Día 26. Año 453. Era de la Noble de Sacae
El fuerte donde el ejército se escondía, era lo suficientemente grande para resguardarlos a todos, utilizando una parte subterránea creada cuando existían amenazas de ser descubiertos, el puente adecuado entre la vida y la muerte.
June se alegró al ver que la mayoría había logrado reunirse, casi todo el grupo le hizo compañía a Eliwood y Lyn, pero todavía faltaban Héctor, Robin, Eirika y Marth, por lo que no se podía cantar victoria, y ella sólo esperaba que estuvieran sanos y salvos.
El ejército además, contaba con algunos miembros del primer equipo formado, aquel que combatió para evitar los planes de Nergal, aunque para desgracia de todos, muchos habían perdido la vida en el combate de la primera conquista. Lowen, Harken, Wallace, Florina, Nino, Serra e Isadora eran sólo unos pocos los que se tenían en cuenta.
Rebecca les dio un cuarto donde dormir, al menos cómodamente por esa noche, ya que al reunirse los demás, probablemente les tocaría dormir en el suelo.
Todos estaban reunidos hablando sobre los antiguos buenos tiempos, mientras comían y se dedicaba a pasar una noche más tranquila. Por supuesto, sin dejar de tomar en cuenta la rareza y la incomodidad de saber que Eliwood estaba ahí, con ellos, charlando y riendo. Exceptuando...
Roy estaba en el segundo piso del fuerte en un cuarto para dormir, a oscuras, mirando por la ventana sin la preocupación de que podrían ser atacados, mientras no existiera algún indicio de luz, el ejército de la destrucción no aparecería.
Escucha pasos, los reconoce bien, su padre siempre trató de ser sigiloso para no molestarlo cuando lo veía tan desolado. Basta que Roy gire la cabeza un poco, para darle a entender que sabe de su presencia y Eliwood se rinde.
—Tu tía Rebecca hizo esto —dijo mientras se sentaba a su lado en la cama—. Sé que la tarta de manzana es tu favorita.
Roy respingó la nariz cuando percibió el olor de la tarta recién hecha, el dulce le traen los recuerdos más preciosos de su infancia y acepta el postre de manos de su padre.
—¿Cómo sabe eso? —preguntó Roy—. ¿Cómo es que tenía los ingredientes para la ocasión?
—No lo sabe, dijo que despertó con la sensación de querer hacerlo. Sabía que algo así podría servir y bueno, este fuerte está bien equipado. No tendrá el horno que tenemos en el castillo, pero es perfecto para esto.
Roy le dio otra mordida a su tarta, todos esos momentos de tristeza que se vieron borrados por el sabor de la manzana horneada le remontan a su infancia. No importara la situación, la guerra o el país que cruzaran, siempre había tarta de manzana cuando se sentía mal... Si volvía a ver a Wolt, le agradecería haberse aprendido la receta de su madre, sin tan rico postre, no sabe cuánto habría aguantado.
Roy bajó la cuchara a su plato individual, dejando ver la tristeza en sus orbes azules y Eliwood percibe su malestar, pero no sabe exactamente qué lo hace sentir así de mal.
—¿Por qué tan triste? —le dijo buscando su mirada—. ¿Qué te aflige, pequeño?
Su padre siempre sabía leerlo, para él, era como un libro abierto.
—Es sólo que... —Roy exhaló, cerrando los ojos—. Pensé que tendría la oportunidad de ver a mamá, no tengo ningún recuerdo, no hay pinturas en el castillo, nada de ella. Tenía la esperanza de poder conocerla aquí, pero...
Ninguna de las jóvenes con quien su padre pudo haber formado una familia, no se encontraban en dicho tiempo.
—Ya veo...
—¿Cómo era ella? —preguntó el joven marqués mirando a su padre con emoción—. ¿Cómo se enamoraron?
—¡Oh! Eh... —Eliwood se sonrojó desviando el rostro con completa vergüenza—. ¿Crees que es momento para eso? Quiero decir, dudo mucho que tu madre sea mi esposa.
—Bueno, sí, no lo es, pero Marcus y Merlinus siempre me hablaron de ella, pero quiero saberlo de ti. Siempre tenías tiempo para mí, pero nunca me hablaste de mamá. —Roy desvió el rostro—. Quiero conocer un poco a la mujer que pudo ser mi madre en otro tiempo, pero si no quieres...
—No es eso, es... —Eliwood carraspeó
Eliwood no quiere hablar de un tema tan íntimo, no esperaba conocer a su hijo todavía, claro que no estaba en sus planes, mas tenía una relación tan buena con él, que no puede hacer mucho contra la mirada tristona y rogona de Roy. Eliwood suspiró, desviando la mirada del rostro de su hijo porque no puede con tanta ternura, tarde o temprano eso pasaría
—Bueno, mi esposa es Mark, fue nuestra estratega, y es... Bastante escurridiza.
—¿En serio?
—Ah, sí. Cuando teníamos que entrar en combate, siempre se le asignaba a alguien para protegerla, pero jamás se estaba quieta, siempre buscaba meterse en medio porque decía que así se descubrían los puntos débiles del enemigo —Eliwood sonrió de lado—. Y era peligrosa usando un arma, no sabía utilizar una, así que ya imaginarás.
—Lo imagino —Roy rió suavemente.
—También es muy empática —Eliwood miró hacia el exterior a través de la ventana—. Valoraba las vidas humanas, jamás permitió que nadie se quedara atrás, aunque el combate nos fuera a tomar más tiempo librarlo. Es bastante inteligente, siempre sabe cómo extender sus conocimientos.
—¿Y cómo fue que ustedes...?
Eliwood pensó un poco, pero no demasiado porque la respuesta es más que clara.
—Fue cuando volvimos de Nabata, nos encontramos en la sala común durante la noche y nos pusimos a conversar —Eliwood relató, su tono de voz es suave y tranquilo—. Hablamos de todo, de sueños, aspiraciones, pasado, familia, amigos, anécdotas. Recuerdo que no descansé como era el propósito y Lyndis me regañó.
Roy no pierde sentido a la conversación, pero tampoco a su tarta, así que va comiendo mientras escucha a su padre hablar con ilusión y nostalgia.
—En algún punto de la noche, dije que quería escucharla hablar para siempre y cuando la guerra terminó, sabía que quería estar con ella. —Eliwood suspiró—. Pero no le dije nada hasta el día de mi investidura. Le pregunté si quería quedarse y ella dijo que sí, pero que le diera tiempo, quería terminar su viaje por Elibe y yo la esperé lo que hiciera falta.
—Ella me puso el nombre, ¿no es así?
—Así es —Eliwood sonrió—. Sabía que sería perfecto para ti.
No se equivocó, en ninguna línea diferente pensó en algún otro nombre.
—Gracias por contarme, me gustaría escuchar más, pero no creo que sea la situación —el pulgar de Roy acarició el borde de su plato, aún se nota pensativo y distraído—. Yo realmente quería conocerla.
—Bueno, cuando la guerra termine, antes de que las puertas del Outrealm se cierren, podríamos ir a mi tiempo, antes de que ella se vaya —Eliwood le dio un ligero empujón con el brazo—. Y si vamos a la de Lyndis, podrías conocerte de niño. Apuesto a que también te encantaría conocer a Wolt.
—No creo que sean necesarios ambos casos —carraspeó Roy avergonzado—. Y en cuanto a mí de pequeño, ya me conocí.
—¿En serio? —Eliwood parpadeó con sorpresa.
—El pequeño, Elroy, aunque no estoy seguro en realidad. Es igual a mí, pero su padre... ¿Tendrá que ver con el hecho de que no estés en esta línea? Ellos dijeron que estabas… ya sabes.
—Tiene sentido, hay que hablar con Sain. ¿Gustas ir de una vez?
—No, aún no, sólo quiero un poco de paz —Roy cerró los ojos
—¿Entonces te importa que tu viejo te haga compañía?
A Roy no le gustaba nada más que conversar con su padre y conocer todas las aventuras de su juventud. Tiene una muy buena relación con él, si había alguien a quien admirar, sería a su padre sin duda.
June tenía a Elroy sentado en sus piernas, están reunidos en la mesa escuchando la conversación de los miembros del ejército del Despertar con el de Elibe y la única fuente de luz es una vela de mecha pequeña; El niño está dibujando con tinta negra y una pluma sobre un rollo que ya no servía, June le va dando de comer la tarta de manzana que hizo Rebecca mientras ella también comía algunos pedazos.
Que delicioso postre.
—Entonces creo que ya entiendo —Kent se cruzó de brazos—. Y no deja de ser raro. ¿Líneas de tiempo diferentes? ¿Universos paralelos? ¿Cambios en la historia?
—Es muy loco, lo sé —Lyn levantó las manos—. Pero has visto a Eliwood, ¿no es así? Él está muerto en este mundo.
—Sí, pero...
—Y hay dos Roy al mismo tiempo —Lyndis levantó las manos con revelación—. Eso sería haría las cosas más fáciles de explicar, ¿no?
—¿Dos Roy? —June preguntó curiosa—. ¿Cómo está eso?
Lyndis miró al pequeño niño sobre las piernas de June, no está convencida de decir la verdad sobre sus orígenes cuando está presente tanto él como su padre, pero eso haría las cosas más fáciles.
—Elroy es... El hijo de Lord Eliwood, ¿no es así?
Los miembros reunidos y a aquellos que les interese la historia, sienten la sorpresa recorrer sus venas cuando el padre del pequeño niño, termina confesando que no es su hijo en realidad, si no, del difunto Eliwood de aquella línea de tiempo. En un concepto un poco más cruel, es obvio, ya que no hay ningún tipo de similitud entre Elroy y Sain.
—Estamos en una línea dónde pasaron tres años desde que el ejército de la destrucción atacó —dijo Lyndis—. Y dos, desde que me uní a ustedes para liberar nuestras tierras.
—Estábamos en el castillo de Pherae cuando el ataque se generó —explicó Sain—. Lady Lyndis estaba ayudando a los demás a huir, Kent estaba junto a Lord Héctor y yo acompañé a Lord Eliwood para buscar a sus padres.
June siente un gran pasmo cuando escucha de Sain que Elbert estaba vivo, que la herida que Nergal le hizo en la puerta del dragón no fue suficiente para matarlo y que ahora, estaba junto a Eleonora disfrutando de la paz momentáneamente interrumpida.
June se formula una conjetura con los hechos ya dichos que, si Elbert no murió y Eliwood sí, es que la maldición de "los padres del protagonista" era real, a su manera si se consideraba el contexto de la historia actual.
Por otro lado, Lilina no existe al estar muerto Hector, pero eso no está confirmado aún, no hasta donde se ha hablado de los acontecimientos actuales. La probabilidad es que sí, después de todo, Lilina y Roy tenían la misma edad.
—Me pidió proteger a Roy, recién había cumplido los dos años, y a sus padres. Wil y yo logramos sacarlos del castillo, darles un refugio en una aldea lo suficientemente lejana del castillo y el combate.
—Entonces volvimos —siguió Wil—. Buscamos repeler el ataque, pero...
—No fue suficiente —Kent suspiró—. Lord Eliwood y Lord Hector...
Kent no puede terminar la frase, pero la respuesta es demasiado clara, que es más que suficiente su rostro lleno de dolor.
Elroy le muestra su dibujo a su padre con total alegría y recibe una felicitación digna de un artista, lo que hace que el pequeño se sienta aún más feliz y realizado, volviendo a su tarea de seguir dibujando sin tomar en consideración la conversación que se suscita entorno a él.
—Me sentí tan culpable frente a Lord Elbert y Lady Eleonora, con... Roy por no haber podido proteger a su padre —Sain bajó la cabeza—. Que no pude despegarme de ellos, siempre que podía, los visitaba y me aseguraba que no les faltara nada.
—Y ahí fue donde Elroy te consideró como su padre —dijo June
—Siempre traté de darle su lugar a Lord Eliwood, pero Elroy...
Se escucharon pasos que bajaron desde el piso de arriba, era probablemente el momento indicado para dejar de hablar del tema antes de que Eliwood o Roy escucharan la conversación completa, pero cae un silencio incómodo cuando es Roy quien se asoma en la sala de reunión.
Roy entra lentamente a la sala, precavido y hasta temeroso, como si fuera a romperse si alguien lo tocaba y Sain se levantó, dispuesto a hablar de lo que fuera necesario aclarar. En el rostro del pelirrojo denotan miles de preguntas y comentarios, piensan que debe estar decepcionado o molesto, sólo quiere conocer la verdad de esa historia, pero decide no hacer del todo caso al ambiente, porque se dio media vuelta para ir al cuarto que fungía como cocina.
Sain se levantó, pidiendo disculpas y yendo detrás del muchacho. Elroy se mueve cuando ve a su padre irse, pero "la tía Fiora" llama su atención para olvidarlo sólo un rato. En la cocina está Rebecca, terminando de servir los platillos improvisados de la noche, charlando con Roy sobre la tarta de manzana que el marqués halaga de sobremanera. Rebecca ríe, llama a Roy adulador, y la conversación termina cuando se dan cuenta de la presencia de Sain.
—Algo me dice que quieren charlar —Rebecca colocó los platos sobre una bandeja—. No se preocupen, ya me voy.
Roy ayudó a Rebecca a levantar la charola y dejó que se fuera. El ambiente se torna incómodo y silencioso, Roy buscó servirse más tarta de manzana y Sain busca comenzar la conversación.
—No estoy molesto —Roy dijo—. Ni me siento mal, nada por el estilo en realidad. Sólo...estoy sorprendido.
—¿De tu padre?
—De los abuelos. En mi tiempo, nunca conocí al abuelo Elbert, y la abuela Eleonora no murió cuando cumplí cinco años —Roy tenía la mirada fija en el molde de la tarta
—Cuando esto termine, podrías venir. —Sain habló—. Sería lindo que los conocieras.
La conversación se siente incómoda y forzada, Roy no puede hablarle tan formal porque es un amigo de su padre, pero nunca lo había tratado; Sain quiere charlar como si fuera su hijo, pero eso sería pasar el límite, no estaban relacionados en nada y no era nadie para romper esa brecha.
Pero...
—También me gustaría conocerte. —Sain comenzó la segunda conversación—. Yo sé que no eres mi hijo, y no soy nadie para pedirte esto, pero, me gustaría conversar más contigo. Me gustaría saber de tu mundo, sé que Lord Eliwood es un padre ejemplar y quiero que Elroy crezca como el gran muchacho que eres tú.
—No es un noble, su vida ya es perfecta —Roy intentó bromear, pero no había ninguna risa nerviosa en el camino.
Sain tampoco encuentra diversión en su oración, Roy tiene la mirada muy seria y el pelirrojo pareció haberse dado cuenta de sus verdaderos pensamientos, porque bajó el cuchillo y suspiró.
—Lo siento, no quise sonar así. Estoy seguro que Elroy es feliz y lo será bajo tu cuidado.
—Si hay algo de lo que quieras hablar...
Roy sonrió y levantó el rostro.
—Estoy bien... —Roy dejó el cuchillo sobre la mesa y colocó ambas palmas sobre la madera—. ¿Sabe qué? Yo también tengo curiosidad sobre usted siendo mi padre. Creo que podríamos aprender algo del otro. Una comida entre los cuatro sería increíble.
Sain se encuentra feliz del intercambio de ideas, quiere aceptar por completo la propuesta, mas no le da tiempo de siquiera hablar, cuando Eliwood también aparece en la misma sala de reuniones; Roy reconoce sus pasos y se encuentra preocupado, así que es el primero de los dos en salir a ver lo ocurrido.
—Es el ejército de la destrucción —avisó el marqués de su tiempo con un alterado rostro—. Un contingente viene hacia aquí.
—¿Aquí? ¿Y cómo? —preguntó Lyn levantándose con una exclamación.
—No sabemos qué los trajo —Eliwood respondió—. Pero parecen seguir algo.
—¿Algo...?
En un segundo pasado, las puertas del fuerte comenzaron a ser golpeadas con fuerza e insistencia, alertando a los miembros del ejército que buscaron sus armas en medio de la oscuridad.
Algunos se posicionaron en la entrada, apuntando sus armas sin temor, pero forzando su vista al ataque enemigo que pudiera entrar por la puerta; El acceso de madera se cae con fuerte golpazo, y un grupo de cinco personas entra, seguidos de otras cuatro que el primer ejército reconoce como sus amigos.
—¡La puerta! —exclamó uno—. ¡Levanten la puerta! ¡No dejen que entren!
June sigue un poco lejana de toda la conmoción, pero está nerviosa de pensar qué es lo que Kent está intentando decir al levantar la puerta junto a Héctor y Raven; Priscilla y Lucius accionaban sus bastones en una desmayada Eirika en los brazos de Marth y un Robin herido en el brazo.
Elroy se ve asustado y June trata de que no vea todo el ajetreo lleno de peligro, aunque ella está preocupada por la herida sangrante de Robin. Rebecca estiró los brazos hacia Elroy y teniendo una presencia más conocida y cómoda, el niño fue con ella sin duda.
Sin embargo, hay otro desconocido, de cabello castaño que está envuelta en una capa color verde oscuro, pero nadie dijo o la señaló con importancia, claro, Roy la reconoció por la descripción que alguna vez su padre y el resto de adultos en el castillo hablaron de ella, pero no está seguro de intervenir y el momento está lejos de ser el adecuado.
—¡Eirika! —exclamó Ephraim con terror
—¡Robin! —dijo Chrom de la misma manera, acercándose velozmente al estratega que sujetaba su brazo mientras un destello de luz iluminaba la zona.
—Estoy bien, no es grave.
La puerta fue puesta en su lugar, y al momento, buscaron como bloquear el paso por más tiempo.
—Tenemos que irnos —Héctor avisó al equipo completo—. Un contingente del ejército de la destrucción viene hacia aquí. Nos interceptó en el camino, pensamos que lograríamos escapar, pero la Princesa Eirika fue herida.
—¿No hay una ruta de escape? —preguntó Chrom hacia Fiora—. Debe haberlo, podemos salir heridos si combatimos en un lugar tan pequeño.
—Lo hay —respondió Fiora señalando una puerta hacia la zona baja del fuerte—. Sin embargo, es peligroso. Conduce a las afueras del castillo de Pherae, a estas horas de la noche, no será fácil buscar un segundo escondite ante los ataques inminentes del ejército.
—Será igual de mortal quedarnos aquí e intentar hacer una defensa hasta el día, probablemente lleguen más —Robin dijo alejándose del bastón, aún si no estaba del todo sanado—. Pero si salimos tendríamos que pelear directamente.
—Podemos utilizar le castillo de Pherae, sus paredes son fuertes y hay un calabozo —dijo el desconocido—. En el mismo, hay soldados encerrados que pueden ayudarnos. A diferencia de nuestros amigos, a ellos los encerraron con vida.
Un fuerte golpe en la puerta se escuchó, el ejército de la destrucción había llegado y buscando cómo entrar para acabar con la vida de los héroes.
—Tenemos que decidir rápido —Marth respondió—. Dudo que podamos quedarnos mucho más tiempo.
—Es lo que podemos hacer, no hay muchas opciones —Mark dijo con autoridad—. Fiora, Priscilla y Rebecca, vamos a acompañar al ejército de Lord Eliwood, colaboren en todo lo que les indiquen; Los demás, se van a quedar a apoyar, si pueden, atraerán al resto del ejército.
—Espera, no puedes ordenar eso así. —Lyn negó con las manos—. Es arriesgado, peligroso, es muy seguro que van a morir, ¡nadie ha dicho nada!
—Usted lo ha dicho, Lady Lyndis —Mark suspiró con resignación, realmente ella pensaba que no había otra opción—. Aquí nadie decide nada, y si quieren salir y salvar a su nación como quieren, tienen que pensar y actuar. ¿O hay algún otro plan que nos saque de aquí sin tener que enfrentarse a todos los miembros del ejército de la destrucción que están a nada de tirar la puerta?
June miró a Robin buscando la respuesta, otra solución a los planes drásticos que Mark estaba diciendo sin ningún tipo de titubeo; No hay miedo ni duda en los ojos de la estratega, está decidida a sacrificar a sus amigos por el bien de una nación, por lo que a June le sorprende cuando Robin dice aceptar tras pensar en un lapso de menos de un minuto.
—¿De verdad vamos a hacer eso? —June está escéptica, negando la cabeza con lentitud—. N-No podemos... ¡Son amigos! ¡Su vida es igual de valiosa que la nuestra!
—Son sacrificios que debemos hacer —Robin cerró los ojos—. Estamos en un lugar cerrado, pequeño, las líneas de enfrente caerán rápidamente si los enemigos nos superan en número. Pero sus vidas nunca son en vano. Vamos a recobrar de una vez, esta tierra.
—Pero...
—Estaremos bien —Kent dijo con seriedad, con una mano tras su espalda—. Hemos enfrentado a este ejército muchas veces, y el joven Robin tiene razón, la muerte de nuestros amigos no fue nunca en vano, sabemos cómo defendernos y contraatacar.
—Exacto, podremos aguantar hasta que el sol salga —Erk secundó—. Pero si pueden ayudarnos desde antes, es lo mejor.
June negó con la cabeza, aunque su convivencia con la población del Elibe en el que estaba era mínima, sus vivencias mientras los conocía, tirada en la cama de su habitación rodeada de golosinas y sodas y una consola en las manos había sido superior. Para ella, eran más que amigos.
—Hay que movernos ya —Roy apareció de nuevo en la habitación junto a Ike—. ¿Hay un plan?
—Lo hay.
El estratega de cabello blanco habló, a su vez que Mark ordenaba a Fiora a guiar el paso por otra habitación, con las féminas antes mencionadas siguiendo a la jinete de pegaso, Rebecca lleva su arco en mano, con una flecha equipada, mientras Priscilla levantaba en alto su bastón para activarlo de ser necesario.
Entonces hay un estruendo desde la entrada, atrayendo en alarma la atención de los presentes.
—¡Son ellos! — Raven avisó—. ¡Derribaron la puerta!
—¡Debemos irnos entonces! —Marth dio la orden, dejando que Chrom e Ike fueran adelante—. Entre más tiempo nos quedemos, más vamos a entorpecer el combate.
Roy se detuvo en su andar cuando se da cuenta de los llantos de Elroy y sus súplicas por pedir que su padre se fuera con él. Tiene un remolino de emociones, finalmente ha visto a su madre, aunque ésta pareciera no conocerlo lo cual no es sorprendente, y triste por lo que ocurría entre su padre y el pequeño niño.
Rebecca le dice que deben irse o estarán en peligro, pero Elroy no está convencido de dejar a su padre solo en medio del combate.
—Estaré bien —le dijo Sain, mientras se quitaba un broche del cuello de su ropa, un distintivo de los caballeros de Caelin, y se lo entregaba al niño como un regalo—. Soy un caballero, ¿lo olvidas? Volveré por la mañana.
—¿Lo prometes?
—Es una promesa.
Elroy no está inclinado a aceptar esas palabras, pero no tiene opción porque la tía Rebecca está apurada en sacarlo de dicho lugar. Roy miró a Sain quién le devolvió la mirada, no sabe quémás decirle, y al contrario, el caballero sólo le sonríe, a Roy le basta eso para devolverle el gesto de igual manera, agradeciendo con todo el cariño de su corazón, siguiendo al grupo y prometiendo que combatirá por darle a Elroy una paz duradera.
No sabe si los eventos de Zephiel se llevarán a cabo luego de ese conflicto y esperaba que no, porque Elroy merecía la vida ordinaria que Roy no poseía, pero Elibe no tendría al héroe que usaría la Espada de los sellos.
—Perdónenme, por no poder quedarme con ustedes. —Eliwood dijo con pesar—. Nuevamente ofrecen su vida por nosotros.
—Lord Eliwood, esto es por un bien común —Wil le hizo una reverencia al trío de nobles, después de todo, había trabajado para ellos al mismo tiempo—. Siempre fue un placer.
Mientras Marcus y Raven se acercan a los enemigos para comenzar el combate, Sain, Kent, Erk, Lucius y Wil le hicieron una reverencia a Lyndis, el primer noble al que sirvieron, pese a las quejas y deseos de la joven por quedarse con sus amigos y caer en combate con el honor merecido, Héctor la jaló consigo mismo.
Su sacrificio no será en vano, prometen los nobles.
La puerta detrás del contingente de nobles fue sellada tras su paso por los pasillos subterráneos, tres de ellos llevan una antorcha alumbrando el piso de tierra esperando no encontrarse con invitados no deseados, manteniendo en alerta todos sus sentidos, ignorando el leve sonido que aún logra percatarse del combate en el piso superior.
Robin va caminando con los ojos cerrados, siendo guiado por Chrom y Morgan en un intento de no tropezar con algún objeto, se siente culpable por la decisión tomada, pero la desventaja era más evidente, el dolor de dejar atrás a camaradas, es superable que la curación manual que Lucina le hacía a su brazo.
Eirika ya había despertado, pero el dolor en su pie derecho le impiden caminar con comodidad, así que su gemelo es el soporte que necesita. Roy va acompañando a Fiora, sirviéndole de defensa a ataques repentinos, mientras escucha hablar a Rebecca sobre lo feliz que se sentía de saber que su hijo se volvería el amigo más íntimo del joven príncipe, y diciéndole a su vez, el progreso que su pequeño Wolt había tenido pese a la guerra; Estaba mejor en Sacae, donde el conflicto aún no llegaba.
Elroy sigue en los brazos de su padre biológico, aún triste e hipando mientras tirita de frío, Eliwood suspiró mirándolo, sintiéndose completamente responsable por el sufrimiento del joven, aún sin que los hechos pasaran en sus respectivas líneas de tiempo.
June va callada, nadie en el ejército dice nada en realidad, pero algo asaltó su mente tan pronto como fija su vista en ella.
—¿Cómo sabes que hay soldados en el castillo, Mark?
Las miradas se levantan, los que van detrás miran a Mark directamente, pero los que van adelante, sólo agudizan su oído.
—¿Cuánto tiempo es que has estado en todo esto? —preguntó June acercándose a ella, evadiendo a los nobles—. Erk dijo que no habías vuelto desde la guerra con Nergal, probablemente Eliwood fue la última persona que te vio el día de su investidura, pero estás aquí.
—La única persona que sabía dónde estaba, es Sain —contestó sin miedo a sus respuestas—. No tenía por qué andar diciendo mi paradero a todos. ¿Y quién crees que le dijo a Lyndis la existencia del Outrealm? El viejo habló conmigo, me invitó a ayudar a limpiar este lugar.
—¿Y no lo hiciste por qué? —cuestionó
—Eso no es de tu interés —había amargura en su voz—. El punto es que desde que ellos se fueron, he buscado ayudar a los que se quedaron. Alguien tenía que hacerlo. Yo conseguí bastones, armas, armaduras, refugio, durante el día y la noche.
—¿Cómo es que el ejército de la destrucción no te vio mover? —June estaba intrigada, desconfiada—. ¿No trabajarás para ellos?
—¡June! —le advirtió Lyndis.
Pero Mark levantó la mano, no estaba molesta porque alguien con poca experiencia hablara así de ella.
—Ellos hablan de mí como un fantasma, lo oí en los pasillos del castillo, cuando me encontré con los soldados en el calabozo —ella suspiró, con voz analítica de los recuerdos pasados—. No sé exactamente a lo que se refieren, pero el ejército de la destrucción no percibe mi presencia, no me ven como un objetivo.
—Eso podría ser benéfico —dijo Robin, captando la atención de los demás—. Perdóneme que la vea así, pero es perfecto para llevarnos directamente a quien tiene al país en decadencia.
—Está encerrado en las puertas de la sala del trono de Pherae —explicó—. Nadie ha podido verlo. Intenté entrar, pero no se me permitió.
—Probablemente, los únicos que puedan hacerlo sean Eliwood, Lyndis y Héctor —June pensó—. Ellos fueron quienes derrotaron a Nergal, quienes evitaron la resurrección de los dragones, son los "protagonistas" de esta historia.
—¿Entonces eso haríamos los demás para salvar nuestra tierra? —preguntó Alm—. Enfrentarnos directamente con la fuerza maligna.
—Es lo más seguro, cada uno es protagonista de su historia. Pero lo que me queda en duda es si el tiempo puede ser afectado al momento de ser liberado —ella se cruzó de brazos, nadie se detuvo—. Por ejemplo, si liberamos a este Elibe, el de Roy podría ser salvado también al ser una línea directa.
—Lo dudo mucho —Lucina habló envolviendo una venda alrededor del brazo de Robin—. Antes de traernos con ustedes, el viejo Hubba dijo que sólo las respectivas líneas alternas se verían apoyadas.
—Quiere decir, que los diferentes Elibe de nuestro tiempo se salvarían —Héctor tomó la palabra—. Pero no el tiempo de Roy, él tendría que liberar a su tierra. ¿No es así?
—Es lo que también suponemos —Morgan dijo—. Si es lo que el anciano dijo...
Todo era muy confuso a esas alturas.
—Ya casi llegamos —avisó Fiora—. Sólo un poco más.
Lo cierto dicho por Fiora es que se encuentran a pocos pasos de la salida principal, hallan unos escalones de tierra bien formados que no superan más de cinco y una puerta construida en el techo del pasillo terroso, es pequeña, por lo que la idea de que deban de salir del escondite de pie, asalta la mente de todos.
—Déjenme ir primero —Mark dijo avanzando en el primer puesto de la fila—. No soy una amenaza al ejército.
Marth acompaña a Mark a su espalda, en caso de encontrarse con un enemigo con el que la estratega no va poder lidiar con facilidad.
Mark empujó la puerta con fuerza, la suficiente para no atraer la atención de los indeseados, pero también para ser capaz de abrir la puerta y poder ser libres de un espacio cerrado. Gimió con dificultad al ser el peso mayor, pero haciendo uso de todo su poder, ignorando si sería suficiente para llamar al enemigo, terminó abriendo.
Subió el resto de escalones, asomando la cabeza primero, hasta que deja caer la puerta al otro extremo para darle libertad. Mark regresó entonces al interior del refugio,
—El ejército está custodiando el castillo, pero no son muchos. Lo que sea que está atrayendo la atención de los demás, es bueno para nosotros. —comenzó a explicar—. Hay un fuerte no muy lejos, serían capaces de llegar ahí para sanar las heridas de Robin y Eirika; Priscilla, vas a llevarlos y cuidar al niño hasta el amanecer. Rebecca y Fiora acompañarán al equipo de Lord Eliwood.
—Bien, nosotros haremos esto. —Marth tomó la palabra—. Necesitamos la mayor fuerza que se requiera. Micaiah y Leif acompañarán a Priscilla, van a esperar a que Eirika y Robin curen sus heridas, después nos alcanzarán.
Los mencionados asintieron.
—Los demás van a dividirse —Robin habló siendo el estratega en el camino—. Seliph, Celica, Morgan y Lucina van a atraer la atención de los miembros del ejército en el exterior, Lord Marth va a liberar a los miembros encerrados en los calabozos, Roy y Mark deberían conocer el camino; Alm, Chrom, Ephraim e Ike, van a acompañar al trío de Elibe a llegar a la sala del trono, entre menos combatan, su fuerza y vitalidad será mayor.
—¿Estás seguro de que está bien que ustedes nos alcancen? —hay preocupación en la voz de Chrom—. Quiero decir, no desconfío de la habilidad de Micaiah y Leif, pero no creo que sea suficiente para—
—Tu fuerza es necesaria para el equipo —Robin levantó la mano para impedir que el otro siguiera hablando—. Una vez que Eirika y yo estemos mejor, podremos defender a Priscilla, después los alcanzaremos.
—Pero...
—No escucharé objeciones —Robin dijo con fuerza, su conclusión era sólida
—¿Y qué hay de mí? —June preguntó alzando la mano—. ¿A qué equipo me uno?
—Al de Marth y Roy —dijo Mark—. Los soldados son muchos, pero en lo que ellos son liberados, tú puedes recoger las armas que están en otra sala. Les será útil.
A June le hubiera gustado mucho haber sido del equipo que se enfrentaría en el interior del castillo, acompañar a Alm, Chrom, Ike y Ephraim, sobre todo porque sería capaz de observar qué es lo que detrás de las puertas de la sala del trono, qué enemigo hay por enfrentarse...pero ya habrá otra oportunidad. Tampoco quiere arriesgarse demasiado a ser herida.
—Entonces está hecho —Marth ordenó dividirse antes de salir—. Cuando Lord Eliwood, Lyndis y Héctor hayan terminado, enviarán una señal, para que sepamos que es seguro continuar.
—De acuerdo.
—Cuando yo diga...
El único que se mantiene relativamente lejano es el equipo de Micaiah y Leif, quien tiene a sus brazos a Elroy. Mark salió del refugio, dándole la indicación a Marth de seguirla para que fuera capaz de observar el panorama completo.
Marth la acompañó al exterior, y June se pegó más a Roy, no quería quedarse atrás. El joven emperador levantó la mano, y soltó "Es nuestro momento" bajándola de paso, así que los grupos salieron uno detrás de otro.
El primer grupo en correr a un punto diferente y lejano fue el de Celica quien, junto a Morgan, atrajeron la atención de soldados en el exterior y en las puertas del castillo con un ataque mágico, potente y devastador, para llamar incluso a diferentes naciones; La luz de la explosión le permitió a Seliph y Lucina comenzar a atacar, siendo respaldados por ambos usuarios de magia.
El resto del grupo se dirigió a las puertas del castillo, o eso hubiera querido June, porque al voltear la cabeza mientras corre y siente la mano de Roy sujetarla para que no se quede atrás, es que Robin, Eirika, Micaiah y Leif, junto a Priscilla, se van por otra dirección. Robin le hace un gesto de que estará bien, pero no le tranquiliza lo suficiente.
Una vez en las puertas del castillo, Ike, Ephraim, Alm y Chrom utilizan sus armas para hacerse de un camino a la sala del trono donde debe estar el problema de raíz, Fiora y Rebecca auxilian a Eliwood, Héctor y Lyn, ellos necesitan guardar su energía.
Antes de que June pudiera ver más, Roy la jaló, las celdas estaban en otra dirección.
—Muy bien, aquí es. —Roy empujó la puerta con fuerza—. Una disculpa, no sé cómo podríamos abrir las puertas. Jamás se me permitió bajar a este punto.
—Has hecho más que suficiente trayéndonos —le sonrió Marth y agradeció con completa honestidad—. No nos queda más que averiguar. June, ve por las armas que dijo Mark, probablemente encuentres algo con que abrir esto.
—Subiendo el pasillo, la primera puerta a mano derecha, hay una habitación de armamento, debe ser esa —Roy le indicó—. Probablemente allí exista un juego de llaves.
—De acuerdo, procuraré no tardar.
June corrió de nuevo hacia el piso superior, mientras oía la alegría de los soldados al saber que serían rescatados. No puede hacer más por ellos que conseguir las armas que fueran completamente necesarias, así que cerró el pasaje cuando se encontró en el exterior.
Siguió las órdenes de Roy, para fortuna suya no hay ningún soldado en su camino, pero no puede relajarse porque puede que aparezca algún enemigo; Intentó forzar la vista a la oscuridad del momento, no podría encender una antorcha o atraería a la maldad pura, por eso tanteó la pared y las puertas, supone que es la primera a mano derecha según lo que el marqués le dijo.
Trató de abrir como una puerta normal, pero ésta se encontraba atorada, así que empujó y pateó.
—Vamos, puedes abrirte.
Escuchó una explosión proveniente de una ventana cercana, alcanzando a percibir la voz de Morgan y Celica recitando los hechizos de sus libros de magia, y la luz generada, era suficiente para ver el camino.
Siguió empujando la puerta, hasta que se abrió de golpe y ella cayó al interior.
—Maldita sea...
Se levantó corriendo luego de maldecir, al menos no le había dolido nada más que la caída. En medio de las tinieblas buscó las armas y las llaves, mientras escucha el clamor de la batalla, las armas chocar y la magia manifestarse, pero en la habitación no hay nada, ningún arma resguardada, sólo cosas inútiles como escobas y limpiadores.
—¿Mark mintió? —se preguntó al aire
—¡Refuerzos! —escuchó un grito, era Lucina—. ¡Vienen refuerzos!
Oh no.
Aventó una escoba al suelo con coraje, saliendo de la habitación para encontrarse cara a cara... con un soldado del ejército de la destrucción. June retrocedió al cuarto nuevamente con miedo cuando la criatura la miró, podía tener el cuerpo de un humano, el rostro de uno, pero sus ojos carmesíes brillaban con intensidad, y su piel no está pigmentada, es sólo la palidez misma.
El "hombre" portando la armadura de los soldados de Pherae, se acercó a ella al mismo tiempo que retrocedía y June cerró los ojos, cuando los brazos de la criatura se abrieron y hubo el ruido de su armadura moverse; Temerosa se quedó esperando el ataque seguro y mortal por algunos minutos, hasta que abrió el ojo derecho, y siente su corazón detenerse, cuando ve al soldado hacerle una reverencia...
—Lady Amanda, hemos llamado a los refuerzos que solicitó —dijo el hombre, su voz suena un poco distorsionada, como si hubiera tres personas en una sola—. Usted de la indicación y atacaremos a matar. No van a tomar el cristal.
June se siente desconcertada porque le han dicho el nombre de la mujer que está detrás de todo el plan de destruir los mundos, pero la confusión que se genera porque la han confundido es superior, se pregunta si los soldados están conscientes de ello, si se están dirigiendo a la verdadera Amanda o...¿será que se parecen?
—Eh...
Ni siquiera sabe qué decir.
—No... —respondió insegura, pasando las manos por detrás de ella, buscando algún arma—. No se muevan aún.
—Sí, señora...
Estaba... obedeciendo su ley.
—Retiren los refuerzos —dijo más sólida—. Los tontos del ejército contrario son débiles, no es necesario que gastemos armas y soldados. Dirige a todos a la zona más abierta del exterior, allí será más fácil matarlos allí, y eh... ¡Yo me aseguraré de que vayan hacia allá!
—De acuerdo, mi señora.
El soldado se levantó y retrocedió para perderse en la oscuridad de los pasillos, pero June se quedó desorientada puesto que aquel no fue capaz de replicar nada, obedeció sin chistar, sin objetar, como si hubieran nacido para ello.
Probablemente no eran humanos siquiera, quizá...
—June.
June pegó un grito, asustada porque Roy se había aparecido en la misma sala que ella, pero fue capaz de regular su miedo.
—Me asustate... —confesó
—Lo noté, te estabas tardando, así que decidí venir a verte, y de paso buscar algo para ayudar a Marth y... ¿estás bien?
—Eh...sí, todo-...todo bien —carraspeó—. Creí haber oído a un soldado decir que el ejército de la destrucción se reuniría en la zona más abierta del exterior.
—¿Estás segura que oíste eso? Dudo que el ejército suelte esa información, así como así.
—Completamente —en realidad lo ordenó—. Si se agrupan ahí, será más fácil atacarlos en grupo, ¿no crees?
—Sí... —Roy se escucha inseguro—. Ayuda a Marth, yo iré a dar aviso a los demás.
—No, no, yo voy —June comenzó a correr—. ¡Estaré bien!
—Pero...
Necesitaba que nadie la viera hablar con algún miembro del ejército de la destrucción, después de todo, tal vez tuvo suerte de encontrarse a algún soldado considerado como nuevo que no la conociera del todo, pero en caso contrario... ¿Debería hablar de ello con Robin? ¿Qué le diría el estratega cuando se enterase que el ejército de la destrucción pensaba que ella era Amanda? ¿Los demás la verían de la misma forma? Probablemente se estaba sugestionando cosas que no.
Corrió por los pasillos buscando reencontrarse con el equipo de Ephraim, saber si el trío de Elibe logró entrar a donde su objetivo, hasta que en el camino volvió a toparse con más soldados del ejército de la destrucción, sin embargo, para su sorpresa, estos la siguen derecho, no le hacen más que un asiento de cabeza respetuoso y ella se detiene...
No cabe duda, ellos la ven como Amanda, pero la verdadera cuestión es, ¿por qué?
Ella continúa su misión, ignorando el sentimiento de desconfianza que planta sobre sí misma cuando el ejército de la destrucción la mira y la pasan de largo, incluso le muestran señal de respeto. No sabe qué decir, si debe preocuparse, si debe temer por la vida de sus nuevos amigos o si aprovechar de esa nueva habilidad, pero le da miedo que todo pueda resquebrajarse cuando esté yendo en el camino del éxito.
¿Y si por aprovecharse de su posición termina llevándolos al fracaso?
En el camino, cuando el pasillo está vacío y sólo se queda ella con sus pensamientos, aparecen las figuras de los cuatro hombres más fuertes de su ejército. Se ven cansados, heridos con cortadas, arañazos y golpes, tienen partes de su ropa rota, quemada, sucia y tienen sangre seca en la piel, pero no parecen a punto de desfallecer.
June se preocupa, porque si así están ellos, no puede imaginar como estarán los demás en el exterior.
—¡June! —se le acercó Ephraim—. ¿Estás bien? ¿Qué estás haciendo aquí?
—Vimos a soldados del ejército correr hacia esta dirección —dijo Ike entrecerrando los ojos—. ¿No te has topado con ellos?
—Ah, sí, algo así —dijo incómoda—. Logré esconderme, los vi pasar.
—¿Qué hay de Robin? —preguntó Chrom, parecía más preocupado por el estrega, que por la sangre que corría desde su frente—. ¿Ya ha vuelto? ¿Está bien?
—No lo sé, vine corriendo aquí porque el ejército de la destrucción se está reagrupando en la zona exterior —explicó—. Lo oí y vine a dar aviso, podemos atacarlos por sorpresa. ¿Qué hay de nuestro trío?
—Entraron a la sala, pero no pudimos oír nada —avisó Ephraim—. Absolutamente nada, como si no hubiera nadie ni nada en realidad. Y lleva rato.
—Regresando al punto, ¿no es extraño que el ejército se reagrupe en esa zona tan repentinamente? —Alm preguntó, su brazo se dejó caer sujetando su espada, debía estar cansado—. Es como si hubieran recibido órdenes diferentes, hace nada parecían aparecer refuerzos ¿y ahora se van a una zona donde fácilmente pueden ser acabados?
—Una trampa. —dijo Chrom—. Tendremos que avanzar con precaución.
June sudó frío, ¿cómo podría decirle a los demás que no lo era, sin que sonara sospechosa?
—Sea o no, hay que reunirnos con los demás, hay que apoyar al equipo exterior —June ordenó—. Lo demás puede esperar, voy a reencontrarme con Marth y le diré lo mismo que a ustedes. ¿Quién puede quedarse así y asegurar que la sala no sea atacada de nuevo?
Ike y Ephraim levantaron la mano, probablemente eran los menos heridos.
—Bien, Chrom y Alm, vamos a curar sus heridas. ¿Dónde están Fiora y Rebecca? —cuestionó
—Dijeron que ayudarían a los del exterior.
—Entonces vamos.
Chrom y Alm se le unen en su encrucijada de volver con Marth y reunir a los demás a lo que podría ser la zona de las caballerizas exteriores, andando por los pasillos buscando no toparse con algún soldado que no debería ser, doblando esquinas, esquivando armas en el suelo, cuerpos inertes en el mismo, obstáculos de la decoración del castillo.
Día 27. Año 453. Era de la Noble de Sacae
Nadie habla en el camino, decide ella hacerlo, hasta que se escuchó una gran campanada, es un sonido fuerte y claro que parece provenir de la torre más alta del castillo, ante esto los tres se detuvieron de golpe, buscando el origen del ruido, como si no supieran donde estaba; El silencio predominó por un rato, no se generó ningún tipo de movimiento, ni siquiera la más mínima respiración, sólo la nada misma.
—Eso es...
Después de una campanada, siguió otra, y otra, hasta que se produjeron en una continuidad, es el sonido de...
—Las campanas de la victoria.
June sonrió, sintiendo su corazón latir con emoción, eso es lo que cree que es su corazón está haciendo. Su respiración se vuelve irregular, sus piernas y sus brazos tiemblan porque todo está acabado, la victoria se alza en un punto, pueden celebrar, pueden gritar, pueden reír, pueden amar, porque ganaron, porque Elibe volverá a crecer.
—Tenemos que ir a verlos —dijo June—. Vamos a ver la nueva luz.
Sus pies dan la vuelta para ir con Eliwood, Lyn y Héctor, asegurarse de que la victoria era real, sin embargo, cuando su pie derecho comienza a dar el paso, inmediatamente se desploma en el suelo, no alcanza a poner las manos, y su rostro se golpea directamente con el suelo.
—¡June!
Su respiración se vuelve pesada, no siente a su corazón latir, no puede mover los brazos o las piernas, todo da vueltas en su cabeza, no es capaz de distinguir bien la figura de los dos reyes y mucho menos abrir los labios.
Escucha voces, pero no son las de Chrom o Alm, son las de alguien más, héroes que dicen su nombre, que gritan el de sus amigos, que piden piedad, que ruegan por una salvación. Cierra los ojos, pero es imposible dejar de notar escenas que no había presenciado antes, de sangre derramada en el suelo, heridas mortales y profundas, cuerpos de conocidos tumbados entre los escombros, países devastados, incluso percibe el olor de la muerte...
Y una voz.
Cada vez más cerca de ti...
~O~
Tardé casi un mes trayendo la continuación. Lo lamento para las personas que estaban leyendo, pero estaba corrigiendo aún más los arcos de Shadows of Valentia y Sacred Stones, que me enfoqué y me atrasé en traer este.
Por el momento no tengo nada más que decir, que poco a poco iremos conociendo más sobre la "protagonista" y el conflicto futuro de algunos Lord. Espero que les haya gustado y nos vemos en la siguiente actualización.
