Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 18

Dos extraños

Edward llegó puntualmente a las quince horas.

Me saludó con una débil sonrisa y fue directo con nuestro hijo; lo sostuvo en brazos llenando de besos las mejillas sonrojadas de Eric antes de encaminarse a la cocina y empezar a cocinar.

Los observé desde detrás de la encimera. Edward picaba cada vegetal mientras mi hijo estaba robándose los trocitos de zanahoria fingiendo que cocinaba junto a su padre.

También escuché le contaba una historia sobre los guisantes y mi niño sorprendido seguía comiendo cada vez más interesado.

Comprendí que era una manera de abrir el apetito de Eric y hacer más interesante su tiempo en la cocina.

Una vez preparada la sopa Edward se sentó junto a él, ayudándolo a comer.

― ¿Por qué no comes también? ―dejé un tazón humeante sobre la mesa―. Debes tener hambre.

Edward volteó hacia mí dejándole de poner atención a nuestro hijo. En cambio, Eric no perdió tiempo, sostuvo él mismo la cuchara y empezó a comer por sí solo.

Sonreí. Mi niño amaba la sopa de verduras de su padre.

― No es necesario ―respondió después de unos segundos― he comido antes de venir hacia aquí.

Puse mi mejor cara y asentí. ¿Por qué todo era tan complicado?

― Bueno, si cambias de opinión sabes que estás en tu casa ―murmuré, dejándolos solos y, yendo hacia el cuarto de lavandería.

Estaba cansada de llorar. No quería hacerlo, no de nuevo.

Exhalé lentamente por la boca y aguante el nudo en la garganta mientras me echaba un poco de aire con las manos.

― Bells… ―escuché que Edward hablaba segundos antes de abrir la puerta. Me miró, su semblante era de preocupación―. ¿Estás bien?

Negué, limpiando mis lágrimas.

― ¿Por qué me odias, Edward?

― Yo no te odio, eres tú quien debe odiarme por lo que… ―guardó silencio y rehuyó su mirada de mí.

―Te dije que si no querías estar en este embarazo respetaría tu decisión.

― No te dejaré sola ―increpó―. Soy responsable también y quiero estar… tan solo dame tiempo, no sé cómo acercarme a ti, cómo tratarte.

― ¿Y crees que yo lo sé? Hoy ni siquiera sabía cómo hablarte para pedirte que vinieras a cocinarle a Eric.

― ¿Qué nos pasó, Bells? ―inquirió, pasando una mano por su pelo―. ¿Por qué de pronto nos convertimos en dos extraños?

― No lo sé ―musité, decepcionada―, pero duele mucho.

― Lo más sano es empezar de cero, ¿no crees? ―mencionó― tratar de ir despacio mientras yo… empezaré con terapia la siguiente semana.

― ¿Has estado mal?

― Por favor, Bells ―dio un paso hacia mí― te hice daño y no me alcanzará la vida para arrepentirme y obtener tu perdón.

Desvié mi mirada y él resopló enfadado. No quería hablar del tema, era doloroso y había guardado en el fondo de mis recuerdos ese día.

― ¿Te das cuenta? ―continuó―. No hablamos, estamos guardando mucho porque es más cómodo para ambos y al final no será bueno para ninguno, Bells. No podemos seguir de esta forma.

― Sigo sin entender cómo pequeños desacuerdos terminaron por arrojarnos en diferentes direcciones.

― Te empeñaste en hacer todo a tu modo.

― Y tú en no apoyarme ―respondí altanera. Luego me arrepentí, tomé una honda respiración y supe que no podíamos seguir discutiendo ni echándonos en cara nada, miré sus ojos―. Admito que soy responsable de haberte alejado y que terminaras cansado de mí. No tienes idea de lo arrepentida que estoy por mi abandono hacia ustedes, te juro que estoy trabajando por recuperar tiempo con mi bebé. Aunque…

A ti, ya no pueda recuperarte.

― Los dos nos equivocamos, Bells.

Mordisquee mi labio.

― Mami… ―la voz de pollito nos alertó― ¿dónde está papi?

― Aquí campeón ―Edward salió del cuarto de lavandería y lo cargó en sus brazos― ¿quieres postre?

Mi niño negó recargando su cabeza en el hombro de Edward. No hizo falta pedirle que lo durmiera, Edward se encargó de arrullar su liviano cuerpo hasta que nuestro bebé terminó completamente dormido.

Limpié la cocina en el tiempo que Edward la pasó en la habitación que fue nuestra y ahora compartía con mi niño.

― Tendrá una buena siesta ―mencionó al volver a la cocina. Por la ventana miré que apenas empezaba a oscurecer―. Debo irme, Bells. Necesito lavar.

― Te serví un poco de sopa ―encogí mis hombros― será más fácil solo calentar la comida en el microondas.

Arrastró hacia él recipiente cuadrado lleno de sopa de verduras.

― Gracias. Te prometo que mañana regresaré el recipiente ―me sonrió tímido―. Si Eric necesita de mí no dudes en hablarme o si tú me necesitas, estoy siempre disponible para los dos.

― Será normal ―articulé en voz alta. Los ojos de Edward seguían fijos en mí―. Me refiero, ¿si es normal sentirnos cohibidos?

― Tal vez sí ―exhaló―. Espero que pase pronto esta sensación, Bells. Tampoco me siento a gusto al tratarnos como dos desconocidos.

― También lo espero.

Caminé junto a él hacia la entrada, nuestros pasos eran lentos y me hizo pensar que ambos queríamos seguir nuestra conversación. Él abrió la puerta y se giró a verme.

― ¿Hay algún problema si me quedo con las llaves de la casa?

― Para nada ―asegure. Sintiendo un deje de alegría interna.

― Hasta pronto, Bells.

― Buenas noches, Edward. Nos vemos.

De pronto un carraspeo me desconcentro al ver más allá de la puerta.

― ¿A dónde vas, Edward? ―preguntó papá bajo el umbral.

Edward y yo compartimos una breve mirada antes de concentrarnos en el rostro de mi padre.

Era tiempo de contarle la verdad.


Capítulo en recompensa por los 1k reviews, infinitas gracias por su apoyo. ¿Qué dicen ustedes? Edward y Bella tienen un largo camino. Abrazos a cada una.

Gracias totales por leer💔