Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 11
Realidad
Meses atrás…
[¡Eres una estúpida!, lo tenías para ti sola y desaprovechaste tu oportunidad]
Solo leí el mensaje de Jess cuando crucé la puerta de casa. No le di importancia, en todo el vuelo me había dicho lo estúpida que era por solo haber mantenido una conversación con James y que él terminara perdiéndose con una chica que se encontró ahí mismo. No quise contarle que perdió el vuelo y que había viajado sola a Seattle.
Ella estaba dispuesta a conquistarlo y le deseé suerte.
A mí James no me importaba en lo absoluto.
― ¡Mamiii!
Mi pollito corrió hacia mis brazos haciéndome tambalear. Había crecido mucho los últimos días.
― ¿Cómo estás mi amor? ―Lo llené de besos y mi corazón se calentó ante su abrazo―. Te traje un regalo.
Era un muñeco de Batman. Él rápidamente lo apretó a su pecho; jugué con su cabello y sus ojitos se iluminaron.
― Ve a ponerte zapatos que iremos a comer, ¿si?
Mi niño salió corriendo hacia su habitación.
Suspiré al ponerme de pie y enfrentar el duro rostro de Edward. Estaba desaliñado, era más que obvio que había seguido de fiesta, podía oler su hedor hasta mí.
― ¿Te divertiste mucho en la fiesta? ―ironicé.
― Mucho. Me doy cuenta que soy más feliz sin ti.
Sus palabras me dolieron. Sabía que su intención era lastimarme y lo estaba consiguiendo.
― Te traje esto ―dejé la camiseta de los Dodgers sobre el sofá―. Me habías dicho que necesitabas otra y te la compré.
Ni siquiera vio la camiseta solo tenía sus ojos clavados en los míos.
― Te vi bailando con una rubia. ―No quería reclamarle aunque esa era mi primera intención. No quería discutir delante de mi bebé.
― Sí. Seguimos la fiesta en un bar.
― ¿Por qué, Edward? ―mis lágrimas cayeron―. ¿Por qué eres tan cruel?
― ¿En serio te importa que me haya ido a bailar con otra?
― ¿Por qué no me importaría? Me duele ―mi voz se quebró.
Su mano se apretó con fuerza en mi antebrazo causándome dolor. Tiró de mi cuerpo y me hizo caminar hacia la cocina, sin soltarme de su fuerte agarre.
― ¿Recuerdas esas últimas ollas? ¿Quién las eligió? Respondemme: ¿Aún recuerdas que soy intolerante a la lactosa? ¿O tampoco lo recuerdas?
― Claro que lo sé.
Arrastró mi cuerpo hacia el cuarto de lavandería.
― ¿Sabes qué clase de jabón detergente usa Eric en su ropa? No verdad.
Mis lágrimas seguían cayendo, pero él no podía verlas porque estaba tan cegado en hacerme ver lo pésima madre y esposa que era.
Me quejé, sin embargo su agarre fue más fuerte cuando me llevó a la habitación de nuestro hijo. No abrió la puerta, nos quedamos detenidos solo escuchando como Eric le decía a Vanesa que yo estaba en casa.
― Tienes la maldita fortuna de que él te ame con su vida y esté esperando cada día a verte entrar por la jodida puerta. Iluminas su mundo y no eres capaz de darte cuenta ―siseó.
Lloré. Me deshice en llanto y mi corazón se estrujo que podía haberse hecho pequeño.
Sentía una opresión en mi pecho.
Yo amaba a mi hijo. Era mi mundo entero y quería lo mejor para él.
― Edward… ―logré articular― perdóname.
― Vanesa ―él habló hacia el otro lado de la puerta de la habitación― lleva a Eric al parque, por favor.
― Bien, señor ―respondió ella.
― Le dije a pollito que lo llevaría a comer.
Apenas articulé y mi cuerpo se sacudió por su fuerza. No tuvo ni un poco de compasión y con su fuerte agarre en mi brazo, me llevó hacia nuestra habitación. Reboté en la cama cuando me arrojó sobre ella.
― ¿Qué te pasa?
― Todo lo quieres resolver con palabras, regalos ―exhaló al momento que cubrió su cuerpo con el mío―. O con sexo.
Una de sus manos sujetó mi rostro con rudeza, obligándome a verlo. Me besó al tiempo que mordía mi labio inferior.
Me quejé sintiendo el ardor y probando el sabor de la sangre en mi boca.
Mi Edward estaba muy lejos de ser el chico tierno que había conocido y me dolía reconocer que era parte de mi culpa.
No había ni un poco de amor en sus ojos.
― Resolvamos esto como te gusta ―gruñó con su rostro enterrado en mi cuello, besando y succionando mi piel mientras una de sus manos vagaba por mi muslo desnudo.
― Edward… ―exhalé nerviosa y sin aire.
Lo quería. Podía necesitarlo y entregarme a él, pero no ahora. No de esta forma.
Solté un pequeño grito cuando empezó a despojarme de la ropa. Me resistí, pero él no paró.
― Espera… ―le pedí cordura. Por su sabor y sus toscos movimientos sabía que estaba borracho, sujeté su rostro necesitando que viera mis ojos― no así, mírame. No quiero, Edward, no así.
Sin embargo no me escuchó. No quiso oír mis súplicas y me tomó, se enterró profundamente en mí a pesar de mis protestas.
Jadeé. Me quedé sin aliento porque no dejaba de embestirme con fuerza.
Me paralicé y dejé mis lágrimas rodar.
La realidad dolía. Quemaba. Y yo era la causante.
Sus empujes no pararon hasta que su semilla se derramó en mi interior. Él rodó por la cama mientras yo seguía sin poder reaccionar.
Lo vi acomodar su ropa y yo cubrí mi desnudez con la sábana.
― ¡Quiero el divorcio! ―exigió a la vez que lanzaba sobre mi rostro unos papeles.
Mis nervios están en su punto máximo porque este capítulo para mí fue muy difícil de narrar. Creo que no hace falta decir quien el padre del bebé y cómo fue engendrado, ustedes lo saben. ¿Qué opinan?
Gracias totales por leer 💔
