Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 4
Opiniones
Algo sucedió entre nosotros desde esa madrugada.
Tal vez fue el sentimiento de orgullo que se apoderó de mí y me impidió volver a buscarla y aclarar nuestra discusión, no sabía exactamente qué ocurrió, pero no quise verla.
Después de tres semanas no cruzamos palabras y tampoco nos enviamos ningún texto. Ángela, una gran amiga en común, fue quien empezó a hacer el papel de mediadora entre nosotros. No quise saber si por pedido de Bells o porque ella quiso limar asperezas entre los dos.
Ángela se encargó de estar fuera de casa con Eric en sus brazos. Iba por él cada miércoles y cada quince días.
Eric y yo seguíamos teniendo esa complicidad padre e hijo, aunque debía añadir que ahora él hablaba más de Bells y de la nueva rutina que ambos compartían juntos; iban al parque y comían helado. También visitaban al abuelo Charlie.
Entre sus cortas conversaciones descubrí que ellos llegaron a quedarse varias noches en casa de Charlie. Mi suegro era viudo y… ―sacudí la cabeza, negando―. Era difícil no llamarlo suegro cuando lo fue por años. En cambio, haría lo posible por dejar de nombrarlo de esa forma.
Charlie vivía solo, a cuatro horas de la ciudad. En un pueblo llamado Forks, donde regularmente pasábamos los veranos o viajábamos ahí cada mes. Era un hombre noble y solitario que nunca intervino en nuestro matrimonio. Fue una lástima no poder despedirme de él después del divorcio.
Quedó en el aire una conversación pendiente entre nosotros dos. Sabía que un día le daría la cara y me disculparía con él por romper la promesa que le hice.
― Hermano… ¡espera! ―Exclamó Jacob caminando detrás de mí cuando salía de la oficina.
Me detuve acomodando la correa de mi maletín a medio hombro.
Ambos éramos ingenieros automecánicos y nuestro trabajo era analizar y diseñar nuevas máquinas robotizadas.
― Pensé que todos se habían ido ―mencioné, obviando el hecho de que era demasiado tarde.
Últimamente preferiría quedarme a trabajar horas extras que volver al apartamento.
― Claire quiere verte ―dijo―, me pidió tu número de celular y se lo di.
Él rio cuando mi celular sonó. Era un mensaje suyo con el número de Claire.
Suspiré.
― Jacob, no debiste hacerlo. No estoy interesado en salir con nadie.
― ¿Por qué no? Estás divorciado y tienes derecho a disfrutar tu libertad.
― No se trata de disfrutar mi libertad ―repetí sus mismas palabras―. Necesito aprender a amar mi soledad y meditar tantas cosas que hice mal, que Bells y yo hicimos mal.
― ¿Y crees que meditar resuelve algo? Están divorciados, Edward, su matrimonio terminó hace más de un mes.
― Gracias por recordarmelo ―mencioné sarcástico.
― Hermano, necesitas conocer más mujeres.
― Aún no es tiempo.
― Por mucho que seas fiel. Bella no regresará, lo de ustedes no funcionó, superalo.
Di una honda exhalación y seguí mi camino.
.
Cuando llegó el fin de semana fui a casa de mis padres, esos días no me tocaba tener a Eric, aunque eso no significaba que no lo extrañase.
Compartí el almuerzo entre platicas amenas de nuestra niñez. Y hubo un momento donde sonreí nostálgico al escuchar las anécdotas del romance de nuestros padres.
Estábamos tan centrados en las conversaciones que no vimos venir la revelación de Alice.
― Jasper me propuso matrimonio ―nos mostró su mano izquierda donde un hermoso anillo con una enorme piedra adornaba su dedo corazón―. Le dije que sí.
Mi madre se arrojó a sus brazos al igual que papá. Ambos la felicitaron.
No me sorprendió la noticia, ellos tenían más de cinco años de novios. Incluso se habían tardado en reconocer que ambos querían casarse.
Si Bells estuviera aquí hubiera saltado en gritos de felicidad. Ellas tenían una buena relación y un cierto grado de complicidad hasta que… bueno, llegó el quiebre.
Alice tenía un carácter fuerte y no solía callarse nada.
Tuvieron una discusión y Bells decidió poner distancia.
― Espero que le digas a esa perra que quiero a pollito en mi boda.
Las duras palabras de Alice captaron mi atención, la fulminé con la mirada.
― Deja de llamarla así ―increpé―, no tienes porque insultar a la madre de mi hijo.
― Esa perra sin sentimientos no merece que la defiendas.
― Alice, por favor ―protestó papá, avergonzado.
― No voy a callarme ―rezongó mi hermana logrando enfurecerme, resoplé―. La perra esa dejó a Edward porque según ella mi hermano no la apoyaba y no sé qué mierdas, ¡por favor! Todos sabemos que Edward lamía el maldito suelo por donde pisaba, ¿qué más quería?
Me incorporé lanzando la servilleta sobre la mesa y salí de la casa rumbo a mi coche.
― ¡Edward!… ―mamá gritó―. Por favor, hijo. Ignora a tu hermana.
Me detuve en seco antes de volver a cerrar de un portazo y volverme hacía mamá.
Había putas lágrimas en mis ojos, me sentía tan herido que dolía profundamente escuchar estúpidas opiniones.
Yo también había fallado, ambos lo hicimos y jodidamente quería dar mi vida entera para retroceder el tiempo y volver a tener una oportunidad.
Mamá me atrajo a sus brazos. Fue entonces que me di cuenta que lágrimas amargas recorrían mis mejillas y entraban en mi boca.
Me abracé a mamá y lloré desconsolado, sin importar que los vecinos vieran la escena.
― La amo, mamá ―sollocé―, y la he perdido.
Bueno, en este capítulo nos dimos cuenta de lo abrumado que está Edward, mantengan la calma es lo único que les pido que aun estamos en el capítulo 4. Sé que quieren saber si habrá capítulos bajo la perspectiva de Bella y sí, ella nos debe un outtake y algunos otros capítulos.
De nuevo gracias por unirse a esta aventura, no tienen idea como estoy disfrutando este viaje. Reciban un gran abrazo y nos leemos muy pronto.
Gracias totales por leer 💔
