Ni Marvel ni High School DxD son de mi propiedad, pertenecen a sus respectivos autores.
Yo hago esto sin ánimo de lucro, solo para pasar el rato.
Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas, posible lemon más o menos fuerte y demás cosas. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría M.
—comentarios.
—"pensamientos".
—*hablando por teléfono, comunicador, etc.*
—(J.A.R.V.I.S.)
—+F.R.I.D.A.Y. +
—[Ddraig, Albion, etc.]
Capítulo 58:
DECISIONES — PARTE 01
Uno de agosto del año dos mil doce.
Los flashes de las cámaras fotográficas deslumbraban al tiempo que surgían cuando los fotógrafos apretaban el botón de sus respectivas cámaras. Issei salió del coche siendo custodiado por varios militares mientras su familia y sus dos mejores amigos y los abogados bajaban de un segundo y tercer vehículo, acompañándolo justo detrás hacia el interior del juzgado. Lo más destacable eran los grilletes que el joven Stark llevaba en sus muñecas. Los periodistas se agolparon a su alrededor en un intento de conseguir alguna exclusiva, pero su empeño no tuvo recompensa, pues nadie dijo ni una sola palabra, a menos que fuera para pedir que se apartaran y les dejaran avanzar hacia el interior del edificio. Al fondo, la multitud se agolpaba para observar aquel momento histórico, algunos abucheando, otros intentando lanzar objetos y el resto simplemente expectantes.
Cuando lograron ingresar en el Palacio de la Paz todo se calmó, pues los periodistas no pudieron ingresar al no estar entre los certificados para retransmitir en el interior. Siendo guiados por la seguridad, el grupo atravesó los pasillos hasta la sala donde se iba a llevar a cabo el juicio penal por lesa humanidad. Su familia y mejores amigos se despidieron de distintas maneras, pero el mensaje era el mismo: suerte. Ingresaron ellos primero, quedando Issei junto a sus abogados.
—¿Preparado? —preguntó uno de ellos.
—¿Alguna vez se está? —dijo con sarcasmo—. Es ahora o nunca, ¿no? Adelante.
Asintiendo, el abogado abrió las puertas, ingresando el último del grupo. Las cámaras de los noticiarios de todo el mundo se giraron al instante, enfocando principalmente en Issei, quien no apartó la mirada de los asientos que ocuparían los siete jueces que iban a dictar su sentencia en un futuro próximo. Sus ojos se desviaron a los fiscales y abogados denunciantes, y por último buscó a su familia entre los presentes, aquellos que iban a presenciar el juicio de primera mano. Cuando llegó al final se giró para sentarse en la mesa de la izquierda, la única libre, mientras los abogados defensores se sentaban a ambos lados. Una vez ambas partes estuvieron listas, los siete jueces ingresaron en la sala: un ruso, un chino, un estadounidense, un hindú, un ruso, un japonés y otro alemán que representaba a la Unión Europea.
Los jueces ocuparon sus asientos asignados, observando a ambas partes: al denunciado y su defensa, los denunciantes, los testigos, los periodistas y los pocos que habían logrado un hueco para presenciar aquel momento histórico. Issei desvió ligeramente la mirada para comprobar quiénes representaban a la acusación: la Iglesia, la ONU, y fiscales varios. Si bien era cierto que había muchas otras entidades religiosas que intentaron estar en esos asientos, eran tantas y tan bastas que resultaba imposible, por lo que sus denuncias estarían integradas entre la Iglesia y varios fiscales.
El juicio comenzó con su clásica apertura, la cual duró hasta el día tres de agosto (incluido), donde se presentó en detalle el modo de operación de la corte (operando los cinco días hábiles de la semana, entre otros) y su dinámica tentativa: dos semanas por caso (presentación de cada parte, presentación de datos y evidencia, defensa del imputado, conclusión de ambas partes).
Uno de los fiscales resumió los hechos que se tratarían en el juicio y donde los distintos demandantes expusieron sus acusaciones en los distintos alegatos que llevaron a cabo.
La Iglesia y ONU le demandaban por el derrumbe del sistema de apoyo global religioso dado que la mayoría de las ONGs humanitarias afiliadas a la ONU eran cristianas, y muchas más eran religiosas no-cristianas que igual sufrieron. Además, al colapsar la economía, muchas ONG cayeron a pique al cortarse sus fondos.
Los fiscales por hacer peligrar la seguridad global debido a acciones como parte de los Vengadores y otras cometidas de manera independiente, aunque todo el mundo sabía que esta acusación no saldría adelante por obvias razones.
Los fiscales también por Crímenes de Lesa Humanidad: interpretación demasiado liberal, y errónea si no fuera algo político, del artículo 7, inciso 1, letra k. Si bien en principio no sería admisible puesto que no formaba parte de órdenes, política de un país o de una organización, en este caso se permitió su aplicación.
Y, por último, nuevamente los fiscales por Crímenes de Guerra: por ocasionar daño a civiles por colapso de organizaciones humanitarias y demás más allá de las necesidades meramente militares que la situación indicaba, esto al dar sus anuncios, incluido el de la muerte de Dios y ataque a otras instituciones, opinión reforzada por sus palabras en la ONU. Además, por actos dentro de la categoría de humillación (ataque a la figura de la Iglesia y otras instituciones), derivado de interpretaciones demasiado liberales del Artículo 8, inciso 2, letra b, numeral iv y Artículo 8, inciso 2, letra b, numeral xxi. En este caso también se permitió su aplicación a pesar de, en principio, no ser admisible.
Por su parte, uno de los abogados defensores expuso también la alegación que había acordado la defensa para contradecir cada una de las acusaciones, pero lo curioso de aquello fue que, si bien defendían a Issei de dichas acusaciones, no se pudo evitar decir ciertas cosas que no le dejaron bien parado. Una estrategia de la defensa para intentar lavar su imagen, aunque pareciese lo contrario a ojos inexpertos.
Una vez finalizada la apertura, se dio paso al interrogatorio directo, comenzando con la acusación por el derrumbe del sistema de apoyo global religioso, donde los abogados fiscales hicieron la presentación oral de las pruebas y presentaron testimonio los testigos para afianzar la acusación, y también se llevó a cabo el contrainterrogatorio y diversas preguntas. Luego de aquel interrogatorio directo se dio paso a la defensa, donde los diversos abogados de Issei expusieron las pruebas que demostraban la inocencia de su defendido. Los abogados llevaron a sus propios testigos, siguiendo los pasos idénticos a los expuestos para la acusación. Finalmente se llegó a los alegatos finales, momento en el que fiscales y abogados hicieron un resumen en el que cada uno fortalecía los puntos más beneficiosos para su parte ante los jueces.
Luego de terminar la primera acusación, con las dos semanas marcadas, continuaron las otras tres acusaciones: los crímenes contra la seguridad global, los Crímenes de Lesa Humanidad, y los Crímenes de Guerra, cada uno siguiendo el mismo patrón que el primero.
Finalmente se llegó a la última semana, en la cual se elaboró y dictaminó la sentencia entre los días veintiocho y treinta de septiembre. Los jueces deliberaron ese tiempo sobre el caso para llegar a un veredicto, el cual se anunció que se daría el treinta de septiembre, el cual llegó más rápido de lo que muchos hubieran imaginado. La larga espera de dos días de deliberaciones al fin había llegado a su fin.
En la sala del juzgado se respiraba un ambiente tenso y expectante. Todos estaban ansiosos por escuchar el veredicto del juicio más famoso del siglo, y quién sabía si también uno de los más famosos de la historia, e incluso el que más. Las manos de Issei sudaban mientras esperaban a que los jueces hicieran acto de presencia con el veredicto. No pudo evitar mirar a su familia, la cual le devolvió el gesto e intentó animarle, pero por mucho que lo intentaran no lo conseguía. El temor era lo único que estaba en su mente, y con grandes motivos.
Al fin, luego de una espera que se le hizo eterna, todos se pusieron en pie al ver aparecer a los jueces. Con ellos iba el veredicto y la posible sentencia en caso de encontrarle culpable. Los jueces tomaron asiento en sus respectivos lugares mientras la sala aguardaba en silencio, casi sin respirar.
—Ya tenemos el veredicto —indicó uno de los jueces—: señor Issei Hyoudou-Stark —el mencionado tragó saliva—, esta Corte le declara culpable de los cargos por el derrumbe del sistema de apoyo global religioso, por Crímenes de Lesa Humanidad y por Crímenes de Guerra —las tres veces que le declararon culpable, Issei sintió cómo su cuerpo era atravesado por tres espadas que se incrustaban en lo más hondo de su ser—. En cuanto a los crímenes contra la seguridad global, esta Corte le declara inocente.
Aquello no le alivió en lo más mínimo. Sus peores temores se habían hecho realidad, y la sentencia por aquellos tres «culpable» no iban a ser poca cosa.
—Como tal, la sentencia por sus crímenes será cadena perpetua en la prisión de ADX Florence con el uso obligatorio en todo momento de una gargantilla que inhiba sus poderes. Caso cerrado.
Y con un golpe de mazo, el mundo de Issei terminó de derrumbarse. Sus piernas no resistieron, por lo que tuvo que sentarse en su asiento. La sala se llenó de aplausos y gritos, gritos de familiares y amigos, pero para Issei nada de todo aquel ruido parecía llegar a su cerebro. Era un simple ruido de fondo. Su mirada, clavada en sus piernas, miraba sin ver, como si estuviera observando algo más allá, algo imposible de captar con los ojos. No era sino la fuerza del impacto y la pérdida total de esperanza. Sus errores acababan de cobrarle la cuenta, y con dureza.
XXXXX
ADX Florence, el «Alcatraz de las montañas rocosa», estaba considerada la cárcel más temida y segura de todo el mundo. Estaba rodeada por más de diez torres cargadas con militares armados que custodiaban la zona.
Las celdas contaban con duchas automatizadas, televisor y una sólida estructura de hormigón donde duermen, estaban insonorizadas, es decir, evitaban que el sonido saliera al exterior y viceversa, para evitar que los reos se comunicasen entre sí. También poseían una pequeña ventana o ranura de aproximadamente ciento siete centímetros de alto por diez centímetros de ancho donde se podía divisar una parte del exterior, sillas o bancos de hormigón inamovibles, cámaras de seguridad y una compuerta que se abría y cierra automáticamente… excepto la celda donde estaba Issei, pues esta no tenía ventana ni televisor o sillas, solo la cama de hormigón.
Sus paredes eran tan gruesas que impedían el contacto entre los prisioneros, que según le habían contado pasaban hasta veintitrés horas diarias sin salir del lugar, y cada rincón era monitoreado por un sistema de cámaras que vigilaba cada paso o movimiento de los presos. Las puertas de las celdas eran de un grueso metal blindado.
—[Esto es vergonzoso] —comentó Ddraig de pronto mientras Issei se sentaba en la cama, entrelazando los dedos, observando su nuevo «hogar»—. [El portador del gran y poderoso Dragón Rojo… recluido en una maldita celda humana… Creo que no podrías caer más bajo]
—"Cállate Ddraig".
—[No pienso callarme. ¡Esto es la mayor vergüenza que podría imaginarme!]
—"Seguro que puedes imaginarte otras".
Se llevó una mano a la gargantilla que llevaba en el cuello, la misma que había impedido a Kuroka y Bikou usar sus poderes. Los Héroes habían compartido aquella tecnología con la ONU para tratar a criminales con poderes, e Issei había sido el primero en probarlo. En un principio se alegró de poder hablar con Ddraig, pero en aquel momento hubiera deseado perder aquella conexión.
—[Tendrías que haberte impuesto. ¡Eres mi maldito portador!]
—¡Quieres dejar tu maldito ego de dragón al margen un puto segundo! —gritó de pronto al tiempo que se incorporaba, agitando los brazos con violencia.
Entonces cayó en cuenta de que le estaban grabando. Ya era más que seguro que sabían que aún poseía la conexión con el dragón, aunque no pudiera utilizar su poder. Fijo que esa información interesaría a Cao Cao y compañía… y a saber qué intentarían hacerle hacer o revelar allí dentro.
—"¿Qué esperabas que hiciera, eh? ¿Volverme el enemigo número uno del puto mundo?"
—[Podríamos haber abandonado esta maldita roca]
—"Mi vida está aquí, Ddraig. Todo lo que amo está aquí".
—[Y por eso mismo ahora estás en esta cárcel de por vida, si es que no intentan usarte]
—"Eso es algo que ya sabemos ambos".
Por la mente del joven Stark no dejaban de pasar todas las posibilidades que se habían abierto ahora que estaría de por vida, en principio, en aquel lugar de mala muerte: pudrirse lo que le quedaba de vida, que el gobierno estadounidense lo usase a conveniencia (quizás algo al estilo El Escuadrón Suicida), o a saber qué otra cosa, porque dudaba que incluso S.H.I.E.L.D. o Los Vengadores pudieran sacarlo de allí sin consecuencias graves. Ni siquiera su padre podría hacerlo, seguro.
Tuvo que pasar una semana hasta que se le permitiera recibir, y para su desgracia no fue de la persona que más hubiera querido. Como se había hecho costumbre, el guardia que le custodiaba, un mono sin cerebro y con un ego inimaginable, no había tenido reparos en sacarle de la manera más ruda y humillante de su celda para llevarlo hasta la sala de visitas. Allí le esperaba un hombre, mayor que él, bien vestido, con una sonrisa tranquila, sentado en una silla frente a una pequeña mesa. Issei agrió el gesto. Reconocería su rostro entre millones. El guardia le dio un empujón y cerró la puerta, dejándoles solos. El Stark, quien lucía una piel más blanca que de costumbre y grandes ojeras por culpa sobre todo del dragón que no dejaba de atormentarle ni un solo segundo, caminó hasta la silla libre, la cual estaba colocada junto al otro hombre.
—Hola, Issei, te veo bien.
—Cao Cao —siseó el Stark al reconocer al chino, ignorando sus tres últimas palabras.
—Un gusto verte, aunque ojalá fuera en otras circunstancias y lugar.
—Venga, no vayas por ahí. Ambos sabemos que te encanta verme aquí.
—Bueno, si soy sincero, ciertamente una parte se alegra, pero ya lo sabes, nunca te vi como un enemigo, sino como un aliado en la protección del mundo a pesar de tus alianzas con los sobrenaturales… al menos hasta que cometiste ese error.
—Sí, os ahorré tiempo.
—En cierto sentido. No voy a negarlo, teníamos pensado hacer lo mismo que tú, pero sin lo que hubiera supuesto el precio a pagar. Compartimos tu desagrado por la religión, pero tu arrogancia te ha hecho elegir el camino equivocado.
—¿Y cuál es ese, si puedo saber?
—No nos tratemos por idiotas, por favor. Sería rebajar nuestro nivel.
—¿Y qué es lo que vais a hacer ahora que me han quitado del medio, eh? ¿Un nuevo atentado, ganaros más adeptos en la ONU?
—Vamos Issei, sabes que no me van los clichés. Nosotros solo queremos ayudar a que la Humanidad avance y deje de lastrar pesos muertos. Tú ya has quitado uno, nosotros queremos ocuparnos del resto.
—Eso no excluye lo que he dicho.
Cao Cao sonrió un poco.
—Ciertamente no aprobamos lo que has hecho con respecto a la ex Alianza, o más bien el pequeño grupo que actualmente compone sus restos, pero solo es cuestión de tiempo que terminen de abrir los ojos, y nosotros ayudaremos en ello. La Humanidad ocupará el lugar que le corresponde en el Cosmos.
—Eso es una utopía y lo sabes.
—Es posible, o puede que no. La vida da muchas vueltas, ¿no te parece? No sabes tanto del mundo como crees. Apenas y has rascado la superficie.
—Y vosotros lo sabéis todo, ¿no es así?
—Sabemos lo suficiente. Conocemos los verdaderos peligros que hay fuera, y si queremos que la Humanidad salga adelante, debemos hacer que dé un paso tras otro en la dirección correcta.
—Y eso significa exterminar a otras especies.
—Eso significa, como ya he dicho, que hay que eliminar pesos muertos.
—¿No os vale con que los sobrenaturales y alienígenas se mantengan al margen? ¿Hay que exterminarlos?
Cao Cao negó con la cabeza.
—Ves el mundo a través de una mirilla, Issei. Siempre te ofrecí la llave para abrir la puerta, pero nunca la aceptaste. Me gustaría quedarme más tiempo, pero me temo que tengo asuntos más importantes que requieren mi atención. Dudo que volvamos a vernos, por lo que te digo: buena suerte con tu encarcelamiento.
—El mundo verá cómo sois realmente.
Cao Cao sonrió un poco más.
—Nuevamente sigues creyendo saber más de lo que realmente sabes. No tienes ni idea de cómo es realmente el mundo, y para cuando al fin lo comprendas será demasiado tarde.
Cao Cao se dispuso a levantarse, pero Issei se lo impidió con una simple pregunta.
—¿Fuisteis vosotros? Lo pregunto, aunque está claro que sí.
—¿Qué te hace pensar eso?
—Oh vamos, ¿no has dicho acaso que no nos tomemos por tontos? Vi lo que le hiciste, a ella y a Bikou, y luego, cuando al fin puede reunirse con su hermana, curiosamente nos atacan y la asesinan con un gas específico para ella.
Cao Cao volvió a negar con la cabeza.
—Mi buen Issei, otra vez das palos de ciego. ¿Crees en verdad que nosotros estamos detrás de cada ataque contra un ser sobrenatural? No puedo negar que ciertamente hemos tenido algunos encuentros «animados» con los sobrenaturales, pero, a fin de cuentas, teníamos cosas más importantes de las que ocuparnos que de esa nekomata.
—¿Entonces quién fue?
—¿Crees acaso que no tenía más enemigos que los demonios o nosotros? —Cao Cao suspiró—. En verdad estás más perdido de lo que suponía. Bien, me parece que vas a tener mucho tiempo para pensar en todo lo que te he dicho.
Cao Cao se levantó de su asiento y el guardia no tardó en levantar a Issei del suyo.
—Adiós Issei, dudo mucho que volvamos a vernos, pero quién sabe, la vida es impredecible.
Issei solo pudo apretar los dientes y los puños por el insano deseo que tenía de machacar al chino. Estaba claro que por mucho que le hubiera dicho que no se tratasen de tontos, él sentía que el portador de la Lanza había hecho exactamente eso, pero no podía hacer nada para intentar remediarlo. Fue devuelto a su celda, donde se quedó quieto, observando la pared, aunque en verdad sus pensamientos estaban enfocados en algo mucho más lejano sintiendo un mal presagio con aquel intercambio de palabras con el portador de la Lanza. Las palabras de Cao Cao le habían dejado un tanto frío. ¿A qué se refería exactamente? Sabía que había peligros afuera, pero tenía entendido que la Tierra no era un objetivo potencial para nadie. Y eso de que sería demasiado tarde para cuando se diera cuenta… ¿qué quería decir? ¿Quién más querría matar a Kuroka, o acaso Cao Cao intentaba hacer que desviase la intención? Pero, ¿y si realmente no había sido cosa de los Héroes? Las preguntas se acumulaban en su mente y no hallar respuesta le fastidiaba, sobre todo cuando Ddraig seguía burlándose y quejándose.
Durante los siguientes días, la vida del Stark continuó siendo un calvario, o quizás peor por la conversación que tuvo con Cao Cao y el continuo tormento del dragón, pero grande fue su alegría cuando llegó el momento de poder recibir nuevas visitas, sobre todo porque esta vez eran cinco, sus seres más queridos, los que habían ido a verle. Tuvo que aguantar las ganas de llorar al ver a Happy, Tony, Pepper, Tom y Marilyn. Todos y cada uno de ellos, impactados de primera por su lamentable estado físico, esperó su turno para poder abrazarle, y una vez lo hicieron se sentaron alrededor de la mesa metálica.
—Dios, que ganas tenía de veros a todos —dijo Issei una vez el nudo de su garganta le permitió hablar.
—¿Cómo estás? —quiso saber Pepper mientras cogía con suavidad una de sus manos, acariciándola con cariño.
—Bueno, podría ser peor. Al menos la comida aquí sabe mejor que la servida en los aviones —intentó bromear.
—Estamos haciendo todo lo posible para que te saquen de aquí y te envíen a otro lugar, pero no dejan de poner trabas —explicó Tony.
—Eso es bastante esperado.
—Lo importante es evitar que te lleven a la Balsa —intervino Happy—. Ese sitio va a ser mucho peor que este.
—¿La Balsa? ¿Y eso qué es?
—Una futura prisión submarina creada con el único propósito de detener y encarcelar a personas mejoradas —contestó Tony—. Las celdas serán más cómodas, pero no volverías a ver la luz del sol. Aquí al menos puedes hacerlo una hora al día.
Issei quedó incrédulo por lo escuchado. Teniendo al menos una hora de luz podía ir contando los días, pero que le quitasen por completo ese privilegio, estar encerrado sin saber cómo de rápido o lento pasaba el tiempo… El nudo creció solo de pensarlo.
—¿No les vale acaso con este lugar?
—No, no se sienten seguros incluso con las gargantillas —señaló Tony el aparato anula poderes que su hijo llevaba en el cuello.
—Es simplemente ridículo. Incluso me atrevo a decir que es una violación de los Derechos Humanos —dijo Happy con mal humor.
—¿Cuántas cosas hace nuestro gobierno que los violan? —intervino Pepper—. No es novedad. Pero lo importante es evitar ese destino, y por suerte tenemos varios años hasta que la Balsa esté preparada.
—Eso no está mal, pero si podemos también apresurar tu salida de aquí, pues mejor aún —dijo Tom por primera vez en la conversación.
—¿Cómo va todo por ahí fuera? —le preguntó Issei.
—Pues tu empresa con Charles Xavier sigue adelante, a pesar de que estés metido aquí —contestó el artista—. Nos estamos ocupando de todo, no te preocupes. Quizás esto ayude a lavar un poco tu imagen.
—No lo creo.
—Ni yo, pero intento ser positivo.
—Respecto a nuestros amigos que ayudaron en la batalla, parece ser que sus respectivos gobiernos intentaron hacer lo mismo que han hecho contigo, pero han sido más magnánimos, lo cual está permitiendo que la empresa salga adelante. Japón ha creado el Proyecto de Ley de Intercambio Cultural de Especies, el primero del mundo, aunque aún faltan meses para que se apruebe y convierta en Ley… ¡ah! y tu casa sigue de una pieza, aunque no veas lo que hay que limpiar casi a diario.
—Espera, espera, ¿cómo ha sido eso? Lo del proyecto.
—Al parecer, debido al historial reciente que tiene el país con respecto a lo sobrenatural, han sido los primeros en pensar en esto. Son el conejillo de indias, pero la población parece estar emocionada. Ya sabes cómo les va con todo el tema de los furros y sobrenaturales.
Issei sonrió un poco ante la indirecta mención a todo el hentai con chicas monstruo y similares.
—Vaya, eso es bueno saberlo. ¿Los Clanes?
—Los altos mandos no han hecho mención a ellos, pero creo que está claro que serán los guardas de seguridad.
—Entiendo que solo con los yōkais.
—Entiendes bien. Kunou está más que encantada, pero también está siendo sumamente cuidadosa, actuando como una reina que sabe lo que hace, aunque lamenta que no pudieras estar presente.
—Ya, bueno, es lo que toca —dijo alzando un poco los brazos, haciendo hincapié en las esposas.
—Yo he hablado con Fury para ver si puede mover algunos hilos —Marilyn habló por primera vez—, pero me temo que está atado de manos. Incluso siendo quien es, sigue habiendo gente por encima. Pierce te cogió mucha manía cuando os llevasteis el Teseracto. Le hirió el orgullo. Respecto a los Vengadores… exceptuando a Thor y tu padre, el resto está en punto muerto.
—Entiendo, y es totalmente normal.
—Siguieron muy de cerca el juicio, pero no podrían hacer nada, aunque quisieran.
—Pero lo importante es: ¿cómo estás tú? —volvió a preguntarle Pepper—. Y por favor, no me seas esquivo.
Issei observó a aquella mujer que había llegado a considerar su madre y no pudo evitar responderle con total sinceridad. No es que no confiase en ellos, pero sabía que estaban muy preocupados y lo que menos quería era que dicha preocupación fuera aún más latente, pero dejó salir y una vez empezó no pudo parar. Le habían quitado muchas cosas, pero lo que más añoraba era sin duda la libertad. Quitarle la libertad a una persona era quizás una de las peores torturas no físicas que era capaz de imaginar, sino la que más. Echaba de menos poder ir a donde quisiese y hacer lo que le viniera en gana. Estar veintitrés horas encerrado entre esas diminutas cuatro paredes… Por suerte para él, los otros cinco presentes no le agobiaron, sino que se mostraron de la manera que él esperaba, lo cual agradeció enormemente. Lo que menos deseaba era compasión o lástima.
—¿Ha habido algún avance con respecto al asesinato de Kuroka? —pregunto Issei con gran expectación.
—Desgraciadamente seguimos como en estos últimos meses: nada —respondió Tom—. Aquel maldito incidente solo sirvió para tres cosas: que el gobierno demoníaco celara más aún al grupito, hacer ver que no sois omnipotentes, y provocar desconfianza en el mundo con respecto a los no humanos. Cao Cao se ha ocupado bien.
—No estoy del todo seguro de que haya sido él.
—¿Cómo qué no?
Issei les contó la visita que había tenido del líder de los Héroes, cosa que les indignó por no haberles permitido ser los primeros en visitarle, y las ideas que le habían estado rondando en la mente.
—Bueno, visto lo visto, quizás no debamos cerrarnos a nuevas ramas —dijo el artista—. Hablaré con Rias, Sona y Kunou para que lo tengan en cuenta.
Le pusieron al día sobre los eventos que ocurrían en el mundo durante su ausencia: el séptimo ataque del famoso Mandarín, la «celebración» por la encarcelación de Issei en muchas partes del mundo, protestas por la misma sentencia, pues la inmensa mayoría pedía más castigo, la situación de Industrias Stark, sus proyectos en la misma, etc.
Desgraciadamente para él, aquella visita terminó antes de lo que hubiera deseado. Se le hizo demasiado corta, pero no puso pegas, porque su custodio era un becerro y no tenía ganas de que se pusiera aún más estúpido de lo que ya era por sí. Se despidió de sus seres queridos, quienes prometieron volver a visitarlo en cuanto se lo permitieran. Issei se despidió con una sonrisa, una que murió nada más salir de la sala de visitas, pues volvía a la que era su nueva realidad… su horrible nueva realidad.
XXXXX
Habían pasado dos semanas desde que recibiera su última visita. El aislamiento, el estar prácticamente todo el día encerrado entre aquellas cuatro paredes de hormigón, sin siquiera poder acceder a un móvil o un libro… Aquello era un infierno en la Tierra. La ONU se había encargado de joderle bien. Estaba totalmente seguro de que afuera se frotaban las manos al tenerle ahí dentro, pensando si podrían hacer lo mismo con algún otro Vengador… pero dudaba que eso fuera a ser posible teniendo en cuenta que ninguno había hecho algo similar.
Por si no fuera suficiente, Ddraig no ayudaba. Desde que accediera a estar metido en aquel lugar, el ser cósmico le hacía la vida imposible. Su ego de dragón había estallado ante aquella situación. Nadie podía hacerse una idea de la tortura, el sufrimiento y el infierno que aquel ser podía provocar, mentalmente hablando. Antes podía aceptar cómo usaba su poder, sobre todo porque era alguien libre, pero ahora… que no hubiera luchado (físicamente) por su libertad, el estar ahí dentro sin poder usar sus poderes… Los momentos en los cuales no hablaba eran un respiro para su actual portador.
Issei se encontraba sentado en el suelo, observando la cama con la mirada vacía. Ddraig, en algo que se había vuelto una costumbre, hacía relativamente poco que había terminado de descargar su furia sobre él… justo cuando al fin había logrado conciliar el sueño. El dragón casi ni le dejaba dormir. Se estaba vengado, y con ímpetu, lo cual ya le hacía más dificultoso el intento de no volverse loco y golpearse contra la pared hasta morir o caer inconsciente, tanto que ni siquiera aquel lagarto pudiera tocarle las narices.
De pronto, unos fuertes golpes contra la compuerta de acero rompieron con su ya más que común estado zem.
—Hyoudou-Stark, arriba —le ordenó uno de los guardias desde el otro lado—, y contra la pared. ¡Ya!
Issei bufó, poniendo los ojos en blanco, pero obedeció. Después de todo, no es que pudiera hacer nada para impedirlo o imponerse. Aquella forma de hablarle se había vuelto costumbre en cada visita que recibía, ya fuera de algún familiar, amigo o alguien importante. Pudo escuchar detrás de él la puerta despresurizándose, para deslizarse sobre sus raíles.
—Manos a la espalda. ¡Ya! No tengo todo el día, su excelencia.
En otro momento quizás le hubiera dicho dos cosas al estilo Marilyn, pero ahora… Procedió entonces a colocarle los grilletes, esposas y cadenas sujetas al estómago para impedir algún tipo de movimiento mientras afuera otros tres guardias observaban con atención. Estas se apretaron dolorosamente contra su carne hasta el punto de casi cortar la piel. Pegó un traspiés cuando el guardia tiró de él y lo empujó hacia la salida.
—Andando y nada de movimientos raros o de lo contrario tendrás una bala alojada en el encéfalo de recuerdo —apremió el líder de su grupo personal de custodios.
—¿Sabes que siempre dices las mismas palabras exactas? Amplía tu repertorio —bufó el Stark luego de escucharle.
—Me pagan por moleros a palos, no por leer a Hemingway.
—Eso explica muchas cosas.
—¡Andando! —le metió otro empujón que esta vez sí lo hizo caer al suelo. Dada su condición no pudo evitar el golpe certero que impregnó sus papilas del sabor metálico de la sangre—... Vaya, ¿el cerebrito se ha hecho pupa? ¿Quieres que llame a uno de tus papis? A cuál prefieres: ¿a los que están fiambres o al borracho?
Algunos se rieron, otros guardaron silencio.
—No, deja, prefiero llamar a tu madre. Al menos nos lo pasamos bien.
—Lo dudo mucho, es demasiada mujer para un mierdecilla como tú —sin darle tiempo a recomponerse lo agarró del pelo para tirar hacia arriba—. No perdamos más tiempo ¿quieres? Es de mala educación hacer esperar a las visitas.
El guardia le empujó por aquel pasillo, haciéndolo pasar por compuertas que no reconocía, llevándolo por nuevas secciones de aquel oscuro y metálico laberinto que no era capaz de memorizar. ¿A qué pez gordo iba a conocer ahora? Debía ser alguien importante para hacerle recorrer aquel lugar por otros pasillos.
—Aquí, para —El guarda le dio un golpe en la parte anterior de la cabeza para así comenzar a teclear en el panel que había al lado, activando la compuerta—. Adentro escoria.
De un solo tirón lo metió en aquella sala, la primera que veía con ventanas al exterior. Desde aquella ventana todo lo que se podía apreciar era un árido desierto, pero al menos agradecía poder volver a ver el azul del cielo. No esperaba añorar tanto, y tan pronto.
—Espera aquí —el guardia cerró la puerta tras él, desapareciendo junto a los otros.
El muchacho observó el lugar, estaba solamente él, no entendía para qué tanta prisa si al final la persona que lo había citado no estaba ahí. Sin embargo, decidió aprovechar ese pequeño instante como si fuese oro para acercarse a la ventana y contemplar mejor aquel panorama. Ni siquiera cuando venían a visitarle podía hacer eso, solo ir hasta la mesa y volver, y las ventanas no es que permitiesen observar claramente el exterior. El poder hacerlo ahora era algo que admitía casi le provocó el llanto, pero se contuvo. Escuchó a Ddraig decirle algo, pero decidió ignorarlo al no tratarse de algo precisamente agradable, aunque seguía siendo molesto.
—Supuse que lo apreciarías —comentó una voz tras él cuando la compuerta se abrió.
Parpadeando por la sorpresa, Issei se giró lentamente para observar a la persona que había entrado en aquella sala.
—¿Tú? —fue lo único que salió de su boca por la sorpresa.
Aquella era una de las últimas personas que imaginaría ver allí.
—Así es, señor Hyoudou —respondió ella indiferente mientras la puerta se cerraba a su espalda. Gabrielle guardó silencio para observar meticulosamente las cadenas en torno al joven antes de negar—... Hombres —dijo con un bufido. Issei alzó una ceja. No estaba entendiendo nada—. ¿Cómo ha sido su estancia hasta ahora? Algo me dice que reveladora —puntualizó por la manera en la que lo había observado contemplar el panorama.
—Ya, bueno, tapiaron la única ventana de mi celda y cuando me dejan salir, solo una hora al día, estoy en un patio rodeado de muros de doce metros. Raro ver el exterior.
—Qué pena tan grande me alberga ahora mismo, casi no puedo contenerme —respondió mientras se limpiaba una lágrima imaginaria, sin romper aquella expresión neutral.
—Me alegra contar con tu empatía —dijo Issei con sarcasmo luego de bufar.
—Debería, ahora mismo es lo que más necesita alguien en su posición.
—Eso quizás no pueda negarlo, pero ¿qué es lo que haces aquí? Pensaba que los tuyos estarían por ahí, haciendo alianzas y esas cosas —curioseó mientras se apoyaba en la pared.
—Así debería ser, tengo cosas más importantes de las que ocuparme que de… usted —bajó el tono de voz de manera afilada—. Pero digamos que Fury ahora mismo me debe un favor tan grande, que le hubiera sido más rentable venderme su alma. Se ve que sigue teniendo un ángel de la guarda después de todo y a pesar de que usted no es creyente.
—He estado rodeado de ellos. Créeme cuando te digo que en su mayoría son básicamente unos grandísimos hijos de puta.
—Aja, que interesante —respondió con ironía.
—¿Qué es lo que haces aquí exactamente? —preguntó Issei yendo directamente al grano.
Ya tenía bastante con Ddraig como para aguantar una conversación como aquella. Gabrielle no respondió directamente, primero se paseó por la sala observando las instalaciones.
—El mayor terrorista de todos los tiempos, o al menos así te han renombrado algunos medios, contenido en un espacio tan insuficiente. Supongo que ya le habrás dado alguna vuelta a eso, ¿no?
Issei estrechó los ojos ligeramente.
—¿A qué te refieres exactamente?
—De los aquí presentes, el más listo eres tú, resulta casi insultante. ¿No has reparado en tu entorno todavía?
Issei observó a su alrededor sin entender.
—[Los pocos sesos que te quedaban ya se te han atrofiado del todo. Menudo pedazo de imbécil]
Issei tuvo un leve tic al escuchar al dragón, pues esta vez no le había hablado telepáticamente.
—Ilumíname entonces, maldito lagarto.
—[Mejor no. Te dejas en evidencia tú solo]
—Podría echarle una mano a su compañero si conoce la respuesta. Que yo sepa vais en un pack —respondió ella tomando asiento en uno de los sillones.
—[Que se apañe solo]
Y dicho esto la gema verde desapareció.
—Que ser tan curioso.
—Dragones —escupió Issei—. Mejor no tratar con ellos.
—Bueno, dado que usted no lo sabe y su compañero, supuestamente, prefiere no revelarlo, lo diré yo: fíjese en su entorno, ha estado aquí ya dos semanas, ¿de verdad considera que esta prisión es la más adecuada para un individuo de su supuesta reputación?
—No es que yo pudiera elegir dónde quería estar. Me metieron aquí porque es la más segura del mundo. Son datos.
—Y los datos son algo inalterable, ¿verdad? —Gabrielle miró el lugar—. Dudo mucho que alguien con sus conocimientos y herramientas no pudiera acceder a los sistemas del complejo con facilidad. ¿O me equivoco? Responda por favor.
—Se equivoca, desgraciadamente. Han hecho muy bien su trabajo. Ya lo he intentado, pero no hay manera.
—¿Y por eso mismo yo estoy aquí ahora mismo hablando con usted? —arqueó una ceja esperando una respuesta.
Issei volvió a alzar una ceja. Seguía sin entender nada.
—¿Por qué no vamos al asunto y dejamos tantos rodeos?
—La que marca el ritmo aquí soy yo, no usted. Tendría bien en recordarlo.
—Ni siquiera sé para qué estás aquí.
—He venido porque, por una, vez Fury y yo coincidimos acerca de usted.
—¿En qué?
—En que es cuestión de tiempo que empiecen a utilizarlo como un medio para lograr fines, ¿cuáles? Supongo que eso dependerá del titiritero de turno —Issei sonrió con sarcasmo. Eso era algo más que obvio—. Le seré franca, la parte contraria ha jugado bien sus cartas al venderle al mundo la performance del milenio. El enemigo número del mundo en la prisión más blindada jamás construida. Todo era una cortina de humo fantástica. Pero como le dije, si yo pude entrar aquí sin mayor complicación, es porque este sitio no está a la altura de tan supuesto criminal.
—¿La Balsa? —preguntó con curiosidad—. ¿La futura prisión que servirá para retener a personas como yo?
—Eso se reservará a personas que de verdad supongan un peligro tangible, no a un niño que jugó a ser Dios.
—¿Entonces?
—Puro humo. Tiene usted una deuda de sangre bastante importante, señor Hyoudou, y ahora mismo hay muchos intereses en juego. No tiene sentido desperdiciar sus capacidades en un lugar como ese cuando puede ser más útil en otros… es cuestión de tiempo que el juego comience y los que están por encima muevan ficha. La cuestión es, ¿será usted capaz de aguantar todo lo que le tienen preparado? Fury y yo volvimos a coincidir en ese aspecto, pero quiero saber, ¿qué me dice usted? Pues quizás nosotros estemos equivocados.
—Que no tardarán en hacerlo, sobre todo países como este, pero preferiría no trabajar para nadie.
—Sí, sus valores ya me los presuponía, pero yo me refería a si será capaz de aguantar las tácticas que llevaran a cabo para doblegarlo y hacer que coopere.
Issei se mantuvo en silencio unos segundos, pensativo.
—Pueden hacerlo… saben dónde apretar para hacerlo —aceptó con malestar.
—Claro que lo harán, debió pensarlo cuando decidió convertirse en la persona más odiada en la faz del planeta. Fury está haciendo todo lo posible por retrasarlo, pero es cuestión de tiempo que den su primer paso, no por nada es toda la humanidad trabajando unida contra usted. Iron Man, S.H. .D. o Los Vengadores no son nombres omnipotentes, omnipresentes ni omniscientes. La caza de brujas está por comenzar, todos quieren que más personas ardan —Gabrielle hizo una pausa—. Nadie los parara, la sangre llama a la sangre.
Esta se levantó para caminar hasta la cristalera, con los brazos cruzados contemplaba el paisaje. Issei mantuvo su mirada al frente unos segundos. De cierta manera, ya sabía aquello, pero que Gabrielle lo confirmase había hecho desaparecer cualquier esperanza de que solo fuera un temor infundado.
—Le seré franca, ya sabe cuál es mi postura acerca de usted… pero como me dijo un amigo, hay que creer en las segundas oportunidades.
Issei giró su cuello para observarla.
—¿Qué es lo que estás sugiriendo?
—Verá, como ya sabe, no estamos aislados, nuestro mundo pertenece a una compleja red donde el más mínimo aleteo es capaz de afectarnos —Gabrielle se irguió en su posición—. Mis fuentes me han informado de que hay algo, mucho más allá de nuestras fronteras que se está moviendo, todavía no sabemos de qué se trata; pero por los pocos datos que tenemos podemos hipnotizar que no será nada bueno. Y si algo me dice mi intuición es que es más tarde o más temprano nos veremos inmersos en un juego que todavía no alcanzamos a comprender. Y sinceramente, no estamos en la mejor posición para prescindir de nuestros activos, pues cuando eso que está ahí fuera llame a nuestra puerta necesitaremos todas las fichas posibles no para ganar la partida, sino para ser capaces de responder.
Issei estrechó los ojos. Ddraig ya le había hablado de los distintos seres que habitaban el universo, algunos tan aterradores y poderosos que nadie era capaz de imaginar tal peligro. Supuso que Gabrielle y los suyos debían de tener en la mira a uno de ellos, o quizás a varios.
—¿Y cómo evitar que esto llegue a más? ¿Cómo evitar esa caza de brujas? —quiso saber el portador de Ddraig.
—Pues en cierta forma lo mataremos, señor Hyoudou
Issei parpadeó un par de veces.
—¿Perdón?
—Sígame, una imagen vale más que mil palabras.
Gabrielle se encaminó hasta la puerta. Sin tener que decir nada esta se abrió. Afuera estaban los hombres de antes.
—Si sois tan amables de quitarles esas cadenas —dio la orden escondida en una petición—. ¿Dónde ha quedado el tratar a todos con un mínimo de humanidad?
No muy contentos los guardias accedieron y soltaron todas las cadenas, que cayeron ruidosamente al suelo.
—Mejor —asintió ella—. Señor Hyoudou, por aquí, los demás podéis retiraros.
Estos no estaban de acuerdo en ello, pero no dijeron nada al respecto y acataron la orden. Gabrielle e Issei caminaron por los pasillos de la cárcel, descendiendo escaleras hasta los niveles inferiores donde se colocaron frente a una puerta blanca. Esta llamó a la puerta y a los pocos segundos una especie de sanitario envuelto en bata y gorro abrió la puerta para asentir y marcharse.
—Si es tan amable —le indicó ella.
Ambos ingresaron a lo que en realidad era la morgue de las instalaciones. Frente a ellos había una camilla con el cuerpo del propio Issei tendido, cubierto por una sábana blanca.
—¿Qué le parece? —preguntó ella.
—Que esto es muy perturbador —contestó con algo de dificultad.
Lo que estaba observando le parecía muy fuerte.
—Es una copia perfecta suya. Un clon si queremos ser más técnicos.
Aún asombrado, Issei se acercó para alzar ligeramente la sábana, parpadeando un par de veces.
—¿Cómo demonios…?
—Cuando Cassandra lo noqueó, le pedí que recogiera unas muestras suyas. Supuse que algún día podrían sernos útiles, y en efecto, así ha sido.
Issei estrechó la mirada no muy contento.
—Admito que no me hace gracia eso de ir tomando muestras mías.
—Protocolo —respondió ella sin más—. ¿Por qué no apoya su mano en el pecho del clon?
Issei la miró sin estar muy convencido de ello, pero acabó aceptando. Con cierto rechazo acercó la mano hacia su otro yo para extenderla sobre su pecho sin tener muy claro que debía esperar. Tardó poco tiempo en encontrar la respuesta: el clon respiraba, de manera casi inapreciable, pero ahí estaba y si se concentraba, era capaz de sentir los latidos de su corazón.
—¿Y bien? —preguntó ella.
Issei volteó para mirarla con dureza.
—No. Definitivamente no. Ni siquiera se debía haber llegado a esto —señaló el cuerpo—. Esto no está bien.
—Claro que no lo está, y tampoco lo estuvo lo que usted hizo —puntualizó ella.
—Son dos cosas muy distintas. Lo mío fue un homicidio, esto —señaló a su «clon»—… esto es otra cosa muy distinta.
—¿Cuál? —quiso saber ella—. ¿Insinúa acaso que su vida es más valiosa que la de todas las personas que han muerta de manera colateral por las acciones que llevó a cabo?
—No, no lo estoy insinuando, y menos aun confirmando. Esto es clonación, clonación de una persona.
—Un cascarón vacío —rectificó ella.
—Es un cuerpo vivo, maldita sea. ¡Está vivo!
—Igual que todos los otros que ya no lo están.
—Esas personas eran auténticas. Esto es…
—Un cascarón vacío —volvió a confirmar ella—. Un conjunto de órganos y sistemas que se mueven de manera biológica tal y como fueron diseñados. Más allá de ahí… nada.
—No es un maldito órgano clonado. Es una persona.
—Igual que lo eran las otras —volvió a repetir ella—. Verá, señor Stark, podemos estar así eternamente y sus argumentos seguirán teniendo la misma validez que los míos. Bienvenido a los grises de la vida, como se suele decir. Tampoco le estamos pidiendo su permiso o aprobación, perdió ese derecho el día que abrió la boca delante de todos, simplemente le estamos informando de lo que llevaremos a cabo, acciones que usted acatará, pues de lo contrario la protección de sus seres queridos ya no será una opción mucho más tiempo.
—¿Cómo estáis tan seguros de que esto evitará la caza?
—Nada es cien por cien seguro, pero lo que sí sabemos es que calmará las aguas el tiempo suficiente para reestructurar todo. Verá, señor Stark, como le dije, la sangre llama a la sangre, y si algo sabemos es que el ser humano es sumamente maleable, es un animal, al fin y al cabo: si le damos lo que desea el perro agachara la cabeza —Gabrielle tomó uno de los informes—. A pesar de las prisas hemos conseguido tenerlo a tiempo para nuestra contramedida. Esta noche tendrá lugar un altercado en la prisión, uno donde el joven Issei Hyoudou-Stark tristemente perderá la vida. Todo está ya organizado: luces, cámara y acción. Al mundo se filtrará un video de como usted pierde la vida violentamente en su celda a manos de los internos. El perro tendrá su hueso, y no solo ese, sino otros muchos más, pues ya tenemos preparado todo el proceso para influir en los medios. En cuestión de unos meses, todos estarán saciados con carne y sangre —esta cerró el informe de manera sonora—. Y lo único que tiene que hacer usted es colaborar y salir de su celda antes de que el espectáculo empiece. Después de eso tendrá su tan ansiada libertad junto a sus seres queridos.
Issei observó fijamente al clon y luego el informe de Gabrielle. Ahí había una salida, una que aseguraría, al menos en cierta medida, la seguridad de sus seres queridos… pero a cambio tendría que abandonar la Tierra. Si él muere, Issei Hyoudou-Stark no podría volver al mundo, y ahora todos sabrían que pasarían años hasta que el nuevo Sekiryuutei saliera a la luz… si es que lo hacía, y no podía quedarse de manos cruzadas sin hacer nada teniendo ese poder en sus manos… Pero más importante… no podía dejar que aquel clon ocupase su lugar. Su moral, su ética y sus principios se lo impedían. Resultaba irónico que se lo hubieran permitido al revelar la verdad sobre lo sobrenatural, pero porque en aquel momento no era capaz de visualizar el daño que estaba cometiendo. Si lo hubiera sabido, quizás todo hubiera sido distinto. Pero el pasado era el pasado y debía afrontar las consecuencias, no buscar la libertad a través del sacrificio de otros.
—Yo no comercio con vidas —sentenció Issei mientras miraba a Gabrielle fijamente.
—Y yo le he dicho que usted callará y acatará. Tuvo su momento y lo arruinó.
Con aquellas palabras la puerta se abrió y los guardias aparecieron.
—Prepárese para esta noche, señor Hyoudou. Su nueva vida comienza hoy a las doce.
Justo en aquel momento vio como el clon despertaba. Sus ojos eran lo más puro que había visto alguna vez, era un niño asustado, y como tal, su respuesta lo acompañó. Comenzó a llorar como un bebé que llama a uno de sus progenitores desesperadamente. Le habían mentido, sí que había vida, no era un simple conglomerado, sino mucho más. Una vida auténtica.
—Lleváoslo —ordenó Gabrielle al tiempo que entraba el sanitario para preparar una jeringuilla con la sedar a la réplica.
Uno de los guardias intentó agarrar a Issei, pero este puso en marcha su entrenamiento, realizando una llave que inmovilizó al guardia. Los otros se lanzaron a por él, pero Issei logró escurrirse, golpeando la mano del sanitario, rompiendo la jeringuilla.
—Por encima de mi cadáver —siseó furioso mientras se colocaba al lado del clon.
El guardia al que había aplicado la llave se levantó con un grito de furia, casi escupiendo espuma por la boca. Issei intentó mantenerlos alejados del clon, pero estaba debilitado y ellos eran más en un espacio un tanto cerrado, por lo que no tardaron en reducirle (con muchos golpes de paso) y sacarlo prácticamente a rastras de la morgue. Lo último que logró escuchar Issei antes de caer inconsciente fue el llanto del clon.
Puesss nada, aquí de nuevo con esto. Ha pasado un año, pero menudo año ha sido para mi, bufff.
Sé que dije que este arco sería el inicio de la Fase Dos, pero luego de escribirlo, me pareció más adecuado ponerlo como cierre de Fase 1.
En verdad la idea era hacer un arco del juicio, pero entre que yo no sé escribir juicios (a pesar de que he visto todas las recomendaciones que me han hecho) y que no me han podido ayudar con la escritura del mismo por X motivos, pues al final se ha quedado en esto (dos capítulos: este y otro). No estoy decepcionado, pero sí es verdad que quería algo más grande, pero bueno, es lo que hay.
El siguiente capítulo ya está escrito y lo publicaré esta semana, quiero dejar unos días entre ambos capítulos. Ahora vamos con los comentarios:
omega9028
Ja, ja, ja. Pues sí, lo dejaré a la imaginación. El misterio o se aclara solo o no lo hace. Tengo ese fetiche, sí.
Tenzalucard123
Solo digo que no será la última ja, ja, ja. Ya deberías saber que en este fic van a caer como moscas. Pues al final va a ser antes este fic ja, ja, ja.
Maximum Rhapsody
¿En Kamar-Taj?
Guest
¿Sí? Pues venga, a ver si adivinas quién va a ser el próximo en palmar.
CodeBlack243
Quería terminarlo con el anterior, pero bueno, es lo que he dicho arriba, al final me parece mejor terminarlo así, más impactante. Se me ve venir, pero aun así a veces sorprendo ja, ja, ja. Soy un cabrón, lo sé.
Y ahora te has tragado el hiatus del final de Fase ja, ja, ja. Pero sí, la verdad es que se ve taaan lejano. Muchísimas gracias por tus palabras. Espero que la continuación siga siendo de tu agrado.
Brody
Muchas gracias colega.
Ronaldo v2
Yo creo que no los idealizo, sino que no los hago parecer tan débiles. En muchas historias que pongo que tienen temática con alienígenas y demás, la humanidad siempre está a la altura del suelo, pero no sé, creo que pueden dar más de lo que en principio se imagina. A ver, lo que yo entiendo por dioses son solamente seres muy poderosos, pero lo relacionado con lo divino ha perdido su significado.
Sí, no eres el primero que me dice eso, pero igual no cambiaría lo que escribí.
sil-celestion-boos imperial
Me alegra saberlo. Espero que con lo que tengo pensado te siga agradando. Ja, ja, ja… Sí, parece que tengo esa manía en mis historias. A mí también me dolió matarla… pero es que tenía unas ganas tremendas de hacerlo ja, ja, ja.
Y sin más que decir, me despido.
¡Nos leemos!
