Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 26
Acalorada
― Hermanito, bájale a tu histeria ―Alice opinó―. Vine a ver a mi sobrino y dejarle su regalo de cumpleaños, porque es el único sobrino que tengo… ―miró mi barriga con una sonrisa burlona, resoplé intentando tragar mis palabras. Vi cómo dejó la gran caja de regalo sobre una mesa―. Sinceramente deberías pensar en hacerte una prueba de paternidad ahora que nazca el niño porque terminarás manteniendo al hijo de otro.
No presté atención a sus palabras ni siquiera a lo que Edward le respondió porque mis ojos estaban puestos en la acera, mejor dicho, sobre Jess y la rubia que habían bajado del coche de Alice.
¿Qué hacía Jessica con Alice? ¿Desde cuándo se conocían?
Sin pensar, caminé hacia ellas.
Jess de inmediato se cruzó de brazos y levantó su barbilla de una forma retadora mientras la otra solo me observaba.
― ¿Conoces a Alice? ―Pregunté directamente.
― Hola, Isabella ―respondió Jessica― estás demasiado inflada, jamás pensé que un embarazo deformara tanto el cuer… ―guardó silencio al ver mis ojos queriendo aniquilarla―. Sí, Alice y yo estuvimos juntas en la universidad, no sabía que era hermana de tu esposo.
― Claro que lo sabías. Lo supiste siempre ―la evidencié― y era por ello que insistías en que debía ser una zorra como tú ―la señalé con mi índice.
― Yo no tengo la culpa de que todo mundo hablara mal de ti ―articuló antes de fruncir los labios.
― Eres una maldita hipócrita ―el coraje que sentía no me hizo medir mis palabras―. No dudo ni un momento que tú y Alice confabularan contra mí, son un par de víboras asquerosas.
― ¡Tú eres peor! ―Alice me retó―. Siempre creyéndote superior que los demás.
― ¡Ya basta, Alice! ―Edward sostenía a su hermana por la cintura como si tuviera miedo de que fuera a atacarme―. Te dije que aquí no eres bienvenida.
― No ―respondí―, que tú te creas menos no es mi culpa. Yo nunca me he sentido superior a nadie, pero si tu autoestima es inferior a la mía, ahí radica la diferencia.
Sus ojos expresivos se abrieron al máximo.
― ¡Zorra! ―espetó, según ella haciéndome sentir mal.
― Eso hubieras querido, Alice. Que fuera una zorra para gritarlo a todo el mundo y llenarle la cabeza a tu hermano de estúpidas mentiras, que no dudo que lo hayas hecho ―le di una mirada rápida a Edward y él negó―. Solo que no soy nada de eso y sabemos bien que tu dolor radica en que sea una mujer profesional que no depende económicamente de sus padres porque no quiere trabajar o que tiene un novio para que le cumpla cada capricho ―ironicé, sacudiendo la cabeza cuando los recuerdos inundaron mi mente―. Ahora entiendo nuestras conversaciones donde siempre me insististe que no debía trabajar para que tu hermano me mantuviera, querías que fuera una mujer frustrada como tú, dependiendo de todos porque ni siquiera eres capaz de llenar un maldito currículum.
Jessica rio, pero no le di importancia.
Alice forcejeo en los brazos de su hermano dispuesta a atacarme. Tenían la mirada de una psicópata dispuesta a todo.
No dude ni un momento en dar dos pasos hacia atrás y cubrir mi estómago con mis manos. Yo sabía que Edward jamás permitiría que me tocara.
La llevó a jalones hasta el auto estacionado mientras ella seguía forcejeando y sus amigas la sostenían ayudándola a subir.
― Gracias por confirmar lo víbora que eres ―dije más alto de lo que debería. Jess solo me miró enojada y subió en la parte trasera junto a Alice que seguía enfurecida contra mí.
Les di la espalda y caminé al patio trasero.
― Bells… ―escuché la voz de Edward cuando sujetó mis hombros― tranquila, no te exaltes.
Nos detuvimos, quedando recargada en una pared de la casa. Edward no dudó en acercarse a mí.
― ¿Estás bien? Me preocupa que hagas corajes en tu estado.
― ¿Qué te dijeron de mí? ―Pregunté. Necesitaba saber si habían llenado de mentiras sus pensamientos.
Edward suspiró y apoyó ambas manos en la pared, encarcelando mi cuerpo con sus brazos.
Mordí mi labio y las estúpidas mariposas comenzaron a aletear dentro de mi vientre. Su cercanía me ponía nerviosa, sin embargo nonfui capaz de bajar la mirada, me gustaba ver sus ojos.
― Antes respóndeme: ¿cómo te sientes? ―había inclinado su rostro muy cerca del mío.
Tragué.
― Me siento bien ―acaricié mi vientre y miré sus ojos―. Estoy más que nada confundida, tratando de asimilar porque tu hermana me odia.
― Envidia lo que eres, Bells. Una mujer que jamás se rinde y con un carácter impresionante.
― No digas eso ―murmuré― me perdí y por ello… nos divorciamos.
Dio un paso más hacia mí y su cuerpo presionó mi vientre. Mi corazón palpitó fuertemente en mi pecho, los nervios que me hacía sentir su cercanía me recordaba a aquellas primeras citas. Nuestros primeros roces.
Una de sus manos se posó en mi vientre, empezó a deslizar su palma muy suavemente sin dejar de ver mis ojos mientras yo sentía el corazón palpitar en la garganta.
Mi pecho empezó a subir y bajar.
Mentalmente me maldecía por no haber elegido un atuendo más revelador y coqueto, simplemente con el cansancio del día no daba para nada de eso que no fuera un sencillo vestido de algodón color amarillo.
― Lo importante es que hemos rectificado, Bells ―me dio una media sonrisa sin dejar de acariciar mi hinchado estómago―. Pareces agitada, ¿por qué?
¿Por qué malditamente su voz tenía que ser tan seductora? ¿Por qué me provocaba? Acaso no se daba cuenta todo lo que me hacía sentir su cercanía, estábamos solos, arrinconados en una pared en la completa oscuridad. Obvio que tenía qué sentir miles de mariposas recorrer mi voluminoso cuerpo.
Tenía necesidades. Estaba embarazada. Sola. Y luego él hablando de esa forma y tocando mi vientre, por Dios, claro que estaba caliente.
― Porque… bueno… Hace calor, ¿verdad?
Él suspiró manteniendo una sonrisa en sus labios y sujetó un mechón de mi largo cabello, los enredó en la punta de su dedo dejando su rostro muy cerca del mío.
― Bells… ―susurró, sus labios a centímetros de los míos― quiero hacer algo que no sé si esté bien.
Respiré su aliento, incluso me puse de puntillas. No podía dejar de apreciar su rostro, llevé mis manos a sus bíceps y apreté ligeramente sus fuertes músculos.
― ¿Qué quieres hacer? ―mi voz fue apenas un susurro.
Una de sus manos acunó mi rostro y su pulgar recorrió suavemente mis labios.
El solo toque envió escalofríos, mi piel se erizo y juraba por mi vida que mi corazón era un galopar lleno de emociones.
Cerré mis ojos dispuesta a probar sus labios después de tanto tiempo.
Estaba sedienta y moría por tener un poco de él.
Sentí su hálito. Había sonreído.
― ¡Mami, papi!
Abrí los ojos al instante.
Edward se alejó al escuchar la voz de pollito y yo suspiré resignada. Nuestro hijo corrió hacia nosotros y tomó nuestras manos llevándonos con él a la puerta trasera.
― ¿Por qué estaban escondidos? ―dijo inocentemente― ahí está muy oscuro, ¿no les da miedo?
― ¡No! ―Edward y yo respondimos al unísono. Nos miramos y sonreímos siendo cómplices.
Era tiempo de sacar mis apolilladas armas de seducción.
No quería dejarlo ir.
No de nuevo.
― Edward ―susurré― ¿te gustaría ir al cine?
Quiero que sepan que NO ABANDONARÉ Días sin sol. No hay motivo alguno para agredir ni ser crueles, estamos aquí para olvidar un rato el estrés de nuestros días. Si su enojo se debió a que subí otra historia y no les interesa o no me quieren acompañar, lo respeto. Así como también pido respeto sí mi deseo es subir 10 historias más, no le hago daño a nadie, tan solo disfruto lo que mi mente permite imaginar, ¿qué hay de malo? Seamos felices y dejemos a los demás ser feliz.
Infinitamente agradecida con su apoyo, les quiero mucho y les abrazo a la distancia.
Gracias totales por leer 💔
