Después de siete años, lo normal hubiera sido haberse acostumbrado al tiempo de Escocia. Los pocos días realmente cálidos del año solían darse en julio y agosto, pero la tregua duraba muy poco y el frío regresaba junto con el inicio del curso. Aquel año no era diferente. Hermione avanzaba por la estación de King's Cross arrastrando su baúl, que había conseguido hechizar para aumentar su capacidad y aligerar su peso. Haber cumplido la mayoría de edad y poder hacer magia fuera de Hogwarts le estaba resultado bastante útil.

Se detuvo para cerrarse el último botón de la gabardina, pues una corriente de aire frío se colaba a través de la pequeña rendija en su cuello. Justo en ese instante recibió un empujón que la hizo tener que dar un par de pasos hacia delante para recuperar el equilibrio, y alzó la cabeza para encontrarse con unos ojos grises mirándola con una sonrisa altiva. La chica puso una mueca de asco y apartó la mirada de Draco Malfoy, que siguió andando con su característica postura estirada. Hermione sabía por la edición semanal del Profeta que recibía durante el verano que Lucius Malfoy estaba en Azkaban, y posiblemente ese año su hijito querido tendría mucho que demostar. Sí, definitivamente había cosas que nunca cambiaban.

Hermione sonrió y negó con la cabeza. No dejaría que aquel niñato consentido le arruinara el inicio del curso, que tanto tiempo llevaba esperando. Además, estaba muy emocionada, porque hacía un par de semanas había recibido una carta en la que se le comunicaba que por su excelente rendimiento escolar, había sido elegida como "Premio Anual", lo que le permitía vivir aquel séptimo año en la Torre de los "Premios Anuales", que cada año era ocupada por los dos mejore alumnos del último curso. Nunca había estado en persona, pero había oído mucho sobre aquel ala misteriosa del castillo, pues al resto de alumnos les encantaba cotillear sobre eso. Sabía que la torre contaba con una sala común, un baño tan inmenso como el de los Prefectos y dos habitaciones, una para cada habitante. Aunque el recibir la noticia de que era un Premio Anual le hizo mucha ilusión, le daba pena dejar la torre de Gryffindor y a Ron y Harry, por lo que había tenido que reflexionar bastante acerca de la decisión que tomaría. Sin embargo, finalmente decidió aceptar el puesto, sabiendo que podría acudir a la sala de Gryffindor siempre que quisiera. Aquel año tenía los Éxtasis, y le vendría muy bien vivir en una zona apartada y privada para concentrarse en sus estudios.

Solo había una cosa que la inquietaba: quién sería su compañero de torre. Le había dado muchas vueltas, y creía casi a ciencia cierta que el segundo mejor del curso era Terry Boot, un Ravenclaw con el que Hermione había hecho buenas migas desde el primer año en Hogwarts. No podía negar que, además de inteligente y simpático, Terry siempre le había resultado atractivo, y la idea de compartir residencia con él durante un año entero le resultaba ideal. Al fin y al cabo, ¿quién sabe?

Perdida en estas cavilaciones no fue consciente de los pasos sigilosos que se le acercaban por la espalda hasta que tuvo a sus dos mejores amigos encima. Soltó un grito de sorpresa y se volvió riéndose para abrazarlos.

- ¡Cuánto os he echado de menos! - fue consciente de que Ron la abrazó un par de segundos más de lo necesario, aunque intentó obviar este detalle y se apartó para observarlos unos pasos - ¡No me lo puedo creer, habéis vuelto a crecer! ¿Es que nunca vais a dejar de hacerlo?

Harry sonrió y se puso de puntillas.

- Agradezco tus cumplidos Hermione, pero creo que dejé de crecer hace como tres años. Ron es el que cada vez es más alto.

- Con seis hermanos, en algo tendré que destacar, ¿no? - el pelirrojo lanzaba miradas de reojo a Hermione, sin poder evitar fijarse en lo bien que le había sentado el verano. Se había dejado crecer el pelo y la maraña de rizos le caía ordenada hasta la mitad de la espalda, y el sol de verano le confería unas pecas muy graciosas a su nariz.

- ¿Tus padres no han venido? - la voz de Harry sacó a Ron se sus cavilaciones.

Hermione torció el gesto.

- No, bueno. Hablé con Remus y pensamos que lo mejor sería venir sola este año. Ya sabéis, la cosa se está poniendo bastante tensa ahí fuera, y lo mejor es que los muggles no se dejen ver mucho por el mundo mágico - calló durante unos segundos -. Mi madre se pegó todo el día de ayer llorando. No entienden bien la situación, ¿sabéis? Es decir, no puedo contarles toda la verdad, porque no me dejarían volver de ninguna manera. Pero saben que algo grave está pasando, y no poder acompañarme hoy ha sido la guinda del pastel.

Harry le pasó el brazo por los hombros y Ron se metió las manos en los bolsillos. Sí, entendía perfectamente a Hermione. Su familia y él llevaban todo el verano esforzándose al máximo por proteger la Madriguera tanto como fuera posible, y era muy duro ver salir a su padre de casa y dudar si regresaría por la noche.

- Lo siento, mejor hablaremos solo de cosas felices hoy, ¿qué os parece? - Hermione se esforzó por sonreír -. Al fin y al cabo, es el primer día de nuestro último curso. Tenemos que disfrutarlo.


Ron acabó de narrar la última aventura de Fred y George y, cuando sus amigos se recuperaron de las risas, Ginny se puso en pie.

- Voy a buscar a Dean, supongo que estará en el último vagón. Luego nos vemos - Hermione asintió con la cabeza, y Harry y Ron esperaron a que la chica hubiera cerrado la puerta a sus espaldas para quejarse.

- No me apetece compartir habitación con el novio de mi hermana - Ron se cruzó de brazos y se apoyó contra la ventana.

- Vamos Ron, llevas viviendo con Dean seis años. Que ahora esté saliendo con tu hermana no cambia nada - los chicos fruncieron el ceño -. Eh, cambiad esa cara. Ginny tiene 16 años, es lo suficientemente mayor para tomar decisiones por sí sola sin necesidad de que sus hermanos...

- Yo no soy su hermano - el tono de Harry fue demasiado cortante, y Hermione no pudo evitar dirigirle una mirada curiosa. Había respondido aquello demasiado rápido.

- Bueno Harry, ya me entiendes - el moreno relajó el semblante -. Además, Ginny os respeta. No es que vaya a dormir en vuestra habitación si...

- ¡Ginny no va a dormir ni en nuestra habitación ni en la de nadie! ¡Va a dormir sola! - las orejas de Ron se habían sonrojado y Hermione no pudo evitar una sonrisa.

- Está bien, cambiemos de tema. Pero dejad en paz a Ginny, hacedme el favor.

Un silencio breve siguió a aquello, y la chica tomó aire y se preparó para soltar la noticia que tanto había estado guardando, a sabiendas de que a sus amigos no les haría gracia.

- Escuchad... Tengo algo que contaros - aguardó hasta que los chicos la miraron -. Hace unas semanas recibí una carta. Me han elegido como una de los Premios Anuales.

- ¡Eso es genial, Hermione! Eso confirma que eres la más lista de las más listas. Además, podrás vivir en la torre de... - Harry guardó silencio al darse cuenta de lo que aquello suponía -. ¿Vas a vivir en la torre de los Premios Anuales?

- ¿En nuestro último año? - secundó Ron, que había llegado a la misma conclusión -. ¿Y cuándo pensabas contárnoslo?

Hermione se mordió el labio.

- Es solo que me daba miedo cómo reaccionaríais. No quiero que penséis que os estoy dando de lado, pero pensé que sería una buena oportunidad para concentrarme. Además - añadió viendo que a sus amigos seguía sin convencerles la idea -. Podré ir a veros siempre que quiera, y vosotros podréis venir. Y seguiremos comiendo y yendo a clases juntos. Nada cambiará.

- No estaremos juntos - Ron seguía con el ceño fruncido, y se ganó un codazo de Harry.

- Hermione tiene razón. Es una muy buena noticia y tienes que estar orgullosa. ¿Sabes quién es el otro Premio Anual?

- No lo sé a ciencia cierta, pero creo que podría ser Terry Boot - el ceño de Ron se frunció todavía más.

- ¿Y Hannah Abbot? - sugirió Harry tratando de calmar a su amigo.

- Sí, también se me había ocurrido. Estoy deseando descubrir quién es.

- Pues pronto lo harás - intervino de pronto el pelirrojo, a la vez que la silueta del castillo mágico empezaba a perfilarse a lo lejos a través de la ventana.


Los chicos se sentaron en la mesa de Gryffindor y miraron alrededor con ilusión. Sabían que era el último año que vivían aquello, la última vez que presenciaban una selección, y un inicio de curso. Echaban la vista atrás y les parecía mentira que ya hubieran pasado seis años desde aquel día en que desfilaron entre las mesas, nerviosos y asustados, y se sentaron en el taburete delante de todo el mundo para que el Sombrero Seleccionador decidiera su destino. Seis años llenos de aventuras y peligro, de nuevas amistades, de clases, de risas, de partidos de Quidditch, de amores fallidos, de anécdotas. Seis años llenos también de peligro. Las grandes puertas de roble se abrieron y dieron paso a la profesora McGonagall, que fue recibida con una salva de aplausos mientras se encaminaba seguida de una fila de niños que alzaban las cabezas maravillados, para contemplar el techo mágico del Gran Comedor.

- ¿No son muchos, no? - comentó Neville.

Ron negó con la cabeza.

- He oído que hay familias que han preferido mandar a sus hijos a otros colegios este año. A Ilvermorny y Beauxbatons sobre todo.

- La gente no confía en Dumbledore.

- Están asustados - intervino Harry, mirando hacia el director y notando como este le devolvía la mirada durante una fracción de segundo -. Y los artículos del Profeta y las intervenciones del Ministro no hacen más que empeorar la situación. Son incapaces de admitir que algo va mal, lo negarán hasta que tengan a Voldemort apuntándoles con la varita.

- Harry.

- Sabes que tengo razón Hermione. Nadie sabe qué está ocurriendo realmente. Pero es una tontería que los padres saquen a sus hijos de Hogwarts. Es el lugar más seguro en el que podrían estar.

- Claro - intervino Dean -. Solo hay mortífagos entre los alumnos de Slytherin y peligros mortales en el colegio.

- Tú no sabes nada de eso Dean - lo cortó Harry.

- Sé las historias que tú nos has contado año tras año. El perro de tres cabezas en primero, el basilisco en segundo. ¿Quieres que siga?

Ginny agarró con suavidad la mano de su novio.

- Ya vale chicos. No conseguiremos nada peleándonos entre nosotros - suspiró -. Este año es cuando tenemos que estar unidos. Más que nunca.

En ese instante Dumbledore se levantó y tras unos golpes en su copa que inundaron el comedor de silencio, comenzó a hablar:

- Bienvenidos a todos, tanto a los viejos como a los nuevos alumnos. No quiero quitaros mucho tiempo de vuestro descanso, así que me dedicaré a deciros que los artículos de broma de "Sortilegios Weasley" quedan totalmente prohibidos, - tras esto, muchas risas resonaron por la amplia sala - al igual que las incursiones en el Bosque Prohibido y vagar por el castillo después de la hora que vuestro curso establezca. Los únicos autorizados son los Prefectos y los Premios Anuales. Si queréis formar parte del equipo de Quidditch de vuestra casa, deberías comunicárselo durante la próxima semana al entrenador del mismo o al jefe de vuestra casa. Y para terminar, advertiros de que son tiempos oscuros los que vivimos y en estos momentos, es necesario mantenernos unidos si queremos vencer. Queda prohibido salir de los muros del colegio, lo que implicará una expulsión inmediata. Eso, si es que conseguís esquivar todos los encantamientos y lograr salir, cosa que dudo - guardó silencio unos instantes -. El mal acecha, pero en medio de toda la neblina, Hogwarts es una bombilla que logrará lucir si todos lo intentamos. Y ahora, un fuerte aplauso y que dé comienzo a la ceremonia de Selección.


Al salir del comedor, la profesora McGonagall llamó a Hermione a su despacho. Al entrar, la chica tomó asiento y esperó a que su jefa de casa comenzara a hablar.

- Buenas noches, señorita Granger. Espero que haya pasado un buen verano.

- Un verano excelente profesora – respondió la joven con una sonrisa. La profesora McGonagall le caía muy bien, y sabía que el cariño era mutuo.

- Supongo que imaginará por qué la he llamado - Hermione asintió -. Como ya sabe, ha sido nombrada "Premio Anual", así que este año va a residir en la torre de los Premios Anuales. Esta torre goza de algún que otro lujo, todos sin duda merecidos por su esfuerzo desde que entró en el colegio - añadió McGonagall, haciendo que Hermione se ruborizara - También sabrá que compartirá habitación con otro alumno de séptimo - la profesora levantó la mano viendo que la chica iba a preguntarle algo -. Sí, supongo que querrá saber quién es ese alumno y me temo que no puedo decírselo. No porque no quiera - la mujer rodó los ojos -. Sino porque Dumbledore ha decidido guardarlo en secreto este año. Cosas de nuestro director, ya sabe. De todas formas, no tendrá que esperar mucho más para descubrirlo. La llevaré ahora mismo hasta allí.

Hermione no pudo evitar sentirse nerviosa. Mientras subía tramo tras tramo de escalera tras la profesora, intentaba llegar a una conclusión. Sí, Dumbledore tenía sus manías, pero si ese año era el único que no había revelado quiénes eran los Premios Anuales, quería decir que su compañero de torre no iba a ser alguien cualquiera. ¿Y si no había nadie? ¿Y si la otra persona había rechazado la oportunidad? Pero eso no tenía sentido. ¿Y si...? Apartó aquel pensamiento de su mente. No creía que el director se hubiera guardado el secreto porque su compañero fuera alguien con quien Hermione fuera a llevarse mal, porque tenía buena relación con casi todos sus compañeros de curso. Con todos excepto con los Slytherins, claro. Un escalofrío le recorrió la espalda. Estaba empezando a tener un mal presentimiento.

Apenas se dio cuenta de que estaban llegando hasta que pasaron el aula de Astronomía. Aquel ala del castillo estaba en silencio, y lo único que se oía era el eco de sus pisadas a través de los pasillos de piedra. Finalmente, llegaron ante un retrato de los fundadores de Hogwarts, que discutían acaloradamente en torno a una mesa en el fondo de la imagen.

- La contraseña es "unión". – Dijo McGonagall tanto a la joven como a los integrantes de la pintura, que se desplazó para dar lugar a una majestuosa puerta que la profesora abrió sin necesidad de ninguna llave. Tras esto, invitó a la castaña a entrar a la Sala Común de la torre.

Hermione no pudo evitar soltar un suspiro de admiración al entrar en la estancia. Era espléndida, decorada con los colores de las cuatro casas y el emblema de Hogwarts en la pared. Le recordaba a la Sala Común de Gryffindor, pero el tamaño era adecuado para dos personas, y el ambiente mucho más recogido y personal. Un par de mesas de diferentes tamaños, desde escritorios dedicados al estudio hasta mesas con tableros de ajedrez y teteras presidían la estancia principal. A mano derecha tres escaleras descendían hasta un pequeño espacio, con una chimenea en la que ardía perezosamente un fuego, un largo sillón blanco y dos sofás negros más pequeños a ambos lados, acompañado todo por una mesita baja. Y al fondo de la sala, en lo alto, había dos puertas de madera, a las que se llegaba por sendas escaleras que nacían desde la derecha y la izquierda. Por último, una puerta entreabierta a la izquierda dejaba entrever lo que suponía era el baño.

- Es preciosa.

- Está especialmente pensada para ofrecerle comodidad y tranquilidad. Este año tendrá que estudiar mucho para los Éxtasis, aunque estoy segura de que se organizará de maravilla.

La puerta abriéndose a sus espaldas detuvo la conversación, y cuando las mujeres se giraron para recibir a los recién llegados un silencio sepulcral inundó la estancia.

- Ni de broma.

Draco Malfoy no fue capaz de articular palabra. En su lugar, se giró y apuntó a Snape con un dedo amenazador.

- No voy a compartir torre con... - la miró con asco - Ella.

- Estás a tiempo de echarte atrás, Malfoy.

- Debes ser idiota si piensas que voy a dejarte todo esto a ti sola.

- Señorito Malfoy, controle su boca - la profesora se había puesto tan tensa como Hermione al ver al rubio, y no paraba de dirigir miradas nerviosas de uno a otro -. ¿Podemos hablar un momento, Severus? - Snape asintió y ambos abandonaron la estancia.

Un silencio sepulcral inundó la sala.

- No pienso vivir con una sangre sucia. No he tenido que hacerlo en seis años, y no voy a hacerlo ahora.

- Pues lárgate Malfoy.

- Más te vale largarte a ti antes de que...

- ¿De qué? ¿Acaso vas a maldecirme? Vamos, hazlo - la morena sonrió -. Lánzame algo tan fuerte que te expulsen. O mejor, que te mande a Azkaban. Estoy segura de que tu padre se alegrará de verte.

El rubio la apunto con la varita.

- Asquerosa niñata, no te atrevas siquiera a nombrar a mi padre. Ni siquiera deberías poder venir a este colegio.

- ¿Ya te han convertido en mortífago, o lo harán cuando te gradúes? ¿Es como una especie de ritual?

El rubio tensó la mano en torno a su varita y avanzó hasta situarse frente a la chica en un par de pasos.

- Échate atrás - la agarró por el cuello e hizo que la chica alzara su cabeza para mirarle, de forma que apenas un par de centímetros los separaba. Notó la varita de Hermione clavarse en sus costillas -. Rechaza vivir en esta torre y estarás a salvo. Si no, te juro que este año va a ser una pesadilla.

- Sobre mi cadáver.

- Hecho - los chicos se quedaron en silencio, sabiendo que, por mucho que se amenazaran, ninguno iba a atacar al otro en ese momento. Apenas se dieron cuenta de lo juntos que estaban hasta que se vieron obligados a separarse con rapidez al oír los pasos de los profesores acercarse.

- Bien - dijo Snape -. Minerva y yo hemos estado discutiendo el asunto. Somos perfectamente conscientes de que los dos no se llevan bien, y entenderíamos que alguno de ustedes prefiriera dejar la torre.

Los chicos guardaron silencio.

- Queremos que entiendan que, si aceptan vivir aquí, esperamos un comportamiento ejemplar por su parte. Los Premios Anuales deben ser el referente para el resto de alumnos. Tienen que comprender que, por su puesto, deberán pasar muchas horas juntos, haciendo rondas nocturnas y demás tareas. ¿Están dispuestos a hacerlo y guardar las formas?

Los chicos asintieron a regañadientes. Ninguno de los dos iba a ceder ante el otro. McGonagall asintió, mirando a Hermione con orgullo.

- Entonces, así sea. Los dejaremos para que se instalen. Mañana después de comer deberán ir al despacho de Dumbledore, que les informará acerca de sus tareas y obligaciones, y les dará las instrucciones necesarias. Nosotros nos vamos ahora con él para pedirle... explicaciones. Buenas noches.

Cuando la puerta se cerró a espaldas de los profesores y los chicos se quedaron solos, una tensión tan densa que se podía cortar inundó el aire. El rubio se inclinó y recogió su baúl.

- Cuanto menos te vea mejor para ti, Granger. Haz como si no existiera. Cogeré la habitación de la izquierda - se giró al pie de las escaleras de ascenso, al acordarse de algo, y se giró de nuevo -. Y como vea a la Comadreja y Cararrajada por aquí, no me hago responsable de mis actos.

Hermione apretó el puño y se agachó para recoger su equipaje. Aquel año estaba empezando bastante diferente a lo que esperaba.


¡Y hasta aquí llegamos en el primer y breve capítulo!

Me explico: Este fanfic de Dramione estaba ya publicado en otra página, pero se canceló mi suscripción y se eliminó la página por razones que no conozco, así que he decidido pasarme a este formato.

Sé que muchos de los anteriores lectores nunca encontraran esta historia para poder seguirla y me apena, pero espero que, para compensarlo, conozca a gente nueva, que aprecie la historia tanto como los demás.

Voy a mandar la dirección de la novela a los seguidores más cercanos que, obviamente, querrán que continúe la historia donde la dejé, es decir, en el capítulo 12.

Durante esta semana y la que viene voy a bombardear todos los capítulos que ya tenía subidos hasta que suba 11, momento en el que, de nuevo, retomaré mi ritmo de capítulo por semana.

No voy a explicar mucho más, veréis como la novela es simple al principio pero se irá volviendo más compleja. Intentaré complacer a todo el mundo y, desde luego, podéis mandarme vuestra opinión y sugerencias. También intentaré contestar dudas sobre la historia o, si queréis, sobre mí - no siemper :) -. Darle una oportunidad a la historia y veréis como no os arrepentiréis.

¡Gracias por leerme!

- Daphnea (esta va a ser mi firma)

P.D.: Os pido algo de paciencia pues no acabo de entender muy bien el funcionamiento de la página y me cuesta horrores manejarla. En cuanto lo entienda bien, me encargaré de responderos o nombrar la historia :)