Ni Marvel ni High School DxD son de mi propiedad, pertenecen a sus respectivos autores.

Yo hago esto sin ánimo de lucro, solo para pasar el rato.

Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas, posible lemon más o menos fuerte y demás cosas. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría M.

—comentarios.

—"pensamientos".

—*hablando por teléfono, comunicador, etc. *

(J.A.R.V.I.S.)

—+F.R.I.D.A.Y.+

— [Ddraig, Albion, etc.]


Esta historia ha sido creada por mi persona, mi amigo AtrixGrayZero, y con ayuda de su novia y mi amiga Criz Ravenwood, por tanto, la historia es de los tres, la idea base es la misma pero el contenido es sustancialmente distinto

Os invito a leer mis demás historias, buscadlas en mi perfil

También podéis leer las suyas en su perfil


Capítulo 18:

CONSECUENCIAS — PARTE 02


Al día siguiente nuevamente salieron de ruta turística los tres luego de que Issei e Iris le contasen sobre la situación del orfanato. Parecía tener algunos problemas con filtros de agua, la red eléctrica y algunas cosas más, pero el joven portador de Ddraig pudo encargarse de la mayoría, llamando a expertos para ocuparse del resto. Aquel día, día en que Pepper no tenía ninguna reunión, el trío iba a realizar otra ruta turística que les llevaría todo el día, pero no importaba. Luego de pasar la mitad de la mañana visitando la parte norte de la ciudad, los tres se encontraban en una pequeña plaza, decidiendo qué ruta tomar ya que la última visita se había alargado un poco más de la cuenta. Mientras Pepper e Issei discutían sobre qué ruta tomar, Iris se dio cuenta de una presencia al otro lado de la calle. Sin pensarlo dos veces colocó sus manos a ambos lados de su boca como megáfono.

— ¡Irina! —Llamó bien alto.

Las personas que estaban alrededor del trío voltearon, sorprendidos por aquel potente grito. Al otro lado de la carretera, la exorcista parpadeó, buscando a quien la había llamado, localizando a la rubia al otro lado de la carretera. Con una gran sonrisa saludó agitando la mano, señalando un paso de peatones para poder cruzar.

— ¿Y esa quién es? —Preguntó Issei mientras doblaba el mapa de la ciudad.

— ¿El nombre de Irina te suena de algo?

El Hyoudou-Stark se rascó la cabeza, pensativo. Ese nombre le sonaba, pero no lograba recordar de qué. La mirada burlona de su novia le hacía entender que aquel nombre era importante, ¿pero por qué?

—Buenas tardes Iris —Saludó Irina una vez hubo cruzado la carretera y llegado a donde estaban.

—Irina, un placer volver a verte. En verdad que el mundo es un pañuelo. No nos estarás siguiendo, ¿verdad?

— ¡Jajaja! ¿Quién sabe? ¡Bromeo, bromeo! —Se apresuró a aclarar al ver cómo la rubia alzaba una ceja—. Como dije, a pesar de ser tan grande y haber tanta gente, uno se encuentra con quien espera muy a menudo —Los ojos de la exorcista se clavaron en los de su viejo amigo, sonriendo divertida al ver la confusión en ellos—. Vaya, para ser tan listo eres bastante olvidadizo.

—Ehhhh…

—Tranquilo, es normal que no me recuerdes. ¿Recuerdas a los Shidou? De cuando vivías en Kuoh.

—Ehhhh…

Irina enarcó una ceja mientras observaba al varón cerrar los ojos y rascarse la cabeza. Entendía que no se vieran desde hace más de diez años y que hubieran pasado muchas cosas desde que abandonara su ciudad natal para vivir en Estados Unidos como hijo adoptivo de Tony Stark…, pero tampoco podía haberse olvidado completamente de ellos… ¿no?

— ¡Ah! ¡Ya los recuerdo! ¡Los Shidou, sí! Tenían un hijo con el cual solía jugar mucho. ¿Por qué preguntas por ellos? —Iris e Irina se miraron y rieron—. ¿Qué? Esa risita me ofende.

—Respóndeme a otra pregunta: ¿recuerdas el nombre de su hijo?

—Irina.

La exorcista extendió sus brazos, disculpándose con un bienandante por casi golpearle al hacer ese gesto. Issei la miró sin entender. Aquello en verdad sorprendió a la Shidou.

—Dios mío… No puede ser que seas tan…, tan…

—Puedes decirlo, no hay problema. Escucha esas palabras muy a menudo.

—No creo que esté bien.

—Pues ya lo hago yo —Iris se encogió de hombros mientras volteaba para mirar a su novio—. Cariño, luz de mi vida…, para ser tan listo a veces eres realmente idiota.

— ¡Oye!

—Ella es Irina Shidou, el niño con el que jugabas de pequeño, solo que, como puedes ver, de niño no tiene ni un pelo.

La boca del muchacho se abría y cerraba mientras intercambiaba su mirada entre su novia y su "viejo amigo". Pepper sonreía divertida al verle en aquella situación sin saber qué hacer ni qué decir.

—Si…, creo que debo dar una explicación por aquella época —Se disculpó Irina—. No actuaba ni vestía como una niña, por lo que es normal la confusión. Pero tranquilo, no eres el único. Cuando llegué a Inglaterra fue exactamente igual.

—… Arrea…

—Sorprendente, ¿verdad? Bueno, pues me alegra volver a verte luego de tantos años, Issei.

Ninguno de los tres jóvenes dijo nada durante unos segundos, por lo que Pepper carraspeó para llamar su atención.

—Si os parece, iré a visitar los lugares que no pude ver ayer. Vosotros parece que tenéis mucho de lo que hablar. Seguiré sola.

—Espera Pepper —Intentó detenerla Issei—. No hace falta que…

—Tranquilo. ¿Cuántas veces uno se encuentra con un viejo amigo que no ve desde hace más de una década? Nos veremos más tarde, ¿vale?

Sin permitirle discutir aquella decisión, Pepper procedió a cambiar de rumbo, yendo a la zona de la ciudad que la joven pareja visitó el día anterior, dejándoles solos.

—Qué mujer tan amable. Me cae bien —Dijo Irina llamando la atención de la pareja.

— ¿Verdad? Aún me cuesta creer que sea la novia de Tony Stark. ¿Qué tan retorcido es el universo como para que se haya dado el caso?

—Los caminos del Señor son inescrutables.

Ambas se rieron, comenzando a caminar sin rumbo, siendo seguidas por Issei, quién aún intentaba asimilar lo que estaba pasando.

— [Compañero, detecto poder sagrado en ella]

—"¿Cómo? ¿Poder sagrado?"

— [Sí, aunque no en ella. Debe portar un arma sagrada]

—"Joder..."

— [Curiosa vieja amiga. Quizás tenga relación con la Iglesia. Las pintas las tiene]

—"¿En serio?"

— [Porta una cruz, una bendecida, no de esas que se pueden comprar en una tienda. Y porta un arma sagrada. Si no es exorcista de la Iglesia no sé qué será]

—"Esto no puede ser bueno."

— [Es posible que no quiera intentar reclutarte, sino simplemente hablar con un viejo amigo]

—"¿Tú crees?"

— [Es solo una posibilidad. Si nos ponemos paranoicos, mal vamos]

Con un nuevo punto de vista, Issei siguió a ambas féminas, las cuales charlaban y reían con gran alegría, gastando bromas o hablando sobre la infancia en Kuoh. Pero, en todo momento, Issei no dejó de analizar y observar con gran atención a su vieja amiga de Japón. Las palabras e Ddraig le habían puesto en alerta máxima. Ya esperaba que le intentaran contactar para intentar reclutarle, como había hecho Fury, pero que casualmente su único amigo, o amiga, de Kuoh durante su infancia fuera una exorcista… ¿Casualidad? ¿Coincidencia? A saber. Sólo podía ver cómo se desarrollarían los eventos que estaban por llegar.

Se sentaron en una mesa que una heladería tenía en la calle, cubiertos por un enorme paraguas para disfrutar de aquel agradable, aunque caluroso día. Cada uno pidió un helado de paleta, cucurucho y tarrina mientras las dos mujeres seguían charlando, prácticamente ignorando la presencia del hombre. Issei, al contemplar aquello, decidió sacar su móvil y jugar un rato.

— ¿Verdad que sí, Ise? —Preguntó Iris, pero el joven no le había prestado atención—. Ise, te he hecho una pregunta.

— ¿Eh? ¿Qué?

— ¿Nos estabas ignorando? —Le recriminó mientras mordisqueaba su helado.

Irina sonreía divertida mientras cogía helado de su cucurucho con una cucharilla de plástico.

— ¿Con sinceridad? Os llevo ignorando tanto como vosotras a mí. Esta es la primera vez, desde que nos separamos de Pepper, que me metéis en la conversación —Le recriminó ahora él mientras agarraba su tarrina.

—Ahí lleva razón.

— ¿De parte de quién estas?

—No estoy de parte de nadie. Intento ser imparcial. No está bien que ignore a su novia, pero si ésta le ha ignorado a él, está en su derecho de dejar vagar su mente. Me disculpo por ello, Issei —Se disculpó con total sinceridad—. Yo, que estaba deseando hablar contigo, y resulta que he acabado ignorándote. Mis disculpas.

El muchacho restó importancia con su mano mientras degustaba su helado.

—Bueno, ¿y cómo te ha ido la vida? Pensaba que estarías con tus padres.

—Y aún vivo con ellos. Digamos que soy estudiante de intercambio. Yo me vine para acá y una compañera se fue a Inglaterra.

—Hablas el italiano con mucha fluidez. ¿Cuántos idiomas conoces? —Preguntó de pronto Iris.

Irina respondió con gran confianza, pero Issei pudo detectar cierto nerviosismo por esa pregunta.

—"Extraño."

— [Obviamente los exorcistas no suelen tener problemas a la hora de comunicarse. Al igual que los demonios, dragones, dioses y demás, tiene sus métodos para poder hablar cualquier idioma, al menos de la Tierra. Sólo hablar. Leer y escribir es otra cosa]

—"No me refería a eso."

— [¿Entonces?]

—"Me refería a que pareciera querer hablar de algo, pero se contiene y no lo nombra."

— [Bueno, tengo una teoría]

—"Dispara."

— [Te has presentado como el Sekiryuutei, e Iris es tu pareja. Quizás quiera sacar el tema de si ella sabe sobre el mundo sobrenatural, pero una parte de ella quiera evitar el tema]

—"Un detalle por su parte."

— [Sin duda]

— ¿Y qué hay de ti, Issei?

— ¿Eh?

—Ya sabes. Luego de lo que les ocurrió a tus padres e irte a Estados Unidos, ¿qué tal tu vida? En las noticias se ha hablado de ti, todo en referencia a Iron Man, pero me gustaría saber algo de verdad, no lo que tenga que ver con él.

—Ah, bueno. Pues…

La charla ciertamente tomó un rumbo bastante agradable para los tres, sobre todo cuando los dos rememoraron las viejas historias y aventuras de su época en Kuoh. iris se divertía al escuchar sobre sus travesuras siendo unos niños. Le costaba imaginarse a ese pequeño genio haciendo ese tipo de cosas. El día siguió pasando y llegó la hora de comer, por lo que fueron a un bar para llenar sus estómagos y luego recibir una pequeña visita guiada por Irina por aquella parte de la ciudad. Cuando era media tarde Issei recibió una llamada telefónica de Pepper, la cual le pedía asistir a una reunión de gran importancia. Irina también recibió una, por lo cual se despidió y marchó a trote, no sin antes intercambiar número con Iris ya que Issei estaba ocupando atendiendo su llamada.

—Mierda —Gruñó molesto.

— ¿Qué ocurre?

—Al parecer ha surgido algo y debo reunirme con Pepper.

Aquella respuesta pareció entristecer a la rubia, pero negó con la cabeza y le devolvió una sonrisa.

—No pasa nada. Tu ve. Yo iré a Ostia y te esperaré allí.

Issei no parecía muy convencido de ello. A pesar de que Roma fuese una ciudad segura, seguían siendo turistas. Iris podría defenderse sola, pero eso no evitaba que se preocupase por su seguridad, sobre todo teniendo en cuenta los nuevos peligros que les rondaban desde su presentación al mundo.

— ¿Estás segura de ir tu sola?

—Sí, tranquilo.

—Ahhh. Maldita reunión sorpresa… Si pasa algo raro, o sientes que algo no está bien, me avisas inmediatamente.

—Por supuesto. Ya sabes que me encanta ver a mi caballero de brillante y roja armadura.

—Iris…

—Sí, sí, tu tranquilo. Te avisaré si pasa algo, aunque crucemos los dedos porque no sea así.

Le dio un beso y procede a marcharse hasta la parada de autobús donde debía esperar al vehículo indicado para ir a la próxima visita. Issei observó la figura de su novia perderse entre la multitud, con un leve sentimiento de preocupación. Al final suspiró y fue a reunirse con Pepper.

XXXXX

En cuanto mismo hubo perdido de vista a la pareja, la velocidad de Irina aumentó de forma asombrosa, sorprendiendo a todas las personas que se encontraba, al menos hasta que llegó a un pequeño callejón, desde el cual entró por una puerta secreta para llegar más rápido a su objetivo, además de ser una forma mucho más discreta. Aquel que vigilaba aquella entrada asintió y no la detuvo. Una vez en el pasillo lo recorrió a la mayor velocidad que sus piernas le permitían, la cual era mayor incluso que la de un atleta olímpico debido a su entrenamiento nada humano. Al final llegó a su objetivo, Ciudad del Vaticano. Una vez allí recorrió el edificio para ir allí donde el Papa la esperaba junto a los demás exorcistas que había en la ciudad.

— ¿Qué ocurre, su Santidad? —Preguntó Irina una vez llegó a la sala donde todos los exorcistas, a excepción de la Guardia Suiza, estaban ya reunidos a la espera de las instrucciones de su superior.

—Hemos detectado la presencia de demonios en la ciudad.

La respuesta del Sumo Pontífice sorprendió a todos los presentes. ¿Demonios en la ciudad de Roma o sus cercanías? ¡Aquello sonaba ridículo! ¡Roma era el centro de poder de la Iglesia Católica, un lugar inexpugnable y que era sinónimo de suicidio tanto para demonios como para ángeles caídos! ¡¿Cómo era posible que unos demonios hubieran entrado en aquel territorio delante de sus narices y no darse ni cuenta?!

— ¿Cómo es eso posible? En nuestra propia casa…

—Inaudito.

— ¿Cómo ha podido pasar?

—Menuda brecha en la seguridad.

—Todo esto se debe a única cuestión —El Papa volvió a tomar la palabra—. Hemos estado tan centrados en la vigilancia del joven Sekiryuutei y las dos personas que le rodean que hemos descuidado la vigilancia para el resto. Quiero que a partir de ahora la seguridad vuelva a enfocarse en su propósito y que localicen a esos demonios. Quiero saber si son renegados o si pertenecen a la Facción.

—Como ordene, su Santidad.

Con una reverencia, todos partieron a cumplir con su deber.

—Hermana Shidou —La llamó Benedicto—. A pesar de estar de intercambio, espero su total apoyo y obediencia en esta misión.

La adolescente se puso firme, realizando una reverencia.

—Por supuesto, su Santidad. Sería deshonroso para la Iglesia Protestante si un exorcista no cumple con su deber y respeto a la jerarquía simplemente por estar de intercambio.

—Me alegra escuchar eso. Ahora prepárate y ve.

—A sus órdenes, su Santidad.

Salió de aquella sala rumbo a su cuarto. Una vez dentro cerró y procedió a desvestirse para colocarse su traje de exorcista y la típica capa que usaban para ir en público. Miró su pulsera y, con gesto serio y tal concentración, procedió a salir del Vaticano por sus pasadizos secretos. Sería demasiado cantoso que de pronto numerosos exorcistas salieran por la puerta grande del edificio, alertando de ese modo a visitantes y turistas.

(NA: aclaro aquí que los trajes de exorcista son semejantes a los que usan los agentes de S.H.I.E.L.D., tanto masculinos como femeninos)

Mientras el sol de la tarde continuaba su rumbo descendente para ocultarse en el lejano oeste, todos los exorcistas revisaron cada metro de la ciudad de Roma en busca de alguna pista. Estaba claro que los demonios no iban a ser tan idiotas de dejar migas de pan para sus enemigos, sobre todo después de haberse infiltrado por completo en la ciudad. Por la mente de la joven exorcista pasaba la idea de que su viejo amigo o su nueva amiga pudieran estar en peligro, e incluso la tutora de Issei, Pepper. Las posibilidades de que fueran a por él en verdad eran bajas, ¿pero y si sí? La simple idea de que se hubieran infiltrado en la ciudad sólo para intentar establecer contacto con el Sekiryuutei era absurda. Demasiado tenían que perder… ¿no?

XXXXX

En verdad aquella reunión sorpresa había sorprendido al joven Hyoudou-Stark, y no precisamente porque fuera agradable. La reunión no había sido otra cosa que un intento desesperado de la otra empresa por lograr cierta publicidad al hacerse anuncio de dicha reunión. Reunirse con la CEO de Industrias Stark y el hijo de Tony Stark era un gran impulso por la publicidad de la misma reunión. A pesar de los intentos de ofertas, admitía que algunas fueron bastante tentadoras, haber hablado en las redes sociales y los medios de la forma que lo hicieron les hizo denegar cualquier oferta, por más jugosa que fuera. No iban a tener relaciones con una empresa que usaba la presión social y la publicidad para obtener jugosos acuerdos.

Pero ahí no acabó todo. El boom de que el Sekiryuutei estaba en la ciudad provocó cierto colapso. Las reuniones del día anterior entre la CEO de Industrias Stark y los presidentes de varias empresas nacionales sería otra noticia más del día, pero cuando en la fórmula se metía la variable del nuevo y joven superhéroe, la cosa cambiaba. Tanto en el edificio donde se reunieron como alrededor del propio hotel se reunió una gran muchedumbre que buscaba fotos, firmas y vídeos del superhéroe. En verdad estuvo tentado a marcharse por la puerta de atrás y dejarles ahí, pero, ¿cómo podía hacer eso cuando allí había numerosos niños que buscaban una foto con uno de sus héroes? Le sabía mal desilusionarles, pero no era algo que debiera estar haciendo siempre. Les das la mano y te cogen todo el brazo, ya conocía esa historia.

Por eso la gran mayoría del tiempo se le fue en esa misma tarea. No podía con todos, como era obvio, pero lo hizo lo mejor que pudo. Cuando al final logró volver al hotel, más precisamente a su habitación, se tumbó en uno de los sillones, suspirando por sentar sus piernas y librarse de todo aquel circo.

—Deberías estar ya acostumbrado —Comentó Pepper con una leve sonrisa.

—Lo estoy, pero para números menores —Dijo mientras revisaba las fotos que Iris le había mandado de Ostia con un mensaje: aquí te espero—. Pero ahora me voy a Ostia. Pse, parece que Iris se lo ha pasado en grande sola.

—A veces es liberador hacer cosas una sola, sin tener a tu pareja contigo. Es distinto, en cierta forma.

—Pues espero que haya disfrutado, porque ahora voy a… —De pronto su móvil comenzó a sonar—. Hum, ¿una video llamada? Raro —Murmuró mientras aceptaba ya que raramente hacían video llamadas—. Dime car…¡!

Pero las palabras murieron en su boca al ver que no se trataba de Iris. Pepper se acercó al ver el rostro sorprendido del joven. Cuando vio la pantalla se llevó una mano a la boca, aterrada.

—*¡Buenas noches, señor Hyoudou-Stark! Espero que lo esté pasando bien* —No reconocía al hombre que sostenía el móvil de Iris. El terror inundó su corazón. Algo muy malo había pasado—. *Lamento informarle que no soy su novia, salta a la vista. No, ella está aquí* —El extraño movió el teléfono para mostrar a Iris, quien tenía un trapo tapándole la boca mientras era sostenía por otro extraño—. *Como puede ver, está sana y salva…, por ahora. Oh, pero no es la única* —Ahora enfocó a más personas. Había desde niños hasta ancianos, un total de veinte, y otro tipo desconocido vigilándoles—. *Si, como puede ver, son varios los presentes. Son adorables, ¿no le parece? Ohhh, pero que maleducado de mi parte el no presentarme. Bien, pues creo que no diré quién soy. Sólo diré que nos ha llamado la atención, señor Hyou… Agh, que fastidio. Te llamaré Stark para abreviar, ¿te parece? ¿Nada? No es mudo. Bueno, lo tomaré como un signo de buena educación* —El extraño asintió satisfecho, peinándose su pelo engominado—. *Bueno, la cuestión es muy simple y sencilla. Debe usted venir a la ubicación que le mandaré en cinco minutos. Tiempo suficiente teniendo en cuenta que puede volar. Por cada medio minuto que tarde en aparecer mataré a un rehén. Oh, y créame cuando le aseguro que lo haré* —Enseñó una pistola, con la cual jugueteó—. *Y, por cierto, no me importa si viene la policía o los militares. ¡Eso incluso lo haría más divertido! Pero eso sí, sólo usted puede entrar aquí, ¿vale? Bueno, nos veremos en cinco minutos. ¡Chao! *

La llamada finalizó y al instante le llegó la localización. Era un almacén de pescado situado a un par de kilómetros de Ostia, la ciudad. Rápidamente Pepper rebuscó en su bolso su teléfono móvil mientras Issei se ponía en pie, caminando hacia la ventana.

— ¡Ise, espera! ¡No puedes ir tú solo!

—Ya los has oído, Pepper. Si tardo matarán rehenes, y estoy totalmente seguro de que no son de los que hagan faroles.

[Balance Breaker]

La armadura envolvió al adolescente, quien voló a toda velocidad rumbo a la localización asignada. Pepper habló con la policía mientras escuchaba el clamor del público por haberle visto salir volando con la armadura.

XXXXX

Benedicto conversaba en su despacho con los dos Cardenales sobre la infiltración de los demonios. No iban a contarle a sus superiores, el Concilio Blanco, sobre lo que estaba ocurriendo en la ciudad italiana. Antes que nada, tenían que haber investigado todo, haber obtenido toda la información, y eso incluía quienes eran los demonios y cuántos, así como su objetivo, aunque la idea la tenían, pero faltaba confirmarla. Necesitaban pruebas.

— ¡Su Santidad! ¡Su Santidad! —Un obispo entró de forma abrupta en el despacho, con su rostro blanco como la nieve.

— ¿Qué ocurre? —Interrogó Benedicto mientras los dos Cardenales alzaban las miradas de un mapa de la ciudad en el cual había dibujado numerosas localizaciones.

— ¡Han secuestrado un autobús que iba en dirección a Ostia!

—Eso es asunto de las autoridades. Ellos manejan esas cosas.

—Su Santidad, me temo que se trata de los demonios que hemos estado buscando toda la tarde —Aquello asombro al Papa y los dos Cardenales—. Y temo informar que eso no es lo peor… En ese autobús van niños…, y la actual pareja del Sekiryuutei.

Esa última frase fue como echar un balde de agua fría a los tres altos cargos de aquella Iglesia. Si algo le pasaba a esa muchacha…, si algo hacía enloquecer al portador del Dragón Rojo…

—Cardenales, conocéis vuestra misión —Murmuró Benedicto sin dejar de mirar al obispo.

Ninguno de los dos dijo nada, simplemente se inclinaron y procedieron a marcharse. Pero, antes de abrir la puerta, la voz de Benedicto les detuvo.

—Si por algún casual enloquece…, intentad no matarle. Sería una gran pérdida para la Humanidad.

Nuevamente no dijeron nada, pero tampoco hacía falta. Sabían mejor que nadie que hacer y cómo actuar, incluso en el peor de los casos, aunque debían prepararse lo más rápido posible. Benedicto se sentó en su asiento, suspirando, sintiéndose muy cansado. Durante su papado había tenido que lidiar con muchos problemas, pero hasta ahora nada tan gordo como lo que podría ocurrir en la ciudad o sus cercanías en los próximos minutos.

—Su Santidad, no es su culpa.

—Sí lo es, obispo.

—Usted no dio la orden de aumentar la vigilancia sobre el señor Hyoudou-Stark.

—Pero no hice nada para impedir esa orden a pesar de que sabía que algo podría pasar. Y ahora, con mi ineptitud, puede desencadenarse un auténtico infierno en esta tierra. ¿Cuántas vidas están amenazadas por ello? Si llega lo peor y sobrevivo…, no podré cargar con la culpa por la muerte de tantos inocentes. Jamás podría descansar en paz, no sabiendo que por mi culpa miles o millones han muerto.

—Estoy seguro de que los Cardenales podrán detener al Sekiryuutei si enloquece.

—No estoy tan seguro. Ambos, Strada y Cristaldi, son de los humanos más capaces que ha habido en mucho tiempo, pero incluso ellos no podrían retener al Dragón Rojo enfurecido durante mucho tiempo. Ni siquiera los Dioses paganos pueden. El poder de un Dragón Celestial enfurecido es algo que muy, pero que muy pocos pueden enfrentar. Rezaré porque no se dé el caso, y si lastimosamente se da… Que Dios nos asista… —suspiró el Papa mientras miraba a través de la ventana abierta.

XXXXX

El viaje fue bastante rápido, incluso llegó con tiempo. Aterrizó a las afueras del almacén, andando hasta la entrada principal, la cual estaba abierta, como indicándole que le estaban esperando y era bien recibido.

— [Compañero, escucha…]

—Cállate.

— [Compañero…]

(Señor, debería de…)

—Silencio los dos —Advirtió con un siseo.

No escuchó a ninguno de los dos, ni J.A.R.V.I.S. ni Ddraig. Sus oídos le pitaban y su mente estaba enfocada en una única cosa…, salvar a Iris de esos bastardos. Al final llegó a la zona principal, donde estaban las máquinas principales del almacén, con un amplio pasillo entre ellas. Allí se encontraban los secuestradores y los rehenes. Estos últimos estaban sentados en el suelo, con las manos y piernas atadas. Un secuestrados les apuntaba con un fusil, otro sostenía a Iris, quien no tenía sus manos o piernas atadas, pero sí tenía un cuchillo en su cuello, y por último el que parecía ser el líder, quien jugueteaba con su pistola. Éste sonrió complacido al ver a Issei.

—Oh, maravilloso. Es en verdad algo magnífico ver al Sekiryuutei. Pero eso sí, tiene tres segundos para quitarse la armadura, señor Stark. No quiera saber lo que pasará si llego a cero —La armadura desapareció antes de que el extraño se pusiera a contar—. Bien, bien. Usted y yo no vamos a entender, señor Stark —El hombre caminó hasta quedar frente a frente—. Vaya, cuanto odio veo en sus ojos. No debería tener esa mirada.

Le dio dos golpecitos suaves en la mejilla, siendo el tercero un guantazo con fuerza. La fuerza fue tal que le tiró al suelo, sorprendiéndole. Esa fuerza…, no era humana. No eran humanos. Iris intentó gritar, pero al sentir el frío acero en su cuello tuvo que morderse la lengua. Los niños lloraron por aquella muestra de violencia mientras los adultos les ordenaban cerrar los ojos ya que no podían taparse las manos.

—No sois humanos —Murmuró mientras notaba la sangre brotar de su labio partido.

—Exacto. Somos demonios. ¿Te has dado cuenta por esa suave bofetada? —Issei miró de reojo a Iris, quien le dio un par de golpecitos a su aparato. No hizo ningún gesto, pero comprendió—. No me gusta que me miren así. Venga, póngase en pie, por favor. No creo que le haya dejado inconsciente con ese pequeño saludo. Ups, aunque sí parece que le he roto el labio. Mis disculpas —Issei se puso en pie, encarando nuevamente al demonio—. Bueno, creo que merece una explicación. Verá —Comenzó mientras caminaba lentamente de un lado a otro—, desde que usted se presentó como el Sekiryuutei, el Dragón Rojo, el portador de la Longinus Boosted Gear, muchos han puesto sus ojos sobre usted, pero hemos sido nosotros quienes han decidido dar el primer paso y contactarle. Verá, mi grupo necesita de su poder para destronar a unos impostores que gobiernan algo que no tienen derecho a gobernar. Son nuestros jefes los legítimos herederos. ¿Debería decir algo más? Hum, no, creo que no. Con eso tiene bastante.

— ¿Y si me niego? —Siseó con gran odio hacia aquel ser aborrecible.

—Bueno, creo que la respuesta es más que obvia, ¿no? Matamos a su novia y a todos los rehenes, y luego simplemente le obligaremos a la fuerza. Puede que sea el portador del gran dragón Ddraig, pero sigue siendo muy joven e inexperto aun habiendo alcanzado el Balance Breaker. ¿Quiere llegar en verdad a ese punto, señor Stark?

—Digamos que pienso salir de aquí con todos ellos, sanos y salvos…, y vosotros en el otro barrio.

Se echó para atrás y los guanteletes y hombreras aparecieron en un instante. Al mismo tiempo un taser apareció en la cadera izquierda del aparato de Iris. Issei disparó contra dos de los demonios mientras Iris usaba el taser contra el que la sostenía. Ahora, libre de su agarre, procedió a ponerse a salvo.

Y se escuchó el sonido de un disparo.

Aterrado, Issei volteó hacia donde estaba Iris, solo para ver cómo el cuerpo de la rubia caía en peso muerto al suelo, formándose en poco tiempo un charco de sangre bajo ella. No se movía, ninguna parte de su cuerpo. Había sido un tiro certero a la cabeza, entre ceja y ceja. Lo siguiente que pasó fue que recibió un puñetazo tan fuerte que le tiró al suelo, dejándole atontado.

—Pero ¿qué haces, idiota? ¿Por qué tenías que matarla? Hubiera bastado con dispararle a una zona no vital, o no tan vital —Se quejó el líder de los demonios luego de golpear a Issei, creyendo haberlo dejado inconsciente, a un cuarto demonio que había escondido.

Los dos empezaron a discutir mientras iban hacia donde estaban sus compañeros heridos, pero Issei no prestaba atención a nada: ni a los gritos de los rehenes, ni a la conversación de los demonios…, ni siquiera a las llamadas de Ddraig o J.A.R.V.I.S. Sus oídos solo escuchaban el sonido de su propio corazón. Un palpitar muy lento pero firme y poderoso. Sus ojos estaban clavados en el cuerpo de su amada, inerte, cada vez más frío, con un charco de su propia sangre cada vez más grande. No escuchó tampoco el sonido de más disparos, todos saliendo de las armas que portaban los demonios y acababan su corto recorrido en los cuerpos de los rehenes. Una auténtica masacre, asesinatos a sangre fría, sin miramientos, sin misericordia...

Entonces todo se volvió rojo…

Su cuerpo actuaba de forma automática pues su mente estaba perdida en un infierno rojo. Los demonios, tan ocupados que estaban disfrutando de aquella masacre y discutiendo sobre qué hacer, no se dieron cuenta de que el joven heredero Stark se había puesto en pie hasta que fue demasiado tarde…, hasta que su cuerpo se vio envuelto en la armadura y energía dragontina…, una desbordante y aterradora energía…

Los policías que se mantenían afuera, así como todos los demás presentes, incluyendo a Pepper, sintieron un terror como nunca antes. Todo lo que sus manos sostenían cayeron al suelo por tal terror. Era simplemente indescriptible.

[Yo, aquel que despertará...]

Empezó. Está a punto de empezar.

Los demonios apuntaron sus armas a la armadura, pero las balas eran totalmente inútiles.

[Soy el Dragón Celestial que robo los principios de la dominación de Dios…]

Así ha sido siempre. Así es, siempre ha sido así.

Sus manos comenzaron a temblar al tiempo que un sudor frío caía por sus rostros, manos, brazos…, todo su cuerpo…, y sus rostros se volvía pálidos como la nieve.

[Yo me rio del "infinito" y desprecio el "sueño"...]

El mundo desea. El mundo rechaza.

Extendieron sus alas, valiéndose de su condición para destruir el techo y salir volando ante la mirada muerta del portador de Ddraig.

[Yo me convertiré en el Dragón Rojo de la dominación…]

Desatado en un estallido de poder. Siempre es por amor.

Pero no esperaban que aquel chico fuera tan rápido, cerrándoles la ruta de escape.

[¡Te hundiré en las profundidades del purgatorio carmesí!]

[¡Juggernaut Drive!]

Intentaron atacarle con sus poderes de demonios, pero la explosión fruto de la invocación de aquella monstruosidad les impidió hacer nada. La explosión por aquella liberación abrupta de energía destruyó toda la estructura y mandó a volar lo que estuviera en los alrededores. Las personas de las cercanías sufrieron por aquello, algunas con la mala suerte de salir volando, otras recibiendo el impacto de algún objeto, y el resto simplemente cayendo hacia atrás. No se recuperarían en poco tiempo. Los helicópteros de la policía y los medios tuvieron tales turbulencias que cayeron a tierra.

Los demonios, que apenas y habían logrado sobrevivir gracias a sus poderes, observaron con auténtico terror aquella figura que les hacía frente, furiosa, dolida, con una tristeza y un odio sin parangón, todo dirigido únicamente a ellos tres. Los rugidos de aquel ser resonaron a kilómetros de distancia, llamando la atención y aterrorizando a los habitantes de las zonas circundantes, e incluso la propia capital italiana.

XXXXX

Ambos Cardenales ya se encontraban a menos de un kilómetro del almacén donde estaban los demonios, el Sekiryuutei y los rehenes. No les había llevado mucho prepararse: coger sus armas y preparar un as bajo la manga. Fue entonces que sus cuerpos quedaron paralizados al ver un enorme pilar de poder dragontino que se extendía hasta el cielo, creando unas nubes rojas que iluminaron más que la luna llena. Sus instintos de supervivencia chillaron como nunca antes. En toda su vida como exorcistas, nunca antes habían experimentado algo así. Tal sed de sangre, tal ira, tal furia, tal odio…, tal tristeza, desesperación y dolor…

Había pasado… El joven Hyoudou-Stark había desencadenado la Juggernaut Drive, el infierno del Dragón Rojo. Ya estaba todo decidido, solo tenían un camino y recorrerlo era sinónimo de suicidio si fallaba lo más mínimo. Pero no podían echarse atrás. Su as bajo la manga estaba preparado para aquello mismo, aunque no estaban seguros de sí funcionarían. Nunca antes lo habían probado, por lo que no estaban seguros de sí funcionaría, pero no podían hacer otra cosa que no fuera avanzar. Además, puede que las probabilidades de que hubiera supervivientes fueran prácticamente nulas…, pero seguía habiendo vidas en juego, incluyendo la del propio Sekiryuutei.

—Incluso para mi…, esta va a ser una batalla a muerte —Murmuró el anciano Strada junto a Cristaldi mientras blandía un fragmento de Excalibur.

No era Durandal, con la cual él estaba más que familiarizado, pero esperaba que le sirviera. Lástima que su actual portadora estuviera de intercambio en la Iglesia Ortodoxa, más concretamente en Rusia.

— ¿Por qué crees que ha entrado en ese estado? —Le preguntó el Cardenal Cristaldi mientras empuñaba dos fragmentos de Excalibur.

—Algo muy malo, algo horrible. Han informado de que tres demonios han secuestrado un autobús que se dirigía a Ostia. Entre los rehenes estaba la novia del señor Hyoudou-Stark. Temo que…

—Maldición…

Cristaldi se lamentó por la muerte de la muchacha y seguramente la del resto de los rehenes.

—Pobre muchacho. Pero tenemos que ponerle fin a esto aquí y ahora.

— ¿Matarlo?

—De ser posible no. Para eso lo hemos preparado. Tenemos que lograr dejarlo inconsciente, o encontrar alguna manera de dejarlo en ese estado.

— ¿Por qué es un posible recurso de guerra para nosotros?

—No. Porque puede ser un gran protector de la Humanidad.

Cristaldi asintió a las palabras de su maestro y superior con una leve sonrisa mientras empuñaba dos de los cuatro fragmentos de los cuales disponían ambos.

—Eso es cierto. Pues entonces démonos prisa o morirá por la Juggernaut.

—Sí. Vamos.

—Y recemos para que los rehenes estén bien.

—Mis esperanzas en ello son casi nulas… Ojalá me equivoque.

Entonces comenzaron a correr hasta lograr llegar al lugar designado.

XXXXX

Los demonios abrieron sus ojos luego de aquella explosión de poder del niño que portaba al Dragón Rojo. Aquello era inaudito. ¿Tanto poder poseía en verdad? El miedo recorrió cada fibra de su ser y sus instintos le gritaban por huir de allí lo más lejos posible y ocultarse para nunca volver a salir. Abrieron los ojos, observando aterrorizados a aquella criatura con forma híbrida, humano-dragón, que les miraba con tal odio y furia que prácticamente les paralizó.

Solo bastó un paso de la criatura para que la poca consciencia que les quedaba volviera a ellos. Alzaron sus armas de fuego, vaciando los cargadores sobre aquel ser, pero las balas eran totalmente inútiles contra él. Una vez que se quedaron sin munición comenzaron a usar todos sus poderes mientras se dividían para atacar desde todos los ángulos posibles, pero el efecto era el mismo que con las armas de fuego.

Nada podía detener a ese monstruo...

Con un rugido ensordecedor, la criatura se impulsó hacia el demonio que tenía enfrente. La velocidad fue tal que el demonio no pudo ni reaccionar. Para cuando supo que estaba pasando observó cómo la mano deforme de esa horrible criatura le agarraba toda la cabeza, alzándolo en el aire. Sus compañeros gritaron y siguieron atacando, uno de ellos golpeándole con sus puños, pero era inútil. Ni siquiera los ataques a quemarropa del demonio que tenía agarrado surtían efecto.

La criatura agarró uno de sus brazos, arrancándoselo de cuajo. El grito ensordecedor provocó que los otros demonios no aguantasen más, orinándose en los pantalones. Intentaron huir, pero la cola del ser les golpeó, evitando su escape. Entonces siguió con la tortura de aquel pobre diablo que tenía sujeto: siguió su otro brazo y luego sus piernas para finalizar con el aplastamiento de su cabeza, como si aplastara una uva podrida.

Demasiado sencillo.

La sangre bañó su brazo, pero no le importó. Dejó caer el cuerpo al suelo, atravesando el pecho con su pata. Entonces miró a su segundo objetivo, quien no podía ni parpadear luego de ver aquello. En verdad ninguno de los dos podía mover un solo músculo. Sólo podían observar a aquel ser lleno de sed de venganza acercarse a ellos.

-No… Por favor… No… Perdóname… No… ¡No…! ¡NOOOOO!

XXXXX

No quedaba casi nada en pie. Las personas que había en el lugar, afuera del almacén, estaban en su mayoría sanas y salvas, aunque inconscientes, aunque había varias que habían muerto o estaban gravemente heridas. Las ambulancias estaban inutilizadas, por lo que llamaron para pedir más mientras ellos se ocupaban del pobre desgraciado.

Lentamente ingresaron en lo que antes era el almacén. Allí, en el suelo, a cuatro patas, estaba Issei Hyoudou-Stark, o más bien una figura híbrida entre dragón y humano. Rugía, pero eran rugidos de dolor, pues de sus ojos no dejaban de caer lágrimas. Podían observar restos de los demonios, una vista nada agradable, vomitiva para quienes no hubieran experimentado la guerra en toda su crudeza. El dragón se había ensañado con aquellos pobres desgraciados que habían osado causar la ira de un dragón. ¿Habían pagado el precio? A pesar de la tortura de la híbrida criatura, lejos estaban de haber pagado como se debía la matanza que habían llevado a cabo.

Sin inmutarse por los cuerpos, o los restos, de los demonios, decidieron poner en marcha su as bajo la manga para aquella situación. Poco podrían hacer esas espadas frente a aquel pobre muchacho transformado en aquella abominación.

Strada y Cristaldi mantuvieron la distancia al intentar evitar un enfrentamiento directo con el Sekiryuutei en aquel estado. Si fuera posible, querían evitar más muerte y destrucción. Lentamente comenzaron con el plan. Para su suerte, el Sekiryuutei enloquecido no les prestaba atención. Ya había matado a aquellos que deseaba, así que sólo quedaba llorar y rugir por el inmenso dolor que sentía. No le quedaba otra cosa.

Una vez la preparación hubo terminado, comenzaron. No poseían el poder para sellar tal cantidad de poder, así que sólo debían expulsarlo del monstruo hasta que, poco a poco, como un globo que se deshincha, vaciar de poder a aquel ser. Nuevamente un pilar de energía dragontina salió disparado hacia el cielo, pero esta vez no se quedó en la atmósfera, sino que continuó y continuó hacia el espacio, hacia alguna parte del inmenso vacío. En verdad poco importaba su destino. Quizás alguna estrella, o luna, o planeta. Lo importante es que no afectara al sistema solar y, de ser posible, ningún lugar habitado. Quién sabe que destrucción provocaría esa energía al impactar contra algo. Lo mejor era no pensarlo.

Suerte tuvieron de que el Sekiryuutei ignorara por completo aquel acto. Él simplemente rugía y lloraba, nada más. A pesar de contar con la fortuna de su parte, realizar aquel acto era sumamente agotador para ambos humanos, pero la energía de las espadas sagradas, su poder, ayudaba a que pudieran mantenerlo durante el tiempo suficiente. Luego de largos minutos, cuando el sonido de las ambulancias, los bomberos, la policía y el ejército les llegaron a los oídos, ya nada quedaba de aquel poderoso y temible ser que minutos atrás había causado tal nivel de destrucción.

—Lo hemos logrado —Suspiró Cristal totalmente agotado.

Lo que habían hecho era prácticamente un suicidio, pero había salido bien, a costa de dejarles totalmente agotados, pero aun pudiendo mantenerse en pie.

—Sí, pero me temo que este joven no va a estar bien —Dijo Strada con pesar mientras comprobaba el pulso del adolescente. Era muy débil, pero tenía—. Lo has sentido, ¿verdad?

—Sí.

—Rezaré a Dios para que pueda recuperarse. El mundo le necesitará.

—El mundo se tirará sobre él como pirañas hambrientas.

Dicho esto, ambos Cardenales se marcharon luego de borrar toda evidencia sobre la verdad de lo ocurrido. Nadie sabría que el joven Hyoudou-Stark se transformó en aquel monstruo, ni que ellos estuvieron allí para pararlos.

Cuando aquellos que habían ido al almacén y quedaron inconscientes o semi inconscientes comenzaron a recuperar la consciencia quedaron impactados por lo que sus ojos veían. No quedaba nada de aquel almacén. Todo había sido reducido a escombros. No habían sobrevivido ni los cuerpos de los humanos asesinados. No había restos. Sólo quedaba una cosa, o dos: el inconsciente y lloroso Issei Hyoudou-Stark, sin restos de su armadura, y el Reactor Arc, chamuscado hasta casi ser irreconocible.

Los militares y la policía rastrearon toda la zona en busca de supervivientes mientras los bomberos apagaban los incendios y los médicos, paramédicos y enfermeros atendían a todos los heridos y certificaban las muertes de algunos. ¿Qué había pasado allí? Esa era la principal pregunta, y el único que podía darles una respuesta estaba inconsciente.

Le subieron a una camilla y lo llevaron a un hospital, al igual que al resto de heridos de gravedad. Los periodistas no tardaron en informar, algunos creando sus propias teorías paranoicas, mientras el mundo se hacía eco de ello.

XXXXX

Issei abrió los ojos, no reconociendo el techo que estaba viendo. Le dolía la cabeza como nunca antes. Parecía que le habían pasado la mente por una trituradora. Le costaba recordar lo que había pasado. En verdad no sabía qué había pasado. Y su cuerpo…, nunca lo había sentido tan cansado y dolorido como en aquel momento.

— [Ufff. Me alegro ver que sigues con vida, compañero]

—Ddraig… —Susurro con dificultad.

— [Por ahora deberías descansar]

—Me duele todo…

— [Es normal. En verdad debo decir que estoy abrumado. El Reactor Arc es sin duda magnífico. Es gracias a él que sigues vivo. Ha ayudado a soportar la energía de la Juggernaut. Es simplemente algo asombroso. un milagro me atrevería a decir]

—Soportar… ¿el qué…?

— ¡Ise!

Si hubiera podido habría dado un brinco por aquel grito. Soltando una queja por el dolor que sentía, Issei pudo ver que Pepper se encontraba a su lado con lágrimas en los ojos y una gran sonrisa de alivio.

—Dios…, como me alegro de verte despierto.

—Pepper… ¿qué…?

—Nos has tenido preocupados.

Para nueva sorpresa del adolescente, Tony también se encontraba allí junto a Happy.

— ¿Papá…? ¿Happy…? ¿Qué…?

—Llevas en coma casi una semana —Explicó Pepper—. Los médicos pensaban que no ibas a despertar pronto. Incluso decían que podrías estar así semanas o meses.

El ceño del muchacho se frunció al no entender nada.

—Pareces confuso. Ise… —Pepper se pasó la lengua por los labios, como no queriendo decir lo que estaba a punto de decir—, ¿qué es lo último que recuerdas?

El adolescente la miró con gran confusión, luego a Tony y por último a Happy. Los dos hombres tenían sus rostros sombríos. Ellos sabían algo que él no. ¿Pero el qué?

—Recuerdo…, recuerdo… Estar con Iris… Hablar con Irina… Luego esa maldita y aburrida reunión… Después… ¿un almacén…? No sé… No logro recordar…

Pepper se incorporó, mirando a los otros dos presentes con dolor. Tony se separó de la pared en la cual estaba apoyado, caminando hasta colocarse a su lado. Pepper se sentó en una silla que había cerca de la cama. Se tapó la cara con las manos, impidiendo que Issei pudiera verle el rostro. El joven tragó seco, cada vez más nervioso.

—No recuerdas nada —Dijo Tony—. ¿Nada de nada? ¿Estás seguro? ¿No recuerdas nada más?

—Papá…, me estás asustando… ¿Dónde está Iris? ¿Por qué no está aquí?

—Responde.

— ¿Iris? Amor, ¿dónde estás?

— ¡Responde!

— ¡No lo sé! ¡No recuerdo nada más! —Estalló el adolescente—. ¡¿Dónde está Iris?! ¡¿Por qué no quieres decirme dónde está?!

Tony inspiró profundamente mientras observaba a su hijo. Issei tenía una mezcla de sentimientos negativos en su corazón. Era un revoltijo muy peligroso…, y lo que estaba por revelarle sería la gota que derramaría el vaso.

—Está muerta. Iris está muerta.

El mundo se detuvo para Issei Hyoudou-Stark. No bromeaba, eso estaba más que claro. Su padre estaba siendo sincero en aquella afirmación. ¿Muerta? ¿Iris? No…, imposible… No podía estar muerta… Ella debía estar en el hospital, en alguna parte… Quizás había ido a beber o comer algo mientras él dormía… ¿verdad? El ano podía…, no podía…

— [No es mentira, compañera. Está muerta]

—No… Imposible… Ella no…

— [Sí…, lo está…]

A su mente entonces llegaron todos los recuerdos desde que recibiera la llamada. Ddraig se había ocupado de ello. Fue como una bomba termonuclear que había explotado en su mente. El dolor fue tal que se llevó las manos a la cabeza, apretando los ojos y los dientes todo lo posible. Aquello preocupó a los tres adultos, quienes se acercaron para asegurarse de que no le ocurriera nada malo, como un desmayo repentino, morderse la lengua o a saber.

Pero para Issei aquello era mucho peor. No solo recordó la muerte de su amada, sino la del resto de civiles. Cuando invocó la Juggernaut Drive de forma inconsciente al dejarse llevar por los malos sentimientos los recuerdos cesaron ya que él actuó de forma automática, con su mente perdida en un pozo oscuro.

De pronto sus manos cayeron a sus costados como peso muerto mientras sus párpados se abrían, dejando ver sus ojos, unos ojos muertos, que provocaron gran dolor en los tres adultos. Aquel no era Issei Hyoudou-Stark…, era simplemente la sombra muerta de quien algún día fue. Ahora un único pensamiento pasaba por su mente…

La culpa es mía… Yo les maté… Todo por revelar quién soy… La culpa es mía… Yo los asesiné...

XXXXX

La noticia no tardó en extenderse por todo el país, Europa y el mundo entero. Como era de esperarse, fueron muchos los que achacaron toda la culpa al adolescente por la muerte de todos esos inocentes. A pesar de lo que afirmaba la versión oficial: que los secuestradores eran unos terroristas suicidas que intentaron matar al Hyoudou-Stark con bombas muy potentes, tanto como para no dejar casi rastro de la estructura y nada de los cuerpos, el cual sobrevivió por la armadura, todo lo contrario que el resto; aquello no fue suficiente, sobre todo para los familiares. Gracias a la video llamada de los terroristas a Issei, la cual registraron y revisaron una y otra vez, se supo quiénes eran las víctimas, por lo que se les pudo dar funeral, aunque fueron funerales de tumbas vacías.

En cuanto Issei recibió el alta médica, en cuanto a su salud física, fue llevado a un cuartel del ejército para ser interrogado tanto por los militares como por la policía. Al ver que no obtenían respuestas de aquel joven muerto en vida decidieron ser más duros, incluso recurrir a las amenazas y torturas para asustarle, pero no reaccionaba de ninguna manera, a ninguna amenaza. Al final tuvieron que darse por vencidos. Conocían aquel estado y sabían que nada diría, pero no porque no quisiera. Tuvieron que llamar a una psicóloga para certificar su estado mental, su salud. La mujer estuvo largo rato con él, pero no logró que dijera ni una sola palabra. Al final dio su informe a las autoridades y al tutor legal del muchacho.

—Es imposible que saquemos nada de él. Está en shock, uno muy profundo y peligroso —Explicó la psicóloga—. He revisado su historial y temo decir que, en caso de recuperarse, será lenta y dolorosa: presenciar la muerte de sus padres biológicos y la casi muerte doble de su padre adoptivo pusieron su mente en jaque, pero logró seguir adelante. Ahora, con la muerte de la señorita Davenport y los rehenes asesinados…, me temo que su mente ha colapsado. El nivel de estrés mental es…, asombroso y aterrador. Va a necesitar mucha ayuda.

—Gracias —Fue la simple respuesta del militar a cargo.

La psiquiatra asintió y se marchó de la sala, dejando al jefe militar, el jefe de la policía, Tony y Pepper, al punto de estallar en lágrimas, pero logrando recomponerse mientras se limpiaba las que deseaban salir. Sus ojos vidriosos eran la clara muestra de ello. Volvió entonces la mirada al muerto viviente en el que se había convertido aquel joven que apreciaba y quería como si fuera su propio hijo. Tony decidió entregar voluntariamente las pocas grabaciones de la armadura de Issei durante el enfrentamiento contra los demonios, exceptuando el momento en el que deshizo la armadura y cuando invocó la Juggernaut Drive ya que dicha transformación destruyó las cámaras por completo.

Aquella misma tarde sacaron a Issei de aquella ciudad, cogiendo el jet rumbo directo a Malibú, lejos de todo aquel circo mediático que se había vuelto aquel horrible suceso, aunque seguramente toda la prensa nacional y extranjera les esperarían en la mansión, pero aquel lugar era mucho más seguro. Durante el vuelto Tony observó el reactor, pensando en la explicación que el dragón le había dado sobre los eventos de aquella noche en el almacén.

.

(Flashback)

.

Nada más enterarse de lo ocurrido en Roma, de saber que su hijo adoptivo estaba en un hospital de la ciudad en coma, de saber de la muerte de los secuestrados, incluyendo la joven Iris, Tony no tardó ni un segundo en ir a la capital italiana lo antes posible. Pero Happy exigió ir con él, por lo que cogieron su jet privado en vez de ir en la armadura. Una vez llegó al hospital fue directamente a la habitación de Issei. Allí estaba Pepper, dormida en una silla, velando por el cuerpo dormido del adolescente. Ninguno de los dos hombres hizo sonido alguno, sino que se quedaron observando a Issei. Se le veía pálido y ojeroso. Aquello no era simplemente por lo acontecido.

—Ddraig —Llamó Tony al ser mitológico.

— [Tony]

— ¿Qué ha ocurrido?

— [Te cuento]

El dragón no escondió nada, ni siquiera lo que hizo en estado Juggernaut Drive. Observó sobre una mesilla el Reactor Arc chamuscado, el cual fue expulsado por Ddraig antes de que la armadura desapareciera. Obviamente en la explicación incluyó la aparición de los tres exorcistas, siendo una la propia Irina. Tony desvió su mirada de la joya verde al rostro de su hijo.

— ¿Cuánto?

— [No sé decirte. Normalmente usar esa transformación mataría al usuario nada más terminar, pero debido al reactor, ha logrado sobrevivir. No puedo ser específico, pero quizás haya perdido la mitad de su vida, o veinte años]

— ¡!

Los ojos de Happy se abrieron como paltos, incrédulo ante lo que escuchaba.

—La mitad…

— [En el peor de los casos]

—Eso significaría que le quedarían, a lo mucho, veinte años —Dijo Happy con gran preocupación.

— [Eso mismo. Me temo que no llegará a viejo. Si nos hubiera hecho caso no le habría tomado por sorpresa ese cuarto demonio]

— ¿Le estás echando la culpa?

— [No toda, pero no pienso cargar con toda. J.A.R.V.I.S. y yo le advertimos, pero nos ignoró por completo, y pasó lo que pasó. Nadie tiene toda la culpa, pero es injusto culpar solo a uno cuando todos tenemos parte de ella]

Tony no refutó aquellas palabras. Sólo podía contemplar a su hijo. Cuando despertase…, ya no sería el mismo.

.

(Flashback)

.

—Va a pasar mucho hasta que se cansen —Comentó Pepper.

— ¿Eh? ¿Qué?

—La prensa. No nos van a dejar tranquilos en mucho tiempo. Habría que advertir a sus amigos. Es posible que sean también objetivos para intentar sonsacar algo.

—Sí… Buena idea…

—No te sientas culpable, Tony. Nadie pensaba que esto fuera a pasar.

—Puede…, pero ahora él está destrozado y hundido. ¿Acaso no ha sufrido ya lo suficiente? ¿Por cuánto más tiene que pasar? Y por si fuera poco se culpa por la muerte de Iris y los rehenes. Se llama a sí mismo asesino. Y no podemos hacerle cambiar de idea porque es un muerto en vida.

Pepper no supo que responder a esas palabras. Su mirada fue a Issei, quien observaba la ventana con la misma mirada que tenía desde que recordó la tragedia. No podían darle por perdido, pero la recuperación iba a ser larga y dura.

XXXXX

El mismo día que Issei Hyoudou-Stark abandonó Roma junto a su familia, en la Ciudad del Vaticano, Irina caminaba por los pasillos del edificio con la mente perdida. Desde que se enteró de los terribles sucesos que ocurrieron aquella noche, se culpaba por todo, por la muerte de esos civiles inocentes y por la de Iris. Se culpaba por no haber prestado atención a su deber sólo por volver a ver a su viejo amigo e intentar retomar su amistad. El dolor que sentía no se desvanecería en poco tiempo, y ni siquiera la charla con los altos cargos habían servido para tranquilizar su mente y corazón y hallar la paz.

No, le era imposible.

Entonces, en un cruce de pasillos, se encontró con un obispo que caminaba junto a varios subordinados

—Ah, hermana Shidou, a usted estaba buscando.

— ¿Qué necesita de mí, obispo? —Preguntó con educación luego de hacer una reverencia a su superior.

—Usted debería hablar con el Sekiryuutei. El ataque de los demonios podría ser una baza a nuestro favor para que se una a nuestras filas.

Irina quedó impactada e incrédula por lo que estaba escuchando de la boca de uno de los obispos. No podía ser verdad, ¿no?

—Estará bromeando, ¿verdad?

El ceño del anciano se frunció.

—No bromeo, hermana. Esta es una gran oportunidad que no podemos desaprovechar.

Los puños de Irina se apretaron hasta que sus nudillos se volvieron blancos y su rostro se contrajo por la gran ira que estaba sintiendo. El obispo incluso se asustó por aquella explosión por parte de la joven.

— ¡¿Qué demonios estás diciendo, maldito?! ¡¿Cómo se te ocurre pedirme algo así?! ¡Mi amigo está sufriendo, está destrozado, hundido! ¡Acaba de perder al amor de su vida y no ha podido salvar a esas personas, ¿y usted me está diciendo que use eso como arma para que se una a la Iglesia?! ¡Maldito hijo de puta bastardo! ¡Vallase a la mierda!

No solo el obispo, sino que todos los presentes miraron con horror a la joven exorcista. ¿Hablarle de esa manera a un superior? ¡Inaudito! El rostro del obispo se enfureció por aquellos insultos y su falta de educación, modales y respeto para un superior. Pero, antes de que pudiera reclamarle, alguien hizo acto de presencia.

—No se le ocurra abrir esa boca otra vez, obispo.

Todas las miradas se dirigieron al pasillo del cruce, sorprendiéndose al ver al actual cabeza de la Iglesia Católica, quien caminaba junto a la mayor leyenda, actualmente viviente, de la Iglesia Cristiana.

— ¡Su Santidad! ¡Cardenal Strada!

Todo el odio y la furia de Irina desapareció. Puede que fuera protestante, pero el Papa seguía siendo el Papa, y su rostro se volvió carmín, avergonzada por su actuar segundos atrás. Además, Vasco Strada era un ejemplo a seguir para todo exorcista, fuera de la Iglesia que fuera. El mayor y más poderoso exorcista de la historia de la cristiandad, sólo igualado por los Apóstoles de Jesucristo. Todos realizaron una profunda reverencia.

—Puede retirarse, obispo. Y de paso piense adecuadamente en lo que le ha propuesto a esta joven.

—Pero su Santidad, esta es una oportunidad…

—Usar el dolor por la pérdida para conseguir un fin es deshonroso y deleznable. Es una vergüenza y no permitiré nada de eso. Reflexione adecuadamente. Ahora retírese. Todos.

Los presentes hicieron una reverencia, procediendo a marcharse de aquel cruce de pasillos. Pero, al ver que la joven exorcista procedía también a marcharse, el Papa Benedicto la detuvo.

—Espera un momento, hermana Shidou.

—Su Santidad.

Irina se detuvo, volteando hacia el dúo de ancianos, esperando a aquello que el máximo representante de la Iglesia Católica tuviera que decirle.

—Lamento mucho el cometido que el obispo te ha encomendado. Sé que el joven Hyoudou-Stark es amigo suyo, su mejor amigo de cuando estuvo en Japón, y entiendo que para usted es muy difícil la horrible situación que está pasando. Es por eso de que tiene mi total autorización para rechazar cualquier tipo de petición similar y recriminar sin tapujos a quien le de esa orden, sea quien sea. La Iglesia ha cometido muchos errores a lo largo de su historia, algunos de los peores han sido recientemente, pero es nuestro deber intentar que vuelva al buen camino. Debemos poner todos nuestros esfuerzos. Incluso yo, siendo el Papa, no tengo poder absoluto. Soy humano, como todos nosotros, y el ser humano es imperfecto. Por eso te pido también que perdones.

—Por supuesto, su Santidad.

Irina realizó una reverencia y procedió a seguir con su camino ante la atenta mirada de los dos ancianos.

—Se culpa de lo ocurrido —Dijo Strada mientras ellos retomaban también su propio camino.

—Es normal. Había establecido una buena conexión con la joven Davenport y había vuelto a retomar su relación con su viejo mejor amigo. Cuando uno tiene una relación como esa y un deber como el que tiene, la culpa es muy grande.

—Solo podemos estar para ellos cuando necesiten ayuda, pero el tiempo es siempre el mejor curandero.

—Por supuesto. Recemos por aquellas pobres almas, por las familias que sufren sus pérdidas, porque la hermana Shidou encuentre el perdón…, y porque el joven Hyoudou-Stark salga del pozo oscuro en el que está y vuelva a brillar. El mundo necesita a gente como él.

—Duro, largo y doloroso será el camino de su recuperación.

—Seguro. Pero esperemos que vuelva más fuerte que antes.

—Rezaré por ello.


Pufff…

Bueno…

Joder…

Que puedo decir…

Dije que iba a ser un bombazo, ¿no? El punto de inflexión y no retorno, ¿verdad? Pues ale, aquí está. ¡Otra para mi lista! No sé que tengo para matar a la mayoría de novias y esposas del bueno de Issei, pero su muerte tiene gran importancia, como es de esperar (al igual que las de todas las que he matado). En un principio pensé en hacerla un poco más dulce, con ella despidiéndose, muriendo en sus brazos, pero entonces decidí hacer mejor esta muerte. Me gusta más, la otra me parecía demasiado cliché. En este tipo de muertes no se suele poder despedir uno de la persona amada (en la vida real, no el cine o las series).

Reviews:

Tenzalucard123

Ya has leído el motivo de que no saliera, no es que me olvidase de ella. Normal, ¿no? Imagina que de pronto un familiar tuyo o un amigo cercano (mejor amigo incluso), te revela todo eso. ¿Cómo actuarías tú? He ahí la cuestión.

omega9028

Tsss.

SAMUROCK

Cuando hablo de pelear me refiero a de tú a tú, plantar cara de verdad. Puede tener energía casi infinita, pero en cuanto a pura fuerza física sería como Iron Man (sin la Hulkbuster) contra Hulk. Podría plantarle cara, pero no acabaría muy bien.

CCSakuraforever

En serio, a veces me cuesta saber qué decir a tus comentarios jajaja. Gracias, supongo, jajaja.

Goku SSJ DIOS SSJ3

¿Si? Pues a ver qué te ha parecido este, aunque me hago una idea. ¿Ir a Roma y que no salga alguna del Trío Eclesiástico? ¡Herejía!

Pregunta respondida en el propio capítulo.

Spoiler~. Puede no gustar, pero en parte es lógico, ¿no?

Bueno, nuevamente lo digo…, ha sido un episodio difícil por el cariño que le tenía a Iris (y seguramente no seré el único). Aun así, espero que os haya gustado (en cierto modo) y espero que no dejéis de leer por esto…, o al menos no me deseéis mal jajaja.

Sin más que decir, me despido.

Pd: si con esto no hay un boom de comentarios, no sé con qué lo habrá jajajaja (¿intento desesperado de obtener más comentarios? Por favor… Quiéeeeen saaaaabe XD XP)

Nos leemos !