OVERLORD

MI QUERIDA ALBEDO

Autor: Jiraiya-Sama

NOTA 1: Todos los derechos de OVERLORD, pertenecen a sus respectivos creadores o a aquellos quienes les sucedan legalmente en el futuro. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de esparcimiento. No me demanden.

NOTA 2: Este capítulo contiene escenas de tipo LEMON (descripciones explicitas de contenido sexual) por lo que no es apto para menores de 18 años.


Capítulo IV: "UN NUEVO CAMINO"

Ainz Ooal Gown, Señor Supremo de la "Gran Tumba de Nazarick", descansaba cómodamente en su espaciosa cama, en la privacidad de su habitación. Parte de su espalda y su cabeza estaban recargadas sobre unas esponjosas almohadas, que lo mantenían en una posición levemente elevada, que le permitía tener una vista privilegiada sobre la hermosa mujer que dormía plácidamente apegada contra él.

Albedo era la viva imagen de la felicidad. Pese a estar completamente dormida, el rostro de la Súcubo estaba adornado por una radiante sonrisa. Ainz no pudo dejar de apreciar la belleza de la mujer que dormía plácidamente compartiendo su cama. Albedo es por mucho la mujer más hermosa que había conocido, ya sea en su vida pasada o la actual. Podía afirmar también, con no poco orgullo, que Albedo ahora es su mujer. ¿Orgullo? Más bien "fortuna". Sí, la verdad es que es un bastardo afortunado. Tanto en su mundo de origen como en este nuevo mundo, los hombres matarían por la oportunidad de tener a una mujer como Albedo. Demonios, estaba bastante seguro que incluso irían a la guerra por ella.

Albedo dio un pequeño gemido somnoliento, reacomodándose contra el cuerpo de Ainz, mientras de alguna forma, enredó un poco más sus piernas contra las de él, haciéndolo estremecer. Luego la mujer dio un suspiro y continuó durmiendo, sin apartar esa sonrisa feliz de sus labios. Ainz miró por largos segundos a la dormida mujer, que tenía rodeaba con uno de sus brazos. Llevó su otra mano a la cara de Albedo y apartó un mechón de su sedoso cabello negro. Sonrió.

Sí, definitivamente es un bastando afortunado. Todo lo que había pasado luego de que activó el "Total Maniac", era prueba de ello. Ainz no pudo evitar un sonrojo al repasar en su mente, todo lo que había pasado luego de confesar sus sentimiento a Albedo, todo lo que había hecho a esta mujer, presa de una especie de frenesí lujurioso, que le hacía querer más. Simplemente no podía tener suficiente de ella, quería más de Albedo y ciertamente tuvo más.

En este momento, Ainz podía afirmar con total certeza que no hay un solo lugar de Albedo que no hubiera recorrido, acariciado o besado. Había disfrutado de ella hasta la saciedad, de formas que nunca se le hubieran ocurrido, estimulado en todo momento por el delicioso aroma de Albedo, que parecía incluso más delicioso por segundos. Si, definitivamente el aroma de Albedo es incitante, pero el aroma de su coño es incluso más intoxicaste, sin olvidar que sabor de su coño es mucho mejor, como si fuera el manjar de los dioses. No creía equivocarse al pensar que ya se había vuelto adicto al sabor de su coño; eso y el sexo. Si, definitivamente se había hecho adicto a eso también. Por fortuna tuvo un par de segundos de lucidez, para cerrar la puerta de su cuarto usando un empuje de su poder, poniendo de paso un hechizo silenciador, o los gemidos de Albedo hubieran resonado por todo Nazarick.

Ainz suspiró pesadamente.

No sabía a ciencia cierta cuanto tiempo pasó teniendo sexo. Calculando por la hora en que Albedo entró a su habitación, debió pasar desde entrada la tarde y parte de la noche teniendo sexo. ¿Era posible una maratón sexual tan extensa? Creía, sin temor a equivocarse, que es imposible para un hombre normal eyacular más de unas cuantas veces por día, pero él había ido una y otra vez sin parar, su miembro eternamente erecto y listo para otra ronda. Tampoco podía olvidar el hecho de que Albedo estaba totalmente feliz y excitada como el infierno. No paraba de pedir más, hasta que finalmente la agotó y se desmayó de cansancio y éxtasis en mitad de la noche.

¿Cómo se las arregló él para aguantar esa maratón sexual, eyaculando tantas veces? Suponía que ser un "No Muerto" tiene algo que ver, ya que por esta condición nunca se cansa; por lo mismo no había necesitado un sueño reparador luego de tanto sexo; bien, no es como si él pudiera dormir, en primer lugar.

Suponía que esta misma lógica se aplica con Albedo. Al ser un Súcubo, ella estaba naturalmente construida para el sexo, esa debía ser la razón de que hubiera aguantado tantas rondas sin romperse. Eso podría explicar también el por qué Albedo no estaba literalmente explotando en semen por cada poro del cuerpo. Él había acabado mucho dentro de ella, pero Albedo estaba bastante… limpia. Creía haber leído en alguna parte que las Súcubo se alimentaban de los sueños y el semen de sus víctimas. ¿Eso quiere decir que Albedo se había alimentado de él? ¿Por eso se ve tan satisfecha? ¿Por eso está tan limpia ahí abajo? ¿Se volvería ella adicta a su semen, de la misma forma en que él ya creía ser adicto al sabor de coño? ¿Cómo no serlo? El sabor del coño de Albedo es demasiado delicioso.

Ainz dio un gemido mientras se llevaba su mano libre a la cara. "Saca la mente de la cuenta" Pensó. Pero esos pensamientos inevitablemente lo llevaron a o que inició toda esta loca situación.

Todo había comenzado con la brillante idea de modificar las estadísticas de Albedo. Cierto, le pareció una buena idea en ese momento; una broma para sí mismo. ¿Qué podía salir mal? Iggdrasil estaba por ser sacado de línea en un par de minutos. No había forma de saber que Iggdrasil lo mandaría a otro mundo, donde todos los NPC de Nazarick cobrarían vida, dejándolo de paso en la complicada situación de tener a una muy dispuesta Súcubo, perdidamente enamorada de él.

Si bien es cierto que al ser la "Supervisora" de los Guardianes de Piso y su mano derecha, debía pasar mucho tiempo junto a Albedo, este "enamoramiento" inducido por su propia mano, había hecho que los momentos con ella fueran mucho más intensos. Albedo buscaba constantemente nuevas formas de insinuársele, indirectamente en algunas ocasiones y en otras, totalmente descarada. Es cierto que en algunos momentos era una molestia y en otros un verdadero dolor en el trasero. Aun así, de pronto se encontró prestando más atención hacia Albedo de lo que él mismo se percataba.

Mirándolo ahora en perspectiva, era bastante evidente, pero estaba tan concentrado en todas las cosas que estaban sucediendo para mantener seguro a Nazarick mientras se valía de su alter ego de "Momon" para recolectar inteligencia y ganar dinero, que no se había percatado de que ella estaba cada vez más en sus pensamientos. Lo cierto es que Albedo siempre estaba ahí, ya sea en alguna reunión, charlando sobre alguna cosa relacionada con Nazarick, brindando consejos, peleando con Shalltear, siendo sacada de quicio por las locuras de Eclair, acompañándolo a él en alguna batalla, o acosándolo sexualmente. Proponiéndoselo o no, Albedo había pasado a ser una parte central de su nueva vida.

Con el tiempo estar junto a ella se había convertido en algo natural para él y esa cercanía había hecho que comenzara a notarla mucho más. Con el tiempo fue conociendo muchas cosas sobre ella, cosas que no había aprendido de ninguno de sus otros subordinados, hasta que finalmente aprendió el lenguaje corporal de Albedo. Comenzó a conocer lo que quería decir cada postura de su cuerpo, cada gesto de su cara, lo que significaba cada mirada que recibía de ella. De pronto Albedo se fue convirtiendo en un libro abierto para él. Es por eso que confiaba ciegamente en ella, porque podía ver su total fidelidad.

Ainz suspiró y miró a la mujer que seguía durmiendo usando pecho como almohada. Se veía tan tranquila, tan feliz, tan hermosa. ¿Cómo pudo rechazarla por tanto tiempo? Cierto, porque es un "No Muerto" y como tal, se suponía que no debía sentir nada; pero él sí estaba sintiendo, es solo que se había segado a si mismo a tal punto que no podía ver los cambios que ahora, con sus sentimientos a su entera disposición, eran tan evidentes.

Albedo, entre todas sus insinuaciones, acosos descarados, consejos para implementar en Nazarick, o simplemente pasando tiempo con él, de alguna forma había logró meterse bajo su piel. Antes no podía verlo, pero ahora es claro como el agua y todo fue gatillado por él mismo.

"Karma" pensó Ainz, con una sonrisa divertida, mientras miraba con cariño a la mujer que aún dormía plácidamente apegada a él.

Su decisión de cambiar las estadísticas de Albedo fue su propia perdición. No tenía cómo saberlo en ese momento, pero el Karma lo había atrapado desde el inicio, al dejar a una hermosa Súcubo perdidamente enamora, haciendo su misión en la vida conseguir que él también se enamorara de ella.

Lo cierto es que como Súcubo, Albedo estaba equipada con poderosas armas para lograr su cometido, que es despertar el deseo sexual de sus víctimas para alimentarse de ellas. Ahora, todo ese sexualmente deseable arsenal de Albedo, estaba dirigido exclusivamente hacia él, bombardeándolo día tras día. Al ser un "No Muerto", esto no debería hacer mella en él, pero contra todo pronóstico Albedo si logró tocarlo y lo hizo con su aroma.

Viéndolo ahora resultaba algo bastante lógico, pero nuevamente, estaba tan preocupado tratando de sacarse a una deseosa Súcubo de encima, que lo pasó por alto como una simple curiosidad, pero era mucho más que eso, el delicioso aroma de Albedo estaba hecho y dirigido exclusivamente para que él quisiera estar con ella, para que la deseara más que a nada en este mundo.

"Feromonas" pensó Ainz, con un suspiro de resignación, negando con la cabeza.

Por eso el aroma de Albedo despertó tanto su interés. En un inicio fue simplemente como una curiosidad, como cuando en su vida pasada caminaba junto a una chica con un rico perfume, pero pronto eso fue escalando y derechamente pasó a gustar del aroma de Albedo, comenzando a despertar cosas en él, y sobre todo, despertando su curiosidad al tener la sensación de haber sentido ese delicioso aroma en otro lado. Ainz estrechó los ojos y giró su cabeza a un lado para oler la almohada. Sí, aquí lo había sentido, en su cama. ¿Cómo no se dio cuenta antes? Obvio, nunca usaba la cama ya que no necesita dormir, solo se tendió aquí un par de veces. Sin dudas ahí debió captar el aroma. ¿Qué rayos había hecho Albedo para impregnar la cama con su exquisito olor? La verdad, no estaba seguro de si en verdad quería saberlo pero, demonios, huele delicioso.

Fue así como Albedo se abrió paso a su supuestamente inexistente corazón, con una concentrada y poderosa dosis diaria de feromonas de Súcubo, que poco a poco fueron saturando su sistema, hasta que Albedo logró que la notara, haciendo que se interesara en ella, viendo cosas que hasta ese momento había pasado por alto, como su belleza, su forma de ser, su hermosa sonrisa, sus actitudes infantiles y otras bastante divertidas igual. Aun así, había cosas no tan buenas. Albedo también podía ser bastante posesiva, celosa, gruñona, llevada a sus ideas y cuando se enoja, hasta él se asusta. Sí, Albedo no es perfecta, pero todas estas cosas, buenas y malas, son lo que la hacen ser quien es, ser la mujer que ama.

Las potentes feromonas de Súcubo, fueron el detonante de todo esto y pronto se encontró deseando a Albedo, hasta llegar al episodio donde decidió darle una caricia a modo de recompensa por su arduo trabajo y entrega, que fue lo que terminó por sellar su destino. Ese día le dio a Albedo algo que ella añoraba, lo que hizo de paso que sus feromonas subieran en intensidad, tanto que lo hicieron desear tomar su forma humana una vez más, para poder tener sexo con ella, para hacerla su mujer. Lo que no imaginó es que al liberar sus emociones, el "Total Maniac" le mostró que no era solo deseo sexual inducido por la exposición prolongada a potentes feromonas. De alguna forma, en alguna parte del camino, se había terminado enamorando de Albedo. Todo lo que estaba experimentando había sido solo la punta del iceberg. Ahora, con sus emociones liberadas, podía dimensionar lo profundo de estos sentimientos, que tanto se había metido Albedo debajo de su piel. La ama tanto, hasta que se llega a asustar.

— Karma — susurró Ainz, mirando a Albedo.

Él se lo buscó al cambiar las estadísticas de Albedo para hacer que lo amara. Gracias a eso, esta mujer, esta Súcubo, lo había amado con tanta intensidad, que había logrado lo imposible, hacer que un "No Muerto" pudiera sentir; hacer que un "No Muerto" se enamorara de ella. Aniz sonrió mientras acariciaba gentilmente la mejilla de Albedo.

— Eres increíble — susurró el Señor Supremo de Nazarick, con una sonrisa gentil.

Esta caricia logró involuntariamente que la dormida mujer emitiera sonidos soñolientos, mientras comenzaba a desperezarse. Ainz volvió a estremecerse al sentir como las piernas de Albedo, que aún estaban enredadas entre las suyas, comenzaban a moverse, dándole una sensación electrizante. Entonces Albedo levantó la cabeza, abriendo los ojos aun soñolientos, dando un par de pestañadas, tratando de enfocar la vista.

— ¿Momonga… Sama? — preguntó Albedo, aun medio dormida.

Ainz miró a la adormilada mujer ante el uso de ese nombre; "Momonga", su antiguo nombre antes de cambiarlo por Ainz Ooal Gown. "Momonga", el nombre por el que era conocido por sus antiguos amigos, el nombre con que Albedo lo llamó al verlo por primera vez en su forma humana, el nombre por el que Albedo, había decidido llamarlo cuando estuvieran juntos en la intimidad, un nombre que a partir de ahora, sería usado solo por ella.

El Señor Supremo de Nazarick, sintió como su corazón se estremecía ante ese pensamiento, ante el cariño con que Albedo usaba su antiguo nombre. Aun le era difícil manejar todos esos sentimientos que habían quedado libres al activar el "Total Maniac", pero no podía negar que le gustaba sentir esto. Por estremecedor que fuera, le gustaba poder sentir libremente su amor por esta mujer.

— Sí. Soy yo, Albedo — dijo Ainz.

La Súcubo salió de su estado semidormido cuando sintió esa profunda voz. Al enfocar la vista, se encontró viendo el rostro de su señor, aún encarnado en su forma humana, mirándola con cariño. Se sentó en la cama de un salto, sorprendida y emocionada.

— Entonces… no fue un sueño — susurró Albedo, con la voz apenas en un susurro y lágrimas de emoción formándose en sus ojos.

— Por supuesto que no. Estoy aquí, contigo — dijo Ainz, teniendo serios problemas para mantener la vista fija en los ojos de Albedo y no en sus turgentes y hermosos senos.

Por su parte, lágrimas de felicidad cayeron de los ojos de Albedo, mientras comenzaba a hipear, sintiendo que el llanto amenazaba con estallar. Su más grande sueño, su mayor anhelo, se había hecho realidad. Finalmente estaba con el hombre que amaba.

— ¡Momonga-Sama! — dijo una emocionada Albedo, antes de lanzarse a sus brazos — Momonga-Sama… Momonga-Sama… Momonga- Sama… — repetía una y otra vez, con lágrimas de emoción.

Para Ainz, esta demostración de afecto y cariño fue una mezcla de sensaciones. Por un lado se estremeció por la emoción en las palabras de Albedo, ante su llanto de felicidad. Por otro lado, podía sentir los pechos de la Súcubo presionados contra él, haciendo que su cuerpo reaccionara ante el contacto de piel contra piel, despertando una parte de él, que pese al uso y al abuso de la noche anterior, ya estaba levantándose en toda su gloria. Tampoco podía obviar el hecho de que Albedo es condenadamente fuerte. El abrazo en el que lo tenía atrapado estaba cortándole la respiración.

Con mucha delicadeza y no poca fuerza, Ainz logró apartar la llave de estrangulamiento que Albedo le estaba aplicando, haciendo que la mujer se irguiera un poco. Miró los ojos llenos de emoción y lágrimas de la Súcubo, en los que pudo verse reflejado. Llevó una mano a su hermoso rostro, arrancándole un jadeo cuando acarició suavemente su mejilla, limpiando las lágrimas de uno de sus ojos con el dedo pulgar. No pudo dejar de sentirse estúpido por haber rechazado por tanto tiempo a esta increíble mujer.

— Perdón por hacerte esperar tanto tiempo, Albedo — dijo Ainz, acariciando la mejilla de la mujer.

— ¿Eh? — fue todo lo que puso decir la Súcubo, antes de ser jalada para luego ser atrapada en repentino pero intenso beso.

Albedo gimió ante el íntimo contacto, pero pronto se encontró devolviendo la caricia con la misma intensidad. Sus lenguas se encontraron, entrando en fiero combate, arrancando más gemidos de la mujer, junto con el delicioso aroma de su cuerpo, que comenzaba a inundar nuevamente el lugar. Ainz sintió de inmediato el efecto de las feromonas de Albedo, aumentando un escalón más su deseo por ella. El que Albedo estuviera sobre él, presionándolo con sus senos, sintiendo su suave piel rozando contra la suya, enredando sus piernas con las de él, solo aumentaba el estímulo y el deseo.

De pronto Albedo se separó del beso con un sonido húmedo y un erótico gemido, para mirarlo con los ojos ya nublados por el deseo y una sonrisa traviesa. Ainz iba a preguntar qué pasaba, cuando sintió una mano de Albedo envolverse en su dura masculinidad, frotándola de la forma correcta, arrancándole un gemido por el delicioso estímulo.

— Momonga-Sama está feliz de verme esta mañana — dijo Albedo en un insinuante susurró, dándole un húmedo beso, antes de jadear — Yo también estoy feliz verlo — añadió en un erótico jadeo — Quiero sentirlo dentro de mi otra vez … mi Momonga-Sama — jadeó una vez más.

Esas palabras dichas entre jadeos, sentir el aliento caliente de Albedo y el exquisito aroma de sus feromonas, que estaban llevándolo al borde del deseo, fueron suficientes para que Ainz no aguantara más, tomando a Albedo con fuerza, para girarla y hacerla caer de espaldas en la cama dando un chillido, posicionándose luego sobre ella. Albedo jadeó en deseo al comprender el motivo de esta acción, abriendo de inmediato las piernas para dar vía libre a su intimidad. El Señor de Nazarick se posicionó sobre su mujer, aprontándose a entrar en ella, mientras esta jadeaba en anticipación, momento en que resonaron fuertes golpes en la puerta de la habitación.

— ¿Ainz-Sama? — se escuchó la preocupada voz de Sebas, desde el otro lado de la puerta, junto con más golpes — ¿Ainz-Sama, se encuentra aquí? ¿Se encuentra bien?

Ainz se congeló en su lugar, a milímetros de volver a entrar en Albedo, mientras miraba con sorpresa a su mujer, la que le devolvía una mirada igual de sorprendida.

— ¿Ainz-Sama? — volvió a preguntar Sebas, con más preocupación en la voz, dando más golpes en la puerta.

Un frustrado Ainz dio un bufido de resignación, bajándose de una ahora indignada Albedo, que mirada con odio a la puerta de la habitación. Ainz suspiró con cansancio sentado en la cama junto a la Súcubo. Nuevos golpes se escuchaban en la puerta, logrando que la mujer aumentara progresivamente su indignación por la interrupción.

— ¿Qué pasa, Sebas? — preguntó Ainz, también frustrado por la interrupción, cuando recordó el hechizo silenciador que había puesto en la habitación, para que ningún sonido se filtrara hacia afuera. Levantó una mano, cancelando el hechizo, siendo visibles por unos segundos los sellos antes de desactivarse — ¿Qué pasa, Sebas? — volvió a demandar.

— Ainz-Sama. Qué bueno escucharlo — dijo Sebas con evidente alivio en la voz — Nos tenía muy preocupados.

— ¿Preocupados? — pregunto Ainz, ahora verdaderamente interesado, levantándose de la cama, olvidando por completo la íntima actividad en la que estuvo por comprometerse, con una cada vez más indignada Albedo, que enseñó unos amenazadores dientes, junto con una vena punzante en la frente, al ver como su señor, su hombre, abandonaba la cama dejándola con las ganas.

— Sí, mi señor — continuó Sebas — No sabíamos nada de usted desde ayer por la tarde. Supusimos que estaba muy ocupado en su reunión diaria con Albedo-Sama, pero cuando hoy no se presentó a la reunión informativa, que usted había dispuesto con todos los "Guardianes de Piso" y las Pleiades, fue cuando en verdad nos preocupamos por su integridad. Las Pleiades lo están buscando en otros lugares de Nazarick, mientras yo revisaba su cuarto. ¿Está todo bien, Ainz-Sama? ¿Necesita algo? ¿Puedo pasar?

— ¡Oh! No, no. No es necesario que entres, Sebas… y sí, está todo bien — dijo Ainz acercándose a la puerto para detener a Sebas de entrar, pese a saber que había cerrado con llave la puerta.

— ¡COMO EL INFIERNO ESTÁ TODO BIEN! — rugió una furiosa y desnuda Albedo, de pie sobre la cama, los ojos convertidos en flamas ardientes, los dientes transformados en colmillos, las manos en garras y el cabello ondeando amenazadoramente en el aire, cubierta con un aura asesina.

— ¡Oh! Albedo-Sama está aquí. También la estábamos buscando — dijo Sebas desde detrás de la puerta.

Ese fue el punto de ruptura de Albedo. Las alas, que habían estado ocultas para poder maniobrar libremente en la cama, en su tarde/noche de pasión, brotaron de su espalda y con un solo aleteo, la Súcubo saltó de la cama directo a la puerta, con el asesinato escrito en el rostro.

— ¿COMO OSA ESTE IDIOTA INTERRUMPIR MI MOMENTO PRIVADO CON MOMONGA-SAMA? — rugió una furiosa Albedo, saltado sobre la puerta, reventando la chapa de un fuerte tirón, para salir de la habitación y acriminarse con el causante de que la dejaran con las ganas de otro momento de pasión y lujuria con su señor, su hombre.

Albedo nunca alcanzó a salir de la habitación. Ainz fue más rápido que ella y la atrapó en un fuerte abrazo, girando sobre su eje para quedar cubierto detrás de puerta entreabierta. La mujer forcejeaba furiosamente, pugnando por soltarse para impartir su justa furia.

Fuera de la habitación, un sorprendido Sebas fue golpeado por el penetrante aroma que se filtró, apenas se abrió un poco la puerta, pudiendo ver de paso parcialmente la cama en el interior, convertida en una verdadera zona de guerra. Sebas no necesitó más para saber lo que su señor y Albedo habían estado haciendo. Era lo mismo que él y Tuare hacían por las noches desde hace un tiempo. El aroma a sexo era inconfundible. No pudo evitar teñir las mejillas de rojo.

Adentro de la habitación, Ainz seguía forcejeando con una furiosa Albedo, que pugnaba por liberarse para masacrar a Sebas por interrumpir. El Señor de Nazarick tuvo que usar toda fuerza para sostener a la furiosa mujer, aun así, le estaba costando retenerla.

— ¡Cálmate de una vez, Albedo! — dijo Ainz, con voz de mando, logrando que la mujer finalmente dejara de forcejear, quedando sujeta en un férreo abrazo.

— Pero, Momonga-Sama… — dijo Albedo con voz lastimera mirando a Ainz, haciendo pucheros, con los ojos anegados en lágrimas.

Ainz contempló a la mujer entre sus brazos, que pasó de furia homicida a hacer pucheros como si fuera una niña a la que le negaban un caramelo. El contraste era hasta cierto punto divertido, pero el tenerla atrapada en un abrazo tan fuerte, hizo que de paso sintiera sus grandes senos presionando contra su pecho, su suave piel en contacto con su propia piel, el intoxicaste aroma a mujer en celo que invadía sus fosas nasales; todo esto hizo que su cuerpo reaccionara, volviendo a la vida una parte muy importante de él, que ya estaba presionando la parte baja de Albedo, arrancándole un suave gemido… un gemido demasiado erótico. Tragó sonoramente.

— ¡Sebas! — demando Ainz, desde detrás de la puerta.

— Dígame, Ainz-Sama — respondió el aludido, cuadrándose de inmediato.

— Dile a los demás que estaré ahí en 10 minutos — dijo Ainz, mirando a una esperanzada Albedo, que comenzaba a sonreír — Mejor que sean 20 — añadió, haciendo que la sonrisa de Albedo creciera un poco más, mientras esta llevaba una mano abajo para agarrarle ese apéndice recuperado, que tantas alegrías le había traído en tan pocas horas — Que sean 30 minutos — dijo finalmente.

Lo siguiente que supo Sebas, es que la puerta de la habitación se cerró de golpe en sus narices, restaurándose por medio de un hechizo. Pocos segundos después comenzó a escuchar una serie de jadeos y gemidos por parte de Albedo, que hicieron que su sonrojo se intensificara un poco más.

Como sirviente respetuoso de su señor, Sebas Tian se alejó prontamente de la habitación, para darse a su señor la privacidad que necesitaba, preguntándose por qué Albedo llamada por el nombre de "Momonga" a su señor, cuando él lo había cambiado por Ainz Ooal Gown. También se preguntaba por qué su señor no había puesto un hechizo silenciador para que no se escuchara lo que estaba haciendo.

"Tal vez lo olvido en el apuro por…" pensó Sebas. Negó con la cabeza. Un ser supremo como Ainz-Sama jamás se olvidaría de eso. Debía ser algo más. Luego de unos segundos, Sebas llegó a la conclusión de que era una prueba para medir su capacidad de guardar reserva sobre ciertas cosas. Tenía sentido. Su señor estaba probando su fidelidad. Con ese pensamiento, Sebas se dirigió a una de las sirvientas que apareció por el corredor.

— ¡Tú! Cuida que nadie se acerque a la habitación de Ainz-Sama a menos de 50… no, 100 metros de distancia. Si alguien traspasa esa distancia, responderás ante mí — dijo Sebas con voz firme y una mirada acerada.

— A su orden, Sebas-Sama — dijo una apurada sirvienta con una reverencia, aprontándose a montar guardia y cumplir esa orden aunque le costara la vida, viendo como Sebas se alejaba a paso firme por el corredor a cumplir con sus obligaciones.


Ainz, ahora en su huesuda forma original de "No Muerto", caminaba por el corredor en dirección al Salón del Trono en compañía de Albedo. Finalmente se había entusiasmado, terminando lo que había comenzado, para total felicidad de una muy dispuesta y deseosa Albedo. No es que se estuviera quejando. El sexo era increíble y suponía que lo era mucho más, porque Albedo es una Súcubo, lo que le daba ciertas ventajas que una mujer normal no tenía, como esas feromonas que lo volvían loco. Aun así, debían controlarse más de ahora en adelante.

Por muy rico que fuera, no podían dejarse llevar de la forma que lo hicieron la tarde y la noche pasada olvidándose de todo, para entregarse por entero a los placeres de la carne; a menos claro, que fuera planeado. Si, debían ser un poco más consientes. No es como si no fueran a hacerlo nunca más. Con el "Total Maniac" integrado a uno de sus anillos, podía volver a su forma humana cuando quisiera. Además, al recuperar su forma de "No Muerto" todos los sentimientos que habían quedado libres, fueron contenidos otra vez. Eso era bastante útil. Eso quería decir que podía seguir siendo Ainz Ooal Gown, el temible Señor Supremo de la "Gran Tumba de Nazarick", reservando al emocional, cachondo y pervertido Suzuki Satoru, para sus momentos de intimidad con Albedo. Esto le trajo a la mente algo muy importante.

Ainz miró a su lado a la mujer que caminaba junto a él, sin poder evitar teñir sus huesudas mejillas de rojo.

"¡Albedo está cojeando. En verdad está cojeando!" pensó el Señor Supremo de Nazarick, viendo la visible cojera de la mujer, a la que parecía no importarle, de hecho, se veía demasiado feliz. La verdad es que Albedo resplandecía. Su hermoso rostro se veía aún más hermoso. Sus ojos ambarinos brillaban con luz propia, su sonrisa era radiante, mientras caminaba exudando felicidad a cada paso que daba, pese a la visible cojera que parecía llevar con orgullo.

Ya no había vuelta atrás, había cruzado la línea con la hija de su amigo Tabula Smaragdina. No fue algo planeado, simplemente pasó por su propia estupidez, que se le devolvió con toda la fuerza del Karma, encarnado en el amor y las feromonas de una Súcubo. Solo esperaba que si algún día volvía a ver a su amigo Tabula Smaragdina, este no se enfade por lo que había hecho con su hija. Aunque si consideraba lo que había puesto en las estadísticas de Albedo, creía que hasta podría encontrarlo divertido. Como fuere, no podía dejar a Albedo cojeando de esa forma, por más feliz y satisfecha que se viera.

— Albedo — dijo Ainz, deteniendo su andar.

— Si, Ainz-Sama — dijo Albedo, deteniendo su cojera para mirarlo con una radiante sonrisa y ojos llenos de felicidad.

Ainz fue impactado por la hermosa sonrisa y el amor que pudo ver en esa mirada. Pese a tener sus emociones retenidas otra vez, no pudo dejar de estremecerse y pensar que su decisión no había sido equivocada. Por loca que fuera la forma en que se dieron las cosas, sabía que estaba bien, que era lo correcto.

Ainz estiro una mano para acariciar una mejilla de Albedo, la que cerró los ojos y ladeó la cabeza para aumentar el contacto, mientras su sonrisa de felicidad aumentó un poco más. Cuando él apartó la mano de su mejilla, ella lo miró con curiosidad.

— ¿Ainz-Sama? — preguntó, usando nuevamente su nombre actual, dejando en claro su acuerdo de que el nombre de "Momonga", estaba reservado solo para sus momentos de intimidad.

Por respuesta, Albedo vio con sorpresa que su señor le ofrecía el brazo. La sorpresa en el rostro de Albedo fue prontamente reemplazada por felicidad, colgándose del brazo ofrecido con una sonrisa aún más feliz, si fuera posible. Ya no estaba caminando detrás de su señor, caminaba junto a él, ya no solo como su fiel sirvienta y mano derecha, caminaba junto a él, como su mujer. No pudo evitar que lágrimas de felicidad se formaran en sus ojos, pero las apartó con una mano. No era momento de ponerse sentimental, ahora había trabajo por hacer. Ya habría tiempo para eso en la noche, en la intimidad de la habitación que a partir de ahora compartiría con su señor, con su hombre.

Las sirvientas que estaban de pie fuera de las puertas del Salón del Trono, quedaron totalmente sorprendidas al ver como su señor Ainz-Sama, caminaba hacia ellas con su señora Albedo, colgada de su brazo. Ella era la viva imagen de la felicidad, colgada del brazo del Señor Supremo de Nazarick. La imagen que proyectaban no dejaba lugar a dudas sobre lo que estaba pasando. Estaban juntos, como pareja. Ambas sirvientas compartieron una rápida mirada de mutua comprensión.

Una vez que su señor y su señora llegaron hasta ellas, ambas sirvientas se inclinaron en señal de respeto, abriendo luego las grandes puertas, cayendo recién en cuenta de la leve cojera de su señora Albedo, que pasaba un poco desapercibida al ir firmemente colgada del brazo de su señor.

Dentro del Salón del Trono, Ainz pudo ver a sus más leales y poderosos sirvientes. Ahí están los "Guardianes de Piso" a un lado y las Pleiades a otro lado, junto con Sebas Tian, todos con una rodilla en el piso, cabeza gacha y una mano en el pecho, en señal de respeto. Suspiró. Sabía que las cosas iban a estar un poco agitadas cuando anunciara que él y Albedo estaban en una relación, pero esperaba que las aguas se calmaran pronto. Había muchas cosas por hacer, planes que llevar adelante por la grandeza de Nazarick.

Ainz Ooal Gown, Señor Supremo de la "Gran Tumba de Nazarick", miró a su lado, para recibir la hermosa mirada de una feliz Albedo, colgada de su brazo. Le dio un pequeño asentimiento y caminaron juntos adentrándose en el Salón del Trono, caminando a lo que sería su nueva vida, el nuevo camino que recorrerían juntos.

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FIN


Notas del Autor: Finalmente llegamos al final de esta historia, que surgió como una idea loca, que luego decidí escribir como un One-Shot, y que siguió creciendo hasta llegar a una historia de varios capítulos.

La historia original iba a abarcar solo con el capítulo 1, pero mientras escribía ese primitivo "One-Shot", iban surgiendo las ideas para continuar la historia, momento en que supe que no podía parar ahí y me largué a escribir todo lo que tenía en mente. La idea era contar todo en 3 capítulos, pero como suele pasarme siempre, me extendí y salió en 4 capítulos.

Mientras estaba escribiendo esta historia se me fueron ocurriendo otras ideas para poner en aprietos a Ainz, que no tenían relación con esta historia. Si bien, creo que podría eventualmente resultar como una historia independiente, decidí sumar esas ideas a este pequeño universo, donde Ainz y Albedo son pareja. Será una especie de Capítulo Extra, donde sacaremos a Ainz de Nazarick, para complicarle la vida en otro lugar. Espero que ese Capítulo Extra sea del agrado de todos.

No puedo finalizar sin dejar de agradecer a mi amigo Fantastic-Man; que pese a no haber visto el animé de OVERLOD, ni leído las novelas, me ayudó con correcciones e ideas que hicieron de esta, una historia mucho mejor de lo que iba a ser inicialmente.

Ahora pasaré a responder los Reviews:

Dwargen: Thank you very much.

Noctiskey: Muchas gracias, espero que este nuevo capítulo también te guste.

GadinProyect: Gracias por tus comentarios y apoyo. Efectivamente le puse mucho esfuerzo a esta historia. Hubo varias reescrituras de por medio, pero todo indica que quedó bien. Sobre la pregunta del smut o lemon, creo que ya ha quedado respondida tu pregunta. Espero haya sido de tu agrado.

Gracias por el apoyo y espero me sigas en el Capítulo Extra.

Saludos y nos leemos.