Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 19

Charlie

― ¿Es una broma?

Fueron las primeras palabras de papá. Su semblante de sorpresa no podía ocultarse, aunque era disimulado tras una media sonrisa que dibujaban sus labios.

― Jamás bromearía con un tema tan delicado. ―Edward siguió enterrando el puñal en la herida.

No pudo decirlo más directo. Ni siquiera tuvo tacto con mi padre, tan solo le soltó la noticia de bocajarro «nos hemos divorciado».

Me enfoqué en el rostro de Charlie. Él seguía sin dar crédito a lo que escuchaba, incluso se aclaró la garganta a la vez que frotaba los dedos en la barbilla cubierta por una escasa barba blanquecina.

― ¿Desde cuándo? ―nos preguntó. Pude notar la vena de su frente resaltarse a causa del coraje que empezaba a sentir o quizá era decepción de parte mía, por no haber sido honesta con él.

― Papá… ―pronuncié― te contaré todo, dejemos que Edward se vaya. Él tal vez tenga…

― ¡De ninguna manera, Isabella! ―me interrumpió. Su voz se había vuelto fuerte―. Al menos merezco una explicación, te llevé del brazo al altar, te entregué a Edward y sobre su vida juró cuidarte. Mínimo merezco saber: ¿qué demonios pasó con ustedes?

― Lo siento, Charlie. ―Edward se disculpó―. Hubiera querido hablarlo contigo desde que todo pasó… Lo qué pasa es que han sido semanas difíciles.

Papá sacudió la cabeza en desaprobación. Luego enfocó sus ojos cafés en mí.

― ¿Qué ocurrió? ―cuestionó―. Porque nadie se divorcia de un día para otro, nunca tan rápido a menos que haya una infidelidad.

― No se trata de eso, papá ―le aclaré―. Edward y yo no estábamos bien.

― Era un hecho que no estaban bien ―asintió papá―. Lo supe desde que ibas a visitarme sola con mi nieto, todas esas veces… ―resopló― ¿qué pasó?

Edward y yo nos miramos a los ojos. ¿Qué nos pasó? Sonaba como una pregunta trillada y tan cansina. En mi mente la había formulado miles de veces y la respuesta desgarraba.

― Sé que el matrimonio siempre será difícil ―continuó papá―. Complicado hasta el grado que ya no puedes más, porque lo sé, también lo viví. Sin embargo no se trata de tomar caminos diferentes cuando todo falla, no es de esa manera, muchachos.

Edward restregó los dedos en esas hebras cobrizas que tenía por pelo y tiró de ellas. Parecía impaciente. Tal vez molesto.

― Fallamos de muchas maneras, Charlie ―le respondió― y todo tiene un límite.

No podía quitar mis ojos de él.

― También puede ser que la otra persona no quiera seguir porque simplemente ya no te ama ―articulé ganándome la mirada de Edward.

La desilusión en sus ojos fue suficiente para hacerme sentir mal.

¿Aún me amas?

Será verdad eso que dicen que el amor se transforma, que emigra a otro lugar con otros olores, otras formas y otros rostros.

― No ―negó papá―. Esto es tan difícil de procesar, lo hubiera creído de otras parejas, cualquier otra, menos de ustedes. ¿Y mi nieto? ¿Qué pasa con pollito? ¿Pensaron en él? Una separación no se toma a la ligera, no solo deben pensar egoístamente en ustedes, lo primordial es el niño.

― Nos estamos haciendo cargo ―respondió Edward―. No la dejaré sola, no voy a desatenderme de mis hijos.

Exhalé, cruzándome de brazos.

― ¿Hijos? ―inquirió papá cada vez más confundido―. Bella, ¿estás embarazada?

― Lo estoy ―susurré.

Eso fue suficiente para que el malhumor de mi padre se hiciera presente. Caminó por la estancia mientras maldecía por lo bajo. Estaba realmente enojado y era contra los dos. Lo veía en su cara.

Resopló fuertemente llevando sus manos a su cintura masculina y nos miró enfurecido.

― Me preocupa que estén arrastrando a mi nieto en todo su desorden ―expresó― para colmo tendrán otro hijo. Dios, debería ser la noticia más maravillosa en este momento para mí y han arruinado el momento, ¿cuándo pensabas hablarlo conmigo, Bella? ¿Cuándo estuvieras en una sala de hospital dando a luz?

― Papá, por favor ―pedí que dejara sus regaños―. Estaba buscando el momento adecuado para hablar contigo. No ha sido fácil lo que estoy pasando.

― Lo siento, Charlie ―dijo Edward―. Sé que debemos hablar, siempre he pensado que tenemos una conversación pendiente.

― Creí que eran más maduros ―expuso papá―. Confié en que eran una pareja estable que sabía dialogar entre sí, sobre todo, que eran capaces de cuidar de mi nieto sin lastimarlo…

El celular de Edward sonó interrumpiendo las palabras de papá. Lo vi mirar la pantalla y fruncir los labios.

― Tengo que irme ―anunció al tiempo que guardaba su celular―. Charlie, me gustaría hablar contigo, ¿mañana podemos vernos?

Papá caminó con él, acompañándolo a la puerta. Edward salió de casa y volteó a donde yo estaba agitando su mano hacia mí, me asintió.

― ¿Me vas a decir que no se quieren y que por eso se divorciaron?

Puse los ojos en blanco al escuchar a papá. Edward iba a mitad de camino, ni siquiera se había subido a su auto y Charlie ya estaba haciendo sus cuestionamientos.

― Al menos deja que se vaya, papá.

Escuché que cerró la puerta y me siguió a la cocina, le estaba preparando un café.

― ¿Te fue infiel? Dime, ¿si se atrevió…?

― Papá, por favor. No empieces.

― ¿Qué no empiece? ¡Te dejó! No le importó que estuvieses embarazada.

― No lo sabíamos. Apenas me enteré.

Dejé la taza de café en la encimera evitando ver los ojos de papá.

― Te conozco, hija. Sé que estás haciéndote la fuerte, pero en el fondo sabemos que estás mal. No hace falta ni preguntar cómo estás, lo veo en tu rostro.

De nuevo contuve mis ganas de llorar. Me volví hacia la cafetera y decidí mejor hacerme un té de manzanilla.

Sentí los fuertes brazos de papá envolviendo mis hombros y me derrumbé.

Lloré hasta el cansancio y él escuchó cada palabra que necesitaba decir; siempre y cuando procurando reservar para mí aquel momento. Estaba segura que creyó en mi arrepentimiento y fue un poco brusco al saber que había descuidado a mi hijo.

Me reprendió como él sabía hacerlo.

También fui honesta y le dije todas las veces que dejé solo a Edward, las veces que fallé y cada vez que me quedaba dormida frente a la laptop por tener la maldita manía de ser la mejor en la oficina.

― No más lágrimas, Bella ―limpió mi rostro con sus dedos y dejó un beso en mi frente―. No puedes culparte por querer ayudar, entiendo que no pudiste encontrar un balance, pero eso no te hace la peor mujer. No te culpes más mi niña.

Tomó un respiro y meditó. Sin soltar mi rostro.

― ¿Por qué no tratas de volver con él?

― Papá, te estoy diciendo que me cansé de rogarle que fuéramos a terapia, le supliqué de muchas maneras que nos diéramos una oportunidad y no aceptó. Edward decidió dar vuelta a la página y cerrar nuestro capítulo.

― Pues muy cerrado el capítulo no puede estar, cuando tendrán que verse por dieciocho años consecutivos por el bien de sus hijos.

― Lo sé.

― ¿Por qué no se van conmigo? Aquí no tienes nada qué hacer, hija.

― Jamás podría alejar a mis bebés de su padre.

― Solo por un tiempo, Bella, mientras sanas. La distancia los puede ayudar a ambos. Además Edward podrá ver a pollito cada fin de semana o las veces que él quiera.

― No es tan fácil, papá. Hay una distancia de cuatro horas según el tráfico.

― Para ambos es una buena opción.

― ¿En qué forma? ―inquirí― qué se olvidé definitivamente de mí, ¿eso quieres?

― La distancia y el tiempo ayudan a curar heridas, cariño. Si después de ese tiempo siguen sintiendo tanto resentimiento entre ustedes es mejor decirse un adiós definitivo. Un adiós real que les permita ser felices a cada uno por separado.

Bajé la vista hacia mis manos y mi descuidada manicura.

En mi interior empezaba una guerra entre mi raciocinio y mi corazón.

¿Cuál era la mejor opción?


Hola, ¿qué opinan ustedes? ¿Creen que Charlie debe meterse? Les cuento que estamos entrando a otra etapa de la historia.

Les agradezco su infinito apoyo, reciban cada una un gran abrazo con mucho cariño.

Gracias totales por leer💔