Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 2

Volver a la normalidad

¿Cómo lograré volver a la normalidad? Era la pregunta que rondaba mis pensamientos.

¿Cómo se logra? Cuando tu vida hasta hace semanas era en torno a dos personas. Necesito la fórmula para no extrañar, sobre todo, para que no duela.

Nunca podré volver a la normalidad porque simplemente no existía normalidad sin ellos conmigo. De ahora en adelante habia que construir un nuevo camino, un futuro distinto al que planeé con Bells.

Sin mucho ánimo caminé entre cajas de mudanza.

Después de dejar a mi pequeño hijo al cuidado de su madre había vuelto al apartamento, lo primero que hice fue limpieza para despejar mi mente.

Al acomodar las sábanas miré el patito amarillo y sonreí al tenerlo en mis manos.

Eric había estado durmiendo conmigo en la misma habitación y aunque, en los dos primeros días lloró por no tener a Bells, me las arreglé para que lograra acostumbrarse el resto de los días.

No fue complicado. Él estaba más acostumbrado a mí que a su madre.

Para nadie era un secreto que desde el nacimiento de Eric, fui yo quien se hizo cargo en su totalidad de él y no era queja.

Dudas surgieron en mi cabeza: ¿cómo estará ahora? ¿ya habrá cenado? ¿estará usando su pijama favorita? ¿estará durmiendo?

Tentado en llamar a Bells miré el celular.

— No Edward —articulé— no puedes estar llamando todo el tiempo.

Estaba usando de pretexto a mi hijo para hablar con ella. Para escuchar su voz —negué con la cabeza—, no precisamente. Me dije.

Realmente quería saber de Eric y escuchar su suave voz llamarme papi. Seguramente tenía miles de dudas al no verme con ellos en casa.

Resistí a llamar. En su lugar descargué varias aplicaciones de juegos y me entretuve jugando con Candy Crush.

Tumbado sobre la cama desistí de jugar y empecé a ver cada imagen de mi galería, en cada foto estaba Eric y Bells. Tenía un álbum dedicado al embarazo y nacimiento. También tenía otros donde solo éramos nosotros: Bells y yo.

Solté un suspiro. Pasé ambas manos por mi pelo y al escuchar el celular mi corazón dio un vuelco que rápidamente fue opacado al ver el nombre de Jake en la pantalla.

.

Jacob me ofreció un vaso de whisky después de que bebí la tercera Heineken de la noche. Agradecí su intención de sacarme del apartamento, pero sinceramente no tenía ánimo para estar en un bar y menos para estar fingiendo que estoy superando el divorcio.

Exhalé.

La música retumbaba en mis oídos provocando un terrible dolor de cabeza.

— Edward —habló tan alto como pudo— no puedes castigarte de esta manera, te estás convirtiendo en un aburrido de mierda con solo treinta años.

Hice una mueca mientras observaba la botella de cerveza.

La última vez que salí de fiesta fue cuando cumplí treinta, hace unos meses. Quizá fue en ese momento cuando todo ocurrió y mi relación con Bells se vino abajo o tal vez no. Nuestra ruptura empezó mucho antes y nuestras constantes discusiones eran la maldita alerta roja.

— Claire —escuché que dijo Jacob— acompañanos.

La chica nos saludó con una alegre sonrisa en sus labios rojos antes de sentarse al lado mío.

— Creo que me voy —me incorporé. No tenía ninguna intención de quedarme y menos de pasar tiempo con nadie.

— Igual yo —dijo Sam poniéndose de pie y dejando una palmada en mi hombro.

Nos conocimos en la universidad y desde ahí surgió nuestra amistad. Ellos estaban enterados de mi vida en absoluto, ahora eran quienes estaban soportando el mal genio que traía.

Jacob era el eterno soltero y Sam estaba recién casado, que irónico que yo fuera el recién divorciado.

Al salir del ruidoso lugar caminamos hacia el estacionamiento mientras ambos fumábamos un cigarro.

Era un feo hábito que acababa de tomar.

— ¿Cómo está pollito? —Sam preguntó.

Él cariñosamente le llamaba así y todo porque Bells lo vistió de ese color desde el primer día que nació. Mi hijo estuvo usando ropa amarilla por casi un mes, nunca quisimos saber su sexo, así que, optamos por elegir colores neutrales, hasta que nos dimos cuenta que en realidad solo habíamos elegido de color amarillo.

Sonreí con pesar ante los recuerdos.

— Es muy pequeño para entender —exhalé, dando una calada al cigarro— supongo que cuando pasen los días se acostumbrará.

— Si un día necesitas de nuestra ayuda sabes que puedes contar con Leah y conmigo —ofreció—. Cualquier cosa.

— Gracias. Por lo pronto, estoy bien. Tuve que tomar mis vacaciones antes de tiempo para cuidarlo ahora que Bells estuvo fuera de la ciudad.

— No era necesario que tomaras tus vacaciones —expresó— Leah hubiera podido cuidar de él. A decir verdad no era siquiera necesario que tú lo cuidaras cuando le correspondía a ella. Eso dictaminó el juez ¿no?

— ¡Es mi hijo! No iba a permitir que anduviera rodando de un lado a otro para que lo cuidaran cuando lo puedo hacer yo.

— Entiendo. Pero le estás quitando responsabilidad y no debe ser así. Bella debe hacerse cargo del niño cuando le corresponde y no tú. Ella verá cómo resolver sus asuntos sin tu ayuda.

Resoplé molesto. Me empezaba a incomodar que opinaran sobre mi vida, no pasaba por el mejor momento y que todo mundo opinara era frustrante para mí.

Mis padres y mi hermana eran justamente igual a todos. Dar opiniones sin darse cuenta lo que me dolía.

Es que… vamos. No necesitaba de consejos, tan solo quería tener un poco de paz, ¿por qué era tan difícil de entender?

— Edward —dijo Jacob caminando hacia nosotros con la chica a su lado—. Claire necesita un ride a su casa, le dije que tú vives por ese rumbo.

Jacob me dio una ancha sonrisa burlona. Sabía su estúpido juego y me las pagaría.

Mi celular sonó y miré la imagen de Bells en la pantalla. Era medianoche y automáticamente me puse de nervios.

Alarmado respondí.

— Bells, ¿qué sucede?

Escuché el llanto estrangulado de mi hijo. Mi corazón palpitó con más fuerza y mis nervios afloraron.

Edward —murmuró agitada— Eric tiene fiebre y no he logrado bajarla, no para de llorar. Por favor, ven.

— Iré inmediatamente —prometí, finalizando la llamada y miré los tres pares de ojos que me observaban—. Tengo que irme —les dije.

— Hermano, quedaste en llevar a Claire a su casa —Jacob mencionó dejando una palmada en mi espalda.

— Lo siento, mi hijo y mi… —mordí la punta de mi lengua para no decir mujer— me necesitan.

Cuadré mis hombros y continué mi camino hacia el auto.

Volvería a mi casa... con ellos.


Acabo de dejar una nota en el primer capítulo donde aclaro que la historia Sí tiene final feliz, ¿qué piensan sobre la historia? Me gustaría conocer sus opiniones, mantenerse pacientes porque apenas vamos iniciando.

Infinitas gracias por todo su apoyo, favoritos, follows, lecturas y reviews.

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Gracias totales por leer 💔