Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 6

Cuidar de ti

Eran las 4 am.

La fiebre no cesó.

Los medicamentos por receta libre no funcionaron y menos las compresas frías en frente y axilas.

― Bells… ―susurré luego de ver su cuerpo temblando― despierta, vamos a darte una ducha.

Ella no protestó cuando retiré las mantas y la despojé de su camisón dejándola en ropa interior. La sostuve en mis brazos estilo novia y la llevé a la ducha.

Su cuerpo tembló al contacto del agua.

― Edward ―murmuró con voz ronca― no, no quiero.

Quiso salir de la ducha y al intentar detener sus brazos, forcejeamos un poco hasta que ambos quedamos bajo la fría agua.

Reímos nerviosos por la cercanía. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que estuvimos en un espacio tan pequeño.

¿Cuándo fue la última vez que compartimos un beso?

Nos sostuvimos la mirada y fue inevitable no relamer mis labios. La extrañaba. Sin dudar me aproximé y mis manos fueron a sus antebrazos, ella se estremeció ante mi toque.

Se puso de puntillas.

― Yo… ―susurró― ¿podemos hablar sin gritos?

La tristeza me invadió. Simplemente esa petición se había vuelto imposible para nosotros.

― ¿Qué nos pasó? ―formule―. ¿Por qué olvidamos todas nuestras promesas?

― Necesito que hablemos ―apenas terminó de pronunciar y empezó a toser, su cuerpo se estremecía fuertemente, levantó la mirada.

La burbuja se rompió y la incomodidad nos invadió a los dos por igual.

Fui el primero en salir de la bañera. Elegí una toalla limpia y me sequé con rudeza toda la ropa empapada ―seguí escurriendo agua― el piso se puso resbaloso y salí del cuarto de baño.

Bells salió minutos después; usaba una esponjosa bata de baño color rosa.

― En el closet hay ropa tuya ―musitó― también dejaste calzado.

― Pensé que te habías deshecho de todo lo mío ―mi voz fue afilada, fría y carente de emoción―. Con eso de que te deshiciste de los muebles que compartimos.

Sus ojos estaban en los míos; su mirada dolida y con semblante triste, supe que mis palabras le hacían daño.

― ¿Querías que conservara una cama donde hicimos tantos planes y procreamos a Eric? No soy masoquista ―salió de la habitación.

Maldije por lo bajo. ¿Por qué siempre teníamos qué discutir?

Bufé. A regañadientes me vestí con ropa deportiva que aún se mantenía acomodada en la parte que ocupé de ese closet.

Al salir a la estancia Bells estaba en la cocina, dándome la espalda.

― ¿Cómo te sientes?

Se giró lentamente; retenía entre sus dientes el labio inferior, su nariz seguía roja, pero su rostro había vuelto a su color natural.

― Solo me duele la garganta ―su voz siguió ronca―. ¿Quieres café?

No esperó mi respuesta sino que sirvió una taza humeante de café y la puso en la encimera.

Me senté en la silla alta frente a ella.

― Gracias por cuidarme ―dijo, después de dar un sorbo a su café―. El agua fría me animó bastante.

Me encogí de hombros al tiempo que bebí del café amargo.

― Tú hubieras hecho lo mismo ¿no? También hubieses cuidado de mí.

Asintió, mirándome.

― Edward… en la guardería de Eric habrá un evento en dos semanas.

Mi respiración se hizo pesada, y el enojo fue evidente en mi voz.

― No estarás pensando en irte nuevamente.

― No se trata de mí, sino de nuestro niño. Habrá un pequeño bailable y pensé que te gustaría asistir a verlo.

― Ahí estaré.

Los minutos pasaron y nosotros tranquilamente seguimos bebiendo café, charlando sobre los días de guardería de Eric, compartiendo algunas anécdotas y riendo sobre sus nuevas manías.

Eric estaba aferrado a usar la misma pijama cada noche.

Parecía tan normal. Como cualquier noche donde terminábamos conversando de cualquier tema.

De pronto ese silencio nos volvió a cubrir y fue capaz de arruinar todo.

― ¿Quién es Claire?

Parpadee. No entendí su pregunta.

― Sin querer leí dos mensajes que entraron cuando te estabas cambiando de ropa ―añadió desviando su mirada hacia mi celular sobre la encimera―. Te está invitando a salir.

Anonadado, abrí la boca y la cerré.

― Yo no te pregunté por el tipo con el que estabas en tu último viaje ―farfullé.

― James es un compañero de trabajo ―suspiró enfadada―. Pero no creas que me quiero inmiscuir en tus asuntos, solo era una pregunta.

Estaba dispuesto a mentirle. Quería decirle que sí estaba saliendo con Claire, deseaba gritarlo con fingido orgullo, pero su voz interrumpió mis pensamientos.

― Estoy embarazada.


Me voy corriendo... les dije que fueran pacientes. Agradecida con cada comentario.

Gracias totales por leer 💔