensaba; ¿se ha vuelto loca?, ¿en serio cree que puede confiar en mí?, ¿podre hacerlo bien? Sus dudas no lo dejaban siquiera escuchar lo que la pelinegra le decía, no podía escucharla por sobre sus pensamientos. No hasta que sintió como un par de manos lo zarandeaban varias veces.
—Reacciona ya, ¿quieres?, no es momento para que te autocompadezcas.
Harto de la situación, Uryu tomo al ojiverde de los hombros y comenzó a moverlo como si fuera una muñeca de trapo para sacarlo de su trance.
—Concéntrate y derrite el hielo, será peor para todos si el doctor comenta algo aparte de la herida de Yūshirō.
Tōshirō necesito unos segundos para captar todo, al ver a Uryu a los ojos y darse cuenta de que no había temor o rechazo hacia él en su mirada, más que preocupación pudo calmarse.
Corrió hasta el centro, tomo aire y se agachó para tocar el hielo, este comenzó a derretirse rápidamente dejando algo de lodo como la única prueba de que estuvo ahí. Apenas se derritió todo, Ichigo y Orihime volvieron con las toallas y solo un par de minutos después llego el doctor de guardia en Seireitei.
Era un hombre joven, alto, piel clara, de cabello negro, algo largo por detrás de la nuca, ojos cafés y gesto amable, su nombre; Seinosuke Yamada.
—Bien, veamos que tenemos aquí —dijo al llegar al fin con los jóvenes y agacharse junto al menor y revisarlo—. Hicieron bien al tratar de detener el sangrado, la herida está algo sucia, tendremos que llevarlo a la enfermería para limpiarla y tratarla mejor —Se levantó observo a todos antes de añadir—. De acuerdo, tu chico de pelo naranja, también necesitas ayuda.
Después de escuchar esas palabras todos voltearon a ver por instinto a Ichigo empezó a balbucear tratando de decir que estaba bien.
—No intentes mentirme niño, te lastimaste el tobillo, necesito ver también para saber que todo esta en orden —hablo otra vez el doctor—, Los demás ayúdenme a llevarlos a la sala médica —Tomo a Yūshirō de un costado y Uryu se posicionó al otro lado para empezar a caminar.
Tatsuki ayudo a Ichigo a caminar y Orihime los siguió, mientras todos avanzaban, Tōshirō se quedó unos pasos detrás observándolos, comprando una vez más que si había alguien en quien podía confiar, era en ellos y apresuro sus pasos para alcanzarlos.
En la mente de Tōshirō sus pensamientos vagaban, motivándolo a confiar más y seguir esforzándose junto a ellos.
Una vez más lo intentaré, pero no me sueltes, no quiero perder esta felicidad, ni estos momentos, que significan todo para mí.
Continuará...
BlackAngelN: La vida de adulto es bien fea, no crezcan gente X"D espero les haya gustado el capítulo, no se dejaba querer la parte inicial y debía ir aquí si o sí, espero tener el siguiente cap antes de la venida del rey Quincy.
¿Están felices con el retorno de Bleach? Porque yo sí, 10 años de 99% de fe y 1% de probabilidades u.u y ya falta poco para la S2.
Fecha de subida a fanfiction: 16/02/2023
Fecha de subida a Wattpad: 17/09/2022
