Final de agosto 2004
Llevaba cinco largos minutos frente a la puerta de lo que consideraba su casa, recordando las palabras de Pansy para darse fuerzas, cuando la puerta se abrió sin que él hubiera llegado a llamar.
— Hola, Draco.
La voz de Harry era dura, pero le brillaban los ojos.
— ¿Puedo pasar?
Harry se limitó a apartarse y luego caminar hasta la cocina.
— ¿Has vuelto o es la visita que prometiste? —preguntó mientras sacaba una jarra de té frío de la nevera.
— No parece que te alegres mucho de verme.
El moreno sirvió un vaso para cada uno y volvió a guardar la jarra antes de responderle.
— No hemos sabido nada de ti en estos meses.
— Ha sido difícil, lo siento, yo... lo siento —trató de explicarse, pero tenía un incómodo nudo en la garganta.
— No te disculpes conmigo, Draco. A quien le debes explicaciones es a Edward.
— Harry...
— Habla con tu sobrino.
Se dio media vuelta y salió de la cocina, dejándole solo. Con un suspiro, se pasó la mano por el pelo y caminó arrastrando los pies hacia el cuarto del niño. Sonrió inevitablemente cuando descubrió el nuevo cartel en la puerta.
En letras coloridas, decoradas con purpurina por supuesto, se veía "EDWARD". Tocó suavemente con los nudillos.
— ¿Puedo pasar, Ted?
La puerta se abrió y se encontró con su sobrino, un par de centímetros más alto y con el ceño fruncido.
— Hola, Edward.
— Hola, tío Draco.
Draco se agachó, para que sus ojos quedaran a la altura de los del pequeño.
— ¿Puedo darte un abrazo? te he echado de menos.
— Papá ha estado triste— le reprochó, cruzando los bracitos sobre el pecho con el mismo gesto exacto que su padre adoptivo.
Levantó la ceja, sorprendido.
— ¿Sí? —preguntó, sintiéndose un poco estúpido.
— Dijiste que escribirías. Y que vendrías de visita. Te perdiste mi cumple y el de papá.
— Ted —se sentó en el suelo, sin separar la mirada del mini Harry que en ese momento tenía delante—. Lo siento. Han pasado cosas y os echaba tanto tanto de menos que pensaba que si hablaba con vosotros sería todo más triste.
—Pero nosotros somos tus amigos, los amigos te hacen sentir feliz. Papá y Lys dicen que en el colegio voy a tener amigos nuevos y va a ser genial.
Le abrazó. El niño tardó unos segundos en reaccionar y pasar también sus manitas por su espalda.
— Vosotros no me ponéis triste, pero pensaba que si hablaba con vosotros luego estaría aún más triste. Mi mamá está muy enferma, cariño.
Harry los observó desde la esquina del pasillo. Estaba enfadado, y se decía a sí mismo que era por Ted, porque el niño se había sentido abandonado después de cinco meses sin saber nada de su tío. Hermione le había insistido varias veces en que había ahí algo más, no era el único en sentirse abandonado.
Ver a Draco de rodillas en el pasillo, abrazando a Teddy, que le acariciaba la espalda con sus pequeñas manitas de uñas pintadas de rosa, hizo que se replanteara si su amiga tenía razón.
— Molly ayer hizo pastel de chocolate. ¿Quieres un poco? La tía Pansy dijo que estaba tan bueno que curaba todas las penas.
Escuchó la risa de Draco, que se ponía de pie, frotándose los ojos con una mano.
— Si la tía Pansy lo dice, hay que creerlo. Yo creo que es una buena hora para un vaso de leche con pastel. Y que me cuentes todo sobre los planes para el cole...
Harry se marchó silenciosamente al salón, para que no le encontraran allí, aprovechando que Ted estaba explicándole a Draco que el cartel lo había hecho para él Fleur y que cuando era Cassie cambiaba solo con tocarlo.
Tras el pintado de uñas de rigor, había un esmalte maravilloso nuevo que según como le daba luz cambiaba de color, Teddy insistió a su tío para que se quedara a cenar.
— ¿Te parece bien? —preguntó Draco por lo bajo mientras Teddy se iba a lavar las manos.
— No tengo ningún problema.
Draco simplemente apretó los labios y se acercó al cajón para sacar los cubiertos. Durante la cena, Teddy rellenó los silencios y ambos adultos recordaron una noche similar unos meses atrás. Cuando se reunieron con una taza de té después de acostar a Teddy, y de que Draco le prometiera que le vería al día siguiente, Harry se había rendido a su habitual amabilidad.
— ¿Quieres hablar? Siento si he sido duro contigo antes —preguntó mientras Draco daba el primer sorbo.
Malfoy desestimó sus palabras con un gesto de la mano.
— Tenías razón. ¿La verdad? Pensaba que me iba para un mes. No esperaba que todo se complicara.
Lo vio mirarse las uñas durante un largo minuto y mover las manos hacia los lados con una pequeña sonrisa.
— Pansy tenía razón... —murmuró.
— ¿Disculpa?
— Blaise y Pansy me dijeron que no preguntabais por mí —cambió de tema.
Harry miró su taza y sus manos sobre la mesa y rascó con la uña del índice una pequeña mancha en la madera.
— Yo... no me gusta invadir el espacio de los demás. Si tú no das señales de vida, asumo que no quieres hablar conmigo.
Se sintió pequeño al decirlo. Y supo por el silencio de su compañero que sus palabras habían revuelto algo.
— Mi madre está convencida de que mi padre está cortejándola de nuevo. Y le pide que haga cosas para demostrar su amor.
— Oh, dios...
— La cuidadora estaba desbordada cuando llegué. Fue... en mi primera semana allí se tiró por una ventana porque no le dejábamos salir de casa para encontrarse con él.
Harry se levantó y se sentó junto a él cuando a Draco se le quebró la voz, pasándole el brazo por los hombros.
— Ella... no va a despertar, no hay magia que regenere ciertas lesiones.
— Lo siento muchísimo. De verdad, Draco.
— ¿Sabes qué es lo peor? —preguntó con voz ronca y los ojos un poco enloquecidos— Que en estos meses ha estado a punto de morir varias veces, pero su cuerpo es fuerte, resiste. Y aunque me duela, siento alivio cada vez que creo que es el momento. Y la odio cuando sobrevive. Soy una persona horrible, Harry.
— Eres humano. —Harry apretó su abrazo— Pasar por esto puede acabar con cualquiera.
— Necesitaba volver aquí, estar con ella no es vida, pero me sentía el peor de los hijos cada vez que hacía la maleta para marcharme.
— Es comprensible.
Hubo una pequeña pausa mientras los dos bebían.
— Pansy me hizo venir. ¿No te dijo nada?
— No.
— Me dijo que Ted empezaría la escuela en unos días, y tú también. Me convenció de que era más necesario aquí que allí.
— Eso es muy amable por su parte, pero podemos arreglarnos si tú sientes que debes estar con tu madre.
Draco frunció el ceño y se apartó. Harry sintió que el momento de cercanía se rompía y miró desconcertado al rubio, que se ponía de pie y llevaba su taza al fregadero.
— ¿Qué he dicho?
— Entiendo que os podéis arreglar sin mí.
— Si es necesario. No creo que nadie deba presionarte para elegir quedarte. Draco... yo no te pediría en la vida que dejarás a tu madre por nosotros, ella es tu familia.
— ¡Y vosotros! —gritó Draco, girándose— Vosotros dos sois mi familia. Mi madre ya se ha ido realmente, Harry. Necesitaba que alguien me recordara que ya he puesto el deber por delante de todo muchas veces. Yo quiero estar aquí.
— Draco, yo...
Dio dos largos pasos hasta tomar a Harry de los hombros para que se pusiera de pie y le mirara.
— Pídeme que me quede, Harry —le dijo con intensidad—. Dime que mi habitación sigue siendo mía, que soy parte de esto. No quiero que necesites mi ayuda, quiero que desees que forme parte.
— ¿Papá?
Los dos adultos se giraron para encontrar a Teddy en la puerta, frotándose los ojos y aferrado a su peluche.
— Cariño —se acercó Harry hasta él.
— No os peleéis. Papá ha guardado tu cuarto como estaba. Cuando te echaba de menos, iba.
Draco miró a Harry sorprendido y lo encontró tremendamente sonrojado.
— No peleábamos, cielo —reaccionó Harry por fin, incapaz de mirar a Draco—. Vamos. Te acompañaré a la cama de nuevo.
Casi esperaba al volver a la cocina que Draco se hubiera marchado. Pero no, había sacado la tarta de la nevera y servido un trozo para cada uno y otra taza de té.
— ¿Sabes una de las cosas que más admiro de ti? —le soltó, sin mirarle, cortando un trozo de tarta— Creo que lo admiraba ya en la escuela: siempre miras por todos. Y estoy seguro de que como maestro, como padre e incluso como amigo es una gran virtud. Pero y ¿como hombre? ¿No te planteas querer algo para ti?
Se sentó frente a él y cortó un trozo pequeño. Se lo llevó a la boca y lo saboreó antes de hablar.
— Crecí sin nada. Hasta que llegué a la escuela, nunca había tenido un regalo en Navidad. El primero fue un jersey tejido a mano por Molly. Yo entonces no sabía que eso era una bienvenida a su familia, pero ellos son los que me lo enseñaron todo en realidad de cómo ser una buena persona. Me gusta vivir así, pasando desapercibido y necesitando muy poco. Y soy realista, Draco, sé cuando algo está más allá de mis posibilidades.
No levantó los ojos de la tarta a pesar del sonoro suspiro de Draco.
— Eres... somos idiotas. —Consiguió una mirada molesta de Harry— El día que conocí a Cassie me dijiste que había caído por ella, porque es imposible no amarla. Pero tú... por Morgana, Harry, ¿en serio tú tampoco lo habías visto? Pansy tenía razón, no vemos más allá de nuestras narices.
— No entiendo, yo...
Draco se puso de pie y volvió a cogerlo por los hombros. Le miró con intensidad, le sujetó fuerte y le plantó un beso que hizo a Harry abrir muchísimo los ojos. Hasta que se escucharon en el pasillo unas pequeñas manos aplaudiendo. Los dos se giraron hacia la puerta de la cocina justo cuando se oyeron pasitos que se alejaban y la puerta de la habitación del niño cerrándose.
— Draco, yo...
Los largos y pálidos dedos le apartaron el flequillo de los ojos, acariciando de paso la sien.
— Cuando me marché fui consciente de que solo pensaba en volver. Y era por ti. Adoro a Ted, pero a quien quería volver era a ti, porque es imposible conocerte y no amarte. Pídeme que me quede, Harry, porque este es mi sitio, no hay otro lugar en el que quiera estar.
Los ojos verdes le miraron casi sin parpadear durante un largo minuto hasta que una sonrisa le cambió la cara, llevándose la tensión.
— Quédate, Draco. Por favor.
Se puso de puntillas y le besó.
