Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 31
Juntos
― Edward… ―susurré a la vez que tocaba su hombro― mi amor nos quedamos dormidos.
Me respondió con un suave quejido antes de apretar su mano sobre mi trasero y acercarme más a su cuerpo desnudo, subí una pierna encima de su cadera. Mi cara seguía enterrada en su cuello, me gustaba el olor corpóreo de su piel y el cosquilleo que provocaba su incipiente barba.
Reí cuando arrastró su mandíbula sobre mi frente, restregando sus vellos gruesos de la barba. Lo estaba haciendo a propósito y me gustaba.
― No quiero abrir los ojos. No quiero despertar y que sea un sueño, Bells.
Exhalé suavemente. La luz se había colado entre las cortinas de la habitación y la mantenía iluminada por completo.
― No soy un sueño ―levanté mi rostro, mirándolo: Edward tenía un semblante relajado y una pequeña sonrisa en sus labios, ni hablar de su pelo, estaba hacia todos lados y recordé que fue por causa de mis dedos―. Mi cuerpo tiene un cansancio delicioso y no puede ser fruto de un sueño.
Exhaló una risita.
― No hablemos de nuestra noche porque querré más ―dijo mientras rodeaba la punta de su índice sobre mi pezón erecto.
― Estoy dispuesta ―me presioné más a él―. Me gustó nuestra entrada, me sentí recién casada entrando a su nuevo hogar.
Cerré los ojos.
Llegamos al apartamento entre besos y caricias, no podíamos quitar nuestras manos de encima.
― Quiero que conozcas el lugar donde he estado viviendo ―me dijo en el momento que abría la puerta― también quiero recordar aquella primera vez… Nuestra noche de bodas, ¿recuerdas?
― Me subí a tu espalda cuando pasamos el umbral ―articulé.
― Hazlo ―me dio la espalda y me invitó a subirme.
No dudé ni un momento aunque mi vestido fuese corto . De un salto me aferré a su espalda y envolví mis piernas en su cadera y mis manos en sus hombros ―reímos―. Era mi lugar favorito desde que éramos amigos.
Fue inevitable que la nostalgia no me invadiera, lo había extrañado mucho. Demasiado.
Entramos al apartamento. El lugar era espacioso y ordenado, estaba limpio lo que no era sorpresa porque sabía sobre su interés por tener todo perfecto y en su lugar.
Me empezó a mostrar cada rincón sin dejarme caminar, seguía en su espalda como un mono araña, aferrada a él. Me sentó en el mesón de la cocina donde estaba un portaretrato con la fotos de nuestros dos hijos, lo sujeté con mis manos y recorrí con mis dedos el frío armazón color negro.
Mis bebés estaban usando el mismo color de ropa: camisetas polo en color amarillo y pantalón de mezclilla; era una foto de una semana atrás. Estaban sentados sobre el sofá y Eric estaba riendo al ver a su hermano sentado junto a él, posando.
― Bells… ―habló lento y parecía preocupado― ¿te estás cuidando? Es decir, no usamos condón y creo… qué, bueno… si te quedas embarazada ―suspiró― no pasa nada.
Llevé mis manos a su cara y lo acerqué a mí, robándole un beso.
― Sabía que tarde o temprano caería en tus brazos ―confesé― por ello decidí volver a la píldora. La estoy tomando desde hace un mes.
Pude ver el efecto de relajación en su semblante, incluso sus hombros cayeron débilmente hacia adelante. Aquí estaba de nuevo mi Edward responsable, mi chico de siempre.
― Entonces qué esperamos… vamos a seguir nuestra noche ―tiró de mis caderas haciéndome soltar un grito, sus manos estaban bien puestas en mis glúteos, amasando.
Me volví a aferrar a su torso, mis piernas envueltas en su cintura, lo besé con toda mi alma y ser. Con todo el amor que tenía.
Lo escuché gemir y fue momento de frotar mis caderas contra él.
― Quiero estrenar tu cama ―le dije cuando liberó mis labios y besó mi cuello.
― A la orden, preciosa.
Caminó hacia la última habitación; cerré mis ojos mientras seguíamos besándonos y sentí la blandura de la cama en mi espalda.
Suspiré al verlo desvestirse con desesperación. Mis ojos no podían despegarse de ese cuerpo tan perfecto y trabajado ―mordí mi labio― necesitaba que me hiciera suya nuevamente.
Él lo entendió porque su cuerpo cubrió el mío, besándome.
Sacudí la cabeza para salir de mis sucios pensamientos.
― Creo que en algún momento de la madrugada nos quedamos dormidos, Bells. Has acabado conmigo ―comentó, jugueteando con mi cabello.
― Mmm… ―suspiré a la vez que alargaba mis brazos y piernas. La sensación de cansancio entre mis muslos era sumamente emocionante, me sentía satisfecha― necesito una ducha.
― Podemos ducharnos juntos ―sugirió saliendo de la cama. Tan desnudo como estaba alargó su mano hacia mí, por supuesto que no dejé de ver entre sus piernas, era grande y hermoso― vamos amor.
Acepté a regañadientes. Yo quería quedarme viéndolo todo el día, disfrutar su cuerpo tan marcado cómo lo había hecho ya.
.
Hicimos el amor en la ducha. También en la cocina, en el cuarto de lavandería y en el pasillo, porque de ninguna manera nos íbamos a atrever a usar la habitación de pollito. Ahí estaban sus cosas y su pequeña cama y no, no íbamos a ensuciar la pureza de esa habitación.
La tarde caía y apenas estábamos comiendo nuestros primeros alimentos de día. Pasta rotini con salsa al pesto y milanesa de pollo.
También habíamos hablado con Ang y nuestros hijos estaban bien bajo su cuidado.
― Siempre he amado mi ropa en tu cuerpo.
La mirada lasciva de mi chico lo decía todo al recorrer mi figura. Yo usaba una camiseta de él para cubrir mi desnudez que llegaba hasta los muslos.
― No me mires así ―le pedí a modo de broma― porque querré aquí mismo sobre el mesón.
― Con gusto.
Negué, moviendo la cabeza de un lado a otro. Parecíamos dos amantes insaciables que tienen horario para despedirse y no, realmente no nos íbamos a despedir.
Dejé el tenedor sobre el plato y limpié la comisura de mis labios con la servilleta.
― ¿Cuándo volverás a casa?
Pensé que mi pregunta lo sorprendería, pero no fue así. En Edward había tanta paz que esbozó una sonrisa y no dejó de acariciar mi mano por sobre el mesón.
― Me gustaría que fuera hoy mismo, Bells. Solo que antes debemos hablar con Eric y explicarle el porqué estaré de nuevo en casa.
― Pollito te ha visto en casa los últimos tres meses.
― Si. El problema es que ahora quiero nuestra habitación para nosotros dos ―apretó los labios manteniendo su sonrisa―. Amo a mis hijos, pero necesito amar en todos los sentidos a mi mujer, necesitamos nuestra privacidad porque no pienso dejarte en paz por un buen tiempo.
Asentí cuando sus dedos recorrieron mis mejillas.
― Sabes que seremos tema de conversación ―le dije―. Aunque me he dado cuenta que nuestros padres es obvio que se dan cuenta que algo pasa entre nosotros.
Él resopló apoyando los codos sobre el mesón y me sonrió.
― Mis padres saben que te amo, Bells. Ellos me vieron muy mal con el… ―dudó en decir la palabra divorcio, lo sabía porque era justamente lo que me pasaba a mí― y ahora que ven más feliz saben que tú eres la razón.
― Me había dado por vencida ―fui honesta―. Pensé que un día alguien más llegaría a tu vida y aunque doliera me había resignado a perderte y verte con otra, inclusive llegué a imaginar a mis hijos conviviendo con otra persona que fuera parte de tu vida. Me sucedió con Tanya… pensé que si no terminabas enredandote con ella, de igual manera otra llegaría ―exhalé―. Después el nombre de Claire surgió y escuchar a mi hijo diciendo que era la amiga bonita de papá fue un golpe duro para mí.
― Bells, nunca he pensado en siquiera besar a otra mujer. Te juro que todo este tiempo que tú sentías temor por perderme yo estaba sufriendo por la misma razón. Estaba completamente roto de solo imaginar que otro hombre terminaría ocupando mi lugar ―juntó sus cejas en un gesto reprobatorio― no imaginas lo que me dolía el imaginar que algún día te iba ver con una gran barriga, cargando el hijo de otro. No lo quiero ―se incorporó de la silla y rodeó el mesón para tirar de mí abrazarme con fuerza, llenó de besos mi rostro― te amo, nena y no quiero perderte nunca más.
Me aferré fuertemente a él. Lo abracé cómo si de esa forma se pudieran reparar las almas heridas, por mi vida que lo haría el resto de mi vida si fuera posible. Sin embargo, comprendía y tenía conocimiento que las almas heridas solo se reparaban con el amor y cuidado necesarios y yo estaba dispuesta a cuidar de él, así como Edward cuidaría de mí.
Era el cierre de un ciclo doloroso. De un capítulo oscuro en nuestras vidas que nos envió por caminos separados por algún tiempo. No sabía exactamente si con un propósito nos tenía de nuevo juntos, no quería ponerme a meditar si la vida se trataba de propósitos, prefería pensar que la vida se trataba de oportunidades y sabía que nosotros íbamos a aprovechar nuestra nueva oportunidad.
― Vayamos a casa ―susurré, mientras mis dedos jugaban con el pelo de su nuca.
Edward me seguía manteniendo fuertemente entre sus brazos. Aferrado completamente a mí.
― Es tiempo de hablar con Eric.
Cerré los ojos y sonreí.
Sabía que mi pollito saltaría de alegría al saberlo.
Bueno, una vez más queda comprobado que si dos personas se aman por muy difícil que parezca ellos tratarán de estar juntos. Edward y Bella nunca dejaron de amarse muy a pesar de todo lo que vivieron, ellos siempre mantuvieron su amor. Infinitas gracias por todo su apoyo, les abrazo fuertemente.
Gracias totales por leer 💔
