Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 7
Oficina
Meses antes…
― ¿Ya viste el buen culo que tiene James?
Rodeé los ojos. Jessica no tenía tacto para expresarse, a ella le daba igual que la estuvieran escuchando.
El rostro de James enrojeció por completo al pasar al lado de nuestra mesa. ¿Y cómo no lo haría? Si Jessica no se cansaba de acosarlo desde que se unió a la empresa.
― Deberías guardarte tus comentarios ―le dije.
― No tengo porqué ―respondió cínica― ¿te imaginas cómo debe moverse? Wow, ¡ese hombre me encanta!, es estúpidamente buenísimo. Debe ser un semental al estar cogiendo.
Apreté los labios. Realmente me sentía avergonzada por su vocabulario.
― Jess, cállate.
La rubia se inclinó sobre mi hombro y susurró:
― ¿Nunca has pensado en darte una escapada con alguien?
Ofendida volteé de inmediato y enfrente sus iris azules.
― ¡Idiota! Estoy casada y muy enamorada de Edward.
― Isabella, no seas aburrida ―increpó burlona―. O sea, imagínate disfrutar la cama con otro solo por unos minutos, sería la gloria. ¡Qué digo la gloria, el mismísimo cielo!
― Sabías que eres demasiado estúpida para expresarte ―afirmé―. No soy una cualquiera, Jess. No tengo porqué buscar lo que tengo en casa.
Guardé en mi bolso el celular y me puse de pie. James me sonrió y solo fui amable y le sonreí de vuelta. Después de unos leves sorbos de café decidí salir de la cafetería con Jess caminando a la par de mí.
― Isabella, cuéntame. ¿Qué número le das a tu esposo en la cama? Digo, a comparación de algunos otros que tuviste.
Estreché los ojos. Si ella supiera que no tenía referencia alguna, mi Edward era el único hombre en mi vida.
Había perdido mi virginidad con él cuando tenía dieciocho años. Justo dos meses después de haber empezado nuestro noviazgo, sucedió en la parte trasera de su auto.
Reí para mis adentros.
Quizá había sido la experiencia menos romántica y la más incómoda, pero él se esmeró por traer nuevos momentos hermosos en nuestra intimidad. Era un loco romántico que siempre lograba lo que se proponía y yo lo amaba por ello.
A mis veintiocho años no podía imaginar mi vida sin mis chicos.
― Esa maldita risa tuya.
Salí de mis cavilaciones al centrarme en la voz chillona de Jess.
― ¿De qué hablas? ―pregunté avergonzada.
Seguramente mis mejillas estaban rojas al rememorar tan buenos momentos.
― ¿Así qué otros te han cogido mejor que tu esposo? ―insistió.
Moví la cabeza, negando.
― Creo que esta noche trabajaremos juntos ―murmuró James interrumpiendo y caminando junto a nosotras. Nos había dado alcance con facilidad.
― No, yo no puedo ―respondí― es la fiesta de mi esposo y tengo que estar ahí temprano.
― Qué raro ―dijo él―. Eleazar me explicó que me tocaba trabajar contigo para que me ayudaras con el funcionamiento mercantil ―sus hombros se escogieron antes de seguir caminando delante de nosotras.
Jess me dio un codazo en el preciso momento que James salió de nuestra vista para entrar a los sanitarios,
― Le gustas ―susurró en medio de aplausos―. No haya cómo acercarse a ti y es tan tonto que inventa cualquier pretexto para hablarte, es un tierno.
Suspiré. Jess empezaba a fastidiarme a pasos agigantados.
― No repitas jamás lo que acabas de decir. No me gustan las malas interpretaciones y sabes bien qué aquí los chismes tienden a expandirse como humo. Así que mejor cállate.
― Isabella, no diré nada si un día te comes a ese hermoso hombre ―expresó burlona mientras se abanicaba con ambas manos.
― ¡Vete al diablo! ―le mostré el dedo medio y me fui a mi oficina.
.
Le había dado el resumen más breve a James sobre cómo era que trabajábamos en la naviera. Él lo captó enseguida y pensé que era lo único que haríamos el resto de la tarde, sin embargo, Eleazar, nuestro jefe nos puso funciones que no pertenecían a nuestra área.
Nerviosa miré el reloj. Llevaba dos horas de retraso.
[¿Por qué no llegas?]
Leí el mensaje rápidamente e hice un lado el celular concentrándome en la pantalla de la portátil.
Tenía más de veinte mensajes y llamadas sin responder de Edward. Sabía lo que me generaría cada uno, pero no podía detenerme. Necesitaba terminar mi trabajo y llegar a su fiesta de cumpleaños.
― Isabella ―escuché decir a mi jefe, se inclinó sobre el escritorio, sus ojos negros chispeaban fuego― tienes una llamada de tu esposo ―me dio el teléfono y yo lo miré con las cejas muy juntas―. Tu esposo está impaciente porque no respondes sus llamadas y mensajes.
Me disculpé entre dientes con Eleazar.
― Edward… ―apenas pronuncié y me interrumpió.
― No vendrás, cierto ―su voz era fría.
― Claro que llegaré ―susurré por la línea dándole la espalda a James y Eleazar cuando me miraron expectantes―. Estoy terminando unos pendientes, solo dame unos minutos.
― Esta vez será la última, Bells. Si no estás aquí en media hora será mejor que no vengas.
Mordí mi labio con fuerza.
― Llegaré, amor ―prometí.
Resopló fuertemente.
Edward estaba demasiado enojado para escucharme. Después de finalizar la llamada me volví hacia los dos hombres que estaban en mi oficina.
― Necesito irme. ―Hablé al mismo tiempo que recogía mis cosas del escritorio y las acomodaba en mi maletín.
Mi jefe asintió ligeramente.
― Tu esposo debería de respetar tu horario laboral ―dijo él.
― Se supone que mi horario laboral terminó hace dos horas ―le aclaré―. Es normal que esté molesto.
― Cuando obtuviste el ascenso te dije de qué trataba ―añadió Eleazar―. Por eso mismo contraté a James para que ambos trabajen en equipo para la empresa. Los quiero al cien conmigo, chicos. Y dejando sus problemas lejos de mis negocios.
Apenas logré darle una breve mirada a James y una palmada en el brazo de Eleazar y salí de ahí casi corriendo.
.
Golpeé el volante cuando el auto no encendió.
Seguía en el desolado estacionamiento de la oficina y Edward no respondía mis llamadas, empezaba a impacientarme. Debía llamar a un uber.
El sonido en la ventana me alertó y mi celular cayó de mi mano, era James.
― ¿Necesitas ayuda?
Asentí.
― Me urge llegar a un bar.
Su sonrisa se extendió en sus labios mientras sus cejas se arqueaban. Fue inútil ocultar mi sonrisa, él tenía un gesto gracioso.
― Es la fiesta de mi esposo y necesito llegar ―añadí.
― Bien, te llevo ―siendo un caballero abrió la puerta de mi auto, ayudándome a salir.
Sé que no es lo que esperaban, pero créanme que es necesario para la historia. Bueno, ustedes deciden si quieren otro capítulo de manera inmediata. Esta vez lo dejaré a su decisión.
Gracias totales por leer 💔
