¡Nuevo capítulo!
Apenas vamos empezando, un capítulo un poco más tranqui pero no por ello menos... bueno, digan ustedes. Los dejo leyendo, que lo disfruten.
2. Una gota de sangre
La ira es una cosa muy insana que, desde mi punto de vista, pudre el alma, desgasta el espíritu. Sin embargo, hay más cosas que pueden llegar a hacer esto con cualquier criatura, y eso lo veo cuando los ponys de Canterlot vienen a Cloudsdale. Uno esperaría que la oligarquía de Equestria fuera tal como se ve de lejos, en las revistas y reportajes que, me duele admitir, de vez en cuando se publican en el periódico donde yo trabajo; pero todo es más horrendo de lo que puede imaginar alguien normal.
Un alma podrida es la que suena el látigo, un espíritu desgastado es el que recibe el golpe; una gota de sangre cayó en mi cuaderno y me obligó a alzar la mirada hacia la yegua de pelaje blanco que se yergue sobre un carruaje. Usando la magia de su cuerno vuelve a tronar el látigo en el lomo de su esclavo, que no puede quejarse o le irá peor. Es como un juego muy siniestro donde estos ponys altaneros y ricos juegan todos los días.
Cruzar palabras con un changeling es peligroso, pero sólo para ellos. Son transporte, son dianas para practicar tiro con arco, algunos rumores dicen que son donadores de órganos obligatoriamente, son desecho. Son un poco de todo, excepto individuos. Son nada… no, menos que eso. Son Changelings.
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Las miradas de Laysip y del changeling se conectan algunos minutos en los que la yegua rica se baja del carruaje, cubierta por un hechizo temporal que le permite caminar en las nubes, y se mete en una lujosa tienda de ropa cruzando la calle. Laysip prefiere la vista de esta calle en Cloudsdale porque es muy limpia, pero casi siempre se encuentra situaciones como la recién vivida.
—¿P-puedo? —escuchó la voz del esclavo como un débil murmullo— ¿M-me puede dar…?
Ni siquiera acabó de formular la pregunta al notar el reflejo de su botella de agua en los ojos brillantes de insecto del pobre esclavo.
—Tendrás problemas —le contestó en el mismo murmullo—, hazlo rápido, anda.
La mirada del pobre sujeto casi derramaba lágrimas cuando Laysip le ayudó a beber, pues en su terrible postura no podía ni siquiera levantar la cabeza; las gotas de agua se resbalaban por sus agrietados y secos labios, mientras Laysip miraba el cuerno roto del changeling, preguntándose si funcionaba de la misma manera que el de los ponys.
Cuando la botella se quedó vacía, le puso su sándwich de heno en el hocico, el cual ni siquiera se dio el tiempo de masticar, se lo tragó muy rápido y ni gusto le tomó, así de hambriento estaba. Tan pronto como acabó de comer, Laysip volvió a sentarse.
La reportera notó la mirada extrañada de algunos transeúntes, pero de todos modos, nadie diría nada. Alcanzó a ver que la yegua se probaba algunos vestidos sin mirar el carruaje donde llegó, y cuando miró de nuevo al changeling, se dio cuenta de que estaba llorando. Laysip suspiraba, tratando de ignorar su llanto compungido y concentrándose en su reportaje sobre la plaga de parásitos en Ponyville.
Sin embargo, aquella gota de sangre en su cuaderno se lo impedía, y no era porque manchara su trabajo, sino por lo que todo aquello significaba. Una gota de sangre de un esclavo. Una gota de sangre. Sangre.
—¿Por qué lloras? —le susurró desde la banca.
El changeling alzó la cabeza, de inmediato ella lo reprendió.
—¡No alces la cabeza, te verá! ¡Sólo contesta, pon la vista al frente!
El changeling obedeció, puso los ojos al final de la calle y entonces, en el mismo susurro doliente, le contestó:
—Ningún pony me mira —y lloró de nuevo—, pero tú me diste de comer. Nadie ha sido amable conmigo.
Había tantas cosas mal en sus palabras que Laysip no pudo terminar de enlistarlas antes de responderle, aunque el lápiz en su pezuña amenazaba con romperse. Pero ella no quería volverse un alma podrida, ni romper su espíritu.
—No es de extrañar —contestó ella—, los ponys de Canterlot no son amables. Se comerían entre ellos si fuera legal… o biológicamente posible para un pony.
Su observación puso tembloroso al changeling, quien dando una rápida mirada se dio cuenta del cuaderno y el lápiz en la pata de Laysip. La ansiedad le ganó y también contestó, esperando que su susurro no fuera tan alto para que lo escuchase alguien más. Al notar todo esto, Laysip supo que muchas cosas empezarían a surgir, como si su "instinto de reportera" lo estuviera gritando.
—Eso no se los ha impedido —le dice con una voz perturbada—, el amo Fancy Pants tuvo ese destino en la última gala.
La ira pasó a segundo plano y el lápiz en la pezuña de Laysip rodó hasta el suelo, muy cerca del carruaje. No tenía sentido lo que acababa de decir. Incluso su sensación de ansiedad se quedó corta.
—¿Hacen eso… en la gala?
—Sí, por eso es exclusiva —su voz temblaba—, la ama Fleur Dis Lee hizo eso, yo la vi, dice que es para mantenerse joven.
Ponys… ¿comiéndose a otros ponys? ¿Acaso era posible? ¿Por eso tanta seguridad en el Palacio Real? ¿Celestia sería capaz de permitir algo así?
—Dame tu nombre —pidió Laysip—, dame todos los nombres que puedas, debo escribir esto. Aunque los ponys no me crean, puede empezar a hacer ruido.
—Soy Thorax —contestó—. La Reina y la Princesa, ellas son quienes organizan todo. El Príncipe Blueblood… eh, Fancy Pants, los alcaldes de muchas ciudades y pueblos muchos de los más ricos están ahí, casi todos los altos mandos de Canterlot, yo no sé sus nombres. Pero todos son unicornios, eso sí lo sé.
Era fácil de recordar, sólo 4 nombres, aunque quizá no fuera mucho. Para entonces, la yegua salió de la boutique y antes de sonar el látigo le dirigió un rápido vistazo a Laysip, para finalizar en una mirada de altanera rectitud y fingida amabilidad.
—Lamento haber dejado aquí a este sucio changeling —decía Fleur—, espero no haberte incomodado, sólo venía por un encargo rápido y me quedé a ver un poco más, ya sabes cómo es.
—Sí, lo sé —contestó Laysip—, no se preocupe, de todos modos, ya me iba, que tenga un buen día.
Antes de levantarse le dirigió una última mirada a Thorax, de forma leve levantaron su pata para despedirse, quizá por última vez, y Laysip no pudo sentir su estómago más revuelto. El carruaje se retiró por la lejanía, había escuchado que preferían usar a los changelings como medio transporte porque sus alas no son tan ruidosas como las de un pegaso. Aunque quizá se trataba de una simple justificación para la esclavitud, de otro modo, todos esos riquillos no tendrían un látigo.
Su estómago no pudo contenerse más, Laysip entró corriendo a un baño público, tropezándose con una yegua que recién salía, pero cuando la escuchó vaciando su estómago decidió no decir nada. Cuando terminó de vomitar, se dirigió al lavabo para quitarse los restos de vómito de la comisura de los labios, mirando su demacrado reflejo de desvelo.
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Una vez mi maestra dijo: pensar que los ponys somos buenos de nacimiento y la sociedad nos corrompe, es tan tonto como pensar que nacemos malos y la sociedad nos obliga a ser rectos. Es todo un sistema de oportunidades el que obliga a comportarse de tal modo a un individuo.
Sin embargo, Fleur Dis Lee y Fancy Pants eran de los unicornios más ricos de Canterlot, y qué decir de la Reina y la Princesa. Ellos tenían todas las oportunidades del mundo… ¿por qué hacer algo tan ruin? No quisiera fiarme de la palabra de un extraño, pero también pienso que un esclavo no tiene nada que perder.
Ponys comiéndose a otros ponys, esclavitud, almas podridas y espíritus rotos. Y todo comenzaba con esto que cayó en mi libreta.
Con una gota de sangre.
Un capítulo un poco más oscuro y me atrevo a decir que un poco escatológico, pero como dije, apenas vamos empezando. Realmente, el aspecto inicial de los Changelings me gusta bastante, ya saben, antes de que cambiaran de forma por una más colorida, así que nuestro querido Thorax tiene esa apariencia de la segunda temporada en la boda de Cadence. Por ahora no diré más, espero les haya gustado. Hasta la próxima.
