Día 29. Año 453. Era de la Noble de Sacae

No sabe cuánto tiempo ha pasado desde que despertó y lleva mirando el techo de la habitación, quizá el suficiente para haber contado tres grietas pequeñas, dos nidos de arañas en una de las esquinas y una de las paredes desgastadas. La cama está ligeramente magullada del colchón, las sábanas están polvorosas y no tiene una almohada.

Es claro que nadie había utilizado la cama desde hace mucho tiempo.

Se incorporó, sintiéndose molesta tal cual la alarma sonando a las cinco de la mañana un día lunes de escuela, y suspiró pesadamente. Por la ventana se ve la luz del sol, hay aves cantando como si estuvieran felices, tal vez lo estén, hay voces en el exterior de la habitación, no son conocidas, probablemente es el servicio del castillo moviéndose.

—Uh... ¿qué?

Se quitó las sábanas, poniéndose sus botas sin tacón y arreglándose la ropa lo más que podía, no quería dar una mala impresión, quién sabe cuántos días o noches llevaba durmiendo.

Todo está difuso desde que se desmayó en los pasillos del castillo, tras oír las campanadas de la victoria, si es eso lo que escuchó. Olvidó lo que había escuchado y visto en ese momento, mientras le era imposible decirle a Chrom y Alm que estaba bien, tan sólo recuerda que una voz le dijo que pronto se verían, pero no sabía si eso había sido durante sueños o antes de desmayarse por completo.

Salió de la habitación, recibiendo un extraño sentimiento de nostalgia y alivio en el pecho, mientras veía la iluminación de los pasillos sucios y llenos de armas rotas, mientras veía a la gente moverse limpiando en el proceso, son el personal del servicio, así que ella se acerca a un rostro conocido, es Felicia, la sirvienta de Kamui.

—¿Felicia? —preguntó June temerosa a la sirvienta—. ¿Eres tú Felicia?

La muchacha se dio la vuelta, casi derramando una bandeja de té por el susto provocado.

—¡Señorita June! ¡Que alegría que ya despertó!

June no va a decir que ya lleva rato despierta.

—Sí, gracias. Mira, no quiero ser grosera, pero, ¿qué haces aquí? —no quería molestarla—. ¿Lady Corrin está aquí también?

—Sí, y sus hermanos. —levantó un poco la bandeja que tenía—. Iré a llevarle esto, si gusta acompañarme, se encuentra con los demás.

—De acuerdo, gracias.

June siguió a Felicia por los pasillos del castillo, hay mucha más armonía, más tranquilidad, la gente se ve feliz, aunque tenga que limpiar la sangre derramada, quitar los cuerpos inertes o levantar las armas gastadas. Eso quería decir que sí, habían ganado.

Felicia subió unos escalones y June la siguió sin preguntar, después de todo, probablemente el resto se iba a reunir y le dirían lo que tanto se perdió, más allá de decir el desenlace, probablemente iba a escuchar muchas preguntas.

La joven criada se detuvo frente a una puerta y avisó de su entrada, haciendo lo dicho en pocos segundos, así que June tomó valor y entró detrás de ella. Los nobles están sentados en una mesa, todos se encuentran reunidos, los nobles de Nohr y Hoshido, sumando a los príncipes Kana y Forrest, ¿por qué estarían allí también?

En cuanto las miradas se posan en la presencia que acababa de entrar, se levantaron con un salto, casi derramando sus tazas de té en el camino.

—¡June!

Pero, aunque quiere saludar y abrazar a todos al mismo tiempo, sus ojos marrones se enfocan en una caballera blanquecina de una gran túnica oscura.

—¡Robin!

June se abrió paso hasta Robin pidiendo perdón a los nobles que pasa a golpear, pero necesitaba urgentemente reunirse con el estratega, y lo hace. Una vez frente a él, sus brazos se enfrascan en su torso y su rostro se hunde entre su ropa, sintiéndose a salvo en la protección que estaba otorgándole; Sus prendas huelen a jabón y él huele a esencia de lavanda.

Las manos de Robin la encierran con fuerza y ternura, y sus labios se pierden en su cabello, al estratega no parece importarle si ella lleva un par de días sucia.

—Estaba preocupado cuando Chrom me dijo que te desmayaste sin razón aparente —le dijo el chico—. Sólo Naga sabe cuánto pensé en ti.

—Yo también desperté preocupada, no te vi reunirte con los demás y pensé lo peor, pero ya estamos aquí y estoy feliz de verte sano y salvo.

—A mí también —rió el estratega, alejándola con suavidad—. Hay alguien más que quiere verte.

Ella soltó a Robin con pesadez, le encantaba la presencia armónica que le transmitía, pero se giró a ver a los demás nobles que la recibieron con palabras de apoyo y alegría, todos parecían estar aliviados de que ella se encontraba nuevamente entre ellos.

Todos estaban felices, mientras toman asiento con más calma y alegría, quiere preguntar el estado de cada uno, pero desiste, en el camino se sabrá.

—¿Qué pasó luego de mi desliz? —preguntó June mientras se sentaba en una silla vacía.

—Tenemos noticias, afortunadamente los contingentes de defensa de Nohr, siguen en pie —explicó Robin mientras le estiraba unas cartas—. Pero para desgracia nuestra, el reino de Lady Corrin cayó.

—¿Qué? ¿En serio? —cuestionó mirando a la joven reina—. ¿Cómo es posible? ¿No se supone que caería después de Nohr?

¿Valla ya había caído? ¿No debía ser después de que lo hiciera Nohr? ¿Corrin y Xander ya sabían de la caída de uno de los frentes? Kamui sólo desvió la mirada con enfado y culpa.

—La carta de mi hermana Elise dice que parte del ejército dejó de atacar, que repentinamente desapareció del mapa, eso les dio la oportunidad de retomar un par de fuertes y agrandar su territorio —Xander dijo

—Pero, Lilith vino a vernos cuando estábamos viajando a Nohr, queríamos ver a nuestros amigos y felicitarlos por su esfuerzo —Kamui continuó—. Dijo que mi reino había caído, que el enemigo había aparecido de la nada y que estaban a punto de tomar el Plano Astral. Yo...saqué a mis hijos de ahí y tuvimos que huir.

—¿A Nohr?

—No, el viejo Hubba nos mandó aquí —suspiró Leo—. Nos dijo que ayudáramos a limpiar los restos del ejército de la destrucción, pero no fue necesario.

—Limpiar...

—Ese es otro punto a tratar —Eliwood tomó la palabra, acercándole a June, una esfera grisácea y opaca—. Cuando derrotamos al general del ejército, éste se desvaneció en una bruma púrpura, y dejó esto en el suelo.

—Esto es una esfera común y corriente —dijo en un comentario distraído, levantándola en alto para mirarla contra la luz.

—No lo es, o no precisamente —dijo Lyn—. El Rey Xander y el príncipe Leo nos dijeron que ya la habían visto, su esposo y su vasallo tenían una.

—Odin me dijo que se la había dado un ser de gran poder, que podría ocuparla para volver a su hogar —Leo explicó—. Se parece mucho a la de él, pero nunca la vi en acción.

—Está de más decir que yo tampoco —Xander habló—. No se preocupen, cuando me reencuentre con Laslow, le preguntaré acerca de quien le dio dicha gema. Así podremos conocer más de su poder.

A June casi se le cae la boca de la indignación y la culpa, porque claro, Xander aún no sabe que Laslow probablemente esté muerto.

—Igual, su poder es diferente —Héctor dijo, pidiendo la gema de regreso—. La que ustedes mencionan otorga un viaje a otra tierra, algo simple, pero esta, nos dio la prosperidad de regreso.

—¿Ya la utilizaron?

—Sí, el viejo Hubba nos enseñó cómo, cuando nos comunicó con Lord y Lady Corrin —explicó Eliwood—. La levantamos en alto y dijimos el deseo más anhelado de nuestro corazón. El ejército de la destrucción restante se desvaneció, los hogares fueron reconstruidos y las planicies se recobraron de vida.

—¡Entonces los aliados caídos revivieron! —June exclamó con emoción—. Un problema menos.

Sin embargo, su explosión de euforia no pegó con la misma fuerza que a los demás, en sus rostros hay tristeza, hay silencio, hay soledad. Los rostros tan tristes y silenciosos generan duda en la chica y piensa lo peor.

—¿Dije algo que no debí?

—No, no sabías —suspiró Roy—. Nuestros camaradas caídos no... no revivieron.

June entendió rápidamente la fuerza de lo dicho, sintiéndose mal por haber hablado así como así. Aún no sabía quiénes habían perdido la vida en el último encuentro, pero estaba segura que no podrían ver el nuevo amanecer.

—Nuestros amigos murieron antes de que pudiéramos ir a ayudar —Héctor frunció el ceño—. Fuimos lentos, fuimos débiles. Pudimos haberlos salvado de habernos esforzado más en acabar con ese maldito.

—Intentamos que la fuerza del orbe pudiera devolverles la vida, pero supongo que, son cosas con las que no se puede jugar...

June se sintió mal, dejándose caer en la silla devastada, quiere rendirles homenaje a los caídos, a todos si pudiera, pero hay cosas más importantes que tratar ahora, deben seguir con el camino trazado. Sus vidas no fueron en vano.

June se incorporó.

—¿Qué haremos ahora? ¿Es de eso lo que estaban tratando antes de que llegara?

—Sí, vamos a pasar un par de días aquí, para tomar un baño, alimentarnos y recuperar las fuerzas que fueran necesarias —Robin dijo—. Después iremos a Magvel.

—¿Es la tierra de Eirika y Ephraim...?

—Exactamente —Marth le pasó un anillo que se quitó del dedo anular de la mano izquierda—. Ocurrió un problema.

June tomó dicho anillo, es uno grueso, pero no demasiado, es más pequeño que uno normal para varones, de acabado dorado, con siete piedras preciosas de un ligero color diferente en cada una, June lo ve más de cerca, porque se alcanza a percibir el dibujo de un escudo al final de cada piedra.

—Esto es...

—Es el Emblema de Emblemas, aquí yacen nuestros Emblemas fusionados, en esencia —Marth explicó—. Es el escudo de Archanea, el escudo de Velthomer, La piedra preciosa de Bern, la Piedra sagrada de Magvel, el Medallón de Lehran, El Escudo de Ylisse y la Yato.

June está maravillada de dicho objeto, porque no podía ser que esa cosa tan pequeña y hermosa, pudiera albergar armas tan poderosas en fuerza y espíritu, además de que cada una, es señalada por un color, pero algo llama su atención.

—La piedra de Rausten... —dice asombrada—. Tiene una fisura.

—Exacto, nunca habíamos visto algo así desde que la compañía se formó —Marth suspiró.

—Por eso nuestro siguiente destino es Renais —dijo Ephraim—. Es probable que nuestra tierra esté en un estado peor en el que lo dejamos.

June devolvió el anillo, y antes de que pudiera decir otra cosa para ayudar a levantar el ánimo de los gemelos, la puerta de la habitación fue tocada un par de veces, en un modo más tranquilo y neutral, y cuando Eliwood da el permiso de pasar, la puerta se abre.

—Jakob... —dijo Kamui sorprendida—. ¿Qué pasa? ¿Todo bien?

—Su majestad, lamento el importunar, sin embargo, han vuelto unos soldados acerca de su misión de buscar a la señorita Mark.

—¿Y la encontraron? —preguntó Lyn con esperanza

Jakob negó.


—Entonces, ¿qué hay de tu relación con Robin?

June casi se tropezó con una de las piedras de la calle, carraspeando incomoda por lo mencionado por la princesa Eirika.

—¿Relación? No hay ningún tipo de relación... Ya sabe, sólo amigos.

—Claro, tonta de mí pensarlo —rió Eirika con cierto nerviosismo—. Bueno, de nuevo voy a hablar sin verdad detrás, pero digamos que se nota un poco que Robin te gusta, quizá lo mínimo

—Oh, eh... no lo había pensado. —June sonó divertida—. Quiero decir, me agrada Robin, lo estimo como a todos ustedes, pero puede que lo estime un poco más. Gustar es una palabra profunda, y puede que lo haga, pero no es amor, eso es seguro —ella tosió—. Tampoco es como si fuera recíproco. Él ama a Chrom más que a su propia hija, así que no planeo interferir.

—No es necesario que lo digas de ese modo —contestó la princesa—. Pero si te sientes así, quizá hablarlo con él puede ayudar a aclarar tu mente y saber si es amor o no.

—Estoy muy, pero muy segura que no lo es, aunque quizá busque aclarar mi mente —suspiró—. ¿Por qué no vamos por las cosas que hacen falta? Ya quiero ver el complemento que Forrest puede hacernos.

—Yo también —Eirika estaba emocionada—. Será igual de hermoso que el anterior.

June no tiene nada que pensar con respecto a Robin, lo quiere como a un hermano mayor, el término romance no está vinculado a él, aunque no niega que es guapo, habilidoso, inteligente y divertido, perfecto, pero no está enamorada de él.

Las calles de la población de Pherae se encuentran cargadas de vida, la gente se mueve de un lado a otro, hay sonrisas en sus rostros, hay paz en sus corazones, en la tierra que tanto aman; Los puestos de verduras tienen gente esperando comprar, se amontonan para escoger, probablemente sea así por unos días más, hasta que recuperen el tiempo que les costó tener todo eso.

El cielo azul está claro, el sol brilla y calienta con delicadeza, las nubes pasan, pero no se quedan, los árboles cantan mientras emprenden el vuelo, los animales se pasean entre las casas, los niños ríen, la gente está feliz.

En un puesto más adelante hay una joven vendiendo ramos de flores, diversas y coloridas, la gente que June ve, compra rosas y muchas especies alegres, algunas que atraen felicidad, pero entonces, mientras Eirika entra a una tienda de telas, June ve a Roy acercarse a la joven floral.

El noble le dice algo y la joven le indica que espere unos momentos, regresando del puesto más grande detrás de ella, otorgándole al joven un ramo de claveles blancos, rosas del mismo color y gladiolos de diferentes tonalidades. Roy paga con una bolsa y se marcha sin decir más; Pasa delante de ella, pero no parecerle haber tomado importancia.

—Eirika, lo siento, pero tengo algo rápido que hacer —le avisó June a medias—. Te veo en el castillo.

Entonces corrió sin darle a Eirika la oportunidad de contestar.


June se acercó levemente a la tumba que buscaba, hay un pequeño recipiente que tiene las flores que Roy había comprado antes que ella, pero no sabe si son de él en realidad; En el cementerio hay algunos memoriales recientes, June suspiró porque muchos de ellos, con las flores más naturales y vivas, eran de compañeros que cayeron durante el ataque al castillo de Pherae.

Los pasos detrás de ella son más suaves, y en mayor cantidad, así que se da la vuelta y saluda con un respetuoso movimiento de cabeza a las figuras nobles de Eleonora y Elbert, no cabía duda que Roy y Eliwood, eran sangre directa de Elbert.

June se hizo a un lado, cuando Elroy apareció de detrás de las piernas de sus abuelos, tiene un ramo de rosas idéntico al que Roy había comprado, pero sus ojos están llorosos y se ve triste.

—Usted debe ser June —Eleonora se le acercó, pese a sus arrugas de la edad, seguía viéndose hermosa—. Lady Lyndis nos contó de usted.

—Un placer conocerlos, majestades —June les hizo una respetuosa reverencia.

—Sin formalidades, por favor —Elbert negó con las manos—. Desde la muerte de mi hijo, ya no somos parte de la casa noble.

June quiere decirle de la existencia de Eliwood e incluso Roy, pero no sabe cómo podría afectar eso a sus corazones mayores y estaba segura que Eliwood ansiaba con poder reencontrarse con sus padres.

—Lamento lo ocurrido con su hijo y con... el padre de Elroy —June suspiró—. Intentamos volver por ellos, ayudarlos, pero ya era demasiado tarde.

—Lo sabemos, Lyndis nos explicó todo —el antiguo marqués también se ve afligido—. Es una pena, sin embargo, sabemos que, sin su sacrificio, nada de esta paz se vería reflejada. Elroy lo sabe.

June volteó a ver al pequeño, estaba acomodando las flores en el recipiente junto a las que ya estaban ahí, regándolas con cuidado con una vasija llena de agua. Elroy se sentó frente a la lápida y comenzó a hablarle a quien él consideraba su padre, sobre las cosas que había estado haciendo desde que acabó la guerra. Que la tía de Lilina, Fiora, finalmente la había traído de vuelta de Ilia, y que Wolt había regresado de Sacae junto a Sue para reunirse y poder disfrutar de la paz, de los postres que la abuela Eleonora le hizo, de la espada que el abuelo Elbert mandó a forjar para que él comenzara a defenderse.

Elroy no iba a compartir el mismo destino de Roy, pero al menos, sus amistades y el resto de su familia seguía con él, así que no estaba del todo solo.

June se fue, dándole espacio a la familia para rendirle honor a sus amigos y familiares, escuchando mientras se retira, cómo Elroy habla y explota de todas las emociones desde que su padre se fue, gritando con orgullo que él también se volvería caballero, que sería el mejor caballero de todo Elibe.

Un par de presencias de cabello rojo llegan a escena cuando ella está un poco más lejos de la familia, June se pregunta si está bien que Eliwood se presente frente a sus padres luego de saber el contexto de su historia, pero el marqués dice que está bien, que no es del todo malo, así que ambos se adelantan, Roy va detrás. June sólo los ve acercarse, mirando a la lejanía.

Eliwood se presenta ante sus padres, Eleonora pegó un grito de sorpresa y Elbert levantó la voz, no pasa mucho tiempo para que ambos reconozcan al hijo que perdieron, Eleonora llora mientras abraza el cuerpo del adulto, pero es Eliwood quien se deshace en lágrimas cuando tiene que reencontrarse con su padre, cuando el dolor de su muerte en su línea de vida, aún sigue latiendo.

Eliwood presenta a Roy, quien les habla sobre lo feliz que está de reencontrarse con su abuela y conocer a su abuelo, y los adultos mayores sueltan el cumplido de su bien parecido y el honor de tratar con él.

Elroy sólo ve la escena con confusión y June los deja completamente solos.


Después del reencuentro, Eleonora y Elbert guían a su hijo al pueblo donde vivían ahora, y Eliwood tuvo que acceder a colocarse un disfraz que ocultara su cabello, la gente no recibiría a su antiguo marqués sabiendo que tres años atrás, había muerto. Roy no tiene problema en pasar desapercibido, y admira la vida con la que el pueblo se mueve luego de una guerra que afectó su paz.

—Y ella es Petunia, es mi favorita.

En casa, mientras los adultos hablan y recuperan parte del tiempo perdido, Elroy había llevado a Roy a su pequeño corral para gallinas detrás de su casa; El pequeño niño estaba emocionado presentándole a todas sus gallinas mientras camina entre ellas y Roy trata de no moverse, no quiere alterarlas. Elroy se agachó frente a una gallina que se acercó directamente a él y la abrazó levantándola, revelando que ella era Petunia, de plumas rojizas y café.

—¿Tú tienes gallinas? —preguntó el niño soltando a su gallina.

—No, no, yo... —Roy sonrió nervioso—. No tuve.

Lamentablemente jamás se le permitió estar cerca de los animales de granja hasta que estalló la guerra, aunque claro que los huevos cocidos y el resto de productos fueron parte de su alimentación matutina.

—¿Por qué no? —cuestionó el niño con curiosidad—. ¿Tus papás no te dejaron tener alguna?

—No es eso, no era necesario —Roy se hincó frente a Elroy, no le molesta el entorno en el que estaba—. Dime, Elroy, ¿eres feliz aquí?

—Claro que sí —Elroy también se puso de cuclillas, sin importar que se viera más bajito—. Me gusta venir a recoger huevos, la abuela y yo vamos al mercado, aunque hace unos días era más difícil por los monstruos que asechaban, y hacer queso es divertido. ¡Oh! Y también puedo jugar con otros niños, aunque al abuelo no le gusta que me ensucie mucho.

—Ya veo...

Roy cerró los ojos, pensando en su siguiente comentario sin que el niño se confundiera.

—¿Tú eres feliz? —preguntó Elroy de repente.

El marqués abrió los ojos con sorpresa y el niño dibujó algo en la tierra con su dedo índice.

—Mi abuela dijo que eres como un príncipe —dijo Elroy—. La tía de Lilina, la tía Fiora, trabajaba para el rey de Ilia, y dice que a los hijos del rey no le permitían jugar con ella.

Roy no sabía que Ilia ya tenía un rey, en su tiempo, la historia de Ilia como reino había comenzado desde Zelot, no antes.

—¿No te gustaría ser un príncipe? —preguntó Roy.

—No.

A Roy le sorprendió su respuesta directa, así que lo interroga suavemente.

—Porque no puedes jugar con los niños que quieras —contestó Elroy, volviendo a abrazar a Petunia cuando la gallina se le acercó—. No puedes comer lo que quieras y no puedes acariciar a los animales. No veo mi vida sin Petunia haciéndome compañía. Por eso, tú eres un príncipe, ¿eres feliz?

Roy no le responde inmediatamente, no está seguro de que su respuesta sea un , pero tampoco es un no rotundo. La pregunta y la forma en cómo Elroy había planteado la duda lo dejan pensante. Elroy tiene la vida que en más de una ocasión, Roy pensó en querer tener.

Elroy no tenía un mejor amigo que constantemente rechazaba su historia de vida por un título que no quería cargar, no sentía la presión del sobre entrenamiento diario, de las vidas que dependían de sus acciones, de matrimonios forzados para aumentar su poder político, de visitas a pueblos bajo la protección de una guardia real, de noches de insomnio por pensar en su falta de capacidad, en sus talentos faltantes, en su escaso liderazgo, en... no llenar las expectativas que la gente esperaba de él.

Elroy lo abrazó repentinamente, y Roy volvió en sí.

—Parece que necesitabas un abrazo —le dijo el niño, palmeando su cabeza poco después—. Está bien, no pasa nada si no lo logras, siempre puedes intentar, no todos nacimos siendo expertos. Es lo que el abuelo siempre me dice cada vez que fallo en algo.

Roy cerró los ojos, tallándose el ojo derecho con el dorso de su mano enguantada porque no sabe en qué momento lagrimeó.

—¿Quieres abrazar a Petunia? —preguntó el niño ladeando la cabeza—. Siempre me reconforta.

Roy asintió, dejando que Elroy acercara la gallina hacia él. El marqués esperaba que el animal fuera a huir, pero la ponedora reconoció su esencia y se dejó tocar; Era la primera vez que Roy acariciaba a una gallina.


—Muy bien, ya tenemos todo guardado en mochilas, desafortunadamente no podremos hacer uso de un carro, por lo que tendremos que cargar hasta encontrar un escondite.

Los nobles asintieron a las palabras de Marth, cada quien está a cargo de una mochila, algunas de ellas están preparadas para cargar con verduras duraderas, carnes que serían conservadas, mudas de ropa básicas y sencillas para aguantar los combates y las actividades diarias, armas, bastones, libros de magia y partes de armaduras, todo dividido y organizado.

—Hay una puerta en el Outrealm que está en Frelia, cerca de la Torre de Valni —Robin avisó—. Fue por ahí donde recogimos al rey Ephraim y a la princesa Eirika.

—Pero la situación en todo Magvel no era buena cuando nos fuimos. —explicó el mencionado rey—. Y empeoró cuando en nuestra desesperación por salvar Renais, terminó cayendo.

—¿Sólo hay una puerta? —preguntó Seliph

—Hay dos, una en Frelia y otra en Grado —dijo Chrom—. Pero en Grado, la tierra era inestable, la puerta no podría abrirse en su totalidad.

—Lord Chrom, Sir Robin, ustedes tenían completa libertad de cruzar por el Outrealm, ¿no es así? —preguntó Micaiah—. Porque, tengo una idea, algo arriesgada, pero, ¿Por qué no dividirnos?

—¿Dividirnos?

—Sí, creo que entiendo —dijo Celica—. Chrom o Robin podrían visitar Frelia con alguno de los nobles, en caso de ser segura o insegura, pueden darnos un aviso y pensar en una nueva estrategia, ¿o me equivoco?

Micaiah aceptó.

—Podemos hacerlo —dijo Robin pensativo—. Sin embargo, tendríamos que reconocer el terreno lo más cercano de la puerta para, en caso de un ataque, poder regresar. Lord Ephraim, si me hace el favor de acompañarme, las cosas serían más fáciles.

—Para mí un honor —le sonrió el rey.

—Un momento —Chrom interrumpió incrédulo—. ¿Irás tú? No sabemos la situación del terreno, puede haber un ataque, lo mejor es que vaya en tu lugar. Tú te quedarás aquí.

—Entiendo tu preocupación, pero en ese caso, necesitaríamos una salida rápida o planear un contraataque —Robin dijo, enfocando su mirada en los mapas de Magvel otorgados por el rey Ephraim—. No dudo de tu capacidad para pelear, pero sabemos que la estrategia no es tu fuerte.

—Pero...

—Si le preocupa que Sir Robin pueda sufrir alguna herida, con gusto puedo acompañarlos también —el rey Alm se levantó de la mesa de reuniones—. Así, el peso de la defensa no caerá sobre el rey Ephraim.

—Yo también iré —Seliph se ofreció—. Si no hay mucho inconveniente.

—No lo hay, muchas gracias. —Robin suspiró, dejando el mapa en la mesa—. Entonces es un hecho, partiremos mañana por la mañana. ¿Alguna objeción?

Chrom apretó los labios, pero terminó negando.

—Entonces damos por terminada la junta. —Marth se levantó—. Muchas gracias por asistir. Les sugiero ir a descansar, sobre todo a los que partirán mañana.

—Muchas gracias.

Los miembros de la sala se levantaron, haciendo sonar las sillas al empuje y el arrastre, Chrom fue el primero en salir, no se veía muy feliz, que Robin ignorara sus peticiones debió haberle dolido. June preguntó si Robin estaba bien, buscando ofrecer su ayuda para hablar con el rey de Ylisse, pero el estratega se lo negó, jurando que el enfado se le pasaría tarde o temprano.

Robin agradeció y se retiró a dormir. June esperaba poder hacer más por él...


Día 30. Año 453. Era de la Noble de Sacae

Robin, Ephraim, Seliph y Alm ya habían partido esa mañana siguiente, antes de que el sol pudiera salir en su totalidad, June no pudo despedirse del contingente, pero una nota con la promesa de volver, apareció por debajo de la puerta. June confía en que volverán sin problema.

La capital de Pherae es linda, llena de vida y esperanza por un futuro prometedor y la gente lo hace ver cuando por sus calles finalmente aparece amiga del gobernante de dicha nación, Lyndis Wild.

Héctor y Eliwood hacen aparición, con algún disfraz que fuera fácil de poner y con nombres diferentes porque no están seguros de que la reacción del pueblo, sea la misma que la de sus amigos.

Gritan el nombre de su salvadora, le agradecen por traer la paz de nuevo, otorgándole regalos, flores, palabras y buenos deseos. Roy está lo más cerca de la multitud, se ve feliz, y Marth está con él, haciéndole compañía.

—Al menos, se promete un futuro —dijo Marth—. ¿No lo crees, Roy?

Pero Roy no está prestando atención, así que Marth lo vuelve a llamar.

—Perdona, estaba divagando. —el marqués de su tiempo suspiró—. Quería conocer a mi madre, pero no fue posible, hablé con el Roy de esta línea de tiempo y me dijo cosas que me dejaron pensando, y luego la muerte de los camaradas de mi padre... No pude dormir bien,

Roy todavía tiene esa sensación del olor a sangre fresca en su nariz, de la vista de los cuerpos muertos de los hombres que derrotaron a Nergal, y el grito desgarrador de Lyndis al reencontrarse con el amor de su vida y verlo morir en sus brazos.

Roy sintiendo que tiene sujetando la mano de Sain en su mano, es lo primero que sueña al cerrar los ojos.

No seré tu padre... pero... —aun con su vida yéndose de la existencia, Sain fue capaz de sonreírle—. Estoy feliz... de ver en lo que te has convertido.

Antes de que Roy pudiera contestarle, antes de que Celica activara su magia curativa, el afloje en su mano se debilitó por completo y Sain murió al cabo de un segundo. Roy apretó su gesto con fuerza, escuchando las palabras de rezo y paz de Celica a su lado, pero no le importa demasiado cuando sabe que carga con la culpa de su muerte. Si fuera fuerte, si fuera rápido, si fuera como los demás...

—Hicimos lo que pudimos —Marth le dijo—. Aliados murieron, no se puede considerar una victoria.

—Lo sé...

Pero no dejará de darle vueltas.

—Tu padre, Hector y Lyndis se van al castillo —Marth le avisó—. ¿Vamos a darles el encuentro?

—No, no ahora, quiero distraerme —Roy lo miró de reojo—. Tengo hambre, ¿quieres ir a ver qué podemos comer? —y sonrió con burla—. ¿O es que acaso el emperador de Archanea es quisquilloso con la comida?

—La guerra te quita la susceptibilidad a ciertos alimentos —Marth rió—. Adelante, amigo mío, muéstrame los manjares de tu tierra.

—No es la mía del todo, pero conozco un lugar que se mantuvo de pie por años. Vamos, vamos.


En la sala del trono hay regalos, hay flores, cartas y canastos con frutas y comida en general, dejando maravillados a los jóvenes príncipes. Rebecca y Priscilla están con ellos, ayudando en lo que más se podía y se necesitaba. Sin embargo, no se puede celebrar cuando la tristeza abunda en sus corazones.

La gente aclama a Lyn, la ven como una salvadora, pero ella sabe que sus dos amigos hicieron más, que todos los soldados lucharon ferozmente contra el ejército de la destrucción y está encerrada en su habitación, llorando por haber perdido al amor de su vida, cuando se prometieron una eternidad juntos, disfrutando de la paz en las llanuras, en la tranquilidad del viento y la vida naturaleza.

El corazón de Lyndis grita de dolor, no hay momento para celebrar, no le importa lo que piensen los demás.

Nadie ganó, gente murió, Mark desapareció de nuevo, esperanzas se recobraron, pero cuando el pesar el dominante, no hay sentido para soñar.


—Cambio de planes. Recibimos la carta de Robin anunciando que Valentia es el punto de avance. Es seguro partir, podemos dejar esta tierra a salvo.


~O~

Bueno, no tengo más que decir de este capítulo. Sólo que el siguiente arco es de Shadows of Valentia y que les haya gustado esta parte. Si todo sale bien, nos vemos la próxima semana.