Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 32

En casa

― ¡Yay! ―Eric corrió a encontrarnos cuando abrimos la puerta, se abrazó a las piernas de Bells y luego me dio los brazos para que lo cargara―. ¿Dónde estaban? No durmieron en casa, ¿por qué?

Exhalé. Era una larga historia que él no tenía porqué saber. Lo que era emocionante era que su léxico había mejorado mucho en los últimos meses, ya que él tenía una pronunciación casi perfecta para un niño de su edad.

Le despeiné su dócil cabellera castaña con mis dedos.

― Tenemos noticias ―dijo Bells al besar sus mejillas.

Nuestro hijo sonrió de esa forma impaciente que decía necesitaba saber más información; retorció sus pequeños dedos entre sí.

― Leo lloró en la noche ―nos contó un poco preocupado― y me despertó, no estaban en la cama. Tía Ang vino, le dio un biberón y le puso un pañal limpio. No pude ayudar porque tenía mucho sueño.

Lo hice mirarme. Bells y yo habíamos captado que Eric a su corta edad se preocupaba demasiado por temas que no eran para un niño.

― No pasa nada ―le dije― eres un niño que dormirá todo lo que su cuerpo requiera. Tía Ang estaba cuidando de los dos, así que no tienes porque pensar que hiciste mal en dormirte.

Sus orbes cafés brillaron, tal vez quitándose culpa.

― Hoy le di su biberón ―articuló emocionado― tía Ang me ayudó.

Ángela traía en sus brazos a Leo. Ella tenía una sonrisa cómplice para nosotros.

― La pasaron bien, eh ―murmuró a modo de broma― aquí estuvo todo en orden y estos pequeños caballeros se portaron muy bien.

Bells se acercó y cargó a Leo en sus brazos, arrullandolo. Nuestro pequeño seguía devorando el puño con mucha hambre y desesperación.

Pasé mis nudillos por su suave y regordeta mejilla. Leo giró sus ojos verdes hacia mí, sabía que me conocía y no dudó en sonreír de esa forma ruidosa.

― Gracias por todo ―Bells dejó un beso en la mejilla de su amiga―. Estoy en deuda contigo.

Ángela nos vio de esa forma risueña que decía mucho a la vez que acomodaba el armazón de sus gafas por el puente de su nariz.

― Me debes un café ―respondió mientras se colgaba el bolso en su hombro, me miró―. Tendrás que prestarme a tu chica una tarde.

― No prometo nada ―articulé.

Ellas rieron y Eric lo hizo también; dejé a mi hijo sobre sus pies y lo vi correr hacia el sofá: estaba coloreando un libro con crayolas.

― Necesitaré detalles ―le dijo Ángela a Bells antes de marcharse.

Nos concentramos en los deberes de casa. No había mucho desorden, pero el poco que había lo llevamos a su lugar en menos de una hora, también nos dimos a la tarea de cocinar juntos.

Estábamos cenando después de una ducha tibia que le dimos a los niños. Bells y yo seguiamos pensando cómo abordar el tema con Eric.

― Pollito… ―Bells llamó su atención. Eric seguía entretenido comiendo espárragos y puré de papa dejando de lado el bistec de carne―. Necesitamos contarte algo bonito.

Eric levantó su mirada del plato y se centró en Bells.

― Papá se quedará en casa ―continuó diciéndole―. Él vivirá con nosotros de ahora en adelante.

Eric alternó miradas entre su madre y yo. No parecía comprender lo que escuchaba.

― ¿Te gustaría que viviera aquí? ―Me atreví a preguntar.

Eric movió la cabeza en afirmación.

― Me gusta que estés aquí y duermas con nosotros ―afirmó, mientras seguía comiendo y se llenaba de puré de papa la comisura de sus labios.

― Ya no tendrás dos casas ―Bells añadió.

Quizá esa frase fue clave, porque ahora teníamos su completa atención. Abrió mucho sus ojos; había sorpresa, dudas, felicidad. Todo junto y sin ser procesado.

― ¿Ya no tendré dos casas? ―Indagó con su voz más alta.

― No, ya no ―susurré.

Eric bajó de la silla, levantó sus brazos y se puso a dar de saltos sobre sus pies. Después de su eufórico festejo corrió hacia mí, lanzándose a mis brazos.

― ¿Me llevarás a la escuela? ―Me preguntó.

― Lo haré ―prometí.

No hubo más que explicar. Eric a su corta edad comprendía que viviría con ellos, él no entendía si mamá y yo éramos de nuevo pareja. Porque él solo quería tenerme con él, ver películas y jugar conmigo.

Esa noche fue imposible sacarlo de la habitación. Su emoción era tan exponencialmente alta que durmió muy noche tan solo escuchando los libros que leía para él.

Esa también fue la primera noche que Bells y yo hicimos el amor en la sala de estar. En nuestra casa hasta que el amanecer nos sorprendió y nuestro hijo también lo hizo.

― ¿Por qué están aquí? ―escuché su suave voz.

Yo restregué las manos en la cara y Bells cubrió su desnudez con la manta, ambos seguíamos tumbados en el piso.

― ¿Por qué no tienen ropa? ―continuó con sus preguntas― ¿y por qué mami tiene moretes?

Bells rápidamente cubrió el cuello con la manta. Claro, no sin antes verme de forma reprobatoria y dejar en mi costado un suave codazo que me hizo reír y toser al mismo tiempo. Apreté los labios, debía mostrar seriedad a mi hijo.

― Bueno… nos quedamos dormidos ―hablé como si nada. Eric seguía atento observando el rostro de su mamá― vimos televisión toda la noche.

― Ah ―murmuró más contento― en la noche hablenme para ver tele con ustedes, ¿si?

― Claro que sí mi amor ―respondió Bells.

Ahora fui yo quien la miré reprobatoriamente, no debía mentirle. Bells se encogió de hombros y me sonrió. Fue que Eric se acercó con mas curiosidad hacia ella.

― ¿Qué tienes aquí, mami? ―mi hijo presionó una pequeña marca que le había hecho a su madre en el cuello.

Bells cubrió la marca con una mano y no dudó en mirarme mal. Le di un guiño.

Carraspee.

― Eric… ―le dije― es tiempo de hacer una maleta porque nos iremos a la playa.

― ¿A la playa? ―preguntó dudoso.

― Sí, nos iremos de vacaciones ―revelé.

Él volvió de nuevo con ese baile típico de emoción y felicidad. Empezó a gritar por la estancia mientras de fondo se podía escuchar un chillido de Leo que había despertado.

Antes de que Bells fuera con él con mi brazo rodeé sus delgados hombros y besé su sien.

Era extraño que llevara tres meses aquí y que apenas me sintiera en casa.

Este era mi hogar y lo que más extrañaba.

Los ruidos y gritos de mi hijo, así como despertar con mi mujer.

Al fin estaba verdaderamente en familia.


Bien dicen que con los niños entre más concisa es la explicación es mejor. ¿Quieren leer más? Infinitas gracias por su apoyo, les cuento que la siguiente semana vuelve Bandolero y Just Married.

Gracias totales por leer 💔