Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 14
Depresión
Tiempo atrás…
¿Cómo puedes amar tanto a una persona y dejarla ir?
Esa duda gobernaba mi mente desde hace semanas. Amaba a Edward, tanto, que lo dejé marchar. Qué paradoja tan estupida.
Nadie nunca dejaría ir a quien ama. En cambio, aquí estaba yo lamiendo mis heridas y sintiéndome más miserable que otros días.
Llegué a casa antes de lo previsto.
Dormí en los sofás de la sala de estar hasta que los nuevos muebles llegaron.
Apenas podía levantarme de la cama y alimentarme un poco. Estaba hecha un despojo humano y no tenía fuerza para seguir. Los vómitos matutinos me dejaban agotada y el exceso de sueño no me permitía estar de pie.
Me estaba consumiendo.
No podía dejar de pensar en Edward ni en mi hijo.
No había minuto que no llorara amargamente por ellos.
No existía un instante donde no me culpara.
Sobre todo, no existía un segundo donde no me arrepintiera.
Y Alice valiéndose de mi quebranto vino a hacerme sentir peor. A gritarme en mi cara lo perra que era y que no los merecía. A desear mi propia muerte porque su hermano y mi hijo eran felices sin mí.
Honestamente ella bien pudo acabar con mi vida y yo no hubiera puesto resistencia. Era todo lo malo que decía de mí, quizás más.
Dolía reconocer que ella tenía razón. Fui una perra ambiciosa que no supe compaginar mi vida laboral con mi familia y ahora, a pesar de amar a Edward había tenido que dejarlo ir.
― No dejaré que te hundas ―Ang tiró de las sábanas― tienes un hijo por quien vivir y otro más en camino. Levántate.
― Alice me dijo que Edward está saliendo con una amiga de ella, la rubia ―le confesé entre lágrimas.
― ¿Y tú le crees?
Ángela deslizó con trabajo sus dedos en mi cabello lleno de nudos. Frotó mis hombros y me brindó una sonrisa tímida.
― Está cansado de mí ―sollocé― lo veo en sus ojos. Ya no me ama.
― Ambos están heridos, Bella. Se han lastimado y por ahora es mejor estar separados, que cada uno sane antes de hablar. Edward debe saber que tendrá un hijo, no puedes ocultárselo.
No. Desde luego que no podía ocultarle una noticia cómo tal, seríamos padres de nuevo. Sin embargo, no sabía cómo afrontar el tema con él. Tenía miedo de su rechazo, que él se odiara por la forma en qué fue concebido.
Había tantas dudas en mi cabeza.
Tanto miedo.
― ¿Por qué no buscas ayuda profesional? ―instó mi amiga, aún jugando con mi cabello―. Quizá tienes depresión y con el embarazo será más complicado de sobrellevar.
Miré sus ojos marrones bajo las gafas de aumento. Ella mantenía una leve sonrisa en sus labios cuando sujetó mi mano con fuerza y me instó a ponerme de pie.
Suspiré. Me sentía débil, pero decidí levantarme.
Tenía un hijo que cuidar y debía estar bien para él, para ellos. Porque ahora eran dos.
Yo tenía que hacerlo. No podía dejarme vencer.
Ellos me necesitaban.
― Habla con Edward ―añadió dándome un guiño.
Quería tranquilizarme, pero los nervios empezaron a invadirme.
Estaba ansiosa por volver a verlo… ¿tendría valor de hablar con él?
Dejé la botella de cerveza en el piso. Seguía cerrada.
No quería beber, no ahora que Eric estaba conmigo. No era el ejemplo que quería darle y tampoco deseaba que tuviera una imagen desastrosa de mí.
Incliné mi cabeza hacia el piso y la sostuve con mis manos mirando justo donde la cerveza estaba.
Había creado un hábito bastante feo; salir de la oficina y correr a casa de mis padres para beber hasta perder la conciencia. Ellos no decían nada, se mantenían al margen y muchas veces no sabía si era bueno o malo.
Cuando les dije sobre el divorcio ellos no parecieron sorprendidos. Tan solo se mostraron comprensivos y me apoyaron sin decir mucho.
― Edward… ―Papá apoyó una mano en mi hombro dándole un ligero apretón― pollito se ha quedado dormido y tu madre lo acostó en tu antigua habitación, tal vez lo mejor es que lo dejes dormir aquí esta noche.
― No. Mañana llega Bells y debo llevarlo con ella.
― Hijo, no quiere meterme en tu vida. Tu madre y yo siempre los educamos para que tu hermana y tú tomaran sus propias decisiones, solo que… no estás bien ―exhaló pensativo antes de sentarse al lado mío en el viejo sofá de jardín― no me gusta que la pases bebiendo, no es bueno para mi nieto ni para ti.
Lo miré. Esas arrugas pronunciadas estaban marcadas alrededor de sus ojos. Carlisle era bueno, el padre quizás no más amoroso, pero sí él más cabal.
― Ya no quiero beber ―susurré más para mí.
― Entonces no lo hagas, no te destruyas de esa forma.
― Ya estoy destruido ―exhalé mientras mi vista se perdía en la negrura de la noche.
― ¿Has pensado ir a terapia?
― Bells me lo propuso muchas veces y no acepté.
Papá se aclaró la garganta. Podía adivinar que su intención era hacer preguntas mas no se atrevía, puesto que se quedó pensativo.
Tal vez fue mi manera de castigarla. De hacerla entender que estaba mal y de pronto todo se fue de las manos, éramos dos desconocidos viviendo en una casa.
La amaba, simplemente, algo dentro ya no funcionaba igual. Era cansino perdonar cada falta y querer resolver todo en la cama.
Y luego… después de ese día todo fue peor. La culpa me consumió, llenó mi vida de dolor y sabía que para no dañarnos más… debíamos dejarnos.
― Edward ―la voz de papá me hizo mirarlo― esfuérzate por ser mejor para tu hijo, él es quien más te necesita.
― Estoy haciendo mi mejor esfuerzo.
― Lleguen a un acuerdo, hijo. Hablen por el bien de Eric y traten de ser buenos amigos, es lo único que puedo aconsejarte.
¿Cómo le haría para ser amigo de la mujer que más amo?
Quizá era imposible cuando estaba muriéndome de nervios por volver a verla.
Con este capítulo cerramos el pasado. El siguiente es el presente y continuamos con Edward. Estoy muy agradecida por tomarse su tiempo en leer, en añadir a sus favoritos y sobre todo en dejarme un comentario. Realmente deseo avanzar rapido y terminar esta historia en tiempo récord, espero su apoyo.
Gracias totales por leer💔
