Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 3

Rencillas

Eric lloró desconsolado cuando lo envolví en la toalla, su rostro enrojecido y su cuerpo tiritando eran clara evidencia de la fiebre que tenía.

Lo arrulle tratando de calmar su llanto.

Bells se levantó del piso después de dejar correr el agua de la tina. Intenté no mirar su blusa húmeda y adherida a su cuerpo, dejándome ver que no usaba sostén.

Sus pezones se marcaban bajo la tela y al darse cuenta que mis ojos estaban clavados justo ahí, ella se cruzó de brazos.

Carraspee. Salí del baño y llevé a mi hijo a la cama.

Me percaté que Bells había cambiado los muebles de la habitación; la cama de tamaño King size que compramos juntos había sido reemplazada por una matrimonial que ahora tenía un edredón estampado en color rosa.

— No debiste dejar que la fiebre subiera tanto —articulé con los dientes apretados, al momento que secaba el cuerpo de Eric y le ponía un pijama limpio.

— La última vez que verifique su temperatura estaba a menos de 100°F —argumentó—. Pensé que el tylenol ayudaría.

— Tenía 102°F. —vocifere—. Nunca debes permitir que su temperatura corporal suba, hemos hablado muchas veces de ello —le recordé.

— No soy idiota, Edward.

— No digo que lo seas, solo se prudente con nuestro hijo.

— Papi..

Eric me dio los brazos y se aferró con fuerza de mi cuello apoyando su cabecita en mi hombro.

— Mi niño —besé su cabeza y froté varias veces su frágil espalda empezando a arrullarlo.

— No trates de acusarme —protestó—. Yo no fui quien se largó de casa.

— ¿Quieres que te recuerde por qué me fui?

Había dolor en sus ojos; su mirada fija me lo decía.

— Eres un… —guardó silencio antes de limpiar sus lágrimas bruscamente y salir.

— ¿Y mami? —Eric levantó su cabeza viendo hacia la puerta.

— Ahora viene pequeño.

Bells regresó a los minutos con el termómetro y lo puso bajo la lengua de Eric.

Ella le sonrió triste cuando nuestro hijo pasó la punta de sus dedos sobre las lágrimas que seguían recorriendo sus pómulos e intentó borrarlas.

— ¿Po qué lloras, mami?

Bells negó con la cabeza.

— No quiero que te pase nada, bebé —susurró ella—. Eres lo que más amo.

— Te amo, mami. —Eric mencionó mientras acariciaba el rostro de su madre.

— La temperatura está bajando —Bells expresó sonriente.

Eric extendió sus cortos brazos hacia ella y se ancló en su cadera apenas estuvo en su regazo.

— Gracias por venir —musitó— no pensé que estarías despierto, nunca te ha gustado desvelarte.

— Fui a tomar unas cervezas con Jacob y Sam. —De alguna manera me sentí mejor al darle explicaciones.

— Oh. Disfrutando tu vida de soltero.

No pasé desapercibido el resentimiento en su voz

— Tú también lo haces, ¿no?

Rodó los ojos y caminó hacia la cama. Ahora la pequeña cama de Batman que Eric ocupaba para dormir estaba en la esquina de la habitación.

Quería preguntarle cómo hizo para cambiar los muebles. Eric tenía su propia habitación y ver su cama en el mismo espacio me hacía pensar en mil conjeturas a la vez.

Se supone que ella no estaba en la ciudad. ¿Cuándo ocurrieron los cambios? ¿En qué momento?

— Compraste muebles —articulé en voz alta—. Han pasado dos semanas y ya hiciste cambios, parece que quieres sacar mi recuerdo de esta casa.

Eric echó la cabeza hacia atrás empezando a dormir en sus brazos.

— No vengas con estúpidos reclamos.

— ¿Por qué no?

Acostó a Eric en la pequeña cama de Batman y lo arropó con las sábanas del mismo superheroe. Caminó hacia mí y me señaló que saliera.

Bufé. Aún así decidí salir después de dejar un beso en la cabeza de mi hijo.

Con una mano en el bolsillo de mi pantalón tenté las llaves de casa, no sabía si entregarlas o no. Meditaba en hacerlo cuando noté que cerró abruptamente la laptop que estaba sobre la mesa.

— Ya es tarde —dijo nerviosa.

— No estarás pensando hacer otro viaje, ¿verdad?

— Gracias por venir, Edward —se encaminó a la puerta y la abrió.

— No, Bells, no me iré hasta que me digas que no harás otro maldito viaje.

— Soy asistente administrativo.

— ¡Me importa una mierda! De ahora en adelante te harás cargo de Eric como corresponde, no te ayudaré.

No supe si fue por el licor ingerido o por las estúpidas palabras de Sam, pero me sentí mejor al gritarlo.

— Genial. Esta será la ultima vez que te pida ayuda, te juro que no volveré a hacerlo.

— Bien. Ojalá y cumplas tu palabra.

Contuvo el aliento. Indignada me señaló que saliera.

— Verás a Eric cada dos semanas —sentenció—. No quiero que entres aquí, lo esperarás en la puerta, ¿entendido?

— ¡Veré a mi hijo cuando quiera! Y no me lo vas a impedir.

— ¡Vete a la mierda!

— No querida —murmuré—, salí de ella.

Me excedí. Dije cosas que no quería, no había vuelta atrás cuando Bells cerró la puerta en mi cara.


Infinitas gracias por el gran recibimiento a la historia, no imaginan lo importante que es leer que están apoyando. Me gustaría saber sus opiniones o conjeturas.

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Gracias totales por leer 💔