¡Muy buenas, queridos lectores! Luego de desaparecerme unas semanas por fin les traigo un nuevo capítulo.
No me miren mal, recién me mudé de ciudad y ahora que vivo con mi novia hemos estado muy ocupados con todo lo que eso conlleva, así que pónganse cómodos, porque es un capítulo largo.


6. Una ciudad en ruinas

Pinkie Pie no mentía cuando me dijo que el agua era moneda de cambio aquí, pues tan pronto como llegué, un pony-taxi me ofreció a llevarme a cualquier sitio por el "módico precio" de 100,000 bits o un litro de agua. Cabe destacar que este sujeto era sin dudas uno de los oportunistas que andaban rondando, aunque no era de Crisa, pues a diferencia de los habitantes, él tenía un aspecto para nada desmejorado, así que decidí caminar.

La línea entre un crimen, a diferencia de lo que muchos ponys creen, es muy difícil de distinguir, ¿en qué momento te conviertes en cómplice? Pero siendo honesta, ¿no somos cómplices todos? Me puse a pensar en Rarity y cómo vio morir a Scootaloo, y también en lo que dijo Spitfire sobre lo de reportear tragedias.

Nos volvemos insensibles, tal como sucedía en el pueblo de Pinkie Pie y los ponys indiferentes que simplemente veían a muchos de los demás morir de sed, y no dejo de preguntarme hasta cuándo sucederán estas cosas.

Con tan sólo mirar el aspecto de la ciudad te das cuenta de la decadencia que nos rodea, y de la indiferencia de los más grandes.

Todo esto parecían las tierras baldías de un viejo libro que leí hace mucho tiempo, pues no había ponys en las plazas, muchos negocios estaban cerrados, el aire apestaba a podredumbre y basura quemada. Me costaba creer que hubiera asaltantes o delincuentes mayores a la espera; lucía tan lúgubre y desolador que quise dar media vuelta e irme, pero tengo trabajo por hacer.


Crisa no era una ciudad muy conocida, incluso era algo pequeña en comparación a sitios como Cloudsdale, Trottingham o Manehattan, pero sí era más grande que Ponyville. Sin embargo, la tremenda sequía era algo tan fuerte que se podía sentir en el aire el calor abrasador del sol, como si estuviera en el desierto. La reportera incluso sujetó con más fuerza su maleta con agua que Pinkie le dio, temiendo que alguien la viera.

Conforme siguió caminando entre las calles de lo que creía era el centro de la ciudad, se empezó a dar cuenta de que el aroma en el aire no era ni medio normal; era como una peste impregnada en los edificios, a sus marchitos árboles, en las bancas para sentarse. Era parecido a algo podrido, pero muy similar al fuego consumiendo plásticos y otras cosas desagradables, y le costaba distinguir bien qué era.

Miró hacia el cielo esperando distinguir una mancha de humo, pero sólo pudo ver la onda de calor ascendiendo y difuminando las nubes a la vista, ni siquiera parecía que fuera otoño.

—¿Adónde fueron todos? ¿Al bingo? —se preguntó mirando alrededor.

Aunque su observación fue un poco cruel, incluso sabiendo el asunto con las familias desplazadas, la soledad del lugar no era normal. Había algo mal.

Puso más atención al entorno y escuchó música de algún sitio, así que decidió guiarse por el oído hasta llegar a una plaza igualmente desierta, aunque había por fin varios ponys acostados en el suelo, junto a una fuente inactiva. Había algunas pancartas sujetadas a los troncos marchitos de algunos árboles, pero no alcanzó a entender qué decían.

También alcanzó a escuchar algo parecido a un zumbido, aunque le restó importancia al notar un bar encima de una tienda, un edificio que compartían dos negocios.

El bar llevaba por nombre "El Manzano Ebrio" y Laysip hubiera sonreído por la curiosidad de no ser por ver que el precio de una sola cerveza estaba en 50 mil bits, o un litro de agua. Y si bien ella no entendía mucho de economía, pensó que si el bar continuaba abierto, era porque había clientela. Pudo comprobar que su aseveración fue correcta cuando distinguió a varios ponys trajeados que la voltearon a ver en cuanto entró.

El más notable de ellos era un pony de porte elegante, con barba apenas dibujada y con dos prostitutas a su lado; jugaba cartas con dos grifos y un unicornio con una vestimenta igualmente pulcra que fumaba un gran puro. Todos voltearon a verla y, a juzgar por la cantidad de dinero en la mesa, su complexión, aspecto y vestimenta en un lugar con precios tan elevados, Laysip tuvo la amarga certeza de haber entrado en uno de los negocios de la mafia.

Sin querer llamar su atención, se sentó en la barra y, como animal de costumbre, lo hizo en el mismo lugar que tomaba cuando se encontraba con Rarity, en la curva antes de entrar a la cocina.

—¿Cerveza o sidra? —preguntó una anciana sentada en una mecedora, de aspecto decaído y malhumorado.

—Ah… cerveza —contestó Laysip.

—¿Dinero o agua? ¿O pagarás en especie?

Aquella pregunta hizo temblar a la reportera, quien de inmediato se apresuró a sacar dos de los litros de agua que Pinkie Pie empacó para ella; de reojo pudo ver cómo uno de los grifos sonrió y posando en ella sus tenebrosos ojos de águila, se saboreó la boca.

—No eres de por aquí, ¿verdad, manzanita? —preguntó la anciana—. Digo, cargando esas maletas no puede ser de otro modo, ¿a qué viniste, si se puede saber?

Responder eso podía ser una trampa, sobre todo con aquellos sujetos mirándola de reojo, y el silencio que reinaba en el establecimiento no era de gran ayuda.

—Estoy de paso, voy hacia el oeste… a Ponyville —quiso mentir.

—Qué coincidencia —masculló la encargada al tomar los dos litros de agua y cambiarlos por un par de cervezas—. Hace mucho tiempo tenía negocios allá, pero todo cambia, ¿no? Ahora los negocios están en lugares como estos. Nada es como lo recuerdo.

—Estamos muy lejos de Ponyville, ¿qué la trajo hasta acá?

Laysip agradeció haber dejado su cámara en la maleta, daba menos aspecto de reportera, pero lamentaba no poder sacar su cuaderno.

—La necesidad, cariño —contestó sentándose de nuevo—, la necesidad y muchos errores. Algunos de ellos todavía me siguen. Pero todo acaba, de eso me puedo dar cuenta… todo termina.

Sin decir más, abrió una de las botellas de agua y bebió hasta casi acabarla, saciando su sed y mirando con añoranza hacia el techo. Laysip se bebió la cerveza y aunque estaba sorprendida de que estuviera fría, quiso indagar un poco más.

—Sospecho que usted se encargaba del bar de Ponyville, ¿le atiné?

—No, no, yo trabajaba en la granja de mi familia. Imagino que a estas alturas la granja ya no existe, esos unicornios estafadores ya debieron dejar estériles esas tierras.

Y entonces Laysip supo con quién estaba hablando. Las caras de los gemelos Flim y Flam le llegaron a la mente de su reunión con Rarity.

—¿Usted es Granny Smith, de la granja Apple?

—Ja, así que la historia de mi fracaso todavía se escucha.

—¡Oye vieja, otra cerveza! —gritó un grifo desde la mesa, dejando sorprendida a Laysip con su voz rasposa, pero femenina —¿qué tanto me ves, enana?

Laysip desvió la mirada y todos comenzaron a reír, excepto Granny Smith, quien reprendió a la grifo.

—No espantes a mis clientes, Gilda.

Hubo una breve discusión entre Gilda y Granny Smith que Laysip aprovechó para poner un poco de atención, dándose cuenta de que una yegua naranja de melena rubia entraba a la cocina cargando cajas de cartón repletas de cerveza, detrás de él un robusto pony de color rojo entró con varios cartones de sidra que puso en el suelo.

Tan pronto como oyeron la discusión y una botella de vidrio quebrándose, la yegua fue corriendo hacia ellos, con un aspecto nada amigable. Las cosas se pusieron tensas cuando vio que Gilda sujetaba a Granny Smith por el cuello, alzándola del piso.

—Pon a mi abuela en el suelo antes de que te corte el gaznate, bestia —amenazó la yegua rubia.

—¿Por qué voy a seguir las órdenes de un sucio pony? —contestó la grifo.

—Porque es un "sucio pony" con el que quieres hacer negocios, Gilda —contestó el pony barbado con el que jugaba cartas.

Gilda soltó a Granny Smith y la yegua más joven fue rápido a ayudarla a levantarse. Laysip permanecía muda, temblando y tratando de no derramar su cerveza por los nervios.

—De verdad lo siento —habló la otra grifo, volviendo a sorprender a Laysip al notar su voz de chica, era casi una niña.

—¡Cierra el pico, Gabby! —la calló Gilda, tratando de calmarse.

—Lo siento mucho, Applejack —siguió diciendo el pony—, estábamos haciendo negocios, pero ya veo que los grifos son muy descorteses.

—Ponles una correa a tus monstruos, o puedes meterte tus negociosos por donde te quepan, Filthy Rich.

Applejack le susurró algo a Granny Smith y fue ella quien regresó a la cocina, quedando la rubia detrás de la barra y con una cara de pocos amigos. Seguido de eso, le pasó una botella de sidra a Laysip, sonriendo sin muchas ganas.

—Perdona el incidente, es una cortesía —dijo Applejack.

—G-gracias.

Hubo otro estropicio cuando Gilda vio esto, pues gritó con rabia y en sus ojos podía distinguirse su estado; estaba borracha y buscando problemas, decidió voltear la mesa donde estaba sentada.

—¡La enana consigue cerveza gratis y yo tengo que comprarla en 200 mil bits, esto es una estafa!

—Los grifos pagan doble, ¡no son bienvenidos aquí, mestizos de porquería! —contestó Applejack para luego soltar un escupitajo con tanta fuerza que le aterrizó en una de sus patas.

—Dile a tu abuelo que traiga la mercancía, fin de la historia, no quiero más problemas —finalizó Filthy Rich y entonces Gilda salió junto con su pequeña acompañante.

—Vámonos de aquí, Gabby, ya te podrás comer a una de estas mierdecillas en otra ocasión.

Tras aquella amenaza, el pequeño bar se quedó en silencio y Laysip no sabía dónde mirar. Hubo un resoplido por parte del pony, quien dejó un maletín y luego se fue junto con sus acompañantes apenas pasados 5 minutos. Applejack recogió el portafolio y tras ver que había una gran cantidad de dinero, sólo lo arrojó hacia la cocina en cuanto se posó en la mecedora que usaba su abuela.

—No parece que haya pagado el precio completo —se atrevió a comentar Laysip, relajándose tras probar la segunda cerveza. Applejack resopló y sonriendo con su comentario le respondió.

—No lo hizo, pero fuera de Crisa el dinero conserva su valor. Nosotros queremos irnos, esta ciudad ya no tiene nada para nosotros.

—Bueno, algunos todavía tienen algo de esperanza, ¿no vio a los manifestantes allá afuera, en la fuente?

Applejack alzó la ceja, para luego recargarse en la mecedora y quitarse el sombrero. En el brazo llevaba una funda de cuero que Laysip jamás había visto, junto con una venda, a la cual oprimió un pequeño botón para hacer que un filoso cuchillo de al menos 30 centímetros saliera; del estante sacó una piedra de afilar y procedió a pasarlo por la hoja.

—¿Manifestantes? Ja, acércate a mirarlos mejor, a ellos tampoco les queda nada.

Por el momento, la reportera no hizo caso mientras miraba la manzana en la botella de sidra. Las gotas resbalaban hasta la tabla reseca de la barra, contrastaba bastante con el aspecto seco y sombrío del bar.

—Perdona que no te ofrezca nada para comer —volvió a decir Applejack—, como dije, ya no tenemos mucho aquí. De hecho, queremos vender lo que queda de mercancía para irnos más ligeros, el pony estirado que se acaba de ir es el nuevo dueño del bar. No sé en qué clase de tugurio de mala muerte lo vaya a convertir, pero me da igual.

—No te preocupes, de hecho es una buena idea, tan sólo cuando entré por la estación de tren pude ver por qué los ciudadanos huían.

—Bueno, supe que muchos se quedaron en el camino, por eso mi familia y yo no queremos correr el mismo destino.

—¿Alguna idea de a dónde irán?

—Meh, quizá con nuestros primos hacia el oeste —Applejack levantó su cuchillo y lo miró con aspecto serio y algo amenazante—. Claro que es un riesgo enorme por esos cabrones búfalos. Pero estar aquí tampoco es mejor, incluso antes de la sequía, lugares como este eran el punto de encuentro para varias familias de la mafia. Cuando se empezó a agotar el agua y los precios subieron, muchos se fueron. Filthy Rich es uno de los pocos que tuvieron el valor de quedarse, quizá sabe algo.

—Algo como… ¿qué?

—Es un tipo con negocios que no abandona una ciudad en ruinas, por supuesto que algo trama; y ahora que no hay ley, ni siquiera se esfuerza en ocultarlo. Los grifos que viste no son los únicos, aunque un idiota llamado Iron Will se comportó incluso más tosco.

Applejack le mostró una enorme cicatriz que ocultaba en su brazo con la funda que lo rodeaba, seguido de eso, con el cuchillo señaló una cornamenta encima de la ventanilla que daba hacia la cocina, y luego se rio.

—Lo pagó muy caro, como podrás ver.

A este punto, Laysip no creyó que hubiera más cosas que la sorprendieran, pero no pudo evitar mirar con asombro dicho adorno en el establecimiento, esto le daba un aire incluso más horroroso no sólo al bar, sino a la ciudad en sí.

—Vaya que eres ruda.

—Bueno, ya era una fichita, esta ciudad termina por curtirte.

—Me doy cuenta, no muchos tienen el valor para quedarse en una sequía.

—Ya lo ves, este lugar era un sitio no tan horrible, pero quedarse sin agua nos redujo a todos a ser unos salvajes —dijo guardando su arma de vuelta y tomando una botella de sidra también—. Los robos aumentaron, las familias se iban, incluso los mafiosos se fueron, y a la corona parece no importarle un carajo lo que ocurre.

—Me recuerda un poco a Ponyville.

—¡Otro sitio al que no se debe ir! Pero al menos allá tienen agua. Lo primero que haré será sacar los traseros de Flim y Flam de mi granja.

—Espero que no la hayan dejado seca, como me dijo tu abuela hace rato.

—Eso no me importa, la tierra se trabaja y ese par son unos flojos estafadores —dijo tras tomarse media botella de dos tragos—, pero al menos allá se vive mejor, ya te lo digo.

—No puedo creer que con sólo dos meses de sequía la ciudad haya acabado en esto.

Applejack soltó una carcajada antes de terminar de beberse su sidra.

—¡Jajaja! ¿Tuviste la cabeza metida entre las nalgas? Llevamos así poco más de un año.

Laysip se quedó muda ante tal afirmación por parte de la rubia, quien seguía riendo hasta empapar sus pecosas mejillas con lágrimas de risa.

—¡¿Un año?! ¡Eso no puede ser!

—Te digo la verdad, ¿en serio creíste que este lugar se pondría así con menos de un mes? Diablos, claro que no.

Luego de la sidra que le dio Applejack hubo más, Laysip era buena bebedora e hizo gala de ello tras beberse ocho más porque estaban muy buenas, y aunque cada una sabía mejor que la anterior, decidió detenerse cuando Applejack vio en sus ojos el brillo de la embriaguez.

No obstante, tuvo un mal presentimiento, y quizá no se debía al alcohol, sino a caer en cuenta de una terrible verdad. Y pensando en esto, salió hacia las oscuras calles de la ciudad, donde para variar, había algunos ponys-taxis. Pero ella se acercó a la fuente, comprobando cosas que le hicieron ruido cuando llegó a la ciudad; guiada por la linterna que le regaló Applejack -porque ya no había alumbrado público- fue hacia la fuente, y el grito de horror que soltó pudo escucharse hasta el último callejón oscuro de una ciudad fantasma hundida en la miseria y la decadencia.

No eran ponys moribundos, y mucho menos eran manifestantes. Eran diez cadáveres de ponys, ya bastante resecos y carcomidos por el sol y las moscas que zumbaban al unísono por toda la fuente. Sus bocas descompuestas en una mueca de sufrimiento puro dejaban salir una lengua azulada que era devorada por gusanos y larvas, todo acompañado con un pestilente aroma a podredumbre. En las pancartas colgadas de los árboles muertos se leía "CRISA TIENE ESPERANZA".

Applejack la sujetó por el hombro y la hizo voltear, su aspecto serio lucía conmovido al mirar la cara de terror y asco de Laysip. En su pezuña llevaba la mochila con su cámara y se la entregó, para luego abrazarla y dejarla desahogarse en su hombro. Aunque no quiso aceptarlo, estaba ebria y su curiosidad la hizo salir sin su mochila con el equipo de reportera que llevaba a todos lados.

Lloró y lloró como nunca lo hizo.


Es una de las noches más espantosas que he pasado.

Más allá de que Applejack me entregara la cámara, lo hizo para que uno de esos ponys no me hiciera daño, como ya se había dado el caso con otra turista, como me contó.

"Salí para alcanzarte y acompañarte hasta la estación de tren, dejarte salir sola fue muy imprudente de mi parte", me dijo antes de subirnos a su carro jalado por su hermano mayor. Pude tranquilizarme en el camino, pero siento que las caras de esos ponys me seguirán toda la vida.

Era como cuando yo voy a Ponyville, sin miedo porque ya conozco los rumbos, pero esta ciudad pudo devorarme sin que me diera cuenta. Esta noche, quizá no sólo le debo a Applejack mi cámara, sino haber salvado mi cordura y quizás mi vida.

Ya subida en el tren y con los primeros rayos del amanecer a la vista, puedo sentirme tranquila de haber salido de ese lugar. Lo único que pude darle como pago fueron las botellas de agua que me dio Pinkie Pie. Es agradable sentirse a salvo, y eso que sólo estuve allá una noche, espero que Applejack y su familia puedan salir rápido de ese lugar.

Por mi parte, lo único que puedo pensar es en cocinar una sopa de verdura junto a Derpy, y quizá pedirle a Spitfire un tiempo libre a cuenta de mis vacaciones.


Y bien, con eso terminamos por esta ocasión. Como pueden ver, han sucedido muchas cosas en esta versión de Equestria y muchas de ellas son bastante trágicas.
Todavía quedan algunas cosas qué contar, así que me encantaría saber sus opiniones. Cuídense mucho, nos vemos la próxima.
—Slash.