Blaise soltó el mando. O más bien lo tiró contra el sillón de al lado.
— Tienes mal perder —se burló Ron, dejando su propio mando junto a él en el sofá.
Alargó la mano para tomar su cerveza de la mesa, pero la mano morena se la arrebató antes. Provocador, Blaise le miró a los ojos, se lamió los labios y se llevó la botella a la boca, dando un largo trago.
— Soy un Slytherin, Weasley. Somos competitivos por naturaleza.
Ron sonrió y le quitó la cerveza.
— Crecí con seis hermanos, sé bastante de competitividad.
Los ojos oscuros de su amigo le miraron. Le miraron con una intensidad diferente.
— ¿Qué? ¿Tengo algo en la cara? —preguntó, apartándose el pelo de la frente.
— Sí. —Se inclinó hacia él— Tienes la sonrisa más increíble que he visto.
Se sonrojó con fuerza y trató de desviar los ojos, de girarse un poco, pero los dedos fuertes de Blaise le tomaron de la barbilla.
— Voy a besarte, Ron.
Fue a abrir la boca para replicar, pero tarde, recibió un beso. Uno suave, labios con labios, despacito, pellizcando. Cerró los ojos, poniendo la mano en la nuca rapada, respondiendo con cuidado, moviendo también los labios, sintiendo como el calor se extendía desde su estómago hacia arriba. Y hacia abajo.
— Blaise —murmuró sobre sus labios, con los ojos aún cerrados.
— Dime —le respondió, acariciando sus pómulos con los pulgares.
— Sabes que no… que no tengo…
— No necesitamos hablar de eso ahora, Ron. Lo que tengas o no es lo último que me importa en este momento —le cortó, inclinándose de nuevo a besarle.
Pero Ron le puso la mano en el pecho, deteniéndole, los ojos azules fijos en los suyos y una mueca de determinación.
— Quiero hablar de eso. Es la maldita disforia. Yo nunca…—Se detuvo a respirar hondo— yo nunca he estado con nadie. Lo intenté, con Hermione, porque la quería muchísimo. Los besos fueron bien, pero después… fue un desastre, Blaise.
Blaise le tomó de la mano, le dedicó una sonrisa tranquilizadora y volvió a sujetarle la barbilla con la mano libre para besarle con cuidado.
— Podemos besarnos, podemos cogernos de la mano o podemos no hacer nada. —Le apretó la mano cuando vio a Ron endurecer la mandíbula, adelantándose a sus protestas— Te prometo que no estoy tratándote como si fueras de cristal. —Suspiró y le tomó la otra mano cuando le desvió la mirada— Mira Ron, creo que me enamoré de ti el primer día en la academia, cuando me arropaste y luego me trajiste la cena. He pasado estos cuatro años entre querer una oportunidad y temer que si daba un paso adelante te perdería, así que no tengo prisa.
— Pero eso no es justo para ti —masculló Ron, todavía con la mandíbula apretada.
— ¿Quién lo dice?
Soltó las manos de Blaise y se echó hacia atrás en el sofá.
— No sé, la gente, ¿no es lo normal tener sexo con tu pareja?
— Uno, —Levantó el índice— vamos a eliminar la palabra normal, aquí las reglas las ponemos tú y yo. Dos: ¿pareja?
El rostro pecoso se llenó de pánico.
— ¿No es eso lo que quieres?
— ¿Es lo que quieres tú? —Se volvió a apoderar de sus manos— Deja de pensar en lo que quieren los demás.
Ron carraspeó y acarició tímidamente con los pulgares las manos suaves que le sostenían.
— Me gusta estar contigo. Y me gustas tú. Pero…
— ¿Pero qué? —le preguntó con voz calmada que invitaba a seguir hablando, a sacarlo todo.
— Pero no quiero condicionarte a ir a mi ritmo, Blaise. No quiero que te canses y me dejes.
Le abrazó, fuerte, apoyando la barbilla en su hombro. Esperó a sentir que el pelirrojo se relajaba contra él y respondía al abrazo.
— Ya te he dicho que lo voy a hacer. ¿Besos y abrazos están bien para ti? Pues adelante con eso. Me gustan los besos y los abrazos. Hay gente a la que no le interesa el sexo y tiene vidas de pareja felices. Yo lo único que quiero es estar contigo.
Los largos brazos le apretaron más fuerte antes de liberarle. Ron tenía los ojos acuosos, pero sonreía.
— Merlín, yo… déjame que diga una última cosa. Tú… eres la persona más bella que he conocido, por dentro y por fuera. —Entrelazó los dedos de la mano izquierda con los suyos y con la otra le tomó de la cintura para acercarle— Y me atraes, mucho, muchísimo. Pero no sé cómo manejarlo porque no estoy cómodo con mi cuerpo. ¿Tiene sentido?
— Cariño, he crecido con Pansy, sé lo que es la disforia y como golpea. Ahora, ¿puedo volver a besarte?
Ron soltó una risotada y se echó sobre él para besarle.
Se besaron un buen rato, con calma, Ron sobre él, él deseando meter las manos bajo su camiseta o posarlas en su trasero, pero conteniéndose. Hasta que lo notó dar un respingo y separarse rápidamente, muy sonrojado.
— ¿Qué ocurre? —preguntó confuso cuando Ron se alejó hasta la otra punta del sofá.
— Tú.. tú estás —trató de hablar, mirando fijamente su entrepierna.
Blaise se acercó, con una sonrisa que exudaba confianza sexy.
— Ron, cariño, no soy de piedra.
Fue a abrir la boca para contestar, pero justo en ese momento, con un pequeño plop, apareció Flix.
— Amo Blaise, la cena está preparada. ¿Quieren cenar o prefieren besarse un rato más?
Blaise rió por el descaro del elfo, sabía que era su forma de vengarse por los días en lo que Pansy o él cocinaban. Ron directamente escondió la cara en un cojín.
— Iremos ahora, Flix, gracias. Yo tomaré vino y Ron ¿otra cerveza?
Miró al pelirrojo, que asentía tras el cojín. Flix se marchó con otro plop.
— Ey. —Intentó quitarle con cuidado el cojín— ¿Vamos a cenar?
— ¿Te has… excitado? ¿Por mí? —preguntó, todavía escondido.
— Los besos también pueden ser excitantes —le respondió, divertido, poniéndose de pie y agarrando el cojín de nuevo — Y estabas tumbado sobre mí. Soy humano.
— Ya, pero soy yo —le dijo, quitándose por fin el cojín.
— Y porque eres tú es más excitante, cariño —le tomó la mano, tirando de él para levantarlo.
Entrelazó sus dedos y caminaron juntos en silencio por el corredor hacia el pequeño comedor. Se sentaron a la mesa y observaron al elfo servir, todavía callados.
— Me gusta cuando haces eso —susurró Ron, tímido.
— ¿El qué? —preguntó Blaise, sin saber a qué se refería.
— Llamarme cariño —respondió, sonrojándose—. Tú… nunca te había oído hablar así.
Le sorprendió ver un rubor coloreando los pómulos oscuros.
— ¿Así como? ¿Con pluma?
Afirmó con la cabeza, llevándose a la boca el tenedor lleno de pollo parmesano.
— En mi entorno no está bien visto. Y aprendí a contenerlo. ¿Te molesta?
Tragó y dio un sorbo antes de protestar.
— ¡Claro que no! Solo que es …nuevo. Me sorprende descubrir cosas nuevas después de tanto tiempo trabajando juntos.
— No eres el único que tiene corazas protectoras, Ron. Descubrirás más cosas, ambos lo haremos seguramente. Y es posible que no todas nos gusten —le explicó, serio, mientras se servía champiñones.
— Es… Pansy me dijo lo mismo. Me sorprendéis, parecéis tan seguros de vosotros mismos.
Blaise suspiró y bebió un largo trago de vino. Se relajó un poco cuando uno de los pies de Ron le acarició el tobillo bajo la mesa.
— Es algo que se adquiere —le dijo con voz ronca—. Draco es el rey en esto, créeme. Es supervivencia.
Algo en sus palabras, en su tono, en la expresión en su cara, hizo sonar un clic en la cabeza de Ron.
— ¿Tú y él…?
— ¿Por qué lo crees? —preguntó Blaise un poco divertido.
— Lo nombras pocas veces, pero cuando pasa te brilla la cara —explicó un poco ansioso.
Enganchó con sus pies el de Ron y sonrió, confortándole.
— Le echo de menos. Descubrimos juntos que nos gustaban los chicos. Pero fue eso nada más, la amistad está intacta. Cuando nos separamos al final de la guerra fue difícil para los cuatro. Como tú cuando entraste en la academia, se notaba que echabas de menos a Granger y Potter.
Asintió de nuevo. Y sonrió, una respuesta automática a la cálida sonrisa de Blaise.
— Mucho. A Harry lo vemos muy poco, apenas sale de Hogwarts los fines de semana para ver a su ahijado.
— ¿El sobrino de Draco?
— Teddy Lupin. El niño es lo más importante para él. Andrómeda no está bien de salud, es cuestión de tiempo que tenga que hacerse cargo de él de manera permanente. A parte de Ted, lo más importante son sus alumnos y la familia. Suele venir a las celebraciones familiares.
— Una vida tranquila.
— Tan tranquila como se puede enseñando en Hogwarts —bromeó—. Pero sí, él necesitaba paz cuando acabamos la escuela.
Comieron unos minutos en silencio, hasta que Blaise bebió vino y comentó.
— Me sorprendió lo bien que te llevas con Granger.
Ron se encogió de hombros y dio un largo trago a su cerveza, hasta terminarla. La dejó con cuidado sobre la mesa.
— Hermione y yo… al principio fue extraño, porque todo el mundo, incluidos nosotros, esperaba que acabáramos juntos. Después de ese verano, ella se fue a Hogwarts y yo me mudé con Harry un tiempo.
Blaise levantó las cejas sorprendido.
— Llegamos a un acuerdo. Me convencieron para dejar que Harry pagara la terapia con pociones y la cirugía. E insistió en acompañarme todo el tiempo.
— Fue un buen amigo —observó, sirviéndose más vino.
— El mejor. Te aseguro que no fue un año fácil. Pero luego él se fue a Hogwarts a trabajar y Hermione y yo, bueno, empezamos a pasar más tiempo juntos cuando yo iba a casa. Sigue siendo la mejor amiga de mi hermana, es una parte de mi familia.
Paró y tomó un trozo de pan para untar en la salsa de su plato.
— Vi a Nott mirarla, el día de la cena. ¿Es de fiar?
Su compañero rió. Esa era una de las cosas que adoraba de Ron, lo protector que era.
