Una semana más pasó, nos acercamos al final del año, y yo les traigo un nuevo capítulo, ojalá les guste.


3. Siempre fue así

Me gusta mi trabajo, es quizá un poco sorprendente ya que no muchos tienen el privilegio de trabajar en lo que les gusta, porque vamos, tener una cutie mark no es garantía de nada. Además, en otros trabajos que tuve debí soportar mucha basura de mis jefes y compañeros; esta vez, aunque me haya costado, trabajo en el periódico de Cloudsdale.

Por supuesto, a algunos les cuesta más que a otros, Soarin es la prueba de eso, porque tiene un estómago muy sensible y muchas veces toca reportear noticias fatales. Y por mucho que me agrade Spitfire, en algunos momentos llega a ser desesperante.

Bueno, es un pedazo de mi vida, algo que me ayuda a distenderme y tener un panorama más amplio del sitio que me rodea, y no me refiero sólo a Equestria, aunque esto también es un poco difícil. No recuerdo ningún sitio donde no haya notado al menos una cosa que esté mal, por mínima que sea. En algún momento tendré que salir de mi burbuja, supongo.

—Basura, basura, basura… ¡mega basura! —Spitfire puso los papeles en la mesa con un poco de exasperación—. Page, no te pago para que me traigas basura.

—Son buenos reportajes. —repuso Laysip.

—No niego que lo sean, pero los ponys quieren leer otra cosa, ¿y esto? Vaya, es más aburrido que trágico, ¿a quién le importan los parásitos en Ponyville? Santa Celestia, esa coladera olvidada de los Dioses no le importa a nadie.

Laysip miró sus anotaciones sobre los parásitos y la escases de agua en Crisa, una ciudad muy alejada de todas las demás regiones. Este segundo reporte era más que nada una formalidad ya que no podía ir -por el momento- a mirar con sus propios ojos, pero había rumores de ponys migrantes y algunos cuerpos con signos de morir de sed no eran cualquier cosa.

—Lo siento, Spitfire —se disculpó—. Ah, estuve pensando mucho en todo lo que pides, no es demasiado, pero vamos, ¿no hay suficientes tragedias ya?

—¿De qué hablas? Las cosas siempre han sido así.

Hubo un momento de silencio entre ambas, Spitfire revisaba el trabajo de sus otros compañeros y Laysip miró el reloj por encima de ella, ya casi daban las 5 y debían retirarse a su casa; "La gaceta de Cloudsdale" no era un periódico de mucho renombre –a comparación de otros- pero uno de los principios que Laysip respetaba de Spitfire, es que no era una prensa vendida. Su humilde periódico publicaba verdades.

—Sé a lo que te refieres —volvió a decir Spitfire—, pero desde donde yo lo veo, reportear las tragedias como lo hacemos nosotros, es una forma de no hacer que queden en el olvido. A veces necesitamos un salpicón de realidad para darnos cuenta.

—Creo que eso sólo nos insensibiliza.

Spitfire sonrió con ligera tristeza, asintiendo.

—Pero siendo así, tengo algo planeado.

—¿Qué cosa?

—Recibí información —Spitfire alzó la cara, interesada—. Es una fuente secreta y realmente quisiera que permanezca anónima.

—¿De qué se trata?

—Algo muy turbio sucediendo en Canterlot —Laysip sonrió con un poco de orgullo al acercarse para proseguir en voz baja—. Involucra a muchos de la alta alcurnia, es algo grande, pero debo averiguar más.

—Es la primera vez que vienes a decirme algo con ese tono —confesó Spitfire—, quisiera decirte que me sorprende, pero mejor te daré un consejo, ¿vale?

—Claro.

—No lo hagas —dijo de forma tajante.

—¿Qué?

Su jefa suspiró, fue hacia la ventana de su despacho y corrió la cortina, por las persianas de la ventana del interior pudo ver que los demás se preparaban para retirarse.

—Tiene que ver con la gala, ¿no?

—¿Cómo lo sabes?

—La última vez que uno de mis chicos quiso hacer esa investigación, acabó hecho pedazos… literalmente —ella le arrojó una hoja de periódico que sacó de un cajón, era del Canterlot Times—. Ocho pedazos, contando sus alas, y le sacaron los ojos. Me dijo exactamente lo mismo que tú. Así que haré contigo lo que no hice con Fleetfoot. Si haces esa investigación, estás despedida, ¿me entiendes?

Laysip estaba por protestar, pero cuando vio el gesto entre triste y enojado de Spitfire, no tuvo más opción que asentir. Las dos salieron de la oficina, Soarin les sonrió al salir del pequeño edificio y entonces los tres marcharon hacia la casa de Laysip. Después de todo, era fin de semana.

—¡Oh, trajiste visita! —expresó Derpy con alegría cuando escuchó la puerta abrirse—, qué bueno que cociné suficiente para todos.

En el ambiente podía sentirse el aire cálido proporcionado por la estufa y un apetitoso aroma que Laysip conocía muy bien.

—Hola, Derpy —saludaron los tres pegasos al entrar.

—¿Cómo estuvo el día?

Spitfire y Soarin se sentaron a la mesa mientras Laysip miró la cacerola en la estufa. Una sabrosa sopa de verduras se terminaba de cocinar, y aunque esto le agradaba, no pudo evitar quejarse ante su amiga.

—Derpy, te dije que me esperaras para ayudar, ¿por qué no haces caso?

—Lo siento, sé que vienen cansados de trabajar —contestó con cierta pena—. Además, para mí no es molestia, me distraigo y esta vez no tuve muchos problemas.

Los dos invitados en la mesa negaron con un poco de gracia ante lo dicho por ella. Laysip le agarró las gafas oscuras a Derpy y las limpió con el chorro de agua, pues estaban algo manchadas de salsa.

—Es para que no te pase nada, Derpy. Me hace sentir tranquila que cocinemos juntas, no es ningún problema.

Ella asintió, desviando la cabeza para que Laysip no pudiera verle el rostro, o mejor dicho, sus ojos nublados.

Todos se sentaron a la mesa, Spitfire sirvió los platos y Soarin fue rápido a la tienda por un frasco de café, para charlar después.

—¿Cómo vas con tu investigación en Canterlot? —preguntó Derpy, sin saber que Spitfire le dijo que no la hiciera.

—Ella no hará nada en Canterlot. —La voz de Spitfire era seria.

—¿Le contaste de…? —preguntaba Soarin, pero ella la interrumpió.

—¡Sí, le conté de Fleetfoot! —dijo casi gritando—. Rayos, lo siento. Entiendan, aunque no nos guste, hay límites que no se cruzan.

Permanecieron en silencio por otros segundos, sólo se escuchaban las cucharas golpeando el plato sorbo tras sorbo. Una vez más, fue Derpy quien rompió el silencio con un comentario.

—Por lo que Laysip me contó, allá se cruzan muchos límites.

—Sí, no estaría mal ponerlos a raya —expresó Soarin.

Laysip realmente no quería poner nerviosa a Spitfire, pero fue demasiado tiempo cuando ella dejó caer bruscamente su cuchara en el plato, sobresaltando a todos. Sin embargo, no era enojo lo que mostraba su expresión, sino una tremenda tristeza.

—No importa lo que hagan esos ricos estirados, no vale nuestras vidas.

—Como si nuestras vidas fueran la gran cosa, sólo mírame, ya que tú sí puedes hacerlo —contestó Derpy.

Spitfire volteó, Derpy se había quitado sus gafas y mostraba a todos sus ojos desviados y nublados, enceguecidos, a los cuales se les notaba un poco de enrojecimiento en el párpado y una carnosidad que se extendía hasta su iris.

—Somos pegasos, no hay mucho trabajo para nosotros allá afuera. Las cosas siempre han sido así, ¿no? Pero a ellos, todos esos ladrones en Canterlot, ¿quién los cuestiona?

No les gustaba reconocerlo, pero ella tenía razón en lo que dijo. La yegua de melena amarilla se limpió una lágrima, recibiendo a cambio una sonrisa y amistoso abrazo por el hombro de parte de Soarin.

—Las cosas no estaban tan mal hasta antes de la explosión que provocó Rainbow Dash —comentó Spitfire, pero Laysip denegó.

—No, al menos no recuerdo que haya sido mejor antes. Mi papá trabajó en Canterlot unos años, antes de que sucediera eso. Allá han sido siempre así, lo puedo asegurar.

—No cambia el hecho de que las cosas se pusieran mal para algunos por aquí —Soarin se quitó su aparato para la audición y lo miró con algo de tristeza—. Siempre le dije a Rainbow que no fue su culpa, pero no quiso escucharme. Jamás escuchó a nadie.

—La sacaste barata —dijo Spitfire, mirando de reojo a Derpy—. Al menos Laysip le dio un poco de justicia, Soarin. Nadie tenía modo de saber lo que pasaría, y al menos sigue viva.

El pegaso bufó por frustración y luego se frotó la frente, se notaba cansado, quizá un poco harto.

—Todavía la veo de vez en cuando, incluso creo que me gusta —dijo él—. Pero está tan acostumbrada al desprecio que… a veces me pregunto cómo serían las cosas si hubieran sucedido de modo distinto.

El ánimo de todos decayó un poco con aquella plática, Laysip en especial pensaba en la foto de Fleetfoot en el periódico. No mostraron su cuerpo, pero sí la bolsa en medio de la calle, ¿acaso serían tan despiadados para hacer algo tan sádico? Cuando el café estuvo listo, hablaron sobre las cosas que les gustaba hacer en la escuela de vuelo antes de la explosión. Derpy siempre hablaba de sus medallas en primer lugar; medallas que juntaban polvo en la pared.

Y en cierto modo, todos eran eso. Simples objetos juntando polvo, esperando el día de su caducidad.

Lo que dijo Soarin era una duda muy válida, incluso llegué a imaginar a Rainbow cubriendo de color el cielo, volando y llevando un arcoíris a todo el mundo, quién sabe qué maravillas hubieran sucedido de haber sido así. La escuela de vuelo, el orgullo de Derpy y Spitfire, son lo primero que llega a mi mente. Junto con el potencial que pudieron tener.

Me gusta trabajar en lo que amo, me gusta escribir y hacer preguntas. Me gustan los paisajes de Equestria, me gusta la sopa de verduras de Derpy, me gusta que ella sea mi amiga y vivamos juntas.

Sin embargo, me siento triste por vivir así: preguntándome "por qué".

¿Por qué hay esclavos changeling? ¿Por qué en Canterlot viven los ponys más crueles? ¿Por qué hay ponys muriendo de sed en nuestras ciudades? ¿Por qué las otras criaturas se alejan de nosotros? ¿Por qué siempre ha sido así?

¡¿Por qué nadie siente que todo va mal?!


Las cosas se ponen un poco tensas, espero que les haya gustado la interacción que tuvieron estos personajes que normalmente sólo están de fondo, pero descuiden, muy pronto veremos a otra de nuestras queridas seis protagonistas andando por allí, sean pacientes.