Estoy de vuelta con otro capítulo de esta historia.


7. El oficio del reportero

Después de que Spitfire vio las fotos, no dudó en darme unos días de descanso. Mientras permanecía escuchando música y platicaba con Derpy, me hallaba unos momentos para revisar las notas que prepararía, porque si bien lo que vi no era fácil de procesar, tampoco dejaría de trabajar.

Pude conseguir los testimonios de Applejack y Pinkie Pie -aunque no revelé la parte de los huesos en la mina- y seguía debatiéndome entre qué cosas poner y qué no. Después de los cuerpos de Crisa tampoco dejaba de pensar en la bolsa plástica donde habían dejado a Fleetfoot. Me sentí como una gran idiota al saber que no estaba pensando, sino que estaba asustada.

¿Cuántas de estas cosas no se sabían ya? Y lo que era peor, ¿a cuántos no les importaba? Las hojas permanecían en blanco frente a mí, que no podía dejar de temblar, y eso me hizo llorar un poco. Decidí tomarme un descanso por ahora.


La lluvia caía en Cloudsdale, era un día frío típico del mes y mientras Laysip veía las gotas de agua cayendo en la ventana, no podía dejar de suspirar. Derpy jugaba con algunas fichas de dominó y volteó hacia ella, sintiéndose mal por escucharla tan abatida; la torre de fichas cayó en la mesa y la reportera volteó ante el sonido.

—Sabes que puedes no escribirlo, ¿verdad? —preguntó la pegaso gris.

—Lo sé, pero no me siento cómoda haciendo eso.

Un rayo atravesó el cielo y las nubes se hicieron oscuras, Laysip se apresuró a encender unas velas para no estar por completo a oscuras. En su mente recordaba las caras de aquellos ponys en la plaza de Crisa, se agolpaban junto con la voz de Rarity contándole de la muerte de Scootaloo y la siniestra laguna azul llena de huesos. Laysip tragó saliva, estaba asustada y nada funcionaba para ocultarlo. Caminó hacia la nevera y sacó una cerveza que dejó a la mitad en tres enormes tragos. Esto causó que Derpy chistara con enfado.

—¿Crees que emborrachándote solucionarás esto?

—Déjame en paz. Quiero dormir tranquila por una maldita noche.

—Siempre es lo mismo contigo —Derpy metía las fichas de regreso en su cajita—, primero vas detrás de noticias horrorosas y ahora resulta que no puedes dormir bien.

Laysip carraspeó mientras daba otro sorbo a su lata, tratando de ignorar lo que decía su compañera de casa.

—No lo entenderías, Derpy —contestó al final—. Las cosas son más complicadas de lo que piensas, ¿qué pasa si saco a la luz todo esto?

—Te da miedo terminar igual que Fleetfoot, ¿no?

Todo el remolino de ideas le pasó a Laysip por la cabeza en una vorágine horrenda que sólo veía en pesadillas, ahora con el recuerdo de la bolsa de basura donde habían dejado a su compañera algunos años atrás. De nuevo tomó asiento junto a la ventana, sin mirar nada más que las nubes grises de tormenta por toda la ciudad.

—No es sólo eso.

—¿"Sólo eso"?

Las dos pegasos se sentaron en el sofá de la sala, en la mesita estaban las fotos y el cuaderno de Laysip con un montón de notas y garabatos.

—Spitfire me dijo que mataron a Fleetfoot, ahora dime, ¿has escuchado que cambiaron las cosas?

Derpy movió la cabeza hacia el piso, acomodándose sus gafas oscuras.

—¿A qué te refieres con "cambiar"?

—Ya sabes, ¿oíste que alguien fuera encarcelado? ¿La Reina Celestia se pronunció al respecto? ¿Algún unicornio puso el grito en el cielo?

Se quedaron calladas por varios minutos, esta vez Laysip ya no disimuló su malestar y se frotó las sienes con mucho cansancio.

—Siento que murió en vano, arriesgó su vida en una investigación que nunca completó y acabaron con ella.

—Sé que no es un paraje muy alentador, pero como dije, estás en tu derecho de no seguir con esto —dijo Derpy con tristeza—. Te conozco, sé que para ti es importante darlo a conocer, aunque a veces te sientas triste por hacerlo.

—¿Triste?

—Deberías escucharte con más calma, porque suenas un poco pesimista, pero trato de no apagar tu ánimo, ¿no te has dado cuenta, Laysip? Estuviste a punto de tirar la toalla en muchas ocasiones porque reportear tragedias no te agrada.

—Je, creo que tengo un poco de masoquista, ¿eh?

—Herencia de tus padres, tal vez.

Las dos amigas rieron, el ánimo de Laysip pareció recuperarse un poco con aquella charla y cuando menos se dio cuenta, Derpy le quitó la cerveza de la pezuña para terminársela ella.

—Eres mi mejor amiga, me preocupo por ti —dijo Derpy—. Y si puedo ser de ayuda, creo que veo esto de un ángulo que no has pensado.

—¿En serio?

La pegaso asintió, limpiándose la boca y ladeando la cabeza, cosa que hacía antes de decir algo importante o que olvidó.

—Tal vez provoques un poco de ruido con la noticia de Crisa, pero ¿en qué sostendrías algo así? Una cosa es señalar el desinterés de la Reina y la Princesa, ¿y luego?

—¿A qué te refieres?

—¿De verdad arriesgarás tu vida por una noticia incompleta? Comparto la idea de que debemos poner en su lugar a esos riquillos en Canterlot, pero debes hacerlo bien, ¿cómo? No lo sé, pero si publicas cosas al azar, sólo te pondrás en evidencia. Si no quieres terminar como tu compañera, no hagas lo mismo que ella.

No hacer lo mismo que ella.

Por mucho que le pesara, Laysip supo que Derpy estaba en lo correcto, pero ¿cómo empezar? Fue por eso que en lugar de seguir con todo lo sucedido en Crisa, las anotaciones sobre el pueblo de Pinkie Pie, decidió ponerse a la tarea de evidenciar una cosa muy pequeña que quizá pasaría desapercibida: la plaga en Ponyville.

—¿Crees que eso funcione?

Laysip abrió otra lata de cerveza, nublando sus pensamientos tras aquella capa de confusión que gentilmente le brindaba el alcohol de su bebida, al grado de que ya empezaba a escribir palabras incompletas con letras incorrectas.

—No lo sabré si no lo intento —decía limpiándose la comisura de los labios y tragando con dificultad—. Perdona, ¿me puedes dejar sola? Necesito pensar en algo.

Derpy obedeció y mejor fue hacia la cocina para sacar las cosas de la cena para la noche. Por un largo rato, en la casa no se escuchó nada más que las cucharas, el cuchillo y la cacerola en la mesa; en tanto, la mente de la reportera vibraba con tantas cosas acumuladas que, si bien seguía temblando, ahora no le provocaban miedo, sino ira.

Su incertidumbre por las cosas que vio, lo que escuchó, lo que pensaba y experimentó, le provocaban una tremenda intriga. Un enojo iracundo que desquitaba al apretar las latas contra sus cascos para luego arrojarlas al bote de la cocina, sorteando a Derpy, quien seguía sin decir nada. Al mismo tiempo, la miraba con alegría por tenerla como su mejor amiga y confidente; cuando las dos estuvieron más a gusto, pusieron música y alegraron un poco su hogar.

Laysip estaba dormida para antes de las 11 y Derpy cayó rendida junto con ella en la cama.


—¿Que quieres qué? —preguntó Spitfire—. Olvídalo Page, no quiero otro muerto persiguiéndome. En especial otra de mis amigas.

La mirada de Spitfire se perdió por un momento en una foto de hace 5 años donde aparecían los miembros iniciales de su periódico; ahora sólo quedaba ella, con un equipo renovado aunque no muy bien capacitado.

Laysip se acercó al escritorio y le tomó el brazo, ya ni siquiera trataba de disimular su tristeza, por lo que la yegua amarilla recuperó la compostura y simplemente denegó con la cabeza.

—¿No crees que sería una buena forma de hacerle un homenaje? Ella estaba tan comprometida con su trabajo, que llegó a las últimas consecuencias. No pretendo que sea un mártir, pero sí que se reconozca su trabajo. Ya nadie recuerda su investigación.

—Laysip, por favor, no insistas.

Fue todo lo que Spitfire dijo antes de señalar la puerta y luego poner una carpeta sobre el escritorio. Ahí estaba la documentación de Laysip y las dos voltearon a mirarse con gesto sombrío. La anterior amenaza de despedirla no iba en broma, todo estaba preparado.

—No me obligues, por favor.

—Podemos hacer la difere…

—Mi forma de rendirle honor, es que nadie más acabe como ella —las palabras le resbalaban de los labios con mucho pesar y frustración—. Tú no la conociste, tenía mucho por vivir. No quiero que seas otra cifra, Laysip. No sé qué haría si algo te pasara también.

La reportera se conmovió por sus palabras, tanto que le fue necesario retirarse sus lentes para quitarles lo pañoso por las lágrimas. Ahora se sentía muy mal por no haberle contado lo que le dijo Applejack camino a la estación de tren.

—Muy bien, no lo haré.

—Gracias, en serio.

Las dos se abrazaron y luego de limpiarse las lágrimas, Laysip se fue de la oficina de Spitfire. Le costó un poco de trabajo voltear hacia atrás, y lo que vio sin duda dejó abatido su corazón. Spitfire abrazaba la foto de Fleetfoot contra su pecho. Y entonces ella se dio cuenta que detrás de su faceta neurótica y algo mandona, se escondía una gran tristeza por haber perdido no sólo a una empleada, sino a una gran amiga.

Cuando se sentó en su escritorio no pudo evitar sobarse la cabeza al sentir los estragos de la terrible resaca por la borrachera que se puso la noche anterior, al menos agradeció que su mejor amiga le diera un té de menta para que no le delatara el olor a alcohol, pero también tenía aspirinas en el escritorio. Sin embargo, al abrir el cajón se llevó una gran sorpresa. Había una carpeta con una etiqueta que decía: ARCHIVO: GALA (BLUEBLOOD)

Al voltear por la oficina se dio cuenta de que Soarin la observaba, y cuando conectaron la mirada le guiñó un ojo. Al abrir el folder pudo ver algunas fotos del Príncipe Blueblood, las cuales desprendió de un clip para darse cuenta de que tenía notas detrás de ellas; en las hojas venían los lugares de Canterlot que frecuentaba, los ponys con los que solía reunirse, las fiestas a las cuales asistía. Al final, venían 3 fotos.

La primera de ellas mostraba al Príncipe sosteniendo una daga en lo alto, por la hoja podía verse escurrir mucha sangre, y se le veía al lado de una especie de atrio rodeado de ponys con máscaras. La segunda era el Príncipe mirando fijamente la cámara. La tercera, sólo un montón de sombras inconexas. Esta última foto era la más inquietante.

Laysip se apresuró a guardar las fotos y la carpeta en su mochila, escondida en su propia carpeta con la investigación y los reportes de Crisa y Ponyville, sintiendo una extraña emoción subiendo por su pecho, aunque pensó que se trataba de más vómito por su borrachera de anoche. La mirada cómplice de Soarin le dio un poco de confianza, pero el dolor de cabeza no se calmó ni con sus pastillas.


Más allá de que Soarin me haya dado tal información, no puedo creer lo cerca que se quedó Fleetfoot de averiguar algo tan grande. Comenzaba a pensar que la información vaga que me dio Thorax no era sino una venganza contra sus esclavistas -y razón que hubiera tenido- pero esto me da otro panorama. Uno más aterrador.

Sin embargo, Derpy tiene razón, no puedo simplemente comenzar a agitar las aguas sin tener mucho más, y me doy cuenta de lo imprudente que fui al llevar toda mi investigación al trabajo, cosa que ya no haré; usé una parte de mis ahorros para comprar una caja fuerte, y si bien no tengo mucho dinero, creo que los documentos son algo muy valioso.

Spitfire tiene razón, no conocí a su amiga, pero juro que su muerte no será en vano ni quedará en el olvido. Porque quiera o no, compartíamos un lazo: somos reporteras. Éramos colegas, y estoy segura de que su trabajo era honorable. Canterlot no sabe lo que le espera.


Y con eso terminamos, que tengan un buen fin de semana.