Solo faltaba pasar una última noche para que comenzara el concurso Pokémon que se llevaría acabo en pueblo Aromaflor, y muchas personas de ciudades y pueblos aledaños llegaban a Pueblo Aromaflor para presenciar las destrezas de los participantes. Visitantes y Coordinadores habían caminado por las angostas calles del pequeño pueblo, el cual no solo era conocido por su auditorio para el concurso, la estructura más grande del lugar, sino igual por las flores que crecían por todas partes, por los caminos, los patios, y el enorme prado en los limites de la ciudad.

Toda la multitud de visitantes provocó que se ocuparan todas las habitaciones disponibles de cada hotel, de cada posada, y del único centro Pokémon del lugar. Y esto no fue del agrado de Dawn, quien no alcanzó lugar para dormir, pues ella había llegado ese mismo día.

Si no hubiese demorado tanto en ciudad Vetusta, la coordinadora habría llegado al pueblo Aromaflor con tiempo de sobra y esa noche ella hubiese dormido en una cómoda cama, pero no fue así, y ahora pasaba la noche durmiendo en la ruta 205. Aunque igual podía culpar al hecho que en el camino se detenía cada que caminaba cierta cantidad de kilómetros porque se cansaba, pues antes cuando se cansaba podía subirse al lomo de Rhyhorn y él continuaba el trayecto, pero ahora que es un Pokémon bípedo y de espalda erguida, no podía hacer uso de él, y Ponyta no era una opción.

Como era su costumbre, cada que dormía en la intemperie, Dawn dormía dentro de una tienda de acampar de color rosa. Antes de salir de casa para su primer viaje por la región, fue al centro comercial a comprar todo lo que consideraba necesario, y entre esas cosas estuvo una tienda de acampar pues nunca descartó dormir en lugares abiertos. El día que la compró, quería que fuese de un color distinto, algo que no dijera a primera vista "aquí duerme una chica," pero cuando vio la tienda color rosa quedó encantada con ella, considerándola muy linda y terminó comprándola.

Aunque, luego de haber dormido bajo las estrellas, si ella tuviese que elegir entre el piso de tierra y con pequeños guijarros que la estorbaban, teniendo que tolerar insectos que picaban su piel, o elegir una confortable cama dentro de una habitación fresca con una ducha, seguía prefiriendo la comodidad de la urbanización.

Sus Pokémon pasaban la noche fuera de sus pokeball, los más grandes dormían fuera de la tienda, como Rhydon, quien protegía el pequeño campamento; Ponyta, por las noches se acercaba a la tienda cuando Dawn entraba a esta, así no veía cuando estaba cerca, esto era agradable para la coordinadora pues las llamas de su cola mantenían el lugar caliente, solo esperaba que no terminara quemando su tienda por accidente; por último, Ariados dormía en la copa de algún árbol cercano, y seguramente comía algo antes de dormir y sin que Dawn se enterara.

Sus Pokémon más pequeños, Piplup, Pikachu y Buneary dormían junto a ella dentro de la tienda. Eran los únicos que podían caber allí dentro pareciendo muñecos de peluche adornando el interior. Los tres estaban al lado de la joven, durmiendo a gusto. Piplup estando muy cerca de su entrenadora, Buneary cubriéndose con el algodón que cubría la mitad de su cuerpo, y Pikachu era el único que cambiaba su posición a cada rato, moviéndose de un lado a otro, era el más alejado pues los otros dos Pokémon no querían ser molestados por él al dormir. Afortunadamente, no lanzaba ataques eléctricos de forma involuntaria mientras dormía.

Pero, a pesar que todos los Pokémon dormían plácidamente, y que eran altas horas de la noche, Dawn no había logrado conciliar el sueño desde que se acostó.

—Creo que contar Marreps no funciona. Quizá deba agregar Flaaffies—

La chica estaba ansiosa por la presentación que daría al día siguiente, y no era de extrañar. No eran nervios por estar frente a cientos de personas observándola, no eran nervios si lo arruinaría, o si las cosas que planeaba no salían como lo esperaba, solo estaba ansiosa porque quería que el concurso Pokémon iniciara ya.

Tenía una nueva estrategia para su presentación, una que resultaba más bonita que la anterior y le aseguraría el pasar a la etapa de combates, además que tenía un nuevo traje amarillo que estuvo confeccionando desde que salió de ciudad Jubileo, luego del concurso. Había perdido su primer concurso, no quería decir que sería igual en el concurso de Aromaflor, quizá en este tenga más suerte, y quizá ganaría, después de sus batallas en ciudad Vetusta, confiaba que podría ganar las batallas en esta ocasión. Pero para que eso pasara debía esperar varias horas, y el esperar la estaba enloqueciendo.

La coordinadora novata levantó medio cuerpo— quizá deba ir a caminar un poco— y después gateó para salir de la tienda, y con cuidado para no despertar a sus Pokémon— además, se me acabaron los ovinos—

Dawn salió de la tienda, no se preocupaba por que despertaría a los Pokémon fuera de la tienda, Rhydon desde que evolucionó dormía mucho más profundo y muchas más horas que cuando era un Rhyhorn, por lo que no podías levantarlo ni explotándole un Voltorb a un lado. Mientras que Ponyta, volvería a ignorarla.

A unos pasos más delante de donde estableció su pequeño campamento, había un arroyo. Se acercó a él y tomó un poco de agua entre sus manos para lavar su cara y estar fresca. Sabía que debía dormir, no daría una buena impresión si se presentaba con ojeras negras bajo sus ojos, aunque sus estrategias funcionaran, todos hablarían de la coordinadora que estaba desvelada en lugar de hablar de su bonito vestido.

Mirar el arroyo le hacía sentir más relajada que el contar Marreps imaginarias en su cabeza, sin darse cuenta, extendió sus brazos hacía adelante, y después hacía los lados. Estiró sus brazos hacia arriba y juntó sus palmas por sobre su cabeza mientras alzaba una pierna y posaba su pie sobre su rodilla. Así continuó, moviendo sus extremidades a cualquier dirección, y ella no sabía si intentaba bailar o intentaba ejercitarse, ya que su pijama era un conjunto deportivo de dos piezas por lo que era perfecto para sustentar la segunda idea. Aunque, esos movimientos al azar, le hacía olvidar los nervios que sentía.

Dentro de la tienda, Buneary despertó. Echó un vistazo rápido a su alrededor, aunque era de noche podía ver en la oscuridad con perfección, e igual la luz emitida por la llama de Ponyta era de ayuda. Buneary no vio a su nueva entrenadora acostada.

La roedora se levantó desconcertada. Se dirigió a la salida. Al salir vio a los dos Pokémon más grandes, mientras que Ponyta dormía pacíficamente y daba un relinchido de vez en cuando, al contrario de Rhydon que parecía querer tragarse todo el aire alrededor, para luego soltarlo junto a un estruendoso sonido que espantaría a todo Pokémon que estuviese cerca. De hecho, desde que entró la noche, Buneary no escuchó a ningún Pokémon que estuviese cerca, y gracias a sus enormes orejas podía escuchar en un par de kilómetros a la redonda. Quizá, la gran mayoría se espantó gracias a los estruendosos ronquidos de Rhydon o luego de ver a aquella Ariados que saltaba de árbol en árbol como si estuviese de casería fortuita.

Al voltear a ver más adelante, allí estaba la chica a la orilla del arroyo. Estaba actuando raro, levantaba una pierna mientras se sostenía en otra, y sus brazos los extendía uno delante y otro detrás suyo, para luego cambiar su postura, pues ahora tenía las piernas juntas, un brazo semi estirado hacía arriba y el otro hacia un lado. Era extraño.

Hace pocos días que Buneary estaba junto a la chica de cabello azul, desde que ella decidió capturarla. No se quejaba, la chica la cuidaba muy bien, la aseaba y le daba de comer, además que se sentía a salvo estando en aquel grupo. Era mucho mejor que seguir en el bosque donde ensuciaba el algodón de su cuerpo cada vez que estaba entre los arbustos o llovía, donde debía buscar su comida o debía escapar para evitar se la comida de algo más. Pero a pesar de sentirse cómoda junto a ella, todavía no comprendía su comportamiento del todo, pues no le cabía duda que era amable, pero en ocasiones, como en esa, hacía cosas muy extrañas y/o ridículas.

La Pokémon saltarina volvió a entrar a la tienda.

"Bu. Buneary"

Llamó para levantar al Pikachu mientras lo movía con suavidad. Este se despertó y preguntó que ocurría, desconcertado pues lo levantaron de inmediato. Sin decirle nada, Buneary saltó hacía Piplup para levantarlo.

"Bun Bun"

Pero Piplup no le hizo caso, al contrario, agitó su ala para insinuar a Buneary que se alejase, se acurrucó y siguió durmiendo. Enojada, Buneary usó sus dos orejas para golpearlo en la cabeza, esto hizo que el Pokémon se levantase de golpe pero de muy mal humor.

"¡Pi Piplup!"

Dijo el pingüino exalta y exigiendo una explicación de porque lo despertaron con golpes.

"Bun Bun. Buneary"

Buneary tomó la aleta de Piplup y lo jaló hasta salir de la tienda. Pikachu los vio salir, y lentamente los siguió mientras bostezaba. Pero fue cundo entró Buneary con mirada molesta, probablemente fue a buscarlo. Al pensar que igual podía golpearlo, se sobresaltó por un momento y después salió de la tienda para complacer a la Pokémon hembra.

Afuera, Buneary señaló a la chica a orilla del arroyo, moviendo sus brazos de un lado a otro y sus piernas igual, hasta que se detuvo por completo, y solo se quedó de pie frente al arroyo. Esto extrañó a los Pokémon, pues habían estado junto a ella durante un tiempo y era la primera vez que se comportaba así.

"Bun, Bun"

Pikachu y Piplup voltearon a ver a Buneary, ella intentaba despertar a Rhydon pero era inútil, cada que lo golpeaba en la cara para levantarlo, él solo terminaba rascándose como si un insecto lo haya picado. Igual intentó levantar a Ponyta, ella quería que todos se levantaran y mostraran interés y preocupación por la coordinadora, pero Ponyta solo la ignoró.

La roedora estaba enojada con los Pokémon más grandes, pero estaba tan concentrada en ello que no se fijó del Pokémon que se iba acercando a ella lentamente.

"Ari"

Al escuchar el gruñido, Buneary volteó a ver detrás suyo, solo para ver la escalofriante cara malhumorada que la miraba tan amenazante, y aquellos dientes afilados que se abrían para darle un fuerte mordisco. Se sobresaltó y dio un gritillo atemorizada, pero luego se vieron dos grandes glóbulos amarillos al lado de los dientes, era Ariados quien había bajado de la copa del árbol y había dado un bostezo detrás de ella. Buneary quedó más aliviada, solo le hubiese gustado haber sido capturada por una entrenadora no hubiese tenido a un Pokémon que pudiese comerla.

Dawn ya estaba más tranquila. No sabía porque comenzó a hacer eso, pero sin duda había funcionado para calmar su ansiedad. Ahora, se había detenido para respirar un poco, luego sonrió—eso fue divertido— se dijo a si misma seguido de una pequeña risita. Sin duda podría volver a hacerlo cuando se sintiese nerviosa, de nuevo.

La chica tuvo el presentimiento que alguien se acercaba a ella. La noche era silenciosa, por lo que no fue difícil escuchar los pequeños pasos de varios seres que se acercaban a ella. Había escuchado historias de pequeños duendecillos de color rosa que disfrutaban de hacer travesura, pero esos seres no se encontraban en Sinnoh. Por lo que, lo más seguro, eran Pokémon de pequeño tamaño.

Al voltear, vio a sus amigos acercarse a ella, o más bien solo vio a cuatro de ellos.

—chicos. ¿los levanté? —

Los cuatro Pokémon hablaron con ella. Aunque los cuatro hablaron al mismo tiempo, Dawn entendió que pudiesen haber estado preocupados al despertar y no verla en su tienda.

—no se preocupen por mi. Estoy bien. Solo salí a refrescarme— les dijo con una sonrisa, pero después se dio cuenta del error que cometió— un momento… ¿acaso vieron lo que hice? — y ante la pregunta, los Pokémon asintieron— no, no, no, no— se apresuró en decir con desesperación mientras agitaba sus manos frente a ella moviéndolas de lado a lado— eso no lo hago nunca. Solo quise intentar unos nuevos pasos para la presentación— claramente, ningún Pokémon le creyó.

Dawn se puso a pensar en sus pequeños amigos, todos ellos parecían apreciarla y preocuparse por ella, y sobretodo porque sabían que el día de mañana era un día muy importante. Tres de ellos vieron su derrota en el último concurso, y esos tres vieron que tan triste y frustrada estuvo, y por lo menos dos de ellos no quería volver a pasar por eso.

La joven coordinadora se agachó para ponerse a su nivel— ¿ustedes también quieren que inicie el concurso Pokémon de mañana? —

Todos asintieron a su pregunta, incluso lo hizo Pikachu, el único de los cuatro que no se enfocaba en ellos, pero Dawn supuso que quería que el concurso terminara para ir por el siguiente gimnasio Pokémon.

—yo también. Estoy segura que este será completamente diferente al otro, ¿saben por qué? —sus Pokémon parecían querer oír su respuesta— porque hemos entrenado mucho, a diferencia de la otra vez. Hemos practicado la presentación, y ahora tenemos una mejor idea de cómo dar una buena batalla. Esta vez no nos tomaran por sorpresa—

La joven coordinadora posó sus manos sobre Piplup y sobre Ariados, y estos la mirados con incredulidad. Piplup era adorable donde quiera que se le viese, y Ariados, aunque luzca atemorizante, había terminado acostumbrándose a ella y a notar su bello comportamiento al abandonar sus instintos de cazadora con tal de adaptarse a su nueva vida rodeada de seres que podrían ser su cena. ¿Quién le hubiese dicho que un Pokémon como Ariados podía ser incluso linda?

—y ustedes chicos, serán las estrellas del show de mañana. Perdimos juntos una vez, pero esta vez triunfaremos, se los prometo—

Sus Pokémon dieron un gritillo con entusiasmo, estaban tan emocionados como ella para su nueva presentación. Ellos habían insistido en ser quienes se presentaran en el concurso, y no era de extrañar que lo hicieran, fueron sus primeros dos Pokémon y los únicos con los que contaba cuando participó en el concurso de ciudad Jubileo (tomando en cuenta que Pikachu no es su Pokémon como tal, por lo tanto no participa en los concursos), por lo que ahora que contaba con su equipo completo, ellos pudieron haber sentido que ella pudo haber elegido a uno de sus otros Pokémon para el concurso, pero eso no sería así.

Dawn no fue la única en sentirse decepcionada por la derrota en su primer concurso, pudo sentir como Piplup y Ariados igual lo estuvieron, pero así como ella se culpó a si misma por no haber tenido un mejor desempeño, ellos se culparon por no haber sido más agiles. Ellos son sus amigos, y lo ultimo que quisiera para ellos es que se entristecieran por ella, por eso debía ganar este siguiente concurso junto a ellos, para sentir el sabor de la victoria juntos.

La joven se sintió aliviada de saber que contaba con el apoyo de sus amigos. No podía perder el día de mañana, no solo para cumplir su sueño de ser una gran coordinadora, sino igual para no volver a decepcionarlos a ellos.

La coordinadora volteó a mirar a la luna sobre ella. Era luna llena y debía estar muy cerca de la tierra pues se veía de gran tamaño— es muy hermosa esta noche. ¿No lo creen? — dijo, y los Pokémon asintieron afirmativamente— ¿saben? En momentos como estos, me gustaría pedirle un deseo y esperando que se haga realidad— sus Pokémon la miraron extrañados— lo sé, suena infantil, pero quisiera creer que es cierto, así le pediría ganar el concurso de mañana—

Todos se quedaron mirando el satélite fijamente, sin pensar que lo que Dawn dijo podía volverse realidad.

De un momento a otro, un objeto pasó volando a gran velocidad frente a la Luna. Pasó del lado izquierdo al derecho de un momento a otro. El objeto se vio pequeño, por lo que pudo haber estado muy lejos de ellos. De no haber estado atenta a la luna, nunca lo hubiese visto.

Dawn se sorprendió al ver a aquel objeto, tanta fue su sorpresa que se levantó de golpe—¿vieron eso? —preguntó a sus Pokémon— por favor, díganme que si y que no me estoy volviendo loca—

Sus Pokémon asintieron, todos lo habían visto y estaban extrañados por eso.

—¿Qué habrá sido? ¿un Pokémon? ¿un O.V.N.I.? — se preguntaba la joven, pero sus dudas aumentaron cuando el objeto volvió a pasar en una trayectoria contraria a cuando pasó por primera vez. Ahora, se veía más grande, como si se hubiese acercado más.

Todos quedaron mirando al cielo, impresionados y consternados. Hasta que escucharon un gritillo prolongado y acompañado de una especie de campanillas.

—parece… como si estuviese cerca—

No dejaron de mirar hacía arriba suyo, y fue cuando vieron al mismo objeto pasar a toda velocidad sobre ellos, quizá a diez metros, no tan cerca como para identificar de que se trataba, pero si lo suficiente como para intuir que iba a descender pronto.

—¡En definitiva es un Pokémon! — gritó Dawn mientras señalaba el cielo.

Aquello que volaba sobre ellos iba contra la corriente. Si pretendía descender lo haría pronto.

—¡Vamos! ¡Síganme! — dijo la chica a sus Pokémon mientras comenzó a correr en dirección a aquello.

Dawn no titubeó al momento de seguir a aquello que pensaba era un Pokémon, de hecho ni siquiera sabía porque le urgió el seguirlo. Pero le quedó la intriga de lo que pudiese ser, y aunque podía ser riesgoso (pues recordaba que fue así como terminó en la vieja mansión y apunto de perder a todos sus Pokémon) ella quería descubrir lo que sea que fuese. Su sentido de la aventura era mucho mayor que su sentido común.

Aquello que volaba fue descendiendo hasta llegar a un claro escondido entre árboles y arbustos. Se escuchó aquel gritillo, nuevamente, probablemente se detuvo y quedó en aquel claro.

Dawn llegó al lugar. No podía ver pues los arbustos bloqueaban su visión hacia dentro el claro. Sus Pokémon llegaron detrás de ella, junto a un gran escandalo que hacía, a lo que la chica los silenció a todos colocando su dedo índice frente a sus labios.

—guarden silencio, no vayan a espantarlo—

Una vez que sus amigos Pokémon se tranquilizaron, se mostraban confundidos por su reacción, a lo que la chica señaló hacía los arbustos y susurró— está allí detrás—

Buneary fue la primera en acercarse a los arbustos, había pasado toda su vida en un bosque completamente oscuro, sabía como cruzar un arbusto y pasar desapercibida, así era como evitaba a los depredadores. Comenzó a remover algunas ramas y hojas del arbusto, y se hizo paso entre ellos hasta que su cuerpo entero desapareció en el arbusto.

Piplup quiso hacer lo mismo, pero le costaba mucho más que a Buneary el poder remover las remas, sus aletas carecían de dedos que pudiesen ayudarle en acciones como esa. Al ver que su emplumado amigo no podía abrirse paso entre el arbusto, Pikachu decidió ayudarlo aunque igual iba con una mayor lentitud que Buneary. Por último, Ariados, quien decidió subir a la copa del árbol a como estaba acostumbrada, Dawn solo deseaba que no le diese un susto de muerte a quien quiera que estuviese en el claro.

Dawn hizo lo mismo que Buneary y apartó algunas ramas y hojas de los arbustos para hacerse espacio y mirar del otro lado. Solo asomó su rostro, lo único que quería era satisfacer su curiosidad y saber que había allí, no quería ser vista por lo que sea que fuera. Pero quedó muy sorprendida al mirar a un Pokémon con cuerpo de un ave de gran tamaño, su plumaje era brillante, de color azul en su lomo y amarillo en su vientre. Su cuello era largo y su cabeza constituida por su rostro, uno muy pequeño con una puntiaguda nariz, y dos medialunas hecha de plumas sobre su cabeza.

—esa es… es un Cresselia— Dawn estaba frente el legendario Pokémon, representante de la luna en la tierra.

El Pokémon estaba acicalando su ala derecha con la punta de su nariz. Aquellas alas que parecían anillos rosas soltaban polvo de brillos mientras se movía. No parecía estar fija al suelo, al contrario, estaba flotando con un espacio de diez centímetros separada del suelo. La Pokémon legendario no se había percatado que estaba siendo observado a escondidas.

Dawn quedó maravillada, jamás creyó que llegaría a ver un Pokémon como ese en su viaje por Sinnoh. Cada que se mencionaba a Cresselia, la mayor parte del tiempo se decía que aparecía en los sueños cuando las personas eran asediadas por una terrible pesadilla, pero casi no se hablaba de ver a Cresselia en persona. ¿o acaso estaba soñando? Si ese era el caso, no importaba, quería permanecer así observando a tan majestuoso Pokémon.

"Pika"

"Bun bun"

"Piplup"

Los Pokémon igual se escuchaban maravillados por ver a Cresselia, pero al escucharlos, Dawn volvió a silenciarlos— guarden silencio. No vayan a espantarla— al voltear a voltear a ver a Cresselia, y se sorprendió al ver que el Pokémon estaba volteando a ver a su dirección.

Dawn quedó inmóvil al notar que la estaba mirando a ella directamente. Pero a pesar que Cresselia ya había notado su presencia, ella no se movió, ni exclamó ningún tipo de sonido que indicara molestia. Solo mantenía el contacto visual con la joven chica.

La chica no entendía porque motivo la Cresselia no hacía ningún movimiento. Pero, casi inmediatamente, relacionó su aparición con el deseo que le pediría a la luna, pues ella quisiera pedir un deseo, y Cresselia podía ser aquello que pudiese cumplirlo.

Dawn salió de entre los arbustos con suavidad, esperaba a que Cresselia no se espantara por su acción y volase lejos. Sus Pokémon la siguieron. Todos se quedaron a la distancia, no se acercaban al Pokémon legendario.

—¿Qué le digo? — se preguntó la coordinadora— ¿entenderá lo que le digo? —

Dawn no podía sacar de sus pensamientos la idea de pedir un deseo, por eso tenía la esperanza que Cresselia pudiese escucharlo y quizá hacerlo realidad, aunque la chica no tenía la certeza que el Pokémon pudiese hacer eso, pero iba a tomar el riesgo, después de todo, no había nadie más que la viese hacer el ridículo tratando de conversar con un Pokémon.

Cresselia seguía sin moverse, casi como una estatua, así que Dawn decidió hablarle.

—ah… Cresselia… soy… yo soy…—

Algo se escuchó moviéndose entre los arbustos. Este sonido llamó la atención de Dawn, sus Pokémon e incluso de Cresselia quien volteó a ver detrás suyo.

"¡Pachi!"

De entre los arbustos salió corriendo un Pokémon de pequeño tamaño, quizá del mismo tamaño que Pikachu. De color blanco con una franja azul en el lomo, con una larga cola esponjosa.

"¡Pachi Pachi!"

El Pokémon era un Pachirisu. Dawn lo conocía pues, cuando estaba en la guardería, algunos niños gustaban de perseguir este tipo de Pokémon tan traviesos. Este en particular estaba corriendo sobre sus cuatro patas y con mucha energía. Rodeó a Cresselia y corrió a su alrededor.

Cresselia debió haberse sentido amenazada por la pequeña criatura, pues comenzó a sonar atemorizada. De pronto se elevó para alejarse de él, pero el Pachirisu comenzó a saltar esperando alcanzarla.

—¡No! ¡Espera! —

Dawn comenzó a correr hacía Cresselia, pero esta se elevó más y más hasta comenzar a alejarse del claro, pronto se perdió entre los árboles.

—¡No te vayas! ¡Quiero pedirte algo! —

Se había ido, el Pokémon lunar y su deseo se habían ido, gracias a un Pokémon que quiso hacerse el gracioso. Decir que estaba molesta era poco, estaba enojada y había un culpable.

—¡Esta vez si me enojé! ¡Voy a atraparte y a despellejarte! —

Dawn quería tener entre sus manos a aquel pequeño roedor, así que comenzó a perseguirlo pero él era muy rápido. Pero mientras que ella parecía una fiera tratando de atrapar a su presa, Pachirisu solo se reía como si se estuviera divirtiendo con ella.

—¡No me dejen sola! ¡Ataquen! ¡hagan algo! — Dawn nunca había hablado así a sus Pokémon, pero quería atrapar a aquel Pachirisu a toda costa que no le importó darles una orden con estrepito a sus amigos. Quería darle un castigo a aquel Pokémon que ahuyentó al Pokémon legendario.

Piplup usó burbujas, pero falló. Estuvo siguiendo a Pachirisu con el ataque pero ni una sola burbuja lo alcanzó. El enérgico Pokémon era muy rápido. Buneary también saltó hacia Pachirisu con tal de golpearlo con ataque rápido, pero tampoco lo alcanzó. Pero Pikachu igual atacó usando impactrueno.

A pesar de no ser su Pokémon, el roedor amarillo siguió la orden, repentina e impulsada por una emoción, de la chica. Pero incluso, su propia acción fue extraña para el Pikachu pues casi no tendía a obedecer las ordenes de Dawn cuando estaban fuera de un campo de batalla, si ella se metía en problemas no intervenía, pero esta vez lo hizo porque al escucharla fue de una manera tan natural como solo un entrenador lo podría hacer, y era natural que él la auxiliara con eso.

Lamentablemente, a pesar que el ataque de Pikachu fue poderoso y alcanzó al Pachirisu, este no causó daño más allá de un pequeño mareo para el roedor. Pero, una vez que dejó que se recuperó, el Pachirisu solo saltó de entusiasmo como si el rayo le hubiese causado un cosquilleo, así que decidió devolver el ataque a Pikachu como si fuese un juego.

Algunas chispas aparecieron en las mejillas de Pachirisu, eran azules a diferencia de las chispas de Pikachu, y fue allí que Dawn recordó que Pachirisu era un Pokémon tipo eléctrico.

—ay no. ¡Cúbranse! — gritó la chica mientras se tiraba al suelo cubriendo su cabeza. Pero ninguno de sus Pokémon la siguió.

Del cuerpo de Pachirisu salieron rayos eléctricos, pero estos no tenían dirección, así que salieron hacia todas partes del claro. Algunos cayeron frente a Pikachu, otros cayeron cerca de Buneary y Piplup, y esto los espantó pues podían ser golpeados por los rayos. Rápidamente los dos Pokémon de Dawn salieron corriendo y se dirigieron al lado de su entrenadora para tirarse al suelo y cubrirse así como ella.

Pachirisu se mostró emocionado cuando terminó de lanzar su ataque, y daba brincos de emoción como si hubiese sido el vencedor de un juego. Sin que nadie intente atacarlo, Pachirisu volvió a correr y esta vez subió a un árbol cercano, donde se perdió al llegar a la copa de este.

Dawn alzó la cabeza, una vez que sintió que no corría peligro— ¿ya acabó? — y el único que le respondió fue Pikachu. No había nada en el campo, a excepción del Pokémon de Ash Ketchum, y al buscar a sus Pokémon los encontró al lado suyo temblando y cubriéndose así como ella.

—ya. Ya se fue— dijo a sus amigos para que estos se levantaran, así como ella.

Fue decepcionante que Cresselia se haya ido, espantada por un Pokémon salvaje y con hiperactividad. Pero antes que pudiese lamentarse, Buneary llamó su atención luego de notar algo. Al voltear a ver a su Pokémon hembra, ella estaba justo donde Cresselia estuvo antes, y a su lado había algo que brillaba. Piplup y Pikachu igual se acercaron para ver que era aquella que brillaba y llamaba la atención de Buneary.

Dawn se acercó, aquello era una pluma perfectamente lisa, la mitad de ella, la mitad de la base, era de un color amarillo pálido y la otra mitad, la de la punta, era color verde fosforescente.

—¿Es una pluma? Será… ¿Se habrá caído de Cresselia? —

Dawn tomó la pluma. Ya no brillaba, seguramente porque ya no estaba pegada a la fuente del brillo, pero aún así se veía muy linda.

Dawn volvió a quedar sorprendida—¿saben que significa esto? — sus Pokémon negaron con la cabeza— esto es una pluma lunar. Se dice que, cuando Cresselia suelta una pluma de estas, te protege de pesadillas y da fortuna en tu camino—

Una sonrisa volvió a aparecer en el rostro de Dawn. Aquel objeto significaban buenas noticias y daba nuevas ilusiones a la chica. Quizá no haya podido pedir un deseo, pero esto es lo más cercano a eso. La esperanza de formar un camino recto hacia su meta volvía a surgir dentro de la joven chica.

—esto es fantástico. Es como… como un amuleto de buena suerte—

Dawn bostezó, pareciera que el sueño finalmente comenzaba a dominarla ahora que estaba más relajada.

—vamos chicos, debemos volver a dormir— dijo, un poco más soñolienta. Sus Pokémon asintieron, y después volteó a ver a la copa del árbol donde Ariados había subido— ¡baja Ariados! ¡Volvamos al campamento! —

"¡Pachi!"

En la copa del árbol volvió a escucharse el sonido hecho por aquel Pachirisu de hace rato, seguido del sonido de Ariados. De pronto, se escuchó y se vieron rayos eléctricos salir de aquel punto en la copa del árbol donde estaban.

—¡Ariados! ¿Estás bien? — preguntó Dawn preocupada y espantada por su amiga arácnida.

Ariados cayó estrepitosamente de la copa del árbol. Sobre su lomo y con las patas hacía arriba y contraídas. Estaba inconsciente.

—¡Ariados! — Dawn corrió hacia su Pokémon y sus amigos igual lo hicieron— ¿Qué pasó? ¿estás bien? —

En la copa del árbol volvió a escucharse el chillido alegre de Pachirisu, y con eso quedaron respondidas las preguntas de Dawn. Era evidente que aquel Pachirisu atacó a Ariados, probablemente por diversión, o quizá se defendía del intento de Ariados por querer comerlo, pero no cambiaba el hecho que la hirió.

Enojada por haber dañado a su amiga, profirió contra el Pokémon eléctrico —¡Ay! ¡Voy a arrancarle la cola a ese Pachirisu! —