Respuesta a preguntas frecuentes: la historia SÍ tiene final feliz.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 13
Sorpresa
Tiempo atrás…
― Estoy embarazada.
Solté un grito cuando mi amado esposo me atrapó entre sus brazos y me hizo girar junto con él. Estábamos sumamente emocionados, quizá eufóricos por la noticia.
― Te amo, Bells ―Edward exhaló al dejarme sobre mis pies y acunar mi rostro con ternura, nuestros ojos mantenían lágrimas de felicidad y muchas promesas a futuro.
― Te amo ―susurré― al fin seremos padres. Lo que siempre hemos querido.
― Haré todo lo que esté en mis manos para cuidarlos ―prometió.
Me arrojé sobre él enredando mis piernas en su cadera y me aferré a sus hombros. Lo amaba tanto, tanto. Que mi pecho se sentía saturado de felicidad.
― Bells… espera ―me puso de nuevo sobre mis pies y una de sus manos removió parte de mi cabello hacia atrás de mi hombro― dejaremos nuestros juegos, nena, no más arrebatos, ni saltos como estos, ¿de acuerdo?
Hice un puchero.
― Estoy embarazada, amor. No estoy enferma.
― Sí, y debo cuidarte. No quiero que hagas esfuerzos y no más saltos sobre mí.
― A ti te gusta que salte sobre ti ―enarqué una ceja al tiempo que retenía mi labio inferior entre mis dientes.
― Bells, sabes de lo que hablo, nena.
No le hice caso y me monté sobre su espalda mientras sus manos sostenían mi trasero. No quería dejar de jugar nunca, amaba nuestra relación y la forma de llevarnos entre nosotros.
― Festejemos que seremos padres ―le dije.
― Si, festejaremos en grande, lo haremos con cada hijo ―Edward prometió al salir de casa conmigo en su espalda como si fuese un gran mono araña.
― Edward, quedamos en que tendríamos un hijo y esperaremos cinco años para otro ―le recordé.
― No, después de este bebé quiero otro.
Reí con ganas disfrutando del sol en nuestros rostros. La vida era hermosa, no había duda.
Me quedé paralizada a causa del vendaval de recuerdos.
Mis lágrimas seguían cayendo una a una al ver el test de embarazo. Cubrí mi boca acallando mis propios sollozos.
Estaba embarazada.
No había duda. Los síntomas estaban y el test confirmaba mis sospechas.
Una sensación agridulce me recorrió el cuerpo entero.
Inconscientemente toqué mi vientre plano y me estremecí a causa del llanto.
Apreté fuertemente el test en mi mano y lloré amargamente al recordar todo lo que habíamos vivido para tener a pollito. Fue el embarazo más hermoso que pude tener, el más deseado y la embarazada más consentida.
Hoy estaba sola y recién divorciada. Lo había perdido.
Miré mi reflejo en el espejo. Estaba demacrada, ojerosa, con el rímel corrido y no había ni una pizca de alegría en mis ojos.
Mi vida era un caos; una zona de derrumbe en mi corazón con un alma demolida. No había vestigios de quién era yo.
Y aún así yo amaba este bebé ―toqué mi vientre y una débil sonrisa se dibujó en mis labios.
― Hola ―sollocé― has llegado a iluminar mis días sin sol.
Tú y tu hermano ahora serán mi gran fuerza.
Lo único que me quedaba de él, del hombre que una vez me amó y que yo me encargué de que se alejara de mí.
Había tanta culpa en mí que no cabía en mi pecho.
Lentamente me deslicé quedando sentada en el piso y abracé mis piernas mientras la prueba de embarazo seguía en mi mano.
Quería hablarle a Edward. Contarle. En cambio, sabía que no podía hacerlo.
El arrepentimiento quemaba mi pecho.
Me había disculpado con él infinidad de veces, tantas, que había perdido sentido. Ya no valía para él y no lo culpaba.
Me incorporé al instante y el vértigo me invadió. Busqué el celular en mi bolso y miré la foto de Edward ―estúpidamente sonreí al ver su contacto, decía amor. Debía llamarlo, contarle nuestra sorpresa.
Pero una vez la realidad golpeó y mis lágrimas siguieron derramándose.
― Isabella… ―la voz chillona de Jess se escuchó― llevas mucho rato en el baño, ¿ocurre algo?
Sacudí la cabeza y limpié mis lágrimas con rapidez guardando el test de embarazo en mi bolso. Ella no tenía porque saber que estaba mal, no sabía mi divorcio, menos le contaría mi embarazo.
Salí del baño. Los ojos azules de Jess me inspeccionaron de pies a cabeza.
― James está preguntando por ti ―me explicó― me sorprende el interés que tiene contigo.
Puse los ojos en blanco. Ese imbécil tenía mi lugar en la naviera. Eleazar me lo había dicho que era por él por quien yo estaba fuera de la empresa.
― Deberías aprovechar ―agregó en ese tono juguetón― te juro que yo no diré nada si te vas con James.
― Por qué mejor no aprovechas tú y te pierdes con él ―espeté, caminando de nuevo hacia el área que estábamos ocupando en el bar.
Jessica era de esas grandes zorras disfrazadas de ovejas. Una mujer en la que no se podía confiar nunca.
No tenía ánimos de estar en un lugar así. La música me enfadaba y el ambiente provocaba mis náuseas.
Mis pensamientos estaban revueltos y necesitaba la tranquilidad de mi casa para poder meditar.
No tenía idea cómo le plantearía a Edward la noticia, él no quería verme y yo…
― ¡Una foto para el Instagram! ―Exclamó Jess arrebatando mi celular de mis manos, ella empezó a tomar cada imagen de nosotros.
Puse mi mejor cara.
― Isabella, me gustaría hablar contigo ―susurró James en mi oído.
Su hálito caliente y su aliento a alcohol me hicieron poner distancia.
―No tenemos nada de qué hablar.
Me puse de pie decidida a volver a la habitación de hotel. Tenía intención de volver esta misma noche a Seattle, ya no tenía que hacer nada con ellos.
Fue cuando Jess me alcanzó dejando el celular en mis manos, solo fruncí las cejas y seguí mi camino sin hacerle preguntas del porque su estúpida sonrisa.
― Isabella ―Eleazar me hizo detener― lamento que hayas dejado de formar parte de la empresa.
Me apoyé en la pared del oscuro bar. Apenas apreciaba su rostro.
― Me gustaría ayudarte ―añadió.
Estreché los ojos; podía distinguir su sonrisa burlona.
― Tú mismo dijiste que estaba fuera de la empresa por tantos errores cometidos.
― Me refiero a… ―su mano se deslizó por mi cuello subiendo hasta mi mandíbula, me paralicé― sabes bien lo que quiero, lo has sabido siempre. Dame una noche, Isabella y tu lugar sigue siendo tuyo.
Parpadeé.
― No me toques ―aparté su mano de mi piel de un manotazo. Su toque me repugnaba―. ¡Estás loco! Enfermo.
Rio.
― No te hagas la tonta ―espetó muy cerca de mi rostro, sujetando mi mano mientras mi anillo de casada seguía descansando, no lo había sacado de mi dedo y quizá no lo haría nunca―. Tu lugar está ahí esperando por ti, Isabella. Tú decides qué tan rápido lo quieres de vuelta ―sentenció.
― Púdrete, imbécil ―le mostré el dedo medio y me alejé.
Estaba temblando y tenía miedo. Mucho.
― Sé que vendrás a buscarme. Todas lo hacen.
Escuché su risotada a mi espalda, el idiota seguía burlándose de mí. Era un estupido si creía que lo buscaría.
Mi vida estaba completamente en pezados.
Hola, decidí seguir en el pasado para que puedan apreciar detalles que no habían sido revelados. Recuerden que las actualizaciones dependen totalmente de ustedes. El siguiente capítulo sigue siendo narrado por Bella y es lo que ella hace al volver a su casa antes de ir por pollito (donde inicia la historia).
infinitamente agradecida con la oportunidad que le dan a la historia, abrazos a la distancia.
Recuerden que pueden unirse al grupo de Facebook para ver imagenes alusivas, ahi las chicas debaten cada capítulo.
Gracias totales por leer💔
