Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 33

Buenas nuevas

― ¿No me dirás nada?

Mamá quería escuchar de mi propia voz lo que ella sabía.

Sin dejar de ver sus ojos le di un sorbo al café que me había preparado. Me gustaba venir a visitarla y conversar con ella.

― Hemos vuelto ―revelé―. Bells y yo estamos juntos nuevamente.

La sonrisa de mamá fue amplia. No se resistió y se puso de pie, abrazándome por los hombros dejó varios besos en mis mejillas. Me estaba tratando como a un crío.

No podía pedirle que dejara de hacerlo, era mi madre y ella estaba celebrando mi felicidad.

― Sabía que ocurriría tarde o temprano ―comentó― he visto sus miradas y no podía equivocarme, hay amor entre ustedes, ninguno de los dos puede ser discretos mientras existe tanta pasión.

― Mamá ―me quejé― es vergonzoso lo que dices.

― Pero es verdad. ¿Cómo lo ha tomado pollito?

― Bien. Está feliz, sobre todo porque nos iremos de vacaciones.

― Me alegro tanto, Edward. ¿A dónde viajarán? ¿Cuándo?

― A República Dominicana, será este fin de semana, estaremos ahí dos semanas. Todo está listo.

Volvió a abrazarme con tanto amor.

Estábamos abrazados, conversando de todas las buenas nuevas que sucedían. En ese momento escuchamos la puerta de la entrada, Alice había llegado y venía con Jasper, su esposo.

Lo saludé con un apretón de manos. Era un tipo agradable, le tenía respeto por soportar a mi hermana que era la persona más difícil a tratar.

― Es bueno verte, Edward ―comentó Jasper―. A ver qué día podemos juntarnos a jugar billar.

― Quizá un día. ―En realidad era incómodo que por culpa de mi hermana su esposo y yo no tuviéramos mucha confianza.

― ¿Hasta cuándo me hablarás? ―Preguntó Alice en ese tono de burla―. Edward, deja de portarte como un niñato enfurruñado, simplemente supéralo.

― No voy a superar nada. Porque esto no se trata de superación sino de respeto. Te pido respeto para mi familia, en especial para Bells.

Rodó los ojos.

No tenía nada qué hablar con ella, Alice no cambiaría porque era una mujer inmadura de veintisiete años atrapada en una adolescente de quince.

Me despedí de mi madre y de Jasper. A mamá le prometí volver cuando regresemos de viaje, por supuesto que al escuchar mis palabras mi hermana se mantuvo expectante y muy interesada en saber, seguro interrogará a mamá sobre mi vida.

Era mi hermana. Existía cariño entre nosotros y podía asegurar que tuvimos una buena relación de hermandad en algún tiempo, quizá eso fue antes de que ambos eligiéramos nuestros caminos y ella decidiera envidiar a Bells.

Esperaba que cambiara su forma de ser. Quizá cuando madure o sea madre pueda ser una mujer totalmente diferente con la que se pueda entablar una conversación sana, por mientras era preferible evitarla.

Le deseaba lo mejor.

.

Teníamos tiempo de no juntarnos.

Aprovechamos que salimos de la oficina al mismo tiempo y decidimos cenar juntos.

El ambiente era diferente a aquellas veces donde me sentía desdichado, ahora estaba feliz riéndome de cada idiotez que contaba Jacob.

― Créanme ―nos dijo― esa chica es diferente a todas con las que he salido. Vanesa tiene un aura diferente y emana paz al estar cerca de ella, me siento raro cuando estamos juntos. Por eso mismo me alejé, no he querido responder sus mensajes.

Sam y yo cruzamos miradas antes de empezar a reír. Jacob tenía treinta y dos años y era el tipo más inestable para enamorarse, prefería huir, siempre era lo mismo con él. Me preguntaba realmente: ¿cuándo se enamoraría?

― Bueno ―dijo Sam dejando por la paz el tema de Jacob― ayer nos dijeron que el bebé que esperamos es una niña, así que muy pronto tendremos la parejita en casa.

― Enhorabuena ―lo felicité sin dejar de pasar mis dedos por la copa de agua.

― Gracias ―articuló―. Por cierto, me da gusto que tú y Bella hayan resuelto sus problemas. Te ves más feliz.

Sonreí. Para nadie era un secreto que mi estado de ánimo había cambiado por completo.

― Oye, Edward ―intervino Jacob. Su lado bromista había desaparecido de su semblante―. Lamento haber sido un idiota ―dijo―, haberme aferrado a que salieras con una y otra cuando no eras lo que necesitabas, nunca quise ser un cretino y fastidiarte, es mas si me hubieras dicho que seguías amando a Bella te hubiese ayudado a recuperar su cariño, qué sé yo, quizá con una serenata.

― Te creo, Jacob ―respondí al ponerme de pie. Debía irme.

― Te aseguro que te hubiera ayudado si regresar con ella era lo que necesitabas para dejar tu cara de amargado ―añadió―, yo mismo te la hubiera traído.

En mis pensamientos se cruzaron imágenes de Jacob trayendo a Bells conmigo, posiblemente amagada. Lo creía capaz de eso y más.

Sacudí la cabeza despejando mis pensamientos.

― Debo ir a casa, me toca cuidar de mis hijos porque Bells irá a tomar un café con Ángela.

― Felices vacaciones ―murmuró Sam.

― Ojalá nos traigas buenas nuevas y regresen cinco ―bromeó Jacob antes de beber de su copa de vino.

Hice un gesto mientras me encaminaba hacia el estacionamiento.

Bells y yo apenas podíamos dormir unas cuantas horas con Leo. En nosotros no estaba planeado traer otro hijo tan pronto.

Lo habíamos hablado y llegamos a un acuerdo. Íbamos a esperar a que Leo tuviera tres años o quizás cuatro, no había prisa.

Ahora más que nunca estábamos dispuestos a seguir nuestros planes y por supuesto qué íbamos a realizar cada jodido sueño.


Infinitamente agradecida con su apoyo, nos leemos en el final. Si no logro traer el capítulo mañana, seguramente será el lunes, tenganme paciencia.

Gracias totales por leer 💔