Mientras Sally me seguía regañando por ser expulsado de la escuela y a su vez felicitando por haber defendido al pequeño Samuel. Un poco bipolar aquello, pero quien entiende a las madres.
Mi mente imperativa no pudo evitar recordar el momento en que Percy y yo nos conocimos.
...
Fue hace cinco años más o menos, yo tenía unos nueve años y había salido del orfanato a dar una vuelta por ahí.
Ni Chloe ni Mike me acompañaron aquella vez, estaban ocupados con sus cosas. Chloe quería ver una maratón de películas y Mike fue a quien sabe donde, pero no me moleste en saberlo.
A decir verdad, me gusta dar vueltas por la ciudad sin compañía. Me daba tiempo para pensar y hundirme en cierta melancolía.
Es algo contradictorio, pero hay veces que prefiero estar solo pero a su vez, odio la soledad.
Se que no tiene ningún sentido, pero es lo que siento.
Es como mi extraño miedo a la oscuridad, aunque nadie lo sabe, excepto la Hermana Ilia, pero es confortante tener un compañero de cuarto que me da la sensación de no estar solo en aquella oscuridad de mi habitación.
Pero dejando eso de lado, en una de esas caminatas termine cerca de una cancha de básquetbol. No le di mucha importancia al respecto, hasta que capté algo interesante.
Había un niño de siete años de cabellos negros, rodeado de otros niños de unos diez hasta de doce años. Aquellos niños molestaban al más pequeño no dejándole tomar la pelota de basket la cual supuse que era suya por los gritos que el daba.
Al final, pude denotar más sus ojos. Unos ojos verdes mar que parecían traviesos, pero podían albergar tanta melancolía ...
De alguna u otra forma, terminé simpatizando con aquel niño.
Inevitablemente, termine involucrado en aquel incidente.
- ¡Oigan! - Todos los chicos voltearon al verme al llamar su atención. Con una leve sonrisa falsa me acerqué a aquel que tenía la pelota. - ¿No tienes nada mejor que hacer que molestar un niño? -
El mocoso se dignó a resoplar. - No te metas donde no te llaman. Métete en tus asuntos, solo jugamos un rato, ¿No es así, chicos? -
- ¡Si! - Respondieron sus colegas al unísono, todos con sonrisas burlonas.
- ¡De vuelvan mi pelota, idiotas! - Exclamo el chico de ojos verde mar. Tengo que admitir que tiene agallas.
El líder del grupo de idiotas lo fulminó con la mirada.
- Mm. - Medité antes de sonreír. - Yo también quiero jugar. - Y en un rápido movimiento le quité el balón. - ¿dos contra seis les parece justo? Yo creo que aún así le ganamos. -
- Tu ... ¿Como ... ? - El líder idiota intercalaba su mirada en donde alguna vez estuvo el balón en su mano y en la mía, donde ahora estaba el balón en donde giraba alegremente en mi dedo.
Sus coleguitas no estaban mejor. El chico de ojos verde mar me miró con asombro.
- Bien, ¡Juguemos! -
...
- Tu ... Tu ... ¡Esto no acaba aquí! - Exclamo el líder idiota completamente exhausto.
A los segundos huyó junto a sus amiguitos.
- Vaya, qué niña. Solo íbamos cincuenta y seis a ocho. - Murmuré por lo bajo antes de mi mirar al chico. - Bien, creo que no te volverán a molestar en un tiempo, pero si vuelven avísame, ¿Si? - Le lancé la pelota, la cual atrapó fácilmente.
- Si ... Gracias. - Me dijo antes de extenderme la mano. - Me llamo Perseo Jackson, pero mis amigos me llaman Percy. -
Mire su mano unos segundos, un tanto sorprendido. Normalmente todos trataban de alejarse de mí, incluso aquellos que ayudó se sienten incómodos ante mi presencia, pero este chico ... No, Percy me consideraba un amigo más.
Sonreí y estreché mi mano con la de Percy en un apretón de manos.
- Me llamó Diomedes Wilson, pero me puedes llamar Dio. -
Ese fue el gran inicio de nuestra inquebrantable amistad.
Y también fue el día que conocí la comida de azul de Sally.
...
- ¡Diomedes! - Parpadeé varias veces al ver que Sally me llamaba, ella parecía un poco molesta.
- Hehe ... Lo siento, me perdí en mis pensamientos. - Dije con nerviosismo.
Mi segunda madre mantuvo su mirada de mamá enojada unos segundos antes de suspirar con cansancio.
- Sinceramente, espero que Percy no agarré esas mañas tuyas de quedarse en blanco. - Luego de decir eso sonrió. - Pero me alegra en verdad que no te hayas lastimado, lo que hiciste pudo ser peligroso, aunque fue por bondad, no podría estar de acuerdo en que salgas lastimado. Así que ten más cuidado la próxima vez, ¿Si? -
Suspiré derrotado. - Si, mamá. -
Sally sonrió gustosamente, no se si fue por mi afirmación o porque la llamé mamá.
- Bien, ¿Por qué no vienes a cenar esta noche? - Propuso con una sonrisa amable.
Yo, por supuesto que me alegré, pero al instante fruncí el ceño.
- ¿Que hay de Gabe? - El rostro de ella se agrio como si hubiera comido un limón.
Sin embargo, trató de poner buena cara. - No te preocupes, lo resolveré. Ahora, porque no das unas vueltas por ahí hasta que termine mi turno. Y no te preocupes por el orfanato, yo llamaré y me encargaré de todo. -
- Uh ... - Al principio dudé, pero la cálida sonrisa de Sally me convenció. - Esta bien. -
- ¡Bien! Nos vemos al rato, querido. -
- Hasta luego. -
...
Frecuente la estación Grand Central por un rato, simplemente para dar un paseo, hubiese sido genial sino fuese los tiempos lluviosos y tormentosos que se hacían más y mas frecuentes.
Desde hace un tiempo, el clima ha empeorado, algo bastante extraño en esta época del año. No hace mucho, el tornado más grande de todos los tiempos aterrizó en el Valle Hudson. Además, he escuchado que una alarmante cantidad de pequeños aviones han caído en el Atlántico repentinamente este año.
¿Quizás sea algún problema con el calentamiento global?
- ¡Dio! - La voz de Sally me llamó la atención. - ¡Ven, nos vamos! -
Y así ambos nos dirigimos hacia la casa de Percy, un apartamento en el extremo Este de la ciudad, en el transporte público.
Hablamos un poco, le pregunté sobre Percy, hace un tiempo que no sabía de él excepto que estaba en un internado, la Academia Yancy sino me equivoco.
Pero al preguntar por el, la señora Jackson se encogió.
- Esta mañana llego una carta del director de la Academia Yancy. - Okay, eso no significaba buenas noticias generalmente. - Percy no será admitido el próximo año. -
Vaya, ¿Esta era la sexta vez que Percy era expulsado? Perdí la cuenta, se que nunca ha llegado a finalizar un año escolar en cualquier instituto que haya asistido. Pero tengo que admitir que duro más de lo que esperé, pero tampoco era algo por lo cual alegrarme.
Sally me sonrió. - No te preocupes, ambos han pasado por mucho. Sabes, le tengo un sorpresa para el, y eso te involucra. -
- ¿Eh? ¿Sorpresa? - Inevitablemente, me llené de curiosidad.
- Iremos a la playa, Montauk para ser exactos. Y tú vienes con nosotros. - Dijo Sally con una gran sonrisa.
Mis ojos se iluminaron. - Wow, el famoso Montauk, Percy me ha contado lo genial que es. -
- Si, a Percy le encanta el lugar. Lamentablemente no hemos podido ir los últimos dos veranos, debido a ... Problemas económicos. -
No tuve que pensarlo mucho para saber que se refería a Gabe.
- Pero no te preocupes, tengo un plan para ir sin ningún problema. - Me dijo con firmeza. - Y usted viene con nosotros, señorito. -
- Bueno, tendría que hablarlo con la Hermana Ilia ... -
- No te preocupes, ya hablé con ella cuando estabas dando vueltas por la estación, lo único que tienes que hacer es hacerme caso, estas bajo mi custodia este verano. - Aunque trato de sonar autoritaria, una sonrisa estaba presente en sus facciones.
... Ciertamente, Sally merece algo mejor que el borracho de Gabe y ese tonto trabajo en esa dulcería.
Lamentablemente, la vida no ha sido amable con ella. Ella es la mejor persona del mundo, pero a las personas amables no siempre les toca la mejor suerte.
Los padres de Sally murieron al estrellarse su avión, cuando ella tenía cinco años, y fue criada por su tío a quien no le importaba mucho. Ella quería ser novelista, así que paso la preparatoria trabajando para ahorrar dinero para la universidad con un buen programa de escritura
y creatividad. Después su tío enfermó de cáncer y ella tuvo que abandonar la escuela en su último año para cuidarlo. Después de que él muriera, ella se quedó sin dinero, sin familia y sin un diploma.
Lo único bueno en su vida, fue conocer al padre de Percy ... Y el nacimiento de este último.
No me ha hablado mucho de él, solo se que era importante y que tenían una relación secreta ... ¿Romántico? Tal vez, ¿Con futuro? No tanto.
Luego, el tipo tuvo que irse de viaje al Atlántico, y nunca volvió.
"Se perdió en el mar", era lo que decía Sally. No murió, solo se perdió en el mar. Un tanto peculiar, casi me recordó que mi padre "se había esfumado en el viento".
Ella hacía trabajos pesados, tomaba clases nocturnas para obtener su diploma de preparatoria, y criaba a Percy por su cuenta. Nunca se quejó o enojó. Ni una sola vez, aunque criar a un chico que pasa por la pubertad no es fácil.
Finalmente, se casó con Gabe Ugliano, quien es un idiota de primera. Percy lo llamó "El Apestoso Gabe", que fue muy acertado cuando lo conocí. El tipo apestaba a pizza rancia y calzoncillos de gimnasio.
Entre Gabe, criar a Percy y mis problemas, atormentamos a Sally las veinticuatro horas, los siete días de la semana, sin embargo, ella siempre tenía una sonrisa en su rostro.
- Oh, es nuestra parada. - Dijo Sally interrumpiendo mis pensamientos.
Bajamos en la para del autobús y nos apresuramos al departamento de Sally, pero algo me llamó la atención.
- ¿Dio? -
Volteé a verla extrañado. El lugar el cual miraba hace un momento había un puesto de frutas, el cual no estaba hace unas semanas la última vez que la visité.
Y en aquella ocasión, no había indicios de un nuevo local.
- Eh, mejor adelántate, tengo algo que hacer por ahí. - Apunte hacia el puesto de frutas que había despertado mi curiosidad.
La señora Jackson levantó una ceja extrañada, antes de asentir comprensiva.
- Okay, pero no tardes, la cena estará lista pronto. - Luego, se retiró hacia su departamento.
Cuando se fue, me centré en el puesto de frutas frente de mi. Era bastante anticuado, pero por alguna razón, Sally no podía verlo o al menos, parecía no darle importancia.
Lo que vendían lucía realmente bien: cerezas amontonadas en cajas y manzanas, nueces y albaricoques, jugo de cidra en una jarra llena de hielo. No había clientes, solo tres ancianas sentadas en mecedoras dentro del local, tejiendo la bufanda más grande que había visto nunca.
Es decir, la bufanda era del tamaño de una gran manta, pero en serio parecía una bufanda gigante, ¿Recuerdan el cuento de Rapunzel y sus dorados cabellos? Bueno, la bufanda parecía de esa longitud.
La mujer de la derecha tejía un extremo. La dama de la izquierda tejía el otro extremo. La dama del centro sostenía un enorme cesto de hilos dorados brillantes, de hecho por un momento pensé que eran hilos de oro.
Las tres mujeres lucían mayores, con rostros pálidos arrugados como la fruta, cabello gris atado atrás con pañuelos, brazos huesudos que salían de vestidos de algodón blanqueados.
Lo más extraño era, que ella parecían observarme justo a mí, y solo a mí.
Aunque intenté desviar mi mirada de ellas, algo me impedía hacerlo. Solo me pude quedar quieto, y ver como la anciana que sostenía el cesto, sacó un par de tijeras demasiados grandes como la bufanda, eran doradas y plateadas, su filo era tan grande como una cizalla. Por alguna razón, contuve mi aliento.
Aún observándome, la anciana del medio cortó el hilo y juró que pude escuchar el sonido de los truenos y el ambiente se hizo más frío y oscuro. Las otras dos doblaron la gran bufanda.
Mi mente imperativa solo pudo pensar para quién era aquella bufanda, ¿Será Godzilla o King Kong?
La anciana de en medio sonrió, un escalofrío pasó por mi espalda. Luego, movió su boca, pero nada salió.
Eventualmente, el local cerró repentinamente. Las luces se apagaron y no pude ver nada en el local ahora oscuro.
Pero ... Aunque no escuché lo que aquella anciana dijo con exactitud, creo que pude leer sus labios.
"Tu tiempo de surgir ha llegado, hijo de la hoguera".
No tengo la menor idea de lo que eso significa, ni tampoco me tome el tiempo de averiguarlo.
Solo se que ya había oscurecido, así que me apresuré y al departamento de Sally para poder cenar.
Deje aquel suceso con el local de frutas atrás, y solo disfrute de la mejor cena de mi vida ... Excepto por el olor del apestoso Gabe, pero valió la pena.
Pero había un pensamiento que no dejaba de rondar en mi mente cuando ese hilo fue cortado.
Ese hilo representaba la vida de alguien ... Alguien que iba a morir.
Y puede que sea yo.
...
Ya había pasado una semana desde que me expulsaron de la escuela secundaria Leonor Roosevelt, y de aquel suceso con las ancianas en la frutería.
Extrañamente, los días que pasé por aquella zona, parecía que nunca hubiera existido.
Quizás se dieron cuenta que tener tres ancianas escalofriantes tejiendo ropa XXXL no rentaba en ventas y quebraron.
Pero bueno, hoy iría al departamento de Percy, debido a que el volvería este mismo día de la Academia Yancy, e iríamos a Montauk para divertirnos y despejarnos de nuestros problemas.
Hablando de problemas, la Hermana Ilia no se tomó muy bien el hecho de que fui expulsado, aunque gracias a la intervención de Sally, Chloe, Mike y Samuel, no hubo tantos problemas, aunque aún parecía triste.
Aunque la más afectada parecía ser Chloe, me miraba con melancolía y tristeza. De hecho, me miraba como si fuese un hombre muerto, y pensaba con lamento cuales serían las mejores flores para mi funeral.
Aún no le he dicho que prefiero la cremación y que mis cenizas sean esparcidas por toda Alaska.
¿Raro? Si, ¿Significativo? Algo, mi padre quería ir ahí, y se esfumó como el viento, yo quisiera hacer lo mismo. Quizás así lo pueda encontrar.
Pero dejemos estas charlas depresivas para otro momento. Ya había llegado al pequeño complejo de apartamentos, le di una última mirada a aquel lugar que alguna vez fue un local de frutas bastante buenas pero escalofriantes.
Así que no le di importancia y seguí mi camino al departamento de mi amigo, espero que Percy haya llegado. Toque el timbre y con "Un momento" gritado desde el otro lado de la puerta, no pasaron muchos segundos para que la puerta fuese abierta por ...
- ¡Dio! -
- ¡Jotaro! -
- ¡Jajajajaja! - Ambos reímos como nunca.
Frente a mí estaba Percy Jackson en toda su gloria juvenil. Sus ojos verdes traviesos me sonrieron, pero ... Note algo extraño en el.
Y eso me preocupaba, ambos teníamos dislexia y ADHD, así que nos identificamos con el otro. Como consecuencia, termine viendo a Percy como un hermanito para mí.
- ¿Me invitas a pasar? - Le pregunté con una sonrisa pícara.
- Claro. - Me cedió el paso a su departamento y fuimos a su habitación ... El cual era el Estudio de Gabe cuando Percy no estaba. El sitio estaba más limpió de lo esperado, pero supuse que fue porque Percy lo hizo más habitable.
- No es por ofender ni nada, pero ¿Que haces aquí? - Me pregunto Percy luego de sentarse en su cama.
- Vamos a la playa. -
Su rostro se iluminó. - Eso es genial. -
- Lo sé, al fin veré porqué te encanta tanto Montauk. -
Percy sonrió descaradamente. - Oh, te encantará en serio. -
- Ahora ... - Mi voz sonó más seria de lo habitual, y noté como mi amigo se estremeció. - ¿Me dirás que pasó en Yancy? -
Lo cantó todo ... O al menos lo que estaba dispuesto a decirme. Aunque trato de sonar optimista sobre sus últimos días, noté como algo lo perturbaba.
El había hecho algunos amigos nuevos. Le fue bien en latín. Y honestamente creí en sus palabras cuando dijo que las peleas no habían sido tan malas como había dicho el director de la Academia a su madre. Le gusto la Academia Yancy, eso pude ver, y era extraño que Percy le haya gustado alguna escuela antes, lo cual me sorprendió.
En verdad el se había esforzado mucho explicándome todo, que casi me convencí de que no había pasado nada.
Casi.
Me habló de su amigo Grover, su profesor favorito el señor Brunner. Incluso me habló de lo molesta que era la chica bravucona Nancy Bobofit, aunque con un nombre como ese yo también tendría problemas de carácter.
Pero cuando le pregunté sobre algún viaje escolar, balbuceó sobre un viaje al museo ...
Y no volvió a mencionarlo.
- ¿Algo te asusta? - Le pregunté, mirándolo fijamente.
- No. - Me respondió seriamente.
Sabia que estaba mintiéndome, pero no quise presionarlo sobre el asunto.
Le sonreí calmadamente. - Percy, cualquier cosa, en serio, sin importar lo insignificante que sea, puedes decírmela. -
Percy se relajó, pero aún así se mostró dubitativo de hablar al respecto.
No lo presioné más.
- ¡Es hora de irnos! - Ante el oportuno anuncio de Sally. Tanto Percy como yo preparamos nuestras cosas para salir.
Empacamos nuestras cosas en el auto, Gabe se había dignado de vernos a Percy y a mí llevar nuestras maletas y las de Sally al auto. Maldita morsa ...
Ese apestoso hombre se mantuvo quejándose y lloriqueando acerca de extrañar la comida de mamá, digo, Sally y más importante aún, su Camaro 78 por el fin de semana.
- No quiero ni una sola marca, sabandijas. - Me advirtió luego de meter la última maleta, Percy aún luchaba con una de su tamaño. - Ni una pequeña marca. -
Bufé mentalmente, lo decía como si Percy o yo fuésemos a conducir, somos menores de edad. Pero eso no parecía que el cerebro de Gabe pudiera procesar, además, creo que si un perro orinara uno de los neumáticos del Camaro, de alguna u otra forma trataría de culparnos a nosotros.
- Lo que digas. - Le respondí sin ninguna importancia. Por otro lado, Percy parecía enojado por lo que dijo, luego pasó algo realmente extraño pero agradable de ver.
Mientras miraba a Gabe regresar al apartamento y cruzar el umbral, un movimiento de empuje cayó sobre Gabe. La puerta se cerró tan duramente golpeándole en el trasero y le envió volando por la escalera como si él hubiera sido disparado desde un cañón.
Sin embargo, por el rabillo del ojo vi como Percy había hecho un ademán con la mano. Su mano en forma de garra sobre su corazón ... Que cosas más extrañas ha aprendido en la Academia Yancy.
Bueno, tal vez fue el viento o quizás hubo algún problema con las bisagras de la puerta, sin embargo, no nos quedamos a averiguarlo.
Nos adentramos en el Camaro, mientras Percy apresuraba a su madre para hacer lo mismo.
La cabaña donde nos íbamos a quedar estaba en la costa Sur, cerca de la punta de Long Island.
Mientras iba en el puesto de copiloto y Percy en la parte trasera del auto, este último no paraba de hablar del lugar.
De sus cortinas desgastadas, algo hundida en las dunas, con arena en las sabanas con arañas en la alacena y sobre el mar frío constante del lugar.
Sonaba acogedor.
Que conste, que no lo dije con sarcasmo, en verdad me pareció un buen lugar por la forma añorante en que Percy hablaba del sitio, incluso Sally hablaba con una sonrisa melancólica del lugar y de sus visitas anteriores.
Era un sitio especial para ella. Percy me había dicho, que fue en esa misma playa donde sus padres se conocieron.
A medida que nos acercamos a Montauk, la señora Jackson se hacía díez o veinte años más joven. Años de preocupaciones y de trabajo fueron removidos de sus hombros, se veía más fresca. Sus ojos brillaron como el azul profundo del mar.
Llegamos justo al atardecer, abrimos todas las ventanas de la cabaña e iniciamos una limpieza en el lugar, fue agradable.
Luego caminamos en la playa, alimentamos de palomitas azules a las gaviotas, los remojamos en gelatina de frijoles azules, caramelo azul de agua salada y todas las otras muestras gratis que la mamá de Percy había traído de su trabajo.
Si hay algo que denotar de la familia Jackson, es que comen azul ... Y lo digo literalmente y sinceramente, me encanta.
Cuando oscureció, hicimos una fogata. Asamos hot dogs y malvaviscos. Mamá, digo ... Sally nos contaba historias de cuando era niña, antes de que sus padres muriesen en aquel accidente de avión. Hablaba acerca de los libros que quería escribir, cuando tuviese suficiente dinero para renunciar a la tienda de dulces.
Eventualmente, Percy preguntó sobre un tema un tanto delicado, con nerviosismo pregunto sobre su padre. Al nombrarlo, los ojos de su madre se brillaron con misterio.
- El era simpático, Percy. - Comenzó, yo solo me quedé en segundo plano de la conversación. - Alto, guapo y poderoso. Pero también amable. Tú tienes su cabello negro, lo sabes, y sus ojos verdes también. - Terminó el frijol de jalea azul de su bolsa de dulces antes de volver a hablar. - Desearía que pudiera verte, Percy. Estaría muy orgulloso de ti. -
Noté como Percy tembló levemente. Yo podía entenderlo realmente, nuestros padres están desaparecidos, sin casi -por no decir nulos- recuerdos de ellos, la única diferencia es que Percy tiene una maravillosa madre mientras que la mía parecía que nunca había existido.
Aunque tengo a la Hermana Ilia, no era lo mismo, además, la Hermana Ilia tenía que encargarse de varios niños, tanto menores como mayores que yo, cada uno con sus propias necesidades y problemas como yo. Virtualmente, era imposible que me dedicara el tiempo necesario.
Así que, encontré una especie de refugio con esta maravillosa mujer conocida como Sally Jackson y deseo lo mejor para ella.
- ¿Que edad tenía? Me refiero, cuando se fue. - Pregunto Percy a su madre.
Miro las llamas con cierta melancolía. - Sólo estuvo conmigo un verano, Percy. Justo aquí en esta playa. En esta cabaña. - Fue la respuesta que dio.
- Pero ... me conoció de bebé. -
- No cariño. Supo que estaba esperando un bebé, pero nunca te vio. Tuvo que irse antes de que nacieras. Al parecer, había varios ... Problemas ... Que tenía que atender, algo referente a una hermana o algo así, estaba bastante ansioso al respecto. -
- Mm, una tía ... - Murmuré por lo bajo.
- Exactamente. -
Tarareando, asentí mientras azaba mi malvavisco en el fuego de la fogata. Estaba perfectamente bronceado como el caramelo. Siempre sabía instintivamente cuando una comida tan simple como una pasta o algo tan intrincado como pato a la naranja estaban listos.
Mire como Percy estaba sumido en sus pensamientos, así que por el retire su malvavisco que estaba a poco de quemarse.
Ya más recuperado, mi amigo miró abatido a su madre.
- ¿Vas a alejarme de nuevo? - Preguntó, un tanto duro de su parte, fue lo que pensé. - ¿A otra aburrida escuela? -
Sally quitó su malvavisco del fuego, no hubo necesidad de que le avisará. Años de experiencia afiliada azando malvaviscos superaron ampliamente mi instinto de cocinero.
- No lo sé, cariño. - Su voz sonó dura, algo muy inusual. - Creo ... Creo que tendré que hacer algo al respecto. - Luego me miró. - Y creo que contigo también. -
- ¡¿Por qué yo?! -
- ¿Por que el? -
Sally alzó una ceja. - No le has dicho que te expulsaron de la secundaria. -
- ¡¿Que?! - Exclamo mi amigo a mi lado. El me miraba con un extraño brillo en los ojos. - ¿Es cierto? -
- Si ... Deje fuera de combate a todo el equipo deportivo de la escuela. -
Percy se quedó en silencio unos segundos antes de volver hablar. - Bienvenido al club. -
- No lo alientes. - Hablo Sally antes de dejar salir un suspiro. - Pero en verdad debo ponerme dura con ustedes, chicos. -
- ¿Por qué no me quieres cerca? - Volteé abruptamente a ver a Percy cuando dijo esas palabras. El parecía arrepentido de lo que dijo, pero no se retracto.
Los ojos de Sally se humedecieron, por un momento sentí los míos picar. Ella tomó la mano de Percy con fuerza, como si el fuese a desaparecer de su vista. - Oh, Percy, no. Yo ... Yo tengo que hacerlo, cariño. Por tu propio bien. Tengo que mandarte lejos. -
Desde mi punto de vista, aunque sus palabras sonaran duras, en el fondo había un profundo significado y razón de porque todas las escuelas de Percy estaban lejos.
Era como si lo alejara de algo.
Algo que podría ponerlo en peligro, aunque Percy no parecía verlo de esa misma forma pero era comprensible de cierta forma.
- Porque no soy normal. - Hablo Percy con amargura.
Sus palabras me recordó mi propia anormalidad.
-Lo dices como si fueses algo malo, Percy. Pero me doy cuenta de cuán importante eres. - Sally me miró, una luz ominosa se reflejaba en sus ojos. - Ahora me doy cuenta que ambos son importantes, como no pueden imaginarse. - Centro su vista nuevamente en su hijo, tristeza y lamento se filtraba en sus siguientes palabras. - Pensé que la Academia Yancy estaba lo suficientemente lejos. Pensé que finalmente estarías a salvo. -
- ¿A salvo de qué? - Pregunto exasperado, pero al instante pareció tener una revelación. Se quedo hundido en sus pensamientos hasta que su madre volvió hablar.
- He tratado de mantenerte lo más cerca que he podido. Me dijeron que fue un error. Pero sólo hay una opción, Percy. - En ese punto, parecía que estaba a punto de romper a llorar.
Dolido por aquello, me acerqué y tomé su otra mano fuertemente, quería darle mi apoyo aquella mujer que incluso veo como una madre.
Ganando fuerzas, Sally continuó. - Un lugar al que tu padre quiso mandarte. Y yo sólo... Sólo no podía hacerlo. -
Aquello fue una revelación. Tanto Percy como yo nos miramos dubitativos al respecto.
- ¿Mi padre quiso mandarme a una escuela especial? -
- No a una escuela. - Respondió suavemente - A un campamento de verano. -
Normalmente no hablas de mandar a tu hijo no nacido a un campamento de verano ... Es algo tan extraño.
- Lo siento, Percy - Dijo Sally mirándole a los ojos. - Pero no puedo hablar de ello. Yo ... Yo no podía mandarte a ese lugar. Hubiera significado decirte adiós para bien. -
- ¿Para bien? Pero si es sólo un campamento de verano ... -
Sin embargo, ella no respondió. Se giró hacia el fuego de la hoguera. Su expresión decía que podría llorar en cualquier momento.
En aquel momento, por primera vez en mi vida, los malvaviscos tuvieron un sabor amargo.
...
Aquella noche, tuve un sueño. Extrañamente no estuvo presente aquel hombre de ojos dorados, pero eso no quitó lo mortificante que fue aquel sueño tan real.
Estaba en la playa donde había un tiempo tormentoso, y dos majestuosos animales, un caballo blanco y un águila dorada, estaban tratando de matarse a la orilla de la playa. El águila se deslizó hacia abajo y destrozó los músculos del caballo con sus enormes talones. El caballo se levantó y pateó las alas del águila.
Conforme los animales peleaban, la tierra temblaba, y una monstruosa voz se reía desde algún lugar de la tierra, alentando a los animales a pelear más fuerte. De fondo, podía escuchar un llanto, era opacado por esa terrible voz, pero pude descifrar que sollozaba que pararán, pero sus súplicas cayeron en oídos sordos.
Solo pude quedarme de pie, algo me decía que debía detenerlos, pero no pude, algo me lo impedía.
- ¡Jajajaja! ¡¿Asustado?! ¡Que vergüenza! ¡Jajajaja! - Exclamó una voz detrás de mí. Extrañamente, sonaba muy familiar.
Lentamente me volteé, y sin aliento contemplé a aquel sujeto.
O mejor dicho, a mi mismo.
Frente a mí, había una copia exacta de mi. Excepto por una cosa, sus ojos. Las irises castañas eran azul cielo, mientras sus pupilas doradas tenían la forma de una cruz. Era tan antinatural, que me hizo encogerme. ¿Así se sentía las personas al ver mis ojos?
Aquella copia mía, sonreía gustoso, no sabía si era por mi expresión desencajada o la vista de ambos animales detrás de mí matándose como si fuese entretenimiento de primera.
Mi copia sonrió ferozmente. - Tu fin se acerca. - Luego, con su dedo señaló algo detrás de mí.
Fue en ese momento que pude contemplar como el águila descendía sobre el caballo, su pico apuntando a los ojos de este último.
- ¡Si! - Exclamo la terrible voz monstruosa.
- ¡No! - Sollozo aquella voz en el fondo.
Todo mi mundo se derrumbó ante la risa de mi copia.
...
Me desperté sobresaltado.
Afuera de la cabaña, estaba la tormenta más grande en la que haya estado presente en mi vida -tampoco es que sea un hobby mío cazar tormentas sinceramente-, era la clase de tormenta que arranca árboles y derribaba casas. No había ningún caballo o águila en la playa ni una copia maligna mía por ahí, sólo rayos haciendo luz de día falsa, y olas de veinte pies golpeando las dunas como artillería.
Me percaté que Percy también estaba despierto, un sudor frío de deslizaba por su piel mientras su rostro había perdido el color. Quizás había tenido una pesadilla como yo.
Con el siguiente sonido de trueno, Sally se despertó al instante. Se levantó y con los ojos bien abiertos, dijo. - Huracán. -
Supe que era un pensamiento demente. En Long Island nunca se habían visto huracanes al empezar el verano. Pero el océano parecía haberlo olvidado. Sobre el rugido del viento, oí un sonido distante, un enojado, y torturado sonido que hizo que se me pusieran los pelos de
punta.
Luego un sonido más cercano, como maletas en la arena. Una voz desesperada, alguien gritando, tocando la puerta de nuestra cabaña como si su vida dependiera de ello.
Sally se levantó de la cama en su ropa de dormir y fue a abrir la puerta.
- ¿Gro ... Grover? - Jadeo Percy a mi lado, mirando con los ojos abiertos y catatónicos a su amigo que hizo en la Academia Yancy del que tanto hablaba.
Grover estaba parado en el marco de la puerta tras la inmensa lluvia, pero ... Pensé que yo era extraño, pero al ver a Grover, me sentí más a gusto conmigo mismo.
Sin ánimos de ofender.
- Toda la noche buscándote. - Murmuró cansado y asustado. - ¿Qué estabas pensando? - Le reclamó a Percy ignorando a su alrededor.
Si, Percy era un poco difícil de tratar, así que lo entendí a la perfección.
Sally miró a su hijo asustada, no por Grover aparentemente sino por lo que había oído.
- Percy - Dijo ella, cerrando la puerta para hacerse oír sobre la feroz lluvia de afuera. - ¿Qué paso en la escuela? ¿Qué es lo que no me has dicho? -
Pero Percy no respondía, estaba congelando mirando a Grover, yo también estaba algo asombrado pero trataba de mantener la compostura en medio de la tormenta.
- ¡O Zeu kai alloi theoi! - Gritó Grover con pavor. - Estas bajo mi cuidado. ¿No le dijiste? -
Abrí los ojos como platos al escuchar al amigo de mi amigo maldecir en griego antiguo, y lo había entendido a la perfección. Ahora creo que entendía un poco más los cuartos traseros de este chico Grover.
Mamá Sally miró a Percy con severidad y habló en un tono que nunca había esperado de ella desde que la conocí, demostrando que ella tenía un punto de quiebre, el cual estaba siendo roto justo ahora, mientras la tormenta de afuera entraba en más vigor.
- ¡Percy! ¡HABLA AHORA! -
Como consecuencia empezó a balbucear sobre una señora Dodds y el viaje al museo, pero lo que me alarmó más fue cuando habló sobre unas ancianas de un puesto de frutas en la carretera.
Un escalofrío recorrió mi espalda. - "¿Será posible que ... ?" - Yo palidecí, y al parecer Sally estaba pasando por lo mismo.
Ella tomó su bolso y nos lanzó nuestros impermeables. - Suban al auto, los tres. ¡Ahora! -
Grover corrió hacia el Camaro, bueno, no corría exactamente. Él estaba estaba trotando, sacudiendo el peludo trasero que tenía. Porque en donde deberían estar sus pies, no los había. Había pezuñas.
Ante mi, había un fauno del cual la Hermana Ilia siempre nos contaba historias por las noches del verano.
Ese fue mi primer paso a un nuevo mundo.
