CAPÍTULO 5: CONFIDENCIAS

La noche estaba despejada y el tenue brillo de la luna nueva permitía apreciar con nitidez las estrellas, a pesar de las luces de la ciudad. El Capitán no había querido dar detalles por teléfono, por lo que ambas chicas no pudieron evitar pensar lo peor.

Miyuki condujo en silencio, a gran velocidad, mientras su compañera, a brazos cruzados, golpeteaba sus dedos con impaciencia. Por fortuna, las calles estaban casi desiertas. Era de madrugada después de todo.

Llegaron en breve tiempo a la estación y a lo lejos, entre unos agentes, divisaron a Aoi, que se acercó a ofrecerles un poco de café.

- ¿Se supo algo? –preguntó nerviosa Miyuki, mientras buscaba entre la gente-.

Aoi negó con la cabeza. De pronto, el Capitán hizo aparición, con semblante serio.

- Buenas noches… Entendiendo que esto es algo delicado, antes de comentarles lo sucedido, quisiera informales que, afortunadamente, esta vez el ataque no ha sido mortal.

Hubo algunas muestras de alivio, suspiros y murmullos entre los oyentes, pero las chicas seguían nerviosas. Natsumi tenía un mal presentimiento.

- Ken Nakajima –soltó al fin, provocando un silencio sepulcral.

Natsumi tuvo que sujetar a su compañera para que no se desplomara y la ayudó a sentarse en una silla. Su taza de café recién servida cayó al suelo y se hizo añicos.

- ¡Jefe, por favor, díganos qué ha ocurrido! –gritó Natsumi, mientras Miyuki seguía en estado de shock-. ¡¿Dónde está Satō?! ¡Todo esto es su culpa! –espetó furiosa-.

- Hasta el momento, sabemos que Nakajima se encontraba realizando patrullaje nocturno, y cerca de la mediacho advirtió la presencia de un vehículo que circulaba sin matrícula. Al parecer, habría intentado hacer que se detuviera, sin éxito, por lo que procedió a dar aviso por radio a la central. Al poco rato, se perdieron las comunicaciones y una patrulla fue enviada al sector de inmediato. Fueron ellos quienes advirtieron la escena: Nakajima herido, tirado en la calle inconsciente y su motocicleta destrozada. Fue trasladado inmediatamente al hospital, donde se diagnosticó una pierna rota y además… -continuó dubitativo- además, habría recibido dos disparos con arma de fuego… Uno de ellos, dio en su brazo izquierdo, y el otro, en su abdomen...

Hubo expresiones de terror.

- …Afortunadamente, Nakajima estaba siguiendo los protocolos de seguridad impuestos y llevaba encima un chaleco antibalas. En estos momentos está siendo intervenido para extraer la bala de su brazo. El último reporte indica que se encuentra estable -concluyó el Capitán-.

- ¿Afortunadamente…? –repitió Natsumi con ironía.

De pronto, Hiroyuki Satō se asomó en la entrada. Lucía afligido y cansado, y ni siquiera llevaba atado su cabello como de costumbre, por lo que algunos mechones de cabello más largos caían por sus mejillas tapando parcialmente su rostro cabizbajo.

- Hasta que al fin aparece la "joya" de la policía –gritó sarcástica Natsumi, mientras se acercaba a él, desafiante-.

El recién llegado simplemente guardó silencio. La chica se puso frente a él y lo jaló de la solapa de su chaqueta, dejándolo casi a su altura.

- ¡Todo esto es tu culpa! –espetó Natsumi, pero Satō no la miraba-. ¡¿No vas a decir nada?! –Lo jaló con más fuerza-.

El chico no opuso resistencia y lentamente fue alzando la mirada, haciendo por fin contacto visual con Natsumi. Aquellos ojos verdes tan familiares, ahora estaban tan llenos de tristeza que la chica no pudo evitar sentir lástima. Gradualmente, y sin dejar de verlo a los ojos, fue liberando su agarre.

Repentinamente, Miyuki se puso de pie y corrió rumbo al estacionamiento, sacando a Natsumi de sus pensamientos. Desvió la mirada hacia ella y la siguió rápidamente.

Nadie intervino y Hiroyuki Satō se quedó ahí, herido en su ego, en silencio e inmóvil.

Llegaron al hospital en tiempo récord. Por fortuna, la cirugía de Nakajima había terminado en forma exitosa y éste ya se encontraba descansando en una habitación. Aún estaba sedado, por lo que, de momento, no podía recibir visitas.

En el vestíbulo también se encontraban Sena y Daimaru Nakajima, sus padres. Miyuki abrazó a ambos y al fin se puso a llorar.

- Todo estará bien, querida –le dijo Sena intentando tranquilizarla-.

- Ken-chan es muy fuerte. No se dejará vencer por cosas como ésta –le dijo Daimaru, también conmovido-.

- Me quedaré a esperarlo hasta que despierte… -respondió la chica aun sollozando-.

Natsumi los acompañó durante un rato, pero finalmente decidió que era mejor darles espacio y regresó al apartamento. No se podía quedar de brazos cruzados y si Satō no iba a hacer su trabajo, alguien tendría que tomar cartas en el asunto.

La luz del día se colaba a través de la cortina entreabierta de la ventana de su habitación. Apenas había logrado pegar un ojo cuando sonó la alarma de su despertador. Se duchó rápidamente y se fue sin desayunar. Había mucho trabajo por hacer y no podía perder el tiempo. Bajó al estacionamiento y se montó en su motocicleta. Primero debía hacer una parada rápida en el hospital.

Estacionó su vehículo y se dirigió a la habitación 205. Allí estaba su compañera y la familia de Nakajima, que felizmente ya se encontraba despierto, aunque bastante maltrecho. Estaba vendado en varias partes del cuerpo y tenía inmovilizada la pierna fracturada y el brazo izquierdo.

Natsumi se acercó a su amiga y le dio un beso en la cabeza.

- Buenos días, chicos… Me alegra ver que te encuentras mejor, Nakajima –dijo, mientras le entregaba a Sena una caja con vasos de café y algunos sándwiches que había comprado para ellos en el camino. Sena sonrió y le agradeció con un abrazo-.

- Gracias Tsujimoto, esta vez estuvo muy cerca… -murmuró en voz baja el Halcón Blanco-.

Miyuki se estremeció.

- Por favor, no digas esas cosas, debes descansar.

- No puedo… Imagino que pronto vendrán a interrogarme desde la Oficina de Investigación Criminal… Aunque no sé si podré aportar mucha información… -sostuvo inquieto-.

- No te preocupes por eso ahora –señaló Natsumi, dándole una palmada suave en señal de apoyo-.

- Escuchen… No quiero sonar malagradecido, pero ¿p-podrían dejarme un momento a solas con Miyuki, por favor…? –musitó Ken-chan, entrecortadamente -.

Todos los presentes intercambiaron miradas y salieron de la habitación sonriendo.

Nakajima guardó silencio unos minutos, tratando de reunir valor antes de hablar.

- Miyuki… -dijo al fin-.

- No es necesario que digas nada –interrumpió la chica-.

- Escucha, por favor… -prosiguió el chico-. Nuevamente estuve a punto de morir… Pero de alguna forma obtuve otra oportunidad. Lo cierto es que la vida es muy corta y no se puede dar nada por sentado… N-no quiero dejar pasar la oportunidad de decirte lo que siento por ti… -susurró alzando su mano derecha, en un intento por limpiar una lágrima del rostro de Miyuki-.

La chica sostuvo su mano y la acomodó en su mejilla izquierda.

- Te quiero, Ken-chan –le dijo sonriendo con timidez, mientras intentaba secarse las lágrimas-.

- Miyuki, m-mudémonos juntos, casémonos, formemos una familia, no perdamos más tiempo –soltó atropelladamente el chico-. Lamento no tener un anillo para…

- Eso no importa –lo interrumpió, aún con lágrimas en sus ojos, pero esbozando una sonrisa-.

Miyuki se puso de pie, abrazó muy delicadamente a Ken-chan y lo besó con suavidad. El monitor de signos vitales comenzó a emitir pitidos agudos, mientras el pulso cardíaco de Nakajima se disparaba a las nubes.

Todavía se encontraba en la sala de espera del hospital, enviándole mensajes a Shouji, cuando vio a Hiroyuki Satō dirigirse hacia ella. Iba arreglado, con el cabello recogido, bien afeitado y vistiendo un inmaculado uniforme de policía. Casi parecía otra persona.

- Hola, extraña –saludó a Natsumi, quien lo ignoró olímpicamente-. …Lo lamento… -le dijo sentándose a su lado-.

La chica lo miró perpleja. Claramente la que había perdido el control había sido ella, pero lo dejó continuar.

- Tienes razón –prosiguió el joven-. Este ataque fue culpa mía… Ya debería haber resuelto este caso o al menos tener una pista concreta… -dijo apretando el puño-. El Comando Central tiene los ojos puestos en mí y…

- Oye, dime algo… ¿Qué fue lo que te sucedió…? –lo interrumpió Natsumi con incredulidad-. Verte ofreciendo disculpas es algo nuevo para mí.

Hiroyuki desvió la mirada e instintivamente se tocó el mentón, justo donde estaba su cicatriz. Natsumi lo notó, pero decidió no preguntar.

- Hm, bueno… -dijo finalmente la chica-. Creo que yo también te debo una disculpa… –sostuvo sin mirarlo-.

Sorpresivamente, Satō le tendió la mano.

- ¿Podríamos comenzar de nuevo? –le dijo sonriendo-.

Natsumi soltó tal risotada, que provocó que una enfermera que pasaba le dirigiera una mirada de reproche. Estaban en un hospital después de todo.

- Pero, ¿qué estás diciendo? –se burló, aun carcajeando-. Estoy segura que tramas algo, no confío en ti –dijo apuntándolo con su dedo índice.

Satō se mantuvo inamovible, aún con su sonrisa y su mano extendida.

Natsumi dudó, pero finalmente pensó que sería descortés no corresponder al saludo, y con torpeza le tendió la mano.

Mantuvieron el saludo durante unos segundos, sintiendo el tibio contacto de su piel, hasta que Hiroyuki se apartó abruptamente y se puso de pie.

- Bueno, hay alguien más a quien le debo una disculpa… -señaló, mientras dirigía su mirada a la habitación donde se encontraba el Halcón Blanco de Bokuto-.

- Miyuki está con él –le dijo rápidamente Natsumi, poniéndose de pie también-. Dales unos minutos más.

El chico asintió. Natsumi estaba muy cerca de él e incluso podía oler su perfume. Para su sorpresa, seguía usando el mismo.

De pronto, se abrió la puerta de la habitación y Miyuki salió con calma, pero visiblemente emocionada. Satō se acercó a conversar con ella, mientras Natsumi se quedó absorta en sus pensamientos.

- ¿Qué había sido eso? –pensó mientras se miraba la mano discretamente-.

- Sargento, usted también viene –le dijo Hiroyuki Satō, sacándola de su ensoñación.

- ¿Cómo? ¿A dónde? –preguntó confundida Natsumi-.

- Ambas han sido asignadas excepcionalmente por el Comando Central a mi división. Juntos resolveremos este caso –sonrió, mientras le guiñaba un ojo a una consternada Natsumi-.


Si bien Natsumi estaba convencida que Satō no estaba haciendo su trabajo como debía, lo cierto era que el Teniente Mayor sí había logrado avanzar con la investigación. Sin embargo, aún no resolvía el caso y el Comando Central se estaba impacientando.

- ¡Ya lo sé! –espetó Hiroyuki mientras hablaba por teléfono. Se encontraba en su oficina, de pie-. Te repito que es una investigación compleja y el equipo se encuentra dedicado completamente a esto.

- Te estás jugando tu carrera, muchacho. No lo arruines.

Satō cortó la llamada, disgustado. Estaba atrapado en la investigación. No tenía más pistas de donde agarrarse y si se perpetraba un nuevo ataque, posiblemente lo sacarían del caso. Contrariado, se dispuso a revisar una vez más todos los antecedentes que tenía, por si hubiera pasado algo por alto.

Ya era casi de noche, cuando desde una de las carpetas cayó al suelo una fotografía.

Hiroyuki la recogió y la observó con detención. Se trataba de una fotografía institucional tomada hace algunos años, en la que aparecía formado un gran grupo de oficiales de policía, entre los que se encontraban los dos agentes del primer ataque, Motomiya y Yamada. De pronto, Satō, extrañado, notó que él mismo aparecía en la fotografía.

Había sido transferido numerosas veces, incluso en algunas estaciones había estado sólo un par de semanas, así que no le pareció tan extraño no recordar haber formado parte de esa estación en particular.

Leyó el reverso y en el listado de nombres, encontró el suyo. Tomó su chaqueta y salió raudo de la oficina.


Aún era temprano, pero el sol del verano ya estaba pegando con fuerza. Natsumi y Miyuki se encontraban patrullando cuando fueron alertadas a través de la radio, de una emergencia vial.

- ¡Miyuki!

- Ya lo sé –respondió su compañera, acelerando y dando la vuelta rápidamente en una rotonda-.

Llegaron a la escena en poco tiempo. Un autobús escolar había perdido el control y había avanzado a través de la calle en pendiente, chocando a varios vehículos a su paso y estrellándose finalmente en un árbol al final del camino. Por fortuna, no había niños lesionados de gravedad, pero el conductor estaba inconsciente, malherido.

El equipo de salvamento ya estaba trabajando en liberar a algunas personas que habían quedado atrapadas en sus vehículos y las chicas se unieron al rescate. Estuvieron en el lugar durante casi dos horas y cuando todo el orden fue restaurado, emprendieron el regreso a la estación, exhaustas.

Todo el ajetreo con el equipo de rescate, le hizo recordar a su prometido.

- Ese autobús fue el mismo que ayudamos hace algunos días, ¿no? –le preguntó Natsumi a su compañera, en un intento de disipar pensamientos melancólicos-.

- Sí, lo reconocí de inmediato. El conductor debió haberlo llevado a reparar ese mismo día, ya sabía que el vehículo presentaba problemas. Pensar que toda esta emergencia pudo haberse evitado… -resopló Miyuki decepcionada-. En fin, me alegra que no haya habido víctimas fatales.

- Lo mismo digo –manifestó Natsumi mientras estiraba los brazos-.

- ¿Has sabido algo de Toukarin? –preguntó Miyuki, casi leyéndole la mente, mientras giraba en una curva, cerca de la estación-.

- Hablamos casi todos los días, pero no parece que pueda regresar pronto –respondió sin ganas-.

- Ya veo… Ken-chan debe permanecer al menos una semana más en el hospital.

Ambas chicas suspiraron con desánimo y se bajaron del vehículo. Todavía les quedaba trabajar en la investigación de Satō y ya sentían que el día había sido demasiado largo.

Miyuki se quedó en su escritorio organizando unos antecedentes que Satō le había encargado, mientras que Natsumi, que había decidido que lo suyo no era el trabajo de oficina, quiso hablar directamente con él. Revisar carpetas y documentos era una pérdida de tiempo.

Se dirigió a la oficina de Hiroyuki Satō y en el camino compró dos cafés de la máquina expendedora. Si era amable con él, quizás podría convencerlo de encomendarle tareas más emocionantes, pensó.

Llegó a su destino, pero la oficina estaba vacía. Miró alrededor y vio a Yoriko.

- ¡Hey, Yoriko! –la saludó-. ¿Sabes dónde está Satō?

- ¡Hola Natsumi! Creo que está en la piscina –respondió alegre-. No es que lo haya estado espiando… -se apresuró a justificar la chica, moviendo las manos, avergonzada. Pero Natsumi ya estaba a un par de metros de ella-.

- ¡Gracias! –gritó, mientras cambiaba su rumbo.

Natsumi ya casi había olvidado que Hiroyuki Satō amaba nadar. Cuando salían juntos, hace años, era habitual que compitiera en campeonatos de la disciplina. No se imaginaba que aún tuviera tiempo para practicar la natación, teniendo tanto trabajo.

Llegó al recinto y antes de ingresar, se asomó por la puerta con sigilo. Lo observó cruzar nadando la piscina completa en unos 30 segundos. Realmente era bueno. Empujó la puerta y entró, sin percatarse que una banqueta obstruía parcialmente el paso, dándose un tropezón que hizo que salpicara un poco de café caliente en su mano.

- ¡Mierda! –se quejó, sin soltar los vasos que llevaba-.

- ¿Estás bien?

Desde el borde la piscina se asomó Hiroyuki. Se quitó unas gafas y las acomodó en su cabeza, donde además llevaba puesta una gorra de baño. A Natsumi le pareció que se veía gracioso.

- Pensé que estarías trabajando asiduamente en el caso –le dijo arqueando una ceja-.

- Lo estoy. Nadar me ayuda a pensar –respondió Hiroyuki con calma-.

- Te traje esto –le dijo la chica, exhibiéndole el vaso de café que no se había derramado-.

Satō sonrió y de un solo salto, salió de la piscina. Tenía el abdomen perfectamente marcado y llevaba puesto unos shorts de baño sumamente ajustados y cortos, de color azul oscuro, que no dejaban mucho a la imaginación. Natsumi recordó que a ella también le gustaba la natación.

Hiroyuki se acercó a la chica y recogió su toalla, que estaba en la banqueta justo a su costado. Se secó un poco, de espadas a Natsumi, que aprovechó el momento para recorrerlo discretamente con la mirada.

Tragó saliva. Bueno, ciertamente era una mujer comprometida, pero apreciar el paisaje nunca le ha hecho daño a nadie.

El chico dejó la toalla y procedió a quitarse la gorra de baño, dejando descubierto su alborotado cabello.

- Pareces una palmera –le dijo divertida Natsumi-.

Hiroyuki se sonrojó e intentó arreglarse el cabello con sus manos. Podía ser bastante vanidoso a veces.

Natsumi dejó los vasos en la misma banqueta con la que se había tropezado y se acercó a él.

- Deja, te ayudo –repuso, mientras acomodaba unos mechones de cabello castaño, un poco húmedos. Súbitamente, tuvo conciencia de la casi desnudez de Hiroyuki y de lo cerca que estaban sus cuerpos y retrocedió rápidamente, con la cara totalmente enrojecida. El chico soltó una carcajada.

- ¿De qué te estás riendo? –inquirió avergonzada-. Esto me pasa por tratar de ayudar –dijo cruzándose de brazos, restándole importancia a la situación-.

El chico tomó su vaso de café y bebió un sorbo. Le venía muy bien algo caliente en esos momentos.

- Gracias –le dijo a Natsumi, con una sonrisa-. Y aunque sé que estás disfrutando el espectáculo… No quiero pescar un resfriado –dijo burlón, mientras se ponía una camiseta blanca que estaba en la banqueta-.

Natsumi escupió su café de la impresión y Hiroyuki rio con más fuerza.

Luego de unos instantes, el chico se quedó en silencio con semblante serio.

- ¿Eh? Estás muy callado, ¿qué ocurre? –preguntó Natsumi-.

- No sé si sea buena idea que estés en el caso –respondió de pronto-.

- ¿De qué hablas?

Hiroyuki guardó silencio otra vez.

- ¿Acaso crees que no estoy a la altura? No me menosprecies, Hiro –señaló molesta-.

- No se trata de eso –respondió el chico-.

- ¡Bueno, pues eso no pasará! Que yo esté o no en el caso es algo que no te concierne –repuso Natsumi enojada-.

- ¡Por supuesto que sí! Yo-

Alguien lo interrumpió.

- Ejem, Teniente Mayor, disculpe… El detective Tokuno está tratando de comunicarse con usted de forma urgente –dijo tímido un joven agente-. Está ahora mismo al teléfono en su oficina.

- Mierda –respondió. Estuvo a punto de quitarse los shorts de baño ahí mismo, cuando recordó que Natsumi seguía a su lado. Se ruborizó y corrió a los vestidores. Algunos segundos después, ya vestido, salió corriendo hacia su oficina, mientras Natsumi lo seguía a toda velocidad.

- ¿Hola? ¿Detective Tokuno?

- ¡Satō, al fin, ya era hora! ¿Se puede saber dónde demonios estabas? –bramó Tokuno-.

- Lo lamento, estaba—

- Eso ya no importa –lo interrumpió-. Escucha con atención, ha ocurrido otro ataque.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

Natsumi, que podía oír lo que el detective estaba vociferando, abrió los ojos y se llevó una mano a la boca.

- Y esta vez no ha sido cualquier oficial, han asesinado al Capitán Ishikawa, Jefe de la estación de policía de Shinagawa.

La cabeza de Hiroyuki empezó a dar vueltas y en una fracción de segundo examinó todos los rincones de su mente. Había oído ese nombre en alguna parte. De pronto, soltó el teléfono y abrió con más fuerza de la necesaria la primera gaveta de su escritorio, desde donde sacó una fotografía. Recorrió rápidamente las caras de todos los uniformados que posaban en ella, hasta que su vista se detuvo en uno en particular. Volteó el documento y en la parte posterior, buscó con su dedo índice…

- "Masao Ishikawa" –leyó en voz baja, mientras aún oía a Tokuno gritar cosas ininteligibles por el auricular del teléfono-.


- ¿Cómo que te removieron del caso? –preguntó Natsumi sorprendida-. ¿No que eras el "arma secreta" de la policía? –preguntó, alzando una ceja-.

Había transcurrido una semana desde la muerte del Capitán Ishikawa y después de discutirlo un par de días, el Comando Central había decidido apartar a Hiroyuki de sus funciones en forma temporal.

- Bueno, debo haber decepcionado a alguien importante –le respondió sin ánimo un irreconocible Hiroyuki Satō, mientras bebía un vaso de algo que olía muy fuerte a alcohol. Ya había anochecido y no quedaba casi nadie en la estación-.

- Pero el otro día me pareció que habías descubierto algo importante.

El chico la miró abatido. Nuevamente estaba sin afeitar y desarreglado. Parecía como si hubiera dormido en su oficina durante las últimas noches.

- ¿Hace cuánto que no regresas a tu casa?

- Será mejor que tú también abandones la investigación –soltó serio, mientras bebía otro sorbo, ignorando su pregunta-. Lo mismo va para Kobayakawa.

Natsumi enojada, tomó la costosa botella de whisky a medio terminar que estaba sobre el escritorio.

- ¿Qué haces? ¡Devuélvemela! –exclamó molesto el chico-. Esto no es asunto tuyo.

- ¡Por favor Satō, mírate! Emborrachándote en tu lugar de trabajo. Esto te podría costar caro y lo sabes. ¡Si estás furioso o frustrado utiliza esas emociones para darle el impulso que tu investigación necesita!

Satō la observó con el ceño fruncido, sin decir nada. Natsumi continuó.

- ¿O es que acaso que te hayan removido del caso te hará desistir? Ese no es el Hiro que yo recuerdo –le dijo con entusiasmo-.

- El Hiro que tú recuerdas ya no existe –repuso de pronto, el chico, serio-. Temo que todo este problema se haya ocasionado por mi culpa –añadió golpeando su puño en la mesa del escritorio. Natsumi guardó silencio, esperando que aclarara a qué se refería-.

- ¿Recuerdas a mi hermana? –dijo alzando la voz-. ¿Quieres saber cómo me hice esta maldita cicatriz? –gritó enojado mientras le exhibía un sector del mentón en que casi no tenía barba-. Natsumi retrocedió un paso. Definitivamente Satō ya había bebido mucho alcohol.

- ¡Lárgate! –gritó, mientras con sus brazos despejaba violentamente todos los documentos que había sobre su escritorio. Luego se puso de pie y comenzó a caminar hacia Natsumi, tambaleándose un poco-. La chica retrocedió hasta quedar fuera de la oficina. Hiroyuki pasó delante de ella y siguió su camino.

- Supongo que no piensas ir a nadar en ese estado –le dijo la chica, al ver hacia donde se dirigía-.

- Te dije que te largaras, déjame en paz –balbuceó Satō, sin detenerse-.

Natsumi desvió su mirada al cielo, maldijo en voz alta y fue tras él.

- Eres un imbécil, Hiro, pero no puedo dejar que te metas a nadar estando borracho. No quiero llevar tu muerte en mi conciencia. Vamos, te llevaré a tu casa –le dijo con calma, tendiéndole la mano. Supuso que tendría que usar un poco la fuerza bruta, si es que él decidía no cooperar. Sin embargo, Hiroyuki la miró embelesado y sin rechistar, le dio la mano-.

El único sonido audible durante el trayecto, era el motor del automóvil rugiendo suavemente. La chica ayudó a Satō a descender del vehículo y juntos entraron al edificio y luego al apartamento.

Al encender la luz de la entrada, Natsumi observó por primera vez dónde vivía Hiroyuki actualmente. Era un apartamento bastante grande para una sola persona y para su sorpresa, estaba bien ordenado. Tenía pocos muebles, pero una mesa lateral llamó su atención. Era una especie de altar. Dejó a Hiroyuki recostado en el sofá, lo tapó con una manta y se acercó a observar la fotografía. Era una mujer joven de cabello rubio cobrizo y ojos verdes que sonreía alegremente. Era muy hermosa y a Natsumi le pareció familiar. Cerró los ojos, tratando de recordar dónde la había visto antes. De pronto, cayó en cuenta y ahogó un grito con su mano. Era la hermana de Hiroyuki. Se dio la vuelta para mirar al chico, que yacía durmiendo en el sofá. Nuevamente se dirigió a la fotografía, hizo una pequeña oración y salió sigilosa del apartamento, confundida.

Había visto a Irina Satō un par de veces hace algunos años atrás. Era sólo dos años menor que Hiroyuki, casi de su misma edad, pero la recordaba como una niña. No podía creer que estuviera muerta. Recordó las palabras que Satō le había dicho "El Hiro que tú recuerdas ya no existe… Temo que todo este problema se haya ocasionado por mi culpa… ¿Recuerdas a mi hermana? ¿Quieres saber cómo me hice esta maldita cicatriz?". ¿Es que acaso la muerte de Irina estaba relacionada de alguna forma con los ataques a la policía? ¿Realmente Hiroyuki podría ser responsable de esos acontecimientos tan espantosos?


Comentarios finales:

¡Hola, ojalá les haya gustado! En este capítulo pasan hartas cosas, espero que no haya quedado muy accidentado...

Como siempre, ¡gracias por leer y por los reviews que dejan! Me alegran un montón.

P.