N/A: Recordé hace poco que quería editar los primeros dos arcos para llevarlos al estándar de los últimos capítulos, pero me olvidé por la universidad y otros proyectos. Luego me acordé, pero revisándolos me di cuenta de sencillamente era demasiado trabajo como para hacerlo ahora (i.e. flojera). Así que me puse a escribir esto.
En una nota aparte, si bien ya tenía algunos mapas de Falmart, ahora empecé a revisarlos mejor y tomar nota de las distancia allí anotadas (las que, dicho sea de paso, no son muy consistentes entre la novela y el manga). Los resultados estarán al final del capítulo, pero sí adelanto que, a una velocidad promedio de 25km/h (usando datos de de 1945), el ferrocarril Alnus-Itálica demora unas 8 horas en ir de un destino al otro, a lo que se agregan los tiempos de carga y descarga, y asumiendo no es interrumpido por cualquier motivo.
En una tercera nota, aviso que usaré los rangos de mago que aparecen en el manga (aunque son diferentes a la novela): estudiante, graduado, sabio, maestro, experto y archimago.
Disclaimer: "GATE: thus the JSDF fought there!" no me pertenece, todo el crédito a su respective autor. Esta es una obra hecha por diversión y sin fin monetario alguno.
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Arco 5
Guerra Total
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Capítulo 18
Sadera Delenda Est
Parte 2
"Han pasado más de cuatro años desde que terminó la guerra civil española. Ya era hora de que aplicaran las lecciones aprendidas, pero siempre es mejor tarde que nunca."
-Generalmajor Oskar Freiherr von Boenigk, comandante de la Luftwaffe en Falmart.
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#2 Fuerte Fronterizo, 30km al este de Itálica, Falmart
Mediados de agosto, 1943
—Ahí está. Tal como describió Zimmermann.
—Ajá, y parecen más reservados que de costumbre. ¿Será por el hombre que capturaron?
—Apostaría que sí. De todos modos, no quedarán muchos fuera cuando la artillería empiece a caer.
—Hablas como si alguna vez se quedaran afuera.
—Touché. ¿Empezamos?
—De acuerdo.
Schmidt y Butler bajaron sus binoculares y se dirigieron a los subordinados que los acompañaban, los preparativos en su última fase para comenzar el ataque al segundo fuerte fronterizo. Se encontraban sobre una loma baja con visión al fuerte, sus vehículos ocultos tras esta, y un largo cable extendía el parlante de la radio desde el semioruga de mando alemán cercano hasta la posición del major en funciones.
—Feldwebel Wagner, instale un equipo de ametralladora en la cima junto a nosotros. Añádales un par de fusileros. Vigilen el perímetro y que no se nos acerque el enemigo.
—Sergeant Grant, despliegue a los hombres en un doble anillo de vigías que cuide nuestros flancos y retaguardia. Los boches se encargarán del frente por ahora.
Los soldados y personal variado se desplegaron según lo ordenado en lo que los dos oficiales, acompañados de sus ayudantes y una pequeña escolta, observaban tras la loma donde se hallaban la estructura enemiga.
—¿Task force 9 está en posición? —Preguntó Butler.
—Ajá. El batallón de Goodwin hará el ataque de distracción y los americanos de Heller bloquearán los caminos cercanos por si alguno logra huir.
—¿Qué hay de los cañones de Williams?
—Déjame comprobar. Tu mientras ve buscando las primeras coordenadas.
—Como digas. Ugh, con lo que cuesta ubicarse con las coordenadas improvisadas y estos crudos mapas…
—Brown Archer, Blitz, do you copy? I repeat, Brown Archer, Blitz, do you copy?, over. [1]
—Blitz, Brown Archer, affirmative. Kraut, that accent doesn't help ya, I'll tell you that. Signal is clear, over.
—Brown Archer, we have visual on the enemy position, get ready for fire mission over the second fort, over.
—Understood, we're at the ready, over.
—Stand by. —Schmidt alejó el micrófono de su rostro—. Butler, ¿tienes ya esas coordenadas?
—Sí, pero hasta para mí es complicado acertarle a la primera con esta mierda de mapa.
—Bueno, peor es nada. Veamos que nos da.
—La entrada oriental debería ser Queen Item 46-72.
—Brown Archer, Blitz. Fire mission, coordinates Queen Item 46-72, two guns, one shot, over.
—Copy that, Blitz. Fire mission, Queen Item 46-72, two guns, one shot. TOT 15 seconds. /BREAK/ Shot, over.
—Shot, out.
—Splash, over.
Un silbido atravesó el aire antes de que dos explosiones aparecieran a cierta distancia de la puerta. Los pocos saderianos a la intemperie soltaron alaridos y se echaron a correr en dirección al fuerte en lo que Butler bramaba una maldición junto al impacto.
—Carajo. ¡Corrige, cien yardas al sur, veinticinco al oeste!
—Mierda. Brown Archer, correct fire: Queen Jig 21-72, two guns, one shot, over!
—Roger that, Blitz, Queen Jig 21-72, two guns, one shot, TOT 15 seconds. /BREAK/ Shot, over.
—Shot out.
—Vamos, vamos…
—Splash, over.
Dos proyectiles impactaron en la puerta del fuerte, provocando dos explosiones que dispersaron los restos de los guardias que estuvieran junto a ellas.
—Bingo —murmuró el inglés, sonriendo para sí mismo. Schmidt se echó manos a la obra.
—Splash, out. Brown Archer, good effect on target, fort gate with two hits. /BREAK/ Fire mission, splash everything in a 100-yard radius from Queen Jig 21-72 to support Task Force 9 attack and suppress hostiles, fire for effect, over.
—Understood, Blitz. Changing channels to Task Force 9. Good hunting, Brown Archer out.
Butler observó el efecto del fuego de supresión artillero sobre las posiciones saderianas: las precarias trincheras y las fortificaciones de piedra poco pudieron hacer ante los doce cañones que componían la sobredimensionada batería de cañones de 18 libras británicos, que machacaron el lugar con nutridas descargas continuas en lo que los efectivos del 1º Batallón del Regimiento de Suffolk se lanzaban en un controlado ataque sobre las trincheras, abusando de su poder de fuego móvil y de la escasa respuesta enemiga.
—Casi dan pena la suerte que tienen esos tipos.
—Espera, ¿a ti te dan pena?
—Era por decir algo. La artillería sola se los podría comer vivos sin que nosotros intervengamos.
—La verdad, si ese fuera el caso, ustedes habrían ganado en una semana en el Somme.
—… —Butler le envió una mirada de muerte al alemán en lo que este ordenaba que cambiaran la frecuencia de radio, comunicándose ahora con el resto del Grupo Atlántico.
—Chumikov, ¿me recibes?
—A ver, de que te recibo, sí, pero esos cañones no dejan muy fácil la tarea de escucharte tampoco.
—Creí que ambos concordamos en que era porque no nos interesa lo que diga el otro.
—Eso también. ¿Qué carajo quieres?
—Que trabajes por una vez y muevas el culo de tu equipo hasta donde puedas apoyar el ataque al segundo fuerte.
—Ya estamos en posición. Estamos observando tranquilamente los fuegos artificiales sobre el lado contrario del fuerte con nuestras ametralladoras y morteros apuntados hacia ellos.
—¿Y el resto?
—Por todo lo que sé están un par de kilómetros más atrás, esperando instrucciones. Sugeriría les digas algo antes de que Donoso y García se peleen a puñetazos.
—O sea que lo usual, ¿verdad? —Schmidt suspiró fuertemente—. ¿Ves algún punto vulnerable en la defensa? ¿O cualquier lugar sirve para un ataque?
—Hay dos cañones apuntando en nuestra dirección de ataque, pero fuera de eso, no hay mucho. Hay un área que tiene muchos refuerzos y cuberturas de madera, apostaría que es por donde atacaron el fuerte al inicio de esta guerra.
—¿Y esa zona vulnerable está en…?
—Más o menos a la mitad del muro que da a nuestra dirección. Dame tres minutos y te doy las coordenadas exactas para la artillería.
—Tienes dos minutos. Hablaré con los españoles, coordínate con Butler por mientras.
—Jódete.
Schmidt ordenó cambiar el canal de radio entonces, contactando con el operador de radio del equipo de Donoso. Un breve intercambio después, el español falangista tomó la radio y entabló comunicación con su par alemán.
—¿Ya nos movemos?
—Sí, el bombardeo ya empezó y Task Force 9 empezará su ataque en cualquier momento. Prepara a tu equipo, dile a García que haga lo mismo y vayan al punto de partida.
—¿Por dónde?
—Hay una parte de la muralla más endeble que el resto. La atacaremos con artillería y ustedes asaltarán la posición.
—¿Qué hay de los panzer y Khoakin?
—Muy arriesgado usarlos con los escombros y el reducido espacio, que presten apoyo de fuego desde las colinas. Chumikov dará apoyo extra con los equipos ruso, británico y mío.
—Eso me basta, siempre que apunten bien. Nos vemos en unos minutos.
—Nos vemos. —Cambió la frecuencia—. Chumikov, ¿ya tienes esas coordenadas?
—Por supuesto. ¿Con quién crees que hablas?
—Con un comunista.
—Inútil —agregó Butler.
—Flojo.
—Fósil.
—Comunista.
—Obeso.
—Ateo.
—Arrastrado.
—Engreído.
—Comunista.
—Ignorante.
—Aprovechado.
—Gordo.
—¡Eh, que no soy gordo!
—¿O sea que no vas a negar el resto?
—Negaría lo de comunista, pero sirvo a la Unión Soviética. Lo que sea. Algunas cosas son más ciertas que otras, pero no es lo importante ahora. Las coordenadas son Mikhail Olga 96-82.
—…
—…
—… ¿pasó algo?
—¿Qué carajos quiere decir eso?
—¿Ahora me dirán que no saben leer coordenadas?
—Con todo el afán de ofender, el boche tiene razón. ¿Qué demonios fue eso, ruski?
—Agh, occidentales y sus ansias de sobre complicar todo… ¿o es que tanta metralla los dejó sordos? Según yo no pronuncio tan mal las cosas…
—Una cosa es pronunciar de forma aceptable una lengua civilizada, y otra totalmente distinta es que digas el alfabeto fonético ruso esperando que lo entendamos a la primera por radio y luego sepamos a qué puta letra eslava corresponde —intervino Butler. Schmidt giró los ojos ante las palabras del inglés, pero expresó una opinión similar.
—Manga de inútiles… lo que sea, es lo que para ustedes serían las letras "L" y "K". ¿Entendieron ahora o debo ir yo mismo a decírselos?
—Por mi puedes quedarte donde estás y de paso le haces un favor al resto.
—¿Ah sí? ¿Cuál?
—Hacer dieta, por ejemplo.
—Mira pequeño hijo de pu-
Schmidt cortó el canal junto al primer grito de respuesta del soviético, girando nuevamente los ojos en lo que anotaba en un papel las coordenadas dichas.
—¿Era eso necesario? —preguntó al inglés que contenía su risa.
—¿Me negarás que fue divertido?
—Eso no te lo niego, pero ¿no podías esperar a después del ataque?
—¿Y dónde está la entretención en eso?
—Sí serás hijo de… no importa. —Regresó la mirada al papel enfrente suyo, revisando las palabras ahí escritas—. Ahora, en el alfabeto fonético alemán, esto sería…
—¿Por qué no usas el inglés y ya?
—El farsante ese de Büller seguramente revise todas las comunicaciones. Si me ve usando palabras anglosajonas seguro se lo dice a quién sea que sea su jefe para que me llegue una reprimenda desde arriba.
—No creo que tu alto mando se moleste por eso.
—Los junker no lo harán, por supuesto, pero los políticos y cualquier agente del partido infiltrado sí se molestará, y lo último que quiero es a los nacionalsocialistas atrás mío.
—¿Es para tanto?
—¿Después de años de intentar reemplazar al ejército? Sí, probablemente sí. Apostaría que este farsante está relacionado con ello.
—Huh… interesante…
—Calla y vigila que no se nos acerque ningún romano napoleónico.
—Estoy seguro de que jamás me acostumbraré a ese apodo…
—Hammer, este es Blitz. ¿Me recibes?, cambio.
—Afirmativo, Blitz, cambio.
—Misión de fuego, el objetivo es destruir dos cañones enemigos y abrir una brecha en una zona débil de las murallas, cambio.
—Entendido, cargaremos proyectiles de alto explosivo. ¿Coordenadas?, cambio.
—Coordenadas son Ludwig Konrad 96-82. Repito, Ludwig Konrad 96-82, cambio.
—Coordenadas Ludwig Konrad 96-82, tres baterías, diez tiros. /BREAK/ Disparamos en treinta segundos, cambio.
—Entendido, Hammer. Avisen fin de la artillería para asaltar la posición. Blitz fuera.
—¿Cuánto tiempo? —preguntó Butler, anotando datos en un papel.
—Lo que se demoren en disparar treinta y seis tiros de obús.
—¿Y eso sería…?
—Qué se yo, estos cañones ni alemanes son.
—¿Y eso?
—Los capturamos en Francia en el '40. A un ingeniero se le ocurrió meterlos en chasis descontinuados para reciclarlos, y resulta que funcionaron.
—Hum… siendo honesto, probablemente vean más acción aquí que en Francia.
—Y no mentirías, creo.
La conversación de ambos se vio interrumpida por la llegada de los proyectiles explosivos al fuerte. La escasa dotación saderiana que quedaba en el lugar se dispersó rápidamente ante el hecho, abandonando los dos cañones que pronto quedaron destruidos por el bombardeo. La muralla no corrió mejor suerte, colapsando al cabo de un par de minutos y dejando una estrecha abertura de unos pocos metros de ancho. La lluvia de proyectiles se detuvo a los pocos segundos, los 36 disparos ya terminados.
—A todo el Grupo Atlántico, ¡ataquen ahora! ¡A la brecha, a la brecha!
Los motores de los semiorugas ocultos a varios kilómetros pronto movieron las toneladas de metal a campo traviesa, los tanques de apoyo encabezando la marcha. Los equipos alemán, británico y soviético abrieron fuego de manera controlada con sus rifles, ametralladoras, cañones y morteros, pues la distancia desde las colinas donde se encontraban no permitía una cortina de balas eficaz.
—Maldigo a los rojos que ubicaron su fuerte en medio de una explanada —murmuró Butler mientras observaba el efecto de la cortina de fuego, constantemente dando correcciones que su segundo comunicaba al grupo de tres equipos dirigido por Chumikov.
—Es lo adecuado para defenderse. Ningún saderiano armado con arcos lograría una clara línea de tiro desde abajo sin que lo volaran en pedazos.
—Sí, pero ahora somos nosotros los que estamos en desventaja.
—Culpa de los rojos por perder una maldita cadena de fuertes contra romanos en primer lugar —Schmidt emitió un corto gruñido en lo que tomaba el micrófono de su radio—. ¡Aceleren la puta marcha! ¡Mientras menos tiempo estén al descubierto menos probabilidad hay de que vuelvan y los maten!
—¡Te invito a venir a acelerar estas bestias si tanto te gusta quejarte! —el grito de García hizo poco para calmar al alemán, pero le indicó que al menos lo escuchaban y seguían en contacto.
—Tenemos que evitar que lleven refuerzos a la brecha… —cambió la frecuencia de su radio, haciendo cálculo en el papel en su mano—. Hammer, ¿me recibes?
—Fuerte y claro, Blitz.
—¿Es Büller? —inquirió Butler al notar el gesto agrio del alemán, que tapó el micrófono para contestar.
—Ajá. ¿Acaso no tiene un operador de radio?
—Tú también lo tienes y sin embargo aquí estás.
—Silencio. —Schmidt carraspeó un poco antes de volver al habla—. Hammer, misión de fuego, el objetivo es evitar la llegada de refuerzos enemigos a la brecha en el suroeste de la muralla. Necesito una barrera de fuego desde Ludwig Julius 26-38 hasta Nordpol Konrad 53-36, en lo posible con munición de baja intensidad, cambio.
—Recibido, Blitz. Misión de fuego con el objetivo de crear una barrera que evite refuerzos enemigos con munición de baja intensidad, ¿es correcto?
—Afirmativo.
—Las coordenadas del punto inicial son Ludwig Julius 26-38, y las del punto final, Nordpol Konrad 53-36, ¿confirmas?, cambio.
—Afirmativo, Hammer.
—Recibido. Hammer reporta, dos baterías, fuego continuo de baja intensidad. Dejaremos una batería en reserva. Advierto que el cese del fuego ocurrirá al menos treinta segundos después de que cursen la orden, cambio.
—Entendido, Hammer. Proceda con el bombardeo.
—Tiempo para el inicio, un minuto. Hammer fuera.
Schmidt ordenó a su asistente que cambiara la frecuencia de su radio.
—Este es Blitz a todo el Grupo Atlántico, aviso de una barrera de artillería aliada que cruzará por la mitad del fuerte de noroeste a sureste. Indiquen cuando aseguren la primera mitad para pedir su cancelación.
—Equipo Eagle a Blitz, recibido.
—Equipo Ebro a Blitz, entendido.
Schmidt se permitió una pequeña sonrisa al ver la formación blindada alcanzar la muralla del fuerte.
—Este es Blitz a todo el Grupo Atlántico: Angriff!
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—Este es Blitz a todo el Grupo Atlántico: Angriff!
—Este nazi de mierda… ¡desmonten todos! —Los soldados estadounidenses de un brinco descendieron de sus semiorugas y camiones, con sus escuadrones reagrupándose en cuestión de segundos y pegándose todos a la muralla que se extendía a uno de lados de la brecha. A un poco de distancia, los soldados españoles de Donoso hacían lo mismo—. ¡Artillería aliada está cortando el interior del fuerte, así que entraremos un escuadrón a la vez! ¡Mantengan la cabeza gacha y vigilen las alturas, disparen a cualquier que no se rinda de inmediato!
—Yes, sir!
García se giró para ver a Donoso: el español falangista terminaba de dar instrucciones a sus hombres, pero no parecían prestos a moverse. Ojeó su espalda, donde los tanques y semiorugas esperaban instrucciones para apoyarlos. García chaqueó la lengua: si bien uno de los tanques ligeros podría pasar por el agujero en el muro (y de paso empujar los escombros que quedaran), la probabilidad de que lo destruyeran en aquel momento de vulnerabilidad era muy alto, además de que bloquearía el camino. Tendrían que hacer esto a la vieja usanza.
—¡Donoso!
—¡Dime!
—¡Me encargaré de despejar el cruce, tu diles a los tanques ligeros que ingresen una vez te de la señal!
—¡Entendido!
—¡Equipo Eagle, adelante!
Uno de sus escuadrones se instaló en la entrada con sus B.A.R. listos para abrir fuego, dando una escasa cobertura a sus compañeros que, liderados por el oficial, ingresaron a paso cuidadoso al recinto. Apenas pusieron pie dentro se dispersaron por los escombros y muebles presentes, sus ojos escaneando alrededores seguidos muy pronto de sus armas.
—¡Cañón a las once, fuego a discreción!
¡RATATATATATATA!
Los artilleros de la pieza saderiana no alcanzaron a terminar de cargar su arma: pronto fueron abatidos por las balas americanas, e igual suerte corrieron unos legionarios que se acercaron a revisar la brecha. Un tercer grupo enemigo se aprestaba para contraatacarlos, pero fue indispuesto por un obús de artillería que cayó justo en medio de su formación, reduciéndolos a nada más que una masa sanguinolenta de carne y huesos en harapos.
—¡Soldado Green!
—¡Mande, señor!
—Dígale al capitán Donoso que la entrada está asegurada. Aproveche de decirle al primer escuadrón que entre también. ¡Escuadrón de armas, instale un perímetro en la brecha con el primer escuadrón! ¡El resto, conmigo a despejar el flanco derecho!
Ya el primer tanque M3 "Stuart" estaba cruzando el destruido muro cuando los hombres de García hundían las culatas de sus fusiles en la puerta de uno de los barracones abandonados por los soviéticos, abriendo fuego contra los aterrados ocupantes que apenas intentaron oponer resistencia. Un conjunto de tiendas de campaña cercanas fue ametrallado desde la distancia y repasadas con fusiles y bayonetas, y cuando esto se hizo tedioso, usaron granadas incendiarias. García, por su parte, se dirigió a lo que parecía ser el centro de mando de la guarnición, forzando la débil puerta de una patada y entrando a con el escuadrón que le escoltaba. Revisaron la estructura a paso rápido, ejecutando a un legionario que se ocultaba ahí de la artillería exterior, y empezaron a revisar los documentos.
—¿Algo de interés, capitán?
—Nada que pueda leer ahora. Entre la mala caligrafía y mi pésima lectura de la lengua local, apenas sé descifrar algunos números. —García suspiró, dejando el papel que leía sobre la mesa de donde lo tomó en primer lugar—. Echen todo lo que puedan a la bolsa, recuperaremos lo que podamos y quemaremos el resto.
—Señor, ¿no deberíamos dejarlo intacto para cuando tomemos el fuerte y podamos revisarlo con más calma?
García contempló la escena frente a él. No tenía nada en particular contra los británicos (más allá de que fueran ingleses, pero eso era un asunto aparte), pero no se confiaba de los integrantes del resto del Grupo Atlántico. ¿Quién sabía a quienes reportaran? Pero, pensándolo detenidamente, tampoco tenía una buena excusa para quemar todo si le preguntaban.
—Que un escuadrón asegure la información y monte guardia afuera. Nadie que no sea yo entra aquí, ¿entendido?
—Yes, sir!
García abandonó el edificio después de una última revisión personal, encontrándose fuera a Donoso que llegaba flanqueado por dos soldados como escolta. El falangista dio un corto saludo que el uniformado verde oliva contesto con igual desgana, cerrando la distancia entre ambos.
—¿Algo que reportar, Donoso?
—Todos los tanques ligeros están dentro del fuerte y mis escuadrones están despejando el flanco izquierdo. Le pedí a Schmidt que cortara la artillería que divide el fuerte para que podamos avanzar a la segunda mitad.
—¿Qué hay del enemigo? ¿Cuántas bajas lleva?
—Los míos al menos eliminaron a unos veinte, además de treinta más que se rindieron.
—Por mi parte hemos abatido a unos treinta, con veinte más muertos por la artillería. Si estimamos trescientos legionarios combatiendo a los ingleses… ¿cuántos dijo el prisionero que había aquí?
—Unos ochocientos…
—Entonces todavía queda la mitad de la dotación en algún lugar dentro. —Ninguno tenía que decir algo más para saber que la situación era urgente. Allí donde estaban, eran un blanco fácil para cualquier francotirador enemigo.
—Volveré con los míos de inmediato. Vigila que no giren ningún cañón hacia nosotros y contaremos con el apoyo de los tanques.
—Ajá. Nos vemos al otro lado.
García chasqueó la lengua: aún quedaba una cantidad considerable de saderianos, los suficientes como para abrumarlos con un ataque rápido desesperado, y de por si contaba con menos hombres por ordenarles cuidar el puesto de mando saderiano.
—Debí quemarlo cuando pude… —murmuró desganado el español republicano. Suspirando quejumbrosamente, se masajeó los hombros en lo que desviaba la vista hacia la muralla contraria del fuerte. Allí, delante de unos saderianos, se encontraba el frente de un cañón apuntando directamente en su dirección…
…
—… mierda.
¡BOOM!
El impacto ocurrió cerca, y la fuerza de la explosión lo envió a volar mientras que sus zumbantes tímpanos ahogaban el mundo. No estaba seguro de cuando impactó la tierra, de haberlo hecho, o de si siquiera aún tenía sus cuatro extremidades atadas al cuerpo cuando recuperó algo de consciencia. Con un gruñido que ni él mismo escuchó, se concentró en reunir fuerzas para retomar el control mediante sus nervios.
Cuando García volvió a abrir los ojos, lo primero que notó fue a unos pájaros sobrevolar el terreno. Inmediatamente después recuperó la sensibilidad de sus brazos, notando a la vez que estaba siendo arrastrado lejos del frente. Dejó caer su cabeza al costado, apenas lo suficiente como para arrancar otro gruñido quejumbroso y ver los uniformes verde oliva de sus hombres llevándolo a, presumía, un lugar seguro.
Lo dejaron caer tras unas rocas que hipotetizó eran escombros de la brecha. Notó una ametralladora M2 Browning disparando a cierta distancia a un enemigo invisible, pero esperaba que fuera a los artilleros de ese condenado cañón. Volvió a mirar al frente, dándose cuenta de que sus hombres parecían estarle diciendo algo. Con un pesado gesto y las pocas energías que le quedaban, levantó una mano y se apuntó al oído.
Huh. Su mano estaba totalmente empapada en sangre. Al menos aún la tenía consigo. Se preguntó ausentemente si así es como se sentía Chumikov cada vez que terminaba en el hospital por algo.
El médico de su unidad apareció frente a él y empezó a tratarlo de inmediato, empezando por revisar su cabeza. Los soldados que lo arrastraron hasta allí se unieron al ametrallador en mutilar con plomo a sus enemigos, el ruido de los disparos haciéndose cada vez más claro por el momento. Llegado un punto, intentó entender qué pasaba alrededor suyo.
—¡Dos escuadrones por la derecha, despejen el camino a la entrada principal! ¡Base de fuego, despejen la muralla contraria! ¡Pelotón de tiradores, mantengan despejados esos cañones! ¡Teniente Blanco, prepare dos equipos para asaltar el otro lado!
Su audición se recuperó lo suficiente como para escuchar los gritos de Donoso, donde fuera que estuviese. Intentó ponerse de pie para observar el lugar, pero el médico de un golpe le impidió siquiera sentarme. Resignado, enderezó su espalda contra el escombro y prestó atención a los sonidos que llegaban. Al cabo de unos segundos, el oficial español se deslizó dentro de la cobertura, avistando a su compatriota y ajustando la correa de su casco para hacer más fácil el hablar.
—Eh, ¿estás bien? —Se acercó un poco, arrastrándose para no alzar la cabeza fuera de la cobertura—. Ese fue un gran vuelo.
—¿Qu- —Tosió un par de veces, el médico llevándole su cantimplora a los labios. Tomó un trago de agua, refrescando su garganta—. ¿Qué carajos paso?
—Un cañón saderiano disparó e impacto a tu lado. Volaste unos metros antes de caer de espaldas, y de ahí tus hombres te arrastraron hasta aquí. Destruyeron también su centro de mando, probablemente para evitar que recuperemos inteligencia de allí. Debo decir que nunca había visto semejante clavado en tan poca distancia, especialmente cuando no hay una piscina al fondo. —Alejandro murmuró una maldición bajo su aliento. Al final el puesto de mando se había destruido de todas formas, y claramente al falangista le divertía su sufrimiento—. Los ingleses afuera están apurando el ataque, Butler estima que estarán atravesando la puerta principal pronto.
—… ¿y nuestro… ataque…?
—Base de fuego, bloqueos hacia ambos flancos y preparamos un asalto al otro lado. Hay un pelotón de tiradores dedicado a evitar que ocupen sus cañones. Deberíamos acabar pronto.
—¿…bajas?
—¿Nuestras o de ellos?
—Ambas.
—Nuestras, muy pocas, quizá media docena entre muertos y heridos, más que nada por el ataque sorpresa de los cañones. ¿Saderianos? No sé, diría que unos cincuenta más, por ahora.
—Hijos de puta… —Con gran esfuerzo, García junto fuerzas y rodó sobre su costado, ignorando el insulto del médico y apoyándose en el trozo de concreto para asomar el rostro y observar el campo de batalla—. Te encargo que mates a los que puedas. Y consígueme un casco.
—… ¿estarás bien? —Preguntó Donoso, viendo cómo su compatriota luchaba por mantenerse arrodillado junto a su cobertura—. Sabes que también sé de medicina.
—No sobreviví a la universidad para que me maten unos napoleónicos frustrados antes de tener hijos. —García suprimió un gruñido ante el dolor que le provocó su risa, tomando el casco que le trajo el médico y colocándolo en su cabeza—. Ahora anda a matar a esos cabrones o yo mismo iré con una muleta en una mano y mi pistola en la otra a liderar el ataque.
—Como quieras, pero recuerda descansar. —Donoso se encogió de hombros brevemente antes de salir a reencontrarse con sus hombres. García por su parte se quedó allí, observando la batalla con ojo atento y pensando en cuanto tiempo le tomaría recuperarse de sus heridas…
XXXXXXXXXX
La batalla por el segundo fuerte fronterizo terminó tiempo después con la rendición de los supervivientes. De la dotación original de ochocientos hombres, de los que trescientos eran saderianos y el resto extranjeros, solo cuatrocientos salvaron la vida. El comandante de la plaza fuerte, un tribuno imperial saderiano, cayó muerto en la fase final del combate, rindiéndose su segundo al mando, un centurión igualmente saderiano. Reflejando una clara tendencia, pese a componer un tercio de la dotación, la mitad de los cuatrocientos prisioneros era saderiano de nacionalidad, algo que arrancó comentarios entre los soldados sobre el trato entre ambos componentes de la legión de reserva y que mostraba similitudes con varios de los países terrícolas.
Por su parte, el Grupo Atlántico tuvo una reunión informativa para cerrar formalmente el combate mientras los infantes de Suffolk revisaban las ruinas del fuerte fronterizo. Para sorpresa de algunos, sin embargo, dicha reunión no ocurrió en uno de los semiorugas o vehículos de mando, sino que…
—¿Qué hacemos en un hospital? —inquirió Butler, alzando una ceja.
—Me dispararon con un puto cañón —murmuró García girando los ojos—. Raro sería que no estuviera acá.
—Sí, eso puedo verlo. Es solo que me sorprende por fin ver a alguien que no sea el comunista en una camilla por una vez.
—Hey.
—Ssshhh, los grandes están hablando.
—Jódete. —El ruso se cruzó de brazos ante las miradas divertidas del resto, pero un par de palmadas de Schmidt llamó la atención del grupo de vuelta hacia el motivo de su reunión.
—Bueno, esos fueron ochocientos saderianos-
—Solo trescientos eran de Sadera —acotó García, siendo desestimado por el alemán.
—Pelean por Sadera y mataron a más de uno de los nuestros. Sí, que no son de Sadera, pero eso no evitó que los matáramos igual que a esos durante los últimos meses. No te me pongas moral ahora, que eres un español peleando por los americanos.
—…
—Ahora, ¿en qué estaba? Ah sí. Como les decía, son ochocientos hombres menos para Sadera. Podemos asumir que los otros dos fuertes fronterizos tendrán una dotación similar, así que hay que afinar nuestro equipo. ¿Quién notó alguna falla ahora?
—Yo. —García intentó levantar la mano, pero al aún tener los brazos entumecidos, tuvo que conformarse con el índice derecho—. Necesitamos más infantería.
—¿También lo crees?
—Apoyo la moción —informó Butler, bajando la taza de té de su boca.
—Eh, soy de reconocimiento. Ya tengo mi dotación completa —se desentendió Khoakin con una inclinación de hombros, tomando un sorbo de su cantimplora—. Aunque sí creo que, de seguir aumentando el tamaño de la unidad como vamos, necesitaré más hombres. Juntar una compañía de reconocimiento entera en lugar del grupo temporal que tengo.
—¿Estás tomando vodka? —Schmidt alzó una ceja ante el olor que salió del artículo de metal, siendo imitado por el resto.
—Tengo que pasar las pastillas para el dolor de alguna forma, ¿no?
—Estoy seguro de que eso se hace con agua.
—¿Pero por qué hacerlo aburrido cuando puede ser entretenido? —Acompañó la pregunta abriendo ambos brazos, como abarcando a una multitud. El resto se miró entre sí con dudas, salvo Alejandro que carraspeó para llamar su atención.
—Creo que necesito algo de eso…
—¿Las pastillas? Nop, lo siento, son americanas de contrabando y me quedan pocas.
—No, el vodka. El médico de mi equipo ya me drogó lo suficiente como para tres vidas.
—Ah bueno, toma.
En lo que el ruso ayudaba al español-norteamericano a beber el alcohol, los tres oficiales restantes se hicieron a un costado para seguir discutiendo el tema.
—Tenemos muy poca infantería en los equipos. Estaba bien cuando éramos nosotros, unos pocos escuadrones y cuatro tanques, pero ahora tenemos el tamaño de un batallón reforzado. —Butler sacó entonces una copia de la estructura de su equipo—. No podemos tener apenas doscientos infantes desmontados, sobre todo cuando tienen que combatir, asaltar, apoyar a los blindados y proteger a los que no son de primera línea.
—Aunque me afecta menos, tengo que darle la razón al inglés —se sumó Donoso, enumerando con la diestra—. Tenemos apenas cuanto, ¿cuatro escuadrones cada uno? Cinco si contamos el de apoyo, y a lo más les podemos sumar las tripulaciones de los vehículos en caso de emergencia. Aun así, dudo que pasemos de trescientos infantes totales con todo eso.
—Hmm… —Schmidt se llevó una mano al mentón en lo que analizaba las palabras de sus pares. Sus ojos estaban pegados a la tabla de organización y equipo de la unidad de Butler, escaneando las palabras en inglés de arriba abajo—. Pediré más infantería, pero sería más convincente que lo hagamos todos a la vez a nuestros respectivos mandos. Quizá una carta firmada. Así no reclamarán de que uno intenta crear su propio ejército personal o lo que sea que se inventen los burócratas del alto mando.
—Me parece bien. Puedo tenerla redactada al final del día para entregársela a Hoffman.
—Mejor a Montgomery. Él la podrá enviar sin problemas a Alnus, y de ahí a los generales.
—¿No confías en Hoffman?
—¿Tras lo del merluzo que se hace llamar Büller? Confío en que me entregará los suministros, pero en nada más por ahora.
—Como digas. —Butler se encogió de hombros, Donoso yéndose por su lado a atender a su equipo. El resto del grupo iba a dispersarse a su vez, cuando varias sombras pasando por encima de ellos los hicieron detenerse y desviar su mirada al cielo. Allí, arrancando gritos de emoción entre los soldados y exclamaciones de sorpresa de los prisioneros, se movía una formación de Messerschmitt Bf 109 y Dornier Do 17 alemanes rumbo al norte.
Los oficiales, presintiendo su destino, no pudieron más que reír y saludar ante lo que deparaba el futuro.
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XXXXXXXXXX
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Cielo sobre Rondel
Una hora después…
—Odín Líder a todas las unidades, permanezcan en formación y mantengan vector 3-0-5. El objetivo debería estar cerca. Estén atentos a sus radios por cualquier alerta de los escoltas, cambio.
—Odín 5 a Odín Líder, recibido.
Franek inhaló y exhaló a través de su máscara de aire, relajando levemente sus músculos. Por fin llegarían a su destino después de dos horas de vuelo, y no veía la hora de soltar su carga y dar la vuelta.
—Ya casi acabamos —celebró el piloto, aunque sin soltar los controles del avión. A su lado el bombardero del avión, Feldwebel Rodrig, soltó una corta risa.
—Espero veamos ese maldito valle aparecer pronto. No hace tanto frío aquí arriba como en Europa, pero aún estamos volando sobre montañas.
—Con algo de suerte descenderemos cuando lleguemos al valle para ver la ciudad, aunque dependerá de qué tan pegada esté esa maldita ciudad de la siguiente cordillera. Si está muy cerca de las montañas al otro lado tendremos que mantener altura, aunque puede que tengamos que descender igualmente si la capa de nubes no se dispersa antes.
—Agh, maldita sea nuestra suerte. Putos magos y la madre que los parió.
—¿Y esa actitud?
—No me venga con eso, Leutnant. Si no fuera por estos magos, esta guerra habría acabado hace mucho y yo estaría en casa.
—No estoy tan seguro de eso…
—¿Por?
—Nada, nada. ¿Por qué no revisas que la carga esté en buen estado, ya que tienes tanta energía como para quejarte? Revisa también que nuestros ametralladores no se hayan quedado dormidos.
—Ugh. Lo que diga, Herr Leutnant.
Con Rodrig ocupado, Franek se dio el tiempo de revisar brevemente los mapas y fotografías de su recorrido. El valle apenas había sido explorado por aviones aliados en el último tiempo, o en general, por lo que dependían de copias de mapas locales, informes recolectados de los escasos prisioneros con información relevante, y las notas y fotos tomadas por tropas de la Coalición que se aventuraron hasta la ciudad durante la primera guerra contra el Imperio.
Desvió la mirada al exterior: la formación de Bf 109 que los escoltaba para protegerlos de los dragones imperiales se mantenían volando alrededor de los bombarderos, notablemente con algunos dentro de la formación. Le hacía sentido: había escuchado que, en marzo, al inicio de la actual guerra, formaciones de aviones fueron derrotadas al aparecer dragones desde arriba y abajo, desbaratando sus formaciones y evitando el apoyo mutuo ante su superior maniobrabilidad. Desde entonces, la directiva era operar desde la altura y solo descender para atacar, siempre protegido por otro avión.
—Odín Líder a todas las unidades: objetivo a diez minutos. Deberíamos verlo pronto. Preparen sistemas de armas y atentos a las siguientes señales. Odín Líder fuera.
—¡Rodrig!
—¡Mande, Herr Leutnant!
—¿Estado de la tripulación?
—Todos listos y a la espera.
—Bien. Quiero las ametralladoras atentas y esas bombas listas. Objetivo en diez minutos.
—¡A la orden!
Apretó las manos, con cuidado de no cambiar la dirección del avión. Suspiró profundamente. Esta era primera misión de combate de su tripulación, él inclusive, pero sabía que muchos en el Gruppe eran veteranos de las operaciones en España, Polonia, Noruega, el Benelux, Francia y el Reino Unido. Confiaba en ellos. Tomó aire y lo soltó lentamente. Revisó su reloj: ocho minutos.
Para esta misión, los cuatro Staffeln del Gruppe de Do 17 tenía una tarea distinta, y su armamento lo reflejaba. El Staffel de Franek, Odín, tenía una misión de particular importancia, y el Leutnant se aseguraría de que se llevara a cabo a la perfección. Revisó nuevamente los medidores del avión: todo en regla. Llevó entonces sus ojos al horizonte, notando las montañas que se acercaban a la distancia y tragando saliva ante la cercanía que presentaban. Aunque no podía verla, sabía que, a la distancia, a sus pies, una ciudad de construcciones hechas de piedra blanca aparecía como un faro.
—Odín Líder a la formación: cinco minutos. Desciendan su altitud a dos kilómetros y corrijan vector al objetivo. Escolta de Bf 109 se adelantará para revisar el terreno.
Hizo todos los chequeos previos que debía hacer, y dirigió la nariz del avión hacia abajo. Notó como la formación de aviones cambiaba ligeramente su dirección para corregir el rumbo, además de corregir la altura, y no le costó unírseles. Observó a los cazas distanciarse, dirigiéndose a patrullar los cielos más adelante. Los envidiaba: se sacarían la tensión previa al combate antes que ellos. O quizás no: debían estar alertas durante toda la redada, no como ellos cuya única misión era arrojar bombas. Se encogió de hombros, aprovechando de soltar algo la tensión acumulada: luego pensaría en eso.
—Odín Líder a la formación: tres minutos. El objetivo estará a la vista apenas salgan de las nubes. Advertencia, el enemigo no parece tener defensas antiaéreas ni unidades aéreas.
—Odín 5 a Odín Líder, recibido.
Su avión atravesó la capa de nubes unos segundos después. Se alzó ligeramente sobre su asiento: una ciudad de roca blanca se encontraba a poca distancia, casi brillante pese a la luz tenue producida por las nubes invernales. Tan clara era que podía ver las murallas que delimitaban y, por ende, señalaban el objetivo asignado a su Staffel.
—Odín Líder a formación: un minuto. Hagan correcciones finales.
Revisó sus instrumentos y se aproximó a las tres formaciones de cuatro aviones cada una en las que se dividió su Staffel, uniéndose a la de la izquierda. Respiró hondo y soltó el aire rápido. Limpió su sudor y observó el terreno a sus pies. A su lado, Rodrig esperaba atento para operar el equipo y soltar su carga.
Piedra blanca inundó el terreno a sus pies. Estaban a punto de llegar. Faltaba solo la orden del Hauptmann a cargo de la formación.
—Odín-Führer zu Staffel 1. Bomben los, bomben los, bomben los!
—Bomben los, bomben los, bomben los.
Repitió Franek. Rodrig asintió, accionando el mecanismo. El compartimento del avión se abrió y las cuatro bombas de 250kg fueron soltadas, cayendo libremente hacia su objetivo debajo. El alambre que quedó dentro del avión se aseguró de que el mecanismo detonador se activara, armando la bomba en el camino al suelo.
Su destino: la Academia de Magia de Rondel.
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Mimoza La Mer estiró sus brazos para destensar sus músculos, a unos metros de la entrada del salón de conferencias de la academia. Habían sido unos días especialmente arduos, con incontables investigaciones presentadas para revisión de los maestros (y la mayoría de estas, destruidas sin piedad por considerarse inútiles o erróneas), y pronto tendría que volver adentro a seguir evaluando presentaciones durante lo que quedaba de la tarde. Le motivaba el que hubiera tanta actividad de investigación mágica, aunque, sin embargo, la mayoría girara en torno a las armas.
El pensamiento sacó un triste suspiro de la archimaga. Poco más de cinco meses habían pasado desde el inicio de la Segunda Guerra contra la Coalición, donde el Imperio de Sadera y la llamada "Coalición de Naciones" se enfrascaron en uno de los conflictos más destructivos para el centro de Falmart en su historia. Según los rumores, era solo comparable a las batallas de hace siglos atrás, cuando Sadera recién se establecía como una ciudad importante imponiéndose mediante las armas a sus vecinos, partiendo por las ciudades de Telta y Proptor.
Pero eran solo eso: rumores. La información de la campaña era mantenida bajo estricto secreto para el público general, incluidos los fabricantes de armas, y el Ejército Imperial era categórico en quien y quien no podía tener acceso a ella. Mimoza, como una de las mayores mentes mágicas de Rondel, fue elegida para tener datos medianamente actualizados del desarrollo bélico, pese a su estancia antibélica.
No podía decir que creyera todo lo que decían.
Tomó asiento en una banca a las afueras del salón de conferencias, suspirando de agotamiento. Con un poco de magia de viento trajo agua hasta ella, depositándola en sus manos y bebiendo ávidamente, el refrescante líquido aliviando su garganta pese a la fría temperatura ambiente. Aún estaban en invierno, después de todo.
—Maestra.
Reconoció la voz de inmediato, incluso si no tenía la energía de hace un año. Mimoza se hizo a un lado de la banca e invitó a la recién llegada a sentarse junto a ella.
—Vaya, vaya, vaya, Arpeggio. No te veía hace mucho.
La castaña se dejó caer a su lado, gruñendo ligeramente ante la actitud de su mentora.
—Veo que sigues hablando como si no tuvieras preocupaciones en el mundo, ¿verdad?
—Vaya, vaya, vaya, parece que alguien anda de mal humor, ¿eh?
—Aaahhh… —Arpeggio se rascó el costado de la cabeza, finalmente rindiéndose y apoyando la espalda en el respaldo del asiento—. No tienes idea, maestra. Sadera está en caos.
—¿Es por Alnus?
—Por la guerra, sí. Aaahhh, la población aún no lo dimensiona, pero los cabecillas están hechos un desastre. El golpe de estado del príncipe Zorzal no hizo mucho por ayudar, aunque al menos se las arregló para mantener la estabilidad general.
—Ya veo… ¿y cómo lo hizo?
—Anunció que su padre estaba haciendo acuerdos secretos con la Coalición para entregarles parte del Imperio, que la razón por la que había desatado la guerra fue para desgastar a los militares y el Senado, y que la razón por la que enviaba soldados a los estados vasallos era para que Zorzal no pudiera reforzar el frente de batalla. Cuanto de eso es verdad y cuanto es mentira, solo los altos mandos lo saben con certeza.
—Vaya, vaya, vaya. ¿Eso no te incluye?
—Aún no, lastimosamente. Pero si he escuchado otras cosas.
Mimoza no dijo nada por un tiempo, observando tras ojos entrecerrados el paisaje que era el río que pasaba junto a Rondel.
—¿Qué es de Lelei? ¿Está aquí?
—Está en el cuartel imperial. Aunque sea mi hermana, los otros altos cargos imperiales no se fían de ella aún.
—¿Es porque estuvo un tiempo con el enemigo?
—En parte, aunque es más porque rechaza ser ciudadana imperial, ni muestra lealtad alguna al Imperio. La tendrán bajo vigilancia hasta que se den cuenta de que no supone peligro alguno.
—Ya veo… pero está bien, y eso es lo que importa.
Se instaló un silencio cómodo entre ambas mujeres, cada una sumida en sus pensamientos. Mimoza seguía reflexionando sobre los acontecimientos, mientras que Arpeggio observaba la calma que reflejaba el paisaje a su alrededor, mostrando la arquitectura de roca blanca de Rondel que llegaba hasta el río. Era una vista familiar, e incluso la luz apagada de invierno que se filtraba por las nubes en el cielo no era suficiente como para arruinar la imagen. Finalmente, fue la de mayor edad quién rompió el silencio.
—¿Hay noticias?
—¿De qué?
—Ya sabes de lo que hablo.
Arpeggio lo sabía. Mimoza solía ser tan directa como distraída, que lo era mucho, pero había solo dos temas de los que evitaba hablar directamente. Y dudaba fuertemente que se estuviera refiriendo a aquel incidente con el sabio Cato El Alestan y cierta ropa interior.
—¿Qué tanto sabes de lo que ocurre?
—Lo último que me dijeron fue que se había terminado el combate en Alnus. —La sabia se inclinó en su asiento, enviando una mirada de sospecha a su alumna—. Con la derrota del Imperio, debo agregar.
Arpeggio la miró con sorpresa, revisando sus alrededores con ojos alertas. No hallando a nadie cerca, encaró a su maestra.
—¿Te dijeron que fue una derrota?
—No, nos dijeron que el Imperio se retiró para reagruparse y lanzar una contraofensiva. —Mimoza volvió su mirada al río. Arpeggio notó el pesar en sus ojos, pese a no mirarla directamente—. Pero una no llega a vieja sin aprender algunas cosas por el camino.
—Entonces…
—No soy parte del consejo que gobierna Rondel, pero sí estoy involucrada con él. Específicamente, he estado ayudando con los números. —Suspiró, trayendo más agua hacia ella desde la fuente cercana. Sin embargo, en un descuido aplicó demasiada magia y el líquido en cuestión le impacto en la cara, despertándola de su trance—. Vaya, vaya, vaya… pero bueno, sé tan bien como el alto mando imperial que los artesanos de Rondel no pueden reponer la tremenda cantidad de equipo que se perdió durante estos meses.
Arpeggio la miró preocupada, un leve deje de temor en sus facciones.
—E-estás diciendo que…
Mimoza simplemente le devolvió una mirada tranquila.
—No habrá ninguna contraofensiva —vaticinó, afirmándose en la banca con ambas manos—. Se reagruparán, sí, pero a la defensiva. Probablemente harán avances aquí y allá, incluso consiguiendo victorias, pero todas serán defensivas.
—¿Crees que logren contener a la Coalición?
—Aún están peleando en Itálica, ¿no es así? Deberían poder sin mucho problema.
Arpeggio abrió los ojos, pero no dijo nada. Escogió mirar al suelo. Mimoza captó esto y cerró los ojos, murmurando para sí misma.
—Así que se han retirado de Itálica también, eh…
—¡Aaaaahhhhh! —Se agarró la cabeza con ambas manos, negando con vehemencia—. ¡Por favor, sabia, no le digas a nadie que ya no lo sepa! ¡Me encerrarán si se enteran de que revelé información secreta!
—Tranquila, Arpeggio. Mis labios están sellados.
—¡Eso espero, porque tú eres la única persona que conozco capaz de tropezarse con el aire y desordenar la casa entera en el proceso!
—Vaya, vaya, vaya, pero que agresiva~
—¡Ahora arriesgo que me encierren! ¡No me puedo permitir caer presa sin antes encontrar un marido! ¡¿Cómo diablos llevo ya casi un año de subjefa y sigo sin tener pareja?!
—Vaya, vaya, vaya~
Arpeggio había tomado de los hombros a su maestra y la sacudía de adelante a atrás en su pánico, no ayudada por las risas de la señora mayor. Ayudaba a ambas a liberar el estrés y relajar la tensión, y Arpeggio secretamente agradecía poder ser ella misma sin tener que mantener apariencias o complacer a altos cargos imperiales con favores de índole sexual. Finalmente cansándose, soltó a su maestra y se dejó caer en la banca, agradeciendo el frío aire invernal para refrescar su acalorado rostro.
—¿Hm?
—¿Pasó algo, maestra?
—¿Qué es eso? —Apuntó a un punto a la distancia, entrecerrando sus ojos—. Se ven como pájaros, pero mi vista no es la de antes. Pero sería raro, los pájaros no suelen volar tan alto en invierno y en tantos números… ¿se habrán perdido la temporada de migración?
Arpeggio agudizó la vista, pero apenas podía notar algunas figuras a la distancia. Pero fuera lo que fueran, se estaban acercando a un ritmo impresionante.
—Maestra, ¿tiene su bastón para hacer magia?
—¿Y eso? ¿Ahora te cambiaste a los bastones en lugar de usar tus piedras?
—¡Las piedras mágicas son muy importantes como para gastarlas en hechizos de visión! —Se defendió la menor con el ceño fruncido—. Y, además, no son prácticas para simular lentes.
—Ah, ya veo. —Mimoza extrajo de sus ropas una pequeña vara, de apenas el tamaño de su antebrazo con un cristal azul en la punta, y se la ofreció a su aprendiz—. No es la más poderosa, pero para un hechizo de visión debería ser más que suficiente.
—Gracias. —Arpeggio aceptó el objeto y lo ubicó frente a su visión. Musitando palabras e imbuyendo el objeto con magia, dejó que el hechizo tomara efecto. Dos círculos transparentes de tamaño similar se manifestaron frente a su ojo derecho, las propiedades de aquellos constructos mágicos permitiéndole imitar un lente de larga distancia frente a ella. Con esto, empezó a revisar las sombras que se acercaban cada vez más.
—¿Y? ¿Alguna especie nueva de ave?
—…
Mimoza relajó su rostro alegre, su emoción reemplazándose por preocupación. Las facciones de su pupila se deformaban cada vez más en algo que no podía identificar.
—¿Arpeggio?
—Eso…
—¿Eso?
Arpeggio deshizo los círculos de magia, dejando visible la expresión de terror puro en su rostro.
—E-esos… esos no son pájaros…
—¿No?
—N-no…¡! ¡Sabia! ¡Donde Lelei, rápido!
—¿Qué está pasando, Arpeggio?
—¡No hay tiempo! ¡Rápido, vamos!
La joven agarró del brazo a su maestra y empezó a correr hacia el cuartel general utilizado por los altos cargos del ejército imperial. Mimoza alzó el rostro: las aves, cuyas alas ahora notaba estaban increíblemente tiesas, se acercaban inexorablemente.
La gente de Rondel las miraba con caras extrañadas. Su comportamiento llamaba demasiado la atención, y las ropas imperiales de la joven no ayudaban tampoco.
—¿A-Arpeggio? ¡Arpeggio, espera un segundo! —Tuvo que gritar para que su aprendiz se girara, aunque fuera de reojo—. ¿Qué son esas cosas?
—¡Nada bueno, sabia!
—¿Por qué?
—¡Eso luego! ¡Por ahora solo corre! ¡Corre!
Tras un rato, la entrada del cuartel imperial en Rondel apareció en su rango de visión. No estaba lejos del salón de conferencias, por motivos obvios, aunque aun así era una distancia considerable, sobre todo a pie. Pero incluso con la desventaja de la distancia Mimoza podía observar un pánico generalizado en los miembros del ejército imperial, algo que atraía miradas de los ciudadanos de Rondel y que ella intuyó guardaba relación con las misteriosas aves que aparecieron en el cielo.
Cierto, las aves. Se había olvidado totalmente de ellas. Alzó la mirada, buscándolas, y las halló casi directamente sobre ellas, solo separadas por la altura. Sus alas, que antes notara tiesas, ahora mostraban otra cosa. Concretamente, su construcción de metal puro.
Lo comprendió de inmediato. Aquellas no eran alas tiesas del cansancio de aves en migración tardía. Eran, en cambio, alas rígidas de lo que probablemente fueran máquinas de aquellos humanos llamados por el Imperio como los "enemigos de otros mundo."
Las máquinas llegaron sobre el cuartel. Sus estómagos se abrieron. Pequeños objetos salieron, cayendo libremente hacia el edificio.
FFFFFIIIIIIIIIIIIIII…!
Iban demasiado rápido. Revisó la distancia: jamás llegarían al cuartel a tiempo. Sintió su sangre helarse. Sus piernas no le respondían. ¿Qué era ese sonido? Era como un silbato, pero uno mucho más ruidoso y agudo que cualquiera que hubiera escuchado.
…IIIIIIIIIIIIIII…!
No paraba de sonar. Se detuvo en mitad de la calle, sus músculos no respondiéndole. Arpeggio le gritaba que se moviera. ¿Qué estaba pasando? El pitido se hacía cada vez más fuerte. ¿De dónde venía?
Desde arriba.
Alzó la mirada, observando los objetos negros descender cada vez más rápido hacia su destino.
…IIIIIIIIIIUUUUU!
Ellas.
—¡Sabia, abajo!
¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM!
XXXXXXXXXX
Giró la cabeza para observar el resultado. Masivas explosiones inundaron el ambiente casi de inmediato. El silbido de las bombas, las explosiones, la metralla, la infraestructura colapsando y el sufrimiento de la gente, todo aquello se mezclaba en una cacofonía cuyas proporciones auditivas aumentaban gracias al valle donde la ciudad se encontraba. Sin duda esta era una ciudad de vistas magníficas hace una hora, pero ahora no era más que un infierno en la tierra.
Pero desde la altura, Franek no podía sino pensar en lo merecido que se lo tenían: no solo eran los responsables del sufrimiento y muertes de miles de sus compañeros de armas, sino que ni siquiera tenían una defensa antiaérea de la que hablar para evitar el ataque. El distrito de investigación, a juzgar por las escasas fotografías y dibujos, era algo impresionante, lleno de edificaciones de formas poco naturales cuya construcción volvería locos a los arquitectos más amenos. Pero poco podía hacer la infraestructura antigua ante 12.000 kilogramos de bombas al mismo tiempo: la zona de la escuela de magia estaba en llamas, y ellos eran los causantes. Satisfecho con su labor en el trabajo, Franek revisó el resto de su unidad.
El Gruppe de bombarderos asignado a Fliegerkorps Falmart, Luftflotte 2 contenía cuatro Staffeln. El primero, de nombre en clave Odín y al que pertenecía él, estaba cargado con bombas de 250kg con el objetivo de destruir la escuela de magia de Ronde, específicamente el distrito de investigación dentro de esta. Los Staffeln 2 y 3, nombres en clave Thor y Loki, estaban cargados con bombas de 50kg con la misión de destruir los talleres donde los magos y artesanos producían cañones y fusiles, identificados en distritos urbanos concentrados y en zonas de trabajo a las afueras de la ciudad. Por lo que veía, los aviones seguían soltando decenas de bombas sobre sus objetivos sin oposición alguna. Finalmente estaba el Staffel 4, cuyo objetivo era…
Tragó saliva. Pese a todo el odio que les tenía, Franek no podía evitar un pequeño remordimiento ante lo que veía.
Los bombarderos de Staffel 4 no soltaban solo bombas convencionales. En sus compartimientos, los que Franek observaba despedir su carga en ese momento, contenían una calculada mezcla de bombas explosivas e incendiarias. Con profesional parsimonia ni traicionando sentimiento alguno, pilotos y aviadores de la Luftwaffe observaron cómo la ciudad entera era sometida a una lluvia de fuego y metralla que no dejaba casa ni refugio sin tocar, sin duda provocando grandes bajas civiles. Si el bombardeo de los talleres era un objetivo operacional y el del distrito de investigación uno estratégico, aquel bombardeo de la ciudad en sí era una misión de nada más y nada menos que terror puro.
—Parece Guernica —escuchó a alguien decir por la radio—. Aunque Rotterdam no se queda atrás.
No había estado en cualquiera de ellas, pero no se sentía con ganas de desafiar la afirmación. Lo único que sabía era que la blanca ciudad abajo, cuya población se llegaba a estimar en medio millón de personas, ardía bajo 48 toneladas de bombas.
De repente, pequeñas esferas se elevaron desde la ciudad, llamando su atención. Levitaron un poco en el aire, como dudando de qué hacer, para luego dispararse al cielo en dirección a los aviones. Franek observó curioso el fenómeno, desafiando todo lo que había aprendido sobre física en su vida, solo para ser traído de vuelta a la realidad por un grito de Rodrig.
—¿Qué carajo es eso? ¡¿Esa es la magia?!
—Así parece. —Franek suprimió un gruñido, afirmando su agarre sobre los controles del avión—. Sujétate, puede que tengamos que hacer maniobras.
Pero no fue necesario. Por todo su despliegue, pareciera que aquellas esferas tenían que ser guiadas al ojo: varias quedaron cortas de los bombarderos o los pasaron de largo, apenas un par explotando a la altura y lejos de dañar cualquier aeronave. Franek notó con curiosidad, al igual que muchos de sus compañeros pilotos, que ninguna de esas esferas produjo metralla. Parecían granadas de explosivo puro o de energía: peligroso si uno estaba junto a ellas, pero inútil a las distancias que mantenían los aviones a esa altura, y desde luego muy pocas con la capacidad de dañar un bombardero salvo lo golpearan directamente en los motores o parte vital del fuselaje.
Un rugido de motores desvió su mirada hacia abajo: los Bf 109 se lanzaron en picado hacia la ciudad blanca, sus ametralladoras abriendo fuego a quemarropa hacia los puntos de donde salieran las esferas. Se realizó apenas una pasada por avión, seguramente limitados por las municiones, pero con sus números y lo denso de la ciudad pareció ser suficiente. Aparentemente su comandante, líder de Odín y de toda la redada, pensaba lo mismo.
—Odín Líder a todas las unidades. Misión cumplida. Escalen hasta tres kilómetros, cuando lleguen a las montañas al frente cambien a vector 2-5-5 por 30 kilómetros y luego tomen vector 1-3-0 hacia Alnus. Odín Líder fuera.
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Gruñó levemente al sentir la piedra sobre ella moverse. Con algo de esfuerzo y la escasa luz presente, extendió su adolorido brazo por entre la piedra derrumbada hasta alcanzar su varita, murmurando frases cortas para activar el hechizo que, a base de fuerza bruta, expulso de encima suya la mayoría de los fragmentos que la apresaban del mundo exterior. Pero no todos. Aún quedaban unos dos o tres de gran tamaño. Gruñó otra vez: a reunir energía para otro hechizo.
—¡Sabia! ¡Protégete, rápido!
Escuchó una voz conocida, y decidió hacerle caso activando el hechizo que la cubría de un escudo mágico. Pronto las piedra de gran tamaño que la apresaban estallaron ante proyectiles mágicos, siendo empujadas por otro hechizo que empezó a remover los escombros que tenía encima. Ahora apoyada por su defensa mágica, Mimoza poco a poco empezó a salir a medida que las piedras eran removidas y su peso dejaba de ofuscarla, y dentro de nada logró nuevamente asomar su torso por sobre las rocas.
—¡Sabia! ¿Estás bien?
Era Arpeggio. La joven se veía desesperada, pero soltó un gran suspiro de alivio al verla aparecer.
—Sí, estoy bien… vaya, vaya, vaya, eso fue un poco intenso, ¿no es así?
Arpeggio cómicamente dejó caer sus brazos con un segundo agotado suspiro.
—Tienes que revisarte la cabeza si crees que esto fue solo un poco intenso. ¿Segura que no te golpearon las rocas en el cerebro…? Como sea, ¿estás bien? ¿No estás herida?
—No te preocupes, hace falta más que eso para hacerme algo. —Se apuntó a sí misma, sonriente—. Logré crear un escudo a tiempo para evitar cualquier daño, aunque admito que la cantidad de rocas me tomó por sorpresa.
—Qué bueno…
—Eres demasiado descuidada, maestra.
Mimoza giró su cabeza. A un costado, depositando suavemente los escombros en un montón al costado, se hallaba la que otrora fuera su otra pupila.
—Vaya, vaya, vaya, Lily… podrías haber dicho algo.
—Me llamo Lelei.
—Es un agrado verte bien, Lily.
—Igualmente, maestra. —Lelei asintió, notoriamente aliviada, antes de hacer un hechizo y levantar con magia las rocas que quedaban encima de las piernas de su primera mentora. Ya completamente libre, Mimoza se puso de pie y giró sobre sí misma, examinando sus alrededores. Lo que encontró la desanimó.
El distrito de investigación de Rondel distaba mucho de ser la ciudad más organizada en Falmart, pero aun así siempre tuvo una cierta belleza por sus edificios hechos de piedra blanca y la animada comunidad mágica-científica que se formaba entre sus murallas. Puestos callejeros varios de comida y entretención convertían sus caminos en lugares dinámicos, y varias tiendas de artículos mágicos publicitaban sus mercancías en la esperanza de atraer curiosos hechiceros recién pagados. En resumen, una ciudad activa.
Sin embargo, lo que la anciana observaba ahora no eran más que ruinas hasta donde alcanzara la vista: murallas derribadas, escombros por todas partes, calles obstruidas, cadáveres en cada esquina y la piedra blanca oscurecida por las aún vivas llamas que asolaban el lugar. Enmudecida, volteó a Arpeggio, que observaba con una mezcla de melancolía y resignación la escena.
—Arpeggio… ¿qué es esto? ¿Qué hicieron esas aves de metal que vimos?
—Esas…
—Esas no son aves, maestra —interrumpió Lelei, cortando a su hermana. La atención de Mimoza se centró en la menor de las hermanas—. Son máquinas que emplean las naciones de la Coalición, capaces de moverse por el aire y transportar armas y equipo.
—Entonces, ¿arrojaron armas sobre nosotros? ¿Desde el aire?
—Es correcto.
—Maldita genio… —murmuró Arpeggio, rascando el costado de su cabeza con un gruñido de exasperación—. Es como dice Lelei, maestra. De lo que he escuchado de prisioneros de la Coalición, ellos llaman esas armas que tiraron sobre nosotras como "bombas," diseñadas para dejarse caer desde el aire y explotar al llegar a tierra. Como puedes ver, son muy destructivas, y tienen de varios tipos.
—Y lograron todo esto sin magia —continuó Lelei, asintiendo—. Es pura tecnología. Desde que los conozco no he visto a ningún mago en sus ejércitos.
Mimoza recordaba vagamente la visita que tuviera de Lelei con algunos soldados de la Coalición, ya hace un año atrás. En aquel entonces ya le había confesado el jefe de aquellos hombres, Capitán Donoso, que en su mundo no existía la magia. Aunque lo encontraba difícil de creer (la magia era parte fundamental del sistema natural del mundo, después de todo), si era posible que fuera algo tan restringido (una pequeña élite intelectual, por ejemplo) que la tecnología hubiera tenido que avanzar más para compensarlo.
—Espera. Ahora que lo pienso, ¿qué haces tú afuera del cuartel, hermanita? No recuerdo que te hayan dado permiso para salir.
—El cuartel está destruido.
—Cómo que el cuartel está destrui… ¡Aaaaahhhhh! ¡Mis investigaciones! ¡Lelei, ayúdame antes de que el fuego las destruya!
Pero eso tampoco tenía sentido. Rondel no solo era la ciudad donde se concentraba el estudio de la magia, sino que también era el centro científico de Falmart por mucho. Sencillamente, tenías que estudiar la naturaleza para estudiar la magia, motivo por el cual la mayoría de grandes científicos durante varios siglos provenían de Rondel y eran magos o asistentes de estos. Y si esas máquinas no eran cosas mágicas, lo que podía descartar que hubiera magos manejándolas, aun así tendría que ser gente instruida por magos para operar semejantes maravillas tecnológicas. Pero como la ciencia no requería exactamente de la magia, podía ser enseñada a replicarse por las personas normales una vez los científicos mágicos descubrieran lo necesario, por lo que incluso entonces una élite mágica podría estar detrás de todo y oculta ante el ciudadano común…
—¡Sabia! ¡Deja de soñar despierta y ayúdanos! ¡Aaahhh, mis investigaciones se van a quemar todas! ¡Hay meses de trabajo ahí metidos, no puedo perderlo todo!
—Arpeggio.
—¡¿Qué quieres ahora, enana?!
—Tu trabajo no está en el cuartel.
—¿A qué te refieres con que no está en el cuartel? ¡! ¡¿Acaso ya se destruyó todo?! ¡Noooo! ¡Lo perdí todo, maldita sea! ¡Ahora me quedaré sin paga, me echarán de mi trabajo, volveré a ser pobre, nunca encontraré pareja y…!
—Lo puse a salvo antes de que cayeran las bombas. Están dentro de un cofre protegido con magia.
—…
—De nada.
—¡Aaaaahhhhh! ¡¿Por qué no me dices esas cosas primero, enana?! ¡Casi me das un infarto, ¿sabes?! ¡Un infarto!
Bueno, se dejaría esas preocupaciones para después. Sus dos pupilas estaban a salvo, y era lo que importaba por ahora. Pero más tarde, cuando terminaran de limpiar el desastre ruinoso en que se había convertido Rondel, había que empezar a tomar medidas.
Su olfato le decía que este no sería el único ataque que sufrirían.
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Este de Itálica
Días después…
—Hey, ¿te enteraste?
—¿De qué cosa?
—¿En serio no tienes idea?
—Hay tantas cosas ocurriendo que no tengo idea si te refieres a los comunistas en el sur, los suministros que están llegando a Alnus, la pista aérea de Itálica o todas esas a la vez.
—Ninguna. Nos quedamos sin jefe.
—Ah ya… espera, ¿qué?
García levantó la mirada del mapa en sus manos y encaró al oficial alemán, que seguía observando el término del asalto al cuarto fuerte fronterizo (y el último que les tocaba capturar). El alemán bajó sus prismáticos, pero no cesó de observar la menguante batalla.
—Montgomery. Aparentemente lo llamaron de vuelta a Alnus. Si se va a Inglaterra o lo ponen en otro cargo, no tengo idea.
—Hum… buena pregunta.
García, en el asiento del copiloto de su Jeep, volvió a analizar el mapa en lo que el alemán volvía a usar sus binoculares. Los disparos a la distancia iban reduciéndose cada vez más, y pronto se había hecho el silencio. Los soldados de los Equipos de Reacción empezaron a abandonar la fortaleza tras abrir sus puertas, llevando entre ellos columnas de prisioneros imperiales. Schmidt contó en voz baja, terminando con una pequeña sonrisa.
—Unos 400 prisioneros de una dotación total de 900. No está mal.
—¿Cuántos saderianos entre ellos?
—¿Crees que puedo saberlo desde aquí?
—Hay una radio, ¿no?
—Entonces pregunta tú.
García soltó un gruñido de pesades antes de girarse hacia su ayudante y pedirle que averiguara el dato. El sargento norteamericano respondió afirmativamente, girando sobre sus pies y desapareciendo camino a la radio de la unidad.
—Espera, ¿quién tomará el mando de Itálica si Montgomery se va?
—… ¿Creagh?
—¿Creagh? ¿Michael O'Moore Creagh?
—¿Creo? Es lo que escuche, aunque no estoy tan versado en comandantes ingleses. Pero no creo que manden al mayor oficial británico en Falmart a comandar Itálica, ¿o sí?
—Lo veo posible, la verdad. Montgomery logró mantener Itálica pese al asedio y bajos suministros. Quizá es una recompensa.
—Quizás.
La conversación se vio interrumpida ante la llegada de un vehículo todoterreno GAZ-64, seguido por un Jeep y un Kübelwagen. De estos bajaron los oficiales restantes del los Equipos de Reacción, quienes hicieron un muy breve atisbo de saludo al reunirse con ambos.
—Fuerte tomado —reportó Khoakin, masajeándose los hombros—. Sumamos 402 prisioneros, sin contar unos que murieron intentando escapar.
—¿Cuántos saderianos y cuantos extranjeros?
—Mitad y mitad, diría yo.
—Así que parecido al resto… bueno, es lo que hay.
—¿Con esto terminamos con las defensas imperiales antes de la "frontera"? —preguntó Butler, quien junto a sus hombres ya estaba sacando un juego de té y sirviendo tazas.
—… pues… —ignorando la pregunta de dónde había salido dicho líquido caliente, Schmidt se acercó al Jeep de García y revisó los detalles geográficos—. Hablando estrictamente de la Operación Legends, terminamos con este fuerte. Sin embargo, al sureste de Lancia se encuentra la Colina Marius.
—¿…Colina Marius? —preguntó Donoso, acercándose.
—Ajá. Un cerro de al menos 300 metros de altura que vigila la entrada al paso montañoso en Lancia. Está a la suficiente distancia de Lancia como para que no lo hayamos asegurado al retomar la ciudad, y la altura asegura que sus cañones tengan buen alcance, evitando un cerco con fuerza insuficientes.
—¿Nos harán atacarlo? —inquirió ahora Chumikov, abriendo una botella de vodka.
—… hey, Butler. ¿No tienes agua caliente que te sobre?
—¿Y eso?
—Si todos van a estar bebiendo aquí, bien podría unirme.
—Tengo algo extra, sí. ¿Quieres té, acaso?
—Prefiero el café. —Con un gesto, el major en funciones alemán ordenó a su ayudante que le entregara una taza y el mencionado café instantáneo al británico. En el entretanto, García y Donoso fueron en busca de cervezas a sus camiones de suministro, y pronto el grupo entero se encontraba sentado en sus vehículos de mando con alguna bebida en mano.
—Esto si es vida. Operaciones militares para luego sentarse a beber como si estuviéramos de campamento —comentó con sorna García, tomando un trago—. Casi te hace olvidar que miles mueren en batalla cada mes.
—Bueno, este mes ha estado mucho más tranquilo que los anteriores, así que…
—¿Incluiste el bombardeo a Rondel? —interrumpió García al ruso.
—Ah, eso me faltaba. Bueno, probablemente siga siendo un menor conteo que en los meses anteriores.
—No lo descartes del todo —anunció Schmidt, tomando un corto sorbo de su café—. Los rojos lanzaron hoy una ofensiva a los cinco fuertes fronterizos con tres divisiones de infantería. Tal parece que no les gustó que fuera Montgomery el que los recuperara después de que ellos los perdieran.
—¿Tres divisiones? —Un silbido de apreciación se escapó de los labios de Donoso—. Les pasarán por encima.
—Para nada —interrumpió Chumikov, desestimando el comentario—. O son divisiones desgastadas por el combate en Alnus que aún no reciben reemplazos adecuados, o son divisiones "verdes" que apenas han llegado a Falmart. Personalmente, apostaría a lo segundo. También, nuestras divisiones son más pequeñas que las occidentales.
—¿Entonces?
—Veamos. Tres divisiones serían unos… ¿43.000 hombres? —Se encogió de hombros—. Al menos un tercio muerto o herido. Apuesto la mitad de mi salario a que tenían comisarios azuzando a la tropa y presionando a los comandantes a tomar todos los fuertes hoy, principalmente con el objetivo de no ser menos que Montgomery, resultando en ataques frontales con poco o nulo reconocimiento previo. Y considerando que una división de rifles tiene menos artillería que el Grupo Atlántico…
La implicación estaba clara. Schmidt lo desestimó de un movimiento de su mano como a quien le importa poco (que en su caso probablemente fuera verdad), evitando que un ánimo lúgubre se estableciera en el campamento.
—Bueno, como decía, la Colina Marius sigue en pie con una mini-fortaleza imperial en su interior. Partidas de reconocimiento han intentado acercarse, pero fracasaron en lograr mucho: el lugar es una maldita fortaleza, con trincheras, túneles y reductos fortificados con artillería, fusiles y lanzas. De vez en cuando lo bombardean, pero a tal distancia y sin un asedio constante, solo es gastar municiones.
—¿Crees que nos enviarán a atacar la colina? —preguntó Butler, alzando una ceja.
—Lo dudo. El Grupo Atlántico solo no podrá en su estado actual, y no creo que permitan que las unidades de Task Force 9 se alejen tanto de Itálica cuando los políticos siguen haciendo de las suyas.
—Pero es un posible objetivo, ¿no es así? —intervino García, ganándose un gruñido afirmativo del alemán—. Si refuerzan nuestra unidad con la infantería que pedimos, los nuevos números podrían permitirnos tomar esa fortaleza.
—Tomará bastante esfuerzo y necesitaremos algo más de apoyo, pero es una opción. Como unidad independiente, no tendremos un lugar claro cuando inicien las grandes operaciones simultáneas y los cinco países de la Coalición empiecen a disputarse la influencia en Falmart.
—Entonces… ¿qué hacemos ahora? —preguntó Donoso, ceja alzada en lo que echaba otro trago de su cerveza.
—Ahora… —Schmidt se encogió de hombros, guardando el mapa en su bolsillo y acabando su taza de café—. Ahora, nos relajamos. Ya veremos qué llega después.
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N/A: Sabes que la procrastinación estuvo buena cuando el capítulo del segundo semestre se sube el 31 de diciembre y en la semana anterior me leí dos libros, investigué sobre el aparato militar romano y otras investigaciones para este fic, trabajé en documentos y seguí con otros proyectos. Pero bueno, al menos está aquí antes de Año Nuevo.
No sé si haya una parte 3 del capítulo 18, pero considero que esto cierra el mes de agosto bastante bien. También vimos el inicio de operaciones mayores contra Rondel y Sadera, así que el escenario no es ni por asomo estático mientras se preparan las grandes ofensivas.
En fin, feliz Año Nuevo y nos leemos pronto,
RedSS.
Les dejo abajo las distancias y las traducciones relevantes del capítulo.
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Distancias relevantes de Falmart
Tras algo de análisis, decidí algunas distancias para las localidades relevantes del fanfic. Algunas distancias relevantes son:
- Alnus-Itálica: 200km
- Alnus-Delta del río Roma: 550km
- Alnus-Reino de Elbe: 150km/350km*
- Itálica-Lancia: 100km
- Itálica-Ligs: 300km
- Itálica-Rondel: 300km
- Itálica-Sadera: 500km**
- Alnus-Sadera: 500km***
- Lancia-Paso de montaña (entrada): 15km
*La primera es la distancia hasta el punto más cercano, en el Bosque de Schwarz. La segunda es hasta un punto de fácil acceso, al sur del delta del Río Roma.
**Esta es la distancia más corta, e incluye cruzar la Cordillera de Duma por el Paso de Lancia.
***Distancia en línea recta.
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Traducción [1]
—Blitz a Brown Archer, ¿me reciben? Repito, Blitz a Brown Archer, ¿me reciben?, cambio.
—Brown Archer a Blitz, afirmativo. Kraut, te aviso que ese acento no te ayuda en nada. La señal está estable, cambio.
—Brown Archer, tenemos visión sobre el enemigo, prepárense para misión de fuego sobre el segundo fuerte, cambio.
—Recibido, estamos a la espera, cambio.
[…]
—Brown Archer, Blitz. Misión de fuego, coordenadas Queen Item 46-72, dos cañones, un disparo, cambio.
—Recibido, Blitz. Misión de fuego, coordenadas 46-72, dos cañones, un disparo. TOT [tiempo al objetivo] 15 segundos. /BREAK/ Disparo, cambio.
—Disparo, fuera.
—Golpe, cambio.
[…]
—¡Mierda! ¡Brown Archer, corrige disparos: Queen Jig 21-72, dos cañones, un tiro, cambio!
—Entendido, Queen Jig 58-22, dos cañones, un disparo, TOT 15 segundos. /BREAK/ Disparo, cambio.
—Disparo, fuera.
—Vamos, vamos…
—Golpe, cambio.
[…]
—Golpe, fuera. Brown Archer, efecto confirmado, puerta del fuerte con dos impactos. /BREAK/ Misión de fuego, golpeen todo en un radio de 100 yardas alrededor de Queen Jig 21-72 para suprimir enemigos y apoyar el ataque de Task Force 9, cambio.
—Entendido, Blitz. Cambiamos frecuencia a la de Task Force 9. Buena suerte. Brown Archer fuera.
