Tres años después

Decir que era pánico lo que le atenazaba el pecho se quedaba corto. Draco entró corriendo en San Mungo, directo a la zona de urgencias.

— Hola —saludó sin aliento, las manos aferradas al mostrador—. Mi novio está aquí, se ha caído de una escoba.

Lo primero que recibió del mago de la recepción fue una mirada de desagrado. Por un momento no supo el motivo, hasta que se dio cuenta de que iba en manga corta y el hombre miraba fijamente su antebrazo izquierdo. Lo que vino después fue aún peor.

— ¿Es pariente?

— Le acabo de decir que es mi novio.

— Solo podemos informar a parientes o al contacto de emergencia. ¿Es usted?

Draco apretó los dientes y miró al hombre con impotencia. Tras él, una voz grave respondió.

— Yo soy el contacto de emergencia. ¿Nos informan por favor del estado de Harry Potter? —indicó Ron, con su uniforme de auror, colocándose a su lado hombro con hombro, mientras Blaise lo hacía al otro lado.

El mago los miró a los tres y acabó por asentir y marcharse, para volver al cabo de un rato con un sanador. La misma pelea se repitió por la noche con la sanadora de guardia, que quería impedirle que se quedara con Harry. Tuvo que volver a intervenir Ron y explicar que Draco era el pariente más cercano, la familia de Harry.

Cuando por fin pudo sentarse junto a su cama y tomar su mano, lo único que nublaba la preocupación era la impotencia. Y ese fue el detonante de que acabara planteándose hacer algo que nunca había creído que llegaría a pensar siquiera: ponerse de rodillas con un anillo en medio de una celebración Weasley.

Pero las cosas no podían ser tan sencillas. De salida, recibió un no.

— ¿Disculpa?

Draco tomó aire de nuevo y cogió una de las manos de Harry, que le miraba perplejo. Estaban sentados, como cada noche, frente una taza de té después de acostar a Cassie. Lo había soltado sin más, sin reflexionar, a lo loco.

— Creo que deberíamos casarnos.

— Eso me había parecido escuchar.

— ¿Y qué opinas? —preguntó con los hombros tensos.

— ¿De casarnos? ¿O de que haya sonado a algo que quieres hacer por razones que nada tienen que ver con el amor?

Draco se frotó los ojos con la mano libre y le miró de nuevo.

— Cuando estuviste en el hospital necesité que Ronald estuviera ahí para lidiar con los sanadores, se negaban a hablar conmigo con la excusa de que no soy familiar ni tú contacto.

— Cambiaré mi contacto de emergencia.

— Si te pasa algo, renuncié a la custodia de Cassie, se quedaría sola.

— Haré testamento.

— No quieres casarte conmigo —planteó por fin tras un largo minuto de silencio, soltando su mano y desviando la mirada en otra dirección.

Harry suspiró y se puso en pie. Con cuidado, apartó la silla de Draco de la mesa y se sentó en su regazo, echándole los brazos al cuello.

— Draco, no. No quiero casarme contigo por obligación legal. Tú deberías saber mejor que yo que un matrimonio mágico es mucho más que eso y —Le besó con cuidado, dejando después su cara cerca para mirarle a los ojos— quiero que desees casarte, no que debas casarte.

El rubio sollozó, escondiéndose en su pecho, llorando por fin la tensión y el miedo que había pasado en el hospital y todo lo que había acumulado por los desprecios recibidos, mientras Harry le acariciaba la espalda con cariño.

Por supuesto, Harry cumplió su palabra: cambió su contacto de emergencia y buscó un abogado que redactara un testamento devolviendo la custodia a Draco si le ocurría algo. Aún así, el escozor del rechazo, y de los desplantes recibidos por los funcionarios que les atendieron en todos los trámites, tardaría meses en irse del todo.

Draco se centró en sus exámenes finales de Psicomagia. Iba a conseguir acabar su carrera como el primero de la promoción, quitándose la espinita de no haberlo conseguido en la escuela.

Su último año de carrera había consistido, en parte, en prácticas. Y por supuesto había elegido hacerlas con Lys, tras comprometerse a no inmiscuirse en la terapia de ninguno de sus conocidos. En esos meses, tanto viendo trabajar a le terapeuta como a través de largas conversaciones con elle, acabó de confirmar que esa era su vocación, ayudar a otras personas a tener herramientas para manejarse en la vida mientras peleaban de alguna manera con sus mentes. Ver de cerca las personas a las que trataba Lys le ayudó también, de alguna manera, a enfrentar sus propios problemas y a empezar a sanar algunas heridas de las que ni siquiera era consciente.

Uno de los días más brillantes de su vida fue su graduación. No lo esperaba, no esperaba para nada la cantidad de gente que le aplaudió de pie al final del discurso que le tocó dar como primero de la promoción. No esperaba que el primero en ponerse en pie y aplaudir, con una gran sonrisa, fuera Harry. Su Harry, que odiaba dejarse ver en público, con Teddy pegado a él, tan parecido al graduado ese día que podía pasar por el Draco de nueve años que escuchaba fascinado una y otra vez la historia de como un bebé había derrotado al Señor Tenebroso.

Hubo comilona, claro, porque así se celebraba todo en la familia Weasley. Con el paso de los años, la tensión de la que había escuchado hablar al llegar a la familia, los problemas de los padres con los hijos menores, se habían relajado bastante, así que era un perfecto día de verano rodeado de sus amigos, incluidos Luna, Neville y Hannah, que no tenían reparos en darse muestras de cariño sin que nadie se extrañara ya por eso.

— Voy a hacerlo —le susurró Pansy, llevándoselo aparte un momento, con un vaso de la eterna limonada de Molly en la mano.

— ¿Vas a hacer qué? —le preguntó extrañado.

— Voy a pedirle a Ginevra que se case conmigo.

Se quedó parado, con la boca abierta y el vaso a unos centímetros de ella, mirando a su amiga.

— No me mires así, Draco —le riñó—. Amo a esa mujer, y ya lo hemos hablado alguna vez, eso no cambia que siga teniendo otras relaciones. Pero...

— Ajá, hay un pero.

— Claro que lo hay. Me educaron de una cierta manera y hay que casarse si dejas embarazada a una chica.

En ese momento Draco sí que abrió los ojos y dejó caer el vaso al suelo.

— ¿Está embarazada?

Pansy sonrió de oreja a oreja, los ojos brillantes de ilusión.

— ¡De gemelos!

Draco soltó una de sus poco habituales carcajadas y le echó los brazos al cuello, abrazándola fuerte.

— Me alegro muchísimo, Pans, no te imaginas cuanto —le dijo al oído, mientras ella le devolvía el abrazo con fuerza.

— Gin quiere contárselo ahora a la familia y, bueno, yo quiero sorprenderla. ¿Qué te parece?

Sacó del bolsillo de su elegante pantalón de lino un pequeño estuche y lo abrió. Dentro, un anillo muy sencillo, de oro dorado combinado con oro blanco y tres pequeños diamantes.

— Es... muy vosotras. ¿Estás segura de preguntar así? —le planteó por fin.

Su amiga le miró con cariño y le abrazó.

— Harry no te dijo que no a casarse contigo, te dijo que no a casarse por esos motivos. Y tú sabes que tenía razón. Te dirá que sí cuando estéis preparados para que sea por las razones correctas.

Él asintió, dentro de su abrazo. Pansy estaba en lo cierto, y su mente racional lo sabía.

— ¿Te molesta que lo haga hoy? Es tu día, no quiero robarte el protagonismo.

— Por supuesto que no. Un poco de dejar de ser el centro de atención me iría fenomenal —le respondió separándose con una sonrisa ladeada, apartándose el flequillo de la cara.

— Quien me iba a decir a mí en la escuela que te escucharía semejante frase, Draco Malfoy —comentó ella divertida, empujando sus hombros mientras se unían de nuevo a la fiesta.

Draco se acercó a Harry y le besó en la sien, tomándole de la cintura, mientras observaba a su amiga acercarse a su novia, cogerle de la mano y decirle algo al oído.

— Acabo de darle permiso a Pansy para robarnos el protagonismo —le murmuró mientras miraba a las chicas.

Ginevra Weasley miró a su novia, la tomó de la barbilla con la mano libre y la besó con suavidad. Draco giró un poco la cabeza y vio a Luna a un par de metros sonriendo mientras observaba también a la pareja, con Neville y Hannah a su lado también tomados de la mano. Por un momento, volvió a preguntarse cómo para ella funcionaba tan bien esa dinámica, a él le comería la inseguridad.

Escuchó a Ginevra golpear una copa, pidiendo silencio y apretó más fuerte la cintura de Harry, atento a los gestos de Pansy.

— Familia, con el permiso del homenajeado, —Levantó su copa hacía él y Draco se lo concedió con una inclinación de cabeza— a Pansy y a mí nos gustaría deciros algo.

Se paró, miró a su novia con una sonrisa nerviosa, luego a Luna, que le hizo un gesto de ánimo, y siguió hablando.

— Voy a tomarme un tiempo del quidditch porque... estoy embarazada.

Hubo unos segundos de sorprendido silencio antes de que un griterío explotara y las dos mujeres comenzaran a recibir abrazos, besos y felicitaciones. Ya estaban sirviendo una ronda de vino, porque la ocasión lo merecía, cuando Pansy carraspeó, tomó aire y se agachó sobre una rodilla, tomando una de las manos de Ginny. De nuevo un silencio expectante se hizo en el jardín.

— Ginevra. En estos cuatro años contigo he crecido como mujer y como persona, te he admirado y amado en cada latido. Tú me has enseñado a disfrutar de la vida y sus pequeños momentos y a darlo todo por nuestro proyecto en común. Ahora empezamos otra etapa nueva y me gustaría que fuera una más de muchas, porque quiero pasar mi vida contigo. Ya me has hecho intensamente feliz dándome la posibilidad de ser madre, pero por favor, concédeme esto también: cásate conmigo. Quítame este apellido y permíteme ser una Weasley.

Hubo otra explosión, de aplausos y silbidos, cuando Ginny se agachó delante de ella y le abrazó estrechamente. Al separarse, Pansy se percató de que, con los nervios, el anillo seguía en su bolsillo, así que sacó el pequeño estuche y lo abrió. Por fin, con voz ronca por la emoción, Ginny respondió.

— Ya eres una Weasley, Pans. Pero sí, claro que sí, quiero casarme contigo.

Harry abrazó más fuerte la cintura de Draco, emocionado, y apoyó la cabeza en su hombro. Contemplaron enternecidos a Teddy acercándose a Ginny y abrazándola muy fuerte antes de ponerle la mano en la tripa. Y vieron perfectamente como Pansy se inclinaba a su lado y le decía.

— Vas a ser el primo mayor, Ted, —Le sonrió— estas chicas te van a querer como a un hermano, verás.

El niño brilló de felicidad y corrió a buscar a Victoire.

Unos metros más allá, Blaise abrazaba a Ron y le murmuraba al oído.

— ¿Sigues convencido de que no quieres casarte?

— No lo necesito. Y tú reniegas del matrimonio.

— Haría lo que fuera por ti, Ronnie. Incluso casarme.

Ron se separó un poco y le miró, emocionado.

— De verdad que no lo necesito. No quiero nada que te obligue a estar conmigo, Blaise.

Blaise sonrió y pegó su frente a la de su novio. Rozó sus narices y susurró.

— Con o sin anillo, no te librarás de mí, Ronald Weasley.

Recibió un beso tierno y luego fue arrastrado hacia las chicas, para ver a Ron abrazar a su futura cuñada de un modo que no pudo hacer más que recordarle la cantidad de cosas que esas dos personas vitales para él habían atravesado. Con éxito. Y su sonrisa se hizo más grande mientras se acercaba a felicitar a Ginevra.

Harry puso la tetera a hervir. Cada noche de sus últimos años esa había sido su rutina, acostar a su hijo y volver a la cocina para tomar un té con Draco y comentar el día. Pero aquel día había sido especialmente intenso y estaba abstraído, recordando los momentos más épicos, cuando sintió los brazos de Draco alrededor de la cintura y su barbilla puntiaguda sobre el hombro.

— ¿En qué piensas? pareces ensimismado.

— En todo lo que ha pasado hoy. En lo orgulloso que estoy de ti. En lo feliz que me hace ver a Pansy y Ginny tan bien. En que si cuando Hagrid me encontró y me dijo que era un mago hubiera sabido todo lo que llegaría a tener, el Harry de once años no lo habría creído.

— ¿Eres feliz?

Harry se giró dentro de su abrazo y le pasó los brazos tras el cuello, mirándolo con ojos brillantes.

— Mucho.

— Yo también. Y espero que sea un estado permanente, contigo claro.

Recibió una sonrisa y un beso por sus palabras. Ya iba a soltarse, porque la tetera silbaba, cuando Draco lo sujetó.

— Harry... ¿tú quieres cambiar de apellido?

— Yo... no... que...

Draco se movió un poco, apagó el fuego, porque el silbido de la tetera le estaba poniendo aún más nervioso, y al volver a mirarle lo encontró confuso.

— Lo que ha dicho hoy Pansy me ha hecho pensar. Y bueno, a mi no me importaría llevar tu apellido. Si tú quieres.

Harry parpadeó varias veces. A continuación le tomó el rostro con las manos y lo besó con fuerza, cambiando las posiciones, arrinconándolo contra el fregadero.

— No necesito que cambies nada de ti, Draco. Pero si tú vas a sentirte mejor siendo un Potter... te aviso que con el apellido va une niñe, un montón de problemas para relacionarse con el mundo y una familia extensa y complicada.

— Acabas de resumir todo lo que necesito para ser feliz.

— Entonces ... hagámoslo. No necesitamos anillos, solo una persona que nos una.

Su novio se echó un poco más atrás con la ceja alzada.

— ¿Estás sugiriendo que nos casemos ya? ¿Que nos fuguemos como los muggles en las películas? En el mundo mágico me temo que no es tan fácil.

Harry rió y apoyó la frente contra él.

— ¿No cambiarás de opinión mientras llega el día? —preguntó un poco temeroso.

— Idiota, te pedí matrimonio hace meses y dijiste que no, ¿quien debería temer que el otro se raje?

— Tienes razón.

— Siempre la tengo.

— Casi siempre.

Le tapó los labios con el índice y miró hacia la puerta. Allí, un niño con un pijama de dragones que empezaba a quedarle corto los miraba a los dos, abrazado a su peluche.

— ¿Vais a casaros también? —preguntó, dando saltitos de emoción.

Harry liberó a Draco lo suficiente como para hacerle a Teddy un gesto invitándole a unirse a ellos en un abrazo.

— ¿Te parece bien? —le preguntó.

Por respuesta, Teddy miró a Draco y le preguntó.

— ¿Eso quiere decir que no te marcharás más y que podré llamarte papá también y seremos una familia?

Draco soltó a Harry y se agachó un poco delante del niño.

— Hemos sido una familia desde el día que te conocí y supe que no podría dejarte de querer nunca, Edward. Pero sí, si tú quieres, nada me hará más feliz que casarme con Harry y ser tu padre.

El niño se giró a mirar a Harry y preguntó, con ojos profundamente verdes y el pelo rubio platino, su aspecto preferido.

— Entonces, si Draco puede ser un Potter, ¿yo también?

Su padre se limitó a asentir y volver a abrazarles a los dos. Y sonreír entre lágrimas al ver la mano grande y la pequeña unidas, con las uñas igualmente pintadas de color rosa con purpurina.

Un rato después, cuando abrazaba a Harry en la cama, disfrutando como siempre de su calidez, Draco pensó que quizá no era una petición tan espectacular como la de Pansy, pero sonrió para sí mismo al darse cuenta de que nada le impedía sorprender a Harry en la siguiente reunión familiar poniéndose de rodillas también. Había que hacer las cosas bien.