Hermione usó guardar silencio.
- ¡Mírame! – la giró entre sus brazos, clavándole la varita en el cuello con tanta fuerza que la Gryffindor sintió que le traspasaría la piel. Su voz se convirtió en un susurro, y cada palabra golpeó a Hermione en la cara por su cercanía -. ¿Qué haces en mi habitación?
- La he leído - aquello pilló por sorpresa al chico, que aflojó su agarre lo suficiente para que la chica se escabullera -. Sé que eres uno de ellos.
- ¡Tú no sabes nada!
- Eres un mortífago.
Como para dar fuerza a las palabras de la chica, el rubio se levantó la manga izquierda, con los ojos centelleantes de locura, y le mostró la serpiente y la calavera grabada sobre su piel.
- Y tú una sangre sucia. Te estás metiendo en la boca del lobo, Granger - aquella última frase sonó como un susurro amenazante que le puso los pelos de punta -. Te arrepentirás de haber puesto un pie en esta habitación. ¡Expelliarmus!
La Gryffindor esquivó el hechizo por los pelos, y se dio cuenta demasiado tarde de que su varita había rodado a varios metros. En un último intento de defenderse, y aun sabiendo que tenían todas las de perder en una pelea cuerpo a cuerpo, se lanzaron contra las piernas del Slytherin y una vez dieron contra el suelo, lucharon hasta que Hermione recuperó su varita y pudo ponerse en pie de nuevo, alejándose con rapidez.
Draco se pasó la mano por la frente para apartarse el flequillo y la miró jadeando por el esfuerzo.
- ¿Qué vas a hacer si te dejo ir, Granger? ¿Vas a delatarme?
La chica guardó silencio, observándolo con cautela.
- ¿Qué vas a hacer tú?
- Matarte.
De nuevo en el mismo punto. Hermione sabía que no tenía escapatoria, así que asintió y tiró su varita al suelo, haciendo gala de una valentía que mucho podría haberle costado.
- Adelante, Malfoy - Draco alzó una ceja -. Venga, mátame.
- Lo haré.
- Hazlo.
El silencio envolvió a los chicos, y finalmente Draco dio una patada al espejo, rompiéndolo en añicos, y en varias zancadas se dejó caer sobre la cama.
- Lárgate.
Hermione dudó, sabiendo que lo que estaba haciendo era extremadamente estúpido y que estaba, por primera vez, desoyendo los consejos de su inconsciente. Pero finalmente se sentó junto a Slytherin, preparado para salir corriendo si este se ponía violento. Para su sorpresa, lejos de rechazarla, el chico enterró la cara entre las manos y empezó a sollozar.
- ¿Tú no quieres esto? - la chica sonaba desconfiada.
El rubio se frotó los ojos y la miró, haciendo que la Gryffindor se revolviera de inquietud. Los iris grises de clavaron en su retina, y supo que nunca jamás podría olvidar aquella mirada. Angustia, dolor, sufrimiento, pena, miedo. Todo eso y más fue lo que Draco le dijo en silencio, y Hermione sintió ganas de llorar de ansiedad.
- No entiendes nada - se atragantó a la mitad de la frase y apretó los puños con fuerza.
Hermione negó.
- Explícamelo.
El rubio niega. No estaba preparado para hablar de eso, y menos lo haría con ella. Ni siquiera entendía por qué no le había hecho daño y estaba soportando su compañía. Pero, por alguna extraña razón, se sintió a salvo junto a la chica. Estuvo a punto un par de veces de pedirle que se marchara, pero se contuvo justo antes de abrir la boca.
Se dio cuenta de que temblaba cuando la mano de Hermione se posó sobre su brazo, en un intento de tranquilizarlo. Se miraron en silencio, y finalmente Draco alzó su mano para acariciarle con más dulzura de la que parecía capaz la marca que le había hecho en el cuello el día anterior.
Hermione sintió una descarga eléctrica recorrerle, y se perdió por un momento en los ojos que la observaban con avidez. Habían logrado estabilizar apartados, pero aquella fuerza externa que actuaba sobre ellos habían terminado uniéndolos de nuevo. Finalmente, sabiendo que nada más tenía que perder, Hermione se inclinó y lo besó. El rubio se apartó bruscamente y la empujó hacia atrás, tran fuerte que Hermione se levantó y se dio la vuelta para salir corriendo. Sin embargo, cuando ya estaba llegando a la puerta, los finos dedos del rubio se cerraron en torno a su muñeca y sintió que Draco tiraba de ella hasta que la tuvo entre sus brazos. Así, aferrándose duro a su cintura, el rubio se inclinó y la besó con fiereza, cerrando duro los ojos, casi con temor de que Hermione pudiera desvanecerse.
Todas las alarmas de la Gryffindor estaban disparadas, pero se impuso a ellas y las silenció, entrelazando sus manos en el suave pelo de Draco, sin darse cuenta de que los pasos de ambos se encaminaban hacia la cama. Hermione notó sus gemelos chocando contra el somier, y como si fuera lo más natural del mundo, se dejó caer sobre el colchón arrastrando al Slytherin con ella, de forma que quedó aprisionada bajo su cuerpo.
Los besos siguieron y siguieron, sin que ninguno tuviera fuerza de voluntad para separarse. Cada vez más intensos, cada vez más fuertes, más profundos… conocían ya todas las curvas del otro, pero sus manos seguían explorándolas. En ese momento, se sintieron bien, y sabían que el hechizo se rompería tan pronto como se separaran. Así que decidirían que, simplemente, no se separarían de momento.
Hermione bajó su boca hasta el cuello del muchacho, que intentó reprimir los roncos gemidos guturales que escapaban de su garganta. Nunca había sentido lo que sentía con ella. Y era maravilloso. Maravilloso y arriesgado.
Sentían que la cama ardía, y las llamas los envolvían en cada punto en que su piel desnuda se encontraba. Draco dejó que la chica le quitara la túnica, pero tan pronto lo hizo las mangas de la camisa ascendieron, dejando su antebrazo al descubierto. La chica demostró la Marca en silencio, sintiendo el peso de la realidad caer sobre sus hombros, y cuando volvió a mirarse el hechizo se había roto.
El rubio se tapó la Marca y la apartó con brusquedad, poniéndose en pie y alejándose de la cama. Hermione, sintiendo miles de voces contradecirse en su cabeza, se levantó a su vez y abandonó la habitación corriendo, notando que le faltaba el aliento. No paró de correr hasta estar fuera de la torre, donde apoyó la espalda contra el pasillo de piedra y enterró la cara entre las manos. ¿Qué estaban haciendo?
Draco descubrió su brazo, brillante por el sol que entraba por la ventana. La Marca relucía, recién grabada, contra la pálida piel del muchacho. Con un leve toque de varita la camufló y se giró para mirar hacia su escritorio. La foto de su madre parecía brillar con fuerza, y por primera vez en mucho tiempo la echó de menos. Pero al momento se sintió culpable. ¿Qué diría su madre si supiera lo que acababa de pasar con Granger? Pero, a decir verdad, ¿qué esperaba él? Dio un puñetazo sobre la mesa. La odiaba con todas sus fuerzas, tanto como odiaba la punzada de excitación que sintió al verla entrar en la habitación. Pero se prometió que nunca más volvería a caer en la tentación. Aunque para ello tuviera que hacer daño.
Hermione llegó al campo de Quidditch con el partido recién comenzado, y tomó asiento al lado de Neville. Luna como siempre, me encontré en la grada de comentarista.
- ¿Cuánto furgoneta? – preguntó la chica gritando, para hacerse oír por encima de la multitud.
- 10 - 20 a favor de Hufflepuff. Pero acaban de empezar.
En ese momento, Delmeza Robins anotó un tanto que hizo que los Gryffindors se pusieran en pie.
- Volvemos al empate tras el espectacular tanto de Delmeza. Extraña esta chica. Siempre que…
- Señorita Lovegood, ¿podría funcionar en lo deportivo? – se oyó la voz de la profesora McGonagall.
- Claro profesora. Solo intento animar el partido. Ahí va Dean, que atrapa la quaffle. Se la pasa a Ginny pero Cadwallader la intercepta. Se dirige a la meta, dispara y… Tanto de Hufflepuff. 20-30.
La indiferencia con la que Luna retransmitía los partidos hacía que la mayoría de los espectadores no la escucharan. Pero poco parecía importarle a ella, que seguía haciendo anotaciones.
- Summer aceleraby, parece que ha visto algo. ¡Efectivamente veo un punto dorado! ¡Vamos Harry!
- Neutralidad señorita Lovegood.
- Oh sí, por supuesto. Summerby estira un brazo y… ¡oh! Eso ha debido dolor. Una bludger lanzada por Peakes le acaba de dar en toda la cara. Ese golpe va a durarle. Tendrá que darse cuenta de alguna crema especial, yo te recomiendo una hecha con savia de reisuns . Entre todo el desconcierto, la snitch ha vuelto a desaparecer.
Hermione observaba como Harry daba vueltas alrededor del campo sin éxito, una y otra vez, esquivando jugadores y bludgers. El partido estaba sucediendo de manera habitual, sin ninguna falta – como siempre - por parte de los tejones.
Ya empezaba a volverse monótono una hora después cuando de repente Harry describió un tirabuzón y aceleró en dirección al suelo.
- ¡Parece que Harry ha capturado algo! - gritó Luna, sin ninguna emoción en la voz.
- ¡Es la soplón! – grito exasperada la profesora.
- Oh yes. ¡Gryffindor gana! ¡210-80! – proclamó la Ravenclaw por los altavoces, aunque la grada roja ya había comenzado a celebrarlo y ni siquiera lo oyó.
Harry desmontó de su escoba, con un brazo alzado y su puño duro cerrado, dentro del cual se vieron revolotear las alas de la pelota dorada. Al momento, todo el equipo de los leones se le echó encima.
- ¿Qué significa esta victoria, Neville?
- ¡Significa que de momento estamos en la cabeza! Sólo hay que esperar que Ravenclaw pierda contra Hufflepuff la semana que viene.
Hermione y Neville se unieron al gentío y la fiesta viajó rápidamente a la Sala Común. Media hora más tarde Seamus y Dean aparecieron con los brazos cargados de todo tipo de bebidas desde la cocina. Detrás de ellos entraron en algunos Ravenclaws e incluso Hufflepuffs, que nunca se deprimían por las derrotas ni se perdían una fiesta. Por supuesto estaba prohibido visitar las diferentes Casas o montar fiestas, pero los alumnos pudieron comprobar cómo la mayoría de los profesores hacían la vista gorda siempre que no quedaban pistas o se hacían ruido.
Hermione había acompañado a Ginny a cambiarse y en ese instante estaban bajando las escaleras de las habitaciones de chicas para unirse a la gente.
- ¿Hermione?
- Diez centavos.
- Deséame suerte.
- ¿Para…?
La chica no pudo acabar la frase pues en ese momento la pelirroja se separó de su lado para ir hacia Harry, que se encontraron rodeados por una multitud. Se hizo sitio entre ellos y llegó hasta el ojiverde, que le sonrió atontado.
- Buena fiesta, ¿no crees?
- Podría mejorar – respondió la chica, mientras tiraba de la corbata del moreno hacia ella, hasta hacer que sus labios se encontraran.
Harry se tensó, pero no tardó en rodear la cintura de la pelirroja mientras ella entrelazaba sus manos detrás de su cuello. Ni siquiera advirtieron el silencio que se había hecho en la sala. En ese momento, sólo existían ellos.
Tras un tiempo que no eran capaces de calcular se separaron. Se oyó un silbido y alguna que otra risa nerviosa. Harry ignoró el vaso roto en la mano de Dean y buscó a su mejor amigo con la mirada.
El pelirrojo se encontró a 10 metros junto a Lavender y lo miró con cara inexpresiva. Harry le interrogó con la mirada y este subió los hombros como diciendo: "si no hay más opción'', así que el ojiverde sonrió y, tras un gesto, dijo a Ginny la salida. Tenían mucho de qué hablar.
Hermione había observado toda la escena desde lejos y ahora sonreía triunfantemente. Se acercó hasta Ron y se sentó a su lado. Este se separó de Lavender que miró a la recién llegada con cara de tensión, pero Hermione observó este hecho.
- ¿Qué piensas?
- ¿De qué?
- Sabe perfectamente de qué, Ron.
- ¿Tú qué crees que pienso?
- Te molesta.
- No pero…
- Sí lo hace y no debería. Tu hermana tiene 16 años. Tienes que dejarla vivir.
- ¿Pero y Harry? Se supone que es mi mejor amigo.
- ¿Y por eso no tiene derecho a ser feliz?
- No pero... Está bien, quizás tengas razón.
- La tengo.
Ron rodó los ojos.
- Bueno. No les molestaré. Dime Hermione, ¿qué te ha parecido el partido? Hace mucho que no hab…
El pelirrojo no pudo terminar la frase porque Lavender se abalanzó sobre él. Hermione notó como una vena en el cuello le palpitaba y se levantó bruscamente. Dd se arrepintió se le ocurrió una idea. Miró su reloj: las 22:45. Perfecto, aun quedó algo más de una hora para su ronda de Premio Anual. Así que sin avisar a nadie, abandonó la sala y se dirigió a las cocinas.
Alcanzó el cuadro de la entrada e hizo cosquillas a la pera, de forma que la puerta se materializó ante ella y entró.
Rápidamente, tres elfos domésticos llegaron a su altura para intentar satisfacer sus necesidades, pero cuando Dobby la vio, les dijo que sería él quien se encargara.
- Señorita Granger, Dobby está muy contento de verla. Los amigos de Harry Potter son los amigos de Dobby – dijo mientras le estrechaba la mano. A la chica le caía muy bien el elfo, así que le sonrió y le dijo que no había tenido tiempo para comer y que si podía prepararle en una cesta algo de comida para llevarse.
Como siempre, los elfos no se quedaron cortos y le llenaron la cesta con más de 7 platos diferentes y 4 postres, además de muchas bebidas.
- Muchas gracias – dijo Hermione mientras salía por la puerta, cargando a duras penas la pesada cesta.
No se encontró con nadie en su camino de regreso, cosa que agradeció. Eran las 23:15 llegó a su destino. Dijo la nueva contraseña a Helga Hufflepuff, que en ese momento se encontró sola mirándola con una sonrisa bonachona.
- "Mimbulus mimbletonia"
- Una planta de excelentes características, querida. ¿A dónde vas con todo ese peso? Te vas a hacer daño. Ay sí, lo siento, que me lío a hablar –dijo mientras le daba paso a la torre de los "Premios Anuales".
Sintió un escalofrío cuando entró y vio a Draco dormido sobre el orejero negro, frente a la chimenea. El fuego le iluminaba parte del rostro, marcándole las facciones angulosas y confirmando un brillo especial. Hermione no pudo evitar quedarse contemplandolo. Era realmente bello. Un ángel de fuego, roto por el dolor.
El rubio abrió los ojos de golpe, sorprendiendo a la castaña que apartó la mirada y avanzó hacia su habitación. Ninguno de los dos dijo nada, pero Hermione se giró antes de traspasar el umbral de la puerta y sus ojos se encontraron por un momento, lo suficiente para hacer que el rubio se sonrojara ligeramente. Entró en su habitación y cerró la puerta. Parecía que iba a ser realmemte difícil mantener alejada de él.
Aunque los chicos sabían que lo mejor era estar separados, sus obligaciones conjuntas se lo impedían, y tan solo media hora después del encontronazo en la Sala Común volvieron a reunirse en el mismo lugar, preparados para hacer la ronda juntos.
Draco le daba la espalda, su perfil recortándose contra las llamas de la chimenea, y Hermione descendió las escaleras notando su corazón latir a mil por hora.
En silencio, ambos abandonaron la torre y enfilaron el pasillo vacío. Aquella iba a ser una noche muy larga.
Hermione no sabía muy bien qué la había impulsado ese sábado a enfundarse la cazadora y dirigirse hacia el campo de Quidditch, pero allí se encontraba, apretujada entre la afición de Gryffindor en un partido en el que ni siquiera jugaba su Casa. Ravenclaw iba perdiendo 20 - 60 contra Slytherin, y Draco no cesaba de describir eses en torno al campo, volando rápidamente de una punta a la otra, en busca de la pequeña pelota dorada. Y Hermione, para frustración propia, no podía apartar la mirada del rubio.
- ¿Desde cuándo te interesa el Quidditch? - la viz de Ginny le llegó amortiguada por la ovación que acompañó al tercer tanto de Ravenclaw, y Hermione se apretujó todavía mas para hacer hueco a su amiga.
- Necesitaba despejarme la cabeza.
- El chico ese está jugando, ¿no?
Hermione, inconscientemente, se ruborizó y Ginny soltó una carcajada.
- ¡Lo sabía! Es un Slytherin. A ver quién puede ser... - la mirada de la pelirroja recorrió el campo, y de pronto sus ojos se entreabrieron -. Es Terry Boots, ¿verdad? Harry me dijo que creías que sería tu compañero de torre y... O Hermione, ojalá lo hubiera sido. Es un asco que está encerrada con Malfoy sabiendo que...
- Ginny, no es él. No es nadie. Es decir, no es nadie que esté jugando -mintió-. Y... - Hermione se calló cuando un grito asustado se elevó entre el gentío, y terminó con horror como Draco se revolvía de dolor en el suelo, su escoba rota a varios metros de distancia y la mano derecha firmememte cerrada en torno a la soplón.
- Slytherin gana - se oyó la voz aburrida de Luna por megafonía -. Pero parece que Malfoy está herido.
Hermione observó como el rubio se agarraba el brazo izquierdo con las facciones contraídas, y sintió un estremecimiento de terror al ver a McGonagall acercarse corriendo hacia él. Sin apenas darse cuenta, se lanzó al campo y avanzó corriendo, sabiendo que buena parte de las miradas estaban fijas en ella, hasta llegar jadeando junto al rubio y la profesora.
- ¡Debe ir a la enfermería y me encargaré de llevarlo, señorito Malfoy!
- ¡Estoy perfectamente! - repitió el rubio con fiereza, y conforme lo decía sus facciones se contrajeron en una mueca de dolor.
- Profesora - ambos se volvieron sorprendidos al oír a Hermione, y notó la mirada aguda de Draco clavarse en ella -. Yo le acompañaré. De todas formas, habíamos quedado al acabar el partido para organizar archivos - era una mentira poco creíble, y sabía que McGonagall dudó de su veracidad, pero la profesora acabó asintiendo.
- Ni hablar, Granger. Lárgate de aquí.
- Irá con Granger o irá conmigo, Malfoy. Elija.
Finalmente, el rubio se levantó y avanzó hasta recoger las dos mitades de su escoba con el único brazo que podía mover. Señaló a Hermione con la cabeza y, sin más miramientos, comenzó a andar hacia el castillo.
Ascendieron en silencio hasta su torre, ambos sabiendo que no podían ir a la enfermería, y una vez estuvieron en su Salón Común el rubio se volvió hacia la chica, fuera de sí.
- ¡Creo que dejé muy claro que no quería que te metieras en mis asuntos, Granger! ¡Cuántas veces lo tengo que repetir: sal de mi vida!
- ¿Y que preferías, Malfoy? ¿Que dejara que te llevaran a la enfermería y vieran el bonito tatuaje que tienes en el antebrazo? ¿Es que no te das cuenta del peligro que corres?
- ¡¿Y a ti eso qué más te da?! Mejor para ti sería, en todo caso. Un problema menos. ¿Qué interés tienes en...? - se movió ligeramente, de forma que su brazo rozó la pared y soltó un grito de dolor. El semblante de la chica se suavizó y avanzó hacia el Slytherin.
- Déjame verlo.
- No...
- Vamos.
Draco dudó, pero la intensidad del dolor acabo venciendo a sus principios y extendió el brazo hacia la chica. Hermione lo miró en silencio.
- Si te quitas la túnica...
Draco alzó una ceja, pero no dijo nada y trató inútilmente de deshacerse de la prenda, tarea que le fue imposible con el brazo inútil.
- Déjame, yo lo haré - Hermione sentía cada vello de su cuerpo erizado, pero trató de aparentar normalidad y elevó con cuidado la túnica de Quidditch, hasta sacársela al rubio por la cabeza.
El pecho del Slytherin subía y bajaba con rapidez, al compás de su acelerada respiración, y no pudo evitar una mueca cuando la chica pasó su varita sobre su pálido brazo. Pero tan pronto comenzó el dolor, cesó, y sintió que sus huesos se desplazaban hasta volver a encajar en su sitio.
Quiso decir gracias, realmente lo quiso, pero instintivamente apartó a la chica en cuanto su brazo se hubo curado.
- ¿Qué hechizo has utilizado para intentar tapartela?
- Granger... - su voz ocultaba una advertencia, pero la Gryffindor hizo caso omiso.
- Así cualquiera la verá - Draco sabía que Hermione tenía razón, pues aoenas hacía una hora que había intentado ocultar la Marca Tenebrosa y esta ya se dejaba entrever en la palidez de su brazo.
- Ocultum fugus.
La chica negó.
- Es magia demasiado oscura, eso no servirá. Tienes que usar Cachentio.
Draco puso una mueca.
- No me des lecciones sobre magia. No las necesito de una... - la palabra sangre sucia estuvo a punto de brotar de sus labios, pero se detuco a tiempo, sintiendo que le ardía la lengua -. De ti.
Sin embargo, pasó su varita sobre su antebrazo y murmuró el hechizo que le había recomendado Hermione, de forma que la Marca quedara completamente oculta.
Un silencio incómodo se instauró entre ellos, y finalmente Hermione se decidió a hablar.
- ¿Qué vas a hacer?
El semblante del rubio cambió de golpe.
- No es de tu incumbencia.
- Yo podría ayudarte.
-No, Granger, no puedes. Ni siquiera deberías saber esto.
- Sí, pero lo sé y…
- "Y puedo ayudarte". Si vuelvo a escuchar esa frase, no respondo de mis acciones.
- Mira…
- "Lo siento". Me sé de memoria todo el repertorio.
- Eres un idiota - Hermione se cruzó de brazos -. ¿Por qué no aprecias que la gente haga cosas por ti?
- ¡Porque yo no te pedí que te metieras en mi habitación e invadieras mi privacidad! -. Draco dio un paso al frente, disminuyendo la ya de por si corta distancia que los separaba -. Si sabes más, la Orden acabará enterándose, y entonces yo estaré perdido.
- Dame un voto de confianza.
- ¿Por qué debería? No somos amigos ni lo seremos.
Instintivamente, la chica pasó una mano por la mejilla del rubio, que cerró los ojos y se relajó ante ese cálido toque.
- Déjame ayudarte. Por favor.
Fueron conscientes de un golpe de su cercanía, y de que Draco no había vuelto a ponerse la túnica. Por un instante los ojos de Hermione reflejaron duda, y ambos se resistieron por momentos a lo que, sin embargo, sabían que no podían evitar. Sus respiraciones se agitaron acompasadas, e inconscientemente se aproximaron hasta que sus narices casi se rozaban.
- No... - pero las palabras de la Gryffindor quedaron ahogadas cuando el rubio se abalanzó sobre ella, y la besó con fuerza.
Las manos de Draco descendieron hasta posarse sobre la cintura de la chica, y poco a poco se desplazaron hasta aferrarse a su trasero, para apretarla contra él con tanta fuerza como le fue posible. Hermione suspiró en la boca del rubio, sus alientos entrelazándose, y se dejó caer sobre el sillón blanco que recogía el calor de la chimenea, de forma que la chica quedara sentada a horcajadas sobre el regazo de Draco.
Sus lenguas se encontraron, describiendo un baile tortuoso y haciendo que la separación entre los chicos fuera casi indistinguible. Parecía que la chimenea había extendido sus llamas hasta alcanzarlos, pues sentían el mundo a su alrededor hervir, y en el centro solo ellos.
Cuando la besaba, Draco se sintió bien. Era una especie de circulo vicioso en el que habian entrado, y del que se estaban haciendo adictos. Sus besos eran como una droga de la que dependía, pues cuando se separaban los prejuicios y valores del Slytherin hacían que se detestara y odiara con todas sus fuerzas, de forma que la única cura para su abstinencia era volver a consumirla. Volver a besarla.
En un rápido movimiento, Draco se giró hacia la izquierda, tumbándose encima de la castaña. Sus finos dedos se introdujeron entre sus torsos, y comenzaron a desabrocharle la camisa, casi temblando por la excitación. Por fin terminado con el último botón y despojó a la chica de la prenda, haciendo que esta se ruborizara entre sus brazos. El rubio no pudo dejar de admirarse ante su figura, y sintió una descarga de adrenalina recorrerle mientras besaba y lamía cada parte de su pecho, ante los leves gemidos de la chica.
Hermione dejó escapar un gemido que hizo que Draco se tensara entre sus brazos, y no pudo dejar de maravillarse por lo que sintió. Lo deseaba con cada poro de su piel como nunca antes habia deseado algo. Sabía que eso era malo, pero el peligro era lo que le confería más atractivo. Y supo que estaba dispuesta a correr riesgos.
Hermione comenzó a recorrer los músculos fuertes en su espalda, mientras que el rubio exploraba el hueco detrás de su oreja, y levantaba ligeramente las caderas para dejar que el rubio se deshiciera de su falda. Pero de repente, unos golpes suaves sonaron en la puerta.
- ¿Señorita Granger? ¿Señor Malfoy? ¿Están aquí?
Ambos se tensaron ante la voz de la profesora McGonagall y la chica tapó la boca del rubio. Intentó que su voz no temblara y que su respiración no sonara agitada.
- Estoy yo sola, profesora - mintió -. Voy a llamar a Malfoy, creo que está en… su habitación - intentó calmar su respiración, y se levantó con rapidez para correr hacia su camisa, tapándose de la vista del rubio, que se acercó con la misma turbación hacia su túnica de Quidditch.
Se vistieron y peinaron como mejor podrían en 30 segundos, y trataron de serenarse antes de abrir la puerta a McGonagall.
- ¿Qué la trae por aquí, profesora? - dijo Hermione, intentando aparentar normalidad pero sin atreverse a mirarla a los ojos.
McGonagall se había quedado observándolos. Había algo que se le escapó. Draco Malfoy se veía diferente. Quizás... Parecía... feliz. Sus pupilas estaban dilatadas exageradamente y tenía un aspecto desarreglado, ni siquiera se había quitado su túnica de deporte.
- Me he pasado por la enfermería, donde la señora Pomfrey me ha hecho saber que ninguno de ustedes había estado allí - elevó una ceja -. ¿Y bien?
- Es que...
- Me interesa la medicina mágica - soltó de pronto Hermione, sin poder contenerse -. Llevo todo el verano practicando hechizos, y no pude evitar aprovechar la ocasión para tratar de curar a Malfoy. Por suerte salió bien, así que no hizo falta que fuéramos.
McGonagall miró a la Gryffindor con curiosidad por unos instantes. Conocía sus notas y su progreso escolar, y habían hablado sobre su futuro y sus aspiraciones, por lo que era raro que hasta el momento nunca hubiera escuchado que quería dedicarse a la Medicina.
- Déjame comprobar que todo está en orden - y la mujer tendió una mano hacia Draco, que le lesionó su brazo izquierdo hacia sí ahogando una mueca de fastidio.
La profesora alzó su túnica, casi conteniendo el aliento, y no pudo evitar dejar escapar un suspiro al comprobar la piel delgada y pálida, sin ninguna marca.
- Está bien, parece que es cierto que tiene dotes para la curación, señorita Granger. Serán 15 puntos para Gryffindor, pero debo restarle 5 puntos por no hacer caso a mis órdenes.
- Lo sentimos, profesora. No volverá a ocurrir.
- No se preocupen, no los molestaré más. Ya pueden seguir con sus quehaceres, y no olvidar la redacción que tienen que entregar mañana para la clase de Transformación.
Y sin decir más, la mujer se dio la vuelta y se alejó por el largo pasillo. Hermione esperó unos instantes, y finalmente se giró para encarar al Slytherin, solo para descubrir que el rubio había vuelto a entrar en la torre sin decir ni palabra.
La noticia de que Harry Potter y Ginny Weasley estaban saliendo no tarde en extenderse por el castillo. Los chicos notaban que la gente susurraba cuando pasaban a su alrededor, ya eso había que sumarle que Dean le había retirado la palabra a Harry. Seamus le había asegurado al moreno que enseguida se le pasaría, pero hasta el momento la convivencia estaba resultando bastante incómoda.
Hermione estaba muy emocionada por la nueva pareja, y no desaprovechaba ninguna ocasión para admitir que ella siempre había sabido que acabarían juntos. Incluso Ron había terminado cediendo, aunque había ocasiones en las que quedaba patente que no le hacía demasiada gracia que su hermana pequeña pasara tanto tiempo con ellos.
Sin embargo, a la vez que contenta Hermione se sintió culpable. Harry y Ginny, Ron y Lavender, Neville y Luna… todo el mundo a su alrededor parecía tener una relación y ningún problema para admitirlo. Y mientras, ahí estaba ella. Luchando contra sus demonios e intentando inútilmente apartarse del rubio. No habían vuelto a besarse desde aquella vez que los sorprendentes McGonagall hacían ya una semana, pero la atracción entre ellos aumentaba cada día ya cada instante que compartían. Y eran muchos dado las obligaciones que compartían como Premios Anuales.
Draco y Nott habían comenzado a aislarse del resto y éste último frecuentaba diariamente la torre de los Premios Anuales. En aquel momento, acababa de llegar a ella en busca de su amigo.
- Hola Granger.
- No. Malfoy no ha llegado aún.
- ¿Sabes si va a venir pronto? – la chica supuso que traía noticias para él.
- No creo que tarde mucho. Creo que ha ido al campo de Quidditch, pero de eso hace ya dos horas - se maldijo al momento por haber sido tan específico, dejando entrever que seguía la pista de lo que hacía el Slytherin, pero Nott no pareció darse cuenta.
- Lo esperaré aquí – y sin guardar la aprobación de la castaña, el ojiazul irrumpió en la Sala Común y ocupó uno de los sofás negros.
Hermione rodó los ojos. En realidad, debía admitir que no le desagradaba la compañía de Nott.
- Tan educado como siempre – dijo mientras se sentaba en el sillón blanco y se inclinaba ante su ensayo de Encantamientos.
- ¿Para qué falta la educación si se tiene belleza, Granger?
- Y tan superficial como siempre. ¿Eso te sirve para algo?
- Para que cualquier chica en su sano juicio quiera…
- Está bien, lo entiendo – a veces, el Slytherin era bastante brusco. En realidad, lo era todo el tiempo.
- Granger, no niegues que tú eres una de esas chicas.
- ¿Hace falta que te dé una respuesta?
- Prefiero imaginarmela.
- No olvides que soy hija de muggles - Hermione contuvo la respiración, expectante ante la respuesta del moreno, que se encogió de hombros y se acomodó todavía más en el sillón.
- No serias la primera.
Hermione bufó, aunque no pudo evitar sentir una punzada de esperanza en el pecho. Si Theodore Nott, un Slytherin de sangre pura e hijo de uno de los más sanguinarios mortífagos conocidos le respondió aquello... Sí, puede que hubiera esperanza. Por ello, tratar de aventurarse todavía más.
- Nott… ¿qué os traéis Malfoy y vosotros entre manos?
- Podría preguntar lo mismo, supongo.
- ¿Cómo? –Hermione se ruborizó. ¿Qué sabía aquel chico? ¿Le habría contado a Malfoy...? No, eso era imposible.
Theo sonrió triunfalmente.
- Eso me hace creer que estoy en lo cierto. La marca de navidades. Reconocería un chupetón de Draco en cualquier parte. Se los llevo viendo a Pansy durante tres años.
Hermione se tensó.
- ¿Celosa Granger?
- No estoy celosa, porque no sé de qué me estás hablando.
- Yo creo que sí.
- No, no…
En ese momento, Draco entró en la sala y se quedó observándolos. Muchas preguntas se arremolinaron en su mente. ¿Qué hacían juntos? ¿Por qué sonreía Nott de esa forma? ¿Por qué estaba la castaña tan turbada? ¿Acaso estaba… celoso? Intentó convencerse de lo contrario y de que lo que tuvieran ellos dos le traía sin cuidado.
- Mira, aquí viene tu príncipe azul – susurró el moreno a la chica, se levantó e hizo una reverencia al recién llegado –. Majestad.
Draco lo miró y abrió los ojos.
- ¿Te pasa algo, Nott?
- Nada en absoluto. Traigo noticias.
Ambos miraron a la chica y el ojigris dijeron con un gesto su habitación. Acto seguido, los dos desaparecieron en ella.
Hermione suspiró. Si Nott había adivinado aquello… ¿acabarían por hacerlo sus amigos?
¡Y fin del capítulo!
Por fin hemos visto a un Draco mucho más tranquilo, dejándose llevar por las emociones y más asustado que nunca. Y puede que sea eso, precisamente el miedo, lo que le hace ser él mismo. Ahora ya no se opone a la chica, simplemente juega a alejarse de ella hasta que sus fuerzas se derrumban y entonces, ambos se encuentran. Porque se necesita, de una forma que aun no son capaces de comprender.
En primer lugar, mis disculpas a todos los Hufflepuffs por el partido, pero era más coherente que ganara Gryffindor. Sobre todo para la escena del beso entre Harry y Ginny, que me moría de ganas de escribir (amo a Hinny, aunque no tanto como a Dramione XD)
Hermione se ha preocupado por el rubio y ha decidido llevarle la cena y el chico se ha mostrado algo amable con ella. O, por lo menos, no la ha insultado. Sobre todo cuando ha decidido que su postre sería ella XD Pero McGonagall los ha interrumpido... esperemos que no se le prevenga en la torre o encuentre una escena que preferiría no haber visto y pondría a los chicos, y en especial a Malfoy, en serios aprietos.
No olvidéis dejar review con lo que penséis o queráis que está fuera y dadle al Go :)
¡Hasta el capítulo que viene!
- Dafnea
