Hermione alzó la barbilla y avanzó con aplomo hacia las escaleras de la derecha, para ascender por ellas como instantes antes había hecho el chico y abrir la puerta de la que sería su habitación ese año. Al entrar, quedó tan maravillada que durante unos segundos se le olvidó la escena que acababa de vivir.
La estancia tendría unos 30 metros cuadrados, con el suelo de una preciosa y suave piedra blanca. La cama de matrimonio, que era prácticamente el triple de grande que las del resto de alumnos, tenía una colcha clara y se encontraba en el lado derecho. Frente a la cama, un par de sillones se colocaban en torno a una mesa baja de cristal, todo ello sobre una alfombra de suave pelo grisáceo. Junto a la cama en la pared, un espejo y un armario de madera clara y al fondo, enmarcaban la estancia un sillón dedicado a la lectura, una silla y un pequeño escritorio, delante de un amplio ventanal desde el que se disfrutaba la vista de todos los jardines y el lago. A la izquierda de la habitación, había una sencilla puerta que daba paso a un confortable baño, compuesto por un lavabo, una ducha, un inodoro y un armario lleno de diferentes útiles para el baño y de higiene femenina.
Era una estancia acogedora, y la habitación más grande que Hermione había tenido la suerte de ocupar. La decoración estaba hecha a su medida, y antes de que se diera cuenta, había desecho su baúl y colocado la ropa en el armario. Depositó la pequeña cama de mimbre que correspondía a Crookshanks junto a su propia cama, y sonrió imaginándose lo contento que estaría el gatito cuando llegara y viera la cantidad de espacio que tenía para jugar. Cuando hubo colocado los últimos libros en la estantería se hizo atrás, y observó orgullosa el toque que le había dado a la estancia. En la mesilla, una foto de sus padres y otra de Ron y Harry la hicieron sonreír al devolverle la mirada. Ya los echaba de menos.
Aguzó el oído y trató de captar algo de ruido de la habitación vecina. Nada. Imaginaba que Malfoy habría lanzado un encantamiento silenciador, así que abrió la puerta con sigilo y asomó la cabeza a la Sala Común, que, para su alivio, estaba vacía. Se asió con fuerza a su varita y descendió rápidamente las escaleras, no sin antes dedicar una mueca hacia la habitación del rubio. Cuando por fin estuvo en el pasillo, soltó todo el aire que estaba conteniendo y apoyó la espalda contra la pared de piedra. Sería muy difícil soportar aquella tensión durante todo el curso.
La sala de Gryffindor estaba más llena que nunca, y Hermione sonrió observando como los nuevos alumnos de primero se habían reunido en una esquina y reían mientras intercambiaban anécdotas. Mientras, los más mayores organizaban juegos para que todos pudieran conocerse, y la gente iba de un lado a otro para saludar a los viejos amigos y conocidos, o intercambiar impresiones con aquellos con quienes no hubieran hablado antes.
Pronto Ron y Harry salieron a su encuentro, y Hermione se sentó junto con Lavender y Parvati en un círculo para ponerse al día. Sí, nunca habían sido amigas del alma, pero tras seis años compartiendo dormitorio, Hermione admitía que las quería mucho y las echaría de menos. Finalmente, un par de chicas de sexto se enzarzaron con Parvati y Lavender en una ronda de cotilleos, y Hermione por fin pudo apartarse junto con sus dos amigos para darles las noticias.
- ¿Y bien? - dijo Harry nada más quedarse solos -. Vimos a Terry Boot y Hannah Abbot al subir hacia la torre, y nos dijeron que no sabían nada de quién podía ser el otro Premio Anual. No hemos dejado de darle vueltas. Está claro que no es un Gryffindor, porque aquí no falta nadie, pero...
- Malfoy.
- ¿Dónde? - Ron asió la varita y se giró para mirar en torno a sí.
- No - la chica se mordió el labio -. Me refiero a que es Malfoy. El otro Premio Anual es él.
Un silencio sepulcral, que contrastaba radicalmente con el jaleo de la Sala Común, envolvió a los tres amigos.
- Ni hablar.
- Harry...
- No Hermione, lo digo en serio. No sé en qué estaría pensando Dumbledore, pero no vas a vivir con Malfoy. Es peligroso. Y él es un idiota, no tienes por qué soportarlo. Si hace falta, hablaremos con la Orden para que hagan entrar a Dumbledore en razón y...
- Sabes tan bien como yo que no es tan fácil como eso. Malfoy ya está instalado, no lo van a echar. No tienen nada a lo que agarrarse. Es decir, su familia son mortífagos, pero no hay nada de momento que indique que él lo es.
- En ese caso lo mejor será que tú te mudes.
La chica miró enfadada a Ron.
- Ni hablar. Chicos, no os podéis imaginar como es la Torre. Es maravillosa. Es acogedora, y enorme. Hay un montón de espacio para estudiar, y el baño de la sala es casi mejor que el de los Prefectos. Es genial. Y no voy a renunciar a ello por Malfoy. No voy a dejar que se salga con la suya.
- Te hará daño, Hermione.
- Creo que podré defenderme sola, en caso de que eso ocurra. Pero sabéis tan bien como yo, que más allá de las amenazas Malfoy no me atacará en Hogwarts. Y menos sabiendo cómo de tensas están las cosas ahora. Me puede amenazar y asustar, pero no irá más allá.
- No lo conoces. No sabes de lo que es capaz.
- Sé que es un cobarde. Y con eso me basta.
Harry negó con la cabeza.
- Es que no lo entiendo. ¿Cómo pudo pensar Dumbledore que sería buena idea haceros vivir juntos? Es algo público que Malfoy odia a todos los hijos de muggles y lo relacionado con ello. Y es todavía más público que te odia a ti en concreto. No tiene sentido.
Hermione suspiró.
- Lo sé. Le he dado muchas vueltas al asunto. ¿Sabéis que Dumbledore no le había contado a McGonagall ni a Snape con quién iba a compartir torre? Es decir, todo esto me parece raro. Ya sabéis como es Dumbledore... Seguro que lo ha hecho con una finalidad.
- Siempre ha creído que Malfoy tiene salvación - dijo Harry, pronunciando el nombre de su enemigo casi con asco -. Debe de ser el único que lo cree. Puede que haya ideado esto como una especie de plan de "reconversión". Ya sabes, para que tú hagas cambiar a Malfoy.
- En ese caso, habrá que darle la razón a los que dicen que Dumbledore está chiflado. Porque Malfoy no tiene salvación posible.
Hermione estaba a punto de echarse a dormir, deseando meterse bajo las sábanas y olvidarse de los acontecimientos de aquel primer día, cuando escuchó unos golpes fuertes en la Sala Común. No sabía si Malfoy había vuelto ya, pero el ruido parecía provenir del exterior de la torre, así que cuando la curiosidad pudo más que la prudencia, asomó la cabeza por la puerta y observó la sala vacía.
Efectivamente, unos golpes aporreaban la puerta con tanta fuerza que parecía a punto de venirse abajo. Hermione dudó, y miró con duda hacia la puerta de la habitación vecina, que permanecía cerrada. Finalmente, descendió las escaleras y se acercó con sigilo hasta la puerta de entrada. Apoyó la mano sobre el pomo y se asió con fuerza a la varita, y por fin abrió la puerta con decisión.
Tuvo que apartarse para esquivar a Malfoy, que estaba a punto de embestir contra la puerta y se le vino encima cuando la chica la abrió. El Slytherin dio un tropezón y se asió con fuerza a la pared más cercana, mientras que sin darse cuenta asía a la chica por la espalda, evitando así que diera contra el suelo. Hermione fue lo suficientemente rápida como para recuperar el equilibrio antes de que el rubio se diera cuenta de lo que estaba haciendo, y para cuando Malfoy trató de empujarla lejos de sí, ya se había apartado ella misma por su propio pie.
- Pensé que querías que nos evitáramos. Estaría bien que no armaras tanto jaleo a estas horas.
- ¿Cuál es la contraseña?
Hermione rodó los ojos, pero algo en su interior la hizo sonreír.
- ¿Te parecen formas de pedirlo?
- Dime la contraseña - el rubio arrastró las palabras, y una mueca en su expresión le recordó a Hermione enormemente a su padre.
- Tendrás que ir mañana a preguntársela a Snape, porque no pienso decírtelo - se giró y notó que la mano del chico le agarraba el brazo con fuerza. Dio un tirón y se giró para apuntarlo con la varita -. No me toques.
- Dime - el rubio la apuntó con su varita - la contraseña - Hermione no pudo evitar fijarse en que se había quitado la corbata y desabrochado los primeros botones de la camisa, de forma que las clavículas se dejaban entrever por la apertura de la túnica.
- Que te den Malfoy - y se giró para ascender rápidamente las escaleras que llevaban a la habitación de la derecha, cerrando la puerta tras de sí con un encantamiento.
Definitivamente, iba a necesitar mucha paciencia aquel año.
- Ron y Lavender han vuelto.
Hermione alzó una ceja, y Ginny se encogió de hombros mientras se servía más tarta de arándanos.
- Se liaron ayer cuando tú ya te habías ido. Te lo digo para que no te pille por sorpresa - Ginny guardó silencio y examinó la reacción de su amiga -. No sé, como tú y Ron...
- Eso es agua pasada, Ginny. Ya lo sabes - dijo la morena con calma. Sí, lo de ella y Ron no había funcionado, aunque a los dos les hubiera gustado lo contrario. Por suerte, no había afectado a su amistad... o eso le gustaba pensar a Hermione.
- Está bien, es solo que pensaba que tú... que vosotros... Ya sabes, es solo que a veces parece que os miráis como si...
Hermione negó.
- No te preocupes, Gin. Me alegro mucho por Ron. Aunque...
- No te apetece volver a verlo unido a Lavender por la boca a todas horas - añadió Harry mientras tomaba asiento frente a las chicas -. Sí, comprensible - dijo, y les hizo un gesto con la cabeza para que vieran como los dos entraban abrazados al Comedor.
- ¿Qué tal la primera noche con Malfoy?
- Bien. Es decir, ni siquiera nos vimos, así que mucho mejor - Hermione no sabía muy bien por qué había mentido, pero sentía que sus amigos se preocuparían mucho menos si sabían solo parte de la verdad.
- No entiendo cómo os pueden hacer vivir juntos - Ginny cerró los puños -. Si quieres podemos...
- No haremos nada. En serio, lo mejor es pasar de él - Hermione levantó la cabeza y dirigió la mirada hacia la mesa de Slytherin, donde sus ojos se cruzaron por un instante con una mirada gris y penetrante -. No hará nada. No se atreverá.
Harry negó con la cabeza.
- Si tú lo dices.
Draco golpeó la puerta con los nudillos, y entró en el despacho ante la respuesta del director. No le sorprendió encontrarse a Hermione ya dentro. Tan puntual y excelente como siempre. Tuvo que contener un bufido y esforzarse por poner buena cara.
- Siéntate, Draco. ¿Caramelos de limón?
- No gracias - respondió el rubio, mirando con extrañeza los dulces envueltos que daban vueltas sobre el escritorio del director.
- Bien, ahora que ya están los dos, les repartiré los horarios de las rondas. Los Premios Anuales son los encargados de hacer las rondas más tardías, cuando los Prefectos han acabado. Por supuesto, no es algo diario, sino que tienen que hacerlas dos o tres veces a la semana, y podrán excusarse con las debidas razones cuando sea necesario. Además, tendrán reuniones con los Prefectos y jefes de casa, y se encargarán de la organización de excursiones y diversas actividades que les iré comunicando. Son los mediadores entre los alumnos y el profesorado, y a partir de hoy serán públicos sus nombres para que todo aquel que lo necesite pueda acudir a ustedes. No dejen que sus obligaciones les distraigan de los estudios, aunque estoy seguro de que sabrán compaginar ambas cosas a la perfección. ¿Alguna duda?
- ¿Por qué nos ha puesto juntos?
Hermione tuvo que aguantar una mueca ante el impertinente comentario de Malfoy. El director sonrió tras sus gafas.
- Bien, sabía que era una pregunta que surgiría. Los dos han demostrado la mayor excelencia de su curso. Soy perfectamente consciente de sus... desacuerdos. Pero no me parecía justo excluir a uno o al otro del puesto de Premio Anual y sus beneficios, solo porque no sean, por así decirlo, buenos amigos. Hablé ayer con Severus y Minerva y me dijeron que les habían ofrecido la posibilidad de echarse atrás, y ambos la habían rechazado. Por lo tanto, espero de ustedes un comportamiento ejemplar, ahora que han aceptado el cargo. ¿Entendido?
Ambos negaron, y el director se puso en pie.
- No les quitaré más tiempo. Hoy es domingo, así que disfruten del último día antes del comienzo de las clases con sus amigos.
Los chicos salieron y descendieron en silencio por el ascensor de piedra. Cuando salieron al pasillo, la chica se encaminó hacia el lado contario, pero para su sorpresa, la voz de Draco la hizo detenerse.
- Granger - la Gryffindor se giró con cautela -. Verás, he estado pensando. Vamos a convivir todo el año.
- Vaya, eres más inteligente de lo que pensaba.
El rubio puso una mueca.
- Deja tu sarcasmo malo para tus estúpidos amigos, Granger. Iré al grano, prefiero que estemos el menor tiempo posible juntos. No te atrevas a tocar mis cosas, eso me resultaría... como decirlo. Extremadamente asqueroso - sonrió arrogantemente -. Como te dije ayer, no me hago responsable de lo que pueda hacer si veo a tus amiguitos por tu torre, así que será mejor que los tríos os los montéis en otro sitio.
- Malfoy - el chico alzó la mano.
- No he terminado. Prefiero que no hablemos, es decir, que hagas como si no existiera. Será más fácil para los dos, hazme caso.
- ¿Me estás ofreciendo una tregua? - la chica arqueó la ceja, pero no pudo evitar sentir curiosidad.
- Yo no diría tanto. Te estoy ofreciendo seguridad. Mientras respetes las condiciones, estarás a salvo. Si no... bueno, será mejor que no me pongas a prueba.
- No me das miedo, Malfoy.
- Pues debería. Este verano he aprendido un par de hechizos nuevos que me muero de ganas de probar con alguien. Y tu pareces el blanco ideal. Ah, y este "acuerdo" perdurará solo dentro de la torre. Fuera de la torre no habrá treguas, si es así como quieres llamarlo, que valgan.
Hermione meditó durante unos instantes y asintió.
- De todas formas, es mucho mejor para mí que no me hables. No creo que tengas nada interesante o inteligente que decirme.
El rubio la miró con asco, y finalmente se dio la vuelta para alejarse por el pasillo. Hermione ya no llegó a ver la sonrisa de medio lado que se dibujaba en su rostro. Sí, definitivamente aquella Gryffindor tenía agallas.
El domingo pasó pronto, y con él, llegó el principio del curso. El lunes no fue un día muy atareado, pues los profesores se limitaron a explicarles qué iban a hacer durante el curso, qué nota necesitaban para cada una de las opciones académicas y de qué forma se les iba a evaluar.
Pero el martes, la cosa cambió y al mediodía, Hermione ya tenía pendientes 3 traducciones de runas, 2 redacciones de Historia de la Magia y 2 libros que leerse para Aritmancia. Así que disculpándose ante sus amigos, que no parecían agobiados en absoluto, se saltó la comida para pasar el día haciendo sus deberes en la tranquila Sala Común de su torre.
Sin embargo y para desgracia suya, su "compañero de piso" parecía haber tenido la misma idea, y se encontraba haciendo sus deberes en uno de los sillones negros, apoyado sobre la enorme mesa de cristal.
- Vaya Malfoy, así que no soy la única que se preocupa por sus obligaciones.
- Granger, que Cararrajada y la Comadreja sean unos irresponsables no quiere decir que el resto del colegio también.
- No los llames así, Malfoy. Te lo advierto.
- Lo haré si me apetece, porque hasta donde yo sé estás incumpliendo parte de nuestro acuerdo. Ya sabes, lo de no hablar.
La chica rodó los ojos.
- Ni que me muriera de ganas de hablar contigo.
- Sí que lo haces. Como todas.
Hermione no pudo evitar reír y se ganó una mirada de odio del rubio. Finalmente, avanzó hacia el pequeño saloncito y se sentó en el otro sillón negro, ganándose una mirada asqueada del Slytherin.
- Lárgate, yo estaba antes. Puedes estudiar en tu habitación.
- Lo mismo te digo.
- Yo estaba antes.
- Esta torre es tan tuya como mía.
- Nada de esto es tuyo, Granger. Tus padres son unos asquerosos muggles, y que tú vengas a este colegio solo denota la blandeza del ministerio.
La chica notó un escalofrío recorrerle la espalda, y ni siquiera encontró las fuerzas para insultarle.
- Hablas como ellos.
- Quizás es porque sea parte de ellos - los ojos castaños de la chica se clavaron en él y lo inspeccionaron con detalle. Draco nunca se había fijado en el fino aro de color marrón oscuro, que rodeaba el iris de un tono miel mucho más claro.
- No lo dices en serio.
- Tú no me conoces.
La chica guardó silencio y finalmente se puso en pie. El rubio no pudo evitar sentir una punzada extraña cuando la vio alejarse hacia su habitación.
- Por cierto - dijo Hermione poco antes de cerrar su puerta -. La rebelión de los duendes fue en 1483, no en 1843.
El rubio bajó la mirada hacia su redacción de Historia de la Magia y apretó la pluma con tanta fuerza que se partió en su mano, desparramando la tinta por toda la mesa y su propia piel. Odiaba a aquella chica con tanta fuerza, que era incomparable con nada que hubiera sentido con anterioridad.
Hora y media más tarde, Hermione terminaba de recoger sus cosas, pues les había prometido a sus dos amigos que iría al campo de Quidditch a ver las elecciones. No era una gran fan de ese deporte, pero le vendría muy bien algo de aire en la cara.
Se enfundó en una fina cazadora y salió del castillo, sintiendo como el viento le despeinaba, pero disfrutando el olor a césped húmedo y agua que le devolvía el jardín. En camino, comenzó a pensar en Malfoy. No sabía muy bien cómo sentirse con él. Lo odiaba, sí, de eso no había duda. Pero había más sentimientos dirigidos a él que no lograda desentrañar con facilidad. ¿Compasión? ¿Miedo? Podía ser. Era arrogante y narcisista, pero de vez en cuando, cuando no se daba cuenta como mientras se inclinaba sobre su redacción incorrecta de Historia de la Magia, su expresión se suavizaba y daba paso a un semblante calmado, que hacía que te acordaras de que, realmente, solo tenía 17 años. Además, la chica no había podido evitar fijarse en que parecía haberse distanciado de sus eternos compinches Crabbe y Goyle, y de la estúpida de Pansy Parkinson, y parecía, sin embargo, mucho más unido a Theodore Nott, uno de sus compañeros de Slytherin alto, moreno, de ojos claros y semblante atractivo. Hermione había hablado alguna vez con Nott, no muchas, y aunque resultaba orgulloso y altivo, parecía mostrar menos rechazo hacia ella que el resto de sus compañeros de casa. Y eso que su padre era un conocido mortífago. Negó con la cabeza. ¿Y a ella que le importaba todo aquello? Suficiente tenía ya con aguantar a Malfoy en la torre, como para andar pensando en él en sus ratos libres.
Enfrascada en sus pensamientos, llegó junto a sus amigos, que le comunicaron que la selección había concluido, y le presentaron el nuevo equipo de Gryffindor: los nuevos bateadores eras Ritchie Coote y Jimmy Peakes. Por otra parte, los cazadores serían Delmeza Robins, Ginny y, por desgracia para Ron y Harry, Dean. El guardián, por supuesto era Ron, y el buscador era Harry. Según le comunicaron sus amigos, la selección había sido muy complicada, y el equipo que habían formado era lo suficientemente bueno como para ganar el torneo de las casas ese año.
Al menos, así tendría alguna distracción para los fines de semana, puesto que entre semana la chica iba a estar extremadamente atareada.
La cantidad de deberes que los profesores les mandaban a los alumnos de séptimo empezó a aumentar, al igual que las rondas de Premios Anuales y los entrenamientos de Quidditch, lo que apenas le permitía ver a sus amigos un par de veces al día fuera de las comidas y las clases. El profesor Flitwick les mandaba ensayar 4 nuevos encantamientos cada día, Slughorn les hacía preparar pociones cuya lista de ingredientes ocupaba 3 pizarras y Snape seguía siendo insoportable con los Gryffindors, siempre dispuesto a restarles puntos por cualquier tontería. Esa mañana era un buen ejemplo de aquello.
- Bien, ¿alguien puede decirme la diferencia entre un hechizo defensor y uno protector?
La mano de Hermione se alzó velozmente, cosa que al profesor Snape no pareció importarle.
- Vamos, no es tan difícil, ¿nadie? – Miró a la clase con ojos aburridos, aun ignorando a la chica, y soltó un suspiro– bueno, la diferencia es que…
- La diferencia es que un hechizo protector únicamente protege, mientras que uno defensor, protege y ataca.
Snape puso cara de fastidio tras la interrupción y se giró para mirar a la Gryffindor.
- Señorita Granger, no recuerdo haberle dado la palabra. Serán 15 puntos menos para Gryffindor.
- Pero…
- Y si sigue hablando, le seguiré restando a su casa.
Hermione se mordió la lengua y trató de contenerse, pero la risita burlona de Draco fue suficiente aliciente como para que comenzara a hablar, y una vez lo hizo no pudo parar.
- Puede hacerlo si lo desea, profesor - se aseguró de conferirle el sarcasmo suficiente a la palabra. Sintió una patada de Harry bajo la mesapero decidió que ya no había vuelta atrás - . Estoy harta. No ponga esa cara de sorpresa, sabe perfectamente de qué le hablo. Me ignora como si fuera un insignificante gusano y no tiene derecho a ello, porque estoy en esta clase al igual que los demás. Usted hace una pregunta para la que busca una respuesta y yo se la doy. Es así de simple.
Harry y Ron miraban a la chica preocupados. Neville estaba tan pálido que hubiera podido desmayarse perfectamente en su sitio y varias mesas más adelante, los Slytherin esperaban ansiosos la respuesta del hombre. Todos menos uno.
Draco se giró para mirarla, y no estaba seguro de si se sentía más irritado o sorprendido por su audacia. Sus miradas se cruzaron durante un momento. Ambos recordaban la estúpida discusión de esa mañana, la misma de todos los días. Hermione se levantaba mucho antes que el chico y lo despertaba, cosa que a este no le hacía mucha gracia.
El rubio se dio la vuelta y recuperó su habitual gesto y la muchacha intentó borrar su imagen de su cerebro. Mientras, Snape había recuperado el habla.
- 30 puntos menos para Gryffindor. Su clase ha terminado por hoy, señorita Granger. Vaya al despacho de Dumbledore. Malfoy, acompáñela.
- No es necesario – lo último que le apetecía era oír el sarcasmo del rubio durante todo el camino.
- Una impertinencia más y la expulsaré de la clase para todo el año, señorita Granger. No sé cómo se las ingeniará para aprobar los EXTASIS de así ser - hizo un gesto vehemente con la mano -. Se hará como yo he dicho, señorita Granger. Abandone mi clase de inmediato.
Ambos chicos se levantaron resignados y salieron al pasilllo en silencio. Andaron unos metros en silencio y finalmente fue el chico quien habló primero.
- Eres estúpida.
- No necesito tus reproches, Malfoy.
- No son reproches, me da igual lo que hagas. Solo quería que supieras que creo que eres estúpida. Aunque no es que antes no lo hiciera.
- El sentimiento es mutuo.
- Y no creas que me hace gracia ser tu niñero. Desearía estar en cualquier otra parte ahora.
- Pues vete.
Oyó los pasos del rubio detenerse a su espalda y lo vio meditar mirando al suelo.
- Tienes razón. Ahí te quedas, Granger. Te desearía suerte, pero es evidente que Dumbledore os trata con preferencia. No te pasará nada, por mucho que me gustara que así fuera.
Hermione apretó los puños y avanzó sola. Aunque sabía que Malfoy tenía razón: Dumbledore no se enfadaría ni le echaría la bronca. Esa visita a su despacho era una simple formalidad.
El resto del día pasó con normalidad, aunque Harry y Ron no paraban de reír al recordar la cara de Snape ante la respuesta de Hermione.
Ni alumna ni profesor volvieron a hablarse directamente y la cosa volvió a la normalidad al cabo de unos días, que se iban volviendo cada vez más ajetreados.
Por desgracia para la chica, cada vez tenía menos tiempo para estar con Harry y Ron, pues ambos acumulaban muchos deberes y también tenían entrenamientos. Aún así, sacaban algo de tiempo cada día para estar juntos. Muchas veces Ginny se unía también, haciendo que Harry se pusiera visiblemente nervioso. A Neville lo veían mucho menos desde que había comenzado a salir con Luna Lovegood, cosa que alegró mucho a todos.
Y, mientras tanto, Hermione y Draco mantenían constantes peleas, cada día a todas horas. Aquel idílico trato de ignorarse había quedado en el olvido, y había días que vasi parecía que ambos disfrutaban discutiendo. Como ese día.
La chica esquivó por los pelos el jarrón que le acababa de lanzar el rubio mientras intentaba desarmarlo. ¿La causa de esa pelea? Como siempre, Draco estaba enfadado con el mundo y lo pagaba con ella.
- ¡Malfoy, para! ¡Eres idiota!
El rubio no le hizo caso, y por fin, aprovechando un momento de despiste, consiguió desarmarla y petrificarla.
- Ya veo que esta es la única forma de domarte. Aunque tengo que decir que me has obligado, yo no estoy disfrutando nada con esto – dijo irónicamente.
Hermione consiguió librarse mentalmente del hechizo y se levantó, dándose cuenta de que du varita estaba en la otra punta de la Sala Común. Se sentía derrotada y lo odiaba.
Se enderezó y avanzó con paso firme hacia su habitación, dándole un empujón con el hombro al pasar.
El instinto del chico le obligó a apartarse ante el golpe de la castaña, y observó divertido como se marchaba hecha una furia. Pero algo estaba mal. Por dentro, sabía que se estaba comportando mal. Se lo decía su consciencia y eso le inquietaba, pues normalmente la voz dentro de su cabeza prefería incitarle a hacer acciones de ese tipo. No le dio más importancia y siguió con su libro, como si nada hubiera pasado.
La liga de Quidditch había dado comienzo, y ese último sábado de octubre iba a tener lugar el partido Gryffindor VS Slytherin, que todo el colegio esperaba con ansias.
Hermione se retrasó en la biblioteca, pero llegó justo a tiempo para ver como Harry atrapaba la snitch, acabando el partido 190-60 a favor de Gryffindor. Hermione saltó de alegría, aunque sintió una punzada amarga dn el pecho al ver a Malfoy bajar de su escoba, patear el suelo y avanzar hecho una furia hacia los vestuarios. Pero enseguida apartó todo eso de su cabeza para seguir a sus amigos. Al fin y al cabo, ¿desde cuándo le importaba que Malfoy estuviera mal?
En la sala común de Gryffindor, la fiesta era increíble, casi parecía que acabaran de ganar la copa de las casas. Llevaban a Harry en hombros, mientras que Ginny y las demás chicas del equipo lo celebraban con unas cervezas de mantequilla que posiblemente hubieran cogido de la cocina.
Buscó a Ron con la mirada para acabar encontrándolo en una esquina dándose el lote con Lavender. Rodó los ojos. Desde luego, no les importaba la cantidad de gente que hubiera.
Hermione miró a la pareja con cara asqueada y se sentó en un sillón al lado de Parvati Patil, con quien estuvo hablando un largo rato. Parvati enseguida la puso al día de todos los chismes, hasta que Hermione, algo aburrida, se disculpó y fue al encuentro de Harry.
- Felicidades campeón.
- No te he visto entre las gradas. ¿Has ido al partido?
- Sí bueno. He llegado casi al final. Siento no haber ido antes, pero estaba en la biblioteca y he perdido la noción del tiempo.
Harry rodó los ojos.
- Hermione, estás demasiado atareada. Deberías descansar de vez en cuando. En insano encerrarse tanto.
Su amigo tenía razón y ella lo sabía, pero tampoco era el indicado para hablar, pues él y Ron retrasaban siempre al máximo el hacer sus deberes, hasta que ella iba a ayudarlos. Tampoco eran el ejemplo perfecto de cómo organizarse el tiempo.
Ginny se acercó hasta ellos, con aire cansado y se sentó al lado de la castaña.
- Hey Hermione. Deberías venir más por aquí.
- Lo intentaré, pero no tengo mucho tiempo. Entre los deberes, las rondas…
- ¿Ni siquiera los domingos por la noche?
- De verdad que me gustaría pero está siendo un curso muy atareado. Algún día veré si puedo – la castaña se fijó mejor en el rostro de su amiga -. ¿Qué te pasa Ginny? Tienes unas ojeras enormes.
- Sí, bueno… Ayer Dean y yo cortamos.
- ¿Y por qué no nos lo habías dicho? – preguntó Hermione, al darse cuenta de lo contento que se ponía Harry ante esta noticia.
- Porque… bueno, ya sabéis como es Ron. No quería que le diera mucho la lata a Dean.
- Sí, te entiendo – Hermione miró su reloj. Las 21:55. En 5 minutos le tocaba hacer ronda con Malfoy, como todos los sábados – chicos, me tengo que ir a hacer la ronda de los "Premios Anuales".
- Ah sí. No nos has contado nada más de Malfoy. ¿Se está portando contigo? – preguntó Harry.
- No me puedo quejar – mintió la castaña.
- En realidad si puedes. Eres nuestra amiga.
- Lo sé… bueno, qué tengo que deciros. Él sigue igual, aunque vamos aprendiendo a soportarnos. Es mejor ignorarle y punto. Además, me tengo que ir, de verdad. Hasta mañana, chicos.
Y dejó solos a Harry y Ginny, que comenzaron animadamente a hablar, sentados peligrosamente cerca. Hermione sonrió. Harían una bonita pareja.
Llegó a la torre de los "Premios Anuales" a la vez que el rubio salía.
- Ya pensaba que no llegabas – dijo secamente este.
- Yo también me alegro de verte, Malfoy – respondió la chica, a lo que Draco la miró.
- ¿Es resentimiento lo que noto? ¿Problemas en el paraíso, Granger? ¿Potter? ¿Tal vez Weasley?
- No te metas en mi vida. No es de tu incumbencia.
- Vaya, tú sí que sabes hacerte respetar.
- Eres tan infantil…
- Y tú tan mandona.
- ¿Siempre tienes respuesta para todo?
- Para cualquier cosa que se te ocurra.
- Entonces respóndeme por qué los de Slytherin llevan tanto tiempo sin ganar un solo partido a Gryffindor – sabía que el Quidditch significaba mucho para él.
Draco se molestó por eso. Qué sabría ella. Era sólo que el maldito Potter parecía tener suerte en todo. Incluso en el día que casi muere. Draco lamentó ese casi.
- El pasillo está vacío. Nadie te oiría gritar. Te aconsejo que te calles.
- Yo te aconsejo que no des por hecho que me ganarías en un duelo.
- Lo haría sin duda. Nací para practicar la magia.
- Cállate, Malfoy.
- ¿No tienes repuestas más ingeniosas?
- No para ti.
- Simplemente no estás a mi altura.
- Eres un arrogante.
- Nadie ha dicho lo contrario, Granger. Al igual que tú eres una sangre sucia. – notó que la palabra salía de su garganta con dificultad. No le había gustado pronunciarla. De pronto, le sonaba fea.
- Idiota malcriado.
- Granger, te enfadas con demasiada facilidad.
- Porque no te soporto, Malfoy.
- Venga, no te lo tomes mal. Hay que aceptar las raíces.
- Sabes, prefiero tener unos padres muggles a tener tus padres. De hecho, antes elegiría que mi padre fuera el calamar gigante del lago antes que un mortí…
Draco la aprisionó contra la pared.
- Esto ya lo hemos hablado. No te atrevas a decirlo. No lo digas o te mataré.
La chica se quedó helada ante esa amenaza. El chico tenía un brillo psicótico en los ojos. Ambos se relajaron poco a poco, hasta que el chico se dio cuenta de su proximidad. Notaba la respiración de la chica en su nariz y habría podido contar sus pecas. Nunca se había fijado en ellas, ni en sus largas pestañas o sus dientes perfectos, no como años atrás. Se miraron sin comprender por qué no se separaban, esperando a que el otro reaccionara. Al final Hermione dijo:
- Siento… siento ese comentario, Malfoy.
El chico se apartó de ella y del escalofrío que acababa de sentir al oír su voz contra su cara y se alejó, turbado, por el pasillo. ¿Qué había sido aquello? ¿Y qué era ese cosquilleo que sentía en la boca del estómago?
Y así pasaron los días. No hablaban mucho, pero habían aprendido a convivir. Algún que otro "buenos días" – pocos por parte del chico – y menos miradas iracundas. Pero las discusiones seguían siendo abundantes, momento que ambos chicos, por alguna extraña razón, disfrutaban enormemente. Era tan… excitante. Se insultaban, se gritaban, acababan tan cerca… y todo se rompía cuando Draco decidía alejarse de la peligrosa atracción que la chica ejercía sobre él. Y, aunque para Hermione esos segundos fueran oro, también comprendía el peligro que había tras ellos.
¡Y fin del segundo capítulo!
Realmente no tengo claro si estoy subiendo el formato correcto, así que si no es así, ¿alguien podría decírmelo? Realmente estoy confundida con esta página.
Espero que os haya gustado el segundo capítulo. De momento no son muy intrigantes porque estamos comenzando, pero pronto veréis como al ir escribiendo la historia, me he ido centrando en qué quería que ocurriera y he aprendido a proyectar mis ideas mucho mejor.
Parece que Malfoy está algo más calmado que otros años aunque, no nos engañemos. Sigue siendo él, con todo lo que eso implica.
Respecto a dejar el suspense en los capítulos, es mi forma de escribir y sé que a muchos no os gusta, pero es una buena forma de atraer vuestra atención y así, al leer cada nuevo capítulo, os sentís satisfechos de continuar lo que habíais dejado a medias. Pero no vamos a engañarnos, cuando yo leo fanfics, también odio que me hagan eso XD
Nada más por el momento, gracias por leerme y no dudéis en comunicaros conmigo a través de las reviews para cualquier cosa que necesitéis :)
¡Hasta el siguiente capítulo!
P.D.: Ya he entendido más o menos el funcionamiento de la página, espero que os guste y no dudéis en comunicarme vuestras dudas o opiniones :)
- Daphnea
