Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 17
Pollito
Era extraño no llegar corriendo por mi hijo.
Pollito seguía asistiendo a la guardería por la mañana, aunque solo era medio tiempo. Lo creí prudente porque de esa forma podía seguir ocupando la mañana en enviar aplicaciones a diferentes empresas.
Hasta el momento no había tenido ninguna entrevista. Y eso me tenía nerviosa.
― Mami, ¿dónde está papi?
Miré por el retrovisor a mi bebé quien viajaba en la parte trasera y en su silla de auto. Su vista vagaba hacia fuera de la ventana.
― Papá está en la oficina.
De pronto los ojos cafés se enfocaron en el retrovisor y me sonrió.
― Polemos ir a verlo ―juntó sus manitas en súplica― quiero verlo.
― Ahora no podemos mi amor.
La luz se puso verde y presioné el acelerador tomando el camino a casa. Era el mediodía y Edward debería estar en su hora de comida.
No habíamos hablado en la semana desde que salió corriendo para auxiliar a su amiga; solo respondí escuetos mensajes sobre cómo estábamos Eric y yo. Suponía que era normal que empezara a alejarse de mí, él era un hombre soltero.
Tampoco había hablado con papá. Por lo tanto no estaba enterado que Edward y yo nos habíamos divorciado, tal vez, en el fondo no deseaba hablar de este tema con nadie.
Ángela decía que acudir a terapia era necesario. Mi mejor amiga seguía sosteniendo mi mano cada día, era quien nos visitaba y trataba siempre de animarme cuando los vómitos se hacían insostenibles de soportar.
Por mi parte, estaba indecisa si lo mejor era tomar terapia. Debía superar un divorcio y por mucho que doliera debía seguir adelante.
Estacioné en el garaje y esperé que la cortina se cerrara para permitir que mi hijo bajara y saliera corriendo hacia la puerta de la cocina.
― Mami, quiero agua ―Eric estaba de puntillas mientras empujaba un vaso en la puerta del refrigerador.
Le ayudé. Lo vi beber de un solo trago el agua helada y limpiar su boca con el dorso de su mano, una vez saciado. Arrastró una silla y la llevó hacia el fregadero, con curiosidad observé que tomó una pera del frutero que estaba en la mesa y la lavó él solo, sin necesidad de ayuda. Quitó sus tenis y él mismo los llevó hacia el pequeño zapatero de la entrada, así como también fue corriendo a guardar su mochila en su habitación. ¿Desde cuándo lo hacía?
Eran pequeñas cosas que me había perdido y que no podía recuperar el tiempo para volver a vivirlas con él. Le agradecía a Edward que fuese el mejor padre para mi bebé, porque estaba convencida que él le había enseñado a ser ordenado y autosuficiente.
― Pollito ―pronuncié al verlo comer la pera con mucha hambre― ¿qué quieres comer?
Volteó hacia mí y arrugó su frente.
― Sopa de verduras… ―masticó la pera― como la hace papi.
Me sentí desalentada y mi ánimo decayó. Me dolía que mi hijo estuviera más acostumbrado a la sazón de su papá que al mío.
― Yo también sé cocinar sopa de verduras ―le sonreí luciendo infantil― puedes ayudarme si quieres ―lo invité tratando de alentar a que cocinara conmigo.
Mi niño se concentró en mirarme y sacudió su cabeza.
― No. Que la haga papi. Llámale, mami, dile que venga a hacerme sopa.
Me acerqué a él y lo abracé; acurrucando su pequeño cuerpo en mis brazos, me quedé ahí en el piso teniéndolo conmigo y soportando mis ganas de llorar.
― Eric, papá está trabajando. No puede venir.
― Cuano salga de tlabajar lo espero. Aquí me quedaré esperando que haga mi sopa.
― No mi amor, no puedes estar todo el día sin comer, te dolerá tu barriga ―le hice cosquillas en su panza y él empezó a reír revolcándose en mis brazos―. Por favor, pollito, cocina conmigo.
Frunció su entrecejo y volvió a negarse.
― Espero a papi.
― Bien ―respondí abatida― por mientras puedo prepararte un sándwich de queso, ¿quieres?
― ¿En folma de figuras?
― Sí, podemos hacer muchas formas de figuras, ¿quieres de un oso?
Mi bebé aplaudió eufórico poniéndose de pie y empezando a saltar en un pie y otro. Le preparé el sándwich y él se encargó de usar el molde de oso y darle forma a su emparedado, en el transcurso de la preparación estuve pensando que bien podía hablarle a Edward y pedirle que viniera.
Dubitativa tomé el celular y lo devolvía a la mesa cada segundo sintiéndome tonta, sin saber cómo iniciar una conversación.
¿Era estúpida? Posiblemente sí. No tenía idea si nuestras llamadas seguían siendo las mismas. Es decir, estábamos divorciados y aunque me pidió que lo llamara por cualquier cosa, aún no lo hacía. Todos estos días apenas intercambiamos mensajes cortos y ya… no había más que un largo silencio que significaba que nuestra interacción había terminado.
Suspiré hondamente y seleccione su número.
Mi corazón tenía parecido a un gran tambor que estaba retumbando en mi pecho.
― Bells, ¿sucede algo? ―fue lo primero que preguntó―. ¿Está bien Eric… tú?
― Sí ―asentí a la vez que mordía mi labio―. Te hablo porque pollito quiere que le prepares la sopa de verduras… no quiere la que yo preparo.
Lo escuché reír tras la línea.
― Está bien. En cuanto salga de la oficina paso por ahí, ¿tienes todos los ingredientes?
Abrí la puerta del refrigerador y miré los vegetales limpios y desinfectados en su lugar. Asentí.
― Aquí hay de todo.
― Perfecto. Nos vemos más tarde, Bells.
Estúpidamente sonreí. ¿Por qué no podía ser todo tan fácil?
― Papá llegará más tarde ―le comuniqué a mi niño.
Sus ojitos brillaron de emoción y su sonrisa fue extensa. Eric amaba a su padre… quizás más que a mí.
Acaricié su pelo castaño con mucha ternura.
Perdóname.
No iba a llorar, quizás no todo estaba perdido y yo podía ganarme su cariño. Sabía que aún había tiempo para que me quisiera un poco más.
Bueno, aquí vamos de nuevo. Bella está dispuesta a ganarse de nuevo a su bebé, por supuesto que el niño la ama, solo ella intenta borrar el abandono en el que lo mantuvo. ¿Creen que sea fácil?
Les agradezco el interés para la historia, les juro que mi intención es actualizar diariamente, sin embargo, a veces el ánimo se apaga.
Les digo que estoy en el grupo de Facebook y allá pueden unirse si gustan: link en el perfil.
Gracias totales por leer 💔
