Ni Marvel ni High School DxD son de mi propiedad, pertenecen a sus respectivos autores.
Yo hago esto sin ánimo de lucro, solo para pasar el rato.
Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas, posible lemon más o menos fuerte y demás cosas. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría M.
—comentarios.
—"pensamientos".
—*hablando por teléfono, comunicador, etc. *
—(J.A.R.V.I.S.)
—+F.R.I.D.A.Y. +
—[Ddraig, Albion, etc.]
Esta historia ha sido creada por mi persona, mi amigo AtrixGrayZero, y con ayuda de su novia y mi amiga Criz Ravenwood, por tanto, la historia es de los tres, la idea base es la misma pero el contenido es sustancialmente distinto
Os invito a leer mis demás historias, buscadlas en mi perfil
También podéis leer las suyas en su perfil
Capítulo 44:
EL COMPROMISO — PARTE 02
El viaje hasta Italia fue más largo de lo esperado por motivos varios. En resumen, paradas de urgencia en varios países situados en su ruta de vuelo. A pesar de ello, y dado que viajó casi todo el tiempo a velocidad mach 2, la noche no estaba muy avanzada cuando llegó a Italia, apenas un par de horas más tarde que cuando había salido de Japón. La primera parada fue el Parque del Lago Trasimeno, lugar donde se encontraba la residencia actual de Vasco Strada, uno de los cabecillas rebeldes de la Iglesia. La mejor opción habría sido visitar a Cristaldi, pero luego del altercado en Varsovia, Polonia, le pillaba mejor visitar al más anciano de los dos.
A pesar de haber varias barreras mágicas, Issei pudo atravesarlas sin problemas, o eso fue lo que dijo Ddraig. Él no notó ninguna sensación ni vio nada. Al parecer esas barreras no eran para evitar que alguien entrara o saliera, sino simplemente para controlar al residente de aquella finca. Issei observó la casa rural del anciano, quien se encontraba sentado en una mecedora, observando contento el trabajo bien hecho: la preparación de los terrenos para el cultivo. A unos quinientos metros se encontraba la parte noroeste del lago, con sus cristalinas y frías aguas iluminadas con la luz de la luna llena. En verdad era una imagen preciosa y relajante. ¿Hacía cuánto tiempo que no pasaba unos días en alguna casa rural, lejos de toda tecnología?
Con un descenso lento, Issei acabó pisando tierra frente a la casa de aquel anciano, aunque resultaba ridículo que aquel hombre tuviera noventa y un años. En serio, tipos así solo existían en los animes, y lo más parecido en la realidad eran tipos como Jim Arrington, Charles Eugster, Andreas Cahling, Sam Bryant o Jim Morrys.
—Vaya. Esta sí que es una visita inesperada —dijo el anciano sonriendo ampliamente—. Es un honor que el Sekiryuutei venga a visitarme.
—Usted es Vasco Strada, ¿no?
—Así es.
—Nacido en Roma, de padre italiano y madre española, anterior portador de la espada Durandal, ex Cardenal de la Iglesia Católica y cabecilla rebelde.
—Me has investigado bien.
—Solo lo básico.
—Entiendo. Puedes quitarte la armadura, aquí no encontrarás enemigo ni lucha, a menos que la traigas contigo.
—No, señor. Solo he venido a por información.
—Siempre que pueda promocionarla, estaré encantado. Ven siéntate conmigo y disfrutemos de esta hermosa vista, ¿te parece?
—[Adelante compañero. Este tipo…, pocas veces estarás más a «salvo» que con él]
—"Confías mucho."
—[Instinto]
Mientras sus pisadas resonaban en el camino de tierra, la armadura desapareció, sustituyendo el inconfundible sonido metálico de la armadura por el de su calzado. Strada señaló una tumbona que había a su lado, dando la espalda a una gran ventana. Mirando a aquel gigante anciano de reojo, Issei se sentó. La verdad es que aquel hombre imponía muchísimo. Nunca antes había conocido a alguien como él. No solo tenía un cuerpo increíblemente robusto: uno de sus brazos era tan ancho como dos suyos, o puede que tres; sino que el que fuera tan grande: le sacaba casi treinta centímetros de altura; ayudaba a esa sensación. Su cara de amabilidad era lo único que lograba que no se atemorizase.
—¿Deseas algo de comer o beber?
—No, gracias, estoy bien.
—De acuerdo. ¿Has visitado ya al hermano Cristaldi?
—Aún no he tenido el placer. Usted me pillaba mejor en mi ruta.
—Ya veo. Y bien, Sekiryuutei, dime, ¿qué es lo que deseas saber?
Mientras Issei observaba el lago en silencio, Strada observó a aquel joven. En sus noventa y un años de vida, aquel hombre había visto y hecho mucho, demasiado. Durante la Segunda Guerra Mundial luchó contra el ángel caído Kokabiel, casi matándole en el combate cuando se descubrió que éste era fiel colaborador de Hitler. Los horrores vistos en aquella guerra, junto con los actos heróicos del Capitán América contra HYDRA, le hicieron «robar» la espada Durandal y salir en busca de aquel Cadre y toda criatura sobrenatural que colaborase con la Alemania Nazi y sus aliados en Europa. Si no fuera porque todo salió bien al final, seguramente habría acabado excomulgado. Pero por todo lo que vivió durante su juventud, la posguerra y todos los conflictos del siglo XX, Vasco podía percibir el dolor de alguien al hablar de hechos pasados.
—Cuando usé la Juggernaut Drive, cuando ésta me consumió, podría haber arrasado con toda esa zona mientras mi vida se escapaba entre gritos y llantos. Pero alguien detuvo esa maldita fase. Luego de investigar, he descubierto que solo unos pocos podían haberlo conseguido en aquel momento y lugar. Ewald Cristaldi y usted son los únicos que pudieron llevar a cabo el ritual para anular la Juggernaut, ¿cierto?
—Has investigado bien, joven Sekiryuutei.
—Issei. Llámeme Issei.
—Bien, joven Issei. Como decía, has investigado bien, pues en verdad fuimos nosotros dos los que llevamos a cabo aquel ritual.
—¿Cómo lo hicieron?
—¿Puedo preguntar el motivo de tu curiosidad?
—Yo…, no sé si algún día me volverá a pasar… Y es por eso mismo que quiero encontrar una manera de evitarlo antes siquiera de que empiece a activarse.
—Buscas la información del ritual.
—De todos los que haya. No puedo depender de rituales y esas cosas, pero sí comprenderlos, ver cómo funcionan.
—¿Y por qué me lo cuentas a mí? Esto deberías hablarlo con el Vaticano.
—Sinceramente, creo que ustedes dos son más adecuados y cooperarán más. No creo que ellos me den esa información gratis. Además, por muy rebelde que sea usted, no hago más que oír cosas buenas. Se ve que es un hombre razonable, y claro, sin olvidarnos de ese evento.
—Ya veo. Bueno, te adelanto que nuestro ritual fue el sellado del poder contaminado de la Boosted Gear y su disgregación. De ese modo evitamos que te siguieras alimentando de la energía del Dragón Rojo y al mismo tiempo sacábamos de ti esa energía. Para ello tuvimos que usar nuestros poderes y el poder de las espadas. Esa tarea nos dejó exhaustos.
—Bloqueo de energía y expulsión de cuerpo —murmuró Issei rascándose la barbilla.
—Para ello tuvimos que crear un sello sagrado justo en la zona en la que estabas. Suerte tuvimos de que no nos prestases la más mínima atención. Sin ese sello, nuestro intento habría sido improductivo.
—Ya veo.
—Por eso lamento que esta información no te sea muy útil. Sin el poder sagrado, el poder del Cielo, el sello sería solo un dibujo.
—No se preocupe. Ya me hacía a la idea de que no funcionaría, pero me ha dado una idea.
—Me congratula escucharlo. La Maldición de la Boosted Gear es un peligro para todo el mundo, para la vida misma. Quizás los poderes puedan ayudarte en tu cometido.
—Podrían, pero no me fio. No sé qué hay tras sus acciones. Solo puedo fiarme de aquellos que tienen mi confianza.
—Sabia decisión. ¿Algo más que necesites de este anciano?
—No, la verdad es que no. Tengo la información que venía a buscar, a menos que conozca otra forma de suprimir la Juggernaut.
—Me temo que no, lo siento. Pero dime una cosa, entre tú y yo: ¿puedes usar algo además del poder de Ddraig? Ya sabes, algo que no sea la armadura.
Issei pareció un tanto reacio a compartir esa información, pero había algo en aquel anciano que le pedía que se abriese, como si fuera una especie de psicólogo.
—Estoy intentando usar la magia de Ddraig.
—Magia, ya veo. Dime muchacho, ¿sabes neutralizar la magia?
—¿Neutralizarla? ¿Cómo?
—Todo hechizo tiene un punto débil. Después de toda una vida luchando contra magos, hechiceros, brujas y todo usuario de magia, soy capaz de localizar hasta los defectos más pequeños en los ataques mágicos, permitiéndome neutralizarlos mediante la aplicación de fuerza bruta en puntos muy específicos del ataque mágico.
Issei se quedó absorto, mirando a aquel gigante anciano. ¿Neutralizar la magia con pura fuerza física? ¿Aquello era en verdad posible? Se le había pasado por la cabeza multitud de experimentos para averiguar los mejores métodos para enfrentar y derrotar la magia, pero nunca pensó que la simple fuerza bruta pudiera hacer algo como aquello.
—¿Cómo puede hacer eso?
El anciano sonrió amablemente.
—La magia es otro de los tantos poderes que hay en el universo, y no es invencible. Si bien es cierto que todo depende del propio hechicero, pues algunos, como la Hechicera Suprema, poseen un poder abrumador, la magia no es invulnerable. Si sabes dónde atacar, puedes derribar incluso el hechizo más poderoso. Y bueno, en caso de criaturas como los dragones, no siquiera hace falta localizar su punto más débil, pues su solo poder físico es más que suficiente.
—¿Usted podría enseñarme?
—Eso lo puedes aprender mientras aprendes a usar la magia del dragón. Solo la experiencia puede darte ese conocimiento, como en todo —Issei chasqueó la lengua—. Los jóvenes siempre sois impacientes.
—Sí, bueno, tampoco es que tengamos una vida ilimitada. La nuestra es más bien corta.
—La tuya sobre todo, ¿verdad? —Issei enarcó una ceja—. La Juggernaut Drive consume la vida. Si sigues vivo es por ese aparato que tenías en el pecho. Eso te salvó la vida.
—Sí… Mi padre me salvó sin siquiera saberlo…
—El gran Tony Stark… Hasta hace unos pocos años no era un hombre de mi agrado, lo admito. Ser dueño de la mayor empresa armamentística del mundo… El daño que hizo al mundo con sus armas…
—No es algo de lo que ahora esté orgulloso.
—Algunos dirían que ser secuestrado por esos terroristas fue lo mejor que le pudo haber pasado.
—Una forma un tanto retorcida de pensar, pero no puedo negar que ese fue un punto de inflexión para él.
—Desde luego. De ser el Heraldo de la Muerte al superhéroe Iron Man, Defensor del Mundo. Él es una prueba viviente de que todo el mundo puede cambiar, incluso aquellas que en un principio parecía inverosímil que pudieran hacerlo.
—¿Usted cree que todos pueden cambiar? ¿Que merecen dos o más oportunidades?
—Desde luego que lo creo. He conocido personas que no han recorrido el camino de la redención hasta el cuarto o quinto intento. Puede que muchos no obtengan el perdón en lo que les reste de su vida en la Tierra, pero creo que hallarán el perdón al otro lado —Issei pudo ver cómo el anciano levantaba su vista, observando hacia su derecha, en algún lugar que Issei no pudo vislumbrar—. Deberías irte, no tardarán mucho más en llegar —advirtió tranquilamente mientras se levantaba, dispuesto a ingresar en el interior de su casa.
—¿«En llegar»? ¿Se refiere a los que custodian este lugar?
—Si. Hace tiempo que dejaron de vigilarlo de manera tan férrea. Solo lo hicieron cuando entendieron que no escaparía de aquí. Pero desde que atravesaste las barreras han sabido que alguien no notificado está aquí.
—Pues llevamos muchos minutos hablando.
—Han relajado la vigilancia y el tiempo de reacción. Están más preocupados con otras cosas. Puede que no haya ocurrido nada importante desde nuestro intento de golpe de estado, pero no por ello han desatendido los eventos de mayor importancia.
—Entiendo. En ese caso, me voy.
Issei caminó afuera del porche mientras su armadura le envolvía. Pero antes de que sus propulsores se encendieran, Strada le detuvo únicamente pronunciando un nombre.
—Asia Argento.
Al escuchar aquel nombre, Issei se detuvo, volteando para mirar al anciano. Vasco miraba con tristeza al lago. La tristeza en su voz al mencionar a aquella amable ex monja dio a entender a Issei que ambos se conocían de algo.
—¿Qué pasa con ella? —preguntó Issei con cuidado.
—La conociste, ¿no es así? —interrogó el anciano clavando sus ojos en los suyos.
—Sí, cuando estuve en Roma.
—Antes de aquel horrible incidente. Ya veo. Y dime, ¿has podido verla? Tú pareces tener amistad con algunos demonios y tengo entendido que uno de ellos recogió a la hermana Argento. Solo quiero saber cómo está.
—¿Puedo preguntar el motivo de tu interés?
—Conocí a la hermana Argento desde hace muchos años. La última vez que la vi fue en el año dos mil, pero la conocí cuando ingresó en la Iglesia, antes de que su poder se diera a conocer. Era amada por muchos no solo por ser una Doncella Santa, sino por toda su amabilidad y bondad. Curó a mucha gente, incluso los que tenían enfermedades mortales y avanzadas, en fase terminal. El poder que poseía era grande y lo usó bien. No dejaban de llegar cartas mostrando su agradecimiento incluso cuando ella fue excomulgada. La estuve buscando durante largo tiempo cuando fue expulsada, pues no podía creer que se hubiera convertido en lo que ellos llamaban Bruja Maldita. Quería entregárselas, si aún es posible.
Issei miró con lástima al anciano, y este pudo entender que si no estaba muerta, su situación debía ser nefasta.
—Está mal, muy mal… No, creo que eso sería quedarme corto. La Asia Argento que conociste ya no existe. Ahora es un cascarón vacío. Cuando fue expulsada, Diodora Astaroth, que es el demonio al cual curó, se la llevó consigo, engañándola. Desde entonces su vida se volvió un verdadero infierno. Diodora la destrozó física y mentalmente hasta el punto de convertirla en un robot.
La explicación del Stark fue como si una espada atravesara el corazón de aquel amable anciano. Pudo ver con claridad el dolor que le producía escuchar aquello. Sin duda el saber que alguien tan puro, inocente y bondadoso como Asia Argento había acabado así, por todo lo que había pasado, era un golpe demasiado duro para él.
—Dios santo…
—Y todo por curar a un demonio… Una parte de mi lo entiende, o cree entenderlo, pero expulsar a alguien como ella al mundo, y más con el don que posee… Sin duda es un pecado muy grave.
—No podría estar más de acuerdo. ¿Podrías decirme dónde está, por favor? —Issei le miró con desconfianza—. Juro por mi vida que nadie conocerá su ubicación.
Issei no estaba muy por la labor de decirle a Vasco la actual localización de Asia Argento, allí en California, pero su instinto seguía gritándole que podía, que debía, confiar en aquel anciano, por muy Cardenal que hubiera sido de la Iglesia. Con un largo suspiro procedió a decirle la dirección del hospital donde estaba Asia.
—Al menos está recibiendo ayuda. ¿Cuál es su estado actual?
—No ha habido avances significativos, pero tampoco se ha quedado estancada. Los médicos dicen que un avance en su condición, por más pequeño que sea, es algo positivo. Yo que usted esperaría un tiempo para que se recupere lo suficiente. Esas cartas…, creo que podrían ser buenas para su terapia, pero cuando esté en una fase más avanzada.
—Por supuesto. Cuando los médicos lo vean oportuno, las enviaré. ¿Podrías informarme cuando llegue el momento?
—… Sí, creo que podría. Y en caso de no poder hacerlo yo, conozco a alguien que podría servir de puente entre ambos.
—Entiendo. Muchas gracias.
Nuevamente Issei se dispuso a marcharse veloz, pero Vasco le volvió a detener.
—Ah, una última cosa: hace un par de semanas, el actual portador de la Lanza vino a visitarme.
Issei alzó sus cejas, sorprendido. Si el líder de los terroristas, o de una de las facciones terroristas de la Brigada, había ido antes que él a aquel remoto lugar, ¿cómo era posible que la vigilancia fuera tan poca?
—¿Cao Cao? ¿Qué es lo que quería?
—Lo mismo que tú, respuestas, aunque su cuestión resultó divertida. A ti y a mí nos llaman héroes, pero a él y su grupo nadie les llama así. Deseaba saber qué necesitaba para que la gente le llamase héroe.
—¿Y qué respondiste?
—Que eso lo decide la gente. Es la gente quien decide quién es un héroe y quién un villano. Por eso mismo yo soy llamado «héroe» por el Cielo y la Iglesia, pero no oirás lo mismo de otros grupos. En cambio, tú y tu padre habéis sido llamados «superhéroes» por el mundo entero, porque vuestras acciones son buenas desde sus ojos. Incluso si los gobiernos os declarasen delincuentes, para el mundo podríais seguir siendo héroes.
Ahí tuvo que darle la razón al anciano. La historia estaba llena de personas que para unos eran héroes y para otros villanos. Estaba a punto de preguntarle sobre cómo había hecho Cao Cao para ir allí y no ser detenido, ni siquiera por Vasco, cuando Ddraig le avisó de presencias acercándose, posiblemente los «refuerzos» o «vigilantes» de ex Cardenal. Con un gesto de cabeza y un «suerte, Sekiryuutei», Vasco se despidió al tiempo que Issei se alzaba veloz hacia el cielo. Apenas y un par de minutos después llegaron un total de cinco exorcistas del Vaticano, los guardianes de Vasco Strada, quienes registraron toda la zona en busca de aquel que se había atrevido a entrar en aquel lugar sin permiso del Vaticano.
XXXXX
Los días pasaban y cada vez estaba más cerca el enfrentamiento entre Riser Phenex y Rias Gremory. Issei apenas y había vuelto a hablar con los miembros de aquel grupo ya que sus entrenamientos nocturnos y el estudio para los exámenes finales les quitaba tiempo hasta para encargarse de su trabajo con sus contratistas. Los Sitri, por su parte, no solían hablar mucho del tema por todas las veces en las que habían sido los compañeros de entrenamiento de Rias. No es que no se fiaran de Issei a la hora de explicarle las cosas, como la estrategia que habían pensado los Gremory, sino que simplemente no salía el tema o era evitado.
Tom había vuelto de su viaje a Egipto, aunque nuevamente, Marilyn no iba con él. Issei estaba deseoso de volver a hablar cara a cara con su mejor amiga. Hacía mucho tiempo que solo hablaban por teléfono y video llamada. Y claro, por mucho que le invitasen, no iba a marcharse en un viaje con la pareja, no quería ser el sujeta velas que intenta dormir mientras sus dos mejores amigos hacen sonidos cochinos al otro lado de la pared y se pasan acaramelados todo el día. Ya pasó por eso antes de salir con iris y en verdad no tenía ganas de volver a pasar por una experiencia semejante. No era agradable.
El sábado diecisiete de marzo llegó con presteza. Apenas quedaba una semana para el enfrentamiento, pero aún más importante: el día de la graduación de los alumnos de cuarto año, al menos en las carreras que duraban dichos años. El viernes veintitrés se llevaría a cabo la fiesta de graduación para todos aquellos que hubieran terminado, y aprobado, todas las asignaturas de la carrera. Después de dicho día, ambos grupos demoníacos tendrían para disfrutar hasta el domingo por la noche, momento en que tendrían que volver al Infierno hasta saber cuándo. El gobierno, o más bien el Consejo, no había suavizado las medidas pues, tal y como dijeron los héroes, muchos nobles fueron atacados, aunque ninguno falleció. El único motivo por el cual no habían atacado Kuoh era por ser la base de la Alianza, un lugar muy importante y vigilado, sobre todo cuando el fin del curso estaba tan cercano.
Tom se encontraba en el rio, dibujando junto a varios estudiantes de Bellas Artes de la universidad y otros tantos del Club de Arte de la preparatoria, cuando alguien llamó a la puerta de la casa de Issei. El Hyoudou puso en pausa la película que se encontraba viendo, levantándose para abrir la puerta, sorprendiéndose al ver a cierta joven un año menor que él, pero en el cuerpo de una niña de doce o trece años.
—¿Koneko? —preguntó sorprendido por la presencia de la pequeña Torre Gremory en su puerta—. ¿Qué haces aquí?
—Puedo… ¿puedo hablar contigo? —preguntó a su vez la demonio con su típico tono neutro, aunque su rostro mostraba algo de vergüenza, lo cual era insólito.
—Sí, claro. Adelante.
Se hizo a un lado, extendiendo la mano en señal de que podía entrar en su casa. La joven nekomata atravesó la puerta, adentrándose en el jardín. Ambos atravesaron en silencio la zona hasta que llegaron a la puerta de la vivienda. Una vez dentro, Koneko dejó la bolsa que transportaba en el suelo, sentándose en el sofá mientras Issei se sentaba en su sillón favorito.
—¿Te gusta Harry Potter? —cuestionó la nekomata al ver la película pausada.
—Pues la verdad es que sí, aunque aún tengo pendiente los libros. Debo decir que me sorprende verte aquí. Creo que es la primera vez que vienes sola.
—Rias-nee-sama no sabe que estoy aquí. Ninguno de mis compañeros sabe que estoy aquí.
—¿Has venido en secreto? ¿Debo preocuparme? —interrogó enarcando una ceja—. Espero que no pidas refugio político.
Koneko frunció el ceño.
—Nada de eso. Es otra cosa.
—Tú dirás.
—¿Dónde está Tom? —preguntó mientras observaba a todos lados.
Si bien era verdad que no era la primera vez que pisaba aquella casa, el artista siempre solía estar en ella cuando se encontraba en la ciudad. No verle ni escucharle era algo extraño para ella.
—Está en un parque del río, creo. Me parece que da clases gratuitas a varios estudiantes, o al menos a los que saben inglés.
—¿No habla japonés?
—No mucho, no lo practica. Nunca se le han dado bien los idiomas. Es peor que yo con las artes…, o casi.
La pequeña demonio asintió. Si no fuera porque resultaba muy difícil verlo, Issei podía jurar que la había visto aliviarse un poco. Cruzó sus dedos, comenzando a jugar con ellos, clavando su vista en los movimientos que hacía. Fuera lo que fuera que quisiera contar, estaba claro que era algo muy importante y difícil de tratar, lo cual engordó el orgullo de Issei en sí mismo. Si Koneko estaba dispuesta a hablar con él de algo tan privado e íntimo, significaba que tenía la suficiente confianza con él, lo cual era agradable de saber. Solo esperaba que no fuera algo grave como haberse vuelto un demonio callejero o haber matado a alguien.
Esperó pacientemente, en silencio, a que Koneko reuniera el valor suficiente para mirarle y tratar el tema que la había llevado lejos de sus compañeros, directamente a su casa. Al final, luego de casi dos minutos de completo silencio, Koneko alzó la vista, clavando sus ojos en los del japonés.
—¿Cuánto sabes de mi vida?
—Solo que tienes una hermana, una que tu gobierno ha declarado como una criminal peligrosa.
—¿Nada más?
—Nada. No es que tú me hayas hablado de tu vida, y Rias no va contándolas por ahí.
Koneko asintió, respirando profundamente.
—Sí, es cierto, tenía una hermana llamada Kuroka —comenzó a hablar de forma tranquila, aunque con su tono neutro de siempre—. No recuerdo nada de cuando era pequeña. No recuerdo a mis padres. Mis recuerdos comienzan poco antes del desastre. Un demonio se hizo cargo de nosotras cuando mis padres murieron. Era muy bueno con nosotras: nos cuidaba, nos alimentaba, nos alojaba… Mi hermana era muy talentosa y poderosa. ¿Sabes lo que es el senjutsu?
—Tengo una leve idea. Era algo así como manipular tu propia fuerza vital para luchar.
—¿Dragon Ball?
—Y otras tantas series —admitió con orgullo.
—Sí y no. Es cierto que el senjutsu es la manipulación del espíritu, la energía vital, pero olvídate de convertirte en un Saiyajin —Issei hizo una mueca de decepción—. El senjutsu tiene una gran variedad de habilidades, aunque su poder bruto no se compare a otros tipos de poderes. Pero tiene una gran debilidad, una fatal: si bien le permite al usuario leer y manejar el poder espiritual, también podría absorber la malicia y la mala voluntad que fluye en el mundo, por lo tanto, si un aficionado lo usa de manera incorrecta, entonces la malicia terminará corrompiendo al usuario.
Issei asintió, creyendo saber por dónde iban los tiros.
—Entiendo. Yin y yang, o al parecido.
—Se podría decir. Mi hermana no supo enfrentar esa malicia y se acabó corrompiendo. Atacó y mató al hombre que nos había salvado —con cada palabra su voz se tornaba más dura, más oscura, y sus puños se cerraron con fuerza—, y me abandonó. Me dejó atrás para que me mataran, culpándome de algo que no hice. Si no hubiera sido por el Maou Lucifer, quien me salvó la vida…
Issei no dijo ni una sola palabra. Esperó a que Koneko se tranquilizase por sí sola, pues pensaba que sería peligroso decir una palabra equivocada.
—Entiendo entonces que no has usado tus poderes por esa debilidad fatal, ¿no?
—Exactamente. Pero…, luego de lo que dijiste…, he estado pensando mucho en ello… Si pudiera controlarlos, los usaría, aunque solo fuera para nuestro próximo enfrentamiento, pero…, tengo miedo… Me aterra convertirme en una asesina como lo es ella.
—¿Estás segura de que lo hizo sin motivo? El matar a aquel demonio.
—Por supuesto.
Cuando los ojos de ambos se encontraron, Koneko dudó, un poco, apenas un segundo, pero lo hizo. Desde que tenía memoria, o más bien desde que fuera rescatada de la muerte por el hermano mayor de su ama, siempre le habían dicho que su hermana había asesinado a su amo por simple placer, porque era una asesina y solo deseaba matar a la gente. Lo había creído a ciegas, sin cuestionarse jamás cuánta verdad había en aquella declaración. Pero al ver los ojos de aquel humano que se había convertido en su amigo, la semilla de la duda nació en la Torre Gremory.
—No puedo confirmar ni desmentir nada, pues ni estuve allí ni sabía nada hasta que me lo has contado. Pero si algo he aprendido en mis veinte años de vida es que las cosas no son siempre como nos cuentan. Son innumerables las veces en las que me han jurado y «demostrado» que algo era cierto, pero, al investigar en mayor profundidad, descubrí que nada de lo que me afirmaron era verdad, solo mentiras o puntos de vista demasiado retorcidos. No voy a decir que tu hermana es inocente porque no tengo pruebas, así como tampoco las tengo de que sea culpable. Solo digo que quizás no te hayan contado todo, o solo su punto de vista. En esta vida a veces no te cuentan toda la verdad para protegerte…, o para manipularte —Koneko frunció el ceño, pero Issei no supo interpretarlo, por lo que cambió de tema—. En cuanto a tus poderes, ¿estás segura de que no hay ningún modo de evitar esa «contaminación»? Digo, en el mundo sobrenatural no sois criaturas desconocidas. Habrá alguien que te enseñe a evitar esa «contaminación», ¿no?
Koneko apartó los ojos, clavando su mirada en la chimenea apagada. La verdad es que no estaba segura de que aquello fuera posible, pero claro, fuera de su hermana, no tenía conocimiento ni relación con algún otro nekomata. Ni siquiera cuando fue a Kioto en su segundo año de preparatoria se cruzó con ellos por la relación que había por aquel entonces entre demonios y youkais. Quizás, y solo quizás, si se lo comentaba a su ama, podría encontrar a algún nekomata que pudiera enseñarle a usar sus poderes y evitar la «contaminación».
—Hablaré con Rias-nee-sama.
—Que lo haga cuanto antes. Apenas tenéis una semana. Creo que es muy tarde, pero por intentarlo no perdéis nada.
—Lo sé… Solo espero que no sea demasiado tarde —Koneko se levantó, agarrando su bolsa—. Gracias por escucharme, ha sido de ayuda.
—De nada. Pero antes de irte, ¿puedo preguntarte por qué no has consultado esto con tus compañeros? ¿Por qué yo? Digo, tienes a Rias, Akeno, Gasper, Yuuto y Akiro. Incluso a los Sitri.
—He pensado que sería bueno escuchar otro punto de vista, uno que no sea desde los ojos y el pensamiento de los demonios.
—Entonces no me has consultado solo a mí, eso está bien. Y gracias por tu voto de confianza.
—Gracias a ti por escucharme. Ahora me voy, tengo que arreglar esto cuanto antes. Gracias.
Koneko sonrió un poco, gesto que sorprendió a Issei. Eran tan raras y extraordinarias las veces que aquella mujer en cuerpo de niña sonreía que siempre impactaba. Dicho esto, Koneko se dio la vuelta, saliendo de la casa a paso rápido, desapareciendo del jardín en cuestión de unos pocos segundos.
—[Te has arriesgado con tu opinión sobre los eventos con su anterior amo]
—Dudo que sospeche que su hermana ha estado aquí, y menos aún que nosotros lo supiéramos.
—[Yo lo sabría y por tanto tú también]
—No creo que…
—[Compañero] —interrumpió Ddraig con seriedad—[, te recuerdo que el odio que corre por las venas de esa joven hacia su hermana es muy fuerte. Como bien dices, no sabemos lo que ocurrió de verdad. Quizás la gata habría dado otra versión, o ninguna. Pero ten por seguro que si averiguan que yo lo sabía, darán por sentado que tú también, ¿has entendido?]
—Sí, sí… —asintió molesto, rascándose la cabeza en el proceso—. Oye, ¿crees que podrá encontrar ayuda?
—[Si la Gremory busca rápido y bien, estoy seguro. Aunque la cuestión no es si encontrará ayuda, sino…]
—Si tendrá tiempo suficiente —terminó Issei la frase, soltando un largo suspiro.
—[Te preocupan]
—Por supuesto, son amigos. No quiero que acaben perdiendo, yendo al Infierno para no volver y bajo el mandato de ese idiota.
—[Aún le tienes manía, ¿verdad?]
—¡Ese cabrón estuvo a punto de romperme la mano cuando nos presentamos! —exclamó furioso—. ¡¿Qué demonios le hice para que me hiciera eso?!
—[¿Además de acostarte con su prometida?]
—Eh, eso no cuenta. No lo sabía, y la verdad es que no recuerdo si eso fue antes o después.
—[Bueno, no creo que ahora importe mucho. Nosotros a lo nuestro y ellos a lo suyo. Solo te queda rezar a la Existencia para que les vaya bien]
—Sí... Supongo….
XXXXX
Tom no regresó a casa hasta que el atardecer no estuvo cercano. Él y los estudiantes de la academia que se habían pasado el día con él habían aprovechado toda la luz natural para dejar volar la imaginación, aprovechando los tonos de luz y sombras que ofrecía el día. Su sorpresa fue grande cuando le contó la charla que Issei tuvo con Koneko. El artista compartía la misma idea de Issei sobre el asesinato del anterior amo de las nekomata. ¿Era en verdad un buen tipo y Kuroka le había matado así porque sí, por la «contaminación» o había algo más detrás? Sin la versión de Kuroka y una investigación, era imposible saberlo.
Aquel asunto era un callejón sin salida, casi tanto como el caso de los asesinatos de una década que se relacionan, de alguna misteriosa manera, con el ataque de los héroes a los youkai de Kioto. Habían pasado meses y no lograban dar con la conexión, ni siquiera entre los distintos asesinatos. Issei hacía tiempo que se había planteado que los héroes intentaron confundirle, dar una pista falsa respecto a los motivos de su ataque a los youkais del oeste, y que por tanto no existía dicha relación. Pero ¿y si sí?
Al día siguiente, desde una hora temprana, pero no demasiado ya que Tom odiaba madrugar los fines de semana, y se lo había pegado a Issei, el Stark estuvo en su taller trabajando en su próximo proyecto personal: prótesis biónicas. Si bien era cierto que las prótesis de Industrias Stark, más precisamente las desarrolladas por su departamento, iba viento en popa, tenían grandes limitaciones. Lo que Issei deseaba con aquellas prótesis avanzadas era transformarlas en prótesis robóticas humanas, prótesis robóticas con la capacidad de sentir como si fuera una extremidad humana normal de carne y hueso. Y no solo eso, sino que esta misma se adaptaría para coincidir con la fuerza de su usuario.
Cuando le planteó la idea a Pepper y Tony, una de las cuestiones que sacaron a relucir fue aquella misma. Por ejemplo: ¿qué pasaría si una persona tuviera más fuerza en una pierna que en la otra? Se le dificultaría andar, por no hablar de correr. Las prótesis no podían estarse cambiando a cada momento para adaptarse al resto del cuerpo por los cambios que éste podría sufrir, como por ejemplo antes ser delgado y luego volverse un culturista. Pero claro, ahí estaba la mayor dificultad, una difícil de sortear.
—¿Por qué no haces esto con solo la primera parte? —curioseó Tom desde una de las sillas, dibujando algo en un lienzo—. Admitámoslo, la segunda parte es tan complicada que ahora mismo es ridículo buscarle una solución.
—Las prótesis serán caras, sobre todo al principio, y las personas que las usarán, para quienes van dirigidas, no tendrán dinero suficiente para ir cambiando a otras que se adapten a sus cuerpos adaptados a nuevas rutinas.
—¿Cómo ser una mole de grasa y luego un tipo delgado y atlético?
—Por ejemplo, sí.
—La única solución sería la nanotecnología, pero eso está a años luz de ser una realidad. Si no divides el trabajo, nunca saldrán al mercado estas prótesis biónicas. ¿Qué crees que querría la gente si les pusieras una fecha muy extensa? No sé, diez o veinte años.
—En diez años estaré muerto.
Tom apretó los labios. Issei no lo había dicho con maldad, ni siquiera como un recordatorio. Las palabras habían salido de su boca sin siquiera pensarlas. Al decir veinte años Issei simplemente recordó que le quedaban diez como mucho y su lengua se encargó de dejar constancia de ello. Cuando se dio cuenta metió sus labios en la boca. Su esperanza de vida no era algo que supiera mucha gente, prácticamente solo el médico que le atendió, los que le hicieron las pruebas y sus más allegados. Apenas y pasaron unos días antes de que Tony, Pepper y Happy supieran sobre su condición, y casi al mismo tiempo se enteraron Tom, Marilyn y Rhodey. Pero aquel no era un tema para pensar en ese momento. Muchas lágrimas, muchas maldiciones…, lo normal.
—Lo siento —se disculpó Issei mirando a Tom.
—Tranquilo. Culpa mía por poner fecha. Pero aun así creo que deberías dividir este proyecto por partes. Al menos termina la primera, la anunciáis y veis cómo reacciona el público cuando sepan que la segunda tardará muchos años antes de estar preparada.
—Sí, puede que sea una buena idea.
—Oye —llamó Tom mientras dejaba el lienzo sobre la mesa, frunciendo el ceño—. Me estoy acordando de ese tipo… Ya sabes, el de…, si eso…, el que cuidaba del otro… ¡Agh, no me acuerdo! —exclamó tirándose del pelo.
Issei alzó una ceja, mirando a su amigo como si se estuviera volviendo loco, incluso con cierta vergüenza.
—Prueba a darte golpes contra la pared. A Tulio le funciona.
—No estoy en un barco rumbo a América —gruñó molesto—. Por cierto, esta noche la vemos.
—Vale.
Issei, haciendo lo que Tom había sugerido, apartó de la pantalla holográfica toda la parte relacionada con la adaptabilidad al cuerpo de las prótesis, centrándose únicamente en solucionar los problemas de conexión para «sentir».
—¡Coño, ya me acuerdo! —chilló con euforia, asustando a Issei, quien dio un brinco—. ¡Ya me he acordado!
—Genial —gruñó Issei con una mano en el corazón.
—El padrino del descendiente de Lucifer, ya sabes, el ángel negro.
—Ángel caído —corrigió—. ¿Qué pasa con él?
—¿No tenía un brazo nuevo? Creo recordar que perdió el suyo en la batalla de la academia.
Issei frunció el ceño, pensativo. La verdad es que, si recordaba bien, Tom tenía razón. Cuando volvió a ver al líder de Grígori en Kioto tenía un nuevo brazo, pero, por cómo estaban las cosas luego de la muerte de Vali, no se le pasó por la cabeza hablarle sobre ese brazo.
—Quizás sea uno natural —restó importancia el superhéroe.
—Como. ¿Dices que le ha vuelto a crecer como a las lagartijas?
—No lo sé, quizás.
—O quizás tenga un brazo robótico. Incluso es posible que sea biónico. ¿No te solucionaría varios problemas?
—Nosotros ya tenemos prótesis. En todo caso tendría que preguntarle si esa prótesis es capaz de sentir.
—¿Qué puedes perder?
—Sinceramente, prefiero solucionar yo mismo el problema.
—Poca confianza en ellos, por lo que veo.
—He tratado más con los demonios, pero tampoco les preguntaría a ellos. Además, quieras o no, nuestras sociedades son muy distintas. Quizás ni es un brazo robótico.
—Por preguntarle…
—Quizás si lo vuelvo a ver y no logro avanzar.
—Está bien, está bien —Tom alzó las manos en señal de rendición.
Pasaron el resto de la mañana en el taller. Issei estudiaba desde todos los ángulos posibles el proyecto mientras Tom solo dibujaba cosas abstractas. Al parecer había tenido sueños bastante psicodélicos, aunque él juraba que no se había metido nada desde la última vez, y de eso hacía bastante tiempo. Por la tarde Tom propuso salir afuera para que les diera el aire. Era un día cálido, sin apenas frío invernal, por lo que la idea de pasear ganaba puntos por momentos.
Aun habiendo pasado un año desde que se murada a su ciudad natal, mucha gente seguía asombrándose con su presencia, por no olvidar la cantidad de fotos y autógrafos que le pedían, sobre todo los niños. Incluso seguía llegando gente de las ciudades vecinas para verle, o ver su casa desde la calle. Durante aquel paseo, el cual incluyó un corto viaje a los bosques cercanos a la ciudad, numerosas veces se le pasó por la cabeza llamar a alguno de los demonios para preguntar sobre Koneko. No había tenido noticias suyas y tenía curiosidad por si la conversación que mantuvieron la noche anterior había servido para algo.
Cuando llegó la noche cenaron en un restaurante de la plaza, yendo a casa nada más terminar. Issei tenía trabajo al día siguiente y tenía grandes planes para los proyectos tanto de Japón como los de Estados Unidos. Fue entonces que, cuando giraron la esquina que daba acceso a la calle donde se encontraba la puerta principal de la mansión, vieron una figura conocida. Se trataba de Akeno Himejima, que paseaba de un lado para el otro. Tenía una mueca en el rostro y parecía discutir consigo misma, como si no supiera qué hacer. Era la personificación de la indecisión.
Ambos se miraron y continuaron avanzando hasta estar prácticamente al lado de la nefilim. No fue hasta que casi tropezó con ellos que Akeno se dio cuenta de que el dueño de la casa al fin había vuelto.
—Hola Akeno.
—Hey.
—Buenas noches, Issei, Tom —saludó a ambos con una amable sonrisa.
—¿Llevas mucho tiempo esperando? —curioseó Tom.
Akeno negó con la cabeza, agitando su larga cola de caballo.
—No mucho. Unos… ¿qué hora es?
—Las nueve y media.
—Entonces diez minutos.
—Podrías habernos llamado. Si bien ya no hace tanto frío, podrías habernos encontrado en otro lugar y no haber estado dando vueltas frente a la casa.
Mientras que Tom le hablaba, Issei abrió la puerta e ingresó, siendo seguido por los otros dos.
—¿Necesitas algo? —interrogó Issei.
—Pues…, la verdad es que si…, o bueno…, no es exactamente como si necesitase algo.
—¿Entonces?
Akeno se pasó la lengua por los dientes mientras miraba a todos lados menos al superhéroe. Al final pareció tomar una decisión, pues clavó sus ojos en los del Stark.
—Me gustaría hablar…, de un asunto serio.
—Por supuesto.
—Yo me piro pues —dijo Tom mientras se daba la vuelta para ir hacia la mansión—. ¡Las cochinadas están prohibidas en zonas comunes! —gritó bien alto antes de desaparecer.
Issei negó, sonriendo divertido mientras caminaba hacia la mansión, siendo seguido por la nefilim. Una vez dentro Issei le pidió su chaqueta, colocándola en el perchero que había en el recibidor.
—Gracias. La verdad es que no me importaba que él estuviera presente, e incluso participase.
—Así es Tom. Pero olvídate de él —restó importancia agitando la mano—. En estos momentos se estará duchando para después hablar con Marilyn. Digamos que tienen esa rutina.
—Se preocupa mucho por ella —dijo Akeno mientras se sentaban prácticamente en los mismos lugares que el día anterior con Koneko.
—Bueno, ser miembro de S.H.I.E.L.D. es lo que tiene, que es peligroso. Por eso aprovechan cada oportunidad. ¿Entonces? ¿Esto tiene que ver con tus dones? —preguntó Issei apoyando su mejilla en el puño bajando un segundo la mirada mientras Akeno miraba hacia la habitación de Tom.
—[No sabía que sus dones fueran sus pechos]
—"Se me ha ido, ¿vale?"
—[Suerte que no te haya estado mirando]
—Sí… Se podría decir que sí… —afirmó no muy contenta, clavando la mirada en sus manos entrelazadas sobre su regazo—. Es que, después de hablar contigo, Koneko parece menos reacia a usar sus poderes.
—Al parecer soy un psicólogo fabuloso.
Akeno se rio por lo bajo tanto por la broma como por la teatralidad de Issei a la hora de anunciar su nuevo «trabajo».
—¿Rias le ha encontrado maestra? —preguntó con gran curiosidad una vez se hubieron sentado.
—Ayer mismo no tardó en ponerse en contacto con los youkais. Al parecer hay alguien que podría instruirla, por lo que hoy mismo se ha marchado con el permiso de Rias. Volverá el domingo que viene. Esperamos que los controle por lo menos para evitar la mala influencia.
—Eso está bien. Y bueno, ¿qué es lo que necesitas de mí?
—Supongo que también quiero un punto de vista distinto —respondió luego de varios segundos.
—¿Los demás ya te han dado la suya?
—Sí, pero, como me dijo Koneko, su punto de vista es distinto al de un humano. Como demonios, aunque hayamos sido reencarnados, tenemos una visión del mundo muy distinta. Incluso Akiro, a pesar de llevar pocos meses, ya ha comenzado a pensar como nosotros.
—¿Es un afecto de las Piezas? —preguntó Issei sorprendido.
—No, no es eso. En Roma haz lo que los romanos, ¿no? Pues lo mismo. Si vives en una sociedad como la demoníaca, debes pensar como un demonio. Y bueno, todo el tiempo que hemos pasado en el Infierno por obligación ha hecho mella.
—Ya veo. Bueno, soy todo oídos.
Akeno asintió. Ladeó su cuerpo para mirar a Issei directamente sin necesidad de tener el cuello girado todo el tiempo. Una vez se hubo acomodado, procedió a contarle.
—Como sabes, soy una nefilim: mi madre Shuri Himejima era humana, una sacerdotisa sintoísta, y mi padre es el ángel caído Baraqiel. Antes del asesinato de mi madre, los tres vivíamos muy felices en un pequeño templo. Por aquella época, yo amaba a mi padre y me sentía orgullosa de mi parte heredada de él. Pero cuando cumplí los diez años, varios asesinos del Clan Himejima, el de mi madre, dieron con nosotras. Mi padre no estaba y yo no tenía suficiente poder, por lo que acabó siendo asesinada al protegerme.
Issei quedó sorprendido por aquella revelación. Su propia familia ¿había enviado asesinos para acabar con ellas? ¿Por qué?
—¿Por qué? —preguntó con gran curiosidad—. ¿Por qué mataros?
—Porque yo era una herejía, una mancha en la impecable historia del Clan. Los Clanes siempre han servido a los dioses japoneses, siempre han protegido al país y se han mantenido puros. Mi madre conoció a mi padre y se casaron. ¿Cómo iban a aceptar que su pura sangre, impoluta durante siglos, fuera manchada con sangre de un ser malvado perteneciente a otra religión? —Issei hizo un leve gesto de afirmación, sintiéndose tonto por hacer aquella pregunta—. Durante diez años huimos y nos protegimos, pero el día que dieron con nosotras…, él no estaba… —dijo con odio hacia su progenitor—. Debería haber estado, pero no estuvo—escupió con voz venenosa—. Luego de aquello, durante un año y medio, viajé por todo el país, sobreviviendo como pude. En ningún momento me crucé con nadie perteneciente a mis dos familias…, hasta que llegué a los once años y medio. Curé a un humano y lograron localizarlo, pero Rias me rescató —su tono se tranquilizó y una leve sonrisa reemplazó a la mueca—. Ella logró evitar que los monjes del Clan me matasen, incluyendo mi tío abuelo, Suou Himejima. el jefe del Clan por aquella época.
Cuando escuchó la historia de Koneko se quedó asombrado, aunque había algo que no terminaba de cuadrarle, pero ahora, al escuchar la historia de Akeno, no tuvo esa misma sensación. Sus sentimientos eran de desprecio hacia aquel hombre y el Clan Himejima. Sin duda aquel tipo estaba chapado a la antigua, siguiendo reglas que en aquellos tiempos modernos eran una soberana estupidez. Para él era imposible compartir sus ideales. Podía entenderlos, aunque le pareciera una chorrada. Entonces recordó la reunión que tuvo con los líderes de los Clanes y el Emperador luego del ataque a los youkais. La líder Himejima no parecía ser una mala mujer.
—Ya veo. Así que esa es tu historia.
Akeno sonrió con tristeza. Recordar a su madre fallecida era algo que le tocaba la fibra sensible. Issei comprendía ese sentimiento a la perfección. Hablar de los seres amados que ya no estaban era algo que siempre le encogía el corazón. Habían tenido que pasar muchos años hasta dejar de llorar cuando visitaba sus tumbas. Ahora solo sentía melancolía, nostalgia y dolor en el corazón, pero eran sentimientos que podía manejar.
—¿Odias a la gente de tu Clan? —preguntó, aunque su gesto era serio.
—Por supuesto —contestó Akeno sin la más mínima duda—. Ellos fueron a por nosotras, mataron a mi madre y a punto estuvieron de matarme a mí. ¿Cómo no odiarlos?
—¿Y tus primos?
El gesto de la nefilim se relajó al mencionarlos.
—No, a ellos no, imposible. Anee…, la quiero muchísimo. Ella y aniki son las únicas personas dentro del Clan a las cuales valoro y aprecio muchísimo.
Issei recordó cuando volvió de la reunión con la realeza y los Clanes, más concretamente cuando se encontró con Akeno y le dio los saludos mandados por su prima Suzaku. La alegría de Akeno fue muy grande, pero en aquel entonces, no le preguntó quién era su primo.
—¿Quién es tu primo? Si puedo preguntar.
—Se llama Tobio Ikuse.
—Ah… No, no me suena.
—Es normal.
—Y dime, ¿odias a tu padre?
La mención a su progenitor volvió a sacar a relucir el odio y asco de la nefilim. Su ceño se frunció y una mueca de odio surgió en un instante.
—Por supuesto que sí. ¿Acaso no has oído? Lo odio, lo odio muchísimo. Por su culpa mi madre murió. Solo espero y deseo que esté sufriendo tanto como yo, o más.
Issei se pasó la lengua por los dientes. Desde fuera era muy sencillo ver el problema, problema que sin duda alguna Akeno no veía, o no quería ver. Entonces decidió hacer como hizo con Irina: ser directo, sin tonterías, al grano, enfrentar el problema de frente.
—Lo siento Akeno, pero no puedo compartir tu opinión —la nefilim frunció aún más el ceño, molesta con las palabras del humano—. No me malinterpretes, por favor. Es normal que al principio le culpes por su muerte, pero han pasado diez años.
—¿Y qué?
Issei no se inmutó ante el tono venenoso lanzado por Akeno.
—Akeno, no puedes seguir culpando a tu padre por la muerte de tu madre —la nefilim apretó los labios, frunció aún más el ceño y apretó los puños—. Lo que haces es algo infantil y buscas un culpable que no es. ¿Quieres culpar a alguien por la muerte de tu madre? Culpa a la persona correcta. ¿Odias a los ángeles caídos por tu condición, por ser la causante de su asesinato? Deja de hacerlo. Lo que estás haciendo es despreciar a tu madre.
En un rápido movimiento que no tomó por sorpresa a Issei, pues se lo esperaba, pero aun así le fue imposible evitarlo, Akeno se abalanzó con tal violencia sobre él que tiró el sillón hacia atrás. Issei rodó, pero rápidamente Akeno se sentó sobre él, agarrándole por el cuello de la camisa, mirándole con furia. Al instante, y sin que la Reina Gremory se diera cuenta, Ddraig comenzó a acumular energía.
—¡Retira lo que has dicho! —ordenó con un grito.
Había perdido su máscara de mujer elegante, educada y perfecta, mostrando aquella parte que seguramente no había mostrado a nadie desde el incidente en su hogar. Pero nuevamente Issei no se alteró.
—¿Por qué? Es lo que estás haciendo.
—¡No vuelvas a decir eso! ¡Te mataré! —exclamó furiosa.
A cada segundo que pasaba la ira de Akeno iba en aumento, y el ver que Issei no se retractaba de lo que decía, sino que hacía justo lo contrario, sólo la ponía en peor estado.
—No lo harás.
Akeno levantó una mano y de esta surgieron chispas eléctricas que iban de un dedo a otro. Dichas chispas no tardaron ni dos segundos en convertirse en algo más vistoso y amenazante.
—No lo volveré a repetir —siseó amenazante, pero Issei, a pesar de tragar saliva, no se echó atrás.
—Lo sé.
Con una orden mental, la armadura le envolvió. Akeno, que no esperaba tal acto por la ira que nublaba su mente, se vio envuelta en un abrazo. Sus muñecas quedaron juntas en su espalda, sujetas por un agarre de acero. La energía de Ddraig se había transferido al cuerpo de Issei, haciéndole más fuerte que la nefilim. Con los ojos llenos de ira, soltó una descarga eléctrica que envolvió a ambos, pero esta rápidamente desaparecía, sorprendiéndola.
—Tengo un potente pararrayos y otros sistemas de seguridad —explicó Issei—. Ddraig.
—[Voy]
Sosteniendo ambas muñecas con una mano, Issei posó la gema del dorso de su mano izquierda en la frente de Akeno. Apenas tres segundos después Issei pudo sentir cómo el cuerpo de la fémina se relajaba hasta el punto de dejar de resistirse para liberarse del agarre del humano. Despacio soltó sus muñecas mientras la armadura desaparecía. Apoyó su mano derecha en el suelo mientras la izquierda se alejaba de la frente de Akeno.
—¿Qué me has…? —preguntó Akeno, sintiendo el cuerpo muy liviano y la mente calmada, como si le hubieran inyectado un fuerte tranquilizante.
—Ddraig tiene ciertos poderes que yo no puedo usar. Te ha dejado en un estado en el que no intentes matarme.
—Tú… Hijo de puta…
—He dicho intentar matarme, no dejarte tonta o drogada. Akeno, no puedo retirar lo que he dicho porque es la verdad. Piénsalo: tu madre eligió a tu padre, le amó, se casó con él, te tuvo a ti. Decir que odias esa parte de ti es despreciar, odiar, la elección que hizo tu madre. La odias a ella, no solo a tu padre o a su especie.
—Yo… Yo amo a mi madre… Odio a mi padre… Odio a mis dos familias… —murmuró con voz abatida.
—Entiendo que le odies por no haber estado, lo entiendo, pero no puedes culparle por su muerte. ¿Crees acaso que no ha sufrido por ello, por no estar contigo? Si, hizo mal al no buscarte, o no encontrarte, después de ello. Entiendo que le odies más por eso, pero no por ser la «causa» de la muerte de tu madre. Hazme caso, odia a aquellos que la mataron de verdad, si es lo que deseas, pero acéptate por completo, Akeno. Tu madre no amaba solo tu parte humana, amaba todo de ti, ángel caído y humano. Tú también debes hacerlo. Y ahora es posiblemente el momento más importante para hacerlo. Sabes lo que se aproxima. Créeme cuando te digo que quiero, deseo, que ganéis a Riser, pero si tú no te quieres a ti misma, si no te aceptas por completo, Riser estará más cerca de tu victoria, y no solo él. Sabes a lo que me refiero.
Akeno escondió sus labios mientras sus ojos amenazaban con dejar salir las lágrimas que intentaba retener. Podía sentir su cuerpo temblar, pero simplemente se quedó quieto, en silencio, esperando a que ella hablara o actuara.
—No puedo… No es tan sencillo… —murmuró la nefilim con la cabeza gacha.
—Nunca lo es, créeme. No es algo que puedas aceptar en un día, ni en dos. No te pido que lo hagas ya o dentro de un mes, o un año. Lo que te pido es que no insultes a tu madre y todo lo que hizo por ti odiando la que fue posiblemente la decisión más importante de su vida. Te pido que te aceptes, que aceptes quién eres y lo que eres, pues no hay nada de lo que avergonzarse, ¿sabes? En cuanto a tu padre, no te pido que te reconcilies con él, pero sí que habléis, quizás os venga bien a ambos.
Akeno intentaba reprimir las ganas de llorar abiertamente, pero las lágrimas que caían por sus ojos, así como su cuerpo tembloroso la delataban. Issei solo pudo abrazarla, dejando que se desahogara hasta que su cuerpo se relajó. No fue hasta que la propia Akeno comenzó a separarse que la soltó. Ambos se pusieron de pie. La nefilim fue hasta la entrada, cogiendo su chaqueta, saliendo sin decir nada. Issei observó con tristeza cómo su figura desaparecía de su hogar mientras Tom observaba en silencio, apoyado en la barandilla de las escaleras. Había presenciado todo desde que Akeno gritara con aquella cólera. Incluso había estado a punto de intervenir cuando la cosa fue a más, pero al ver a Issei tranquilo decidió no hacerlo, pero sí mantenerse allí, presente, por si la cosa se desmadraba en demasía.
—[Debo decir que me ha sorprendido tu autocontrol para no empalmarte cuando la tenías sentada sobre ti]
—Hay momentos para todo, Ddraig, y aquel no era uno para eso —gruñó Issei molesto por la insinuación del dragón.
—[Lo sé, lo sé. Solo quería molestarte]
—¿En serio? —cuestionó nada convencido mientras caminaba hacia la cocina para beber algo.
—[Eso y relajar un poco el ambiente. Ha sido bastante intenso]
Tom asintió, aunque nadie le vio. En silencio volvió a entrar en su cuarto, cerrando lo más silenciosamente posible. Puede que Issei sospechara que le había escuchado, pero mejor eso a que supiera que había presenciado el gran final.
—Ya…
—[Estás preocupado]
—Si. No estoy seguro de si lo que ha pasado ha podido ayudarla.
—[Lo ha hecho, créeme. Al igual que con la nekomata, has abierto sus cascarones, pero ahora es decisión suya el salir de ellos o quedarse dentro]
—¿Tú que piensas?
—[La nekomata lo intentará, en cuanto a la nefilim… Es la que más dudas me genera]
—¿Crees que pueda aceptarlo y seguir adelante?
—[Le has tocado la fibra sensible, compañero. Dudo que alguna vez se haya planteado lo que has dicho. El misterio que la rodea es demasiado espeso como para saber qué hará a continuación. Solo el tiempo te dirá si ha servido de algo]
—Espero que sí.
XXXXX
El día veintidós de marzo la situación en la ciudad estaba muy ajetreada. Era el día anterior a la finalización del año escolar y, por tanto, del fin de curso. Niños terminando la primaria y secundaria, adolescentes extasiados por terminar el instituto, y adultos preparados para buscar trabajo al haber finalizado su carrera, a menos que fueran a estudiar un postgrado u otro motivo. A pesar de haber terminado los exámenes y saber quiénes iban a pasar de curso, o a finalizar los estudios, no había demasiada fiesta ya que la gorda sería al día siguiente, viernes veintitrés. Pero en la mansión Hyoudou poco importaba esa fecha, pues para Issei, aquello ya pasó cuando terminó el MIT. Pero claro, como artista que era, Tom no tuvo problema alguno en irse de fiesta con sus amigos universitarios de arte y emborracharse como no lo hacía desde hace muchísimo tiempo.
—¡Alcohoool, alcohoool, alcohoool, hemos venidooo a emborracharnooos y el resultado nos da iguaaaaal! —cantaba Tom bien alto mientras ingresaba en la mansión dando tumbos.
Issei observó la hora de su reloj, gruñendo con gran molestia. Eran las dos de la mañana, aún le quedaban varias horas de sueño, pero claro, al borracho de su amigo poco debía importarle aquello. Escuchó como el canto se hacía cada vez más alto hasta que al final, y con todo pronóstico, el susodicho abrió de golpe la puerta de su habitación, saltando hacia su cama. Dado que Issei estaba demasiado cansado para reaccionar bien, no pudo esquivar a su amigo, soltando todo el aire de sus pulmones cuando aquel cuerpo cayó sobre el suyo.
—¡Iseee, hermanitooo! —chilló bien alto, arrastrando las letras, haciendo que el susodicho se tapara los oídos como pudo—. ¡Menuda fiestaca me he montado con mis amiguiiis! ¡¿Por qué no has venidooo?! ¡Te lo habrías pasado yupiii! —y se rio de forma estridente.
Issei maldijo de maneras nada agradables al oído, pero Tom ni siquiera le escuchó. Por cosas como esa le gustaba emborracharse al mismo tiempo, porque así no tenía que aguantarle.
—Tom, por dios, son las dos de la mañana. Me levanto en unas horas.
—¡Buuu! ¡¿Dónde ha quedado el Ise fiestero y putóoon?! —exigió saber Tom con sus rostros pegados, nariz con nariz.
Issei sintió una arcada al oler la peste a alcohol que irradiaba su amigo, sobre todo cuando casi que lo hacía boca a boca.
—Yo nunca he sido un putón, imbécil.
—Cieeertooo. Iris te tenía bien agarradooo. Aaaaah Iriiis… Cómo te echo de menooosss… Iseeei necesita un buen polvooo… Ya hasta se exxxcita connnmigooo.
—¡¿Pero qué coño dices, gilipollas?! —exclamó Issei enfadado.
—¿Y ese bulto que noto en mi pierna?
—¡Es tu móvil, puto borracho!
—Aaaaah… Pues puede serrr… ¿Sabes quéeeee? Aún no te perdonooo por lo de nuestra gataaa…
Issei rodó los ojos. Tom casi que no se creyó lo de Kuroka, la gata que había adoptado. El saber que en realidad era una youkai, una muy sexy mujer gato, y que la habían estado cuidando tanto tiempo, por no olvidar que era hermana de Koneko y una supuesta criminal muy peligrosa para los demonios, era algo que le dejó totalmente ido durante muchos minutos. Después juró a todo lo que podía que nunca jamás volvería a recoger a ningún animal en la calle, aunque eso fue justo antes de recriminarle a Issei por no haberla detenido ya que podría haberse ido a una misión suicida.
—¿A mí?
—Siii… ¿Por qué tuviste que decírmelooo? No me gustaaa, nadaaa… Era nuestra mascotaaa…
—Era una nekomata, una criminal para los demonios, no nuestra mascota.
—¿Y qué? Que les jodan a todos ellosssss… Tendrías que haberla detenidooo… Ahora quizás no vuelvaaa o esté muertaaa… Epsero que noo...
—Ya, ya… Ahora, lárgate-a-tu-cama —siseó con los dientes apretados y el rostro desfigurado por la ira.
En cualquier otro momento también se habría preocupado, pero justo ahora había sido despertado de un agradable sueño, y no precisamente de una manera agradable.
—Vaaaleee… Solo…, dame…, un…
Issei parpadeó, sorprendido. Esperaba que Tom se marchara a su cama…, no que el muy desgraciado se quedara durmiendo sobre él.
—… No me jodas… —gruñó mientras se lo quitaba de encima.
Gruñendo nuevamente, le quitó los zapatos y el cinturón, le vació los bolsillos y le tapó con las sábanas. Allí ya no podía dormir, así que se fue a la cama de Tom. Por suerte Marilyn no estaba allí, porque seguramente lo más sano sería no tocar dicha cama. Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando se metió entre aquellas frías sábanas, las cuales no habían sido calentadas. Ya no estaba a gustito en su cama, en ese calorcito intrínseco calorífico que había conseguido gracias a su termostato corporal. No. Ahora estaba en una cama fría como un puñetero iglú.
—Me cago en la puta madre que lo parió —siseó furioso mientras se hacía un ovillo en un intento de mantener algo de calor en aquel lugar helado.
—[Si tuvieras a alguien que te ayudase a calentarla…]
—Ddraig…
—[Vale, vale, me callo]
Issei cerró los ojos e intentó dormir, pero los minutos pasaban y no había manera. El cabronazo que tenía por mejor amigo le había desvelado por completo, y el frío no ayudaba. ¿Cuánto tiempo se tardaba en calentar una cama con el calor corporal?
—Oye Ddraig…
—[¿Si?]
—Quería preguntarte algo.
—[No puedes dormir, ¿eh?]
—Eso parece.
—[Pues pregunta lo que quieras]
—Sé que… Sé qué hace tiempo que no te pregunto, así que… —se pasó la lengua por los labios, temeroso de hacer aquella pregunta que rondaba por su mente—. ¿Qué tal…, qué tal la búsqueda? —preguntó con pocas esperanzas y cierto temor en la voz.
—[No muy bien, compañero, no muy bien] —respondió el dragón con pesar.
La poca esperanza que tenía a la hora de realizar aquella pregunta desapareció con un largo suspiro.
—¿No hay nada?
—[Hasta ahora, toda forma que recuerdo tiene siempre un gran precio o no es lo que necesitamos. Un ejemplo son los elixires del planeta Xorr, pero no sirven para recuperar la vida]
—Ya… Ya veo… —murmuró con tristeza—. Deberíamos dejarlo, ¿sabes?
—[No digas eso. Apenas han pasado dos semanas desde que conociste los resultados. Ni siquiera ha llegado el encuentro entre esos demonios]
—Lo sé…
—[Compañero, entiendo tu decepción y la desesperada búsqueda de un modo de recuperar tus años perdidos por la Juggernaut, pero, así como no has perdido la esperanza de encontrar la conexión entre los asesinatos de hace una década con el ataque a los youkais, tampoco la pierdas en esto]
—Pero son cinco años por cada año, Ddraig. Dios sabe cuánto tardaremos en encontrar algo.
—[¿No confías en mí?]
—Sabes que te confiaría mi vida.
—[Pues entonces demuéstralo. No desesperes tan pronto, ¿de acuerdo?]
—Vale…
Dicho esto, cerró los ojos, logrando volver al reino de los sueños con cierta dificultad.
Algo que me han preguntado y ahora respondo: sí, Issei sigue trabajando como superhéroe tanto en su país natal como en el resto del mundo, solo que no pongo escenas, pero sí que hago menciones a ello.
Respecto a la edad de Strada: en las novelas se dice que tiene 87, o eso menciona Xenovia en el tomo 19, y dado que la novela transcurre en el 2008 (o eso creo ya que fue el año de su estreno), solo hay que ir añadiendo años respecto al momento cuando se desarrolla el capítulo.
Ahora los comentarios:
Tenzalucard123
Si a lo primero (dentro de lo posible por la pandemia) y también espero lo segundo. Y claro, espero que tú también hayas disfrutado de las fiestas y que todo te vaya bien este nuevo año.
Quizás esperabas algo más directo respecto a la reacción de Tom, pero creo que con eso basta ja, ja, ja. Bueno, en el próximo sabremos si la cosa habrá ido bien o no. A saber. Pues sí, la situación para Issei ha sido peor de lo que se esperaban. ¡Of course!
omega9028
Recuerda que según EndGame, el Ojo lo tiene la Anciana/Ancestral en New York. No podría tener mejor guardián. No tendría la más mínima oportunidad.
Exactamente. Tendrá que seguir mejorando el manejo del poder de la BG. Puede añadirle cosas nuevas, pero la mayoría de las armas de Iron Man pueden ser replicadas por la BG.
No me gusta los gary-stu y no intento eso. Cao Cao demostró ser un luchador experto (pudo con Vali y Azazel en modo BB) y un gran estratega, pero hasta ahora se ha encontrado con escenarios esperados y «predecibles». Lo que pasó con Thor en Puente Viejo o la Batalla de New York son eventos nada esperados y por tanto imposibles de usar para Cao Cao.
Chrono tigger
¡Un voto para Irina!
CCSakuraforever
Y más que lo saben, pero el problema es encontrar una "cura" que no tenga efectos secundarios.
Goku SSJ DIOS SSJ3
El pobre tiene un «trauma» con Iris por tener sexo con él mientras Issei dormía ja, ja, ja.
A ver, ¿cuántas cosas de DxD tienen sentido? Exacto, muy pocas. Pero corrijo: Baraqiel no apareció el día que mataron a su esposa y luego no buscó a Akeno. En cuanto a Koneko: hay que recordar que tiene miedo de sus poderes por lo que supuestamente le ocurrió a su hermana, por eso ni siquiera piensa en ellos.
Espero que el próximo sea el último de este arco y entremos por fin en Los Vengadores.
Sin más que decir, me despido.
¡Nos leemos!
