Disclaimer: Los personajes de Fire Emblem no son de mi pertenencia, sólo los tomo prestados sin fines de lucro.


Día 27 de la 2da. Luna. Año 450. Era de la Noble de Sacae.

El carruaje de la nobleza de Caelin se detiene frente a las puertas del castillo de Pherae, el caballero más leal de armadura carmesí es el primero en bajar de su caballo en el contingente de protección, otorgando una reverencia armoniosa luego de abrir la puerta del carruaje y ofreciendo su mano como apoyo para permitirle a su señora bajar con elegancia y cuidado.

El caballero de armadura jade lanza un bufido de diversión, desviando el rostro para que nadie más pudiera ver. Al otro como le encantaba jugar al caballero.

La joven noble de Caelin emitió una exhalación de alivio, estirando los brazos de manera cómoda, sin esperar los modales que su sangre real pudieran exigirle.

Ah, Pherae, vaya viajecito que tuvimos —Lyndis se llevó las manos a la cintura con satisfacción—. Pero al fin llegamos.

Los soldados de la casa de Pherae salieron a recibirlos, mientras otros se acercaban a los caballeros para ofrecer cuidado a sus fieles caballos.

Muy bien, vamos adentro —Lyn habló refiriéndose a sus fieles vasallos—. Wil debe estar esperándonos también.

Vamos detrás, Lady Lyndis.

¡Eliwood, Héctor!

Los nobles que escucharon su nombre, levantaron el rostro y se dieron la vuelta respectivamente, saludando con una gran sonrisa a la llegada de su más grande amiga. En el salón de la sala del trono no sólo están los dos marqueses conversando,, si no, los padres del joven pelirrojo que emiten el mismo sentimiento de cariño.

¡Lyndis! —Eliwood se levantó de la gran silla donde estaba sentado—. Que alegría verte.

El placer es mío, Eliwood.

Hay un abrazo de reencuentro entre los dos, años de amistad plasmado en una sonrisa cariñosa y alegre, en el gesto también participa Héctor, que levanta a Lyndis del suelo con más efusión. Al final, Héctor se disculpa con ella y Kent, no quiere que haya malos entendidos entre la pareja.

Finalmente hay un saludo más cordial hacia los antiguos marqueses que regresan el apretón si problema.

Me alegra muchísimo verlos, realmente los extrañé —Lyndis sonrió con cierta burla después—. Pero Eliwood... ¿qué te ha pasado? La última vez que te vi, estabas gritándole al mundo lo feliz que te hizo convertirte en papá.

Héctor y Elbert lanzaron una carcajada alta en completa diversión, Eleonora rió más suavemente ocultando el gesto detrás de sus manos, y Eliwood se arrojó de nuevo al asiento del trono, dejando salir un suspiro agotador.

¿Qué dije? —preguntó Lyndis ladeando la cabeza a un lado.

No, nada, es sólo que... —Eliwood cerró los ojos—. Ha sido un caos.

Lyndis espera a que Eliwood hable, mirando con detalle la apariencia de su mejor amigo, ojeras notorias que destruyen su buen ver, cabello desaliñado, y partes de su ropa estaban arrugadas. No la estaba pasando bien.

Roy cumplió dos años hace dos días —explicó el marqués—. Ha sido imparable incluso desde antes.

Oh... —Lyndis comprendió rápidamente, riendo segundos después—. Los terribles dos...

Los terribles dos —Eliwood asintió con cansancio y resignación—. Él y Wolt han puesto el castillo de cabeza en menos de un mes. ¡Y no los culpo! Son niños... Pero vaya que apenas duermen.

Son tiernos —Eleonora sonrió con nostalgia y ternura—. Siempre es lindo tener niños merodeando.

¿Y? —Lyn volteó a ver al marqués de Ostia, habían indicios de barba en el rostro del hombre—. ¿Por qué no están Florina y Lilina aquí? Pensé que estarían celebrando el cumpleaños.

Es la migración de pegasos anual en Ilia —explicó el marqués sin demora, parecía estar listo para esa pregunta—. Florina se ha llevado a Lilina a conocerlo.

Es una bebé todavía, ni siquiera lo recordará —Lyn entrecerró los ojos, luego suspiró con decepción—. Hubiera sido lindo ver cómo Roy, Wolt y Lilina convivían.

Habrían sido aún más imparables —Elbert dijo—. Apenas si estoy en condiciones para jugar con un nieto.

Era eso, o Héctor todavía seguía con su idea de que ninguna hija suya, se acercaría a cualquier pelirrojo cercano, pero tarde o temprano iba a caer, era seguro.

¿Dónde está el cumpleañero? —Lyndis preguntó ansiosa de reencontrarse con el pequeño—. Quiero verlo.

Probablemente ya escuchó de su llegada, así que no tardará en venir corriendo.

Sain y Kent se habían alejado desde el inicio con el propósito de buscar a su buen amigo Wil, así que sólo están los nobles en la sala.

No hablan de otra cosa cuando la puerta de la habitación del trono se abrió de un lado solamente, revelando a la nodriza del castillo, vasalla de Eliwood y amiga de Lyndis de Caelin, Rebecca. Lyndis quiere saludar la joven de verdoso cabello, sin embargo, hay un algo más que hacen que se detenga.

Rebecca trae en sus brazos a un pequeño niño de cabello rojo, somnoliento y aburrido. Al ver a su hijo en la sala, Eliwood inmediatamente se levantó, estirando los brazos por inercia para que Rebecca dejara al niño en ellos, sin más, la sala se quedó en silencio.

Roy, ¿qué pasa? —Eliwood buscó su mirada—. ¿Quieres dormir?

Roy cerró sus pequeños ojos, enterrando su rostro en el hombro de su padre.

Hay alguien que quiere verte —le dijo suavemente—. Es tu tía Lyndis, recuerdas que te he hablado de ella.

Roy lanzó un alarido molesto, hundiendo más su rostro y apretando la ropa de su papá con sus pequeñas manos.

Quería llevarlo a su habitación, pero insistió en venir con usted —Rebecca explicó con pesar y culpa.

Está bien, no te preocupes.

Eliwood tomó asiento en el trono nuevamente, hablando bajito y arrullando a su hijo, convirtiendo la sala en un entorno de comodidad y paz hasta cualquier rincón. Lyndis ve la mirada del joven marqués, sus ojos azules tienen un destello absoluto que destila amor hacia su pequeño hijo, mece a Roy con una ternura excepcional y la sonrisa que hace cuando el niño bosteza, es preciosa.

Lyndis desconocía casi bien qué pasó con Eliwood después de la guerra contra Nergal, sabía lo poco gracias a las cartas que se intercambiaban, y lo que ya había vivido fuera de ellas. Sabía que Eliwood se había casado con una mujer de origines desconocidos, sorprendente si muchas veces lo vio entrenar con Fiora, comer con Ninian y hablar con Mark por horas. Lyn pensó que tarde o temprano, le pediría a alguna de las tres quedarse con él, pero a cada una dejó volver a sus distintas patrias.

Después de su boda, tras unos años de paz, nació Roy, y su esposa falleció en el parto, así que Rebecca se había convertido en su madre sustituta. Parecía que Eliwood no le había dejado toda la crianza de su hijo a cualquiera, realmente se veía con la intención de formar parte en su desarrollo para todo, de lo contrario, no se vería tan descuidado.

Finalmente Roy pareció haberse quedado dormido, y más allá de entregar el pequeño a la nodriza o la abuela, Eliwood levantó el rostro.

Perdona que no pudieras hablar con él —el tono de voz de Eliwood es normal, no hay problema en hablar a su antojo.

No te preocupes, tengo el tiempo del mundo —rió risueña

¿Por qué dices eso?

Sin rodeos, Lyndis les explica a los presentes que quiere formalizar su relación con Kent, quiere casarse con él y formar una familia; Los miembros en la sala la felicitan y la alientan a pedírselo, pero las dudas surgen cuando ella confiesa que para ello, quiere mudarse a su antiguo hogar en Sacae.

¿Qué pasará con Caelin?, Fue lo primero que Hector preguntó, y ella con seriedad y naturalidad, le confiesa al marqués de Ostia que quiere adjudicar el trono de Caelin a Ostia.

La propuesta deja a todos en un silencio porque se encuentran asimilando las palabras dichas, y no dudan en hacer notar su preocupación al preguntar si estaba segura, de las consecuencias que habría y las motivaciones de tal actuar. Lyndis está segura, está decidida, quiere hacerlo porque sabe que ella no estará a la altura de la casa noble. No fue criada para dicho poder, no sabrá mantener a Caelin en lo alto y que hasta el momento, había tenido suerte.

Héctor no se ve muy gustoso en confirmar un agrado, pero si la decisión estaba hecha y era lo que Lyndis anhelaba, aceptaría.

Bien, cuando volvamos a Ostia, haremos los papeleos necesarios.

Gracias, Hector.

La conversación cesa cuando Eliwood pasa a Roy a los brazos de su abuelo, no hay movimiento de parte del niño, así que es seguro su dormitar por el resto de la tarde. Eleonora, Rebecca y Elbert dejan la sala, el trío se quedó en el interior y comenzaron a conversar de temas de antaño, sacando a relucir la reciente enfermedad que Eliwood había capturado.

Su tos iba empeorando con los meses.

En las caballerizas, Kent está cepillando la crin de su caballo, Sain le está dando de comer a su yegua y Wolt, el hijo de Rebecca y Wil, está en los hombros del caballero jade, estirando sus manos para acariciar a la yegua del chico de castaño cabello. Sain le indica a Wolt cómo acariciar al animal, sus movimientos todavía son pausados y algo bruscos, normal para sus dos años, y tiene paciencia para mostrarle.

¿Sabes? Eres bueno con los niños —Wil le dijo mientras llegaba con una cubeta de agua—. Mira. Wolt solamente se acerca a Lord Roy y Lord Eliwood. Es algo distante con extraños.

Wolt reconoce a las personas increíbles —Sain alardeó

Por supuesto —Kent comentó burlón

De verdad —Wil repitió—. ¿No has pensado en casarte?

Sain lanzó una carcajada fuerte sin esperar segundos para asimilar, Wolt en sus hombros lo imitó, probablemente pensando que había algo divertido en la situación.

No, no, no... Soy un alma libre —Sain negó con la cabeza—. Elibe es enorme y aún soy muy joven. Hay tantas bellas señoritas a las que debo conocer.

No le hagas caso —Kent dijo—. Se ha estado enviando cartas con Fiora, así que cuando menos lo esperes, la gran alma libre quedará flechado.

¡Oye!

Todos quedamos flechados en algún punto —Wil rió—. Así que no te preocupes.

No me preocupo de nada. Fiora es increíble, pero realmente no me veo formando una familia, ¿saben? —Sain enfocó su atención en su yegua, ignorando las miradas de sus amigos—. Casarse indica tener hijos, y no... No me veo siendo un padre responsable y amoroso como tú o Lord Eliwood.

Apuesto a qué serías un buen padre —Wil le palmeó el hombro—. Pero respeto tu decisión.

Gracias, eso no significa que no vendré seguido a ver a Wolt —Sain sonrió desafiante, alzando la mano para hacerle cosquillas al pequeño—. Tengo que convertirme en su tío favorito.

Wolt emitió risas alegres a las cosquillas, y Sain se rió con él. No estaba en su sangre ser un buen padre, era irresponsable, mujeriego y despreocupado, podría cambiar si llegaba a formar una familia, pero tenía miedo de arruinar las cosas en el camino.

El ambiente cambió cuando la presencia de Lyndis apareció en las mismas caballerizas, los cuatro, incluido Wolt copiando el resto de acciones de los adultos, enfocaron su atención a ella con respeto.

¿Sucede algo, Lady Lyndis? —preguntó Kent

Hay algo que quiero hablar contigo, ¿podemos?

Claro, sin problema.

Kent le terminó cediendo el cepillo a Sain, haciendo caso omiso de las miradas cómplices de sus amigos y alejándose con Lyndis a una zona más cómoda. La conversación cambió en qué platicarían esos dos y ninguno llegó a un acuerdo.

La oración de Kent aceptando la propuesta de Lyndis sobre finalmente hacer pública su relación y mudarse a las llanuras de Sacae, queda a medias ante el movimiento que se observa al exterior del castillo.

Están descansando en las llanuras, dónde nadie podía molestarlos con facilidad, sin embargo, el ambiente rompe el esquema de amor en el que ambos estaban envueltos. Alcanzan a percibir que los soldados se mueven de un lado a otro, llevando espadas y lanzas en mano, alertando a todos los que se encuentran en su camino.

Se escuchan sus gritos en órdenes y la mayoría se dirige a la ciudadela del castillo, el resto dicta a quedarse en el interior, avisando que protegerán sus puertas en casos extremos.

¡Kent, Lady Lyndis! —Sain es el que llega corriendo hasta donde están.

¡Sain! —Lyndis tuvo que soltar las manos de su nuevo amor—. ¿Qué está pasando? ¿Por qué hay tanto alboroto?

Ha habido un ataque al poblado más cercano —explicó el caballero—. Lord Eliwood ha mandado unos soldados a proteger a la población.

Debemos ayudar con lo que se nos sea posible —Lyndis volteó a ver a Kent—. Nuestra conversación tendrá que esperar.

No se preocupe, Lady Lyndis, esperaré lo necesario.

Lyndis plasmó una sonrisa dedicada y tierna a las acciones de Kent, no importa cuánto tiempo fuera a retomarse la conversación, él la esperaría con los brazos abiertos.

Sin más demora, los tres regresaron al interior del castillo preguntándose en el camino qué fue lo que ocurrió cuando la era de paz ya era un hecho, no había quejas en el gobierno de Eliwood para que la gente pudiera revelarse, problemas de hambre o descontento para que recurrieran a los robos.

Todo había sido tan repentino...

No tardan en reencontrarse con Eliwood y Héctor entre los pasillos, ninguno de los tres había entrado en un combate real desde que la guerra terminó, pero no tienen miedo de fallar, porque tienen personas que proteger y están listos para enfrentarse a cualquier combate necesario.

Unos soldados le entregan una espada a Kent y una lanza a Sain, Lyndis también quiere combatir, así que a mala gana, Eliwood permite que le entreguen una espada delgada para protegerse, mientras buscan armas más adecuadas.

Eliwood busca ordenar y organizarse en cuanto los soldados que envió, le den el informe de lo ocurrido, su prioridad era mantenerle la seguridad del castillo, la de su familia... Hasta que ocurrió la tragedia.

¡Lord Eliwood! —gritó corriendo un soldado a su posición—. ¡Han entrado!

¿Qué? —cuestionó el marqués—. ¿Quiénes han entrado?

¡El enemigo! ¡Son soldados con armaduras negras! —exclamó—. ¡Han aparecido de la nada!

El combate que comienza en algunas partes del castillo atrae la atención de los tres marqueses, no saben cómo entró el dichoso enemigo, no lo han visto, pero los soldados lycianos no están a la altura por los gritos de dolor y piedad que dejan escapar.

Eliwood retrocede con pánico.

Roy...

Marchándose por el otro lado del pasillo.

¡Eliwood! —Lyn lo llamó—. ¡Sain! ¡Acompaña a Eliwood! Kent, ve con Hector. Buscaré ayudar al resto de soldados.

¡Sí, señora!

No vamos a dejar que el castillo caiga...


Día 25 de la 2da. Luna. Año 453. Era de la Noble de Sacae

El interior del Outrealm es asombroso, June pensó primero. Algo ya había visto desde el "Warriors" que involucraba el mismo tema. Una zona terrosa llena de puertas y magia que conducían a diferentes universos que pertenecían a un mismo mundo. El silencio era opacado por el suave tic tac de un reloj, pero parecía ser la única en percibirlo y el lugar es tan grande, que podría perderse sólo por la curiosidad de querer visitar una o dos puertas.

La exploración la dejará para después.

June no tenía un plan exactamente cuando arribaron a Elibe, eso todavía se lo dejaba a Robin, después de un viaje desde el Plano Astral, hasta el lugar al que habían acampado primero, entrar al Outrealm y encontrar la puerta adecuada que los llevara a la nación de Eliwood, Lyndis y Héctor.

Se habían separado al llegar, pero se había reencontrado con Roy, Ephraim, Ike y Celica en lo que se conocía como la frontera entre Pherae y Bern. No sabía dónde y qué tal lejos pudieron haber caído los demás, pero estaba a lado de nobles fuertes, por lo que no tenía miedo.

El primer paso del plan era reunirse con algún miembro de la "resistencia", o miembros que no habían caído durante el ataque, Roy iba con ellos, así que fácilmente reconocerían a alguno, pero la atención del joven no estaba fija en ninguno de puntos que June habló para hacer funcionar el plan maestro.

El joven tenía la mirada y la atención concentrada en el paisaje triste y desolador de los pueblos caídos y sus hogares en llamas, en las personas que buscaban refugio, que huían de los pueblos llevando consigo sus cosas más importantes, en los sonidos de la población saqueando negocios, gritando reunirse, pidiendo por la salvación de los ocho héroes, que en ellos mismos.

Sin problema por ser seguido o no, Roy emprendió camino a Lycia sin decir más que debía reencontrarse con alguien, pero están en una nación tomada por el enemigo, por lo que no tardan mucho en ser captados por su mira.

—¡Roy! —le gritó June—. ¡Espera! ¡A dónde vas?

Pero Roy la había ignorado, no por grosería, si no por distracción, su mente seguía buscando algo, a alguien que debía recordar.

—¡Tenemos que seguirlo! —le dijo Celica—. Tenemos que ocultarnos del enemigo, somos menor en número.

—¡De acuerdo! ¡Rápido!


June tuvo que pasar toda la noche asegurándose de que Roy no se había ido del fuerte donde se estaban resguardando hasta tener un plan; No quería que escapara y que sin querer revelara su ubicación o que él fuera herido nuevamente en el camino.

Hasta la mañana, aún cuando sus fuerzas por el insomnio forzado dominaban todos sus sentidos, decidieron moverse por un bosque que hay al sur de Pherae, los árboles obstaculizan los ataques enemigos y Roy lo conoce bien, es perfecto para moverse por el país sin necesidad de atravesar toda la planicie, aunque podrían tardar un poco más por lo espeso que era.

Los cuatro van hablando sobre que reencontrarse con el resto en Pherae u Ositia que era lo más lógico al ser los países que vieron nacer a Eliwood y Héctor, a su vez, eran los más importantes de Lycia, por lo que era la opción más viable. Sin embargo, cómo era de esperarse, Roy no les hace del todo caso.

Conforme cruzan el bosque y el sol comienza a ocultarse, la idea de pasar la noche en la intemperie es mala a los ataques abiertos, pero única al faltarles camino por seguir.

De repente escuchan el sonido de una batalla, a lo lejos ven el fuego alzarse entre los árboles sin quemarlos a propósito, escucharon quejidos y se preocuparon al pensar que eran sus aliados o enemigos, pero a Roy pareció no importarle lo segundo porque inmediatamente corrió hacia el clamor de la guerra.

June va detrás para asegurarse de cuál era la situación del conflicto, dejando a Celica, Ephraim e Ike atrás avanzando a su ritmo, escuchando como el sonido va cesando mientras más se acercan, hasta que hay silencio penetrante y pesado que no les genera nada bueno en el porvenir.

Roy entró de lleno a la zona sin miedo alguno, y June lo siguió con sigilo y precaución, encontrando que en efecto, había existido un combate real ahí, pero no eran sólo enemigos los que habían combatido, si no aliados que no habían caído en la toma de Elibe.

Uno de ellos es el joven Erk, un aprendiz de magia que buscaba ser igual de talentoso que su maestro el gran Pent de Etruria; Trabajó cómo guardaespaldas, y sirvió en la guerra de Nergal, formó una familia con Priscilla y lograría pasar a la historia como uno de los mejores magos de Elibe.

El otro era Sain, la lanza verde, uno de los mejores caballeros de Lycia, que sirvió como guardaespaldas de Lady Lyndis de Caelin y participaría en la guerra de Nergal; Se mudó a Ilia y se casó con la mercenaria Fiora, trabajando de manera autónoma y a su gusto.

Ambos se ven cansados y heridos, hay pasto y árboles que todavía arden a su alrededor, y en el suelo hay un jinete perteneciente al ejército de la destrucción. Por el tipo de armadura, June no sabe si es un humano o algún tipo de criatura que pertenecía a la saga de juegos, pero lo que fuera, estaba muerto e indispuesto a seguir surtiendo dolor.

June ve el rostro de Roy, quería saber porque tanta insistencia en llegar al lugar, pero ve decepción en sus ojos, es claro que no eran las personas a quienes él buscaba y de todas maneras, no deja de representar preocupación porque si que lograba reconocer a los amigos de su padre.

Al ser su presencia notada, inmediatamente Erk abrió su libro y sus dedos se levantaron hacia su posición, de las yemas de los mismos saltaron chispas, y la determinación de matarlos plasmado en el rostro del joven mago les causa inquietud.

—¡Alto ahí! —advirtió con voz fuerte y clara—. ¡No den un paso más o morirán devorados por mis llamas!

—¡Somos amigos! —June dijo rápidamente levantando las manos en un gesto de paz—. Hemos venido por parte de Lord Eliwood y Lady Lyndis. Hemos venido a liberar Elibe del ejército de la destrucción.

—¡Mentira! —gritó—. Lord Eliwood murió hace tres años, ¡es claro que son espías!

—¡Lo juro! —chilló June, no sabría qué hacer si no le creía—. No somos ningún tipo de espía, ¡hemos venido de su parte!

—Relájate, amigo —Sain exhaló y tomó el hombro del mago en un gesto relajado—. Sólo es una preciosa jovencita y su amigo. Dudo mucho que sean del ejército de la destrucción. Míralos, sus rostros adorables no traen dolor.

—Sain, así es como terminamos aquí.

—De verdad, hemos venido por parte de sus señores —Roy habló finalmente—. Lady Lyndis dijo que sus amigos no habían caído en la batalla de Nergal, menos iban a caer ahora.

—¿Lo ves? —Sain suspiró dejándose caer al pasto aliviado—. Sólo Lady Lyndis diría algo así.

Erk se mantuvo desconfiado un buen rato, June tenía sus manos levantadas para declamar paz, y todo se generó en calma hasta que el mago se rindió a las palabras y decidió bajar las manos cerrando el libro en el proceso, fiándose en las palabras de su amigo.

Antes de que June pudiera decir más, un aviso, una pregunta o un comentario alegrado, se escucharon pasos a sus espaldas, un sonido que pone en alto los nervioso de Erk al nuevamente abrir su libro para atacar. El pobre chico debió haber recibido cientos de ataques por la espalda para estar así de asustado.

Del bosque entonces salió Celica a tropezones, probablemente se había enredado con alguna rama o raíz, seguido de Ike y detrás de él llegó Ephraim, con la novedad de que llevaba a un pequeño niño en sus brazos, llorando con tristeza y dolor. El pequeño tiene su rostro lloroso oculto en el hombro de Ephraim, su cabello es de un rojo igual de intenso que el de Roy, llevaba puesto una camisa y un pantalón simple pero bonito. La noche y el lugar no eran correcto para un niño de su edad

—¡Roy, June! ¡Que bueno que los encontramos! —Celica dijo alegrada, sacudiéndose su ropa—. Estábamos preocupados.

—Lamento haber corrido así... —Roy se disculpó con un movimiento de cabeza—. Fue imprudente.

—Está bien, si te hubiéramos seguido así, no nos habríamos topado con el niño —Celica dijo señalando al pequeño con la mirada—. Estaba solo.

—¿Está perdido? —June preguntó preocupada

—Dice que está buscando a su pa—

—¡Elroy?

El nombre del niño parecía ser Elroy, porque inmediatamente levantó el rostro oculto, volteando para dónde parecían llamarlo, Ephraim lo bajó aún sin existir una orden, no era necesario.

—¡Papá!

Roy y June ven al pequeño correr a los brazos de su padre, pasando frente a ellos porque no eran importantes. Saber que Sain era su famoso padre, causa sorpresa en June, porque... Bueno, no había parecido entre ellos.

Hay un tierno abrazo de reencuentro, June tiene muchas preguntas, pero no interrumpe por el momento, es un gesto especial para padre e hijo.

—¡Qué estás haciendo aquí? —reclamó el antiguo caballero sujetando al pequeño de los hombros—. ¡Te dije que te quedaras en el pueblo!

—Lo sé, pero llevas días sin volver. Estaba preocupado y tenía miedo —dijo el niño arrugando su rostro—. ¿Y si no volvías?

—¿Tus abuelos saben que estás aquí?

—No... ¡Pero la abuela Eleonora nunca me revisa cuando se apagan las luces! Ella ya sabe que estoy dormido.

Roy inmediatamente pone su atención en el nombre, porque es el mismo que el de su abuela paterna, aunque no la conoció por mucho tiempo, sabe que era la abuela más cariñosa de todas y su padre hablaba mil y un maravillas de ella.

—Por Santa Elimine —Sain agachó la cabeza con cierta decepción—. ¿Qué voy a hacer contigo?

—Lo siento... —el pequeño bajó su rostro con pena.

—Bueno, no importa ya, lo hecho, hecho está —Sain suspiró, levantándose para cargar al pequeño en sus brazos en el camino—. Una vez que salga el sol, volverás al pueblo.

—Está bien...

June tiene el mismo pensamiento que Roy, mas ninguno de los dos dice que hablarlo, pero su mirada compartida es más que obvia.

—Muchas gracias por cuidar de mi hijo —Sain se acercó a los nobles haciendo una reverencia respetuosa, Elroy lo imitó.

—No podíamos dejarlo así como así.

Roy ve al pequeño niño con cierto detenimiento, comparten el mismo tono de cabello, la misma piel blanca adornada por una mata de pequeñas y pocas pecas y sus ojos azules son exactamente el mismo par... La idea loca de que podría ser él, de una línea diferente a la suya, llega a su cabeza como el golpe de un libro desde la estantería más alta. Aún así, trata de no hablar con la familiaridad con la que ya había tomado con amigos de sus padres, no sabe si podría afectar algo en aquella línea de existencia.

—El grupo no está lejos de aquí —Erk explicó llamando la atención de los demás—. Estábamos planeando atacar mañana por la noche. Retomar Ostia, el país más poderoso de Lycia.

—¿Pero no se supone que Mark sirvió para Pherae? ¿No es ella la que debía ser el objetivo? —Ephraim habló pensante.

—El punto es liberar Elibe —Ike dijo

—Y Mark también trabajó bajo órdenes de Lord Héctor —Roy contestó—. Siempre se dirigió a manos de Lord Eliwood, pero Héctor tuvo voz y voto.

—Y dudo mucho que ella sea exactamente el objetivo —June se cruzó de brazos—. El Hubba sólo dijo que ella era la clave, Elibe es el objetivo.

—Oírlos hablar es muy confuso, con eso de objetivo y nombres raros. —Erk suspiró—. Pero de algo estoy seguro. Si buscan a Mark, no la van a encontrar, desapareció después de la guerra de Nergal y nadie la ha visto de nuevo.

Roy emitió un chasquido molesto, su única esperanza de reencontrarse con una de las mujeres que podría ser su madre, termina esfumándose con soplido del viento nocturno.

—Bueno, debemos irnos ahora que es tiempo —Erk dijo—. Entre menos tardemos, mejor.

Roy no dijo nada más para aportar, sólo comenzó a caminar para salir del bosque, mientras la oscuridad bajaba.


Al salir del bosque, los recibe el gran sol que reside en el alto cielo naranja junto a miles de nubes con miles de historias plasmadas, con las primeras estrellas en el firmamento apareciendo; Hay un silencio cómodo en el ambiente, un vacío en la planicie excepcional, luces naturales que alumbran su camino.

—Está muy silencioso… —dijo June con sospecha, va detrás de Ike con miedo, él la defendería sin problema.

—Todavía no es momento en el que el ejército de la destrucción ataca —explicó Erk—. El del bosque, fue una excepción.

—¿No ataca por el día? —preguntó Celica

—No, se deben recargar para las noches, ya sabe, por su oscura armadura. Debemos apresurarnos si no queremos encontrarlos.

Mas no dan ni un paso en falso cuando algo se asoma desde el cielo, es la sombra de un pegaso volando encima de sus cabezas como su principal vista; Es un jinete conocido, no hay temor en los rostros de Erk y Sain, así que el resto se mantiene sereno.

El pegaso desciende frente a ellos en un movimiento elegante y preciso, tiene una bandera larga y angosta ondeando en alguna parte de su correa, la jinete bajó y se mostró con la armadura de los mercenarios de Ilia.

June reconoce el cabello azul que cae sobre sus hombros, los ojos del mismo tono, vistiendo un uniforme blanco como la nieve. Es Fiora, la hermana mayor de Florina y Farina, la mujer que conquistó el corazón del caballero coqueto, una de las mejores mercenarias del país helado.

—¡Tía Fiora! —saludó Elroy agitando la mano

—¡Fiora, divina tu presencia! —Sain saludó al jinete—. Nos has dado el encuentro justo a tiempo.

—Veo que me tardaba un poco más, y morías por descuidado. —suspiró la jinete—. Así recibirás tu merecido.

Fiora se acerca al pequeño pelirrojo, haciéndole mimos tiernos y de completa maternidad, June se percata de todo, y juzgando las palabras de Elroy, están en una línea del tiempo dónde Sain y Fiora no estaban juntos.

—¿Ha ocurrido algo en nuestra ausencia? —le preguntó Erk

—Sí, Lady Lyndis volvió y… Lord Eliwood está con ella —explicó, pero hay un tono sombrío y triste—. Junto a otros nobles que dicen conocer, de otras tierras lejanas, de un futuro en quince años.

—¿Lo ven? ¡Se los dijimos! —June suspiró—. Soy June, soy la estratega de este ejército, la segundo al mando en realidad.

—Yo soy Celica y él es Ephraim, somos los reyes de Valentia y Renais en nuestros continentes —se presentó la pelirroja y el joven con una reverencia—. Lamento los inconvenientes causados por nuestro desconocimiento.

—Yo soy Ike, líder de los mercenarios Greil en Tellius.

—Yo soy… —Roy suspiró con valentía—. Roy...

—¡Su nombre se parece al mío! —exclamó Elroy

—Tú debes ser el muchacho que Lord Eliwood mencionó. —Fiora sonrió—. Me alegra conocerte. Habló muy buenas cosas de ti en nuestra pequeña conversación. Se notaba que hablaba con orgullo —rió—. ¿Son hermanos o algo? Son muy parecidos.

—Bueno...

—Eh, en realidad dudo que sea el momento adecuado para hablar de esto ahora —June intervino al silencio de Roy—. Creo que debemos reagruparnos y comenzar el plan de reconquista.

—Bien dicho, entonces síganme —Fiora regresó a montar su pegaso—. El fuerte no está lejos, pero no tarda en anochecer.

—Adelante


Aquí empieza el prológo del primer arco que es el de Blazing Blade y como ya saben, "universos paralelos", así que meteré algunas cosillas que se me ocurrieron pero no escribí la primera vez. Si tienen alguna ship o HC que podría entrar en este arco, con gusto lo aceptaré. Espero que les haya gustado y díganme qué les pareció.