Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 15

Tregua

Avergonzado limpié el área de la cocina.

Había vomitado violentamente sobre el piso y Bells hizo lo propio al salir corriendo al baño.

Aún mi cuerpo temblaba y en mi cabeza resonaban sus palabras «estoy embarazada».

Alterado, pasé las manos por mi pelo después de enjuagar mi boca en el fregadero.

Mi corazón se podía escuchar retumbando en mis oídos mientras mi torrente sanguíneo parecía fluir como lava ardiente.

Dejé un puñetazo en el mesón. ¿Por qué me lo decía? Ella no podía ser tan cruel y burlarse de mí.

Todas esas historias de Instagram que vi con su amigo vinieron a mi cabeza. Estaba cayendo en un bucle de emociones alteradas.

Cálmate Edward. No puedes empezar con tus celos.

Exhalé ruidosamente y fue cómo si eso bastara para que cada pieza cayera en su lugar.

Si no fuera mío jamás hablaría del tema, era cuestión de congruencia.

Ella estaba… ―sacudí la cabeza― no había nada qué pensar.

Era mío.

― Lo siento ―murmuré al verla llegar de nuevo.

Se había recogido su cabello en una media coleta, su nariz y mejillas tenían un poco de color mientras sus ojos estaban rojos. Había llorado de nuevo.

― No te preocupes. Fue inevitable no devolver el estómago al verte haciéndolo, también lo siento ―se disculpó haciendo una mueca.

Nerviosa pasó las manos bajo el chorro de agua antes de voltear hacia mí.

― ¿Quieres otro café? ―preguntó.

―Sí.

La vi demorar más del tiempo necesario en la cafetera.

― ¿Desde cuándo? ―me aclaré la garganta―. Es decir, ¿cuántos meses tienes?

― Diez semanas ―respondió al dejarme el café frente a mí.

Mi cerebro procesó de inmediato que era el tiempo donde yo… ―mi respiración se aceleró y mi ritmo cardíaco también.

Necesitaba aire fresco.

Caminé hacia la puerta trasera y la abrí. La ventisca de la madrugada me golpeó enviándome entumecimiento en todo mi cuerpo, quizás era lo que necesitaba.

Todos los fatídicos recuerdos de esa noche que había guardado en lo más profundo de mi memoria se ralentizaban cómo flashes.

Y el bebé era un claro recuerdo de lo que le hice.

Las náuseas comenzaron subiendo por mi garganta, me cubrí la boca rápidamente con una mano y empecé a caminar de un lado a otro. Vomitaría nuevamente.

― Edward… ¿estás bien?

Asentí.

Me volví hacia ella y me quedé paralizado, mirándola. Estaba detrás de mí y tenía una mueca de preocupación.

― Yo… solo… estoy… impresionado ―dije pausadamente.

― Apenas fui a mi primera cita prenatal ―sonrió levemente― he perdido mucho peso.

No entendí el porqué, pero su alegría fingida me encabronaba. Sabía que intentaba no hacerme sentir mal cuando ya todo estaba mal.

― Pensé que estabas tomando pastillas ―comenté sin emoción.

Nos miramos. Quizá retándonos a una buena conversación; una donde nos íbamos a lastimar porque terminaríamos explotando uno contra el otro. Como siempre.

― Muchas veces me olvidé de tomarlas ―murmuró. Y por el tono de su voz supe que se estaba conteniendo para no irse contra mí.

― ¿Lo tendrás? ―restregué mi rostro con ambas manos al preguntar tremenda idiotez.

― Edward, no te estoy obligando a nada. Puedo hacerme cargo de él sin tu ayuda, no es necesario que te involucres si no quieres.

― ¿Lo dejarás en una guardería todo el día? ―pregunté irónico.

― Si me dejaste a Eric fue por algo, ¿no? Puedo perfectamente hacerme cargo de los dos, no te necesito.

― Hubieras preferido que te lo quitara ¿verdad? Así podrías trabajar todo el día sin interrupciones de ningún tipo.

― No sabes nada.

― ¿Lo hubieras peleado?

― ¡Es mi hijo! Por mi vida que jamás te lo hubiera dejado, ¿quién crees que soy?

Tomé una bocanada de aire. Apoyé mi espalda en la puerta trasera y decidí calmarme, no podíamos seguir así, era desgastante y tampoco quería hacerla sentir mal, no en su estado.

La había hecho llorar. Y mi remordimiento era insostenible, quería abrazarla contra mi pecho y pedirle perdón.

― Bells… ―hablé― necesitamos calmarnos.

Ella no levantó su cabeza. Estaba inclinada sobre la encimera, llorando.

― ¡Sé que soy una mierda de mujer! ―exhaló―. La peor por abandonar a mi bebé, créeme que me lo reprocho cada segundo y le pido perdón. Mas mi intención nunca fue hacerles daño, créeme. Nunca fue perderte y que me odiaras.

¿Odiarla? No podría nunca tener ese sentimiento por ella.

Lo único que le reprochaba fue su abandono, sin embargo, no quería hablar del tema. Ya que eso nos tenía divorciados y era doloroso recordarlo.

Teníamos que pactar una tregua.

También era el culpable del lugar donde estábamos. Éramos los dos, lo reconocía.

― Creo que lo primordial es hablar bien ―expresé― sin más reclamos, ni gritos. No te odio, Bells. Jamás podría.

Ella levantó su rostro y removió algunos mechones que cubrían su bonita cara. Me miró con extrañeza cómo si mil dudas cruzaran por su cabeza, incluso retuvo su labio inferior entre sus dientes.

Pero si pensó hacer preguntas las guardó para ella.

― Ya no quiero discutir más ―musitó―, estoy en un punto que no puedo más, Edward.

― Creo que estamos en ese mismo punto ―le aclaré―. Necesitamos dejar de discutir y de pensar en el bienestar de nuestros hijos.

Nuestros hijos. Se escuchaba bonito, en cambio recordaba cómo había sido engendrado y toda la felicidad disminuía a cero.

Dios. Me estaba volviendo loco.

― Estoy de acuerdo ―dijo.

Esbocé una triste sonrisa que ella me correspondió.

― ¿Cómo trabajaremos? ―quise saber.

― Bueno… antes que nada puedes ver a pollito cuando tú quieras. Es decir, no tienes por qué esperar hasta el miércoles de cada semana o cada quince días.

Resoplé.

― ¿Acaso necesitas tiempo para trabajar?

― Lo hago por mi hijo ―refutó―. Aunque quizás lo mejor es que respetemos los días de visita.

― No. No, prefiero verlo cuando yo o él queramos.

Ella asintió.

― Está bien… y con el bebé ―mordió su labio― te estaré poniendo al día con mis citas prenatales, ¿te parece?

― Si, estoy de acuerdo, Bells.

Nos quedamos mirándonos a los ojos por lo que se sintió como una vida. Ahí, sin decir una palabra, tan solo viéndonos con nostalgia. Tal vez ambos recordando lo que un día fuimos.

Fue entonces que mi celular vibró y pude ver el nombre de Claire aparecer en la pantalla. Bells también lo vio.

Fruncí las cejas.

¿Qué hacía ella llamándome en la madrugada?


Recuerden que estamos en el presente de ahora en adelante. Infinitas gracias por todo su apoyo que tienen hacia la historia, por tomarse el tiempo de escribirme y dejarme tan hermosas palabras que me impulsan a seguir escribiendo. Ustedes tienen la ultima palabra y mueven cada actualización. Les dejo abrazos a cada una (extraño saludarlas) aun así me hacen feliz que sigan conmigo.

¿Qué piensas de ambos? ¿Creen que será fácil llevar las cosas tranquilas?

Quiero aclarar el porqué Edward no hizo muchas preguntas sobre el día que quedó embarazada, ya que ambos no estaban teniendo relaciones y para él fue fácil deducir (con las fechas que dijo Bells) que el bebé era de esa vez y por ende le quedó claro que era suyo.

Gracias totales por leer 💔