OVERLORD
MI QUERIDA ALBEDO
Autor: Jiraiya-Sama
NOTA 1: Todos los derechos de OVERLORD, pertenecen a sus respectivos creadores o a aquellos que les sucedan legalmente en el futuro. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de esparcimiento . No me demandan.
Capítulo I: "UNA SIMPLE CARICIA"
Ainz Ooal Gown, anteriormente conocido como Momonga y actual Señor Supremo de la "Gran Tumba de Nazarick" tenía un problema entre manos; un gran problema a decir verdad. Lo más frustrante de esto, es que pese a todo el enorme poder y sabiduría que había acumulado en el transcurso de los años, primero jugando "Yggdrasil" con sus antiguos amigos y luego en este "Nuevo Mundo" al que había sido transportado, no estaba más cerca de encontrar una solución al problema que lo estaba quemando. Bien, tal vez lo determinante aquí es que el problema en cuestión no se pudo solucionar con su magia o su poder. No, este es un problema para el que no estaba realmente preparado. Ainz Ooal Gown, Señor Supremo de la "Gran Tumba de Nazarick", tenía un problema de faldas.
Bien visto, era bastante predecible que no supiera qué hacer con este problema. Cuando vivía en la Tierra, bajo su verdadera identidad de Suzuki Satoru, era un simple asalariado en una empresa X, un número más entre cientos de empleados sin nada que lo destacara particularmente. Tampoco era demasiado agraciado, siendo un tipo más como cualquier otro. Obviamente todo esto no lo hacía demasiado atractivo para la población femenina, motivo por el que nunca había tenido novia y no sabía realmente tratar con mujeres. En suma, no tenía la experiencia que se necesitaba para tratar con este problema de faldas, un problema que él mismo se había buscado.
"¿En qué demonios estaba pensando cuando alteré la configuración de Albedo?" se preguntó mentalmente un complicado Ainz, porque ese era el problema aquí, su problema de faldas respondía al nombre de "Albedo"
Albedo es la Supervisora de los "Guardianes de Piso", en la "Gran Tumba de Nazarick" y por qué no decirlo, su mano derecha. Después de todo, ella es la que queda a cargo de Nazarick, cuando él debe salir a cumplir con sus responsabilidades como el aventurero "Momon" y traer dinero para mantenerlos a todos. Hasta ahí todo bien, pero esa estúpida decisión de jugar con la configuración de Albedo y cambiarla para que en vez de decir: "Por cierto, es una zorra" diga "Está enamorada de Momonga", es algo que le ha estado jodiendo la existencia desde el primer momento.
¿De verdad? ¿Es una zorra? ¿En qué rayos había estado pensando Tabula Smaragdina, al poner ese detalle en la configuración de Albedo cuando la creó? Como fuere, este es un problema que él mismo se creó y debió solucionarlo, pero nuevamente, no sabía cómo hacerlo ya que simplemente no sabía cómo lidiar con las mujeres.
Desde el primer momento en que había llegado a este "Nuevo Mundo", Albedo había estado comportándose de acuerdo a la configuración que él le había dado. Se comportaba como una mujer enamorada y, en algunas ocasiones, como una "adolescente" enamorada. Albedo también es algo obsesiva, bastante celosa y no tiene ningún reparo en hacerle insinuaciones descaradas de tipo sexual, incluso en un par de ocasiones llegó tan lejos como para decirle directamente que la lleve a la cama y la folle, pero, ¿Cómo se supone que haga eso si es un esqueleto parlante?
Ese es otro punto aquí, él ya no es humano. Desde que llegó a este "Nuevo Mundo" lo había hecho en la forma que tenía en el juego de "Yggdrasil". Ya no era Suzuki Satoru, ahora es Ainz Ooal Gown, un "No Muerto", un esqueleto andante desprovisto de carne y piel, que cada día que pasa en este mundo, abraza más y más su nueva identidad, despojándose de su humanidad, volviéndose frío y calculador. Ya no necesita dormir o comer y las emociones humanas parecían haberlo abandonado, por lo que cosas como el deseo sexual en verdad no lo estimulaban.
Nazarick estaba poblado por una variedad absurdamente ridícula de mujeres hermosas y como su Señor Supremo, está en la posición de ordenarle a todas estas mujeres tener una orgía masiva con él, o tener una orgía entre ellas, para que él pudiera disfrutar del espectáculo, pero nuevamente, eso es algo que no despertaba su interés, además que no tiene cómo… ¡Es un costal de huesos!
El problema es que Albedo no parece notar este detalle ya que sus avances de tipo amoroso son cada vez mayores, así como también sus decepciones. Él puede notar la tristeza en los ojos de Albedo cuando se hace el desentendido ante sus avances, o la decepción cuando cambiaba el tema, llevándola hacia lugares menos comprometidos. Esto era algo que ocurría cada vez más seguido, algo que lo molestaba cada vez más.
Todos los que alguna vez fueron NPC en la "Gran Tumba de Nazarick", ahora son reales. Están vivos, respiran, comen y sienten. Son las creaciones de sus antiguos amigos, sus hijos y él, como su Señor, quiere lo mejor para todos ellos, los quiere protegidos y felices.
Había estado trabajando en eso, recompensando a los hijos de sus amigos, que él vio también como si encontraron sus propios hijos. Les había dado regalos a algunos y recompensaba a otros, como lo hizo con Cocytus, al que le resultó quedar al cuidado de las tribus de Hombres Lagarto, o Sebas Tian, al que le permitió traer a Tuareninya a vivir a Nazarick. Él quiere hacer lo mismo por Albedo, quiere recompensarla, ella lo merece. Albedo es su mano de derecha, siempre al pendiente de que las cosas funcionen correctamente, como si fuera una esposa diligente cuidando que todo estuviera bien en casa. Es gracias a Albedo, que él podía correr libremente por este mundo bajo la identidad del aventurero "Momon", porque tenía la tranquilidad de saber que Albedo estaba cuidando Nazarick, ella estaba cuidando su hogar.
Un repentino estremecimiento pasó por el huesudo cuerpo de Ainz ante ese pensamiento. Un repentino flash mental vino a él, una visión de un mundo alterno, un mundo donde ya no era Ainz Ooal Gown, era nuevamente Suzuki Satoru y paseaba por un parque, bajo un hermoso día de verano, con aire puro, escuchando el viento pasar por entre las hojas de los árboles, mientras las aves cantaban ya su lado estaba ella, sin cuernos en la cabeza, sin alas en la espalda, solo una hermosa mujer de cabellera color negro azabache, tomándolo de una mano. Era Albedo, su mujer, su esposa, que llevaba sujeto con su otra mano a su pequeño hijo de 5 años.
— ¡Ainz-Sama!
Ainz dio un salto de sorpresa por la repentina voz que lo llamó, logrando que casi cayera de su trono. Al levantar la vista pudo verla a ella, la causante de todos sus quebraderos de cabeza: Albedo.
—Ainz-Sama. ¿Se encuentra bien? — preguntó ella.
La Súcubo de cabello negro azabache, lo estaba mirando más cerda de lo que era educadamente razonable. Ella tenia la costumbre de invadir su espacio personal, como ahora. Podía ver como su hermoso rostro estaba muy cerca del suyo, como sus ojos dorados lo miraban con interés y vio de refilón como sus grandes y turgentes senos se balanceaban con el movimiento al agacharse hacia adelante. Tampoco podía obviar el hecho de que Albedo olía bastante bien… espera, ¿no había sentido el aroma de Albedo en otro lugar antes? Como fuere, no pudo seguir por más tiempo en esta posición comprometida, además, ¿qué demonios había sido esa visión aterradora que tuvo hace unos momentos?
— Ejem, estoy bien Albedo. Solo me tomaste por sorpresa — dijo, restándole importancia al asunto y volviendo a sentarse adecuadamente, aceptando la mano gentil podría por la mujer para ayudar, aunque no la necesitaría, sabiendo que la lastimaría de no aceptar.
Albedo se irguió en toda su altura y permaneció de pie a su lado, con las manos tomadas por delante, en esa pose tan característica de ella. Su seda y larga cabellera negra azabache caía con gracia por su espalda. Su tradicional vestido blanco abrazaba todas sus curvas, mostrando una figura de infarto y unos senos de un tamaño más que interesante. Su rostro de diosa estaba adornado con una hermosa sonrisa y sus ojos dorados lo miraban con todo el amor que una Súcubo con las estadísticas alteradas podía ofrecer. Él le había hecho eso, él la había cambiado en una estúpida broma para sí mismo, que resultó en este desastre. ¿Qué pensaría Tabula Smaragdina, si supiera lo que le había hecho a su creación, a su hija?
De seguro su amigo no se sentiría feliz al saber que cambió la configuración de su hija, forzándola a amarlo, ¿verdad? Aunque ese detalle donde decía que Albedo es "una zorra", no hablaba precisamente bien del humor de su antiguo amigo. Como fuere, ahora Albedo estaba perdidamente enamorada de él y no tenía la más mínima idea de cómo lidiar con esto, aunque estaba seguro de que la forma en que lo había estado haciendo no era la más adecuada, si las miradas de tristeza y decepción de Albedo tienen algo que decir. Suspiró pesadamente.
— ¿Qué ocurre Albedo? — preguntó, tratando de dejar a un lado esos pensamientos por el momento.
— Narberal Gamma ya se encuentra lista y esperando por usted, Ainz-Sama — informó Albedo con su voz melodiosa, pero con un dejo de enfado filtrándose en el fondo.
Es cierto, él debía partir hacia E-Rantel bajo su alter ego de "Momon" para tomar algunas misiones. Debía seguir forjándose un nombre como aventurero, recabar información y de paso, ganar algo de dinero. Por supuesto, Albedo había querido acompañarlo en esta misión autoimpuesta desde el primer momento, pero él había dejado muy en claro que la necesitaba aquí en Nazarick, cuidando de todo mientras estaba fuera, decidiendo llevar con él a Narberal Gamma, que se transformó en " Nabe", la compañera aventurera de "Momon".
Sabía que Albedo había comprendido la razón tras esa decisión, sabía que ella comprendía la importancia y la responsabilidad que ponía sobre sus hombros al dejarla a cargo de Nazarick, pero Albedo nunca pudo dejar que los celos la consumieran cada vez que salía en compañía de Narveral Gamma a recorrer este mundo. Los celos eran injustificados, por supuesto, pero Albedo no podía evitarlo, él había hecho que ella actuara así, porque ella estaba enamorada de él. Volvió a suspirar.
— Vamos Albedo — dijo simplemente, levantándose de su trono y dejando el gran escritorio tras el que había estado sentado las últimas horas.
Ainz comenzó a avanzar con paso firme para salir de su estudio, seguido siempre de cerca por Albedo. Una sirvienta abrió la puerta, haciendo una reverencia. Él dio un pequeño sentimiento en reconocimiento y dejó la habitación en compañía de Albedo, adentrándose por los corredores de Nazarick.
Ainz avanzaba por el salón del trono ya transformado en la forma del aventurero "Momon". Vestía su impresionante armadura oscura, una capa roja y sus dos formidables espadas en la espada, pero sin llevar el casco puesto, habrá al aire su cabeza huesuda. A su lado, Albedo lo seguía silencioso y fiel, las manos tomadas por delante con una sonrisa en los labios, que no parecía llegar a sus ojos. Ella estaba triste, Ainz podía notarlo. Estaba triste porque él partiría por algunas semanas, lejos de Nazarick y lejos de ella. De alguna forma, ese pensamiento le dejo un mal sabor de boca.
Mientras seguían avanzando, a un lado de ellos estaban los "Guardianes de Piso", con una rodilla en el suelo, la cabeza gacha y una mano en el pecho en señal de respeto. Al otro lado estaba Sebas Tian y el escuadrón de Maids de combate, "Las Pleiades", también con una rodilla al suelo, cabeza gacha y una mano en el pecho, mostrando su respeto al Señor Supremo de Nazarick.
Al fondo junto a la puerta estaba Narberal Gamma, ya vestida en su alter ego de "Nabe" arrodillada de igual forma que los demás. Ella levantó la cabeza cuando Ainz se detuvo ante ella. Pudo ver el respeto y total compromiso en sus ojos, luego, por una fracción de segundos, pudo ver como desvió la vista para hacer una mueca de temor, que desapareció tan rápido como apareció. Esto ya había pasado antes, de hecho, pasaba cada vez que dejaba Nazarick en compañía de Narberal Gamma. Era la mirada de advertencia de Albedo, que le decía a las Pléyades que era mujer muerta si intentaba algo con él. Obviamente eso nunca iba a pasar, pero Albedo no parecía darse cuenta de eso y marcaba su territorio como una leona cada vez que podía. Volvió a suspirar cansadamente. ¿Qué podría hacer?
Se giró para ver a Albedo. Ella lo miraba con una hermosa sonrisa en los labios, con ojos soñadores, una infinita devoción y amor. Nuevamente sentí que le debía algo más a esta mujer. Desgraciadamente no había nada material que pudiera darle, ya que Tabula Smaragdina se había encargado de dejarle a Albedo una cantidad obscena de vestidos, armaduras, armas y joyas. Tampoco podría recompensarla con más poder, ya que ella es su mano derecha, la segunda al mando detrás de él. Si quería recompensarla, darle algo en reconocimiento por su compromiso y devoción, debía ser algo completamente distinto.
Nuevamente esas miradas de tristeza y decepción de Albedo cuando la rechazóba, concluyó a su mente. Evidentemente no estaba en sus planes tomarla como pareja y tener una relación, pero simplemente no podía seguir siendo tan frió con ella. Él sabía que la estaba lastimando con su actitud y no quería seguir haciendo eso. Él no quería lastimar a Albedo, no quería verla triste, ella merece ser feliz, él problema es que la felicidad de Albedo, pasa por él.
Ainz no supo cuánto tiempo estuvo ahí de pie frente a Albedo, mirándola directamente a los ojos. Muchas cosas pasaron por su mente en ese momento, hasta que algo se asentó en él. Un recuerdo, una situación similar, algo que vio años atrás en una vieja película en su mundo de origen. Consideró la idea. En un inicio pensó que la idea era una soberana estupidez, pero con cada segundo que pasaba, le parecía que la situación que vio en esa película era casi idéntica a lo que estaba viviendo en este momento.
— ¿Ainz-Sama? — preguntó Albedo con voz algo temblorosa y un dejo de preocupación, ya que su Señor se había quedado ahí de pie, mirándola fijamente por más de un minuto sin hacer nada. No es que le molestara ser observada por su Señor, es solo que él debía marcharse y se estaba preocupando un poco ya que no reaccionaba.
Ainz fue sacado de sus reflexiones por las palabras de Albedo. Ella lo estaba contemplando con ojos expectantes y preocupados. Todo su ser enfocado en él, dispuesto a todo por él, entregar su cuerpo, su vida, su alma, todo por él. Ese último pensamiento lo hizo tomar la decisión, haría esto.
Estaba por hablar, hacer audibles las palabras que había escuchado en esa vieja película, pero sentí que eso no sería suficiente para transmitir lo que quería. Él quería decirle a Albedo lo importante que es, lo orgulloso que se siente de ella, pero no quería decirlo solo con palabras. Una nueva idea surgió en su mente, algo que podría transmitir un poco lo que él quería decir. ¿Debería?
Luego de uno de unos segundos, el Señor Supremo de la "Gran Tumba de Nazarick" levantó lentamente su mano derecha y la llevó al rostro de Albedo. Pasó gentilmente sus dedos por su mejilla, acariciándola por varios segundos y ganando un fuerte sonrojo de ella, entonces tocó delicadamente su mentón con el dedo índice y el pulgar para levantarlo un poco y verla directo a los ojos.
— Debo marcharme ahora, Albedo. Cuida de nuestro hogar mientras estoy fuera — dijo Ainz, con una voz no tan profunda como hubiera deseado.
— S… Si, Ainz-Sama — logró decir apenas, una emocionada Albedo luego de unos segundos, con el rostro completamente rojo, el corazón latiendo desbocado en su pecho y las piernas temblorosas, amenazando con ceder bajo su propio peso, por la cantidad de cosas que estaba experimentando en ese momento.
Ainz le dio una intensa mirada a la mujer mientras le daba una última caricia a su mentón con el dedo pulgar, para luego girarse y dejar el salón del trono a paso acelerado mientras su capa ondeaba dramáticamente tras él. Atrás, una impactada Narberal Gamma, estaba sonrojada hasta las orejas, ante la escena tan íntima y personal que había presenciado entre su Señor y su Señora. Tuvo que usar todo su autocontrol para obligarse a moverse, cambiar un cortés sentimiento de cabeza a Albedo, para luego ponerse de pie y seguir a su Señor.
Atrás, Albedo seguía congelada en su lugar, procesando lo que había pasado. La intensa mirada que su Señor le había dado, lo que su Señor le había dicho, la forma en que lo había dicho y por sobre todo, la forma en que su Señor le acarició el rostro mientras hablaba. Llevó una mano a su mejilla donde su Señor la había tocado. Su señor la había acariciado de forma tan gentil e intensamente a la vez, que por poco le estalla el corazón. Eso solo quería decir que él… que su Señor… Ainz-Sama… Ainz-Sama…
Albedo dio un potente chillido de victoria, para luego gritar "SI" a todo pulmón, mientras era observada por unos impactados Guardianes de Piso, Sebas Tian y Las Pleiades, que seguían en un estado casi catatónico, con los ojos desorbitados y la boca abierta, ante la forma tan personal e íntima, con la que su Señor se había despedido de Albedo. Fue casi como ver a un hombre despidiéndose de su esposa antes de un largo viaje.
— Tú… ¡PUTA! ¿Qué le hiciste a Ainz-Sama para que te hablara de esa forma? — estalló de pronto Shalltear, con la cara totalmente deformada por la furia mientras escupía fuego por la boca.
— Mi amor finalmente llegó al corazón de Ainz-Sama — dijo Albedo, con una sonrisa maniaca, que abarcaba su cara casi por completo, mientras su cabello flotaba en el aire como si tuviera vida propia, al tiempo que reía como una posesa.
— ¡TE MATARE! — estalló Shalltear, saltando sobre una feliz Albedo.
Ainz podía escuchar sonidos de explosiones y peleas al fondo del corredor en el salón del trono, pero no hizo el más mínimo amago de volver para ver qué rayos estaba pasando ahí atrás. Pese a ser un "No Muerto" que se supone que había reprimido todas las emociones, en ese momento se sintió completamente avergonzado, de hecho, sabía que si hubiera carne sobre sus huesos, estaría totalmente sonrojado.
¿Qué demonios había estado pensando al hablarle a Albedo de esa forma?
Es cierto que quería hacer algo por ella, no le gustaba verla triste por su culpa, no le gustaba ver decepción en ella por esquivar sus avances, él quería de alguna forma hacerla sentir bien, algún tipo de regalo o recompensa como a los demás y finalmente había hecho esto. Recreó con Albedo la misma escena que vio en esa vieja película, agregando por su cuenta, lo que en principio iba a ser una leve y corta caricia, que pasó a ser una caricia bastante más larga e íntima de lo que había planeado. Se había dejado llevar por la situación, pero lo había hecho por ella, para darle una pequeña alegría y pudo ver que resultó. Los ojos de Albedo cobraron un brillo y una vida que jamas habia visto antes en ella. Podía jurar que resplandecía en felicidad y su rostro sonrojado la hacía verse particularmente bella. Espera, ¿él acababa de pensar eso? Negó con la cabeza.
Si, había tenido este "pequeño" gesto por Albedo, para darle algo de alegría y había resultado tal vez demasiado bien. No ayudaba el hecho de que él se terminó metiendo demasiado en el personaje. En verdad parecía como si Albedo fuera su esposa y él se estuviera despidiendo de ella, pidiéndole que cuidara su hogar; lo cual fue técnicamente lo que hizo. Ainz gimió al darse cuenta de que tal vez hacer esto no fue la mejor idea.
¿Qué se supone que hará cuando regrese a Nazarick en unas cuantas semanas? ¿Cómo se supone que saludaría a Albedo al regresar? Podía recordar la escena en esa película, donde el hombre regresa a casa y es recibido por su esposa. La sola idea de interpretar eso con Albedo, le puso sus pelos de punta inexistentes.
Ainz volvió a suspirar por la que sería la enésima vez ese día, completamente consciente de que lo acababa de hacer, volvería para morderle el trasero. Aun así, pensé que la felicidad en los ojos de Albedo, valía la pena.
Solo en ese momento, Ainz fue consciente de una mirada que parecía estar taladrando un agujero en su cabeza. Detuvo su andar y miró a su lado para encontrar a Narberal Gamma, que lo contemplaba con admiración y una radiante sonrisa en los labios, como si estuviera tremendamente feliz por lo que acaba de presenciar.
— ¿Hay algún problema, Nabe? — preguntó Ainz con seriedad, usando el nombre de aventurera de la mujer junto a él.
— No, Ainz-Saaaaa... Momon-San. Ninguno problema — respondió la Pleiades, guardando la compostura y recordando en el último momento, usando su nombre de aventurero.
Ainz le dedicó una seria mirada a la Maid de Combate y volvió a suspirar con cansancio. Se llevó una mano a su huesudo rostro, momento en que el casco de su armadura apareció en su cabeza. Ya tendría tiempo para pensar las cosas con más calma y tratar de averiguar cómo se supone que debería comportarse con Albedo al regresar de E-Rantel.
Si, definitivamente esto volvería para morderle el trasero, pero por el momento, es hora de que el aventurero Momon y su compañera Nabe, vayan a ganarse el sustento.
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Continuará…
Notas del Autor: Hola a todos, este es mi primer intento por escribir algo sobre esta gran serie que es OVERLORD.
La verdad es que hay mucho sobre lo que poder escribir, ya que por su gran complejidad argumental y cantidad de buenos personajes, OVERLORD te da un abanico de opciones realmente grande, pero decidí centrarme en la relación de Ainz y Albedo. Tristemente para mí, no se ahondó mucho en esto, ni se llevó hacia donde a mí me hubiera gustado; es así que para sacarme las ganas me plantee la idea de tomarlo por mi cuenta.
No quise hacer nada demasiado complejo, solo adentrarme un poco en la cabeza de Ainz y lo que él piensa y siente luego de meterse en este dilema, al cambiar las estadísticas de Albedo y ver como un "pequeño" gesto, es capaz de cambiar las cosas y moverlas al siguiente nivel.
Esto que inicialmente era un One-Shot ya se transformó en algo más grande, como suele ocurrir periódicamente, donde comienza con un One-Shot y termina con historias de varios capítulos. En todo caso esto no será demasiado largo… espero.
Saludos y nos leemos.
