¿Cuánto más le faltaba conocer de Sherlock? Esa noche, nueva e inesperadamente, se sorprendió de verlo hacer algo que no sabía que hacía. Y, joder, lo hacía de maravilla. Oh, por supuesto que sí, es el maldito Sherlock, el hijo de puta que todo lo hace bien. O al menos la mayoría de cosas.
—Hijo de puta.
Susurró John mientras llevaba la botella de cerveza a sus labios. Sherlock estaba en el escenario tocando la guitarra y cantando. Mierda, cantando. Lucía increíble, todo un maldito rock star.
Quizás era porque estaba enamorado, pero, joder, John lo veía perfecto con sus rizos crecidos y húmedos, escondiendo parte de su rostro y rozando sus labios con el micrófono.
Oh oh! I hell I'll burn in flames
Oh oh oh! If looks could kill then death would be my name
Oh oh! In hell I'll burn in flames
El ambiente del concierto no tenía nada que envidiar a otras bandas famosas, según la opinión de John. Había un pogo incontrolable y salvaje en medio del público y el resto cantaba junto a Sherlock. Era un festival de música con bandas locales, pero definitivamente se sentía como algo más grande.
John pensó por un momento en cómo Sherlock estaría disfrutando ese momento, porque lo conocía y aunque el rizado lo negara, él disfrutaba ser el centro de atención y ser admirado. Carajo, John conocía demasiado bien el ego de un Holmes, así que estaba completamente seguro de que Sherlock estaba simplemente en las nubes tocando la guitarra y cantando una canción de su banda favorita.
Y no estaba equivocado, Sherlock realmente estaba disfrutando ese momento. Era liberador poder sentir la energía de la gente, sentir la música vibrar en su pecho a todo volumen, su voz saliendo de él sin ninguna restricción, pero, sobre todo, había algo particularmente especial que lo hacía sentirse en la gloria.
John nunca lo había visto cantar y tampoco le había dicho que él sería la voz para las dos canciones finales de la presentación de la banda. Así que había un sabor dulce en el hecho de saber que John Watson lo estaba admirando ahora mismo con sus hermosos ojos azules totalmente maravillado, escondido en alguna parte del público.
Sí, él sabía cómo deslumbrar a su novio, cómo maravillarlo. Es que, debía ser sincero, no era nada complicado hacerlo cuando él había nacido siendo diestro en casi todo. Vamos, ¿para qué ser falsamente humilde cuando naciste con la gracia de ser habilidoso e inteligente? ¿Por qué no presumirlo, maldita sea? Si lo quería, él podía ser bueno en cualquier cosa, así que en ese momento no hacía nada más que lucirse. No para el público, sino para John Watson.
Al terminar de beber su cerveza, John dejó la botella en el improvisado y vacío bote de basura, para luego regresar con el público. Justo cuando la canción llegó a su final. Oh, mierda, una pena, deseaba escuchar más de Sherlock con el micrófono. Miró su reloj, la siguiente banda se presentaría pronto según lo recordaba, así que supuso que la presentación finalmente había terminado.
Bueno, su sorpresa fue agradable cuando vio a Sherlock, ahora sin la guitarra, tomar el micrófono y gritar "one, two, three", para que inmediatamente las guitarras empezaran a sonar al unísono con la batería. El público empezó a saltar, el pogo se convirtió en un huracán, las luces del escenario se encendían y apagaban. John pudo sentir el subidón de energía a su alrededor, mucho más que con las canciones anteriores.
Si tuviera que poner en una lista las cosas que más le llamaron la atención en ese momento, John no duraría que en el primer lugar sería la actitud que vio en Sherlock sobre el escenario. Sin el instrumento con él, era como ver a otra persona.
Con la guitarra, el rizado parecía estar inmerso en su mente, en su mundo, con los ojos cerrados, acercándose a la batería de vez en cuando y pateando una que otro objeto que lanzaban al escenario. Pero ahora Sherlock cantaba moviéndose de aquí para allá, moviendo su cabeza y saltando sin afectar su afinación.
John sintió su corazón acelerarse y sonrió entre divertido, maravillado y orgulloso. Ese rebelde de allá arriba era su hombre, su novio, el amor de su vida y lucía tan o más increíble que la mejor estrella de rock del mundo.
Gonna make it public
Gonna make you pay
Gonna rip your skull out
Eye of death, I know
Devilock! You rip your heart, I have 'em
Devilock! I rip your eyes out of hell
Era una canción corta, pero con mucha energía, así que Sherlock se dejó llevar. Soltó el cuerpo mientras cantaba, puso en práctica los ensayos previos para mantener su voz casi intacta mientras saltaba y se movía con energía. Él dejaba fluir la misma adrenalina que lo enamoró años atrás y lo introdujo a ese género rebelde y antisistema.
Cuando la canción finalmente llegó a sus últimos segundos, no se resistió a hacer ese pequeño baile que tantas veces había visto hacer a Michale Graves en los conciertos. Colocó sus manos detrás y empezó a caminar dando grades y fuertes pasos al ritmo de la guitarra y la batería. Paso a paso, hasta el bajista, luego dando vuelta pasando frente al baterista, hasta que la canción finalmente terminó y el público empezó a aplaudir y gritar.
La sensación que palpitaba en su pecho, ver a la gente tan entusiasmada, la adrenalina todavía corriendo por sus venas, vivir todo ello era simplemente increíble. Él siempre disfrutó de los conciertos estando en el público o solo tocando la guitarra y haciendo algunos coros, pero ahora que tuvo un contacto más cercano con el público (por así decirlo), se sentía maravilloso.
Necesito tener a John ahora mismo.
Ese pensamiento pasó por su mente mientras se despedía del público junto con sus compañeros. Esperar a que John lo busque en el camerino sería una tortura, lo tenía claro.
Bajaron del escenario por la parte de atrás directo al ancho pasillo. Gente caminando alrededor, ruido por todos lados.
—Buen cierre, hijo de las mil putas. —le felicitó su compañero, que era el cantante y líder de la banda.
Sherlock sonrió y asintió palmeando fuerte la espalda de su amigo. Luego recibió otras palmadas igual de fuertes por parte de los demás, para finalmente continuar el camino hacia los camerinos.
Sí, había sido una buena presentación, lo había disfrutado mucho más de lo creyó. Ser convencido por John el aceptar la invitación de pertenecer a la banda por un tiempo no había sido mala idea después de todo.
El rubio, por su parte, estaba esperando ser autorizado para ingresar. Él siempre tenía una autorización especial que Sherlock le conseguía cuando la banda tenía presentaciones importantes.
Un hombre lo llamó, le pidió su documento de identificación y finalmente lo dejó pasar. Fue guiado por la misma persona hasta la entrada de un camerino grande y lleno de personas que entraban y salían.
No le tomó mucho tiempo encontrar a su novio, sus ojos lo encontraban con rapidez entre la gente. John había desarrollado la creencia de que sus ojos buscaban automáticamente rizos azabaches cuando había muchas personas a su alrededor.
—¡Sherlock!
La voz de John llegó inmediatamente a los oídos de Sherlock, haciendo que este volteara como si de la voz de Dios se tratase. Sonrió y cruzó entre la gente para darle el encuentro a su novio.
Una vez frente a frente, Sherlock no perdió tiempo, besó a John con ganas, con amor, con pasión. La adrenalina nuevamente subía por sus venas.
—Mierda, Sherlock, eso fue increíble. —dijo John apenas se separaron.
—Lo sé, estoy excitado.
—Hablo del concierto, idiota. ¡Fue asombroso! ¿Por qué demonios no me dijiste que cantarías? ¡¿Por qué mierda no me dijiste que sabías cantar?!
Sherlock sonrió divertido por la cara de emoción de John.
—Te lo puedo contar en el departamento. —respondió. —John, te necesito.
—¡John! —el bajista saludó de lejos. —¡Acompáñanos!
—¡Hey! —saludaron los demás.
John sonrió hacia los chicos y pudo haber contestado con un muy animoso sí, pero Sherlock se adelantó.
—Debemos irnos. —le dijo. —Traeré mi guitarra.
—¿Qué? Sherlock… —John tuvo que tomar del brazo a Sherlock para detenerlo. —No podemos irnos, debes quedarte con ellos, ustedes deb-…
—John, solo estoy de paso en la banda. —interrumpió el rizado. —Los contratos y las decisiones que tomen no me afectan.
—Pero…
—Saludas rápido y nos vamos. —sentenció Sherlock.
Efectivamente así pasó. John tuvo tiempo de saludar, decir un par de palabras y luego tenía a Sherlock jalándolo del brazo, prácticamente arrastrándolo. Los chicos estaban acostumbrados a la actitud desinteresada del rizado, ya habían aceptado que ese talento andante estaría solo por poco tiempo con ellos. Pero, al menos, la idea que los consolaba era que Sherlock no pertenecería a otra banda en el futuro, pues las aspiraciones del rizado no iban por ese camino.
—Nos vemos la próxima semana. —se despidió Sherlock.
—Lo siento. —dijo John.
Los chicos sonrieron y simplemente los dejaron ir.
Sherlock y John caminaron de la mano durante todo el camino y no cruzaron palabras hasta estar fuera del local, parados en la acera para tomar un taxi. La comparación del ruido de la gente dentro no se comparaba con la de la calle.
—Mañana debes estar a las diez con treinta en la universidad, ¿verdad? —preguntó Sherlock mientras miraba atento a que el primer taxi apareciera.
—Sí. Oye, ¿por qué no vamos a comer antes de ir a casa? Tengo hambre. —respondió John.
—Comerás después.
El rubio levantó una ceja inmediatamente.
—¿Comeré después? Llegué al departamento a cambiarme y volví a salir directo al concierto. Hoy no pude almorzar, Sherlock.
—Por un día sin comer no morirás, no exageres.
Bueno, esa no era la respuesta que esperaba John. De hecho, esa no era ningún tipo de respuesta correcta.
John soltó la mano de su novio haciendo que este finalmente lo mirara.
—Estás con prisa porque quieres tirar. —dijo John y no lucía entusiasmado al hacerlo.
Sherlock entonces supo que había cometido un error, aunque no estaba seguro de qué era exactamente. Dudó en dar su respuesta.
—¿Sí? —respondió inseguro. —Bueno, aún tengo la adrenalina del concierto. Necesito liberar esa energía contigo. Es lo mismo después de cada concierto, ya lo sabes.
John respiró hondo, le había enojado la actitud de su pareja, pero, como había aprendido a hacerlo con el tiempo que llevaban juntos, primero intentaría razonar con él.
—Sherlock, entiendo que tus necesidades sean algo exigentes y sabes que siempre estoy dispuesto a que hagamos el amor cuando quieras, pero esta vez te estoy pidiendo que pienses en mí por un momento.
Sherlock frunció el ceño inmediatamente.
—Pero estoy pensando en ti. —respondió. —Te estoy proponiendo que hagamos el amor. Me lo has dicho varias veces, soy particularmente intenso luego de un concierto.
John condenó de imbécil a Sherlock solo con su mirada.
—Te estoy diciendo que tengo hambre, Sherlock. —John puso cara de estar diciendo algo completamente obvio. —No he podido almorzar y todavía no he cenado, ¿no crees que prefiero hacer eso primero?
Sherlock lo razonó un poco…
Bueno, él preferiría tener sexo, que comer.
—¿Prefieres comer?
—Joder… —John llevó su mano a su rostro tratando de darse paciencia.
—De acuerdo, lo siento. —se apresuró a decir Sherlock. —Creí que… es que…
—Sherlock, pongamos esto en claro, ¿de acuerdo? Yo no soy una máquina, tal vez tú lo seas, pero yo necesito comida para tener energías. Y sí, si me estoy muriendo de hambre, prefiero comer, que tener sexo. Ten eso muy claro.
Curiosamente, el rizado sintió como si hubiese aprendido una lección de vida muy importante. Resultó ser bastante desconcertante para él saber eso, ¿cómo se podría preferir la comida que a tener sexo?
—¿Lo entiendes, Sherlock? ¿Lo tienes claro?
Sherlock asintió todavía reflexionando sobre tal curiosa revelación.
—No te digo que sea una regla estricta, pero si estoy hambriento y me das a elegir, prefiero comer primero antes que cualquier cosa.
Ahí iba una nueva información para el palacio mental de Sherlock Holmes.
—Lo siento. —dijo el rizado.
John sonrió con ternura. Aunque sonara de lo más extraño, Sherlock Holmes todavía tenía mucho que aprender, bueno, ambos. Ellos apenas llevaban unos años viviendo juntos, estaban enfrentando sus propios retos apoyándose el uno con el otro.
—Ven acá.
Los brazos de Sherlock rodearon a su pareja, sonrieron en silencio y luego se besaron. Se sentían como si hubieran escalado un escalón más en su relación.
—¿Quieres una hamburguesa? —preguntó el rizado.
—Dos, voy a necesitar mucha energía para esta noche. Estuviste malditamente increíble en el escenario y quiero premiarte como debe ser.
Sherlock sonrió, bajó sus manos hasta las caderas de su novio y agachó la cabeza un poco. Los ojos azules de John lo miraban con amor.
—Estás conmigo, es todo lo que necesito. Te amo demasiado, John Watson.
—Yo también te amo.
Se volvieron a besar, un beso largo y suave que dejó pasar dos taxis vacíos sin que ellos lo notaran.
