Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 5
Noche de películas
Ángela no estaba como cada miércoles afuera de la casa de Bells.
Le había enviado varios mensajes y ella no había respondido, así que luego de quince minutos de esperar, decidí ir hacia la puerta.
Presioné el timbre varias veces. No podía saber si Bells estaba en casa, debido a que existía una cochera, siempre era difícil adivinar.
Luego de diez minutos de insistir. Ángela estacionó detrás de mi auto y venía con Eric, mi hijo de inmediato corrió hacia mí.
― Hola campeón ―lo sostuve conmigo y mi hijo me abrazó con fuerza. Miré a mi amiga parecía algo agobiada―. ¿Por qué Eric está contigo?
― Lamento no haber respondido los mensajes ―se disculpó y fue que me percaté de las bolsas del súper que traía con ella.
― Mami está enfelma ―Eric habló ganando mi atención.
Jugué con su pelo y con mis dedos lo despeiné mientras él reía.
― ¿Qué ocurre con Bells? ―pregunté a mi amiga.
Ángela acomodó el armazón color negro de sus lentes de aumento que se deslizaba por el puente de su nariz.
― Está un poco indispuesta ―articuló―. Ella… bueno, Bella no la está pasando bien.
― ¿Qué tiene?
― Una fuerte gripe, sabes bien qué sus defensas suelen bajarse cuando… ―guardó silencio al tiempo que mordía su labio inferior―. ¿Quieres entrar?
Suspiré.
Antes de verme tentando en entrar decidí caminar hacia mi auto.
― Iremos a la pizza y vamos tarde ―dije la peor excusa.
― Bien, Edward ―exhaló Ang―. Diviértanse.
.
En la pizza Eric no dejó de nombrar a Bells.
Me explicó con sus cortas palabras que la había visto vomitar y llorar sobre el váter. Que tenía mocos escurriendo de la nariz y que solo temblaba sobre la cama, que incluso él la había cobijado con la manta de Batman.
― ¿Po qué mami llora mucho?
Eric tenía las mejillas salpicadas con salsa de tomate.
― Tal vez le duele la cabeza ―le expliqué mientras limpiaba suavemente sus mejillas. Mi hijo frunció el entrecejo y me hizo tener dudas―. Eric, ¿mami sale a pasear sola?
Sabía que era ruin usar a mi hijo, pero me sentía sumamente interesado en saber cómo era la rutina de Bells cuando no estaba en su papel de mamá.
Era hermosa en todos los sentidos y no solo eso, sino inteligente. Quizá su personalidad era una de las razones por ser tan asediada por el gremio masculino.
― No ―se encogió de hombros― siemple vamos juntos.
― Debes cuidarla mucho, Eric. Y llenarla de besos, ¿de acuerdo?
Quise decirle que le diera los besos que yo no podía darle. Después de un largo suspiro, preferí no hablar de más.
― El abuelo Charlie dice que soy el homble de casa.
― Y tiene razón.
Mi niño dio un largo sorbo a su jugo.
― Papi, ¿cuándo vivirás con nosotros?
― Eso no sucederá campeón. Recuerda que ahora tengo una casa y tú dos casas.
Me observó con curiosidad al tiempo que seguía sorbiendo de la pajilla y sus mejillas se hundían. De pronto escupió algo de jugo sobre la mesa.
― ¿Quiles ver una película conmigo?
Sonreí. Hablaba tan rápido que su pronunciación no era la mejor.
― Por supuesto.
.
Después de las diecinueve horas Eric entró corriendo a casa. Lo hizo tan fuerte que aventó la puerta y vi a Bells acostada sobre el sofá.
Sobresaltada se sentó dejando caer la manta de Batman al piso. Estaba demacrada y tenía la nariz roja.
― ¡Papá y yo miraremos películas! ―exclamó hacia Bells llenándola de besos.
Bells me dio una mirada triste y se puso de pie levantando la manta.
― ¿Cómo estás?
Ella estornudó.
― Un poco agripada, pero estoy bien. ¿Y tú?
― Bien ―respondí escueto―. Solo miraré una película y me iré.
Empezó a estornudar y toser al mismo tiempo y no respondió sino que se escabulló en la habitación.
― Aquí, papi ―Eric palmeó el sofá frente al televisor―. Se llama Paw Patrol.
Me senté junto a él. Todo era tan extraño; el cómodo sofá, la enorme pantalla que me aferré a comprar y que provocó algunas discusiones con Bells.
Era una noche de películas real donde comimos golosinas hasta saciarnos y donde Eric se quedó dormido en mis brazos.
Al dejarlo en la habitación que compartía con Bells miré que el menudo cuerpo de ella se sacudía bajó las mantas.
Bells tenía fiebre. Me cerciore al tocar su rostro y ella se estremeció.
― Despierta ―susurré, acercándome a su cara― tienes fiebre, debes tomar algo.
Sus dientes castañeaban sin cesar mientras temblaba.
― Bells, despierta ―insistí moviendo ligeramente su cuerpo.
Fue que una de sus manos capturó la mía; su piel era extremadamente caliente.
― Perdóname, Edward… ―musitó en la inconsciencia― te amo.
*Les quiero aclarar porque tan cortos los capítulos. En un principio tenía la intención de actualizar diariamente, sin embargo, opté por no hacerlo debido a que temo que termine aburriendo.
Bueno, les aseguro que nos vamos acercando a los capítulos de la verdad, no falta mucho para llegar al punto. Realmente les agradezco con todo mi corazón que me acompañen, somos muy poquitas pero demasiado fieles a la lectura.
Quisiera comentar a cada una, pero saben bien que mi tiempo es poco por aquí, les dejo un fuerte abrazo.
Gracias totales por leer 💔
