Ni Marvel ni High School DxD son de mi propiedad, pertenecen a sus respectivos autores.
Yo hago esto sin ánimo de lucro, solo para pasar el rato.
Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas, posible lemon más o menos fuerte y demás cosas. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría M.
—comentarios.
—"pensamientos".
—*hablando por teléfono, comunicador, etc. *
— (J.A.R.V.I.S.)
—+F.R.I.D.A.Y. +
— [Ddraig, Albion, etc.]
Esta historia ha sido creada por mi persona, mi amigo AtrixGrayZero, y con ayuda de su novia y mi amiga Criz Ravenwood, por tanto, la historia es de los tres, la idea base es la misma pero el contenido es sustancialmente distinto
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Capítulo 43:
EL COMPROMISO — PARTE 01
El frío de pleno invierno había pasado y las temperaturas comenzaban a ser más amenas. Si bien apenas y habían iniciado el mes de marzo, el calor de la primavera aún se antojaba lejano. A medio día se podía ir con una chaqueta y una bufanda, pero las noches era aconsejable abrigarse más, sobre todo si se iba a estar en la calle. Hacía varias semanas de la última nevada en la ciudad de Kuoh, pero las lluvias eran más comunes, por lo que los paraguas estaban muy a mano.
En la mansión Stark no existía dicho problema con el frío gracias a la calefacción prácticamente única en toda la ciudad. Si bien no estaba a la temperatura suficiente como para ir en manga corta, se podía ir con una simple camiseta de manga larga, e incluso descalzo, pues el calor surgía del suelo. Issei se encontraba en su taller, revisando unos cuantos proyectos propios. Tom no se encontraba en la ciudad, sino que estaba de viaje en Egipto con Marilyn, la cual disfrutaba de un buen permiso luego de ayudar a War Machine en una peligrosa operación en la amazonia brasileña.
De pronto F.R.I.D.A.Y. le informó sobre una llamada telefónica de la rectora de la universidad de la ciudad. Parecía que necesitaba cierta ayuda, o más bien el departamento informático. No era la primera vez que necesitaban ayuda, y en verdad estaba más que acostumbrado. Si no fuera porque parecía ser algo urgente, directamente les habría mandado a la m. Lo que no lograba entender era el motivo por el cual sufrían tantos problemas. Era una universidad perteneciente a una ciudad sin importancia en el país, exceptuando que era la ciudad donde vivía. ¿Acaso era su culpa? Lo dudaba, pues ya había sufrido ataques anteriores a su llegada al país luego de la adopción de Tony tantos años atrás. Cerrando las imágenes holográficas, procedió a subir a su cuarto y abrigarse bien, pues aquella noche de inicio de marzo era bastante fría. Una vez vestido para el momento bajó a la entrada, encontrándose con la gata negra dormida tan campante prácticamente en medio del salón.
—Si fuera ciego te pisaría, y la culpa no sería mía —dijo mientras la evitaba.
Ésta pareció despertarse, incorporándose con cierta gandulería, maullando para llamar su atención.
—Tengo que ir a la universidad, volveré más tarde —explicó mientras se colocaba el calzado, abriendo la puerta.
Hacía tiempo se había vuelto natural para Issei y Tom hablarle como si les entendiera, pues podían jurar que en verdad les entendía. Casi tres meses de convivencia era lo que tenía. Al mismo momento de abrir la puerta pudo sentir el frío en la cara. Incluso pudo sentirlo a través de la bufanda. Entonces, para su sorpresa y desconcierto, la gata subió por sus piernas, agarrándose a la chaqueta. Aquello era muy extraño, pues esa gata nunca salía en días o noches tan frías, pero parecía ser que quería, o deseaba, salir por alguna razón, pero no tanta como para pasar frío.
—Eres una gata muy rara, ¿sabes? —dijo mientras abría su chaqueta.
La gata se introdujo, acomodándose lo mejor que pudo, pero sin molestar al humano. Issei salió, cerrando la puerta tras de sí. Podía ir en moto, en coche o en su armadura a la universidad, pero en aquel lugar, y por dónde estaba el edificio, podía ir caminando tranquilamente. Además, parecía que estaba comenzando a nevar, lo cual aumentaba aún más las ganas de dar un paseo aquella hermosa noche. Se apretó bien la bufanda y metió sus manos en los bolsillos, sosteniendo como pudo a la gata, aunque esta parecía poder sostenerse por arte de magia. En verdad llevaba un jersey encima de su camisa, pero estaba seguro de que las garras de un gato podían atravesar dichas telas.
Conforme caminaba por la calle podía observar cómo los copos de nieve caían desde el oscuro cielo. Dudaba que la nieve que fuera a caer cuajase, pero seguía siendo agradable. Mientras paseaba por las calles rumbo a la universidad no dejaba de encontrarse con gente en su típico ir y venir, la inmensa mayoría huyendo del frío invernal. Pocos eran los que se encontraban en los parques o la plaza, y si lo estaban no paraban quietos. La gata aprovechó un par de momentos en los que Issei se detuvo, a veces para firmar algún autógrafo o hacerse alguna foto, para sacar la cabeza y observar a su alrededor, pero siempre desde la comodidad del interior.
Cuando se encontraba a mitad de camino entre su casa y la universidad, Issei sintió de pronto un escalofrío que recorrió toda la columna, terminando en su zona baja, y dio gracias de llevar una larga gabardina invernal para que nadie notara el bulto en sus pantalones. No sabía ni cómo ni porqué, pero en un visto y no visto había sufrido un latigazo de pura excitación. Su corazón latía con fuerza y podía sentir su rostro ardiendo. Era algo normal que a veces se excitara simplemente estando tumbado en el sofá. No era extraño que la entrepierna demostrase que tenía vida propia. Aquello mismo casi le produce momentos sumamente embarazosos, sobre todo durante su etapa en el MIT, con erecciones momentáneas sin venir a cuento.
—Pero ¿qué…? —se preguntó, deteniéndose de golpe.
Miró a todos lados, pero la poca gente que se encontraba por la calle caminaba con rapidez, ocupándose de sus propios asuntos sin prestar atención a su alrededor. Entonces abrió un poco su abrigo, pero la gata parecía estar dormida, o quizás solo tenía los ojos cerrados, disfrutando del calor en vez del frío invernal.
—Vale, esto ha sido muy raro… —musitó mientras retomaba el camino hacia la universidad.
— [¿Estás bien?]
—Pues…, estar estoy bien, pero lo que ha pasado…
— [¿Esa excitación sexual repentina?]
—Sí, esa misma.
— [Quizás, y solo quizás, algún tipo de técnica o hechizo]
— ¿Tú crees? Lo dudo. No he visto nada ni he sentido nada, bueno, excepto eso.
— [Es solo una posibilidad. Quizás haya sido algún youkai juguetón, pero dudo que vuelvan a hacerlo ahora que estás en guardia]
— ¿Tú crees?
— [Estoy seguro]
—Veremos, veremos —gruñó molesto.
Manteniéndose atento a cualquier posible movimiento sospechoso, Issei recorrió el trecho que le quedaba. La academia apareció frente a él, al otro lado del puente que cruzaba el rio de la ciudad, el cual nacía en las montañas vecinas. Había numerosas luces encendidas, señal de que allí dentro aún había gente, quizás estudiantes, quizás profesores o empleados de la propia academia, pero nadie se encontraba afuera. Fue directamente al departamento de informática, donde le esperaban para solucionar el problema que había surgido de manera imprevista. Pero durante el camino la gata prefirió explorar, por lo que salió afuera de su refugio calorífico, perdiéndose en los oscuros pasillos del edificio. Restándole importancia, el humano se adentró en el departamento. El problema era un nuevo virus que casi infecta todo el sistema de la academia, pero por suerte tenía buenos profesionales. El único motivo por el cual solían pedir ayuda a Issei era porque el Hyoudou trabajaba en Industrias Stark, lo cual significaba que tenía acceso a la tecnología más vanguardista del mundo.
— ¿Por qué simplemente no nos compran el programa? —gruñó una vez hubo terminado el asunto.
Issei paseó por los pasillos con la clara intención de volver a casa. En el edificio hacía un frío glacial ya que la calefacción estaba apagada. Los únicos lugares donde estaba encendida era en las salas ocupadas, y estas eran mínimas. Durante el trayecto se encontró con un par, en las cuales se encontraban lo que parecían ser estudiantes universitarios realizando proyectos, seguramente los proyectos finales. No quedaba mucho para el fin del año escolar, así que la presión para todos debía ser enorme. Él mismo lo pasó mal en el MIT por aquellas épocas. La vida del estudiante, después de todo.
Cuando no estaba muy lejos de la entrada principal se encontró con un rostro conocido. Se trataba de Akeno Himejima, quien salía de la cafetería con unas bolsas repletas de comida y posiblemente ingredientes para preparar té o café. Seguramente tentempiés para sus compañeros. Era de noche y la jornada estudiantil había finalizado, así que o bien estaban con sus propios proyectos o bien con su «trabajo» como demonios. Tenía entendido que todos los estudiantes de la academia; ya fuera primaria, secundaria, preparatoria o universidad; llevaban los mismos uniformes, pero no en aquel caso. La nefilim iba bien abrigada y no parecía haber signos del dichoso uniforme.
—Akeno —saludó Issei con un gesto de mano.
—Ara ara, buenas noches, Issei —Akeno devolvió el saludo con una sonrisa alegre—. ¿Has venido para vernos trabajar? —preguntó con un tono divertido.
—La verdad es que no —negó mientras retomaba el camino, aunque ahora siguiendo a la fémina—. El departamento de informática ha sufrido un ataque, así que he venido a echar una mano.
— ¿Otro? Ahhh. En todos los años que llevo aquí, son muchos los ciberataques que la academia ha sufrido.
—Eso tengo entendido.
— ¿Ha sido grave?
—No mucho. Hay maravillosos profesionales vigilando el sistema. ¿Necesitas ayuda? —preguntó, observando las bolsas.
—Que amable ufufufú. De acuerdo, toma.
Issei cogió varias bolsas, cargándolas en una mano. No pesaban mucho. Entonces, para su sorpresa, Akeno pasó su brazo por el suyo, pegándose a él.
—Parece que te he sorprendido —comentó mientras emitía una leve risa.
Issei estaba en verdad sorprendido, y un tanto excitado, para qué mentir. Desde que conoció a ambos grupos pudo darse cuenta de que Akeno era una odia hombres, o quizás era muy recelosa de ellos. Las primeras veces que se vieron pudo sentir recelo de él, sintió cómo se mantenía a distancia y hablaba con él lo justo y necesario, cosa que no pasaba con Yuuto o Gasper. Con Akiro fue igual al principio, aunque se adaptó rápidamente a él. Quizás todo fue por ser miembros de la misma nobleza. Con Saji también parecía tener confianza, aunque se notaba que en menor medida que Yuuto o Gasper. En fin, pasó mucho tiempo hasta que Akeno pareció aceptarle, aunque seguía manteniendo una distancia, distancia que había parecido cerrarse durante los últimos meses. Por ello, que tuviera tal contacto con él era sorpresivo. Y bueno, estaba seguro que si no fuera por tanta ropa podría sentir mejor la enorme pechonalidad de la demonio.
— [Necesitas echar un buen polvo, compañero] —comentó Ddraig con tono jocoso—. [Ya es tu segunda erección de la noche]
— "Vete a pastar."
— [Quizás ella se ofrezca]
— "Lo dudo muchísimo."
—Ufufufú, relájate, te has puesto muy tenso —dijo Akeno con una sonrisa divertida—. Solo he cruzado nuestros brazos y nos hemos pegado.
—Es que me has pillado por sorpresa —intentó defenderse—. Hasta hace no mucho ni siquiera te acercabas a menos de un metro.
—Te has ganado mi confianza, Issei. Eres un buen hombre, de buen corazón, y uno del cual fiarse.
— ¿Odias a los hombres? Digo, solo he notado esa actitud con ellos.
—Tengo mis motivos —contestó sin su típica sonrisa, adoptando un tono más duro, pero rápidamente volvió a sonreír—. Pero no hablemos de ello. ¿Qué puedes contarme de tu vida como superhéroe?
La conversación se volvió más amena y agradable por el cambio de tema de Akeno. Ya que la mujer había decidido cerrar un poco más la brecha entre ambos, no iba a joderlo todo intentando averiguar más sobre su aversión a los hombres. Es más, si lo pensaba bien, no sabía nada sobre su vida anterior a convertirse en Reina de Rias Gremory, y lo mismo pasaba con Koneko. Sobre Yuuto lo averiguó en el incidente con Kokabiel, y Akiro y Gasper no habían tenido reparos en contar sus vidas. Y obviamente la de Rias ya se la conocía al dedillo.
—Parece que la seguridad sigue tan alta como siempre —comentó Issei mientras observaba a varios demonios en la azotea del edificio donde Rias aún tenía el anterior Club que fundó, aunque éste no existía en la actualidad por el ingreso de todos sus miembros en la universidad.
No es que pudiera reconocer, o más bien distinguir, un demonio de un humano, pero luego de tantas semanas, tenía ya los rostros de todos esos refuerzos en su retina y la base de datos. Y alguno se preguntará: ¿refuerzos? Luego del mensaje de Cao Cao a toda la Alianza, cada una recibiendo un mensaje por separado, los demonios habían ordenado la vuelta al Infierno de todo noble que estuviese habitando en la Tierra, aunque se encontró con una férrea resistencia. Algunos demonios, como la propia Sona o Rias, se habían opuesto con uñas y dientes argumentando lo siguiente: «las mismas probabilidades hay de ser atacados en nuestros hogares que en la Tierra»; y razón no les faltaba. El último ataque así lo demostraba.
Por aquella disputa, la primera de aquella índole que el Consejo había enfrentado en muchísimo tiempo, se logró llegar a un acuerdo. En el caso de ambas herederas y hermanas de Reyes, se les permitiría continuar viviendo en la Tierra hasta que terminaran el último curso. Obviamente ignoraron las circunstancias del resto de sus noblezas. Pero a cambio, se enviarían refuerzos a las respectivas ciudades para vigilar en caso de posible ataque terrorista.
Era por aquel motivo por el cual Issei había visto la presencia de más demonios en Kuoh. Si era sincero consigo mismo, no le importaba que hubiera soldados demoníacos, pues no había mal a nadie y prácticamente se mantenían al margen del resto de ciudadanos, centrándose únicamente en la vigilancia exclusiva de ambas herederas y cualquier posible anomalía en la ciudad, ya fuera por magia, una Sacred Gear, o la llegada de sospechosos.
—Nos quedan casi tres semanas para finalizar nuestro último año, por lo que las probabilidades de un posible ataque aumentan a cada segundo —explicó la nefilim con la tranquilidad que la caracterizaba mientras ambos ingresaban en el viejo edificio—. Después de esto…
— ¿Tocará volver al Infierno?
—Es lo más probable.
—Bueno, ya dijimos que era lo más normal después de perder a tantos nobles.
—Pero, aun así, da lo mismo. Pueden ir cuando quieran, infiltrarse.
— ¿No que habían mejorado las barreras territoriales?
—Sí, pero teniendo métodos para entrar en el Infierno, dudo que no puedan ingeniárselas para atravesarlas.
Recorrieron los pasillos hasta llegar a la sala de la nobleza de Rias Gremory. Cuando abrieron las puertas se encontraron con todos los miembros del grupo Gremory, pero no en el estado de ánimo que esperaban. Reinaba un ambiente lúgubre y tenso. Rias observaba su mesa con los dedos entrelazados, los labios convertidos en una línea y el ceño fruncido. Los demás la miraban, o más bien miraban hacia un mismo punto, con enojo. Incluso Gasper, que asomaba su cabeza por encima de su caja, parecía molesto, cosa rara en él. Akeno observaba a todos con preocupación. Cuando ella había abandonado la sala para ir a por comida, todo estaba tan animado como siempre. ¿Qué había ocurrido durante los minutos que había estado afuera? Soltándose del brazo de Issei, la nefilim procedió a atravesar la estancia.
—Rias, ¿qué ha pasado? —preguntó mientras se colocaba a su lado.
—El veintiséis de marzo nos enfrentaremos a Riser —respondió con disgusto.
Todos ya sabían que justo después de terminar la universidad se llevaría a cabo el enfrentamiento por su mano, por lo que no entendía que su voz tuviera tal veneno.
—Eso es algo que ya sabíamos. ¿Por qué tan molesta?
—Él mismo me acaba de llamar para confirmármelo —respondió mientras la miraba directamente a los ojos—. Ya te puedes imaginar cómo ha sido la conversación. Ni siquiera ha pedido mi opinión para la fecha. Y claro, no se ha olvidado de su charla sobre todo lo que pasará una vez que nos venza. Ha sido muy específico.
Akeno inspiró profundamente, entrecerrando los ojos. Issei pudo contemplar aquel rostro, aquel gesto, que indicaba el completo desagrado de la Himejima hacia un hombre. Riser Phenex debía estar en su top tres de hombres más detestables del mundo.
—Ese hijo de puta —siseó Akiro, el cual estaba sentado en uno de los sofás, cruzado de brazos.
—Comparto tu opinión —dijo Rias dirigiéndose a su segunda Torre—. Busca provocarnos, que nos descentremos, pero no podemos permitir que lo consiga.
— ¿Qué pasará si perdéis? Además de lo obvio —interrogó Issei desde su posición, al lado de la puerta.
Rias clavó sus ojos en él, suspirando con pesar.
—Si pierdo… No. Si perdemos, podemos despedirnos para siempre de volver a la Tierra. Riser no nos dejará, a ninguno, poner un pie fuera del Infierno, aunque los Maous y el Consejo lo permitan.
Con sus últimas palabras Rias se refería a la amenaza clara y directa contra sus vidas por parte de los terroristas de la Brigada. Issei chasqueó la lengua. El sufrimiento que tenían los Gremory al siquiera imaginar un mundo donde no pudieran volver a la Tierra incluso sin la amenaza terrorista era algo que les partía el corazón y machacaba el alma.
—Pues ya sabéis que hacer. Vuestro contrincante os conoce, pero vosotros también.
—Riser sólo ha perdido un combate: cuando luchó contra Diehauser Belial. No hay forma de anular su regeneración.
—Pues dadlo todo.
Rias parpadeó, sorprendida por aquella declaración.
— ¿Perdón? —cuestionó con un leve deje de molestia.
Ella siempre lo daba todo en sus combates. Toda su nobleza lo hacía. ¿Acaso Issei estaba diciendo que no lo iba a dar todo?
—Lo que has oído. Lo daréis todo, ¿no?
—Por supuesto —respondió ofendida—. ¿A qué viene esa pregunta?
—Lo decía por ellas —indicó al tiempo que desviaba su mirada hacia Akeno y Koneko.
— ¿Qué pasa con nosotros? —exigió saber Akeno, sorprendida por aquel «ataque» tan gratuito.
— ¿Usáis la totalidad de vuestras capacidades? Y ya sabes a las que me refiero.
Issei sabía que aquella declaración seguramente tiraría al barro y luego al sumidero el avance que había tenido con Akeno y Koneko desde que se conocieron, pero estaba claro que necesitaba ser directo por el bien de todo el grupo. La falta de respuesta por parte de ambas fue suficiente para el Hyoudou.
—Como pensaba. Dime Rias, ¿crees que con tu actual poder podrás derrotar, o tan siquiera empatar, con Riser?
La susodicha frunció el ceño, pero después suspiró con pesar.
—No, no lo creo. Aunque aún nos quedan varias semanas. Y llevamos trabajando duro meses.
—Aunque entrenéis o hayáis entrenado a muerte, sabes perfectamente que no podrás ganarle.
— ¿Qué es lo que les estás queriendo decir? —preguntó Gasper al tiempo que se asomaba de su caja.
—Que dejen de gandulear y se pongan las pilas.
—... ¿Perdón? —preguntó Koneko con tono seco, indicando que las palabras del Sekiryuutei no le habían gustado nada de nada.
—Lo que has oído —entonces comenzó a señalar a las susodichas—. Tú eres una nekomata y tú una nefilim. ¿Por qué no usáis vuestros dones? Lo tendríais mucho más sencillo.
—Eso no es asunto tuyo —respondió Akeno a la defensiva con un tono aún más duro que cuando minutos antes le había preguntado sobre el motivo de su recelo hacia los hombres.
—Puede que mío no, pero ten en cuenta lo que pasará si Riser os derrota. No solo a Rias, sino a vosotras, a todo vuestro equipo.
— ¿A dónde quieres llegar? —interroga Rias.
—Que deben elegir —dejó de mirar a Rias para mirar al dúo—: o sois egoístas y decidís no usar vuestros dones, a pesar de las consecuencias, o ponéis por delante al equipo y aumentáis así las posibilidades de que no paséis a formar parte de los Phenex. Si tenéis algún trauma con vuestros dones, o algún motivo por el cual no queráis usarlos, estaré encantado de escucharos y ayudaros, porque eso es lo que hacen los amigos. Pero recordad bien lo que está en juego.
Dicho esto, se dio la vuelta, saliendo de la sala. Su mente le decía que lo mejor era hacer aquello, soltar la bomba y largarse, dejar que asimilaran sus palabras. No fue hasta que abandonó el recinto de la academia que una cara conocida le alcanzó.
—Sí que caminas rápido —comentó Yuuto colocándose a su lado.
— ¿En serio? Ni lo había notado.
—Pues sí, te lo confirmo, aunque creo que es más por el cómo te sientes.
Issei desaceleró su paso, dándose cuenta que en verdad iba a un paso bastante acelerado. Soltó un largo suspiro mientras se detenía por completo. Kiba se detuvo también, mirándole con la leve sonrisa que siempre llevaba.
—Supongo que me he ganado el odio de ambas, ¿no? —preguntó Issei mientras retomaba el paso a un ritmo lento.
—Mentiría si dijera que no están molestas contigo, pero me es imposible saber si te han llegado a odiar. Les has tocado la fibra sensible. Pero opino igual que tú —comentó Kiba mientras giraba el cuello para observar la academia—. Quiero y aprecio a Koneko y Akeno como si fueran mis hermanas, pero si no dan un paso adelante y afrontan su pasado, no podrán seguir adelante. Yo lo sé bien, lo he vivido. No fue hasta el incidente con Excalibur que no pude pasar página.
—Bueno, lo tuyo fue ir un tanto al extremo, quizás.
—Es posible, pero aun así lo hice.
—Pues entonces eres apto para hablar con ellas.
—Puede que sí, o puede que no. Son ellas las que deben elegir con quién abrirse. Rias es la más indicada para ello, creo. Después de todo, están vivas y a salvo por ella.
—A veces es mejor hablar con personas con las que no compartas una relación tan estrecha, ¿sabes?
—Eso tengo entendido.
— ¿Y qué me puedes contar? Os conozco desde hace un año, pero no sé nada del pasado de ambas. Son las únicas incógnitas para mi
—No es mi deber contarte. Eso es cosa suya.
—Entonces sabes.
—Todos conocemos las historias del resto. No hay secretos, o al menos no de esa índole.
—Como yo con Marilyn y Tom. ¿Y por qué Rias no ha tratado este tema con ellas?
—No lo sé, si te soy sincero. Supongo que el motivo será el mismo que conmigo.
—Eso no está bien, pero entiendo que no se debe forzar a alguien a enfrentar algo que le resulta doloroso.
—Tienes razón.
—Pero también sé que a veces, para que las personas avancen, es necesario obligarles a enfrentar ese dolor.
—No crees que Rias haga eso.
—Sé que intentará que lo superen, pero Rias es demasiado buena con vosotros. Si enfrentar ese dolor les hace sufrir, dudo que continúe. Creo que buscará otra opción, alguna nueva estrategia, para derrotar a Riser.
—Si… Tiene bastante sentido que hiciera algo así. Ya ves lo que pasó conmigo, aunque luego recibí un duro castigo. Si ya de por si las nalgadas duelen...
—Te gustó, admítelo —Yuuto sonrió con nerviosismo a la broma de Issei, sorprendiéndole—. No sabía que tuvieras gustos masoquistas.
—No es eso —bramó avergonzado—. Es solo que…, me da vergüenza recordarlo. Fue muy vergonzoso, casi tanto como mi actuar…, y admito que también muy doloroso.
— ¿Porque lo hizo delante de todos?
—Y tanto que sí. Quería que fuera un ejemplo para todos.
—Demonio después de todo —murmuró Issei divertido.
XXXXX
La vuelta a casa fue un poco más animada gracias a la presencia de Kiba. La conversación se desvió notablemente, no volviendo a mencionar nada sobre el próximo gran evento en la agenda de los Gremory o sobre el pasado de Akeno y Koneko. En verdad, fuera de las trivialidades, como bien podía ser la nieve que comenzaba a acumularse en los tejados y en los techos y capós de los vehículos, la charla se centró principalmente en su trabajo. Yuuto y Akiro eran los únicos miembros del grupo Gremory que trabajaban, aunque Akiro estuviera viviendo en su granja luego de solucionar el problema que tenía con los narcotraficantes. Pero claro, si el gobierno decretaba que todo demonio debía volver al Infierno, eso les incluía. A Yuuto no le hacía nada de gracia, pues amaba su trabajo, y Akiro no se diga, pues no daba su brazo a torcer con respecto a abandonar la granja de sus padres, ahora suya, pero claro, no podía enfrentarse al gobierno. Era un esclavo y por tanto debía obedecer a su ama o a alguien que estuviera por encima.
Yuuto se despidió cuando ambos estaban a un par de manzanas de la mansión Hyoudou. Con el ánimo un poco mejor luego de aquel agradable, aunque helado, paseo, estaba por darse una ducha de agua caliente, encender la chimenea y disfrutar de una taza de chocolate caliente en su sillón favorito. Claro, estaba también la gata, pero ella iba muy a lo suyo.
Cuando estuvo a unos pocos metros de entrar en los terrenos de su vivienda, un mensaje de F.R.I.D.A.Y. le llegó al móvil: «señor, presencias desconocidas en el jardín trasero». Sacó su móvil del bolsillo de su pantalón, encendiéndolo para observar una de las cámaras. Había dos personas: uno tenía rasgos chinos y vestía una extraña armadura, por no olvidar su largo bastón; el otro era rubio, de ojos claros y llevaba gafas, vestía un elegante traje y portaba dos espadas medievales, una en su cintura y la otra en su espalda.
Con cuidado y lo más en silencio que pudo, abrió la puerta, pero no ingresó en el edificio, sino que se deslizó con todo el silencio posible hasta el jardín trasero mientras invocaba la armadura. Menos mal que hacía tiempo que no le hacía falta anunciarlo como antes. Cuando llegó a la pared más cercana a donde estaban los intrusos, pudo escuchar claramente sus voces. Parecían estar conversando con alguien y no solo entre ellos.
— ¿Quién lo hizo?
— ¡Ese hijo de puta de Cao Cao! —exclamó el oriental del bastón—. ¡Fue él!
—… ¿Cao Cao? —interrogó una voz femenina con un claro tono de sorpresa.
—No exactamente —respondió el tipo que vestía de manera bastante elegante con un claro acento británico.
Si era sincero, le recordaba mucho a cómo se vestían los pertenecientes a la nobleza británica, al menos cuando se iba a galas y eventos importantes. Es más, estaba seguro de que conocía su rostro, pero no recordaba de qué.
— ¿Cómo que no exactamente? —volvió a preguntar la voz femenina surgida de ninguna parte.
— [Compañero, baja tu mirada]
Issei así lo hizo mientras el tipo de la espada respondía.
—Hemos averiguado que fue uno de los suyos, pero él dio la orden.
—Desgraciado...
—Pero ¿qué…?
La pregunta al aire de Issei sacó al trío de su conversación. El tipo del bastón reaccionó poniéndose en guardia, pero rápidamente volvió a una posición más relajada. El otro hombre desenfundó su espada, pero no apuntó hacia él. Issei salió de su escondite, preparado para enfrentar a los desconocidos invasores de su propiedad.
—Mierda, ya ha llegado —gruñó aquel rostro conocido mientras el tipo de aspecto elegante realizaba un movimiento descendente con la espada, creando una brecha en el aire, una que llamó la atención del Stark.
— [Caliburn]
—No te preocupes, Sekiryuutei —habló aquel tipo con acento inglés—. No hemos venido a luchar, solo a recoger a nuestra compañera.
—Eso. Vamos Kuroka, es hora de dejar de jugar a las casitas y vigilar a tu hermana.
Las miradas de los dos varones fueron hacia la gata negra, la cual, para sorpresa de Issei, se transformó, adoptando una forma humana, aunque con dos colas y orejas de gato.
—Eres un imbécil, Bikou —siseó la youkai.
La fémina volteó hacia Issei con una sonrisa irónica. Su cara de asombro casi le provoca risa.
—Lo siento, Sekiryuutei, pero me tengo que ir. Han sido unos buenos meses. Gracias por cuidar de mí todo este tiempo, y por favor, cuida de mi hermana Koneko, ¿vale? Pero no le digas que he estado aquí. Que sea un secreto entre tú y yo.
Dicho esto, y ante la impasividad del superhéroe, aquel extraño trío atravesó la brecha, la cual se cerró justo detrás del tipo del bastón, el cual le miró de reojo antes de desaparecer. La armadura desapareció al no haber peligro ni amenaza para el portador. Issei, aún sorprendido, se quedó quieto, observando el lugar donde segundos antes había estado aquella grieta espacial. Había visto muchas cosas, cosas que volvería loca a la gente normal y corriente, pero no dejaba de sorprenderse. Claro que no solo por lo que había hecho aquella espada, sino también por la ahora conocida como Kuroka. Desde diciembre había estado hospedando a una youkai sin siquiera haberse dado cuenta. Ahora que sabía qué era en verdad, muchas de las cosas que había experimentado con la gata cobraban sentido.
— ¿Qué demonios…? Kuroka… ¿La hermana de Koneko?
— [Así es]
—… Tú lo sabías.
No era una pregunta, era una afirmación.
— [No lo negaré]
Issei frunció el ceño, molesto con el dragón.
— ¿Por qué la dejaste estar con nosotros? ¿Por qué no me has avisado?
No era enfado o ira lo que sentía hacia su compañero okupa, sino simple curiosidad con cierto matiz de molestia y sorpresa. Ddraig siempre le había protegido, sobre todo cuando dormía, por lo que le extrañaba que hubiera dejado a una peligrosa terrorista, o al menos eso decían los demonios, vivir bajo el mismo techo. Su rostro se ruborizó al recordar las veces en las que aquella gata metiche se había adentrado en su ducha mientras hacía lo suyo. Es más, incluso la había duchado numerosas veces.
—Me cago en…
— [Estuve tentado, te lo aseguro]
— ¿Entonces?
— [Digamos que tuvimos una pequeña charla la primera noche: ella vigilaba a su hermana, evitaba que cualquiera la viese o notase y yo le permitía quedarse aquí]
— ¿Desde cuándo te has vuelto tan altruista?
— [Solo quería cuidar de su familia. No es un ser maligno, a pesar de la contaminación sufrida por la exposición al yin. Además, quería estudiar cómo se desarrollaba todo el asunto]
—Ddraig, me ha visto en pelotas.
— [Y tú a ella]
—No es lo mismo y lo sabes.
— [Da gracias de que no te haya pillado masturbándote]
—Sí, menos mal. Espera… ¿no me habrá…?
— [No he permitido que se acercase a ti mientras dormías, tranquilo]
—Genial. Ya tuve bastante con Iris.
— [Lo sé compañero, lo sé]
—… Pero ¿por qué en mi casa? Hay miles de personas en esta ciudad. ¿Acaso se estaba burlando de ti?
— [Porque eres una persona confiable, compañero. Lo ha visto y sabía que lo harías bien. Son puntos a tu favor]
—Ya… Oye, ¿y Tom?
— [Le ha respetado. Tiene sus principios morales y éticos]
—Vaya, sorprendido me hallo.
Volviendo sobre sus pasos se adentró nuevamente en la mansión, yendo directamente al taller mientras le ordenaba a F.R.I.D.A.Y. que le mostrase las grabaciones de dicho lugar. Dudaba que la nekomata hubiera informado sobre la localización de todas las cámaras de seguridad, incluso dudaba que las conociera todas, pues no eran nada obvias a la vista. Una vez ingresó en el taller se desplegó una pantalla holográfica que mostraba el jardín trasero un minuto antes de que él mismo hiciera acto de aparición allí.
La cámara enfocaba directamente a la brecha que se había abierto, así como a los dos varones que la habían atravesado. Rápidamente la base de datos mostró la información que tenía sobre el tal Bikou al tiempo que buscaba sobre el inglés, pero sin encontrar nada. No pasaron ni diez segundos hasta que apareció la ahora conocida como Kuroka.
—*Arthur, Bikou, espero que sea importante* —dijo Kuroka con desgana—. *¿No ha venido Fay? *
—*No. Está ocupada buscando la localización de los Héroes* —explicó el ahora conocido como Arthur.
—*¿Los Héroes? ¿Para qué está buscando a esos tipos? *
—*Porque están involucrados en la muerte de Vali. *
Bikou apretó los dientes con fuerza y los nudillos que agarraban su bastón. Arthur hizo lo mismo, pero en su caso estaba agarrando el mango de la espada que llevaba en la cintura.
—*¿Quién lo hizo? *
—*¡Ese hijo de puta de Cao Cao! ¡Fue él! *
—*… ¿Cao Cao? *
—*No exactamente. *
—Vale, esto ya lo he visto. Puedes parar.
La reproducción se detuvo con la imagen congelada.
—Entonces… Cao Cao fue el responsable de matar a Vali.
— [Cao Cao no, al menos directamente. ¿Qué es la mente maestra detrás del crimen? Seguro. Pero no apretó el gatillo]
— ¿Debería decírselo a Azazel?
— [¿Y qué les dirías? ¿Le comentarás sobre Kuroka?]
—Yo… No lo sé, la verdad.
— [Pues piénsalo bien antes de hacer algo de lo que luego te arrepientas. Piensa que, para los demonios, Kuroka es una criminal muy peligrosa, y sobre ella pesa un juicio con una más que probable pena de muerte. Si las herederas se enteran de que ha estado viviendo aquí, tu relación con ellas podría verse muy afectadas, aunque tú no supieras quién era la gata]
— ¿Eso no debería de exculparme?
— [Es posible, pero los demonios son demonios. Bien podrían considerarlo como encubrimiento]
—No fastidies.
— [Es solo una posibilidad. Pero claro, Azazel también podría ofenderse porque le hayas ocultado visión sobre su amado hijo adoptivo]
Issei suspiró, pasándose la mano por la cara. Estaba entre la espada y la pared. Si bien era cierto que no le debía nada a los demonios o los ángeles caídos, había logrado entablar una buena amistad con los Gremory y Sitri, con los que vivían en Kuoh, por supuesto, y en cuanto a Azazel… El ángel caído estaba muy metido en la lucha contra los terroristas. Saber que Cao Cao fue la mente maestra del asesinato de Vali y que fue uno de sus subordinados el que disparó el rifle que contenía la bala podría provocar que cometiera muchos errores que podrían costarle caro. Incluso las mentes más frías se tambalean cuando les tocas el punto sensible. Lo había visto cientos de veces. Personalmente, a él no le importaba nada sobre la muerte de Vali, pero entendía el sentimiento de querer rendir cuentas.
— [Te va a estallar la cabeza, compañero. Será mejor que consultes ese dilema con la almohada]
— ¿Me espiará Morfeo?
— [Lo dudo. Hace mucho que los Dioses se marcharon, observando solo a distancia. Ya lo sabes]
—Bueno, como diría Phineas Flynn: «lo único imposible es la imposibilidad».
— [Te ha gustado esa serie]
—Para algo bueno que saca Disney en años...
Encogiéndose de hombros, Issei revisó el vídeo, sobre todo los dos momentos claves: la apertura y cierre de la brecha.
— ¿Habrá algún modo de detectar eso?
— [¿Piensas ponerle una alarma?]
—Tengo seguridad a prueba de robos, infiltración, ataques…, pero todo ello muy…, como decirlo…, «humano». No tengo nada contra magia o grietas.
— [Para la magia podrías contratar a hechiceros, pero a saber qué piden a cambio. Además, aquellos que la crean saben cómo evitarla]
—Comprendo.
— [En cuanto a las grietas como esa… Es una habilidad casi única: romper el tejido del espacio tiempo para ir a donde quieras, como un agujero de gusano]
—Para eso no hay defensa posible.
— [Es complicado, pero por ahora no hay nada que puedas hacer]
— ¿Existen muchas armas u objetos como ese?
— [Que yo sepa, quizás habrá alguno, como la Gema del Espacio, pero eso no es algo a lo que puedas acceder]
Issei se rascó la barbilla. Si no recordaba mal, el Tesseracto de S.H.I.E.L.D. poseía poderes como el de Caliburn, pero era prácticamente imposible que le permitieran usarlo para construir una barrera, o una defensa, en su casa. Entonces se fijó mejor en el británico. Desde que le había visto por primera vez, una picazón le molestaba en lo más profundo de su cerebro, y para mal mayor, no podía rascarse.
—La cara de ese tipo…, me suena mucho.
— [Se llama Arthur y posee dos espadas sagradas: un fragmento de Excalibur y Caliburn. Sin duda es un Pendragón, los únicos en portar dichas armas]
— ¿Arthur Pendragón…? —Issei se rascó la garganta, pensativo.
Procedió a buscar en internet ese nombre y, luego de eliminar toda la información sobre el rey mitológico, se encontró con información moderna.
—Ya decía yo que me sonaba, aunque nunca nos hayamos visto.
Toda la información recolectada mostraba a los actuales miembros de la familia Pendragón, incluyendo a los actuales herederos: Arthur y Le Fay; así como a sus padres. También había numerosas fotos y vídeos, así como su historia en páginas como Wikipedia.
—Y has mencionado que esa espada era…
— [Caliburn, la Espada del Rey]
—Espera, ¿esa no era Excalibur?
— [No. Se suele confundir por el mito. Excalibur fue su primera espada, la que sacó de la piedra, la que se rompió, y Caliburn fue una sustituta, una espada creada por la Dama del Lago y el mago Merlín en Avalon]
— ¿Seguirán vivos?
— [¿Merlín? No. El muy imbécil murió, y todo por no poder evitar su propio destino a pesar de haberlo visto. El amor le hizo tan ciego que Nimue le atrapó sin resistencia. Una mujer de cuidado. En cuanto a ella, han pasado casi mil quinientos años. Dudo que haya vivido tanto por gusto propio]
—Tengo que revisar el mito.
— [No hagas mucho caso. Le pasa como a las religiones]
—Pues vaya —Issei se rascó la cabeza, pensativo—. Entonces, esos Pendragón tan famosos, el Duque de Camelot… ¿no son unos frikis con aires de grandeza? ¿En verdad son descendientes del Rey Arturo?
— [Lo son, y los miembros de la realeza británica son descendientes de su sobrino Constantino]
—Cágate lorito. Pues nadie cree que en verdad lo son, simplemente cogieron ese nombre por prestigio, o algo así.
— [Puede que tampoco les interese. Quién sabe. Pero está claro que la realeza si sabe la verdad, y eso es lo que debe importarles]
—Hum, podría ser… Arthur, Uther y Le Fay… Frikis.
— [Tú lo eres]
—Sí, pero para cosas más serias. Parece que quieran recrear el mito. Ahora solo falta que ambos hermanos tengan un hijo.
— [Bueno, sus ancestros eran más bien hermanastros]
—Nimiedades
— [Que no te extrañe que en algún momento quieran conocerte. El Dragón Galés siempre ha tenido una conexión con los Pendragón]
— ¿Contigo?
— [No exactamente. Por esa época me habría cargado a todos los humanos de Britania sin miramientos. Pero aun así, el dragón rojo galés ha sido siempre símbolo de su casa y reino]
—Ah… Genial, relaciones con nobles británicos.
— [No te agrada, ¿eh?]
—No puedo con tantas formalidades. ¿Acaso olvidas cómo fue cuando conocimos a la Reina?
— [Lo pasaste mal]
—Una de las pocas veces que agradecí que Pepper no estuviera tan atenta a los movimientos de Tony y los míos.
— [No disteis buena imagen]
—Ya ves lo que me importa —restó importancia mientras se encogía de hombros—. Esa vieja nos enterrará a todos. Pero, ¿cómo es que los dos hijos de los Pendragón están en un grupo terrorista? Resulta irónico.
— [A saber. Lo más increíble es que el heredero posea las dos espadas sagradas de la familia. Eso es casi inaudito. La familia Pendragón debe estar pasando gran vergüenza entre los suyos]
—Bueno, no hay información sobre Arthur o Le Fay Pendragón desde hace casi dos años. Su vida pública es inexistente. Parece que hubo mucho revuelo por ello —comentó mientras fotos y vídeos sobre los susodichos iban pasando en la pantalla holográfica—. Hum, me juego lo que sea a que eso pasó cuando se unieron a Vali.
— [Es probable. A menos que les preguntes, no tendrás respuesta. Y no vas a hacerlo, ¿verdad?]
—Si me cruzo con alguno de los dos, si, les preguntaré. Pero no pienso ir a preguntar a Uther. Me has dado mucho yuyu.
— [Tampoco he dicho nada, solo que podrías acabar en la Casa Pendragón]
—Claro —rio con sorna—. No voy a acabar en una Casa demoníaca y voy a acabar en una casa de snobs. No quieres nada, viejo.
— [Yo solo quiero lo que todo el mundo para ti: que te cases, tengas muchos hijos y nietos…]
—Eps, para el carro, abuelo. Eso no entra en mis planes.
— [Una vez sí]
—Pero esa posibilidad ya no existe.
— [Quién sabe compañero, quién sabe. La vida da muchas vueltas]
Apagando la pantalla holográfica, Issei procedió a marcharse del taller para descansar. Tenía la cabeza como un bombo, así que lo mejor sería tomarse algo ligero e irse a dormir. Seguramente al día siguiente tendría la mente más despejada y podría pensar mejor las cosas.
XXXXX
Varios días habían pasado desde su visita a la universidad y al grupo Gremory. Desde entonces no se había vuelto a cruzar con los demonios de ambos grupos ya que: o bien estaban totalmente centrados en sus respectivos estudios, ya que no se podían olvidar que estaban a punto de finalizar el curso y, por tanto, volver al Infierno; o bien tan centrados en entrenar que no tenían tiempo libre. Issei no había tenido ningún intento de contacto por parte de Akeno y Koneko, pero sí sabía que estas se entrenaban con los demás miembros de su equipo, siendo el grupo de Sona sus contrincantes. A pesar de no poseer el poder de los Phenex, Sona era la mejor contrincante de Rias para entrenar por su gran nivel como estratega.
Por su parte, Issei había estado bastante ocupado en sus propios asuntos, pero ninguno relacionado con sus dos trabajos: como superhéroe o en Industrias Stark; sino en algo más directo: su condición física. Había pasado casi dos años desde que usara la Juggernaut Drive, desde que Ddraig le avisara de que había perdido gran parte de su esperanza de vida. Aquello era algo que no le importó durante largo tiempo, sobre todo al no notarse síntomas, pero dos días después de la charla con los Gremory sobre su próximo enfrentamiento contra Riser Phenex, Issei sintió un gran dolor por todo el cuerpo, algo muy distinto a cualquier otra dolencia física que hubiera sentido. Desde la punta de los pies hasta los cabellos, todo su cuerpo pasó por una serie de dolencias a cada cual más intensa. Fue por ello que decidió ir al mejor hospital del país para realizarse numerosas pruebas, siempre bajo el más estricto anonimato.
El día antes de que Tom volviera luego de su larga ausencia, por el viaje con Marilyn, Issei fue al hospital para recoger los resultados de todas las pruebas. Entró sin que apenas alguien se fijara en él, salvo la enfermera que le había acompañado en todas las pruebas. Entró en el despacho del médico principal que le había atendido. El doctor Nishimura era un experto con cuarenta años en el oficio, una eminencia no solo en el país, sino en todo el mundo.
—Señor Hyoudou-Stark —saludó el anciano doctor, estrechando la mano de Issei.
—Doctor Nishimura. Gracias por ser tan rápido con las pruebas —agradeció mientras se sentaba en la silla.
—Hemos sido rápidos, sí, pero siempre con la precaución necesaria. Habríamos tenido los resultados antes, pero no necesitábamos revisarlos bien para asegurarnos —explicó el médico mientras habría una carpeta con toda la información de las pruebas realizadas a Issei.
—Por supuesto. ¿Y bien? ¿Cómo estoy?
La mirada que le mostró aquel anciano fue más que suficiente para saber que algo no estaba bien, o que posiblemente nada lo estuviera. El doctor le pasó la carpeta, procediendo a explicar los resultados allí mostrados, unos resultados que derrumbaron al Hyoudou-Stark.
—Son resultados nefastos, señor Hyoudou-Stark. Lo que usted ha estado experimentando es un fallo general de todos sus órganos. Es como si de repente hubieran envejecido cinco años de golpe. Dado que usted tiene casi veintiún años, por lo que los cambios no son muy vistosos…, por ahora. Es un envejecimiento prematuro a un nivel que nunca antes he visto.
—Cinco años… ¿en uno solo?
—Eso parece.
—Pero… ¿por qué ahora?
—Me temo que no tengo respuesta para esto, solo los resultados de las pruebas. Tendríamos que estudiarle para saber qué ocurre.
Issei suspiró mientras se tapaba los ojos con la mano, apoyando el brazo en el reposabrazos de la silla. Solo había una explicación para aquello, un solo motivo para explicar aquella degradación total de su cuerpo, pero lo que no lograba entender era por qué ahora, por qué no antes.
— "La Juggernaut…"
— [Lo siento mucho compañero, de verdad. Durante todo este tiempo he intentado detenerlo, o al menos que no fuera tan brusco, pero no he podido hacer más. No puedo detener esto más tiempo. A partir de ahora envejecerás cinco años en uno solo]
— "Entonces, eso significa que me quedan…, diez años…"
— [Quizás quince, si te sigues cuidando]
Issei volvió a exhalar larga y profundamente. Diez o quince años era bastante menos de lo esperado. El conocer que la fecha de su muerte estaba tan próxima era algo que le cayó como un jarro de agua fría.
— ¿Señor Stark? —llamó el médico al hombre frente a él.
Entendía perfectamente cómo debía sentirse. Era incalculable el número de gente que se había sentado frente a él y habían averiguado que su muerte estaba próxima. La Muerte tenía incontables formas de llamar a los seres vivos, pero ninguna, hasta aquel momento, había sido totalmente inexplicable.
—Señor Stark… Podría ser… —se tomó unos segundos para formular la pregunta que le había surgido de pronto en la mente—. ¿Podría ser por el reactor en su pecho? Ya sabe, el que lleva el señor Stark o el que usan para la armadura Iron Man.
Issei apartó las manos de su rostro. Aquellos ojos los había presenciado tantas veces…, pero aun así le sorprendió verlos en alguien tan joven. Eran los ojos de una persona que había aceptado su destino, que la muerte era próxima y no había cura. Una muerte inevitable.
—No, doctor. El reactor no causa esos efectos. Créame, hemos tenido años para investigarlo.
—Entonces, ¿qué cree que podría haberle provocado tal degradación en su biología?
Issei no respondió, sino que se levantó, colocando la carpeta en la mesa.
— ¿Podría enviarme una copia de los resultados? Tienen mi número en mi ficha.
El anciano asintió, levantándose para estrechar nuevamente la mano de aquel joven condenado por algo imposible de explicar.
—Le deseo buena suerte, señor Hyoudou-Stark. El mundo perderá mucho el día que se vaya.
—Pues entonces solo me queda dárselo todo antes de irme, ¿no?
Y con aquella sonrisa triste abandonó el despacho y el hospital, subiendo en su coche para volver a Kuoh con el alma y corazón por los suelos y un malestar como pocas veces había sentido antes. Durante gran parte del viaje de regreso ninguno de los dos habló. Issei necesitaba asimilar la noticia recién recibida. Hasta ahora todo era una incógnita, el saber cuándo iba a morir, pero ahora tenía fecha de cierre, sabía más o menos en qué año bajaría la persiana de su vida. Aquello no era nada agradable. Sí, era cierto que tenía un margen de cinco años y en cinco años podía hacer mucho, pero eran cinco años que pasaría como un anciano de entre ochenta y cien años. ¿Quién le aseguraba que no sufriría graves problemas físicos o mentales? Demencia, alzhéimer, delirium, depresión...
—Cuando hay que conquistar~, soy todo un profesional~, soy un niño muy ligón~, con la fuerza de un ciclón~ —cantó de pronto cuando vio la ciudad de Kuoh a través del parabrisas.
— [¿Ya te ha dado otra vez por Shin-Chan?]
—No sé, me ha venido a la cabeza.
— [¿Quieres hablar?]
— ¿De qué quieres que hablemos, Ddraig? —preguntó con tono abatido—. Me quedan diez años de vida, quince en el mejor de los casos, y voy a ir envejeciendo a un ritmo de cinco años por año. Ahora mismo tengo el cuerpo de un hombre de veintiséis, el año que viene será el de un hombre de treinta y uno, y al siguiente otros treinta y seis. En apenas dos años seré irreconocible para mi edad.
— [Compañero… Yo…]
—No tienes nada por lo que disculparte —le dijo al dragón cambiando su voz a un tono amable—. Tú no me obligaste a usarla.
— [Pero si no la poseyera…]
—Déjalo. Ya da igual. Es lo que hay y solo puedo apechugar con ello.
Tomó la salida de Kuoh, adentrándose en las calles, conduciendo directamente a casa. Una vez dentro, aparcó el coche en la cochera, pero se quedó ahí sentado, sin bajar. Por su mente no dejaban de pasar ideas sobre cómo explicar a sus seres queridos: Pepper, Happy, Tony, Tom, Marilyn y Rhodey; sobre su actual condición y cómo sería su última década de vida. Incluso Nick Fury hablaría con él de ello. Se trataba de S.H.I.E.L.D. Estaba más que claro que averiguarían sobre su nueva condición en cuestión de días, si es que no lo habían averiguado ya. Sufrirían mucho, sobre todo los cuatro adultos, pues lo normal sería que les enterrase a ellos, no al contrario.
Con un grito de cólera y desesperación, golpeó el volante varias veces mientras varias lágrimas escapaban de sus ojos. No pudo evitar llorar todo lo que había aguantado desde que aquel amable médico anciano le explicara los resultados. Poco tiempo, no llegaba ni a tres horas, pero seguía siendo demasiado. Salió del coche limpiándose las lágrimas, dejando las cosas que llevaba en el bolsillo sobre una de las mesas del taller. Se sentó en una de las sillas, mostrando en la pantalla holográfica todos los proyectos que tenía en danza y los que llevaría a cabo en un futuro cercano. Aquel era su legado, lo que le dejaría al mundo.
— [Oye compañero, si pudieses alargar tu vida... ¿lo harías?]
La pregunta lenta y repentina del dragón le sacó de sus profundos pensamientos. Parpadeó, incrédulo, sin poder creer lo que el ser mitológico le había preguntado. Sus ojos bajaron a la gema verde situada en el dorso de su mano izquierda.
— ¿Qué? —interrogó en apenas un susurro.
— [Lo que has oído: alargar tu esperanza de vida, postergar el deterioro]
—Eso… ¿Eso es siquiera posible?
— [En el Cosmos hay varias formas de hacerlo, sí]
—Por favor Ddraig, no me des esperanza. Eso es lo último que te pido.
— [Te la doy porque estoy seguro de que existe el modo de conseguirlo]
— ¿Te refieres a alimentos como la Ambrosía, las Manzanas Doradas o la Amrita?
— [No exactamente, pues algunos de esos alimentos no existen o no poseen las propiedades que se les dan. Además, están en los territorios divinos. No tienes acceso a ellos]
Issei se rascó la pierna, pensativo. Sus ojos se estrecharon cuando creyó caer en la respuesta a la pregunta del dragón okupa.
—La dragonificación —sentenció.
— [No, es otro modo, o eso tengo entendido]
La negativa de Ddraig le sorprendió, pues estaba totalmente seguro de que se refería a ella. Es más, si hubiera apostado con alguien, no habría dudado, pero menos mal que no lo había hecho.
— ¿Otro método para alargar la vida? ¿Pues cuántos hay?
— [Varios, algunos con sus pros y contras, aunque bueno, todo depende del punto de vista]
—Ddraig, no te enrolles, por favor.
— [No es lo importante el método, sino sí estarías dispuesto]
Issei se cruzó de brazos, pensativo. Hasta ahora la idea de alargar su vida, de recuperar los años perdidos por la Juggernaut Drive, le resultaban simplemente imposibles, ridículo, pero si el dragón le estaba interrogando sobre dicha posibilidad, entonces es porque habría algunas, incluso es posible que sin efectos nocivos o negativos.
—Sinceramente…, no lo he pensado. A ver, no me malentiendas, me gustaría poder alcanzar la edad suficiente para conocer a mis nietos, si por algún casual algún día llego a tener, pero si algo he aprendido del mundo, es que no hay nada gratis. No puedo alargar mi vida, así como así, sin que haya repercusiones.
— [Estás indeciso, ¿no?]
—No. Solamente no deseo tener que renunciar a algo o aceptar condiciones imposibles solo por alargar mi vida.
— [Es comprensible. Pensaré en todas las formas que conozco de poder alcanzar nuestro propósito, eliminando las que tengan ese doble efecto o no estén a nuestro alcance por ningún medio]
—Bien. Gracias.
Issei se limpió las nuevas lágrimas que abandonaron sus ojos. Apenas unos minutos atrás había caído en la desesperación, a pesar de en un principio haberlo aceptado con toda la tranquilidad del mundo, y ahora Ddraig le daba una leve esperanza, una diminuta luz en un mundo de pura oscuridad. Pero, a pesar de todo, no iba a hacerse ilusiones. Puede que la posible oferta de Ddraig nunca llegara, o fuera tan imposible que tuvieran que renunciar sin siquiera intentarlo. De pronto cayó en cuenta de algo, algo que había estado ignorando durante casi dos años, al principio porque simplemente no le importó lo más mínimo y luego porque se le olvidó por completo.
—Oye Ddraig, ahora que caigo, ¿cómo es posible que la Juggernaut Drive se desactivase? ¿No debería de haberme matado por completo? Vale que el reactor me dio tiempo, o vida en cierto sentido, pero no sé, me resulta extraño.
— [Cuando un portador entra en ese estado, toda comunicación conmigo se corta, por lo que yo no tuve nada que ver]
— ¿Entonces?
— [Alguien detuvo dicha fase]
— ¿Eso es posible?
— [La Juggernaut Drive lleva existiendo tanto tiempo como la propia Boosted Gear, y su invocación ha sido siempre existencial: casi siempre mis portadores la han usado, consciente o inconscientemente. Es normal que se hayan desarrollado métodos para suprimir dicho estado]
— ¿Alguien pudo?
— [Si, aunque no sé si con tecnología o magia]
— ¿Cómo saberlo?
— [Bueno, estábamos en Roma, ¿no?]
—En sus cercanías.
— [Minucias. A lo que quiero llegar es que existe la posibilidad de que el Vaticano estuviera detrás]
— ¿Crees que el Vaticano fue el que suprimió la Juggernaut?
— [Si, o al menos son los que tienen más números. No sería nada extraño que tengan uno o varios métodos para suprimirlo, y teniendo en cuenta el poder de sus dos ex altos mandos, tampoco sería una idea alocada]
Issei se rascó la barbilla, pensativo. Si era sincero consigo mismo, en esos casi dos años que habían pasado desde aquel lamentable y triste evento, nunca antes se había preguntado el cómo podía seguir vivo, pero ahora, con toda esa charla sobre alargar la vida, la duda había llegado como un fórmula uno para estrellarse contra las paredes de su mente.
—F.R.I.D.A.Y., busca toda la información sobre Strada y Cristaldi, ambos pertenecientes al Vaticano —ordenó mientras procedía a ir hacia el taller.
—+Ahora mismo. +
— [¿Piensas buscarlos?]
—Solo quiero respuestas.
— [No sé si la Iglesia te dejará. Estará vigilado]
—Me importa una muerda. Les quitaré de en medio a la fuerza si es necesario. Necesito saber.
— [Bueno, has necesitado dos años, pero al fin buscas respuestas]
Issei sonrió ante el comentario de Ddraig mientras observaba la pantalla. Por muchos secretos que tuviera la Iglesia, todos sus miembros importantes estaban en el Sistema: Papa, Cardenales, Patriarcas, Arzobispos, Obispos… Todos ellos pertenecían al mundo antes y lo seguían estando. Incluso sus exorcistas debían estar registrados en el Sistema, debía existir información sobre ellos, a menos que la propia Iglesia contase con hackers lo suficientemente habilidosos como para suprimirlos del Sistema, lo cual era casi imposible en el mundo actual.
Le llevó un poco de tiempo a la IA localizar a ambos ex Cardenales, pues la rebelión eclesiástica se había quedado dentro de la propia Iglesia, nada había salido a la luz, por lo que los dos ex Cardenales debían estar a la vista de todos y al mismo tiempo a la de nadie.
—+Localización de los ex Cardenales completada: Vasco Strada, localizado en una parcela cerca del Parque del Lago Trasimeno; Ewald Cristaldi, localizado en otra parcela cerca del Parque Regional del Matese. +
Issei sonrió, satisfecho con la localización de ambos altos mandos de la Iglesia Católica y líderes de los rebeldes. Comenzó a caminar hacia el exterior de la vivienda, subiendo la suave pendiente que daba acceso a la cochera. Obtener información sobre cómo desactivar la Juggernaut Drive podría no servirle, o al menos eso esperaba, pero en caso de morir pronto y que el próximo portador del Dragón Rojo no estuviera en sus cabales, se le podría detener y así evitar que cometiera una masacre. Quizás en ese supuesto posible futuro no haya nadie cerca con conocimientos de ello, pero, si personas como Tony tenían acceso a esa información, podrían usarla en caso de ser necesaria.
— [¿Piensas ir a Italia ahora?] —cuestionó Ddraig no muy seguro de que su actual portador estuviera lo suficientemente estable como para realizar un viaje como ese, por no olvidar que los dos ex Cardenales no eran seres de poca monta.
—No tengo sueño, y estoy acostumbrado a trasnochar. Además, no puedo esperar a mañana para obtener respuestas. Si tienen algún método para suprimir la Juggernaut, como que me interesa saberlo.
— [Pues adelante, per ten cuidado]
— ¿Con los Cardenales?
— [No solo con ellos. Pero ya sabes que la situación está bastante tensa en la Iglesia y el Cielo]
—Lo sé.
Invocando la armadura de manera silenciosa mientras subía los últimos metros, despegó a gran velocidad rumbo oeste mientras desde el uno de los patios secundarios de la academia, varios ojos demoníacos le observaban atravesar el cielo a una velocidad divina.
XXXXX
Mientras tanto en el Triskelion, más precisamente en la oficina de Nick Fury, el susodicho observaba unos archivos que le habían llegado recientemente desde la otra punta del mundo, más precisamente desde el país del sol naciente. El rostro del Director de S.H.I.E.L.D. se mantenía impasible ante lo que le decían los archivos sobre los análisis de Issei Hyoudou-Stark. Recordaba perfectamente como poco después de la Batalla de la Expo Stark se había reunido con ambos para hablar de la Iniciativa Vengadores. Por aquel entonces Issei era un adolescente camino a la adultez perfectamente sano tanto física como mentalmente, pero el Issei Hyoudou-Stark que observaba ahí era muy distinto. Por su mente no pasaba la idea de dejarlo fuera de la Iniciativa. Seguía siendo un activo muy valioso, pero, si no lograba dar una vuelta de ciento ochenta grados a su situación, no habría mucho del Sekiryuutei para la Iniciativa. Ya encontraron un «medicamento» para la intoxicación de Tony Stark por paladio, pero esto era muy distinto.
—Dudo que en verdad te des por vencido, chico —dijo Fury observando una grabación de Issei saliendo del hospital, totalmente demacrado y abatido—. Encontraremos un remedio o una cura para esto. El mundo necesita a Issei Hyoudou-Stark y al Sekiryuutei.
Bueno, pues Feliz Navidad, Año Nuevo y que los Reyes hayan sido buenos con vosotros…, excepto los que os merecéis el carbón. A esos, ¡que os den! Ja, ja, ja. Na, es coña. Crucemos los dedos porque este año sea mejor que el año pasado y se acabe todo esto del Covid, aunque sea a finales de año.
Y este es el último arco, el próximo iniciamos al fin los Vengadores. Me han llegado mensajes del motivo por el cual los arcos de DxD son más numerosos. Bueno, hay que recordar que son casi 22 tomos (yo haré hasta la guerra contra el 666), y las pelis de Marvel no son tantas (sobre todo porque no las voy a sacar todas -Cap. América 1, Cap. Marvel, GDLG, etc.), por lo que es normal que su número sea mayor. Además, en estos meses o años vacíos entre peli y peli quiero desarrollar las novelas, de modo que no haya tanto vacío.
Ahora los comentarios:
Goku SSJ DIOS SSJ3
Ja, ja, ja. El Capi está orgulloso de ti por entender la referencia. Un tanto menos exagerada que su reacción en la serie (tomo 3 si mal no recuerdo).
Ya te estoy respondiendo.
Bueno, de todos los que han nombrado, aquí he dejado constancia de que las Tres Facciones son las únicas que están presentes en la Tierra y que las demás (entiéndase los Panteones), hace tiempo que dejaron de involucrarse, siendo Asgard el único que ha tenido contacto reciente (Thor 1).
Asia está mucho no, muchísimo peor que Irina, por lo que no tendrá participación en eventos próximos. Menciones habrá, posiblemente.
Tenzalucard123
Esa es la idea, que desconfíen. La cuestión es, ¿lo lograrán?
CCSakuraforever
Sobre la tecnología de los rebeldes he dado varias pistas. No es que vayan a incorporar nada. Recuerda que el de Issei es un departamento dentro de Industrias Stark, pero comenzó como uno pequeño y ahora dará el gran salto para ser un pilar de la empresa. Como he mencionado, llegarán pronto.
omega9028
Admito que fue uno de mis villanos favoritos hasta que el autor se lo «cargó». Por eso aquí intento darles más créditos, como Kokabiel y Diodora. Creo que ambos me quedaron bien, dieron la talla, o al menos Kokabiel ja, ja, ja. Cao Cao demostró ser alguien poderoso y con una mente muy brillante, pero claro, ya sabemos lo que hace el autor con la obra y sus personajes…, decepcionan bastante.
Por supuesto que los Héroes ayudarán durante la Batalla de New York, casi desde el comienzo lo harán.
Sí, conozco todos los estrenos de Marvel durante los próximos años, pero no, no haré historias alternativas del fic. Suficiente cuando termine este (pues pienso terminarlo, aunque me lleve 10 años).
Issei ya no puede actualizar más su armadura, excepto quizás para meterle armas. La armadura no evolucionará de ese modo, sino que su mejora irá en plan a la capacidad para enfrentar a seres más poderosos sin hacer algo semejante a los cambios que hay en cada Mark.
Pd: dado que nadie ha apostado sobre el próximo que va a morir (de DxD), os hago otra apuesta (la otra sigue abierta):
¿Quién o quiénes creéis que será la próxima pareja/s de Issei?
No debería de dar pistas, pero si ya me conocéis sabréis que las Vengadoras quedan fuera por obvios motivos, pero bueno, también podéis apostar por ellas ja, ja, ja.
Sin más que decir, me despido.
¡Nos leemos!
