— ¿Cómo que no va a venir? Pansy me matará.

— Dijo que los padres no eran lo suyo —respondió su hermano con el ceño fruncido.

— Joder, Ron, sólo te pedí una cosa por mi cumpleaños.

Su hermano se retorció las manos.

— Lo siento, Gin.

— ¿Qué os pasa?

Ambos hermanos se giraron al unísono. Frente a ellos, Harry tenía a Teddy sujeto de la mano. Los dos los miraban un poco ansiosos por la evidente tensión entre ellos. El niño lucía pelirrojo ese día, con la cara llena de pecas y a Ginny le pudo la ternura. Tenía más debilidad por Teddy Lupin que por cualquiera de sus sobrinos. Se agachó y abrazó al pequeño.

— Feliz cumpleaños, tía Gin —le dijo, pasando sus manitas por su espalda, intentando reconfortarla.

— Muchísimas gracias, Ted —respondió, liberando el abrazo y tomando sus manos— Oye, me encantan tus uñas.

Los pequeños dedos se sacudieron, mostrando las uñas pintadas de colores, con una sonrisa feliz.

— La abuela dice que con purpurina son más geniales. ¿Crees que el rosa queda guay?

— Oh sí, y él lila también es genial. Vamos a enseñárselas a Fleur, ella es muy fan de la purpurina.

Y lo cogió en brazos, saliendo de la habitación.

— ¿Qué le pasa? —preguntó Harry, después de abrazar a su amigo.

— Quiere contarles hoy a nuestros padres lo de Pansy. Y me pidió que trajera a Blaise para hacérselo más fácil a las dos. Luna prometió venir y anoche mandó un mensaje diciendo que no podía salir de Turquía de momento.

— Está frustrada entonces.

— No puedo obligar a Blaise a venir si no quiere —murmuró.

— Claro que no, Ron —le dijo, acariciando su hombro.

— Pero le prometí a mi hermana que le ayudaría.

— Ron… es una adulta. Las tres lo son, tienen que gestionar las cosas ellas mismas. Y puedes apoyarla igualmente sin involucrarlo a él. Yo le entiendo, esta familia puede ser muy intensa.

— Pero…

— ¿Tú querías presentar a tus padres a Blaise? ¿O lo ibas a hacer por Ginny?

— Mis padres lo conocen… como mi compañero de trabajo.

— ¿Y estás bien con eso?

— Blaise es… es genial, Harry. Se está adaptando a mí en todo. No voy a presionarle con esto.

— Pues ya está. Vamos afuera, me muero de sed.

— Mamá te tirará de las orejas por no haber venido por tu cumpleaños.

Harry torció el gesto mientras echaba a andar.

— Lo pasé en el hospital con Andrómeda. No quise decírselo a tu madre porque se habría preocupado.

— ¿Y Ted?

— Con Hermione. Pinta mal. No sé si podré volver a las clases en septiembre, Ron.

— ¿Tan mal?

El moreno asintió, mirando de reojo a su ahijado, que estaba sentado con Fleur y Victoire y les explicaba algo moviendo las manos exageradamente.

— Hermione me hizo consultar a un abogado. Respecto a la custodia. Resulta que el pariente más cercano tendrá que renunciar para que me la den a mí.

Ron abrió mucho los ojos mientras le pasaba un vaso de limonada.

— Sigue en Francia.

— El abogado va a ponerse en contacto con él cuando fallezca su tía. No sé cómo explicarle a Ted que podría acabar viviendo con un pariente que no conoce —murmuró Harry con un nudo en la garganta.

— Malfoy no hará eso, Harry. Hablaré con Blaise si hace falta, y Ginny con Pansy. No pueden separarte de él, eres su padre. Y él tiene su vida allí.


— ¿Por qué no estás vestido?

Blaise separó los ojos del libro que leía y miró hacia abajo exageradamente antes de responder a su amiga.

— No voy desnudo por casa, no quiero matar a Flix del susto.

Y tomó la pluma para seguir con su trabajo.

— No eres gracioso. Tenemos que ir al cumpleaños de Ginevra.

— Ah. No voy a ir. Tengo mucho que estudiar.

— Y una mierda.

Miró a su amiga con el rostro en blanco.

— ¿Disculpa?

— Tienes que venir a la fiesta. Ronald se lo prometió a su hermana y ella a mí.

Blaise soltó aire por la nariz y cruzó los brazos sobre el pecho.

— Y yo le dije a Ron que no iría. Me molesta que decidáis por mí.

Pansy apretó los labios y se dejó caer en el sillón más cercano. Su amigo supo que estaría frotándose la cara con las manos de frustración si no fuera por su impecable maquillaje. Entonces se fijó en sus manos y vio que temblaban.

— ¿Qué ocurre, Pans? —preguntó, acercándose hasta agacharse frente a ella.

— Los padres de Ginny.

— ¿Te preocupa conocerlos?

— Ella quiere hacerlo todo de golpe, presentarme y decirles que también está con Luna. Ellos no aprueban que salga con chicas, ni su aspecto y dudo mucho que me aprueben a mí.

— ¿Y pensáis que será más fácil si Ron y yo…?

— A ti ya te conocen, les caes bien. Por favor, Blaise. He tardado tres horas en decidir qué ponerme, me daba la sensación de que hiciera lo que hiciera se me marcaba el paquete.

Blaise contuvo una risa, porque sabía que ese tema realmente era una obsesión para Pansy. No tenía ningún problema con ser una mujer con pene, pero le obsesionaba que el más mínimo bulto le delatara y creara situaciones incómodas. Por eso había acabado dedicándose a crear ropa interior para mujeres como ella, que les ayudara a sentirse bonitas y a la vez protegidas.

— Cariño, van a adorarte —trató de tranquilizarle Blaise.

— ¿Por qué no quieres ir? —le preguntó al cabo de un largo minuto su amiga.

— No se me dan bien estas cosas familiares.

— No es cierto —negó, cogiéndole de la barbilla con cariño—. Tú eres la reina de todas las fiestas. Soy yo la que odia las reuniones sociales.

Su amigo suspiró y se sentó en el brazo de su sillón.

— Me ha costado mucho conseguir estar con Ron —confesó por fin—. No sé si él está lo suficientemente comprometido como para no ceder al chantaje sentimental de su madre.

— Te adora, Blaise.

— Son sus padres, su debilidad.

Pansy lo observó un rato en silencio. Finalmente asintió, se agachó a besarle en la mejilla y salió de la habitación. Volvió a centrarse en los libros, quería presentarse al examen de ascenso a jefe de equipo. Sentía la necesidad de esforzarse por Ron, de hacer que se sintiera orgulloso de él.

Trabajó un rato más, pero acabó por dejar la pluma y cerrar el libro con un suspiro frustrado. Toda la historia de la fiesta de cumpleaños llevaba molestándole desde que Ron había hablado con él. A pesar de que su amigo había encajado con una sonrisa comprensiva su decisión de no ir, sentía que le estaba decepcionando.

Era estúpido, porque racionalmente sabía que no era así, que Ron le había entendido, pero por otro lado se sentía cobarde. Conocía a los Weasley, había sido invitado a los cumpleaños de Ron e incluso a la cena de Nochebuena con anterioridad. ¿Dónde estaba entonces el problema? Pues en lo que le había dicho a Pansy: le aterraba que Ron echara un paso atrás en lo que habían avanzado juntos si tenía que confrontar a sus padres.

Apretó los labios y se levantó de la silla. Tratando de no darle muchas vueltas, fue a la habitación, se cambió la ropa y volvió al salón para utilizar el flu.

Al salir de la chimenea, limpiando con cuidado los restos de hollín de su camisa, se encontró de frente con el mejor amigo de Ron. Potter y él habían coincidido en los eventos familiares los últimos años, pero nunca le había sonreído como en ese momento al acercarse a él con la mano extendida.

— Qué sorpresa, Zabini, no esperaba verte ya.

Sonrió de vuelta, tenso, y le estrechó la mano.

— ¿Llego a tiempo? —preguntó, seguro de que Potter sabría a qué se refería.

— Sí. Ginny está convencida de que será más fácil después de la tarta. Los tres se alegrarán de verte.

Blaise soltó aire y miró por la ventana a la familia repartida por el jardín. Ron hablaba con Pansy y Hermione cerca de la mesa atiborrada de comida.

— No sé realmente qué hago aquí —murmuró.

Potter sonrió comprensivo.

— Está familia tiene sus cosas, pero estoy seguro de que va a ser bueno para todos a la larga ver felices a Ron y a Ginny. No te quedes con la primera reacción.

Asintió, con la mirada aún en Ron, que parecía relajado mientras escuchaba la conversación entre las dos chicas. Entonces el pelirrojo debió de sentirse observado, porque miró hacia la casa. Supo que le había visto porque le cambió la cara.

— Solo por ver a Ron sonreír así ya deberíamos todos aplaudirte, Zabini —dijo Potter con voz cálida, saliendo al jardín.

Le siguió en silencio. Realmente a Ron se le había iluminado la cara al verle, no había sido consciente hasta ese momento de que generaba esa reacción. Se acercó hasta el grupo, que ahora le miraba en silencio, dudando todavía. Hacía días que se saludaban con un beso, aunque aquello no tuviera nombre estaba claro para ambos que habían sobrepasado la línea de la amistad que les había unido hasta entonces.

Fue Ron el que dio un paso adelante, aún con esa gran sonrisa, y le dio un pequeño beso en la mejilla, más revelador seguramente que uno en los labios.

— Me alegro de verte —le dijo en voz baja, apretando su brazo con cariño.

El jardín estaba en silencio y supo que era el momento de la verdad. Espero la reacción de Ron al verlo mirar a su alrededor con el ceño fruncido.

— ¿No ibas a sacar la tarta, mamá? —se limitó a preguntar finalmente, tomando a Blaise de la cintura y acompañándolo hasta la mesa para ofrecerle una bebida fría.

El jardín aún estuvo unos segundos en silencio; Harry y Hermione se miraron, los dos terriblemente orgullosos de Ron, y se pusieron en movimiento.

— Vamos, Molly —la cogió Hermione del codo— Te ayudaré con la tarta.

Harry se acercó a Pansy y le puso la mano en el hombro para acompañarla hasta Ron y Blaise, que hablaban en voz baja junto a la mesa con una limonada en la mano.

— Creo que necesito un trago —confesó Pansy, tomando el vaso que le alargaba Harry—. Explícame otra vez porqué no hay alcohol en esta fiesta, por favor.

— Es una costumbre familiar, nada de alcohol antes de la cena —contestó Blaise, aún hombro con hombro con Ron— ¿Dónde está tu novia?

— Hablando con su hermano mayor, creo. Por lo visto es el que mejor maneja a sus padres.

En ese momento Ginny salió del cobertizo, cogida de la cintura de Bill. En cuanto los vio, trató de sonreír y se acercó al grupito, mientras su hermano se reunía con su esposa y su hija pequeña.

— Hola, Blaise —saludó con voz ronca, colocándose entre Pansy y Harry.

— Feliz cumpleaños, Ginny —contestó con una inclinación de cabeza.

— Te has perdido la aparición estelar de Zabini —le informó Harry con una sonrisa traviesa, haciendo que Ron se sonrojara.

— Oh, Circe, ¿habéis escandalizado ya a mamá? —interrogó más animada.

— No sé si la palabra sería escandalizar —intervino Pansy, dando un sorbo a su limonada—. ¿Ese es tu ahijado, Potter? —cambió de tema, para alivio de Ron, señalando con el vaso hacia Teddy, que jugaba con George, Bill y los más pequeños de la familia.

— Sí —respondió, poniéndose serio—. Edward.

En ese momento el pequeño rió fuerte, llamando la atención de los adultos. Su cabello cambió de rojo a rubio mientras abrazaba a Victoire.

— ¿Un metamorfomago? —preguntó curiosa.

— Sí. Tuvo suerte, la genética de su madre se impuso y le evitó la licantropía.

— Parece un niño muy risueño.

Los amigos de Harry le miraron, pero nadie hizo ningún comentario. Pansy iba a hacer un comentario sobre la suerte de poder cambiar tu cuerpo a tu gusto, pero la salida de la tarta le interrumpió. La familia entera comenzó a cantar el "Cumpleaños feliz". Caminaron todos hacia la mesa sobre la que Arthur acababa de dejar la tarta con cuidado.

Ginny sonrió mientras era rodeada por su familia. Teddy se escurrió entre todos para colocarse delante de ella. Pansy la contempló con ojos cálidos mientras ella se agachaba para escuchar al niño, que le contaba algo al oído, y luego mientras soplaban juntos las velas.

Los trozos de tarta comenzaron a circular, pero Pansy esperó a que fuera la cumpleañera la que se acercara a ella con dos trozos y dos tenedores.

— Quiero besarte —le susurró mientras cortaba con cuidado un trozo de tarta.

La sonrisa de Ginny se hizo más grande mientras se sonrojaba ligeramente.

— Hazlo.

— ¿Aquí, ahora? escandalizaríamos a tus padres.

— Bill me ha recordado que no tengo que dar explicaciones. Te amo, Pansy. Y también quiero besarte.

Pansy dejó con cuidado su platito con tarta en la mesa. Con gestos reposados, le quitó a Ginny el suyo de las manos y lo dejó al lado. Con la misma calma, estiró el brazo, tomó a su novia por la cintura y la acercó a ella para besarla. De nuevo se hizo el silencio en el jardín.

Ron miró a sus padres. No sabía definir su gesto, no podía calibrar si estaban enfadados, molestos o simplemente sorprendidos. A su lado, podía sentir la tensión de Blaise. Buscó su mano y entrelazó sus dedos.

— Ginevra, quizá este no es el momento o el lugar —dijo por fin su madre, con voz muy tensa.

Antes de que su hermana pudiera contestar, la voz grave de Ron se dejó oír.

— Es su cumpleaños mamá, ¿no puede besar a su novia?

— Ronald… —le reconvino su padre.

— ¿Qué papá? no he visto que llaméis la atención a mis hermanos cuando besan a sus esposas. ¿Puedo yo besar a mi novio?

Toda la familia vio a Blaise abrir mucho los ojos justo antes de que Ron le tomara de la nuca y le besara con fuerza. Solo él pudo sentir, al ponerle la mano en la cintura, que Ron temblaba.

— ¿Novio? —preguntó Blaise sobre sus labios unos minutos después, ignorando la discusión entre Ginny y sus padres a unos metros.

— ¿Te parece bien?

Acarició el pómulo pecoso y sonrió, justo antes de inclinarse para besarle de nuevo.

— … Rosamund!

Blaise notó que Ron se ponía rígido y se apartaba de él con brusquedad. El jardín estaba de nuevo en silencio, pero esta vez se percibía una nueva y desagradable tensión en el aire, hasta los niños se habían callado. No necesitó mover los ojos para saber que Potter y Granger se habían alineado al otro lado de Ron, que sujetaba su mano con fuerza.

— ¡Mamá, no hagas eso! —se escuchó por fin el reproche de Bill, que se acercaba a su hermano con Dominique en brazos.

— ¿Qué no haga qué? ¿llamar a mi hija por el nombre que le di al nacer?

— No soy tu hija, mamá —habló por fin Ron, tratando de sonar firme—. No lo he sido nunca, ni lo seré. Tienes una hija, trátala bien, quiérela por quien es y no por quien tu quieres que sea. Y haz lo mismo conmigo, por favor. Me llamo Ronald, no lo olvides.

Y tiró de la mano de Blaise para salir del jardín. Los demás los vieron marchar, en silencio. Harry hizo mención de seguirles, pero Ginny le sujetó del codo. La pareja atravesó la valla del jardín y se desapareció.