La noticia del accidente del baño se esparció inmediatamente. A donde quiera que fuéramos, los campistas señalaban a Percy y murmuraban algo acerca de agua de inodoro. O quizás ellos solo veían a Annabeth y a mi, quienes estábamos todavia demasiados mojados. Además de que apestaba ...
No vuelvo a ir al rescate de Percy nunca más.
Pero bueno, a la final volvimos a unir nuestro grupo en un cuarteto y seguimos con el recorrido.
Fuimos a la tienda de metal (donde los chicos hacían sus propias espadas), el cuarto de artes y oficios (donde los sátiros lanzaban chorros de arena a una estatua gigante de mármol de un fauno), y el muro de escalada, que de hecho consistía de dos paredes cara a cara que se sacudían con violencia, rocas caían, se esparcía lava, y chocaban la una con la otra si no llegabas a la cima con la suficiente rapidez (Parecía divertido).
Finalmente regresamos al lago, donde el camino llevaba de vuelta a las cabañas.
- Tengo entrenamiento que hacer. - Dijo Annabeth categóricamente.
- Yo me encargo desde aquí. - Hope dijo sonriendo levemente. - Las cena será a las siete y treinta, aún hay cosas por hacer antes de eso. -
- Annabeth, siento lo de los inodoros. - Dijo Percy, parecía algo avergonzado.
- ¿Por qué no te disculpas conmigo? - Le reclamé.
- Uh, claro, lo siento, Dio. -
- Eso no me convence. -
- Lo que digas. - Respondió Annabeth desestimando el asunto de ser empapada por agua de retretes.
- No fue mi culpa. -
Ella lo miró con escepticismo, ya que de alguna u otra manera Percy había hecho algo, ¿El cómo lo hizo? Eso mantiene fuera de mi alcance de comprensión.
- Necesitas hablar con el Oráculo. - Dijo Annabeth de repente.
- Annabeth. - Le reclamó Hope con firmeza.
- ¿Quién? - Pregunto Percy.
- No "quién", es mejor decir el "qué", el Oráculo, consultaré con Quirón. - Se explayó Annabeth, ignorando el tono de advertencia de Hope, parecía resuelta y firme en su decisión.
- Mocosa. - Escuche a Hope murmurar por lo bajo, era griego, así que es verdad que lo entiendo.
En ese momento estábamos en el lago, Percy estaba sumido en sus pensamientos mirando al lago, entonces el se sorprendió.
Por mera curiosidad mire al lago ... Y no me esperaba ver a dos chicas adolescentes con las piernas cruzadas en la base del muelle, unos veinte metros en el fondo del lago. Ellas usaban jeans azules y camisetas verde brillantes, y el cabello castaño de ellas flotaba alrededor de sus hombros, mientras pececillos nadaban felices a su alrededor. Ellas saludaron a Percy con entusiasmo, mientras que a mi me dieron miradas curiosas.
Percy saludó torpemente, y cuando Hope notó aquello frunció el ceño.
- No les hagas caso. - Advirtió ella. - Las náyades son demasiado coquetas. -
Una tercera nayade llegó saludando a sus dos amigas, ella notó que tenían un pequeño público y como si fuese el mejor curso de acción ella me guiñó un ojo.
Costo toda mi fuerza de voluntad no sonrojarme, más que nada porque todos me estaban mirando.
- Náyades ... Si, parecen terribles. - Dije tratando de aparentar.
¿Es malo sentirse atraído por una chica pez? Espero que no, porque Mera de DC se ve fantástica.
- Ya tuve suficiente, quiero irme a casa. - Dijo Percy, noté que se sentía abrumado.
Me sentí mal por el, lo único que pude hacer fue ponerle una mano en su hombro para brindarle apoyo, estábamos juntos en esto, incluso si hay que enfrentar monstruos y dioses. Parecía que Percy se relajó un toque, pero aún así no pude evitar preocuparme.
Annabeth frunció el ceño. - ¿No lo entiendes, Percy? Está es tu casa ahora. Este es el único lugar seguro en la tierra para chicos como nosotros. -
- Es decir, ¿Niños con trastornos mentales? -
- Es decir, no humanos. No completamente al menos. Medio humanos. -
- ¿Medio humano y medio que? - Le cuestiono Percy.
Esta vez fue turno de Hope de intervenir, tenía una expresión burlona. - Oh, tu lo sabes muy bien. -
Sentí un sentimiento extraño, un sensación que a veces sentía al pensar mucho en mi padre.
- Dioses, Percy. Somos mitad dioses. Tu padre y mi madre son dioses. -
Percy me miró incrédulo. - Sabes que esto es un locura, ¿No? -
- Luego de todo lo que hemos visto hasta ahora, sinceramente creo puedo aceptar los supuestos "mitos". - Suspiré con cansancio, necesitaba en verdad un baño y dormir unas buenas diez horas, no, mejor que sean doce. - Es una locura, nadie cuerdo lo aceptaría, pero ... ¿No sientes que una parte de ti reacciona y piensa que es verdad? -
Percy se me quedó viendo y pude ver que como poco a poco su expresión cayó, como si todo en lo que creyó fuese una mentira.
Le tomó unos segundos volver hablar. - Entonces, si todos los chicos aquí son mitad dioses ... -
- Semidioses, sería el término oficial, pero también aceptamos Mestizo. - Dijo Hope como si fuese una maestra.
- ¿Quienes son sus padres? - Termino de preguntar Percy.
Las manos de Annabeth se apretaron en la barandilla del muelle, por otro lado Hope se quedó mirando el lago, una expresión solemne en su bello rostro. Tuve la sensación de que abordamos un tema delicado.
- Mi papá es un profesor en West Point. - Dijo Annabeth. - No lo he visto desde que era pequeña. Él enseña historia americana. -
- Mi padre era un astrónomo de Pittsburgh, Pensilvania, aunque a veces actuaba como un astrólogo. Ya no se encuentra entre nosotros. -
Esa noticia cayó como una piedra en el lago, este era el único lugar que Hope estaba segura, su único hogar.
- Mm, ¿Cual es la diferencia entre un astrónomo y astrólogo? Pensé que era lo mismo. - Le pregunto Percy luego de unos segundos.
Ella le sonrió frívolamente, pero aún había tristeza a su alrededor. - El primero estudia los astros, mientras el segundo cree fervientemente que el destino está escrito por los astros, pura tontería, pero mi padre creía mucho en eso ... Y cuando conoció a mi madre, ese hecho solo se hizo más fuerte. -
No me imagino lo duro que debe de se para ella hablar de aquello, aunque mi padre también murió, yo ni siquiera lo recuerdo así que no puedo decir que se como se siente, pero aún así ...
- Entonces, ¿Son sus madres diosas? ¿Quienes son? -
- Cabaña seis. - Dijo Annabeth en respuesta.
- ¿Es decir ... ? -
Annabeth suspiró antes de enderezarse. - Atenea, diosa de la guerra y la sabiduría. -
- Astrea, diosa de la justicia. - Dijo Hope.
- ¿Y mi padre? - Cuestiono Percy.
- Indeterminado. Nadie lo sabe aún. - Le respondió Hope con serenidad.
- Excepto mi madre, ella sabía. -
- Quizás no, Percy. Los Dioses no siempre revelan su identidad. - Ella le dio una mirada llena de simpatía.
- Mi padre lo hubiera hecho, el la amaba. -
Ambas chicas le dieron miradas cautelosas a Percy, como si no quisieran alterarlo más.
Entonces, Annabeth tomó palabra. - Quizás tienes razón. Quizás él envíe una señal. Esa es la única forma de estar seguros: tu padre tiene que enviar una señal reclamándote como su hijo. A veces sucede."
- ¿Quieres decir que a veces no pasa? - Preguntó Percy confundido.
Entonces recordé mi conversación con Hope antes de que fuera a "salvar" a Percy y resultara conmigo todo mojado como un perro.
- Los dioses están ocupados. Ellos tienen muchos hijos y ellos no siempre … Bueno, a veces no se preocupan por nosotros, Percy. Nos ignoran. - Hablo Hope, mirando el lago.
Recordé a los chicos que no se parecían a Luke y a sus hermanos en la cabaña de Hermes, esa aura tan triste y sombría, esperando algo que quizás nunca llegaría.
En ese momento, me di cuenta que los dioses no eran muy diferentes a los humanos, solo eran seres con poder pero seguían y cometían los mismos errores que los humanos.
Y eso me enojó mucho.
- Entones estamos atascados aquí - Dijo Percy, devastado y abrumado. - ¿Eso esto todo? ¿Por el resto de nuestras vidas? -
- Depende - Dijo Annabeth. - Algunos campistas solo se quedan por el verano. Si eres hijo de Afrodita o Deméter, probablemente no tienes una fuerza de gran alcance. Los monstruos puede que te ignoren, así que puedes pasar unos meses de entrenamiento de verano y vivir en el mundo mortal el resto del año. Pero para algunos de nosotros, es muy peligroso para vivir. Somos rondadores por año. En el mundo mortal, atraemos a los monstruos. Ellos nos sienten. Ellos vienen a retarnos. La mayoría del tiempo nos ignoran hasta que somos lo suficientemente grandes como para causar problemas, como de diez u once años, pero después de eso, la mayoría de los semidioses vienen aquí, o son asesinados. Algunos se las arreglan para sobrevivir en el mundo exterior y se vuelven famosos, créeme si te digo los nombres, los reconocerías. Algunos ni siquiera se dan cuenta que son semidioses. Pero son muy pocos. - Explayó completamente, creo que me lo podía esperar de una hija de Minerva.
- ¿Entonces los monstruos no pueden entrar aquí? - Pregunté, no queriendo despertar un día con el minotauro debajo de mi cama.
Aunque recordé que ni siquiera tengo cama en este lugar, solo el frío suelo.
Hope sacudió su cabeza. - No a menos que sean intencionalmente atrapados en el bosque o convocados aquí por alguien. -
- ¿Por qué alguien invocaría monstruos? - Alcé una ceja ante aquello, ¿Quien sería tan tonto para hacerlo?
Pero ella se encogió de hombros. - Pelea de prácticas, bromas. -
- ¿Bromas? ¿En serio? - Cuestiono Percy. Al parecer estábamos de acuerdo.
Ahora debo cuidarme de bromas por aquí, como si estar mojado no fuese suficiente.
- El punto es, los bordes están sellados para mantener a los monstruos y a los mortales lejos. Desde afuera, los mortales ven el valle y no ven nada inusual, solo una granja de fresas. - Dijo Annabeth, y me alegré saber aquello.
Me gustan las fresas, aunque los melocotones son bastantes buenos, pero las bananas ...
Maldito déficit de atención, ¿Como puedo pensar en frutas en un momento como este?
- ¿Así que ustedes son rondadoras por año? - Le preguntó Percy, aunque parecía más una afirmación que una pregunta en realidad.
Ambas señalaron sus collares de cuentas, Annabeth con cinco y Hope con siete. Pero el de Annabeth tenía un gran anillo de oro colgando de su collar que no había detallado antes.
- Cada agosto, en el último día del verano recibes una cuenta por sobrevivir por otro año. - Explico Annabeth. - Estoy aquí desde los siete, llevo más tiempo aquí que la mayoría. -
- ¿Por qué viniste tan joven? - Le pregunto Percy a Annabeth.
A Hope lo entiendo, ella perdió a su padre, posiblemente su única familia, ¿Pero qué había pasado con Annabeth si su padre estaba vivo?
Pero ella torció el anillo en su collar. - Eso no es de tu incumbencia. -
- Oh. -
El ambiente se tornó incómodo. Hope se acercó a la chica y acaricio su cabello, aunque Annabeth refunfuñaba no parecía molestarle.
- ¿Entonces puedo irme de aquí si quiero? -
Hope habló esta vez, mientras jugaba con el cabello de Annabeth. - Sería un suicidio, pero podrías, con el permiso del Señor D o Quirón. Pero ellos no te darán permiso hasta el final del verano a menos que ... -
Su voz se apagó repentinamente, pareció ponerse rígida.
- ¿A menos … ? - Les pregunté.
- Se te conceda una búsqueda. Pero eso difícilmente sucede. La última
vez ... - Al principio, Annabeth se ánimo para hablar, terminando lo que iba a decir Hope quien estaba temblando, y no creo que haya sido por el frío. Pero a la funal voz de ella también se apagó. Puede notar por su tono que la última vez no había ido bien.
Nada bien ... Se necesita hacer justicia ...
- Hope. - La susodicha volteó a verme. - Cuando desperté me hablaste sobre algo, ¿El solsticio de verano, no? -
Ambas chicas se tensaron, como si las dos supieran del tema, incluso capté la atención de Percy.
- ¿También te hablaron sobre eso? - Me preguntó Percy, yo asentí como respuesta.
- ¿Saben algo? - Preguntó Hope con seriedad.
- Bueno, no ... -
- Bien, en mi vieja escuela, escuché a Grover y Quirón hablando de eso. Grover mencionó el solsticio de verano. Él dijo algo como que no teníamos mucho tiempo, por la fecha límite. ¿Qué significa? - Dijo Percy, al parecer recordando aquel hecho.
Hope suspiró, decepcionada.
Por otro lado, Annabeth apretó el puño mientras fruncía el ceño. - Ojala supiéramos. Quirón y los sátiros, ellos los saben, pero no lo dirán. Algo está mal en el Olimpo, algo muy importante. La última vez que estuvimos allí, todo parecía demasiado normal. -
- Wow, cálmate, velocista. - Dije anonadado. - ¿Han estado en el Olimpo? -
Era el reino de los dioses, ¡Es increíble que unos mortales estuvieran allí!
Hope decidió responder mi pregunta. - Algunos rondadores por años, Luke, Clarisse, Annabeth, yo y otros más, tuvimos un viaje de campo durante el solsticio de invierno. Es el momento donde los dioses tienen su gran consejo anual. -
- ¿Y cómo llegas haya? -
- El ferrocarril de Long Island, por supuesto. Te bajas en la estación Penn. El edificio Empire State, el ascensor especial al piso seiscientos. - Ella respondió como si fuese información que todos debían saber. - Son de New York, ¿Verdad? -
- Oh, claro ... - Hasta donde sabía solo había ciento dos pisos en el edificio Empire State.
- No encuentro fallas en tu lógica. - Dijo Percy, el me dio una mirada que concordaba con la mía: "No entiendo nada".
- Justo después de nuestra visita. - Decidio continuar Annabeth. - El clima se volvió extraño, como si los dioses hubieran comenzado a pelear. Un par de veces desde entonces, escuché a los sátiros hablando. Lo mejor que pude entender es que algo importante fue robado. Y si no es devuelto para el solsticio de verano, habrá problemas. Cuando viniste, yo esperaba … Quiero decir, Atenea se lleva bien con todo el mundo a excepción de Ares. Y, por supuesto tiene una rivalidad con Poseidón. Pero, quiero decir, aparte de eso, pensé que podíamos trabajar juntos. Pensé que quizás sabías algo. -
- Y no olvides a Diomedes. - Comentó Hope mirando. - Después de todo, su tocayo de la guerra de Troya fue uno de los favoritos de Atenea. Además, mi madre es Astrea, la justicia y el balance son importantes para ella. -
Saben, me gusta ayudar, sin embargo, en las condiciones que estaba y luego de todas las cosas de las cuales me enteré hoy, mi mente se sentía fatigada. No todos los días descubres un mundo lleno de dioses, y que tu madre es una diosa y posiblemente por ello te abandonó es un dato bastante fuerte.
- Tengo que conseguir una búsqueda. - Murmuró Annabeth para sí misma, Hope la miró preocupada. - No soy demasiado joven. Si ellos solo me contaran el problema ... -
Deje de escuchar cuando mi nariz captó el olor a la barbacoa no muy lejos. Y como si fuese una señal, el estómago de Percy gruñó, cuando lo miramos estaba un poco avergonzado.
- Tengo entrenamiento que hacer, los alcanzo luego. - Dijo Annabeth, se despidió de nosotros y se fue corriendo a quien sabe donde, pero sentía que su mente estaba pensando mil cosas a la vez.
- Chicos. - Nos llamó Hope, quien se había quedado mirando el lago. - Vayan devuelta a la cabaña de Hermes, tengo unas cosas que hacer. Luke se encargará de ustedes. -
Percy y yo nos miramos, pero no discutimos y la dejamos en el muelle, ella solo se quedó mirando el lago, sin embargo, parecía que miraba más allá de lo aparentaba.
Regresamos a la cabaña once, donde todo el mundo estaba hablando, esperando por la cena.
Aunque nadie nos prestó atención mientras caminábamos al lugar de Percy, para sentarnos. Podría haber ido a mi lugar que estaba literalmente al otro lado, pero sentía que si dejaba solo de nuevo a Percy, alguien trataría de meterlo en un escusado nuevamente ... Y yo terminaría mojado de nuevo.
El consejero, Luke, se acercó. Tenía una cicatriz en su mejilla derecha pero su sonrisa estaba intacta.
- Les encontré unos sacos de dormir. - Dijo él, dándonos a cada uno un saco de dormir. - Y aquí, les robé algunos artículos de aseo de la tienda del campamento. -
Saben, no estoy de acuerdo a robar, pero me sentí agradecido por el gesto.
Nunca nadie se había preocupado tanto por mi.
O el menos eso sería lo que sentiría, sino fuese que aquella incomodidad de la cabaña que sentía a veces se disparada con lo cerca que estaba Luke.
No sabía si era porque su cleptomanía, o algo parecido, pero no quise mencionarlo, no parecía muy amable.
- Gracias. - Dijo Percy, abrazando el saco de dormir.
Yo asentí agradecido.
- No hay problema. - Luke se sentó junto a mí, apoyando su espalda contra la pared.
Traté de ignorar el hormigueo en mis extremidades, sentía un tirón en la boca del estómago con tenerlo tan cerca.
¡¿Que diablos pasaba?! ¡¿Me enamoré?! ¡No me jodan!
No, el sentimiento era muy diferente, era ... Similar al que sentí cuando perdimos a Sally, solo que no tan intenso, pero si era extraño.
- ¿Primer día difícil? - Nos preguntó Luke con una sonrisa ladina, el miraba mi ropa aún algo mojada.
- No tienes ni idea. - Refunfuñe golpeando mi cabeza con el saco de dormir en mis brazos.
- No pertenezco aquí. - Dijo Percy frunciendo el ceño. - Ni siquiera creo en dioses. -
- Seee. - Dijo Luke antes de suspirar. - Así es como todos comenzamos. Y créeme, una vez que empiezas a creer en ellos no lo hace aún más fácil, diría que es incluso al revés. -
La amargura en su voz me sorprendió un poco, porque Luke parecía un muchacho bastante transigente. Él lucía como si pudiera manejar cualquier cosa. Pero también parecía alguien que había pasado por mucho.
[Oh, dioses, no tenía ni la menor idea por lo que este joven había pasado, y cuando lo descubrí ... No lo hizo mejor, ni para el ni para mí, pero seguimos hacia adelante.]
- Entonces ... Tu padre es Mercurio, ¿No? -
Sacó una navaja de su bolsillo, aunque no sentí que iba hacerme algo con ella. Como esperaba, no hizo nada agresivo y solo se puso a raspar el barro de la suela de sus sandalias.
- Al parecer es verdad que te gusta usar mucho los términos romanos, pero bueno, tienes toda la razón, mi padre es Hermes. -
- El mensajero con pies alados. - Terció Percy, al parecer ganó algo de interés en la conversación.
Luke sonrió, aunque pareció más una mueca que una sonrisa. - El mismo. Mensajeros. Medicina. Viajeros. Comerciantes. Ladrones. Todos los que usan la carretera esta en sus dominios. Por eso es que estáis aquí, disfrutando la hospitalidad de la cabaña once. Hermes no es selectivo
con los que auxilia. -
Como dije antes, si no fuese el dios de los ladrones me sentiría bastante agradecido. He captado algunas miradas maliciosas en la caja de zapatos donde cargo mi cuerno de minotauro.
- ¿Has visto a tu padre? - Le preguntó Percy.
- Una vez. - Fue la respuesta solemne de Luke.
Por un instante esperaba que nos contara la historia, pero fue todo lo contrario. Pude sentir la amargura en el y conjunto el sentimiento mal se hizo más fuerte.
Me pregunto ... ¿Tiene algo que ver con su cicatriz?
Luke miró hacia arriba y esbozó una sonrisa. - No se preocupen, Percy, Diomedes. Los campistas aquí, son en su mayoría buena gente. Después de todo, somos una familia ampliada, ¿No? Cuidamos los unos de los otros. -
Ahora que lo pensaba, es cierto, todos aquí eran mis primos de alguna manera ... Eso quiere decir que ... ¿Soy el primo de Percy? Okay, nos tratamos como hermanos pero jamás esperé que de verdad fuésemos familia de sangre ... Sangre divina.
¿Y saben? A pesar de que Luke me daba un sentimiento incómodo, estaba agradecido de que se tomara el tiempo para tranquilizarnos y todo lo demás, Luke nos había dado la bienvenida a la cabaña. Incluso había robado unos artículos de aseo para nosotros, que era la cosa más amable que alguien había hecho por nosotros hoy, dejando de lado el recorrido de Hope y Annabeth.
Ademas, necesitábamos a alguien que se tomara las cosas tan en serio, especialmente con Percy, que era el que peor lo estaba pasando por todas estas cosas sumándose sobre sus hombros, no solo lo de ser un semidiós y sobre su padre, sino también la muerte de su madre.
Mis ojos ardieron ante el recuerdo, pero suprimí el impulso.
De repente, Percy le hizo una pregunta a Luke, esa pregunta me llamó mucho la atención.
- Clarisse, de Ares, estaba bromeando acerca de que yo no tenía potencial para los "Tres Grandes". Entonces, Annabeth … Dos veces, dijo que quizás yo sería "el elegido". Dijo que debía hablar con el Oráculo. ¿Que era todo eso? -
¿Cuando diablos pasó eso? Oh, creo cuando Annabeth se hizo cargo de Percy.
- Eso suena muy Star Wars, ¿Eres Anakin Skywalker acaso? -
Percy me frunció el ceño. - Para que sepas, la fuerza es grande en mi. -
- Ugh, odio las profecías. - Escuche a Luke murmurar irritado. El guardo su navaja.
Alcé una ceja. - ¿Que quieres decir con eso? -
Su rostro se contrajo alrededor de su cicatriz, la amargura en el se hizo más fuerte. - Digamos que eché las cosas a perder para los demás. Los últimos dos años, desde que mi viaje al jardín de las Hespérides salió mal, Quirón no ha permitido más búsquedas. Annabeth se moría de ganas por salir al mundo exterior. Ella presionó a Quirón hasta que él le dijo finalmente que él sabía su destino. Él tenía una profecía del Oráculo. Él no le contaría todo, pero dijo que Annabeth no estaba destinada a ir a una búsqueda todavía. Ella tenía que esperar hasta que … alguien especial viniera al campamento. -
Sentí lástima por él, creo que puedo imaginar lo que se siente arruinar las cosas para los demás, prefiero perjudicarme a mí mismo que a los demás. Así que podía simpatizar con Luke ...
Volví a sentir ese tirón en el estómago, pero no fue doloroso la verdad, sino más bien ... Cansado.
Para cuando me di cuenta, Luke y Percy parecían mas tranquilos. Nuestro consejero no parecía amargado o irritado consigo mismo y mi amigo no se veía tan tenso o abrumado.
Antes de que pudiera preguntarme qué había pasado, Luke habló primero.
- Vamos, es hora de la cena. -
Al momento que lo dijo, un cuerno sonó en la distancia.
Luke se levantó y grito: - ¡Cabaña once, formen filas! -
Toda la cabaña, como veinte de nosotros, se presentó en el patio común. Nos alineamos en orden de antigüedad, así que yo era el penúltimo mientras que Percy era el último. Campistas vinieron de otras cabañas también, excepto de las tres cabañas vacías al final, y la cabaña ocho, que había lucido normal durante el día, pero ahora comenzaba a brillar color plata mientras el sol se ocultaba.
Era una cabaña hermosa, pero sentí que había algo peligro en ella.
Caminamos sobre la colina hasta el pabellón del comedor. Los sátiros se nos unieron desde el prado. Náyades emergieron del lago. Algunas otras chicas salieron de los bosques, y cuando digo salieron de los bosques, quiero decir directamente de los árboles. Vi una chica, como de nueve o diez años, saliendo de un lado de un árbol de arce y venir saltando hasta la colina.
¿Sus nombres eran driadas, no? No lo recuerdo.
En total, había quizás cien campistas, algunas docenas de sátiros, y una docena entre ninfas de los árboles y Náyades.
Pero me resultó muy incómodo. Cada náyade, ninfa del bosque y sátiro me echaba una mirada extraña. Las náyades me giñaban un ojo, las driadras hacían cotilleos y soltaban risitas al verme, los sátiros olisqueaban el aire hacia mi dirección.
¿Por qué los espíritus de la naturaleza me prestaban tanta atención?
Lo peor de todo, eran las miradas de los otros campistas que me dirigían por la atención de los espíritus de la naturaleza.
Que buena forma de pasar desapercibido por aquí.
En el pabellón, las antorchas ardían alrededor de las columnas de mármol. Un fuego central quemaba en un brasero de bronce del tamaño de una bañera. Cada cabaña tenía su propia mesa, cubierta de tela blanca adornada con púrpura. Cuatro mesas estaban vacías, pero la de la cabaña once estaba atestada de gente. Tuve que apretarme al borde de un banco con la mitad de mi trasero colgando.
Vi a Grover sentado en la mesa doce con el señor D, algunos sátiros, y un par de niños regordetes rubios que se parecían el señor D, no tuve que pensarlo mucho para darme cuenta que eran sus hijos, debe ser genial ver a tu padre todo el tiempo por aquí, quizás los hijos de Dionisio eran los más rápidos en ser reclamados. Claro, solo estoy especulando, no quisiera basarme en prejuicios o rumores.
Quirón se hizo a un lado, siendo la mesa de picnic demasiado pequeña para un centauro, debería hacer un presupuesto para que pueda usar también la mesa ... Y aprovechemos para ampliar la mesa y aumentar el número de sillas de la cabaña once. Hope estaba justo al lado de Quirón, quizás debería estar con nosotros en la cabaña once, pero supongo que por ser de las campistas más antiguas tenía ciertos privilegios.
Annabeth se sentó en la mesa seis con un montón de chicos atléticos de apariencia seria, todos con sus ojos grises y cabello rubio miel o peli negros.
Clarisse se sentó detrás de nosotros en la mesa de los de Ares. Al parecer ella había superado lo de ser mojada, porque se estaba riendo y eructando con sus amigos. Me siento celoso, yo quería un baño.
Finalmente, Quirón golpeó su pata contra el suelo de mármol del pabellón, y todo el mundo guardó silencio. Él levantó su copa. - ¡Por los dioses! -
Todos los demás levantaron sus copas. - ¡Por los dioses! -
Percy me dio una mirada de: "¿Es en serio?"
Me encogí de hombros, por lo menos era simple y no había que dar gracias o algo así.
Las ninfas se acercaron con platos de comidas: uvas, manzanas, fresas, queso, pan fresco, y si, ¡barbacoa! Pero nuestras copas estaban vacía, entonces Luke dijo: - Solo digan lo qué quieras, sin alcohol, por supuesto. -
- Gaseosa de cereza. - Dijo Percy con cautela, luego el vaso se llenó con el líquido espumoso. Pero Percy no lo dejó hasta ahí. - Gaseosa de cereza azul. -
El líquido tomó un tono azul oscuro como el cobalto. Percy tomó de su copa con mucha cautela y suspiró satisfecho.
Hice lo mismo con mi copa, mientras brindaba por la Hermana Ilia, Mike, Chloe, Sally y ... Mi madre, donde quiera que esté.
No se cuando pueda volver a ver a algunos de ellos, especialmente a mi madre, ¡Y si ella es una diosa, quizás consiga revivir a Sally o algo así! Si los dioses son reales, los dominios de Plutón, digo, Hades deben estar por ahí, y si debo tocar música o cantar covers de animes para sacarla de ahí, lo haré.
¿ ... O quizás le pueda dar galletas azules a Hades? Espero les guste, aunque, ¿Hay algún horno por aquí?
- Aquí tienen, chicos. - Dijo Luke interrumpiendo mis pensamientos, nos colocó un plato a cada uno de carne ahumada y deliciosa.
Pero antes de poder siquiera tomar mi tenedor y darle un bocado a mi comida, los demás campistas se ponían de pie, y se llevaban su plato al fuego central del pabellón. Antes de que pudiera preguntarle a Luke que hacían, este habló primero.
- Vamos, chicos. - Nos pusimos de pie y lo seguimos hacia el fuego.
A medida que nos acercábamos, noté que todos tomaban una porción de su comida y la lanzaban al fuego, la fresa más madura, el más jugoso trozo de carne, el más cálido pedazo de pan.
Luke nos susurró. - Una ofrenda para los dioses. Les gusta el olor. -
- Bromeas, ¿No? - Le cuestiono Percy, pero Luke le dio una mirada de advertencia, como si esto fuese algo bastante serio.
- Raro ... - Murmuré, me parecía increíble que un inmortal dios todopoderoso le gustará el olor a comida quemada, pero para cada quien sus gustes, pensé.
Luke se aproximó al fuego, inclinó la cabeza, y arrojó un cúmulo de uvas grandes y rojas. - Hermes. -
Percy fue el siguiente, y lanzó una gran rebanada de carne, se quedó unos segundos anonadado, oliendo el humo.
Luego fue mi turno ...
Y no sabía porque, pero mientras más me acerca estaba del fuego más sentía que me llamaba, como si quisiera que me quedara ahí, era extraño, como una polilla siendo atraída hacia la luz.
¿Recuerdan el sentimiento incómodo que tenía alrededor de la cabaña once y Luke? Bueno, desapareció. El cansancio, la fatiga, incluso la molestia de mi ropa mojada y apestosa desapareció sin más.
Me sentí revitalizado.
Es como si me sintiera seguro cerca de aquel fuego.
Frente aquella ... Hoguera.
¿Hoguera?
¿Aquella anciana no dijo algo al hijo de una hoguera? Bueno, ni siquiera tiene sentido lo que dijo.
Me estoy desviando de nuevo, solo hay que quemar la comida. Aunque no sabía a quién dios ofrendarle, así que hice lo más inteligente.
- A todos los dioses. - Y así, repartiendo unas buenas partes de mi comida las lancé al fuego.
Una buena rebanada de carne, un maduro racimo de uvas, la fresa más grande, el pedazo de pan más cálido, y deje lo menos apetitoso para mi.
No me molestaba, y no lo hice por ganar su atención. Pero sentí que era lo correcto, porque hay dioses que quizás no reciban ofrendas, como Zeus o Hera, quienes no tienen niños semidioses. Además, Alguien también debe hacer algo por los dioses menores.
Y así todos ganan.
Pero cuando el humo de la comida quemada golpeó mi nariz, fue lo más increíble.
No olía para nada como comida quemada. Olía a chocolate caliente, brownies recién horneados, hamburguesas a la parrilla y flores del campo, y cientos de otras cosas deliciosas que no deberían ir bien juntas, pero lo hacían de manera excepcional. Ahora si podía creer que los dioses podían vivir de ese humo.
Cuando todo el mundo había vuelto a sus asientos y terminado de comer, Quirón golpeó su pata contra el suelo de nuevo por nuestra atención.
El señor D se levantó con un gran suspiro. - Si, se supone que tengo que decir hola a todos ustedes mocosos. Bueno, hola. Nuestro director de actividades, Quirón, dice que la próxima captura la bandera es el viernes. La cabaña cinco actualmente tiene los laureles. -
Un montón de feos vítores se hicieron presentes en la mesa de Ares.
- Personalmente. - Continuó el señor D. - No me podría importar menos, pero felicitaciones. También, debería decirles que tenemos dos nuevos campistas este verano. Peter Johnson y Damian Watson. -
Quirón le murmuró algo al señor D.
- Ermm, Percy Jackson y Diomedes Wilson, quiero decir. - Corrigió el señor D irritado. - Eso es. Hurra, y todo eso. Ahora vayan a su tonta hoguera. Vamos. -
Todo el mundo aplaudió. Todos caminamos al anfiteatro, donde la cabaña de Apolo dirigió un canto con nosotros. Cantamos canciones de campamento acerca de los dioses y bromeamos, y lo gracioso era que no sentía que nadie se quedaba viendo a Percy o a mi. Me sentí como un joven normal de secundaria, que no era un huérfano, o sin amigos.
Y junto aquella hoguera me sentía tan cálido, tan calmado, tan exaltado, que podría quedarme ahí por horas y horas.
Me sentía en casa.
Una verdadera casa con una verdadera familia.
Más tarde en la noche, cuando las chispas de la hoguera se encrespaban en un cielo estrellado, el cuerno volvió a sonar, y todos volvimos a nuestras cabañas. Percy estaba exhausto, ya que cayó como una roca en su saco de dormir.
Yo no me sentía tan cansado, como dije, cerca de aquella hoguera y el fuego central del pabellón me sentía bien, pero me tomaría una siesta de diez horas.
Necesito mi siesta de diez horas.
Mire la caja con el cuerno de minotauro, que me llevaron a pensar en Sally, pero mis ojos no ardieron porque no sentía culpa, lo que pasó no fue culpa de alguien.
Mi mente solo se centró en las buenas cosas, la comida azul de Sally, el tiempo que pasábamos Percy y yo, mis momentos de ociosidad con Mike y Chloe, la cálida sonrisa de la Hermana Ilia.
Cuando cerré los ojos, me dormí instantáneamente. Ese fue mi primer día en el Campamento Mestizo. Ojala hubiera sabido cuanto disfrutaría mi nuevo hogar.
...
En el sueño de Diomedes, el estaba presente en un campo nevado. Con árboles casi tan altos como el pino del Campamento Mestizo y con nieve en sus hojas.
El sol de la mañana se hacía presente aquel día iluminando un claro donde los árboles rodeaban en un círculo perfecto una casa hecha de madera en una pequeña colina.
Aunque el joven de pupilas doradas estaba desorientado, pero aún así sintió algo que lo llamaba hacia aquel claro en bosque.
Cuando se acercó, vio de mejor manera la casa, era humilde y pequeña quizás solo para una o dos personas.
Pero entonces visualizo algo, un hombre.
Un viejo hombre que vivía en la montañas nevadas.
Parecía de unos cincuenta o más años. Pero era alto y con grandes músculos, usando solo un mono de entrenamiento. Tenia varias cicatrices en sus brazos y cara, pero tenía una gran sonrisa.
Frente a el, había un niño dándole la espalda a Diomedes. Tenia unos cinco años aproximadamente, cabello oscuro despeinado y poco más pudo distinguir, además de que usaba un traje de entrenamiento similar a aquel hombre.
¿Acaso a ellos no les afectaban el frío? Debería ser la primera pregunta de Diomedes, Pero notó algo, en la cabeza del niño ...
Tenia el mismo antifaz que siempre usaba Diomedes en la cabeza.
El niño bajó la cabeza con tristeza.
- ¿Tiene que ser ahora? - Le reclamó el niño. Su voz infantil rellena de pérdida.
El hombre se puso en cuclillas, aún manteniendo su sonrisa para luego acariciar la cabeza del niño.
- Haz muchos amigos, disfruta del mundo real, James. - El anciano le sonrió frívolamente. - Y recuerda el lema de la familia, ¡Haz lo que quieras! -
Diomedes miraba la escena con incomodidad, no sabía que estaba pasando, pero entonces el niño se voltea.
Tenia unos ojos azules, del mismo tono del cielo, pero su pupila ...
Eran cruces de color negro.
...
Diomedes despertó de repente con un sobresalto, respiraba de manera irregular pero aún así trató de no hacer ruido.
Miro hacia donde Percy, estaba dormido.
Volteó hacia donde Luke, también estaba profundamente dormido.
Miro a su lado, donde a pocos metros estaba Hope, igual de dormida que todos.
Dio suspiró antes de tomar su cabeza. - James ... ¿Quien eres tú? -
Solamente el solemne silencio de la noche obtuvo como respuesta.
...
