Nuevamente, luego de una larga pausa, traje un nuevo capítulo.
11. El rompecabezas
El camino hacia la guarida de La Hechicera y de quien sea que me haya mandado el mensaje fue un poco incómodo, no tanto porque esta yegua no fuera para nada platicadora, sino porque me guio hasta un lugar a las afueras, entre las montañas y las llanuras; en algún momento incluso empuñé el cuchillo que me dio Yona para protegerme. Sin embargo, no puedo explicar cómo es que me sentía segura a su lado, no en el sentido de que fuera peligrosa, pero sí que estaba con una pony que sabía lo que hacía.
A lo lejos podía ver la ciudad de Canterlot, rodeada con aquellas murallas y custodiadas por la Guardia Real de Celestia. Una fortaleza donde vivían los ponys esclavistas, encubiertos por su estatus y su fama, enajenados en el poder y la depravación.
Totalmente distinto a donde terminamos llegando, pero estando cubiertas con la oscuridad, el silencio y el bochorno de aquella caverna, de algún modo sentí que al fin estaba a salvo, oculta de toda la maldad y el caos que reinaba afuera, que al fin podía descansar.
Al caminar un poco más dentro de la caverna, pudieron acceder por un falso muro de roca que se desvanecía al dar un paso adelante, unos metros más allá podían verse algunas velas encima de una mesa redonda. Al aproximarse, una yegua púrpura salió de entre las sombras cargando una tetera con la cual llenó tres tazas puestas en tres sitios diferentes de la mesa.
—Me alegro de que llegaran —dijo ella—. Sé que hace calor, pero les serví un poco de té, espero que le guste, señorita Page.
—Me sorprende que sepas mi nombre. Tomando en cuenta que eres un unicornio, seguramente tienes mucho poder, de otro modo, no me explico cómo sabes mi identidad.
La yegua le sonrió en medio de la oscuridad, y Laysip pudo ver un atisbo de alegría en su gesto. No se trataban de aquellas sonrisas cínicas que caracterizaban a los ponys engreídos de Canterlot, pero tampoco tenía aquella presunción propia de un sabelotodo.
—Pondré las cosas parejas para generar confianza. Yo soy Twilight Sparkle, alumna y asistente de la Reina Celestia. Mi compañera es Trixie Lulamoon, fue ella la que entregó el mensaje en tu casa.
Laysip se había quedado callada ante la presentación, y no se había dado cuenta de que su boca no tocaba el suelo porque era físicamente imposible. A lo que Trixie le pasó la pata por enfrente y luego volteó a ver a Twilight.
—Parece que no esperabas escuchar mi puesto, ¿eh? Lo siento, pero al decirlo, debes comprender que esto no es un juego. Hay mucho esfuerzo puesto en esta misión. Tanto nuestro, como de compañeras que ya no están con nosotras.
Al decir esto último, Twilight miró con melancolía las otras tres sillas vacías en la estancia, y hasta entonces Laysip pudo recuperar la tranquilidad.
—No esperaba que alguien tan… cercano a la Reina fuera quien me contactó para hablar de todo lo que sucede. En los libros que leo, todo esto resulta ser una trampa.
—¡Lo sé! Las historias de Rose Thorny son geniales, ¿a que sí?
Esto pareció romper el hielo entre las tres, a lo que sonrieron con un poco menos de preocupación.
—Debes perdonar a Twilight, siempre le ha gustado leer muchos libros.
—Vamos, cariño, sabes que tengo pocas ocasiones de hablar de eso.
—¿Cariño? —se preguntó Laysip.
Esto hizo sonrojar a las dos yeguas, quienes de inmediato tomaron asiento con una sonrisa un poco… aliviada de que alguien escuchara eso.
—No hace falta explicar nuestra relación, no es a eso a lo que vinimos —continuó diciendo ella—. Te mandé ese mensaje porque como lo expliqué, sé que sabes, y sientes, que algo no funciona bien en esto. En este mundo, en este… patético intento de realidad donde nada tiene sentido. Sé que tú, al igual que yo, despiertas cada mañana, asqueada del mundo donde vivimos, de cada aberración que vemos y escuchamos. De cada momento que sentimos que debió ser diferente.
Cada palabra salió de la boca de Twilight con un deje de tristeza y un poco de enojo, pero claro que Laysip la entendía. Lo sabía cada mañana que Derpy tropezaba al salir de la cama o de la regadera y debía ir a recogerla con algún nuevo raspón. En cada lágrima derramada por Spitfire al recordar el incidente de Fleetfoot. Al escuchar que Rarity debía prostituirse para medio mantenerse ella y su hermana.
—Es una forma de decirlo —dijo Laysip—. Pero como señalaste también, no podemos detenernos a mirar la vida pasar como si nada. Debemos movernos ya si queremos cambiar algo.
—Exactamente, ¿cómo piensas hacerlo? —preguntó Trixie—. Has estado metiendo la nariz en algunos asuntos que te llevan a callejones sin salida, ¿o me equivoco?
—Sé secretos que harán temblar no sólo a la Reina, sino a toda la alta alcurnia de Canterlot —dijo Laysip con seguridad—. El desinterés ya no es del agrado de ningún pony, y estoy segura que tampoco lo es de los Changelings. Yo no lo llamaría "callejones sin salida".
Las dos unicornios voltearon a verse, esta vez no muy seguras de oírla decir aquello.
—Laysip, sabemos que son callejones sin salida porque no has dado a conocer nada de lo que sabes —contestó Twilight—. Con la información que dices que tienes, derribarías a su Imperio, pero te falta algo.
—Es lo que piensas darme, ¿no?
Twilight sonrió, asintiendo de forma solemne, para luego sacar varias carpetas de debajo de su capa y ponerlas en la mesa.
—En estas carpetas tengo información que creo que te falta, y traje algunas más, porque es información que pienso darte si no la has investigado. Empecemos por la terrible sequía de Crisa, ¿te parece?
Twilight deslizó la carpeta hasta ella por encima de la mesa. Cuando abrió los documentos, vio que se trataban de un montón de facturas, fotografías y construcciones de un extraño recinto en lo que parecía ser el castillo, aunque desconocía en qué parte. La información que le compartió Twilight la dejó igual o más indignada que cuando recibió su mensaje días atrás. Cuando las dos yeguas terminaron de darse algunos besos discretos, su anfitriona continuó.
—El agua, ese recurso tan indispensable y que la Reina le quitó cruelmente a una zona alejada de Equestria. Esa agua tiene un fin, como podrás ver, y si bien confío en que tu intención es provocar una revolución instigando a los ponys a levantarse en contra de las injusticias, a menos que des estas pruebas, suenas como una loca de las conspiraciones.
—¿Hace cuánto que sabes de esto?
—Desde que lo empezaron a construir, de hecho, le entregué esta información a tu compañera Fleetfoot primero.
—Esto no puede ser, no venía nada de esto en su informe.
—No lo había porque es un secreto que no salió de aquí —dijo Trixie—. Ella quería revelarlo cuando supiéramos el fin que tendría esta cosa que Celestia llamó simplemente como "El pozo". Claro, lo nombró unos meses después de que asesinaron a Fleetfoot.
A Laysip no le tomó mucho tiempo atar los cabos cuando las oyó decir todo esto con tal seriedad.
—Entonces ustedes eran los contactos de Fleetfoot, ¡¿cómo es que dejaron que le pasara eso?!
—Fleetfoot estaba disfrazada cuando eso ocurrió, alguien vio que estaba tomando fotos y fue como supieron quién era. Nosotras no estábamos presentes, nos enteramos de su muerte cuando la pusieron en tu periódico. Tampoco la pasamos muy bien esos días.
—¿De qué hablas?
—¿Hola? ¿Cómplices de conspiración? —dijo sarcásticamente Trixie—. Tuvimos que escondernos varios días, no sabíamos qué tipo de información pudo haberles entregado a esos malditos. Pero bueno, cuando las aguas se calmaron y supimos que nadie del grupo murió, seguimos donde nos quedamos.
—Eso no me hace sentir más tranquila.
—Todos conocíamos los riesgos —dijo Twilight mirando la silla vacía al lado de Trixie—. Y aun así, Starlight Glimmer confió en quien no debía, y su noviecito Sunburst me la pagó muy caro.
—Zecora creyó que atacar Canterlot con lanzas y rocas era buena idea —dijo Trixie mirando la silla vacía al lado de Laysip—. Ahora Celestia, Luna y Cadence lucen unos bonitos abrigos rayados que nadie sabe que son de auténtica piel de cebra.
—Y por último, Fleetfoot cometió el error de tomar un montón de fotos en el momento menos oportuno. Nos quedamos sin fuerza, magia y voz en menos de un año. Sé que como periodista, te hierve la sangre por la ira, y por dar a conocer todo lo que sabes, pero debes mantener la boca cerrada. Tenemos mucha información con la cual podemos hundir a ese trío de malditas, pero ellas tienen todo el poder, y si se les da la gana, podemos dejar de existir en unos cuantos minutos. Así que te pregunto, ¿estás preparada para asumir esos riesgos, Laysip Page?
La reportera suspiró con pesadumbre mirando los tres asientos vacíos, pero tal como le dijo Derpy antes de salir de casa, ya no había vuelta atrás.
—Sí, lo acepto, lo que quiero saber es la razón de hacer sufrir a tantos ponys secando esa ciudad, no tiene sentido.
Esta vez fue Twilight quien suspiró con cierto cansancio antes de hablar.
—Ha hablado conmigo acerca de esto muchas veces. Al igual que los Changelings, muchos ponys son "impuros" para ella. No hace falta que lo diga, son los unicornios los únicos dignos de vivir en Equestria. Los demás, como tú, son un estorbo en su sociedad perfecta. Logró controlar el agua, y entonces lo controló todo.
—Y tampoco creas que todos los unicornios son dignos, sólo aquellos que no son una "mancha". Discapacitados, pobres, aquellos que se relacionan con ponys que no son de los suyos, son igualmente escoria —dijo Trixie—. Incluso aquellos que siendo machos se enamoran de otro macho. O de otras hembras, si es el caso.
Hubo un momento de silencio en el que Laysip trató de hacer memoria, y entonces recordó la muerte de Scootaloo, que llegó a sus oídos por la boca de Rarity. Entonces hizo conjeturas ante el desinterés.
—Quieren decir… ¿las plagas que azotan algunos pueblos de Equestria…?
—Control de población —dijo Twilight—. Estuviste muy concentrada en tu investigación, ¿no? Los que viven en las calles están siendo los primeros en caer, y los impuestos están aumentando para…
—Para que haya más ponys en las calles a merced de esos bichos —continuó Laysip, obteniendo un asentimiento por parte de Twilight.
—Míralo como una purga —dijo Trixie— quien sea capaz de pagar ese dinero, porque sabemos que irá subiendo poco a poco, será digno de vivir en su sociedad perfecta. Por muy estúpido o descabellado que te suene. Ellas ya no piensan claro hace mucho.
—Entonces, ¿la aniquilación de las cebras y la esclavitud de los Changelings? ¿Qué hay con eso? ¿Por qué desaparecer o esclavizar a otras criaturas?
Entonces Twilight le pasó una nueva carpeta, para entonces, Laysip ya había guardado la otra en su alforja.
—Te haré un resumen de eso, no es problema, la información completa la hallarás ahí. Exterminar o esclavizar, fueron las medidas que tomaron ante criaturas potencialmente más poderosas que los Ponys. Saquearon todo lo que tenían, y luego los apuñalaron por la espalda.
—No a todos —dijo Laysip—. Tengo una propuesta para una de estas sillas, si me lo permites, claro.
—¿A quién? —preguntó Trixie.
—Sólo digamos que no todos los fuertes fueron extintos, no todavía. Ahora tenemos voz y fuerza, pueden confiar en mí.
Las dos sonrieron, y con total confianza Twilight le pasó todas las demás carpetas, dándole su total confianza a la reportera.
—¿Sabes, Laysip? A veces tengo sueños con un grupo de ponys desconocidos, tengo vagos recuerdos de sus voces. Vamos a picnics, hacemos fiestas y pijamadas. Pero no los conozco, sin embargo, creo que tú eres una de ellas.
—Ojalá las circunstancias fueran diferentes.
—Cuando acabemos, podremos hacer todo eso —dijo Trixie, sujetando la pezuña de Twilight—. Un mundo donde todas seamos libres, donde todo salga bien, Twi.
—Sí, yo también lo creo.
Me quedé dormida a medio trayecto de regreso en el tren, sin embargo, no fueron ninguno de esos sueños. No había pijamadas, ni fiestas, ni picnics, sólo un enorme páramo negro que me hacía temblar. Pero en medio de eso, estaban Twilight y Trixie, disfrutando de una relación poco común, pero bonita.
Fue reconfortante, así como ver a Derpy volando por el cielo, junto con Spitfire y Rainbow Dash. Y luego desperté, asediada por el estrépito del tren y las chispas de los rieles encegueciéndome. Un golpe me levantó de mi asiento cuando tuve la certeza de que el tren se estaba descarrilando, y una explosión en el vagón contiguo rompió los cristales.
No recuerdo lo último que vi cuando salí volando por la ventana. Tengo vagos recuerdos de los cristales incrustándose en mi cuerpo, el dolor al aterrizar en la tierra, el sabor metálico de la sangre. Y una melena rosada llevándome a cuestas al interior del bosque.
"No dejaré que te lleven", me dijo. "Ángel y yo te cuidaremos."
Y con eso terminamos, el camino se vuelve más oscuro para la periodista. Nos vemos a la próxima.
