17. El latido

Por un momento me costó entender lo que estábamos viendo, pero luego caí en cuenta de que ni siquiera esto podía ser obra de Celestia o Luna. Sé que suena descabellado, incluso imposible sabiendo que ellas tienen el poder de traer el sol y la luna a nosotros, pero ¿el cielo? Incluso después de las cosas que vi, de todo lo que sabía…

¿Estábamos condenadas? Tal vez, al menos yo lo estaba desde que empecé este proyecto hace meses con esa entrevista a Rainbow Dash.

Tal vez todo terminaba aquí, era lo que deseaba, porque de ser el comienzo, entonces lo que vendría después sin duda sería una completa agonía. Y mirando a todas estas yeguas, de algún modo, sabía que estábamos metidas juntas en todo esto, en esta red de sucesos horrorosos.

—¿Cómo pueden hacer esto? —se preguntó Soarin sujetándose el cabello, siendo presa de un ataque de pánico que pronto le erizó cada cabello del cuerpo.

—Ellas no lo están haciendo —apresuró a responder Laysip, recibiendo una mirada incrédula por parte de todos—. Sé que es difícil de creer, pero tengo la sensación de que esto no fue causado por la Reina y las Princesas.

—¡Despierta, mira esto! —le gritó Rainbow Dash—. Estamos hablando de las mismas ponys que controlan el día y la noche, ¡¿crees que no pueden controlar el cielo?!

—Eso ya lo hacen los pegasos, ¿no?

Esto terminó por enfadar a la yegua de color azul, quien la sujetó con ambos cascos por el cuello y la levantó algunos centímetros por unos pocos segundos. Sus ojos denotaban ira, y su mandíbula se apretaba con una fuerza descomunal.

—¿Por qué esto te parece lo más normal? ¡El maldito cielo acaba de partirse en pedazos!

—¿Tienes algo qué perder? ¿Algo que les falte por quitarles? —preguntó dirigiéndose a ella, y luego a las demás—. Como yo lo veo, esto no es más que otra cosa que Equestria guardaba para nosotros. No sabemos ni siquiera cómo el Bosque Everfree puede mantenerse a sí mismo… esto ya no me parece nada.

Y luego de decir eso, sacó nuevamente su frasco de pastillas y se echó un par a la boca bajo la atenta mirada de Trixie, quien le arrebató el frasco dándose cuenta de que eran calmantes bastante fuertes.

—¿Cuántas de estas cosas te estás tomando?

Laysip se encogió de hombros, sin darle más importancia.

—Mierda, no puedo creer que Twilight y yo hayamos confiado en una maldita drogadicta.

En ese momento Laysip sintió las miradas de todas ellas en los hombros, de algún modo le causaba pesadumbre, pero desde su punto de vista, era muy poco lo que ellas sabían.

—Son sólo pastillas, puedo dejarlas cuando quiera. Ahora debemos concentrarnos en lo que de verdad importa, ¿cuándo se supone que actuarán los yaks?

Aunque todas seguían sorprendidas por la observación de Trixie dejaron de prestarle atención cuando Laysip mencionó a una de las tantas razas que estaban extintas. Trixie suspiró con cansancio.

—Yona ya debió entrar al castillo, si todo salió bien, Twilight se comunicará conmigo cuando tengan de rehenes a Celestia y Luna.

Todas las yeguas voltearon a mirarse, esta vez con más emoción en los ojos, que Laysip sonrió por un breve momento. Sin embargo, poco tiempo le duró el gusto cuando una nueva carta cayó al frente de todos ellos, un sobre con una pequeña estampa de una estrella.

Cuando el cielo se partió en pedazos y el terremoto derribó parte de la mina donde estaban trabajando, Pinkie Pie trató de correr a su oficina para poder comunicarse con sus aliadas en todo esto, pero el extraño sentido de responsabilidad que tenía la hizo correr hacia el túnel donde estaba aquella laguna de huesos.

—No puede entrar ahí, jefa —le detuvo uno de sus empleados—. Todo está derrumbándose, es muy peligroso entrar, nosotros apenas pudimos salir.

Pinkie Pie lo observó por un momento; su rostro sangrado y su cuerpo cubierto de polvo le decía lo terrible que fue el suceso estando dentro de la mina, pero la luminiscencia que al parecer ninguno notaba por estarse curando las heridas estaba alertándola de un peligro inminente.

—Dile a Maud que, si no vuelvo en media hora, pueden cerrar esta parte de la mina, ¿está bien?

El empleado no daba crédito a lo que ella acababa de decir, pero no la detuvo cuando puso en marcha el elevador y se dirigió hacia abajo. Conforme descendía hacia la oscuridad, la frente le empezaba a sudar y su boca empezaba a sentirse reseca. Fueron unos minutos muy largos descendiendo cuando la luz azul de la laguna empezó a alumbrar su descenso.

Al llegar se dio cuenta de que salía mucho vapor del agua, y cuando miró con más detenimiento, se percató de que el agua se agitaba y hervía con tal temperatura que los huesos empezaban a reventarse ahí adentro. Aunque trataba de mirar algo en medio de toda esa nauseabunda sopa de cadáveres, notó de que el agua empezaba a reducirse…

—Esto no puede ser posible —se dijo en un susurro.

Cuando se retiraba, aliviada de que las cosas pintaban para que saliera antes de la mina, echó un vistazo alrededor para asegurarse de que no quedara nadie dentro. Exploraba trotando a paso veloz cuando pudo escucharlos. Las voces.

Ya viene… Ya viene… Por las grietas…

Pinkie Pie volteó a mirar de nuevo hacia el agua, dándose cuenta de que ahora cambiaba su coloración de azul a verde, y luego a púrpura, amarilla y naranja. Ahora los movimientos y el sonido parecían más como un latido, como si aquello estuviera vivo. No advirtió de que una grieta se abrió detrás de ella hasta que pudo oír su propia voz.

Dale, dale, dale, no pierdas el tino porque si lo pierdes, pierdes el camino.

Cuando volteó a mirar la grieta, pudo verse a ella misma en medio de la luz que provenía de ahí, cantando y en una especie de competencia con uno de los doctores que ayudó en la explosión cuando descubrieron esa parte de la mina. Pero los dos tenían el cabello rizado y alborotado, y parecía un lugar muy diferente al que se encontraba ahora, ni siquiera alcanzaba a reconocerlo.

Entra… y vive lo que quieres vivir.

Ya viene… ya viene… ya vive…

Y entonces Pinkie Pie entró en razón. Echando a correr sin mirar hacia atrás o hacia la grieta, puso en marcha el elevador y subió. Por el breve segundo antes de dejar atrás la mina, pudo ver que muchas grietas más empezaban a abrirse, y muchas voces empezaban a llamarla. Cada vez más, con más fuerza, y con cosas que jamás había dicho. Podía sentirlo en su cabeza, clavándose en ella hasta provocarle un sangrado en el oído. Ni siquiera cayó en cuenta de que ella misma se hirió para dejar de escucharlas.

Cuando salió de la mina y por fin estuvo todo en silencio, corrió con toda la fuerza que tuvo antes de que todo el lugar colapsara con una explosión proveniente de la laguna que la lanzó por el aire, haciendo que se estrellara en el suelo y se rompiera un brazo. Rápidamente corrieron a auxiliarla, y en una completa ironía, aquel pony médico que vio en la grieta fue quien la ayudó a levantarse antes de que se echara a correr con dirección a su oficina, dejándolos estupefactos a todos.

Antes de que pudiera entrar para escribirle a Trixie, una segunda explosión hizo explotar la montaña donde estaba la mina, haciendo que un tornado de luz azul subiera hasta las grietas del cielo, rompiéndolo todavía más.

El Castillo tembló cuando los Yaks hicieron acto de presencia adentro. Los Guardias de Celestia rápidamente tomaron la ofensiva, pero si bien los ponys superaban en número a los yaks, éstos eran sumamente agresivos, fuertes y brutales. Hubo un estruendo cuando ingresaron al salón del trono, poniendo en alerta a Celestia y Luna que miraban con repudio cómo aquellas criaturas entraban.

—Su fin ha llegado, ponys —fue lo que anunció Yona al entrar, cargando el cuerpo de un pony que estaba medio aplastado—. Tomar venganza por lo que les hicieron a yaks.

—Criaturas repulsivas —espetó Celestia con asco—. No sé cómo lograron sobrevivir, pero los mataré a todos y cada uno.

—No tener escape —Yona alzó su espada, retadora hacia ella— ¡Atacar, ahora!

Todos corrieron juntos en estampida hacia ellas dos, pero Celestia fue la única que se quedó peleando, pues Luna rápidamente desapareció en un destello mágico. Celestia se centraba en esquivar los ataques del ejército que la amenazaba; no tardaron en acompañarla algunos soldados para que ella pudiera ir directo a por quien parecía ser la alborotadora.

—Me sorprende lo joven que eres, estuviste cuando los erradiqué, ¿verdad?

—Traje su ira conmigo, tú irás al infierno.

Se quedaron forcejeando por un minuto, el cuerno de Celestia brillaba con intensidad, aunque sus patas delanteras poco a poco estaban cediendo ante las monstruosas fuerzas de Yona. No le quedó otra opción que usar uno de sus destellos solares en la cara de Yona para poder enceguecerla por un breve minuto, el cual aprovechó para lanzar un rayo mágico con tanta intensidad que le alcanzó a volar un cuerno y una capa muy gruesa de su pelaje; queriendo acertar un golpe más fuerte, se apareció al lado suyo, pero no fue lo suficientemente ágil para esquivar la estocada de Yona.

No fue un golpe fatal, pero el dorso de la espada fue tan fuerte que logró romperla en su cara, dejando a Celestia al borde del noqueo y con una vista cuádruple que la mareaba. Cuando Yona vio esto, rápidamente tomó ventaja y con el cuerno que le quedaba logró atravesarla por debajo de su brazo izquierdo, sacándole un alarido de dolor puro y una gran cantidad de sangre.

Aquella imagen dejó furiosa y algo traumada a Celestia, quien veía cómo su sangre resbalaba por la cara y la cabeza de Yona, que se apresuraba a darle un golpe más. Usando su magia, la Reina logró atraer lo que restaba de la espada de Yona para usarla como arma provisional. Una vez más, y sin ser demasiado rápida, fue empalada por Yona una segunda vez, estaba vez por su estómago.

Y mientras la joven guerrera la alzaba por encima de su cabeza, Celestia le clavó la mitad de la espada en el lomo. Fue un completo baño de sangre que todos sus aliados miraban con desdén. Llegó el turno de Yona, y cargó con toda su fuerza hacia el balcón del salón. Celestia estaba al borde del colapso, ni siquiera pudo tomar la ofensiva cuando Yona la estrelló contra el concreto de los barandales, fracturándole un ala y dejándola caer a la vista de todos los ponys que se reunían afuera, protestando sin saber lo que ocurría.

Cuando Celestia cayó desfallecida en el jardín del Palacio, todos se quedaron callados, mirando el cuerpo de su Reina. Seguido de esto, una explosión resonó en la torre oeste del castillo, sacando entre el humo a la Princesa Luna, quien se encontraba en shock debido a lo sucedido. Le tomó pocos segundos ver a Twilight flotando desde adentro de los escombros.

—¡Twilight Sparkle! ¡¿Cómo te atreves?!

—Siempre es quien menos esperas, ¿eh?

Un segundo rayo impactó en la pata trasera de Luna, volándola en pedazos, pero no fue una herida limpia, pues el hueso y la carne estaban expuestos. Se disponía a huir cuando Twilight le aterrizó encima, sacándole un grito de dolor que aterrorizó a toda la multitud. Spike bajó de su espalda y fue corriendo hacia el portón.

—¡Nosotras te dimos todo!

—Sí, mientras le quitaban todo a los demás —dijo Twilight en tono amenazante—. Ninguno de nosotros las puso a cargo, están ahí porque sus padres lo estuvieron, y sus abuelos antes de eso. Pero ya no, nunca más.

—Cuando Cadence y Celestia sepan de esto…

Twilight hizo flotar el cuerpo de Celestia y lo dejó caer encima de ella, sacándole un nuevo grito por el espanto.

—No queda lo suficiente de Cadence para que la veas, además ¿por qué gritas? ¿No les gustaban las masacres?

—¿Lo hago ahora? —preguntó Spike.

—Que entren.

Spike tomó una de las espadas que estaban clavadas en uno de los guardias tirados en el suelo. Al momento de cortar las cuerdas, el portón se abrió de par en par y entonces todos los ponys aglomerados pudieron pasar, corriendo directo hacia Celestia y Luna.

—¡No las dejen escapar! —gritó Twilight— ¡Ellas nos quitaron la libertad! ¡Nos arrebataron la esperanza! ¡Mataron a cientos de inocentes por pura diversión! ¡MÁTENLAS!

El terror se vio reflejado en la mirada de Luna cuando vio a la turba enardecida corriendo hacia ellas. Con la magia que les quedaba se transportó lejos de ellos, pero el destello que hubo entre los escombros rápidamente le hizo saber a Twilight dónde estaban escondiéndose. Sin embargo, antes de que pudieran proceder, Spike se acercó a ella para entregarle una carta ya escrita. Los dos se sonrieron, y Twilight la firmó poniendo su estampa en ella, luego Spike la mandó con su aliento de fuego.

Los ponys estaban tan concentrados en encontrarlas, que el cielo partido en pedazos había pasado a segundo plano para iniciar la persecución. Los Yaks estaban diezmando a las fuerzas militares que quedaban, y los guardias que se pasaron al otro bando cuando leyeron el periódico de Laysip estaban guiando la búsqueda por el castillo. Antes de entrar y perseguirlas también, Twilight miró hacia el cielo, siendo llamada por aquellas luces brotando desde adentro; su naturaleza curiosa e investigativa la guiaba, pero ahora tenía cosas qué hacer.

El sobre contenía una sola línea escrita: ESTÁN VENCIDAS. Y cuando Trixie leyó aquellas palabras, todas dejaron salir un grito de júbilo hacia el cielo, ni siquiera podían creerlo, hasta Laysip dejó su tristeza por un momento para abrazar a Rarity y Fluttershy, hasta que Big Mac hizo una pregunta.

—Espera, ¿cómo sabemos que no es una trampa?

Trixie pareció hasta ofendida cuando escuchó esto, pero no dudó en responderle.

—Sólo Twilight puede comunicarse así conmigo —dijo aguantando su enojo—. Confío en ella, sé que…

—Todavía pudieron volverla una rehén, ¿no?

—¿Es posible? —preguntó Laysip.

—No, no lo es.

Inició una breve discusión con los ponys presentes, hasta que Soarin tuvo que apartar a Applejack de Rarity porque la primera estaba igual de desconfiada que su hermano; en medio del forcejeo, hirieron a Fluttershy, y Rainbow Dash se metió a la discusión para defenderla también. No obstante, la pelea estaba escalando poco a poco hasta que un nuevo destello iluminó el cielo, transformándolo de nuevo en algo digno de una pesadilla.

Un inmenso rayo azul proveniente de algún lugar se alzó hasta el cielo, llenándolo con más grietas que perdieron su color de blanca luz, hasta transformarse en un paraje oscuro con líneas rojas y violetas. Y comenzó a moverse, a provocar pequeños movimientos que asemejaban a un latido.

Pum-pum… pum-pum… pum-pum…

—Creo que no necesitamos más pruebas —dijo finalmente Big Macintosh—. Si ellas fueron derrotadas, ¿qué significa esto?

Las hojas de los árboles se mecían al compás de aquellos siniestros tambores que provenían de las alturas. La riña se había detenido, pero no por eso dejarían las cosas así.

—Quiero verlo —dijo Rarity—. Si tu novia logró derrotar a Celestia y Luna, quiero verlo con mis propios ojos.

—También yo —secundó Fluttershy.

—Y yo —dijeron Rainbow y Laysip al mismo tiempo.

—Sí, creo que eso sería lo mejor, ¿no lo creen?

Trixie las miró a todas por unos pocos segundos antes de sentirse resignada. Les pidió que se acercaran a ella como hace unas horas en Cloudsdale para poder transportarlas a todas al castillo de Canterlot. Por mucho que Laysip insistió con la mirada, Soarin denegó para poder quedarse a cuidar a Derpy, y Macintosh simplemente no quiso acompañarlas.

—Volveré pronto —dijo Laysip, dándole un beso en la mejilla a Derpy, junto con un fuerte abrazo.

—Más te vale —le dijo su amiga.

Los dos pegasos se quedaron viendo cómo el montón de yeguas desapareció en medio del bosque acompañadas de un destello rojizo y una nube de humo. Aunque quiso mantener su sonrisa, Derpy poco a poco dejó salir lágrimas de tristeza que Soarin limpió con amabilidad. Los dos estaban preocupados, pero no restaba más que esperar.

Aparecieron en un destello casi al frente de Twilight, en medio de todo el disturbio donde muchos ponys ya habían empezado a incendiar parte del castillo y algunos más salían con cosas valiosas en sus cascos y otros más incluso con carretas cargadas con muchos valores de la propiedad de la Reina y las Princesas. Trixie y Twilight no tardaron en correr a abrazarse y darse un rápido beso en los labios.

—¿Es cierto lo que pusiste aquí? —preguntaba Trixie agitando el papelito frente a ella y Spike.

—Cada palabra —dijo con seguridad—. Están heridas, y huyen para esconderse dentro del castillo. A los ponys no les interesa matarlas, pero a mí sí, y sé dónde están.

—Ah, esas malditas tienen muchas cosas qué explicarnos… y lo pagarán caro—dijo Applejack desenfundando su cuchillo.

Todas ellas corrieron hacia el castillo, precisamente a donde estaban escondidas. Saboreando cada segundo de incertidumbre mientras llegaban a ellas; Laysip incluso sentía el sudor saliendo de cada poro de su cuerpo, e incluso con gafas, podía sentir su vista borrosa. La Princesa Luna se estaba curando el muñón de su herida cuando llegaron, cauterizando la herida con ayuda de un rayo solar de Celestia a poca capacidad.

—Cómo cuesta deshacerse de la basura —dijo Twilight entrando a aquel salón en compañía de todas las demás.

—A nosotras no nos costará trabajo —volvió a decir Celestia, lanzando uno de sus mortales rayos que Twilight desvió hacia uno de los pilares sin mucho trabajo.

—Ustedes serán un ejemplo de los que tanto hablan —le contestó Twilight—. Todos los inocentes que murieron por su culpa, a las inocentes razas que esclavizaron o directamente masacraron… ¿para qué? ¿Sólo para aumentar su ego?

Interrumpiendo el sermón de Twilight, Luna comenzó a reírse entre dientes con los ojos cerrados, como si disfrutara o le hiciera gracia escuchar todo aquello. Ninguna veía el rayo diminuto de luz proveniente debajo de la puerta detrás de ella que poco a poco comenzaba a envolverla. La luz del fuego en el castillo empezaba a ser demasiada.

—No lo entiendes —dijo con voz gutural— nunca has entendido. Esto no fue por nosotras… era para él.

Un rayo proveniente de su cuerno abrió la puerta y reveló una habitación que a primer minuto parecía vacía, pero vieron cómo la luz que envolvía a Luna poco a poco reveló una silueta. Una figura que era muy familiar para Fluttershy.

Un rayo impactó la torre del castillo, destruyéndola por completo, y un vendaval rápidamente barrió toda la zona del disturbio, provocando que todos salieran huyendo, incluidos los Yaks y los Changelings que ahora eran libres. La energía del rayo impactaba una y otra vez en el cuerpo de aquel ser que era una mezcla de varias razas. Ese ser de sus sueños.

En medio de aquella imagen, a pesar de los cambios de luz y los rayos impactando a la criatura, Fluttershy podía escuchar los sollozos que provenían de su boca. Las lágrimas saliendo por sus ojos cubiertos de rayos, la innegable expresión de sufrimiento en su cara. Aquella agonía que parecía cargar eones de horror y melancolía…

—El Espíritu del Caos… rogando por la muerte —dijo Celestia cubriéndose de aquella energía también—. Ni siquiera Chrysalis o Tirek cayeron tan bajo jajaja.

Aquella imagen rompió el corazón de Fluttershy. Aquel ser milenario de sus sueños… aquella hermosa criatura que era una mezcla de muchos animales que amaba, no era sino un prisionero. La tristeza que machacó su corazón fue poca al sentir la rabia y la ira dominando su mente. Aquellas malvadas yeguas debían morir.